Sakura POV

Bufé por milésima vez mientras intentaba acomodar la innecesariamente corta falda del uniforme escolar para que me cubriese un poco más. Esta ropa era sumamente incómoda, y podía decir que bastante impráctica también. Había tenido que recurrir a la ayuda de Yaya para poder descifrar cómo ponerme estas prendas, y una vez puestas había descubierto lo terriblemente molesto que era moverse con esto.

Miré a las niñas que vestían el mismo uniforme, todas caminando con tanta naturalidad en dirección a donde se suponía que estaba la escuela ¿Cómo podían acostumbrarse a usar esto todos los días? Era simplemente… increíble para mí.

– ¿No estás emocionada, Saku-chii? –habló Yaya a mi lado. Su rostro estaba plasmado con aquella alegre expresión que tanto la caracterizaba. – Es tu primer día de clases, seguro que le agradarás a todo el mundo.

– S-Supongo… –murmuré sintiéndome incapaz de compartir su alegre espíritu.

– ¿Qué pasa con esa expresión, dechu~? –habló Pepe flotando cerca de mi rostro.

Pepe… Un Shugo Chara… El día anterior cuando Yaya había regresado a casa, me había explicado un poco más acerca de estas pequeñas criaturas que, aparentemente, no todos podían ver.

¿Shugo Chara? –repetí ante el extraño término.

Así es. –asintió Yaya. – Uhm, Tadase lo explicaría mejor que yo. –lloriqueó. Parecía estar tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicarme toda esta situación. – Verás, dentro del corazón de cada niño en el mundo existe un huevo.

Eso es fisiológicamente imposible. –interrumpí. Lo que estaba diciendo Yaya carecía de lógica.

Durante mis años de entrenamiento con Tsunade-shishou, había tenido que estudiar de pies a cabeza el cuerpo humano en orden de mejorar mis habilidades como médica. Si bien en este momento me encontraba en un mundo completamente distinto, no creía que el cuerpo humano aquí fuese tan distinto a lo que yo conocía.

¡M-Me refiero en un sentido espiritual! –chilló la niña frente a mí, obviamente molesta por mi interrupción. – Este huevo representa los sueños de cada uno, eso que queremos ser cuando crezcamos. Cuando crecemos el huevo simplemente desaparece, pero en algunos casos el huevo se mueve y un nuevo ser es capaz de nacer. –dijo haciendo un pequeño gesto hacia su Shugo Chara. – Esos seres son conocidos como Shugo Charas. Representan nuestro verdadero ser, o una posible versión de ti misma.

Posé mi mirada sobre el bebé chibi que flotaba cerca de Yaya.

¿Y no todo el mundo puede verlos? –pregunté.

Ella inmediatamente negó con la cabeza.

Solo aquellos que tienen un Shugo Chara pueden verlos. Por eso tienes que ser cuidadosa acerca de a quién le mencionas esto. –contestó.

Pero… Yo no tengo uno ¿Por qué puedo verlos? –inquirí cruzándome de brazos mientras recostaba mi espalda en la pared detrás de mí.

No lo sé. Jamás había escuchado de alguien que pudiese ver a los charas sin tener uno propio. –murmuró. Su expresión demostraba preocupación, pero rápidamente cambió a una gran sonrisa. – Pero no importa. Si mañana empiezas la escuela, podemos ir a preguntarle a Tadase y al resto de los guardianes.

¿Guardianes?

Oh sí. Somos un grupo escolar, una especie de "consejeros estudiantiles", aunque la verdadera misión de los guardianes es cuidar de los sueños de los estudiantes y guiar a los nuevos portadores de Charas.

Ok… Eso no sonaba tan extraño como el resto de esta situación, pero de igual forma no podía evitar sentirme un tanto aturdida por toda esta nueva información.

Tomé una respiración profunda y dirigí mi mirada hacia el Shugo Chara de Yaya.

Entonces… ¿Tu nombre es Pepe?

Criaturas que nacían a partir de un huevo espiritual que representaba los sueños de la gente. Viese por donde lo viese al asunto, no había explicación lógica que pudiese atribuirle. Era totalmente imposible que esto realmente sucediese, y sin embargo allí estaba Pepe siendo la prueba viviente de que, de hecho, si podía ocurrir.

Mientras más vueltas le daba al asunto, más confundida me sentía, por lo que decidí despejar mi mente momentáneamente y enfocarme en otra cosa.

Nos dirigíamos a la escuela… Si bien la idea no me agradaba del todo, debía admitir que podía ser algo bastante conveniente. Si en esta escuela enseñaban cosas relacionadas con este mundo, esto podría serme de ayuda para llegar a entender más sobre este lugar. Tal vez así pudiese encontrar una forma de volver a casa.

– ¡Aquí estamos, Saku-chii! –anunció Yaya una vez que estuvimos en el lugar.

Debía admitir que estaba bastante impresionada. Para empezar el edificio era mucho más grande de lo que hubiese esperando para una escuela, era fácilmente tres veces el tamaño de la academia ninja de Konoha. La fachada del lugar lucía majestuosa, con paredes blancas y un jardín perfectamente cuidado. Si Yaya no me hubiese dicho que se trataba de una escuela, fácilmente hubiese pensado que era alguna clase de palacio.

Yaya pareció notar mi expresión sorprendida, pues comenzó a reírse en mi cara.

– ¿Qué pasa con esa cara? Pareciese que nunca hubieses visto una escuela, Saku-chii. –dijo entre carcajadas.

"Si, pero estaba lejos de parecerse a esto…" –dije en mi mente a la par que rodaba los ojos, no particularmente cómoda por la reacción de Yaya.

– De cualquier forma… ¿Crees que puedas arreglarte sola a partir de aquí? Tengo asuntos que atender con los guardianes y no puedo acompañarte hasta tu salón de clases. –habló la chica frente a mi una vez que sus risas cesaron.

– No creo que haya inconvenientes. –murmuré encogiéndome de hombros. A pesar de no conocer mucho de este lugar, y estar atrapada en el cuerpo de una niña, seguía siendo una mujer adulta capaz de valerse por si misma.

– ¡Genial! –aplaudió feliz Yaya. – Pasaré a buscarte cuando las clases terminen para que conozcas a los guardianes. Nos vemos, Saku-chii.

Antes de que pudiese decir algo más, ella comenzó a alejarse dejándome sola. Dejé escapar un pequeño suspiro decidiendo no cuestionar la actitud de esa chica, y me decidí a empezar mi "primer día de escuela".

Manteniendo la cabeza en alto comencé a dirigirme al interior del edificio. Mientras lo hacía, podía sentir como varias miradas se posaban sobre mi y algunas personas incluso comenzaban a murmurar cosas, como si yo no lo notase.

¿Tal vez era por mi cabello que todo el mundo actuaba así? Al igual que en mi mundo, el cabello rosado no parecía ser algo realmente común aquí. Probablemente estaban asombrados de ver a alguien con un color de cabello tan inusual. Y también debía admitir que el color de mis ojos era algo que también debía destacar. Rosa y jade, una combinación aún menos común…

O tal vez solo estaban murmurando porque evidentemente era nueva aquí. O tal vez incluso ni siquiera estaban hablando particularmente de mi…

Con estos pensamientos en mente me adentré en la escuela e hice lo primero que me instinto me dijo, y comencé a buscar alguna especie de oficina administrativa o alguien que me pudiese decir a dónde se suponía que debía ir. Vagué por los pasillos, mi mirada se dirigía a todos los carteles que había en las paredes, buscando algún indicio que me dijera que ese era un lugar importante.

Algo que había logrado llamarme la atención en el tiempo que llevaba buscando mi camino, era el sistema de escritura que se presentaba en todos los carteles. Era bastante similar al sistema de escritura que yo misma conocía, pero al mismo tiempo era levemente distinto. Me resultaba más… moderno. Lo cual me llevaba también a pensar en el hecho de que podía entender a la perfección todo lo que Yaya y las demás personas que había conocido me habían dicho.

Era evidente que se trataba del mismo idioma, o por lo menos, de uno bastante similar. No podía evitar sentirme curiosa acerca de cómo, a pesar de que me encontraba en un mundo distinto al mío, era capaz de comunicarme con las personas que aquí había. Tal vez las naciones ninja deberían empezar a investigar un poco más acerca de los distintos mundos que existían, podríamos descubrir tantas cosas…

Me había perdido tanto en estos pensamientos que a penas pude reaccionar al notar que estaba a punto de chocar contra alguien. Intenté reunir toda mi destreza y agilidad para esquivarlo, pero manejar este cuerpo era distinto a ser una kunoichi adulta con un físico ya trabajado, y a pesar de mis intentos, terminé chocando con la persona de todas formas, perdiendo así el equilibrio para posteriormente caer al suelo.

Esperé el impacto de la caída, el cual nunca llegó. Antes de que mi cuerpo tocase el suelo, alguien tomó mi mano con fuerza, deteniendo mi caída.

Levanté mi mirada para ver a mi salvador, encontrándome con la mirada amatista de un hombre joven.

Era bastante más alto que yo, lo cual no era una sorpresa considerando que actualmente poseía la contextura física de una niña de once años, más baja que el promedio. Su contextura era delgada, sin muchos músculos, pero a pesar de eso no llegaba a verse escuálido. Estaba vestido con una especie de uniforme gris que se abrazaba perfectamente a su cuerpo. Su cabello era castaño, ligeramente largo, a simple vista parecía bastante sedoso y bien cuidado. Sus rasgos faciales lucían delicados, pero bastante varoniles al mismo tiempo.

Debía admitirlo, el hombre era apuesto. Si actualmente no me encontrase en el cuerpo de un infante, no me molestaría ir a beber unas copas de sake con él…

– ¿Te encuentras bien? –preguntó él, sacándome de mi ensoñación.

Me apresuré a apartarme de él y acomodar mi uniforme antes de realizar una pequeña reverencia en señal de disculpa por haber chocado con él.

– Estoy bien. Mis disculpas, no estaba prestando atención a mi entorno ¿Usted se encuentra bien? –pregunté finalmente para volver a incorporarme y mirarlo a los ojos.

– Si, descuida. –respondió ofreciéndome una sonrisa amistosa. – Debo suponer que eres nueva aquí ¿Verdad? Déjame adivinar… ¿Eres Sakura?

Mi mirada se tornó cautelosa al oír mi nombre salir de su boca ¿Quién era él? ¿Cómo sabía mi nombre?

– ¿Cómo sabes eso? –indagué.

Mi expresión debió haberle parecido chistosa, pues inmediatamente dejó escapar una pequeña risa.

– Eres tal y como la señora Yuiki te describió. –fue todo lo que dijo antes de darme la espalda y hacerme un gesto para que lo siguiese.

Lo observé un tanto insegura. Él acababa de mencionar que conocía a la madre de Yaya, pero en ningún momento me había dicho quién era él, o por qué debía de seguirlo. Mis instintos me decían que no lo siguiese, pero mi parte racional me decía que no desconfiara, que probablemente solo se trataba de algún personal administrativo que estaba al tanto de mi llegada a la escuela.

Haciendo un gran esfuerzo para ignorar mis instintos, comencé a seguir al hombre quien me guío hasta lo que parecía ser una oficina. Una vez en el lugar, el hombre se acercó al gran escritorio que había en el medio de la habitación.

Mientras él hacía eso, me tomé unos segundos para apreciar el lugar. Realmente me recordaba bastante a la oficina de Tsunade-shishou, solo que más iluminado, y con el estilo arquitectónico que este mundo poseía.

– Aquí está. –la voz del hombre llamó nuevamente mi atención.

Él se apartó del escritorio con un par de papeles entre sus manos, los cuales me entregó a mí. Al examinarlos pude notar que se trataba de un mapa del establecimiento, y un listado de horarios.

– Esos son tus horarios. Estás en quinto año de la clase estrella. Es fácil llegar al salón, pero por las dudas no dudes en preguntarle a alguien si te pierdes. –habló él. – Las clases comenzarán en breve, así que te recomiendo que vayas rápido. Cualquier duda que tengas, mi puerta está siempre abierta.

Parpadeé una, dos veces, no muy segura sobre a qué se refería con "Quinto año" y "Clase estrella", pero decidida a encajar en este mundo salí de la oficina para dirigirme al salón de clases.

A penas di un par de pasos cuando me percaté de algo… En ningún momento ese hombre me había dicho quién era…

Tomé un par de respiraciones profundas decidiendo ignorar momentáneamente el asunto.

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Las horas habían pasado y finalmente el primer día escolar había llegado a su fin. Había sido una experiencia bastante interesante, había logrado aprender varias cosas sobre este mundo, aunque también había obtenido más dudas al respecto. Había muchas cosas que deseaba saber, pero no podía simplemente ir y preguntarle a alguien al respecto, me verían como una loca por no saber cosas que en este mundo eran aparentemente obvias.

Tendría que rebuscármelas para saciar mi necesidad de conocimiento por mi propia cuenta.

Mientras veía a los demás estudiantes guardar sus cosas para salir del salón, me quedé sentada en mi lugar. Yaya había dicho que vendría por mi tan pronto como las clases terminaran, así que pensé que lo más lógico sería quedarme en mi lugar.

Mi mirada se dirigió a la ventana del salón, a penas prestando atención a la gente que se despedía de mí.

– Haruno ¿No vas a salir? –escuché que alguien me preguntaba de pronto.

Dirigí mi mirada hacia la dueña de la voz, encontrándome con una de mis compañeras de clase: Hinamori Amu.

La primera vez que había visto a la niña me había sentido un tanto sorprendida. Era la primera vez que veía a alguien que a parte de mi poseía cabello rosado, y si bien nuestros cabellos no poseían las mismas tonalidades, aún seguía siendo bastante sorprendente. Este mismo hecho había sido el mismo que había ocasionado que varios alumnos pensaran que estábamos emparentadas de algún modo.

Había tomado una gran parte de mi autocontrol para detenerme de golpear a alguien por las estúpidas suposiciones que hacían.

Luego del asombro inicial, me había detenido a observar a la otra pelirrosa con detenimiento. La chica actuaba como una persona bastante fría en el exterior, una faceta de ella que todo el mundo parecía comprar e idolatrar. Nadie parecía notar que en el interior esa chica no era más que un gatito asustado, que actuaba de ese modo como una forma de defensa personal.

– Estoy esperando a alguien. –respondí con simpleza intentando ser lo más cordial posible. – Saldré de aquí pronto, no tienes que preocuparte.

Ella pareció tener un debate interno antes de simplemente limitarse a asentir y darse la vuelta para marcharse.

Pasaron a algunos minutos, ya casi nadie quedaba en el salón de clases cuando finalmente Yaya apareció.

– ¡Saku-chiii! –exclamó alegremente acercándose a mi pupitre. Pepe la seguía de cerca flotando sobre su hombro. – ¿Cómo estuvo tu primer día de clases? –preguntó de manera entusiasta.

– Estuvo bien, supongo… –dije mientras tomaba mis cosas y me ponía de pie. – Dijiste que me llevarías con tu grupo de amigos, ¿verdad? –pregunté lista para irme.

– ¡Oh, sí! ¡Vamos, Saku-chii! –exclamó mientras me tomaba la mano y me comenzaba a arrastrar a través de los pasillos de la escuela en dirección a los jardines.

Pasaron unos minutos en los que Yaya no paraba de hablar hasta que llegamos a lo que parecía ser una especie de invernadero.

La luz que entraba a través de la estructura de cristal, y las hermosas plantas que crecían en el interior, hacían que el lugar luciera sumamente etéreo, pareciendo así alguna clase de paraíso. Ni si quiera la floristería de la familia de Ino podía llegarle a los talones a este lugar.

– Por aquí, Saku-chii. –me indicó Yaya mientras me arrastraba hacia el centro del invernadero el cual parecía haber sido aclimatado para convertirse en un lugar de reuniones.

Había una pequeña mesa y sentados alrededor de ella había tres estudiantes, los cuales se encontraban tomando té mientras que leían y acomodaba una considerablemente gran cantidad de papeles.

– ¡Lamento la demora! –exclamó Yaya mientras se acercaba a ellos con una naturalidad tal que solo indicaba que llevaba un buen tiempo conociendo a estas personas. – Tuve que ir a buscar a Saku-chii. –se explicó la joven de cabellos cobrizos mientras hacía un gesto hacia mi persona, para luego voltearse a encararme. – Nee, Saku-chii, te presente a los guardianes. –habló esta vez haciendo un gesto hacia las tres personas sentadas sobre la mesa.

Me tomé unos breves segundos para analizarlos más detalladamente. Se trataban de dos chicos y una chica, o al menos eso parecía a simple vista, pues tras darle una segunda mirada a la supuesta chica, pude notar pequeños rasgos propios de la anatomía masculina.

¿Esto era algo normal aquí? Quiero decir… Sabía que en las naciones ninja había hombres con rasgos andróginos que se disfrazaban de mujeres para cumplir con ciertas misiones, pero… no era usual que en el ámbito cotidiano de las aldeas esto sucediese, sin contar que no estaba realmente bien visto que un hombre actúe de forma femenina. Que este chico estuviese aquí, vestido como una mujer, solo podía indicar que aquí esto era algo totalmente común, o que nadie se había percatado de que en verdad era un niño.

Dejando este detalle como un dato que debería investigar más tarde, continué analizando a los tres muchachos.

Los tres vestían con el típico uniforme escolar, pero, a diferencia de los demás estudiantes, ellos parecían tener un accesorio extra. Se trataba de una especie de capa que no les llegaba más allá de los hombros. Estas capaz parecían estar confeccionadas con las mismas telas que se confeccionaban las faldas y pantalones del uniforme original.

No estaba realmente segura de cuál era la utilizad de tal accesorio, pero lo dejé pasar para concentrarme en los rasgos particulares de cada uno.

El primero de ellos era un chico de tez blanca. Sus rasgos eran delicados y ligeramente andróginos, probablemente si le pusiesen un uniforme femenino y se dejase crecer el pelo podría hacerse pasar perfectamente por una chica. Poseía unos vibrantes ojos magenta, y una cabellera rubia bastante pulcra, sin ningún cabello fuera de lugar. De alguna manera, su peinado me recordó al hombre con el que me había chocado cuando entré por primera vez a la escuela ¿Tal vez estarían emparentados?

Pasé mi mirada al siguiente. Era el chico vestido de niña. Debía admitir que el look femenino enmascaraba a la perfección sus rasgos masculinos, no se veía para nada tosco ni fuera de lugar… Pero siendo consciente de que en realidad se trataba de un chico, no podía deja de verlo como tal. Poseía una larga cabellera de color índigo la cual estaba recogida en una coleta alta, y sus ojos poseían un hipnótico color ámbar que combinaba bastante bien con su cabello.

Sin duda, no podía dejar de preguntarme cómo se vería el chico si usase ropa masculina…

Dirigí mi mirada al último de los tres. Este parecía ser ligeramente mayor que los otros dos. Poseía una piel morena, y un físico que indicaba que debía tratarse de un atleta. Su cabello era castaño y adoptaba un estilo bastante desordenado. Sus ropas también lucían bastante desordenadas en comparación a los otros dos. Sus labios estaban contraídos en una sonrisa que demostraba confianza, al igual que la mirada que poseía en sus ojos verdes.

Pude notar que cada uno de los tres poseía un Shugo Chara al igual que Yaya. Esas pequeñas criaturas yacían en el centro de la mesa jugando con las cucharas y los terrones de azúcar.

Al notar que había permanecido mucho tiempo en silencio, me apresuré a presentarme y saludarlos.

– Es un gusto conocerlos. Mi nombre es Haruno Sakura. –dije mientras realizaba una reverencia respetuosa.

– Es un gusto conocerte, Haruno-san. Yuiki-san nos ha estado contando sobre ti. –el niño rubio fue el primero en hablar. – Mi nombre es Hotori Tadase. Ocupo el puesto del rey dentro de los guardianes. –se presentó.

– Mi nombre es Fujisaki Nadeshiko, ocupo el puesto de la reina. Un gusto conocerte, Haruno-chan. –el niño de cabellos índigo fue el siguiente en hablar.

– Souma Kukai. Tengo el puesto del Jack. –dijo finalmente el último de los tres.

– Y yo soy el As, Yaya. Pero tu ya me conoces, Saku-chii. –rió Yaya mientras se encaminaba a sentarse junto a los demás.

Dirigí mi mirada hacia los Shugo Chara que habían dejado de jugar para observarme atentamente.

– ¿Ustedes tres cómo se llaman? –pregunté tratando de no sonar grosera.

Los tres se sorprendieron al notar que me estaba dirigiendo a ellos.

– ¿P-Puedes vernos? –preguntó uno de los tres mientras flotaba hasta quedar frente a mi rostro. Inmediatamente Pepe imitó su acción, posándose sobre mi hombro.

– Sorprendente, ¿verdad? Y ella ni siquiera tiene un Shugo Chara, dechu~ –dijo la chara con forma de bebé.

– No creí que eso fuese posible. –habló otro de los charas.

– Haruno-chan… ¿Por qué no te sientas? Te traeré un poco de té. –habló Nadeshiko mientras se levantaba de su lugar para ir a preparar más té.

Así, las horas pasaron rápidamente. Había llegado a aprender más acerca de los guardianes y los Shugo Chara.

Tadase había mencionado que los únicos casos conocidos de personas que podían ver un Shugo Chara sin poseer uno propio eran los niños más pequeños, quienes aún no manifestaban sus sueños, por ende, mi caso era bastante extraño.

Yaya y Kukai habían comenzado a debatir si esto se debía a que algo me había sucedido antes de que la familia Yuiki me encontrase, o si mis propios Shugo Chara estaban a punto de manifestarse. Mientras que yo… no podía dejar de lado el pensamiento de que probablemente la única explicación era que provenía de un mundo totalmente distinto a este.

Había sido realmente agradable pasar el rato con Tadase, Kukai y Nadeshiko, sin embargo, ya estaba comenzando a anochecer y cada quien debía volver a su respectivo hogar. Fue así como Yaya y yo nos marchamos de vuelta a su hogar.

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Era casi media noche. Ya habíamos cenado e incluso me había dado una relajante ducha.

Actualmente me encontraba sentada en la cama que el señor y la señora Yuiki habían designado para mi mientras secaba mi cabello y observaba a través de la ventana el cielo nocturno.

No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido recientemente: La pelea con Kaguya, el despertarme en este extraño mundo sin tener idea de dónde estaban Naruto y los demás, la familia Yuiki decidiendo cuidar de mí, tener que fingir ser una niña de once años mientras iniciaba la escuela en un mundo que a penas conocía, los guardianes y los Shugo Chara… Eran bastantes cosas para procesar.

Un pequeño suspiro escapó de mis labios mientras me dejaba caer en la cama recostando la cabeza sobre la mullida almohada de plumas.

Quería aprender más de este mundo y de los Shugo Chara, pero también necesitaba encontrar a mis compañeros y volver a casa para detener a Kaguya y salvar a aquellos que habían sido atrapados dentro del Tsukyiomi infinito, pero ni siquiera sabía por dónde comenzar…

En estos momentos todo lucía tan complicado que simplemente quería dormirme y olvidarme de todos los problemas…

Con estos pensamientos en mente, cerré los ojos permitiéndome finalmente descansar luego de un agotador día.

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Me removí entre las mantas intentando apreciar los últimos momentos de sueño antes de que el despertador de Yaya sonase indicando que era momento de comenzar a prepararse para otro día de escuela.

La cama era tan cómoda y calentita que no tenía deseos de levantarme. Las mantas eran tan suaves y…

Mis ojos se abrieron de golpe. Me incorporé rápidamente en la cama mientras de un rápido y brusco movimiento me quitaba las mantas de encima.

– ¡Kyaaaaaaaaaa!

El grito salió de mis labios antes de que pudiese siquiera evitarlo, reflejando la impresión que la imagen frente a mi me había provocado.

Allí, posados sobre el colchón de la cama, yacían tres huevos que estaba bastante segura que no habían estado allí la noche anterior.

– ¿Q-Qué es esto…?