Sakura POV

Abrí mis ojos con una inusual dificultad. Se sentían pesados, como si tuviese un par de elefantes recostados sobre mis parpados. Parpadeé un par de veces intentando acostumbrarme a la luminosidad de la habitación antes de finalmente poder mantener los ojos abiertos.

Mi vista se quedó fija en el techo de la blanca habitación tratando de deducir dónde me encontraba. El inconfundible aroma estéril del lugar indicaba que me encontraba en una habitación de hospital, pero dónde se encontraba geográficamente ubicado el hospital era algo que desconocía.

¿Tal vez me habían traído de vuelta a Konoha? Era probable… Si ganamos la guerra y deshicimos el Tsukyiomi infinito tenía sentido que me encontrase en un hospital. Probablemente me había desmayado poco después de que hubiésemos ganado contra Kaguya, y por eso no tenía recuerdos de haber llegado aquí. Aunque… Algo no se sentía bien con esta deducción.

¿Habíamos vencido a Kaguya? Mi entrecejo se frunció mientras hacía fuerza para forzar mi memoria…

– ¡Ah! ¡Ya despertaste! –una chillona voz se hizo presente, y seguido de ella un rostro infantil entró en mi campo de visión. Era una niña de cabello castaño anaranjado, recogido en dos coletas con moños rojos.

Tan pronto como su rostro entró en mi visión, fue como una especie de detonante para que mi memoria comenzara fluir. Las palabras de Kaguya, el despertarme en aquel extraño parque con esta niña, el chibi extraño… Todo vino a mi mente de golpe haciéndome sentir abrumada.

Estaba claro que no me encontraba en ningún lugar cercano a las naciones elementales…

Miré a la niña junto a mí. Yaya, si no mal recordaba su nombre. Ella se encontraba balbuceando cosas a una velocidad ridículamente asombrosa. No conseguía cazar ni una sola palabra de lo que me estaba diciendo.

– ¿Dónde…? ¿Dónde estoy? –me las arreglé para preguntar cortando su bombardeo incesante de palabras.

– Ah, estamos en un hospital cercano al parque donde te encontré. Mis padres te trajeron a…

– No me refiero a eso. –la interrumpí. – ¿Cómo se llama este lugar? ¿Está… ciudad? ¿País? –reformulé mi pregunta, no muy segura acerca de qué terminología debía utilizar.

Yaya parpadeó un par de veces mostrándose confundida ante mi pregunta. Como si lo que acababa de decir fuese algo extraño.

– Estamos en Japón. –respondió varios segundos después como si la respuesta fuese lo más obvio del mundo. – En la ciudad de Tokyo1.

Tokyo… Japón… Aquellos nombres sonaban extraños ante mis oídos, confirmando una vez que no me encontraba en ningún lugar que conociese. El hecho de que Kaguya me hubiese enviado aquí podía significar que incluso me encontrase en una dimensión completamente distinta, lo cual me abrumaba incluso más. El hecho de no saber donde se encontraban Naruto y los demás tampoco hacía mucho para calmarme.

– ¿No eres de por aquí? –preguntó Yaya al notar mi falta de respuesta.

– Yo… Yo… –me mordí el labio intentando encontrar alguna excusa. No conocía lo suficiente este mundo, no podía simplemente decirle que venía de una dimensión totalmente distinta donde era una shinobi. Estaba totalmente segura que no me creería. – Yo no recuerdo…

– ¿¡Eh!? –exclamó sorprendida la chica. – ¿¡Qué quieres decir con eso!?

– ¿No es obvio? –una nueva voz se hizo presente. De detrás de Yaya surgió nuevamente ese extraño bebé chibi de antes. – Está diciendo que no tiene memoria, dechu~

– ¿Q-Qué rayos es esa cosa? –pregunté viendo fijamente al bebé quien me miró con sorpresa al igual que Yaya.

– ¿Puedes ver a Pepe-tan?

– ¿No debería? –inquirí extrañada.

Nuestra conversación no pudo llegar a más lejos, pues tan pronto como Yaya abrió su boca para responderme, la puerta de la habitación se abrió revelando a lo que parecía ser una enfermera.

– Oh, veo que ya se encuentra despierta. –dijo con un tono profesional antes de dirigir su mirada hacia Yaya. – Yuiki-chan… ¿Podrías ir a esperar fuera de la habitación? Me gustaría hablar a solas con la señorita.

– C-Claro… –murmuró la nombrada antes de apresurarse a salir de la habitación.

La habitación quedó sumida en silencio. Observé atentamente como la mujer chequeaba la maquinaria que había junto a mi cama, antes de voltearse hacia mí.

– ¿Cómo te sientes? –fue lo primero que preguntó. – ¿Algún dolor, cansancio, mareo, que hayas sentido cuando despertaste? –negué con la cabeza de forma cautelosa. – Eso es bueno… –sonrió cálidamente. – Ahora, ¿podrías decirme tu nombre, linda?

– Sakura. –respondí pocos segundos después dejando escapar una pequeña tos. Mi garganta se sentía seca y áspera.

– ¿Algún apellido? –preguntó la enfermera.

– Haruno.

– ¿Tu edad?

Dudé un segundo antes de responder.

– Once años…

Ella asintió en comprensión antes de pasar a la siguiente pregunta.

– ¿Podrías decirme la dirección de tu casa o algún número de teléfono para contactar a tus padres? –la dulzura exagerada en su voz estaba comenzando a irritarme. Me hablaba como si fuese una niña cuando en realidad era una mujer de diez y seis años.

Decidí quedarme en silencio. Realmente no tenía cómo a responder a su pregunta, y no me interesaba buscar una excusa. Pude ver como su sonrisa flaqueó levemente ante mi falta de respuesta. Pasaron un par de segundos más antes de que ella suspirase resignada al percatarse de que no obtendría una respuesta.

– ¿Recuerdas cómo terminaste en el parque? ¿Podrías decirme lo que sucedió?

Medité por unos segundos mis palabras antes de responder.

– No lo sé… –murmuré. – Estaba en algún otro lado… Y luego, desperté ahí.

La mujer esbozó una mueca al oír mis palabras. Podía notar la preocupación en su mirada, como si mis palabras la estuviesen alarmando.

– Entiendo. –dijo apresurándose a cambiar su expresión, esbozando una sonrisa forzada. – Eso estará bien por ahora… ¿Hay algo que quieras que te traiga?

– Agua, por favor.

– De acuerdo, pediré que te traigan agua y algo de comida. –dijo con un asentimiento de cabeza. Hizo una pequeña reverencia a modo de despedida antes de marcharse de la habitación, dejándome a solas.

Me removí en la cama buscando una posición más cómoda y cerré mis ojos intentando analizar la situación en la que me encontraba.

Recapitulando… Kaguya nos había enviado a mi y a los demás a un mundo completamente distinto en el cual aparentemente no había chakra, lo cual podía significar un gran problema a la hora de intentar volver a casa. No tenía idea alguna de dónde estaban Naruto y los demás: Podrían haber aterrizado en una zona distinta del mismo mundo, o podrían haber ido a parar a dimensiones completamente distintas. En este mundo parecían existir una extraña especie de chibis voladores que, según había podido deducir por las palabras de Yaya, no todos los humanos podían verlos. Por alguna razón mi cuerpo había vuelto a ser el mismo que cuando tenía once años, lo cual podía traerme bastantes problemas… Los ojos de los adultos estarían sobre mí, y comenzarían a sospechar una vez que notasen que no había información sobre mí en este mundo. Sería realmente difícil pasar desapercibida.

Tomé un par de respiraciones profundas mientras me disponía a trazar mi próximo plan de acción. No podía moverme en este mundo de forma descuidada.

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No sé cuántas horas habían pasado antes de que la enfermera volviese a aparecer por la puerta del cuarto. Junto a ella yacían de pie un hombre y una mujer de cabellos castaños.

– ¿Cómo estás Sakura? –saludó la enfermera con ese tono alegre meloso que me irritaba. – ¿Ha estado bien la comida que te trajeron?

Asentí en respuesta sin hacer ningún gran comentario al respecto.

– Eso es bueno. –dijo. Podía ver que estaba teniendo problemas para abordar el motivo por el cual había vuelto a verme.

– ¿Sucede algo? –decidí preguntar tomándola por sorpresa.

– E-Etto… –empezó dudosa. – No hemos podido encontrar información sobre ti, dónde vives, o quiénes son tus padres… Y, mientras la policía investiga sobre lo que te sucedió, el señor y la señora Yuiki se han ofrecido a cuidar de ti. –explicó mientras hacía un gesto hacia el hombre y la mujer que la acompañaban.

– ¿Cuidar… de mí? –repetí con una mezcla de asombro e intriga.

– Creímos que sería lo mejor… –se apresuró a responder el hombre. – Como ya conoces a Yaya… Pensamos que te sentirías más cómoda en nuestro hogar.

– No es necesario que lo hagas si no quieres. –dijo entonces su esposa. – Si no te sientes cómoda con la idea de venir a nuestra casa, no te forzaremos.

Entonces… Estos eran los padres de Yaya…

Debía ser realmente un evento afortunado que tuviesen la suficiente amabilidad como para alojarme de forma temporal… Me resolvería bastantes cosas. Podría sobrevivir lo suficiente hasta que consiguiese la forma de volver a mi propio mundo. Además, podría preguntarle a Yaya sobre el extraño bebé chibi que la acompañaba.

– N-No. Está bien. –dije finalmente luego de evaluar la situación. – Solo… Me tomó por sorpresa que quisiesen alojar a una completa desconocida. –mentí.

– Oh, querida ¿Qué clase de personas seríamos si dejásemos a una niña como tu a su suerte? –dijo con cariño la mujer.

Apreté disimuladamente los puños tratando de retener el enojo que sentía al ser tratada como una niña. Tendría que acostumbrarme a este trato por el momento.

– Entonces está decidido. –la enfermera declaró. – En cuanto te den el alta, te alojarás en la casa de los Yuiki.

Y así, sin nada más que decir, el asunto quedó decidido.

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Había pasado un día antes de que me diesen el alta médica. Los doctores habían insistido en que me quedase allí durante la noche para mantenerme en observación y asegurarse que no tuviese ninguna lesión de gravedad. Pero tan pronto como habían confirmado que mi estado de salud era bueno, me habían dado el permiso para irme.

Había sido realmente curioso para mi cuando afirmaron que no poseía ninguna lesión. Tal parecía que no solo mi cuerpo había rejuvenecido, sino que todas las heridas de la guerra se habían esfumado por completo sin dejar rastros.

Cuando había llegado la hora para irme, la señora Yuiki llegó a la habitación trayendo consigo ropa nueva para que yo usara. Había sido una situación bastante rara y hasta incluso incómoda, pues la ropa que se usaba en este mundo era distinta en muchos aspectos a lo que yo conocía. Lo más incómodo había sido la ropa interior.

Mientras que en mi mundo hubiese usado piezas de lencería que consistían en un short abombado con volantes color crema, y un top a juego, la prenda que la señora Yuiki me había dado… Agh, ni siquiera sabía cómo describirlo. Las piezas de tela lograban cubrir mi pecho y regiones íntimas a la perfección, pero eran… bastante cortas y pequeñas en comparación a lo que estaba acostumbrada a usar, y eran abrumadoramente cómodos. Y no solo el tamaño era distinto a lo que estaba acostumbrada, el diseño también lo era.

La ropa interior que conocía usualmente poseía colores lisos, generalmente eran tonalidades crema o colores pastel. Lo más atrevido que había llegado a ver era lencería negra, pero incluso eso no era tan llamativo como lo que tenía puesto ahora. Estas prendas, que la señora Yuiki había nombrado como "bragas" y "sostén", poseían un color turquesa vibrante con lunares blancos estampados por todas partes. No iba a negar que se veía bastante lindo, pero… era tan llamativo ¿Por qué alguien usaría este diseño en su ropa interior?

Y si como no estuviese lo suficientemente sorprendida por la ropa interior, la falda que me había dado era completamente distinto a todo lo que había visto. Estaba acostumbrada a ver faldas de tubo, faldas con cortes para mejor movilidad de las kunoichi, faldas que llegaban hasta los pies, incluso el delantal médico que solía usar como parte de mi uniforme… Pero esto… Jamás había visto una falda con tantos pliegues en ella2.

La falda era de un color rojo oscuro, similar al rojo que solía usar en mi vestimenta, pero el patrón que poseía la tela… Era algo que nunca había visto antes. Tenía líneas blancas, azul y verde, de distintos grosores, las cuales se entrecruzaban formando pequeños cuadros3.

El largo de la falda también había sido revelador para mí. Lo más corto que había visto había sido un par de dedos por encima de la rodilla… Esta falda llegaba hasta la mitad de mi muslo. Lograba cubrir mi trasero a la perfección, pero el hecho de que fuese tan corta no me dejaba para nada tranquila ¿A quién se le había ocurrido que usar algo tan corto era buena idea? Parecía tan… Inapropiado… Mi único consuelo era que la señora Yuiki también me había proporcionado un par de medias negras que llegaban un poco más arriba de la rodilla.

La camiseta, por suerte, no había resultado tan diferente a mi conocimiento de la ropa. Se trataba de una simple camiseta de mangas cortas color blanco, sin dibujos ni patrones extraños. Lo único que parecía inusual en esta prenda era el material con el que estaba hecha. Las camisetas en mi mundo eran generalmente de algodón grueso, opaco, y hasta un tanto rígido… Mientras que esta camiseta era fina, ligera, suave, y levemente translúcida.

También llevaba puesta una sudadera con capucha gris. Tampoco era la gran cosa, no era una prenda realmente extraña para mí.

Finalmente… los zapatos…

Estos zapatos, que la señora Yuiki había nombrado tenis, habían sido una gran revelación para mí. Eran totalmente negros, y cubrían por completo mis pies. En vez de un cierre o hebillas que me ayudaran a ajustar el calzado a mi pie, estos zapatos tenían cordones los cuales ajustaban el zapato y luego se ataban para mantener el ajuste en su lugar. Sin embargo, eso no era lo más revelador… Estos zapatos eran realmente cómodos. La plataforma que poseían le daban un arco y confort a mis pies que hacían que fuese incluso más fácil caminar.

Una vez estuve vestida, la señora Yuiki recogió mi cabello en una trenza la cual caía suavemente sobre mi espalda. Había estado realmente agradecida ante esto… Luego de mucho tiempo usando mi cabello corto, volver a tener una melena larga me había resultado bastante incómodo.

Ya estando lista, seguí a la señora Yuiki fuera del hospital. Ella había mencionado que iríamos a su casa caminando debido a que su esposo se encontraba trabajando y se había llevado su vehículo con él. No me opuse a la idea, y simplemente me limité a seguir a la mujer por la ciudad, tratando de imitar sus acciones, observando disimuladamente mi entorno, e intentando contener mi asombro ante la tecnología de este mundo.

– Aquí estamos. –anunció la señora Yuiki una vez que llegamos a su hogar, abriendo la puerta del edificio para dejarme entrar.

Con algo de duda me adentré a la casa y me quedé de pie cautelosamente en la sala de estar. Mi mirada se dirigía hacia todas las direcciones analizando hasta el más mínimo detalle.

– Espero que te sientas cómoda en nuestro hogar. –dijo la mujer mientras cerraba la puerta tras entrar ella también. – Hemos preparado la habitación de invitados para ti. No tiene mucho, pero espero que puedas adaptarte en ella.

– Está bien… –asentí comprendiendo.

– Yaya está en clases ahora mismo así que la verás más tarde. Oh, eso me recuerda… Mi esposo y yo nos hemos tomado la libertad de inscribirte en el mismo colegio en el que asiste nuestra hija.

Al escucharla, mi mirada se posó rápidamente sobre ella demostrando la sorpresa que sentía.

– ¿Qué?

– Bueno. Una niña de tu edad tiene que asistir a clases, y como no sabíamos si ibas a algún colegio antes de que te encontrásemos, creímos que lo mejor sería que asistieses al colegio de Yaya. Comenzarás a cursar mañana. –explicó la mujer. – Yaya te prestará uno de sus uniformes de momento, pero luego iremos a comprar uno a tu medida ¿Eso está bien?

En mi estupor a penas me las pude arreglar para asentir en señal de respuesta. Sabía que no podía objetar mucho al respecto, y que debía intentar camuflarme en esta sociedad hasta que descubriese dónde me encontraba exactamente y cómo podía volver a casa, pero… ¿Asistir a una escuela? Agh… Esto sería un gran dolor de cabeza…


Aclaraciones:

1) No estoy realmente segura de dónde transcurre la historia de Shugo Chara. No recuerdo si se menciona en algún momento del anime/manga, y cuando intenté googlearlo no encontré información al respecto, por lo tanto, tomé la decisión creativa de hacer que la historia transcurriese en Tokyo. Aún así, si alguien que haya visto el anime sabe exactamente en qué lugar de Japón ocurre la trama, por favor déjemelo en los comentarios.

2) Por las dudas que mi explicación no haya sido buena… Al estilo de falda que Sakura se refiere es una falda plisada. Bastantes típicas en los uniformes escolares y en la moda asiática.

3) Me refiero al típico patrón de tartán que se ve, sobre todo, en las faldas escocesas.