Autora POV
Sakura frunció el ceño colocándose frente a Amu lista para protegerla. Había algo en ese muchacho de cabello azul, algo en su sonrisa ladina que no le inspiraba ni un poco de confianza. Los ojos del peliazul brillaron con cierta diversión al notar las intenciones de la pelirrosa con orejas de zorro.
El muchacho tarareó suavemente.
– ¿Con que ustedes tienen Charas? –habló. Su voz aterciopelada envió escalofríos por la columna vertebral de Sakura. Incluso si estaba haciendo una pregunta, su tono se oía más bien como una afirmación.
– Otro raro… –murmuró Amu aún aferrándose a la viga a la cual estaba abrazada. – ¿Y qué pasa con esas orejas de gato? –inquirió.
– Amu… –bufó Sakura. – No creo que sea el momento para preocuparse por esos detalles. –murmuró, omitiendo el hecho de que ella misma poseía partes de zorro. El peliazul comenzó a acercarse y Sakura rápidamente adoptó una postura defensiva. – Quédate atrás… –le indicó a Hinamori.
El peliazul se acercó lentamente hasta quedar frente a la chica de ojos jade, y se inclinó levemente para olfatear el aire. Sus orejas acompañaban el ritmo de sus inhalaciones. Luego de unos segundos enderezó su postura y su sonrisa se ensanchó.
– Todavía tienen más huevos… ¿No es así? –preguntó.
– Hay otros cuatro, nya~ –habló el pequeño chara felino flotando por encima del hombro de su dueño.
Sakura se tensó ¿Qué era lo que ese chico quería con ellas y sus charas?
– ¿¡Quienes son ustedes!? –exigió Amu visiblemente perturbada con la situación. Incluso si Sakura parecía tener toda la intención de protegerla, no podía evitar sentirse curiosa y abrumada por todo lo que estaba sucediendo hasta el momento.
– ¡Amu-chan, Sakura-chan! –exclamó Ran. – ¡Tengan cuidado! Esa persona está atrás de los hue…
Antes de que la chara pelirrosa pudiese terminar de hablar, fue empujada por el peliazul quien se cernió sobre la chica de ojos ambarinos. Sakura se sobresaltó notablemente ¿En qué momento había logrado pasar por delante de ella? Sin duda, el chico tenía buenos reflejos.
– Así que tu nombre es Amu… –murmuró antes de deslizar sus manos en los bolsillos de la chica buscando algo. La pelirrosa empezó a chillar en respuesta asustada.
– ¡Oi! ¡Detente! –exigió Sakura mientras lanzaba un puñetazo hacia el peliazul, pero antes de que pudiese siquiera rozarlo, el chico saltó quedando detrás de Sakura.
La ojijade rápidamente se volteó para quedar cara a cara con él, percatándose entonces de que en su mano sostenía dos huevos bastante similares al huevo de Ran.
– Los encontré. –sonrió triunfal el chico. – Pero aún faltan otros dos… –murmuró antes de abalanzarse sobre Sakura.
Antes de siquiera lograr deslizar sus manos en ella como lo había hecho con Amu, la kunoichi lo abofeteó tan fuerte como pudo, tomándolo por sorpresa. El peliazul se tambaleó levemente y retrocedió un par de pasos, observando a la chica frente a él con los ojos abiertos como platos.
– ¡Ni se te ocurra tocarme, maldito bastardo! –gruñó Sakura.
– ¡Eso es, Sakura-chan! –ánimo Naruto desde su lugar en el hombro de la chica. – ¡Golpea a ese teme, dattebayo!
El peliazul parpadeó un par de veces observándola. Sin duda la chica frente a él tenía mucha más fiereza en ella que la otra pelirrosa.
– No sé quién eres ni me importa… Solo espero que devuelvas los huevos de Hinamori-san… –habló seria. – De lo contrario, te golpearé hasta que lo hagas. –amenazó mientras se tronaba los dedos.
– ¡Como si fuéramos a hacer eso, nya~! –exclamó el chara felino mientras frotaba su barbilla contra el extraño candado que sostenía entre sus patas. – Primero obtuvimos el Humpty Lock, y ahora conseguiremos el embrión ¡Anotamos uno grande hoy, nya~!
¿Humpty Lock? ¿Embrión?
Los extraños términos se alojaron en la mente de Sakura despertando aún más dudas, sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensar en ello antes de que Amu se lanzara a la carga en un intento de recuperar sus huevos. El peliazul se sobresaltó sorprendido por el repentino arrebato de la ojiambar, tanto que accidentalmente dejó caer los huevos, los cuales comenzaron a caer hacia el vacío. En un intento de atraparlos, Amu se lanzó detrás de ellos, en un acto que bajo cualquier punto parecía una locura.
– ¡Amu! –gritó Sakura preocupada por su compañera. La caída que le esperaba a la chica la llevaría a una muerte segura, necesitaba ayudarla pronto.
Estaba dispuesta a lanzarse detrás de Hinamori, cuando el chico de orejas felinas la sujetó por la muñeca.
– ¿¡Estás loca!? –exclamó. Había un pequeño atisbo de preocupación en su voz.
– No actúes como si te importara… ladrón… –escupió la pelirrosa. Forcejeando logró liberarse de su agarre, para posteriormente lanzarse detrás de su amiga. – Naruto… –llamó al rubio. – ¿Hay alguna forma de evitar la caída? –preguntó conforme se acercaba al cuerpo de la chica quien chillaba aterrada por la situación mortal en la que se encontraba.
– Puedo ayudarte a aterrizar de forma lo suficientemente segura para que ninguna de las dos muera… Pero debido a la altura de la caída, creo que aún sufrirían de algunas heridas… –murmuró el rubio. Sakura frunció el ceño al escucharlo.
– No es lo suficientemente bueno… –se quejó antes de extender su mano hacia Amu. – ¡Hinamori! ¡Toma mi mano!
La nombrada abrió sus ojos sorprendida. Había estado tan asustada por la caída que ni siquiera había notado que Sakura se había lanzado detrás de ella.
– H-Haruno-san… –se ahogó con sus propias palabras. – V-Vamos a morir… –lloriqueó.
– Nadie morirá si aún tengo algo que decir al respecto. –dijo con firmeza Sakura. Se extendió lo suficiente para abrazar a la pelirrosa contraria. – Saldremos de esto juntas… Te lo prometo, viviremos ¿Crees en mí?
– ¿C-Creer…? –repitió Amu mirando a los ojos de la contraria.
– ¡Eso es Amu-chan! –exclamó Ran. – ¡Tienes que creer!
Hinamori Amu no estaba segura de que esperar cuando encontró tres extraños huevos en su cama aquella mañana. Aquel día parecía una secuencia de hechos infortunados. En cualquier otra situación, estaba segura que ni siquiera se hubiese molestado en escuchar a Ran, pero era probablemente el hecho de que se encontraba camino a su muerte que decidió obedecerla…
– ¡Yo creo! –exclamó mientras cerraba sus ojos con fuerza.
En las alturas del edificio en construcción, el candado que cargaba el pequeño chara de aspecto felino comenzó a brillar de forma intensa. Sorprendido, el Shugo chara dejó escapar el candado, el cual comenzó a flotar hacia donde ambas pelirrosas se encontraban cayendo.
Pronto, una luz cálida y cegadora las envolvió a ambas.
"Watashi no Kokoro… Unlock…"
La luz que las rodeaba se disipó por completo, dejando entrever una nueva versión de ambas.
Amu parecía estar vestida con lo que parecía ser una versión del traje de Ran adaptado a ella. Llevaba un top rosa pálido y una falda a juego, polainas del mismo color que le llegaban hasta la rodilla y zapatillas deportivas; Su cabello había sido recogido en una coleta alta al costado izquierdo de su cabeza, y llevaba una visera con un gran broche en forma de corazón rojo.
Sakura por otro lado estaba vestida con un kimono ninja de color naranja, el cual le llegaba hasta mitad del muslo, y cuyas mangas comenzaban a la mitad del bícep y se extendían hasta cubrir por completo sus manos; En la parte posterior del kimono, el emblema de Konoha estaba estampado, brillando con orgullo; Debajo del kimono llevaba un short negro ajustado, como el que estaba acostumbrada a usar normalmente en Konoha; También portaba unas botas de combate bastantes similares a las que usaba en su atuendo de kunoichi, estas le llegaban un par de dedos por debajo de las rodillas, y dejaban expuestos sus dedos de los pies; Su cabello, normalmente corto hasta la altura de los hombros, había crecido levemente hasta alcanzar la altura de sus pechos, cayendo en rizos por sus hombros y espalda, y siendo adornado con pequeñas gardenias que le daban un aspecto bastante etéreo; Para finalizar su apariencia, las mismas orejas de zorro de antes sobresalían de su cabeza, así como también aún poseía las nueve colas. Sumado a eso, en sus mejillas se podían apreciar unas marcas bastante similares a las de Naruto.
– ¿Q-Qué es esto…? –se preguntó Sakura observando su propia apariencia. Aún se encontraba cayendo, pero lo hacía a una velocidad menor que antes. – ¿N-Naruto? ¿Dónde estás? –lo llamó al percatarse que el rubio no estaba en ningún lugar a la vista.
– Te explicaré todo luego… Pero creo que en este momento deberías concentrarte en aterrizar a salvo, Sakura-chan… –la voz de Naruto resonó. Se escuchaba… como si estuviese dentro de ella.
La pelirrosa se mordió el labio. Aún tenía muchas preguntas que deseaba hacer, pero Naruto estaba en lo cierto, primero necesitaba ponerse a salvo a si misma.
Casi por instinto, dejó que las nueve colas envolvieran su cuerpo protegiéndola al momento de impactar el suelo. Al tocar el suelo, rebotó suavemente, dio una voltereta en el aire y aterrizó grácilmente. Tan pronto como sus pies estuvieron sobre la tierra, aquella extraña apariencia se disipó por completo, dejándola de nuevo con su uniforme escolar, y Naruto flotaba a unos metros por delante de su rostro.
– Eso estuvo cerca, ttebayo. –comentó el rubio.
Un grito de miedo resonó en el lugar, lo cual hizo que ambos ninjas levantaran sus cabezas para encontrarse con la visión de Amu cayendo nuevamente al vacío.
– Maldición… –murmuró por lo bajo Sakura, se había olvidado por completo de Amu.
– ¡Holy Crown! –alguien gritó. Acto seguido, una masa gelatinosa de color dorado apareció, amortiguando la caída de la chica. Cuando esta extraña masa desapareció, Sakura pudo ver a nada más y nada menos que el rey de los guardianes, Tadase, sosteniendo en brazos a Hinamori. Kiseki flotaba sobre el hombro de su amo, quien ahora poseía una pequeña corona sobre su cabeza, y un cetro a juego.
– ¡Hotori-san! –exclamó Sakura aliviada de ver que el rubio había salvado a la chica. Se apresuró a acercarse hacia donde estaban ambos.
En ese mismo instante, el mismo chico peliazul de antes decidió hacer acto de presencia.
– ¿Tú de nuevo, pequeño rey? –inquirió con diversión el adolescente dirigiéndose a Tadase.
Sakura alternó su mirada entre ambos ¿Acaso se conocían? Hizo una pequeña nota mental para preguntarle a Tadase al respecto.
– Tomar huevos recién nacidos va en contra de las reglas. –acusó el rubio mirando con enfado al contrario. Con cuidado, dejó a Amu sobre el suelo y se incorporó, enfrentando al peliazul. – También, poner tus manos sobre el Humpty Lock es deplorable… Tsukyiomi Ikuto.
Sakura se sobresaltó levemente al oír el nombre y volteó a ver al peliazul ¿Así era como se llamaba? ¿Quién era él realmente? ¿Qué relación tenía con Tadase? ¿Por qué había intentado robar los huevos de Amu?
– Es tu culpa por dejarlos por ahí, nya~ –se burló el chara de Ikuto.
– ¡Jamás dejaré que alguien como tú consiga el embrión! –exclamó Tadase.
Embrión… Allí estaba ese término de nuevo…
Ikuto sonrió entretenido con las palabras. Hizo su mano un puño e inmediatamente, una gran garra de gato apareció, la cual utilizó para atacar al trío frente a él. Tadase en respuesta, levantó su cetro usando la misma masa gelatinosa de antes para protegerlos. Cuando aquella conmoción acabo, no había rastro alguno del peliazul. Se había esfumado.
El rey de los guardianes se permitió suspirar, agotado por la situación. La corona y el cetro desaparecieron, y se volteó a ver a las dos pelirrosas.
– ¿Se encuentran bien? –preguntó sacando un pañuelo para ayudar a Amu a limpiarse un poco la suciedad que tenía en la mejilla. Le entregó el pañuelo y se volteó hacia Sakura para asegurarse de que esta no estuviese herida.
– No ha sido gran cosa… –Sakura se encogió de hombros. Amu balbuceaba, tropezándose con sus propias palabras, aún estaba bastante conmocionada. – Pero estaría mejor si supiera realmente lo que acaba de suceder… –se cruzó de brazos. – ¿Quién era ese chico y cómo es que lo conoces?
Tadase la observó por unos segundos, luciendo un tanto inseguro de hablar.
– Tus preguntas serán respondidas a su debido tiempo… Mientras tanto, creo que ustedes dos deberían volver a casa y descansar por lo que queda del día. –dijo el rey dando a entender de que el se encargaría de hablarle a los profesores para que no tuviesen problemas por saltearse el resto de las clases.
Sakura frunció el ceño levemente. No estaba conforme con la respuesta recibida, pero sabía que no lograría obtener nada más por el momento. Suspirando con resignación, se dispuso a volver a la casa de los Yuiki.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Sakura se sentó sobre el barandal del balcón de la habitación que compartía con Yaya. Su mirada estaba fija en el horizonte, contemplando el atardecer. Naruto se encontraba sentado sobre su hombro, mirando el mismo paisaje que ella.
– Entonces… Cuando llegamos a este mundo fuiste forzado a convertirte en un Shugo Chara… –murmuró recapitulando la pelirrosa. – ¿Por qué…? Creí que los charas eran manifestaciones del verdadero ser de alguien… Pero tu eres humano igual que yo… –se mordió el labio.
– Tal vez sea porque no pertenecemos a este mundo, dattebayo. –comentó Naruto. – Normalmente los charas funcionarían de una forma distinta… Pero como no somos originarios de aquí, las reglas deben haberse torcido un poco…
– ¿Crees que tal vez Sasuke-kun, Kakashi-sensei y Obito-san hayan corrido con la misma suerte que tú? –preguntó Sakura volteándose a ver al interior de la habitación, donde había dejado a los otros dos huevos sobre una pequeña mesita de luz.
– No estoy seguro… –contestó el rubio cruzándose de brazos. – No he podido sentir su presencia, ni verlos ni escucharlos. Podrían estar en mi misma situación o podrían encontrarse en cualquier otra parte de este mundo.
La pelirrosa suspiró.
– Eso complica un poco las cosas…
– En todo caso… ¿Quién era ese chico de hace rato, dattebayo? –inquirió Naruto refiriéndose al peliazul que había intentado robar los huevos de Amu.
– No lo sé… Pero no creo que esté de nuestro lado… Hay que ser cuidadosos con él… Por lo menos hasta que sepamos realmente sus intenciones. –murmuró Sakura. Naruto hizo un pequeño ruido de aprobación
Pronto, se vieron envueltos en el silencio. Cada uno perdido en sus propios pensamientos.
– Sakura-chan… –habló Naruto luego de un rato.
– ¿Si…?
– ¿Crees que podremos volver a casa?
Una pequeña pausa.
– No lo sé, Naruto…
