Sakura POV

Las clases transcurrían tan normales como se podía esperar. Hacía mi mejor esfuerzo para prestar atención a las explicaciones de los profesores, tratando de entender cómo este mundo extraño funcionaba, pero mi mente no dejaba de divagar.

Una parte de mi seguía abrumada por el hecho de tener mis propios huevos guardianes, aún cuando realmente no pertenecía a este mundo. Mientras que otra parte de mi se sentía frustrada, sentía que estaba perdiendo tiempo valioso el cual podría aprovechar intentando encontrar a los demás, o investigando como volver a casa.

De esta forma, los primeros periodos pasaron de forma rápida, y actualmente todo el cuerpo estudiantil se encontraba reunido en el auditorio para una reunión. Según lo poco que había logrado oír de otras estudiantes, la reunión sería encabezada por los guardianes de la academia Seiyo, y en ella se tratarían diversos temas sobre la institución.

Me acomodé en mi asiento junto a Hinamori, mirando al frente sin prestar mucha atención realmente. En el frente de la asamblea, Tadase hablaba para todos los alumnos.

Pude notar que la pelirrosa a mi lado se removía con cierta incomodidad. La miré de reojo notando su expresión angustiada ¿Algo le había sucedido?

Estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, cuando repentinamente el broche de su cabello cambio de forma convirtiéndose en un corazón, y ella se puso de pie con una energía y personalidad tan poco usual en ella, levantando su mano para responder a la pregunta que Tadase acababa de formular.

– ¡Si! ¡Perdón por lo de hace un rato! ¡Me gustas, mi príncipe! –exclamó.

El salón enteró se tensó ante la repentina y extraña interrupción. Las miradas se clavaban en ella con visible asombro, e incluso podía escuchar como varias personas comenzaban a murmurar cosas.

El broche de Amu volvió a la normalidad. Y sus facciones adoptaron una expresión y nervios y confusión.

– En este momento estamos en una reunión. –habló Tadase intentando mantener el profesionalismo y desviar la atención hacia otro lado. – Por favor no hagan comentarios que no tengan que ver con el tema. –podía notar como poco a poco el rostro de Amu se contorsionaba con cierta angustia por lo que acababa de suceder. – Además… Ya hay una chica que me gusta. –y para rematar, aquella frase innecesaria simplemente terminó de romper a la pobre chica.

Amu tomó sus pertenencias y corrió fuera del auditorio sin mirar atrás, dejando a todos impactados.

Suspiré. En cierto modo podía comprender cómo debía estarse sintiendo… Tal vez debería seguirla y comprobar que se encontrase bien. Sin contar que necesitaba preguntarle acerca de su extraño cambio de actitud.

Con esa decisión en mente, tomé mi bolso e ignorando las miradas curiosas, corrí detrás de ella.

Fue un poco difícil seguirle el ritmo. Hinamori tenía piernas largas, y mi cuerpo actual no estaba acostumbrado a correr tanto. Por más extraño que sonase, sentía que por primera vez extrañaba el entrenamiento al que Tsunade-shishou me había sometido.

Amu no estaba viendo por donde iba, y eso se hizo aún más notable cuando entró a un edificio en construcción y cayó en un poso. Tan rápido como pude, me apresuré a llegar a la orilla del pozo.

– ¿Te encuentras bien, Hinamori-san? –pregunté. Ella levantó la cabeza, sorprendida de verme.

– ¡Haruno-san! –exclamó con una mezcla de sorpresa y alivio.

– No debiste hacer eso, Hinamori-san, fue bastante imprudente de tu parte. Salir corriendo de esa forma… ¿Qué hubiese pasado si te lastimabas? –la regañé. No podía evitarlo, era mi lado médico saliendo a flote.

Ella se ruborizó avergonzada.

– L-Lo siento… –murmuró. – ¿P-Puedes ayudarme a salir de aquí? –preguntó.

Asentí en respuesta.

– Toma mi mano. –dije mientras le extendía la mano.

Ella tomó mi mano y empecé a hacer fuerza para sacarla de allí, pero nuevamente… este cuerpo no estaba entrenado como mi yo de diez y seis años. No solo no pude sacarla, sino que terminé resbalando y cayendo al poso con ella.

– Esto debe ser una broma… –bufé mientras sacudía la tierra que se había acumulado en mi chaqueta tras el impacto.

– ¿Ahora cómo saldremos de aquí? –preguntó Amu con visible angustia. – ¿¡Hola!? –gritó intentando llamar a alguien que nos ayudase. – ¡Ayuda! ¿¡Hay alguien ahí!?

– Es inútil… –le dije. – La construcción estaba vacía. Deben estar en medio de un descanso o debe tratarse de un día libre… De cualquier forma, no hay nadie en los alrededores que pueda escucharnos.

– No es posible… –murmuró Amu. Se notaba desesperanzada.

– Hey, no te desanimes tan rápido… –hablé tratando de animarla. – Encontraremos la forma de salir de aquí. –afirmé mientras miraba a mi alrededor tratando de ver si había algo útil que nos ayudase a escapar.

– ¿Cómo puedes estar tan optimista? –bufó Amu afligida. – Este día solo ha ido de mal en peor… Primero en la escuela… Ahora esto… ¿Por qué me están pasando estas cosas?

La miré con empatía. Sin duda no era un buen día para ella… Y si bien ahora mismo me encontraba en la misma situación que ella, podía entender sus sentimientos.

¡Amu-chan! –una pequeña vocecita hizo eco a nuestro alrededor. Miré en todas direcciones buscando la fuente, Amu también lucía bastante confundida.

Un pequeño huevo rosado salió del bolso de Amu y comenzó a flotar frente a ella ¿Era eso…? ¿Era eso un huevo de Shugo Chara? El diseño era distinto a los míos lo cual era algo lógico. El huevo en si estaba cubierto de una luz rosada y estaba comenzando a cascarse.

El huevo se rompió en dos y de su interior, una pequeña chibi similar a Pepe y los demás, emergió. Tenía un cabello rosado vibrante recogido en una coleta el alta en el costado izquierdo de su cabeza. Sus ojos hacían juego con su cabello. Estaba vestida con un pequeño vestido sin mangas rosa pálido, zapatillas deportivas rojas, un pañuelo rojo envuelto alrededor de su cuello, una visera del mismo tono que el vestido con un broche rojo en forma de corazón, y en sus manos cargaba una especie de… pompones rosados con pequeños corazones.

– ¿¡Qué estás haciendo, Amu-chan!? –la pequeña chibi comenzó a regañar a Hinamori. Sinceramente, me era un poco difícil tomarla en serio con la adorable apariencia que poseía. – Vuela. –dijo como si fuese una actividad sencilla de realizar.

– ¿Vo-Volar…? –repitió Amu, a penas encontrando su voz debido a la sorpresa. Sus ojos se posaron sobre mí, como si estuviese tratando de comprobar si lo que estaba viviendo en esos momentos era real.

Podía comprender su estupor… Hinamori no sabía nada sobre los Shugo Chara, y yo no sabía mucho más que lo que los guardianes me habían contado… Pero antes de que siquiera pudiese abrir mi boca para explicarle la situación, su pequeña chara ya estaba accionando.

– De una chica que no puede volar a una que si ¡Chara Change! –exclamó y el broche de Amu volvió a cambiar de una cruz a un corazón. Hice una pequeña nota mental en mi cabeza, comprendiendo que posiblemente lo que había pasado en el auditorio había sido obra de la chara. – Hop… Step… –pequeñas alas de luz aparecieron en las muñecas y tobillos de Amu. – … ¡Jump! –y con esa última palabra, tanto Amu como la chara despegaron hacia el cielo.

Dejé escapar un suspiro al escuchar los gritos de pánico de mi compañera.

Esa pequeña chara haría que Amu se metiese en problemas… Además… Me habían dejado atrapada en el hoyo…

Me mordí el labio decidiendo continuar buscando la forma de salir de allí.

– Esto sería tan fácil si tan solo tuviese mi chakra… –murmuré.

¿No eres una kunoichi, Sakura-chan? ¡Obstáculos como este no son nada, dattebayo!

Un jadeo escapó de mis labios al escuchar su voz.

Tal y como había pasado con la Shugo Chara de Amu, uno de mis propios huevos salió de mi bolso y flotó hasta quedar frene a mí.

El huevo era naranja con un degradé que iba de más oscuro casi rojo en la base, hasta un tono más claro similar al amarillo en la punta. Toda la superficie del huevo tenía estampada la insignia de Konoha a modo de patrón, y en el centro del huevo se podía ver la silueta de un zorro con nueve colas.

El huevo estaba brillando con una suave luz naranja, y comenzó a agrietarse hasta finalmente abrirse por completo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver la pequeña figura frente a mí.

– Es bueno verte… Sakura-chan…

Era una versión miniatura de Naruto quien me miraba con su radiante sonrisa característica. Su cuerpo estaba envuelto en llamas naranjas, similar a cuando estaba usando el poder del kyuubi. Lo único que parecía inusual era el par de orejas de zorro que sobresalían de su cabeza y, a juego con ellas, nueve colas que se asomaban por detrás de él.

– ¿Realmente eres tú… Naruto…? –pregunté, temiendo que se tratara de una ilusión o un juego de mi mente.

– Perdón por dejarte sola… No estoy muy seguro de lo que sucedió, dattebayo. –murmuró él. – Luego de que Kaguya usara su poder sobre nosotros, estuve envuelto en una oscuridad. No podía moverme ni hacer nada… Un poco aterrador si me preguntas. –bromeó. – Solo recuerdo una voz que me explicó algo sobre este mundo… y luego fue como si estuviese despierto y durmiendo al mismo tiempo. Simplemente esperando… hasta la noche anterior, cuando pude oírte, Sakura-chan.

– ¿Oírme? –pregunté extrañada.

– Si bueno, fue algo más bien como escuchar tus pensamientos… –murmuró Naruto. Sentí mis mejillas arder ante la idea de que Naruto pudiese oír mis pensamientos. – Pude oír tus preocupaciones… Tus sentimientos divididos… Y entonces todo a mi alrededor cambió. Creo que fue en ese momento que "nací" como tu Shugo Chara, dattebayo.

Me mordí el labio intentando procesar la información. Ya de por si era complicado intentar comprender la lógica detrás de los Shugo Chara, y ahora era aún más complicado pensar en cómo Naruto, quien era un humano igual a mí, se había convertido en mi Shugo Chara. Sentía que cada vez había más preguntas que respuestas.

– En cualquier caso, creo que es mejor que salgamos de aquí. Tengo la sensación de que esa otra chica que estaba contigo podría meterse en problemas, dattebayo. –habló Naruto.

– ¿Cómo? Mi chakra desapareció por completo y este cuerpo simplemente no tiene las cualidades físicas a las que estoy acostumbrada. En estos momentos soy una civil común y corriente. –bufé fastidiada.

– Creo que eso se puede arreglar… –sonrió Naruto. – Si no mal recuerdo la explicación que esa persona me dio… podría… –cerró sus ojos concentrándose. – ¡Chara Change, dattebayo! –exclamó.

En ese instante sentí la energía recorriendo mi cuerpo. Era como volver a tener chakra fluyendo por mi sistema. La sensación se sintió como un alivio, pero rápidamente desapareció al notar que eso no era lo único que había cambiado.

Al igual Naruto, poseía un par de orejas y nueve colas de zorro.

– Tienes que estar bromeando, Naruto… –murmuré no sintiéndome a gusto con la idea de tener partes de animal.

– Hey, no se ve tan mal. –rió por lo bajo Naruto antes de flotar y sentarse en mi hombro. – Lo importante es que ahora puedes salir de aquí. Inténtalo, dattebayo.

Suspiré y decidí hacer lo que Naruto me había indicado.

De un gran salto logré llegar a la superficie sin esfuerzo alguno. Miré hacia el cielo buscando señal alguna de Amu, pude notar que estaba aterrizando sobre una de las vigas del edificio en construcción.

Bombeé chakra hacia la planta de mis pies y comencé a subir por una de las vigas hacia donde la pelirrosa se encontraba. Cuando finalmente la alcancé, ella estaba abrazada a la viga con fuerza para no caerse.

– ¿Te encuentras bien, Hinamori-san? –pregunté de pie junto a ella.

Ella se sobresaltó un poco al verme allí. Al parecer, había estado muy concentrada en no caer que ni siquiera se había percatado de mi presencia.

– ¿¡H-Haruno-san!? –exclamó al verme, pero se quedó muda al notar las colas y las orejas. – U-Uhm…

– No lo menciones. –murmuré antes de que ella pudiese decir algo. Ella inmediatamente cerró la boca decidiendo no fastidiarme. Volteé mi mirada hacia la chara. – Eres una pequeña muy enérgica… Pero eso fue demasiado precipitado. –la regañé. – Sacaste a Hinamori-san del hoyo solo para ponerla en otro aprieto.

Sus mejillas adoptaron un tono rojizo mostrándose visiblemente avergonzada.

– L-Lo siento… –murmuró.

– Haruno-san… ¿Tú sabes que es esto? –preguntó Amu.

– ¡No soy un "esto"! ¡Mi nombre es Ran! –exclamó la Shugo Chara ofendida. – ¡Soy tu Shugo Chara?

– ¿Shugo Chara? –repitió mi compañera, el término era notablemente desconocido para ella. Su mirada recayó sobre mí, esperando una explicación.

– No sé mucho más que tú… –suspiré. – Hasta hace poco tampoco sabía qué eran… Pero, aparentemente, los sueños y la personalidad de las personas, su esencia, puede tomar la forma de estos pequeños guardianes.

– ¿Guardianes…? –Hinamori miró a Ran con duda.

– ¡Así es, Amu-chan! –honestamente, la personalidad enérgica de la pequeña chibi estaba comenzando a exasperarme. – Amu, tu oraste por esto ¿Cierto? –preguntó mirando divertida a su dueña. – Oraste para tener otra personalidad ¡Yo nací de ese sentimiento!

– No es posible que pasé eso… ¡Me niego a creerlo! –dijo Amu.

– ¡Pero tienes que creerlo, Amu-chan! –contestó Ran. – ¡Créelo y podrás ser tu misma! –exclamó mientras agitaba sus pompones.

– Por más irreal que parezca, me temo que es la verdad… –suspiré.

Antes de que pudiésemos seguir hablando, me volteé rápidamente sintiendo la presencia de alguien. Un chico de unos diez y siete años aproximadamente, apareció frente a nosotras.

Era alto, su tez era ligeramente bronceada. Su cabello era azul oscuro al igual que sus ojos. Estaba vestido con una camisa y pantalón negros. Y para rematar su apariencia, un par de orejas y cola de gato eran visibles.

Junto a él, un pequeño chara con apariencia felina flotaba sosteniendo lo que parecía ser un candado.

Sin duda… Este mundo era demasiado extraño para mi comprensión…