Autora POV
La pelirrosa se mantuvo de pie frente al salón de clases. Los nervios burbujeando en la boca de su estómago mientras intentaba decidirse si debía entrar o no, mientras que los recuerdos del día anterior se arremolinaban en su mente.
– ¿Hinamori-san?
La nombrada se sobresaltó al escuchar su nombre. Rápidamente se volteó a ver a la persona que le había hablado. A unos metros de ella, Sakura se encontraba de pie con Naruto sobre su hombro.
– S-Sakura-san… –habló Amu forzando una sonrisa nerviosa.
– ¿Sucede algo? –inquirió la ojijade ladeando levemente la cabeza con curiosidad. Podía decir con seguridad que algo molestaba a la contraria.
– Y-Yo… U-Uhm… –balbuceó Hinamori, antes de dejar escapar un pequeño suspiro. – No quiero entrar a clases… –confesó volteando a mirar nuevamente la entrada del salón. – Seguramente se burlarán de mí por lo que sucedió ayer.
– ¿Te refieres a cuando Ran te hizo confesarte frente a todos? –preguntó Sakura antes de exhalar luciendo entretenida con la situación. – Estoy segura que encontrarán la forma de hacerte ver aún más genial por eso. Y de todas formas ¿Qué importa lo que otros piensen? –Amu parpadeó sorprendida por las palabras de su compañera. La ojijade tomó un par de pasos para acercarse a la chica de ojos ámbar, tomó su mano y abrió la puerta del salón. – Mantén la cabeza en alto. No dejes que otros te pisoteen… –le murmuró antes de arrastrarla hacia el interior del salón.
La mirada de los demás estudiantes cayó sobre el par de pelirrosas mientras estas hacían su camino hacia sus respectivos asientos. Amu se mordió el labio nerviosamente ante la atención que todos les estaban dando… Sabía que habían estado hablando sobre lo que había sucedido el día anterior.
A penas terminó de sentarse en su escritorio cuando un grupo de chicas se acercó a ella.
– Hinamori-san, estuviste genial ayer.
– Confesarte de aquel modo fue impresionante.
– Saber que a ti también te gusta el príncipe me hace sentir más cercana a ti.
– Sabía que tienes una personalidad genial, pero también tienes esa clase de sentimientos ¿No?
El corazón de la joven de ojos ámbar revoloteaba con una emoción cálida al escuchar las palabras de cada una de sus compañeras. Había creído que realmente se burlarían de ella y dejarían de verla como una especie de celebridad… Pero de alguna forma, el pequeño incidente del auditorio logró acercarla más a la idea de tener amigas.
Desde su asiento, Sakura observaba la escena sonriendo para sus adentros.
"Te lo dije…" –dijo en su mente.
La ojijade estaba a punto de volver a sus propios asuntos cuando aquel grupo de chicas decidió encararla también.
– ¡Haruno-san! La forma en la que corriste detrás de Hinamori-san también fue asombrosa.
– De todas las personas que estábamos allí, fuiste la única que tuvo la determinación de asegurarse que Hinamori estuviese bien.
– Tan reservada que eres… ¿Quién habría pensado que eres la clase de chica que cuida de los demás?
– U-Uh… Solo hice lo que cualquier persona normal haría… –murmuró la pelirrosa mientras se encogía de hombros. Aquello solo le ganó más chillidos de admiración de parte de las demás. Sakura decidió mirar al frente, pretendiendo ignorar el fangirleo. – ¿Así se habrá sentido Sasuke cuando éramos niños? –murmuró para si misma, ganándose una pequeña risa de parte de Naruto.
Los cuchicheos continuaron hasta que la puerta del salón se abrió repentinamente revelando a la reina de los guardianes, Fujisaki Nadeshiko. Más de uno estaba impresionado de verla allí, y más al verla acercarse hacia donde ambas pelirrosas se encontraban.
Amu torpemente se puso de pie para encararla mientras que Sakura simplemente se mantuvo en su lugar, simplemente girando un poco su cabeza para verla.
– Tu eres Hinamori Amu, ¿cierto? –preguntó la joven de cabellos índigo. Amu estaba tan sorprendida por la repentina presencia de la reina que a penas podía responder. Nadeshiko extendió un pequeño sobre hacia ella. – Después de clases, te esperamos en el jardín real.
– ¿Jardín real…? –repitió Amu mientras veía anonadada el sobre entre sus manos.
Nadeshiko tomó un par de pasos hacia adelante, acercándose para susurrarle algo al oído.
– También tengo un mensaje de Hotori-kun… –aquellas palabras llamaron por completo la atención de la pelirrosa. – "Te daré información de los huevos" dijo. –Nadeshiko reprodujo el mensaje antes de apartarse esbozando su característica sonrisa y voltearse hacia la otra pelirrosa presente. – También te esperamos a ti, Sakura-chan. –dijo amistosamente.
– ¿Habrá dulces? –preguntó la ojijade haciendo un pequeño puchero. No lo admitiría en voz alta, pero la última vez que había estado en el jardín real, había quedado enamorada de la cocina de Nadeshiko.
La chica de cabellos índigo rió por lo bajo ante la adorable expresión de la pelirrosa.
– Por supuesto… ¿Tienes alguna preferencia? –inquirió.
– C-Cualquier cosa que cocine Fujisaki-san está bien… –murmuró Sakura volteando su mirada al frente restándole importancia.
Nadeshiko dejó escapar una pequeña risa antes de asentir y retirarse del salón de clases. No pasó mucho tiempo antes de que los estudiantes rodearan a ambas chicas bombardeándolas de preguntas acerca de lo que acababa de suceder.
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– Todos estos ejercicios se ven muy básicos, dattebayo. –comentó Naruto mientras observaba la clase de gimnasia.
– Para nosotros tal vez… Recuerda que aquí no existen los shinobis, Naruto. –le contestó Sakura con desinterés mientras esperaba que fuese su turno para realizar el ejercicio que el profesor había indicado. Miró por el rabillo del ojo cómo Amu parecía estar discutiendo sobre algo con Ran. – De todas formas… No estoy segura de lo que es capaz este cuerpo… –añadió refiriéndose a que ahora tenía la apariencia de una niña de once años.
– Pero incluso cuando éramos gennins, eras bastante más ágil de lo que estos niños parecen, Sakura-chan. –contestó el rubio. Ambos se quedaron callados al escuchar un quejido de dolor.
Inmediatamente las miradas recayeron hacia donde un grupo de estudiantes de tercer año parecía estar llevando a cabo su propia clase de educación física. Al parecer, estaban haciendo prácticas con la barra horizontal, y uno de los estudiantes estaba teniendo dificultades para realizar el ejercicio.
– ¿Alguien le puede mostrar a Suzuki como se hace? –el profesor le preguntó al resto de la clase. Ante la falta de respuesta, se volteó hacia el grupo de estudiantes de quinto año. – ¿Alguien de quinto que quiera ayudar?
Naruto sonrió ladinamente teniendo una idea en su mente… idea que Ran también parecía poseer. En ese mismo instante, ambas pelirrosas se pusieron de pie con una energía tan poco característica en ellas… Era una suerte que ninguno de sus compañeros pudiese ver las extremidades de zorros de Sakura, o el broche de corazón de Amu.
– ¡Está bien! ¡Yo lo haré! / ¡Yo me encargo, dattebayo! –exclamaron ambas chicas al unísono llamando la atención de todos.
– Ah, Hinamori, Haruno… ¿Por qué no lo intentan las dos? –sugirió el profesor esbozando una pequeña sonrisa ante el entusiasmo de ambas chicas.
Tanto Amu como Sakura compartieron miradas competitivas antes de comenzar a correr hacia las barras. La chica de ojos ámbar se colgó de una y comenzó a dar varias vueltas a una velocidad impresionante antes de soltarse, dar una voltereta en el aire y aterrizar de pie sobre el suelo. La ojijade imitó su acción, con la única diferencia de que, en vez de aterrizar en el suelo, aterrizó sobre la barra manteniendo perfectamente el equilibrio con una expresión triunfal en su rostro.
Jadeos de asombro y aplausos no tardaron en hacerse escuchar.
– N-Nos ayudaron de más… –murmuró el profesor asombrado por la habilidad atlética de ambas chicas.
Tan pronto como los efectos del "chara change" se disiparon, las expresiones de las dos chicas cambiaron. Sakura rápidamente se bajó de la barra y tomando sus pertenencias, salió corriendo del lugar ante la mirada confundida de todos.
La pelirrosa corrió hasta llegar a los vestidores femeninos donde, tras asegurarse que no hubiese nadie en el interior, se volteó a ver a su compañero rubio.
– ¡Naruto! –exclamó enfadada. – ¿¡Por qué hiciste eso!? –le recriminó.
– P-Pensé que sería divertido, Sakura-chan. –se excusó el rubio sabiendo lo aterradora que podía ser Sakura cuando estaba enojada. – Nadie salió herido, dattebayo.
– ¡No se trata de eso! –se quejó la pelirrosa. – Naruto… Entiendo que lo hagas en situaciones realmente necesarias, como ayer que estaba atrapada en un pozo… Pero no vayas por ahí controlando mi cuerpo a tu antojo. –le exigió cruzándose de brazos.
– Concuerdo con ella, dobe… Deberías dejar tus payasadas…
Tanto la pelirrosa como el rubio se tensaron al escuchar aquella voz tan familiar. Sakura rápidamente abrió su bolso para notar que otro de los huevos estaba brillando.
Este era de color azul intenso, con un degradé que iba de más oscuro en la base, hasta hacerse más claro en la punta. A diferencia del huevo de Naruto, este no poseía ningún patrón en particular, simplemente un símbolo en el centro de este: Era la silueta de una serpiente, con un ojo que se parecía mucho… al Sharingan.
El huevo comenzó a elevarse hasta salir del bolso de la pelirrosa, y solo cuando estuvo frente al rostro de esta es que comenzó a agrietarse hasta abrirse por completo. Un jadeo de sorpresa escapó de los labios de Sakura al ver frente a ella una versión miniatura de Sasuke.
Sus ropas eran las mismas que lo habían visto usar durante la guerra. Sus ojos estaban permanentemente activados con su Mangekyou Sharingan Eterno. Su cuerpo entero estaba cubierto de unas llamas púrpuras, iguales a las llamas de su susanoo. Se encontraba de brazos cruzados, con su expresión tan seria e indescifrable como lo recordaban.
– ¡Teme! –exclamó Naruto alegre de ver al pelinegro. – ¡Tú también estás aquí, dattebayo!
– Pff, creo que olvidas que yo también estaba presente cuando Kaguya nos expulso a todos de nuestro propio mundo. –se quejó Sasuke.
– Creo que a lo que Naruto se refiere es que… Estamos aliviados de que estés aquí, Sasuke… –suspiró Sakura sentándose en un pequeño banco cercano. – No tenemos ni idea de cómo volver a nuestro mundo, sería mucho más difícil si además tuviésemos que buscarte en este mundo que parece ser mucho más grande de lo que pensaba…
– Aunque esto no es mucho mejor… –murmuró el pelinegro refiriéndose al hecho de tener que hacerse pasar por el Shugo chara de la ojijade.
– ¿Qué dices, teme? Esto es genial. Mira, puedo flotar. –se rió Naruto haciendo volteretas en el aire.
No tardó mucho para que una discusión, similar a las que solían tener cuando eran gennins, iniciara.
Sakura dejó escapar un pequeño suspiro antes de esbozar una sonrisa mientras los veía discutir. Incluso si se encontraban en un mundo completamente distinto y ninguno tenía la certeza de cuando volverían, o si incluso podrían regresar a su hogar… Debía admitir que estar nuevamente reunida con ellos le era bastante reconfortante.
Se sobresaltó al escuchar la campanada del fin de las clases ¿Cuánto tiempo había pasado metida en esos vestuarios? ¡Se había saltado las últimas clases!
– Maldición… –murmuró mientras se apresuraba a cambiar su uniforme deportivo por su uniforme escolar común, para luego salir de los vestuarios en dirección hacia el jardín real con Naruto y Sasuke siguiéndola de cerca. Este último sin realmente comprender el apuro de la pelirrosa.
Estaba a unos pocos metros del jardín real cuando alcanzó a divisar a Amu quien también se encontraba de camino allí.
– ¡Hinamori-san! –la saludó Sakura, ralentizando su paso para caminar junto a ella.
– ¿Haruno-san? ¿A dónde habías ido? Te perdiste las últimas clases… –habló Amu mientras caminaban.
– Lo sé… –suspiró la kunoichi. – Tuve una pequeña discusión con Naruto…
– Puedo sentirme identificada con eso. –se rió Hinamori, deteniéndose al notar que había otro Shugo Chara junto a Naruto. – ¿Tú también obtuviste otro? –inquirió.
Sakura parpadeó un par de veces para percatarse que, efectivamente, Amu también tenía otra chara además de Ran. Esta poseía una estética bastante similar a la anterior nombrada, solo que su apariencia tenía principalmente gamas de color azul, y parecía más una pequeña artista más que una animadora.
– Que gran coincidencia… –se rió por lo bajo Sakura mientras abría la puerta del jardín real con la ojiambar siguiéndola de cerca.
– ¿Estás segura que está bien que entremos así nomás? –preguntó Amu un tanto dudosa ante las confianzas que parecía tomarse Sakura en aquel lugar.
– Relájate, he estado aquí antes. –respondió Sakura mientras la guiaba a través del pequeño jardín hasta llegar a donde los guardianes solían tomar sus reuniones. – ¡Yaya-chan, Hotori-san, Souma-san, Fujisaki-san! –saludó amistosamente.
– C-Con permiso… –se disculpó Amu no queriendo verse irrespetuosa.
– ¡Saku-chii, estás aquí! –exclamó alegremente Yaya lanzándose a los brazos de su amiga. – Te fuiste tan temprano esta mañana que ni siquiera pudimos desayunar juntas. –lloriqueó.
– ¿Qué esperabas? –se quejó Sakura mientras tomaba asiento. Nadeshiko en seguida se encontraba sirviéndole algo de té. – Tienes el sueño pesado y quería llegar temprano a clases.
– ¡Eres cruel, Saku-chii!
Amu parpadeó un poco sorprendida por la cercanía que parecía tener Sakura con los guardianes. A pesar de que la ojijade había llegado al colegio después de ella, parecía estar desenvolviéndose mucho mejor que Amu. En cierto modo la hacía sentirse un poco celosa.
Con algo de duda, la ojiambar también tomó asiento removiéndose con algo de nerviosismo.
– Bienvenida al jardín real, Hinamori-san. –saludó Tadase. – Creo que podemos iniciar presentándonos… –dijo mientras Nadeshiko terminaba de servirle el té a todos. – Soy el rey, Hotori Tadase. Estoy en quinto año al igual que tú, y este es mi guardián chara, Kiseki. –se presentó a él y a su chara. Sasuke se burló por lo bajo al notar como el chara del rey ondeaba su capa en un intento de verse bien.
– Yo soy la reina, Fujisaki Nadeshiko. –la chica de cabellos índigo fue la siguiente en presentarse. – También estoy en quito año. Y esta chica aquí es Temari. –hizo un pequeño gesto hacia su chara.
– ¡Soy Yuiki Yaya! ¡Estoy en cuarto año y me agradan las cosas lindas! –se presentó enérgicamente Yaya. – ¡Y esta es Pepe-tan! –añadió recibiendo un "dechu" de confirmación de parte de su guardiana chara.
– Yo soy el Jack. Souma Kukai de sexto año. Soy capitán del equipo de futbol –se presentó el castaño. – Y este es Daichi. –presentó a su chara.
Amu rápidamente se puso de pie siendo un manojo de nervios.
– U-Uhm… E-Etto… Y-Yo soy… –intentó presentarse.
– Sabemos todo sobre ti, Hinamori Amu-san. –contestó Nadeshiko deteniéndola en su presentación.
– Tu eres muy tímida… ¡Eso es tan lindo! –chilló emocionada Yaya.
– Y dicen que te dan miedo las historias de terror. –añadió Kukai.
Sakura observaba aquel intercambio de palabras mientras bebía su té tranquilamente aún sentada junto a Tadase.
– ¿El té está bien? –le preguntó el rey recibiendo solo un pequeño asentimiento de parte de la pelirrosa.
– ¿¡C-Cómo saben todo eso!? –chilló Amu sorprendida de lo mucho que parecían saber los guardianes sobre ella.
– Estar enterado de toda la información personal de los estudiantes es parte de los deberes de un guardián. –contestó Nadeshiko sin borrar la sonrisa de su rostro, recibiendo asentimientos de aprobación de parte de Kukai y Yaya.
– ¡Es más como invasión de privacidad! –se quejó Amu antes de voltear a ver a Sakura. – ¿Tu no vas a presentarte?
La ojijade se encogió de hombros.
– Ellos ya me conocen… –fue todo lo que dijo sin despegar los labios de su taza de té.
– ¡Así es! –afirmó Yaya abrazando a Sakura por el cuello. – ¡Saku-chii y yo vivimos juntas!
– ¿Juntas…? –repitió sorprendida la ojiambar.
– ¿No lo sabes? Sakura-chan se desmayó en un parque y Yaya y sus padres la llevaron al hospital. –explicó Nadeshiko mirando de reojo a la pelirrosa.
– Cuando se despertó no recordaba mucho de lo que le sucedió, y la policía tampoco pudo encontrar mucho al respecto. –continuó Kukai. – Los padres de Yaya decidieron cuidar de ella, por lo que legalmente son sus tutores.
Hinamori miró a Sakura con sorpresa. En ese instante pudo entender que había mucho de la kunoichi que no conocía.
– ¡Fue toda una sorpresa cuando despertó! –comentó Yaya. – Ella podía ver a Pepe-tan incluso cuando sus Shugo charas aún no nacían.
– ¿Qué son exactamente los Shugo chara? –preguntó dudosa Amu. Los había escuchado utilizar varias veces el término, pro no había tenido la oportunidad de preguntar hasta el momento.
Tadase se puso de pie acercándose a ella para entregarle un pequeño libro. Por la portada, se parecía bastante a un cuento infantil.
– ¿Un libro? –inquirió Amu observando la portada. – ¿"El corazón del huevo"? –leyó el título antes de abrirlo y comenzar a leerlo en voz alta ante la expectante mirada de los guardianes. – "Hay un huevo en el corazón de cada niño. Es el corazón del huevo, inexplorado por el ojo… Y cuando crecen, se va…" ¿Uh? Una página ha sido arrancada. –murmuró la pelirrosa mientras pasaba sus dedos por el papel cortado.
– La foto del libro fue creada por el fundador de los guardianes. –comentó Tadase. – El corazón del huevo… ¿No se ve como algo familiar? –preguntó. La ojiambar dejó escapar un pequeño jadeo comenzando a comprender.
– Sip, todos los niños tienen un huevo en sus corazones. –habló Yaya. – Pero algunas veces ese huevo se mueve y un otro ser es capaz de salir. –explicó de la misma forma que había hecho con Sakura, mientras usaba sus manos para graficar sus palabras con la ayuda de Pepe.
– Eso es básicamente lo que un Shugo Chara es. –dijo Kukai.
– Mi otro ser… –murmuró Amu pensativa.
– Yo tampoco lo entiendo mucho aún… –murmuró Sakura dejando a un lado su taza de té. Su mirada se posó sobre Sasuke y Naruto quienes parecían estar teniendo una guerra con los terrones de azúcar, la cual había comenzado con alguna idiotez que el rubio había dicho. Su propio caso era bastante distinto a lo que Tadase y los guardianes estaba explicando… Naruto y Sasuke no eran realmente Shugo Charas, y ninguno de ellos tenía algo que ver con su propia esencia, pero, aun así, poco a poco comenzaba a comprender un poco más sobre aquel extraño mundo donde habían quedado varados. – Pensar que seres así son capaces de existir es algo que escapa de mi comprendimiento… Pero puedo entender su propósito de ser… Tu verdadera esencia, tu posible otro yo, tus sueños… Es una aventura por descubrir. –sonrió cálidamente.
– Woah, te pusiste sentimental, Haruno… –rió Kukai pellizcándole la mejilla a la ojijade.
– ¡O-Oi! ¡Suéltame!
Tadase rió por lo bajo observando el pequeño intercambio antes de retomar la palabra.
– Todos los guardianes tenemos Shugo Charas, y reclutamos nuevos miembros cada generación. –explicó el rubio. – Es por eso que… Hinamori Amu, Sakura-san… Queremos que se unan a los guardianes. –Ambas pelirrosas se sobresaltaron sorprendidas por l propuesta. – El corazón del huevo… Normalmente duerme tranquilo dentro del corazón de cada niño, pero a menudo el huevo reacciona cargado de inquietudes y oscuridad… Cuando eso pasa, el huevo se convierte en un "Huevo X".
– ¿Huevo X? –repitieron ambas pelirrosas.
– Cuando eso pasa, tu "chara nari" se vuelve muy útil. –habló Kukai.
– Ninguno de nuestros miembros puede hacer el "chara nari". –asintió.
– ¡Yaya quiere verlo! –chilló enérgicamente la Yuiki.
– ¿Chara nari? ¿Así se llama? –inquirió Sakura pensativa mientras recordaba aquel momento en el que ella y Amu se habían transformado. Había sido tan extraño y repentino.
– ¡E-Eso fue un accidente! –exclamó Amu. – N-No tengo idea de cómo hacerlo. –balbuceó.
– En todo caso… Me niego. –habló la ojijade. Un silencio tenso cayó sobre el ambiente, a la par que todas las miradas caían sobre ella.
– ¿¡Q-Qué!? ¿¡Por qué, Saku-chii!? –exigió Yaya. Había creído que la chica aceptaría unirse al grupo, después de todo, vivían juntas. Por que sí… Aquello era motivo suficiente para Yaya.
– No es nada personal… –murmuró Sakura poniéndose de pie mientras se acomodaba la falda del uniforme. – En circunstancias normales probablemente habría aceptado… pero, hay motivos que no puedo decir abiertamente por los cuales tengo que rechazar su oferta. –hizo una pequeña pausa observando las caras conmocionadas de los guardianes. – Es mejor para mi si no me encariño demasiado con este lugar… después de todo, eventualmente tendré que volver a la vida que dejé atrás. –dijo tomando su bolso y dándose la vuelta para irse de allí. – Gracias por el té, Fujisaki-san… Naruto, Sasuke… Andando… –fue lo último que dijo antes de marcharse.
Por unos minutos nadie dijo nada, hasta que Kukai rompió el silencio con un pequeño silbido.
– Me agrada.
