Not a Sentimental Night
Que Jyuto apareciera de sorpresa en su oficina no era común, pero tampoco era inusual y cuando lo hacía siempre tenía una buena razón para ello.
Yokohama no era una división que se distinguía por su tranquilidad y el intercambiar información y actuar de inmediato era una necesidad, al fin de cuentas, y había cosas que era mejor hablar cara a cara, por lo que tenía sentido que Jyuto aprovechase en las ocasiones en las que estaba cerca para no perder el tiempo con una llamada previa.
Pero que Jyuto llegara a su residencia y sin siquiera llamarlo primero sí lo era.
Y Jyuto ni siquiera se veía como si tuviese un motivo urgente para estar ahí y lo hizo obvio al sonreírle sin razón y decir:
—Buenas noches.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí? —escupió Samatoki en respuesta, sin añadir a su pregunta la hora (ya eran las diez de la noche) y el que Jyuto no había llegado con las manos vacías. ¿Se suponía que esta era algún tipo de visita social?
Ja. Eso no sonaba como algo que Jyuto haría.
—Hoy hubo una llamada que me obligó a inspeccionar un bar —explicó Jyuto sin aclarar nada—. No te aburriré con los detalles, pero entre sus muestras de agradecimiento incluyeron esto.
"Esto" era una botella de shochu (un Tsutsumi, de hecho, que seguramente constaba un dineral) y eso traducía a que el bar no era del todo legal y que Jyuto había cobrado su tajada en dinero y especie, seguramente porque dicho bar tenía más problemas que no tener una licencia.
Samatoki se contuvo de reír, aun cuando sí sonrió.
—Bastardo.
Y no lo dijo con veneno, mas había esperado que Jyuto le contestara con un insulto de su parte. Sin embargo, no lo hizo.
—¿No deberías agradecerme? Beber solo no es divertido, pero supongo que podría ir al campamento de Rio...
Cualquiera podía sumar dos más dos y recordar la fecha, por lo que Samatoki frunció el ceño, dividido entre burlarse de Jyuto por ser un imbécil sentimental y de ordenarle que se largara y no volviera antes de las doce, pues él había intentado no darle importancia a la fecha.
En un mundo de mierda como este algo como un cumpleaños no merecía ser celebrado y...
—¿No piensas dejarme entrar? —exigió Jyuto con impaciencia—. Y espero que tengas copas limpias.
El que Jyuto estuviese quejándose en lugar de decir cursilerías fue el único motivo por el que Samatoki no le tiró la puerta en la cara y sí dio media vuelta, regresando al interior del lugar y dándole la oportunidad de seguirlo.
—Como si no pudiéramos beber directamente de la botella.
Esta vez Jyuto sí contestó con un insulto que Samatoki respondió con un crudo gesto de mano que no tenía idea de si Jyuto vio o no.
A Jyuto le gustaba mantener las apariencias de manera superficial y eso incluía pendejadas como cerrar en ese instante la puerta sin un portazo, perder el tiempo dejando sus zapatos propiamente alineados en la entrada, optar por algo tan costoso que era obvio que no podría permitírselo honestamente o fingir que no haría algo supuestamente vulgar como lo era dejar las pequeñas copas de lado y pasar directo embriagarse como iban a hacer.
Samatoki le dio el gusto de sacar dos copas para sake, sin embargo, pese a un segundo de titubeo que lo hizo considerar ofrecerle dos vasos grandes y así cortar la mierda desde un comienzo. Él no compartía los gustos de Jyuto, pero de alguna forma usar un vaso cualquiera se sentía erróneo y Samatoki bien podía culpar al tipo bebida de su elección de copas, porque no, él no planeaba celebrar.
Por suerte Jyuto no implicó lo contrario, ni sugirió un brindis una vez estuvieron sentados en el suelo, frente a una mesa baja en la que había dejado la botella. Lo que sí hizo fue servirle la primera copa y esperar a que Samatoki la bebiese, sonriendo apenas lo hizo.
Si bien Samatoki se esforzó por no reaccionar ante el líquido, terroso y fuerte como su aroma y jodidamente bueno, el bastardo conejo policía sin duda sabía que lo había disfrutado y tuvo la osadía de echárselo en cara.
—¿Bueno?
—Alcohol es alcohol —replicó Samatoki para no darle el gusto. Jyuto se encogió de hombros.
—Como tu digas.
Samatoki chasqueó su lengua.
—Deja el sarcasmo y sírveme otra.
—¿Y no piensas devolverme el favor?
Samatoki no pronunció un "¿No es mi regalo?" que cruzó por su cabeza en contra de su voluntad y llenó la copa de Jyuto. En cuanto Jyuto le sirvió otra después de eso, Samatoki la bebió de un solo trago y se permitió cerrar los ojos con gusto.
Eso se repitió una y otra vez y en realidad era ridículo perder el tiempo en sorbos tan pequeños y actuar como si estuviesen en alguna reunión de señoritos educados, pero eso dejó de ser importante antes de que terminaran todo el contenido de la botella.
Aun sin ser una gran botella, el beber copa tras copa, sin tentempiés de por medio, tenía consecuencias más que placenteras y que justificaban terminar hombro a hombro con Jyuto y pasar un brazo por sus hombros y relajarse en una sala que ya no se sentía tan desolada.
—Solo pienso decir esto una vez —dijo Jyuto una vez sirvió la última copa para Samatoki. Samatoki la llevó directamente a sus labios, aunque alzó una ceja para indicarle que lo estaba escuchando—. Me alegra que hayas nacido.
¿Acaso Jyuto no sabía quedarse callado y no arruinar una velada perfectamente agradable?
Samatoki logró no escupir la bebida (sería un desperdicio), aunque sí terminó tosiendo y con los ojos aguados solo por esa atorada que podría haberse evitado.
—Puto conejo sentimental de mierda —se quejó con su rostro oculto en un hombro de Jyuto solo porque había terminado en esa posición al toser.
—¿Así que realmente querías estar solo hoy?
Sí.
Por algo había evitado a sus hombres, había echo rondas por 'Hama solo y había vuelto a un espacio que había dejado de ser un hogar hace mucho y en el que su hermana brillaba por su ausencia y hoy más que nunca, ya que años atrás esa fecha había estado acompañada de banquetes de comida casera.
—Cállate de una maldita vez.
Y si lo besó fue para obligarlo a eso y si Jyuto le correspondió fue porque era un conejo cachondo y no porque esto significase nada.
No era como si ser un año más viejo importara o como si Jyuto fuese tan cursi como para pretender lo contrario y esto (el shochu, los besos, el terminar follando a Jyuto sin siquiera cambiar el suelo por el sofá o una cama) no era más que un beneficio adicional y mutuo en su relación.
Este no era un día especial, no estaban celebrando y si algo le daba a Jyuto la impresión de lo contrario, él le dejaría muy claro que Jyuto había terminado demasiado ebrio y había alucinado todo.
