¡Hola, hola! Un oneshot pequeño.

Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.

Dedicado a Miracoli y Rufina (en serio, chica, ten piedad con los inocentes). Sé que lo pediste para tu cumpleaños pero no puedo asegurar tener tiempo en otro momento.


El balance en la ecuación

—Harry, si pudieras volver el tiempo atrás, ¿qué cambiarías?

—Nada— respondió él con absoluta convicción.

—¿Nada?, ¿en serio? — preguntó un tanto sorprendida.

Él simplemente sonrió con picardía y agregó:

—Y todo a la vez.

Ella se giró y observó su gesto travieso y cansado. Negó con la cabeza y volvió su mirada hacia el horizonte. Tras unos segundos de silencio, él decidió devolver la pregunta:

—Y tú, Hermione, si pudieras volver el tiempo atrás, ¿qué cambiarías?

No imaginó la respuesta de su amiga.

—Todo— dijo de inmediato con la misma convicción de Harry.

—¿Todo?, ¿en serio? — preguntó él repitiendo las mismas palabras que había pronunciado ella segundos antes.

—Y nada a la vez— agregó siguiendo el mismo juego.

Ambos se quedaron uno junto al otro mirando el atardecer cubierto de grandes nubes de tormenta. El viento remolineaba a su alrededor, jugando con sus rizos ya canosos pero igualmente indomables. El cabello de él siempre fue rebelde incluso para envejecer, la negrura y espesor no cedían al paso del tiempo.

Cuando el último rayo de luz desapareció en el horizonte, él rompió el silencio.

—¿Por qué te preocupa tanto el pasado? — miró hacia los jardines de la casa, observando a sus hijos y nietos jugando con las luciérnagas—, ¿No eres feliz acaso con todo lo que has logrado?

Hermione siguió su mirada y sonrió al ver su propia progenie jugando con los Potter, Weasley y Longbottom.

—Claro que soy feliz, Harry, es por ellos que no cambiaría nada y, a la vez, lo cambiaría todo.

—¿Me dirás lo que te molesta en realidad o deberé adivinarlo?, nunca fui de los que cultivan la paciencia, lo sabes bien.

Hermione miró sus manos, sus dedos manchados de tinta. Incluso sus uñas tenían manchas que se negaban a borrarse con magia.

—La maldición, Harry—, volteó a ver esos ojos verdes como esmeraldas—. Voldemort maldijo a todos los que eliminaron sus horrocruxes.

—No lo sabes con certeza, eso sólo es un rumor— interrumpió con el ceño fruncido.

—Oh, sí… sí lo sé y te puedo asegurar que con mucha certeza.

—Después de tanto tiempo, no hay pruebas… estamos bien. ¡Por Godric! Estamos aquí para celebrar mi cumpleaños número ochenta…

Ahora fue ella la que interrumpió.

—Sí, las hay, sólo que tú no quieres verlas— suspiró hastiada y masajeó el puente de su nariz intentando encontrar la calma necesaria—. Dumbledore no sólo se vio afectado por la maldición en el anillo sino por haber destruido el horrocrux que allí habitaba.

—Especulaciones.

—Nuestros hijos, Harry, ellos no son especulaciones.

—No tienes certeza de…

—¡Oh, vamos!, escúchame sin protestar una vez en tu vida.

Harry la observó y luego de unos segundos accedió con un simple asentimiento.

—Dumbledore murió por la maldición en el anillo y por la maldición en el horrocrux, por eso la putrefacción avanzaba con tanta velocidad y ni siquiera el profesor Snape podía detenerla. De ser sólo la del anillo, él podría haber alargado más la vida del director pero el horrocrux, Harry, eso lo impidió, lo contaminó.

Antes de que fuera interrumpida nuevamente, tomó más velocidad en sus palabras.

—Crabble también murió, el fuego maligno se salió de control y…

—Porque él no tuvo la fuerza para sostenerlo.

—Sé que piensas eso, todos lo pensamos pero no, no fue solo eso. Al eliminar la diadema, se salió de control absolutamente y quiso consumirlo a él sobre todo— se detuvo un instante buscando el valor para continuar, lo que seguía era difícil de pensar y mucho más de decir.

—Vamos, dilo, termina lo que quieres decir— agregó entre dientes con hastío en su voz.

—Y nosotros Harry… los tres también estamos malditos al igual que Neville y lo peor es que no somos nosotros quienes pagamos el precio sino ellos— señaló a sus familias con el mentón—, ellos son los que sufren.

Harry la miró sorprendido y contestó:

—Los veo felices…

—James no tiene hijos, Harry, no puede por más que lo ha intentado. Podrá decir que fue su elección pero no lo es y tú lo sabes. Rose, mi pequeña Rose ha…— tragó fuerte antes de continuar—, ha perdido tres embarazos en su juventud, tres que eran sanos, tres que debían nacer. Lo mismo ocurrió con el hijo mayor de Neville, Franky.

Por primera vez Harry contemplaba las palabras de Hermione.

—No sabía que Rose…

—Por supuesto que no, nadie lo sabía más que su esposo, Ron y yo.

—¿Cómo sabes que Frank también ha…?— se cortó sin terminar la oración, no podía expresarlo en voz alta.

—Porque pregunté a Hannah con absoluto tacto. Fue luego de que Hugo viniera destrozado a casa. Lorraine es su primogénita y perdió al bebé el año pasado y ese era su segundo intento, la segunda pérdida. Ahí comprendí: nuestros primogénitos no pueden tener hijos pero no sólo se trata de infertilidad sino que esas vidas comenzarán, se gestarán y se perderán. Cada primogénito en nuestras líneas pasará por este calvario, ¿lo entiendes? Mi Rosie no puede tener hijos y con ella terminará la genealogía, por eso pasa a Hugo que sí pudo tener sus dos hijos. Lorraine es su primogénita, ella no podrá tener hijos pero sí Jane—. Miró a su nieta a lo lejos que sostenía un bebé en brazos—. Ella tiene sólo al pequeño Ronnie por ahora. Sea que él fuera el único o tenga hermanos, estoy segura que él no podrá tener hijos.

—No… no puede ser…

—No puede ser coincidencia… ¿ahora lo entiendes? — preguntó exasperada—. James no pudo tener hijos al igual que Rose o Frank, los tres son primogénitos. Ahora no me quedan dudas, por eso estoy más que segura que el pequeño que está esperando…

—No te atrevas, Hermione, no lo digas…

—Sí— dijo con firmeza—, el primogénito de Albus tampoco podrá tener hijos como tampoco puede Lorraine.

—Eso significa… significa que— volteó a ver a su familia.

—Sí, el nieto de Albus no nacerá… así será hasta que nuestras genealogías se pierdan. Sólo hace falta que uno de nuestros descendientes tenga un hijo o hija, que no haya segundos ni terceros… y ahí terminará nuestra línea mágica.

Las lágrimas comenzaron a empapar las mejillas de Harry. Dolor, tristeza y furia surcaban su rostro.

—No debían ser destruidos… debían ser purificados— dijo ella casi como un susurro.

—¿Purificados? ¿Cómo lo sabes?

—Nunca dejé de investigar sobre los horrocruxes. Seguí buscando, al principio por insatisfacción y curiosidad. Necesitaba entender más y temía que nuestra exposición a ellos trajera consecuencias a largo plazo, especialmente el que estaba en tu cicatriz. Luego, cuando comprendí lo que estaba ocurriendo con nuestros hijos, cuando entendí lo que ocurriría con nuestro nietos y demás… bueno, ahí volví sobre mis apuntes y encontré la respuesta— chasqueó la lengua con reprobación hacía sí misma—. Y esa respuesta estaba en el lugar más cercano, sólo había que saber mirar en la biblioteca de los Black.

—Tantos años después y aún hace daño… aún tortura y destruye— miró a su amiga—. ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo podemos…?

—No hay nada que pueda hacerse ahora, nada— responde con cierta resignación.

—No puede ser posible, no… debe haber alguna manera… siempre la hay… Bill puede ayudar.

—Bill no puede hacer nada, ya lo intentó cuando fui por su ayuda. Era su sobrina la que sufría y él me brindó todo lo que pudo, desde experiencias, conocimiento, contactos pero no pudo hacer nada porque no es ahora dónde está la respuesta— agregó y lo miró con seriedad.

Harry quedó un segundo atento al tono de sus palabras, a la mirada penetrante de su amiga.

—Ahora…— murmuró y tomó a Hermione de los hombros—.¿A eso te referías con tu pregunta…? ¿Cómo…?

Ella volvió a mirar sus manos manchadas de tinta.

—Las ecuaciones son las únicas que me dieron la respuesta al cómo— sonrió con cansancio y siguió con su explicación sin retirar sus ojos de los de su buen amigo—. La aritmancia es tan exacta como la adivinación es imprecisa y ambas encierran su verdad, mal que me pese, una detrás de números y runas, la otra detrás de metáforas.

—No entiendo que tienen que ver las ecuaciones con la maldición de los horrocruxes.

—Balance, Harry, balance. Si introduces los datos exactos, los números dirán dónde hace falta agregar o quitar un elemento para que la ecuación llegue a una armonía.

—¿Y dónde es eso exactamente?... o, mejor dicho ¿cuándo?

—En el pasado pero no sé exactamente en qué momento.

—¿Entonces?

Una voz interrumpió detrás de Harry y respondió:

—Sólo debemos confiar.

—¡Ron! — se volteó sorprendido.

Él camino y se ubicó junto a su esposa, abrazándola con cariño. El cielo estrellado estaba sobre ellos pero las nubes comenzaban a cubrirlo.

—¿Ya le explicaste? — preguntó el recién llegado a Hermione.

—No todo, sólo lo importante.

Él asintió y agregó:

—Hermione buscó el balance y lo encontró. Podemos solucionarlo, podemos hacer felices a nuestros hijos, nietos, a todos— dijo Ron convencido.

—¿De qué hablas?

—Nuestro último sacrificio, amigo, nuestra última aventura— sonrió de lado con una picardía que llegaba a sus ojos celestes casi nublados por la edad.

—El secreto está en el número tres— explicó Hermione—. Principio, medio y fin. Pasado, presente, futuro.

Harry miró a sus dos amigos mientras escuchaba a Hermione.

—¿Tú, Ron y yo?— concluyó lo que ella estaba insinuando.

Ella asintió.

—¿Qué debemos hacer? — preguntó ahora convencido.

Ya no necesitaba más explicaciones, sólo necesitaba entrar en acción.

—Darlo todo, amigo— le respondió Ron mientras abrazaba con más fuerza a Hermione, casi como si fuera una despedida.

—No entiendo.

—Dar nuestro futuro por nuestro pasado en este presente— explicó Hermione.

Harry suspiró y miró a su familia.

—¿Dar nuestras vidas?

—Y nuestra magia— agregó Ron.

—¿Y tú estás de acuerdo? — le preguntó Harry.

—Confío en Hermione con mi vida y con mi muerte.

Ella le sonrió con amor y gratitud.

—Si nos vamos, si nos sacrificamos… ellos podrán…

No pudo concluir su frase porque lo comprendió. La voz de Ron lo trajo de regreso de su breve ensoñación.

—Ellos no lo sabrán, amigo. Ya hemos vivido una larga vida llena de felicidad, con algunas tristezas pero han sido plenas. Ahora nos queda cuidar a los que quedarán, cuidar su futuro que es el nuestro también. Por ellos, Harry, será por ellos, no por nosotros, no por una sociedad que no sabrá agradecer.

—Según la ecuación— explicó Hermione—, no habrá cambios pero sí balance.

—¿Y cómo será eso?, algo deberá cambiar si queremos romper la maldición.

—No todo lo que se quita o agrega en una ecuación modifica sustancialmente el resultado. A veces sólo se retira una molestia que no perjudicaba pero que desentona o, a veces, se añade un valor que sostiene y equilibra al punto de conducir hacia el mismo resultado pero con mayor armonía.

—Te das cuenta que no entiendo lo que dices, Hermione.

—Yo tampoco, amigo, pero no es necesario, ella siempre tiene razón.

—Ya no le discutes.

—¿Por qué lo haría? — preguntó levantando los hombros—, serán casi setenta años desde que nos conocimos. Si en todo este tiempo no aprendí a callar y escuchar antes de hablar, digamos que ya estaría perdido.

—No lo digas con tanto orgullo que ayer mismo vi como debiste protegerte de un oppugno— le respondió Harry.

—Nah, sólo fue para no perder la costumbre y condimentar un poco el día— respondió riendo amenazado por la mirada de reojo de Hermione.

Los tres rieron ante estas palabras casi como queriendo quitar el peso de lo que estaba ocurriendo.

—Entonces…— dijo Harry volviendo al tema con seriedad—. ¿Debemos entregarnos para que la magia haga su trabajo con el misterio que siempre la envuelve?

—Así es… sólo debes estar de acuerdo. No debes dudar en entregar tu vida por lo que más amas.

Harry miró a sus amigos un segundo con los ojos entrecerrados. Muchos pensamientos se cruzaron por su mente. Miró a su familia a lo lejos y observó el dolor silenciado de los primogénitos que querían y no podían. Pensó en Ginny, su hermosa esposa que aún lo acompañaba y que ahora estaba cuidando a los pequeños que montaban escoba.

¿Era este el momento para una nueva aventura?

Siempre— se dijo a sí mismo con una amplia sonrisa en su rostro.

Ese gesto era toda la respuesta que Hermione y Ron necesitaban.

—¿Será sin despedidas?

—No hay tiempo, Harry, no lo tenemos— respondió Hermione con cansancio mientras Ron tomaba ahora su mano para darle fuerzas.

—¿Cómo que no hay tiempo?

—Lo dio casi todo por esta oportunidad. Tenemos hasta la medianoche— agregó Ron.

Sea lo que sea que Hermione entregó por esta oportunidad, él no sería el que la desperdiciara.

—Sólo dime qué debo hacer.

Hermione miró a Ron quien se movió dos metros hacia su derecha y ella caminó dos metros hacia el frente. Quedaron los tres formando un triángulo.

—Ya estamos ubicados, Harry— metió su mano en su sacó y sacó un vial con un líquido negro en él—. Toma, debes beberlo.

Otro vial le entregó a Ron y ella tomó el suyo. Harry se detuvo un instante observando el líquido que parecía tener vida propia.

—Cuando dijiste que debías hablar conmigo en este lugar y a esta hora, sólo creí que se trataba de uno de esos reclamos por no devolver uno de tus libros a tiempo, Hermione. Tu pediste que la celebración sea aquí porque debías preparar el lugar.

—Lo siento, Harry, siento que deba ser así, siento tanto no hablarlo con tiempo, no…— suspiró—, no explicarles a los demás lo que haremos.

—Nadie lo entendería— dijo Ron—, querrían detenernos y ya sería tarde.

—Además— agregó Harry—, nos ganamos el derecho en nuestra infancia de actuar cuando debemos.

—Gryffindor— murmuró Hermione sonriente—, no importa el tiempo que haya pasado, siempre seremos leones de corazón.

—Y orgullosos— dijeron a la vez los magos.

Ron suspiró con lentitud y resignación y dijo:

—Muy bien— levantó su vial en dirección a su amigo y luego hacia Hermione—, un brindis… un brindis por nosotros, por ellos, por los nuestros… por el pasado.

—Por el presente— dijo Harry casi como si esas palabras abandonaran solas su boca.

—Por el futuro— concluyó Hermione.

Los tres bebieron a la vez.

En ese preciso instante y tras un parpadeo, Harry miró el suelo. Runas escritas en la tierra brillaban, formaban un círculo y él estaba parado justo sobre una que actuaba de eje. Miró a sus amigos y ellos también. No era un triángulo imaginario y ahí lo comprendió. Sus ojos se clavaron en Hermione.

—Estaba todo fríamente calculado. El aquí, el ahora… preparaste todo con tiempo.

Ron chasqueó con la lengua y señaló con el mentón hacia los pies de Harry.

—Creo, mi buen amigo, que las runas no deberían llamar tanto tu atención cuando hay más a nuestro alrededor.

Harry miró con mayor detenimiento y ahí no sólo lo vio sino que lo sintió. Su cuerpo anciano estaba en el suelo, yacía durmiente mientras que él, siendo el joven de diecisiete años que alguna vez fue, se encontraba parado. Miró sus manos que tenían cierta trasparencia. Dirigió sus ojos hacia Hermione, sus rizos eternamente indomables brillaban con un furioso castaño como en su adolescencia, quiso hablarle pero ella estaba con su varita.

—Debe hacer los cálculos finales— explicó Ron.

—Sabes que estoy en desventaja, no me explicó todo antes de que llegaras— respondió con cierto reclamo.

Ron rió y era el sonido de su juventud.

—Ese es tu problema, amigo— le contestó—, acceder a hacer algo sin tener toda la información a mano.

—Y… es fácil cuando quien lo pide tiene toda tu confianza.

—Silencio ambos— siseó Hermione reclamando.

Frente a ella, en el aire cual si fuera una pizarra, cálculos aparentemente infinitos e inentendibles para un ojo no entrenado se desplegaban como las luciérnagas que los nietos de los tres perseguían momentos antes. Esas ecuaciones comenzaron a rodearlos y a incrustarse en ellos como una segunda piel.

—¿Cómo puedes tener tu varita si estamos muertos?

—Es una proyección, Harry. Abandonamos nuestros cuerpos que no están muertos sino durmientes. En el momento en el que dejemos este círculo ahí sí… ahí serán… bueno… ya sabes.

—Será un funeral increíble— opinó Ron—, imagina… los tres juntos en la vida y en la muerte.

—Llorarán aquellos a quienes dejamos atrás— dijo pensando en Ginny.

—Lo que hacemos es necesario— respondió Ron.

—¡Listo! — dijo finalmente Hermione llamando la atención de los otros dos—. Siento no haber explicado más, Harry. Estas runas a nuestros pies contienen nuestras almas para que no crucen el velo— sonrió antes de agregar—, son las mismas runas que usó tu madre en tu habitación y que te salvaron de Voldemort. La base mágica que las sostiene es el amor y las activamos con nuestro sacrificio, como ella se sacrificó por ti. A diferencia de lo que hizo Lily, yo agregué una línea circular más en el interior que se activará cuando demos un paso hacia ella. Esa es la ecuación del tiempo y la armonía, cuando la pisemos la magia buscará el balance y corregirá lo que la corrupción de Voldemort provocó al crear el primer horrocrux en su adolescencia.

—¿Qué ocurrirá?

—No lo sé, no sé cómo lo hará pero los cálculos son correctos. La respuesta está en el número tres, de eso sí estoy segura.

—Confío en ti— dijo Ron estirando su mano hacia ella y dejándola suspendida a la espera de que Hermione la tomara.

—Gracias— murmuró la bruja y estiró su mano hacia su esposo y luego la otra hacia su amigo.

Harry los imitó y suspendió sus manos en dirección a ambos.

—A la cuenta de tres— dijo Hermione—, uno… dos…

—Espera, espera— pidió Ron.

—¿Qué ocurre? — preguntó preocupado Harry.

—¿Tres y damos el paso hacia las runas del tiempo o cuando debas decir tres?

—Mmmm, es cierto— acompañó Harry.

Hermione sólo cerró los ojos y respiró profundo antes de responder.

—Tres y damos el paso. Es importante que mencione el número tres.

—Ok— respondieron ambos magos a la vez.

—Uno, dos, tres…

Harry, Hermione y Ron dieron un paso hacia adelante y, en el momento en el que sus pies tocaron el suelo, el círculo de runas se activó brillando con más intensidad, envolviéndolos con su luz cegadora.

Se sintieron en llamas pero sin el dolor que traería la incineración. El sacrificio de los tres balancearía la ecuación mágica que chirriaba a causa de la maldición. La magia la seleccionó a ella para ser el soporte y tomó de Ron la despreocupación y la alegría necesarias en los tiempos oscuros que debería volver a vivir. Harry sería el conductor, su sangre era la llave que abriría la puerta del tiempo.

En su familia, en el pasado estaba la clave para salvar ese presente y el futuro.

Tras un parpadeo, los tres fueron absorbidos por la magia


—No puedo creerlo, querida, es una niña.

El hombre sostuvo a ese pequeño milagro que la enfermera le entregaba.

—Tres pequeñas… tres flores en nuestro jardín, ¿puedes creerlo?— susurró ella cuando padre e hija estuvieron a su lado.

—¿Qué nombre te gustaría?— preguntó él, ya era tradición que seleccionara los nombres.

Ella se quedó pensativa un instante. Hacía poco había visto una obra de teatro de Shakespeare y ese nombre resonó en su mente.

Hermione— pensó.

Tardó un instante, apenas un parpadeo y se dijo a sí misma que no. Era un nombre precioso pero sentía que ya había alguien con ese nombre. Era extraño porque no recordaba a nadie pero sentía que ya había una dueña. Shakespeare siguió resonando en su corazón y se decidió:

—Viola— dijo con seguridad—, Viola Hermione, ese será su nombre.

Su esposo la miró enternecido. Ahora tenían un verdadero jardín familiar.

—Vengan aquí— llamó él y dio lugar a sus hijas, una en cada lado—. Les presento a su hermanita Viola… Viola, ellas son tus hermanas mayores… Petunia y Lily.

Así la magia encontró el punto en el tiempo necesario para equilibrar la ecuación. En el tres estaba el secreto y un alma vieja llegó al pasado para reparar lo que la maldición dañaría.

¿Cuánto podría cambiar la historia del mundo mágico con la pequeña hija de muggles Viola Hermione Evans?


N/A: Bueno, no es exactamente lo que me pidieron pero confieso que no soy buena para complacer al pie de la letra. Me encantaría decir que habrá más pero aprendí mi lección y no puedo dejar más historias abiertas, ustedes mis lectores no se lo merecen.

Miracoli... espero te haya gustado. Fue después de escribirlo que miré tu perfil y me di cuenta que no te gusta el Romione pero ya estaba escrito y no podía sacar al personaje de la historia. Para ser sincera, si debiera seguir esta historia, sería un Sirius x Hermione (Viola en esta línea del tiempo). Y sí, la trama previo al inicio de los libros sería muy muy parecida, sólo con algunos detalles. Lo más importante sería que Petunia aquí no sería tan mala persona y Harry crecería con otra tía, o sea, Viola Hermione.

Dejenme saber si les gusta la historia y si quisieran que la continuara aunque sea como drabbles, depende de si les simpatiza o no este comienzo, pensaré en continuarlo... tengo escenas en la mente pero como les digo, no quería dejar una deuda más.

Gracias a los que llegaron hasta aquí. Disculpen por no actualizar las otras historias... ya llegaré.

Como siempre

¡Gracias por llegar hasta aquí!

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¡Un saludo a todos, chicos!