Autora POV
– Me agrada. –dijo Kukai viendo desaparecer a la pelirrosa por la entrada del jardín real.
Ninguno podía realmente salir del estupor de la situación. Habían esperado tener que negociar los términos para que ambas pelirrosas se unieran a su grupo, sabiendo que probablemente Hinamori se negaría en un principio… Pero ninguno esperaba que la ojijade se negara tan rotundamente. Había sido tan agradable con ellos, que ninguno de los guardianes se lo había esperado.
Lentamente voltearon a ver a Amu, esperando que esta dijese o hiciese algo. Esta, al notar que estaba siendo observada, rápidamente apartó la mirada sonrojada.
– ¿¡Q-Qué!? –exigió ante sus penetrantes miradas.
– ¿Te unirás a nosotros, Hinamori-san? –inquirió Tadase, esperando que la ojiambar aceptara su propuesta.
– N…
– ¿N…?
– ¡No! –exclamó la pelirrosa.
– ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? –se quejó Yaya. Ya era lo suficientemente malo que Sakura hubiese rechazado la oferta ¿Por qué ninguna de las dos chicas quería unirse a los guardianes?
– Es que… No me gusta la capa real… –murmuró apenada.
– ¿Capa…? –repitieron los guardianes, sorprendidos de que la negativa de Amu se debiese a un motivo tan trivial como una capa.
– ¡Es algo muy importante! –chilló Amu avergonzada por las miradas que estaba recibiendo. – ¡Va en contra de mis reglas de moda! –intentó argumentar. Poco a poco sus balbuceos fueron cesando y su expresión se volvió más seria, logrando llamar la atención de los guardianes por tal repentino cambio. – Además… Si Haruno-san no quiere unirse, yo tampoco lo haré.
Tadase y los demás parpadearon con sorpresa ante aquella afirmación. Incluso la mismísima Amu estaba sorprendida de sus propias palabras… A penas conocía a Sakura ¿Cómo era que de repente le tenía la confianza tal como para rechazar unirse a un grupo si no estaba ella?
"Aunque… Ella fue la única que intentó asegurarse que estuviese bien cuando salí corriendo del auditorio. E intentó protegerme varias veces, incluso cuando ella se encontraba en el mismo peligro que yo" –dijo la pelirrosa en su mente.
– Lo siento. –se apresuró a disculparse mientras tomaba su bolso y salía a toda prisa del jardín con Ran y Miki pisándole los talones.
Ninguno de los guardianes pudo decir nada mientras la veían alejarse.
– Esto es un lío… –murmuró Nadeshiko llevándose una mano a la mejilla. Su rostro poseía una mueca contrariada. – ¿Qué haremos ahora, Hotori-san?
– No podemos simplemente rendirnos. –contestó el rubio. – Necesitamos su ayuda para enfrentar a los Huevos X, sin contar que el Humpty Lock reaccionó ante las dos.
– ¿Y cómo haremos para convencerlas? –inquirió Kukai cruzando los brazos por detrás de la cabeza.
– ¡Yaya puede intentar convencer a Saku-chii! –ofreció la castaña.
– No creo que te escuche. Tiene que soportar tus lloriqueos en casa todo el tiempo. –se burló el Jack, ganándose un puchero molesto de parte de la menor.
– Podría intentar convencer a Hinamori-san… –sugirió la pelivioleta. – Tengo una idea en mente que podría funcionar. –dijo volteándose a mirar al líder del grupo. Tadase asintió dándole el permiso para llevar a cabo su plan. – Solo quedaría convencer a Sakura-chan…
– Yo podría intentarlo. –dijo Kukai encogiéndose de hombros. Su mirada se posó sobre Yaya. – ¿Hay algo en particular que a ella le guste?
El As de los guardianes pensó por unos segundos antes de sonreír.
– A Saku-chii le encantan los dangos. Compra bastante a menudo.
– Bien. Entonces creo que tengo un pequeño plan…
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Amu salió del jardín real tan rápido como pudo con sus guardianas charas siguiéndole el paso de cerca. Cuando estuvo a unos metros de distancia del lugar, se detuvo en seco, rebuscando algo en su bolso… Se trataba del candado, el… ¿Humpty Lock?
– Cielos… Olvidé devolverlo… –murmuró mordiéndose el labio. Se dio media vuelta observando la hermosa estructura de cristal que formaba el jardín. – No puedo simplemente volver… ¿Qué haré?
– Tal vez podrías dárselo a Sakura-chan. –sugirió Ran.
– Si, ella es cercana a los guardianes. Podría devolverlo por ti. –estuvo de acuerdo Miki.
– Tal vez podría hacer eso… –dijo pensativa. Se sobresaltó cuando, al levantar la mirada, pudo notar que Sakura estaba sentada en una banca a la distancia, hablando con sus Shugo charas. – Haruno-san…
– ¡Puedes dárselo ahora, Amu-chan! –exclamó la chara pelirrosa.
La ojiambar comenzó a caminar en dirección a Sakura, pero se detuvo cuando pequeños vestigios de su conversación llegaron a sus oídos.
– ¿Estás segura que fue buena idea, Sakura-chan? –preguntó Naruto desde su lugar en el hombro de la ojijade.
– Es lo mejor, dobe. No tenemos tiempo para perder en estas idioteces… –opinó Sasuke. – Tenemos que encontrar la forma de volver a casa.
– ¡Pero tal vez si nos unimos a ellos podríamos encontrar pistas de como volver, dattebayo! –exclamó el rubio, recibiendo en respuesta los típicos monosílabos del Uchiha.
– No creo que ellos puedan ayudarnos, Naruto. –suspiró la ojijade recargando su espalda contra el respaldo del banco. – Podrán saber mucho acerca de extraños huevos espirituales, y misteriosos guardianes de la personalidad… Pero no creo que sepan nada acerca de mundos paralelos, o portales Inter dimensionales. Si les digo que soy de otro mundo, y que ustedes no son realmente charas, sino que son humanos igual que yo… La verdad se me hace imposible pensar en un escenario en el que me creerían.
– ¡Pero aún así, Sakura-chan! –insistió Naruto. – No creo que en cualquier otra parte de este mundo encontremos una forma de volver, dattebayo. Tal vez donde está la rareza de este mundo, es dónde podemos encontrar respuestas.
Sasuke y Sakura intercambiaron miradas. No era usual escuchar a Naruto decir algo tan inteligente como lo que acababan de escuchar.
– Naruto… –empezó la ojijade. Sus palabras se vieron interrumpidas cuando el pelinegro adoptó una postura tensa y arrojó un kunai. Los ojos de la pelirrosa siguieron la trayectoria del cuchillo, jadeando con horror al ver que el objetivo no era nadie más que Amu. Las orejas y cola de zorro aparecieron en ella, y sin perder tiempo se lanzó hacia ella, interponiéndose en la trayectoria del arma. Un siseo de dolor escapó de su boca cuando la cuchilla cortó la piel de su mano. Incluso si era mucho más pequeño que los kunais que estaba acostumbrada a usar, aún era un arma que podía infligir mucho daño. – ¡Sasuke! ¿¡Qué rayos fue eso!? –gruñó.
Detrás de ella, Amu no lograba salir de su estupor. Primero la extraña conversación de la ojijade, y luego el chara pelinegro había intentado matarla… ¿Qué estaba sucediendo aquí?
– Ella estaba escuchando. –dijo Sasuke encogiéndose de hombros, como si aquello justificara todo.
– ¡Pero no puedes simplemente arrojarle un kunai como si nada! –lo regañó Sakura. Lo agarró por el cuello de la camisa y le dio un tincazo en la frente. – No estamos en casa, no puedes simplemente matar a alguien porque escuchó de más una conversación. Así no funcionan las cosas así.
– Hmph… –fue todo lo que salió de la boca del Uchiha quien se cruzó de brazos y apartó la mirada, no feliz con la idea de ser regañado.
Sakura suspiró y se volteó a encarar a Amu.
– ¿Estás bien…? –preguntó suavemente.
– U-Uh… Y-Yo… –balbuceó la pelirrosa. Sus charas se habían ocultado detrás de ella desde el momento en que Sasuke había lanzado el kunai.
– ¿Cuánto de la conversación escuchaste?
Hinamori se mordió el labio apartando la mirada.
– Lo siento… No era mi intención escuchar conversaciones privadas. Solo… Necesitaba pedirte un favor, y justo te vi… –intentó explicarse.
– Y terminaste oyendo lo que decía… –suspiró Sakura.
– ¿Qué fue todo eso…? –preguntó tímidamente Amu. – Todo eso acerca de distintos mundos… ¿Lo decías en serio?
La ojijade levantó la mirada hacia el cielo. Había esperado tener que eventualmente decir la verdad, pero no había esperado tener que revelarlo tan pronto… Y frente a Amu, de todas las personas posibles…
– Es una larga historia… –murmuró. – ¿Tienes tiempo para oírla? –inquirió fijando su mirada sobre la ámbar de la contraria.
Amu asintió dubitativamente. Ambas tomaron asiento en la banca donde había estado Sakura antes. Sus vistas estaban fijas en el frente. Por varios segundos ninguna dijo nada. Incluso los charas no sabían qué decir mientras observan la interacción entre ambas pelirrosas.
– Entonces… –empezó Amu nerviosamente.
– Lo siento… No es algo fácil de explicar. –suspiró Sakura. – Sé que sonará una locura… Pero yo, Naruto y Sasuke provenimos de un mundo totalmente distinto a este.
– ¿Qué tan distinto? –preguntó la ojiambar.
– Bueno… Algunas cosas se asemejan a lo que he leído en libros de historia de este mundo. Pero, la principal diferencia es que el mundo gira principalmente alrededor de la profesión de shinobi. –intentó explicar la kunoichi. – Somos básicamente mercenarios… Matamos, espiamos, robamos, nos infiltramos en lugares, y muchas otras cosas más. A veces en favor de una aldea, y otras veces a beneficio propio. Y a cambio de nuestros servicios, la gente nos paga una suma de dinero, acorde con el trabajo realizado. –Amu ni siquiera trató de reprimir el jadeo que escapó de sus labios al escuchar aquello. Aquella descripción no estaba ni cerca de la imagen que tenía de Haruno, le resultaba difícil creer que la chica a su lado realmente había cometido alguno de esos actos. – Para llegar a ser shinobis… Entrenamos desde pequeños en una academia especial. La mayoría de nosotros nos graduamos a la edad de once o doce años, y empezamos a realizar misiones. –Sakura hizo una pequeña pausa para dejar que Amu asimilara toda la información recién obtenida.
Hinamori por su parte se encontraba perdida en sus pensamientos. Tal y como Sakura había dicho, lo que acababa de contarle sonaba completamente descabellado. Era como una de esas historias que se veía en los animes, o una historia sacada de un sueño…
– Entonces… ¿Tu eres…?
– Una kunoichi. Si. –asintió Sakura.
– Pero, tienes… tienes mi misma edad. –señaló Amu.
– Sí y no. –suspiró la ojijade. – En mi mundo, en realidad poseo diez y seis años. Por alguna extraña razón que no puedo explicar, cuando llegué aquí mi cuerpo sufrió cambios… y volví a la edad de once años. Algo similar pasó con Sasuke y Naruto. –hizo un pequeño gesto hacia sus antiguos compañeros de equipo. – En nuestro mundo, ellos son humanos como tú y yo… Pero cuando llegamos aquí, por alguna razón se transformaron en Shugo charas.
La mirada de Amu se fijo sobre los charas de la contraria evaluándolos silenciosamente. Sasuke le lanzaba una mirada mortífera mientras se mantenía de brazos cruzados, mientras que Naruto sonreía de oreja a oreja.
– ¿Cómo es que llegaron a este mundo? –inquirió la ojiambar.
– Estábamos en medio de una guerra. –contestó Sakura. Su mirada se tornó lúgubre mientras miraba el suelo frente a ella. – La mayoría de nuestros compañeros estaban atrapados. Quedamos solos frente a una mujer… una especie de… diosa.
– ¡Tendrías que haberla visto, dattebayo! –exclamó Naruto desde su lugar. – ¡Era realmente aterradora! ¡Tenía cuernos y un ojo en la frente, dattebayo!
– Suena aterrador. –chilló Ran abrazándose al brazo de su hermana.
– Ella era realmente poderosa… No estábamos seguros de poder salir con vida de esa batalla, pero teníamos que vencerla… El destino de nuestro mundo dependía de ello. –continuó relatando Sakura. – Pero en vez de matarnos, ella decidió perdonarnos la vida, como un símbolo de respeto por haber podido hacerle frente. A cambio, usó su poder para enviarnos aquí… necesitaba quitarnos del camino para no fastidiar sus planes. Fue entonces que Yaya me encontró desmayada en el parque…
– Y tú mentiste acerca de no recordar nada sobre tú pasado. –afirmó Hinamori comenzando a comprender levemente la situación.
Sakura asintió en respuesta.
– Estaba sola, no sabía dónde me encontraba, o dónde estaban Sasuke y Naruto… No podía simplemente ir y decirle a alguien "Hey, vengo de una dimensión distinta a la tuya".
– Te hubiesen metido en un manicomio… –rió por lo bajo Amu cubriéndose la boca con la mano. Sakura se sumó a ella riendo también. De alguna forma, el ambiente se había aligerado bastante.
– Entonces… ¿Tú me crees, Amu? –preguntó Sakura.
– Bueno… –suspiró la ojiambar. – Admito que suena bastante surrealista, pero… No creo que seas la clase de persona que se inventaría una historia tan descabellada solo porque sí. –volteó a mirar a la kunoichi a los ojos. – Te creo. – Sakura sonrió agradecida al escucharla.
Ambas se sobresaltaron al escuchar un quejido de dolor. Miraron hacia el campo deportivo que se alzaba frente a ellas. Un estudiante de tercer año se encontraba tratando de realizar el ejercicio en las barras horizontales, donde había fallado horas atrás.
– ¿Ese chico…? –murmuró Amu un tanto sorprendida de verlo allí.
– Está dando su mejor esfuerzo. –sonrió Ran conmovida.
– Hmph, ese ejercicio no es tan difícil, dattebayo. –opinó Naruto.
– Naruto… –lo regañó Sakura mirando seriamente como el chico se sentaba en el suelo, abrazando sus rodillas mientras parecía murmurar algo para si mismo. – Parece… Parece decaído… –murmuró la pelirrosa.
– Sakura… –Sasuke la llamó haciéndole un gesto para que mirara hacia el edificio de la escuela. Al voltearse a ver, pudo ver que había un hombre de pie sobre el techo, observando directamente hacia donde el niño se encontraba. La ojijade frunció el ceño, preguntándose quién era ese hombre, más no tuvo mucho tiempo para pensarlo cuando pudo percibir una energía siniestra.
Se volteó tan rápido como pudo hacia los campos deportivos, justo a tiempo para presenciar como unas ráfagas oscuras se desprendían del cuerpo del chico, y formaban un extraño huevo sobre su cabeza. Tanto ella como Amu se tensaron al ver que se trataba de un huevo negro, con una gran X blanca sobre él.
– ¿Eso es…?
– ¡Un huevo X!
Ambas chicas se pusieron de pie, mirando con cautela el huevo oscuro. Los charas flotando cerca de ambas. Se acercaron al campo deportivo, quedando a unos metros de distancia del chico. Estando a una distancia más reducida, podían apreciar como el chico parecía estar en una especie de trance, e incluso sus ojos habían perdido su brillo característico.
– Soy tan inútil… –murmuró. Su voz sonaba casi hueca. Lentamente el huevo flotó hasta quedar frente a él. No parecía ser realmente consciente de la situación. – Incluso Hinamori-senpai piensa que soy patético…
– ¿¡Qué!? –exclamó Amu al escuchar su nombre. – ¡Yo no pienso eso! –exclamó.
– ¡Si lo haces! –gritó con enojo el niño a la par que lanzaba una ráfaga de energía oscura hacia las pelirrosas. Hinamori puso sus brazos frente a su rostro para protegerse, mientras que Sakura, gracias a la rápida intervención de Sasuke, salió de la trayectoria del ataque. – Los sueños son tan inútiles… inútiles… inútiles… –en algún punto su voz comenzó a entremezclarse con una pequeña voz distorsionada que parecía provenir del huevo X.
– ¿Por qué son inútiles? –exigió Amu. Su rostro se encontraba serio, y su mirada indicaba convicción. – Si tú no crees en ti mismo, tus sueños se desvanecerán.
– Darte por vencido sin ni siquiera intentarlo… –habló Sakura. – ¡No puedes simplemente hacer eso!
Tal y como había pasado la primera vez, una luz brillante y cálida envolvió a ambas pelirrosas. Una transformación estaba ocurriendo. La luz se disipó por completo, dejando ver a ambas chicas con sus apariencias cambiadas, de la misma forma que había ocurrido antes.
– ¡Chara Nari: Amulet Heart! –exclamaron Amu y Ran.
– ¡Chara Nari: Sage Mantle! –exclamaron esta vez Sakura y Naruto.
En ese momento, sin que ninguna de las pelirrosas lo supiera, los guardianes de la Academia Seiyo habían llegado al lugar, guiados por la luz de la transformación.
– Cambiamos de nuevo… –murmuró Amu observando su apariencia.
– Increíble… –murmuró Miki observando con asombro a ambas chicas.
– Te fusionaste con el dobe… –comentó Sasuke esbozando una pequeña sonrisa burlesca.
Ninguno tuvo tiempo de comentar mucho más, cuando el niño, siendo controlado por el huevo oscuro, comenzó a atacarlos nuevamente. Sakura se movió rápidamente poniéndose frente a Amu para protegerla, mientras envolvía su propio cuerpo con sus colas para protegerse también a si misma.
– ¡Inútiles, inútiles, inútiles! –el huevo seguía repitiendo.
– Sakura… –Amu llamó a la ojijade. – Voy a probar algo… Pero necesito tu ayuda…
Sakura dudó unos segundos antes de asentir. Descubrió lentamente su cuerpo, y de un gran saltó se colocó junto a Amu. Ambas se colocaron en posición, tomándose las manos, formando un corazón frente a ellas. La energía del Humpty Lock resonaba en ambas.
– ¡Corazón negativo…! –empezó Amu. – ¡…Lock On! –continuó Sakura. – ¡Open Heart! –exclamaron finalmente al unísono.
Una energía brillante comenzó a brotar de sus manos, dirigiéndose hacia el Huevo X el cual intentó resistirse, pero pronto se rindió al ser superado por la luz. Poco a poco, la oscuridad que lo rodeaba comenzó a esfumarse, el color negro fue reemplazado por el blanco, y la X sobre él desapareció por completo. De alguna forma que aún no comprendían bien… habían logrado curarlo.
Sakura suspiró mientras regresaban a la normalidad, ignorando mientras Amu se acercaba a asegurarse que el chico estuviese bien. Su mirada jade se posó sobre el techo de la escuela, notando que el hombre que había visto antes había desaparecido.
Frunció el ceño levemente… ¿Quién había sido ese hombre?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Sakura bostezó mientras se encaminaba a su salón de clases. Era un nuevo día, y la rutina se reiniciaba.
– ¡Oi, Haruno! –escuchó una voz llamándola.
Se volteó lentamente para ver a Kukai acercándose hacia donde ella se encontraba. Varias personas se volteaban a verlos también, después de todo… no era usual que el Jack de los guardianes simplemente se detuviese a hablarle a una chica. Sin duda aquello sería motivo de rumores.
– Souma-kun… –dijo a modo de saludo la pelirrosa una vez que el castaño la alcanzó. – ¿Puedo ayudarte en algo?
– De hecho, sí. –sonrió el chico de sexto año. – Verás… Hay una cafetería muy buena cerca de aquí, y me preguntaba si te gustaría ir conmigo luego de la escuela.
– ¿¡Qué!? ¡Aléjate de Sakura-chan, dattebayo! –exclamó Naruto molesto, solo siendo detenido por Sasuke quien poseía un aura de muerte mientras observaba al castaño.
Sakura parpadeó una… dos veces… mientras escuchaba como a su alrededor varias chicas chillaban asombradas por lo que acababan de escuchar. Y es que cualquiera que los viese de afuera pensaría que Kukai la estaba invitando a salir de forma romántica.
– Esto no es una forma de extorsionarme por el rechazo de ayer… ¿Verdad? –inquirió la pelirrosa alzando una ceja de forma interrogativa.
– ¡Para nada! –contestó Kukai. – Yaya me dijo que te gustaban mucho los dangos… y creí que sería buena idea llevarte a ese lugar.
Naruto y Sasuke intercambiaron miradas. Conocían muy bien a la pelirrosa como para saber lo que sucedería a continuación…
– ¿Dangos…? –los ojos jade de la chica brillaron ante la mención de su dulce favorito.
– Sí, ¿qué dices? –sonrió el castaño. Una sonrisa que cualquier chica podría catalogar como la sonrisa radiante de un príncipe.
– De acuerdo. Nos vemos luego, Souma-kun. –dijo la pelirrosa alegremente antes de retomar su camino.
En ese momento, los rumores empezaron a correr por toda la escuela.
