Cuando todo está tan silencioso en el escondite de Akatsuki, nueve de cada diez veces se debe a la conjunción de dos hechos: Hidan estaba en una misión y Deidara está trabajando en su arte.
Obito compone una media sonrisa al imaginar ojos claros fijos en la escultura a medio hacer, ceño fruncido y manchas de arcilla blanca en su cara y sus manos. Su paso se acelera hasta que llega a la puerta de su taller.
—Sennpaaii —canturrea y asoma la cabeza. Deidara está sentado frente a la encimera, de espaldas a él. Obito se invita a sí mismo a pasar—. Vine a molestar.
Deidara sigue sin reconocer su presencia. Obito arrastra una silla y se sienta junto a él.
—Es broma, no vine a molestar, vine a admirar tu belleza.
Deidara murmura algo para sí mismo, el bisturí hundiéndose en la arcilla, esculpiendo las escamas del pequeño monstruo marino.
—Hola, Tobi —dice al fin, sin dejar de prestar atención a su obra—. No puedo hacerte caso ahora, estoy creando.
Los labios de Obito se arrugan en un puchero. Hay algo más ahí a parte del acto de tipo atolondrado. La tirantez en su pecho le recuerda a esos días en los que Rin se olvidaba de él en cuanto veía aparecer a Kakashi. Obito aprieta los puños y activa el Mangekyo Sharingan.
Nueve de cada diez veces, la comida funciona con Deidara.
—¡Tachán! Mira lo que te traje, senpai! —Una bandeja llena de dorayaki aparece en las manos de Obito—. Hechos con muuuucho amor sólo para ti —y muy flojito agrega—. Es mentira, los compré, son muy tediosos de hacer.
—Gracias, hm —respondió Deidara—. Luego los pruebo.
Obito no puede creer lo que está oyendo. Mira a Deidara trabajar, tranquilo como si le acabase de decir la hora. Chasquea la lengua varias veces mientras sacude la cabeza.
—Ahora mismo.
—Qué impaciente, ya te dije que estoy ocupado, hm —dice Deidara, moldeando la cola de la criatura—. Cuando la inspiración viene, hay que aprovechar.
—Entonces me los comeré todos yo solo —Obito aparta la bandeja hacia el lado opuesto.
Al fin, Deidara reacciona un poco.
—Nah, no lo harás.
—Sí lo haré —dice Obito, absorbiendo los dorayaki con el kamui—. ¿Ves? Volaron.
Obito se cruza de brazos, dispuesto a ignorar a Deidara tanto como Deidara lo está ignorando a él.
—¿Sabes para qué es esto, Tobi?
La determinación de Tobi tarda diez segundos en resquebrajarse.
—¿Para qué, senpai?
—Para la misión en el País de los Lagos —dice Deidara con entusiasmo—. Voy a hacer unas cuantas esculturas temáticas con yokai locales. También tengo un Kappa. ¿Quieres verlo?
—No hace falta —responde Obito, dándole vueltas a la razón por la que Deidara se está comportando tan raro.
Oh, pero por supuesto, Obito pensó, Deidara iba a presumir su arte igual.
—Mira esto, hm —Deidara arranca un puñado de arcilla y la boca en su mano comienza a masticarlo. De su mano sale una criatura de brazos largos, garras palmeadas y caparazón de tortuga—. También puede luchar y nadar. Y por supuesto... ¡El toque final!
Cuando Obito ve a Deidara alzar la mano con los dedos índice y corazón, deja escapar un grito agudo.
—¡Deidara, no!
Deidara ríe por la nariz, quieto como una estatua.
—Picaste, hm.
—Senpai deja de hacer cosas raras —con los hombros caídos, Obito suspira. El susto aún no se le va del cuerpo. Se supone que el que trollea a Deidara es él y no al revés.
Obito aprovecha que Deidara está ocupado deshaciendo al kappa y absorbe el monstruo marino en su kamui.
—Déjame trabajar, hm —dice Deidara. Después toma su barbilla, tira de él y le deja un lametón en la máscara—. Después te prestaré toda la atención que quieras, hmm.
—S-sí.
Obito se sonroja y se arrepiente de inmediato de haber robado la escultura. Trata de devolverla, pero Deidara se voltea y nota su ausencia.
—¡Hey! ¿¡Y mi monstruo marino!? —grita.
—No sé —dice Tobi, encogiéndose de hombros.
Deidara lo mira con los ojos muy abiertos. Ahora. Ahora tiene su atención. Obito sonríe.
—¡Tch, mentiroso! ¡Te lo has llevado con esa técnica Uchiha tuya!
—Nop.
Deidara se le sienta en el regazo y lo agarra del cuello de la túnica.
—Devuélvemelo. Ahora, hm.
—Sólo si me das un beso —Obito levantó un dedo.
—¡A mí no me vengas con esas! —Deidara apoyó en él todo el peso de su cuerpo.
La silla cae hacia atrás y Obito a penas consigue frenar la caída con sus brazos.
—¡Socorro! ¡Senpai no sólo no me quiere dar un beso, sino que me tira al suelo!
Ambos ruedan, con Deidara metiendo las manos en su túnica hasta dar con algo que tenía guardado en su bolsillo interior.
—¿Qué es esto, hm? —Deidara se yergue con la cajita en la mano—. ¿Pocky?
—Eh... S-senpai —balbucea Obito, sonrojado por el distrayente peso de Deidara alrededor de su cintura—. Eso es mío.
Deidara frunce el ceño.
—Y lo tuviste todo este tiempo a escondidas de mí —responde Deidara—. ¿Te lo querías comer todo tú sólo, hm?
—Bueno... Tal vez debiste darme ese beso cuando lo pedí.
Obito desea poder salirse del papel, incluso cuando su orgullo herido no es parte de dicho papel.
—¿Dices que ya no lo quieres? —pregunta Deidara, usando ese tono seductor al que no puede resistirse. Obito sacude la cabeza—. Vamos a ver si eso es cierto.
Deidara pasa la lengua por sus labios mientras abre la caja y saca un pocky de ella. Lo lame de arriba a abajo lentamente, dejando escapar un pequeño gemido. Obito traga saliva. Luego se lo mete despacio en la boca y lo vuelve a sacar, ojos azules fijos en el agujero de la máscara. La cara de Obito arde mientras lo observa darle bocaditos al palo cubierto de chocolate.
—Mmmm.
Deidara cierra los ojos y sigue mordiendo el crujiente pocky. Obito deja de pensar y se arranca la máscara, se incorpora y muerde lo que queda del pocky. Después estampa su boca contra la de Deidara.
—Pensé que no querías, hmm —susurra Deidara contra sus labios.
Obito se recrea en el sabor a chocolate y galleta que aún queda en su boca.
—Hazme caso.
—Cuando termine mi obra, ahora devuélveme la escultura.
De mala gana, Obito deja a Deidara a un lado, activa el Sharingan y el kamui coloca la escultura sobre la mesa del taller de Deidara.
—¿Puedo ver como trabajas, entonces? —pregunta y Deidara asiente.
Obito se sienta en la silla frente a la escultura y da palmadas en sus rodillas. Deidara va a sentarse en su regazo y él lo abraza, mirando como el monstruo marino va tomando forma. De vez en cuando comparten un pocky o se acurruca en su hombro.
—Eres el mejor, senpai —murmura.
Cuando Deidara le sonríe, Obito suspira y lo abraza más fuerte.
Y este era el último bonus del año. Hoy es el Pocky Day en Japón. Son unos palitos de galleta salada bañados en chocolate. Los hay de muuuuuchos sabores, pero elegí el tradicional para este fic. El pocky de chocolate con leche de toda la vida. La versión occidental se llama Mikado y la coreana Pepero. ¿Los han probado alguna vez?
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
