CAPITULO III
Esa noche, después de un esmerado y cuidadoso arreglo personal, Candy escuchó el golpe en la puerta. Lanzó una rápida y última mirada al espejo para verificar que su vestido y maquillaje eran perfectos y se dirigió a abrir, topándose con un enorme arreglo de rosas rojas envuelto en un elegante papel celofán que la chica colocó rápidamente sobre el pequeño florero de la mesa, mientras que le agradecía el regalo. No había perdido detalle sobre tan distinguida figura, envuelta en un elegante traje de tela azul marino satinada y una fina corbata tan roja como la sangre.
Allen le observaba con interés y dejó escapar un exclamo de asombro al verla inclinarse un poco sobre la superficie, aprovechando para admirar el escote discreto que dejaba entrever dos generosos y apetitosos senos. Realmente lucía muy bella en ese largo vestido de color vino.
- Está muy bella, Candice, si me permite expresarlo - sus ojos no dejaban de recorrer el femenino rostro y se detuvieron por un breve instante, en su cuello.
- Creo que podría decir algo parecido de usted. No creí que fuera un evento tan elegante. ¿Nos vamos ya? - desvió la conversación para salir pronto del incómodo momento.
- Me parece excelente.
La pareja salio rumbo a la galería y el trayecto versó sobre asuntos puramente triviales. La fresca brisa iba anunciando prematuramente la llegada inminente del otoño, aun a pesar de estar a mediados de septiembre.
Logró hacerla reír un par de veces con sus ocurrencias y pasaron una agradable velada juntos. Al terminar, se dirigieron a cenar hacia un elegante restaurante. El se limitó a verla comer aduciendo que nunca cenaba por costumbre. La enfermera le había llamado sutilmente la atención explicándole las nefastas consecuencias que aquello podría ocasionar en su organismo pero él le aseguró que ya tenía el día para desquitarse por completo. Candy no volvió a insistir.
El tiempo pasó tan rápido que cuando la rubia vio al mesero llegar con la cuenta, hizo un puchero de desagrado. Realmente lo estaba pasando tan bien, como hacía tanto no sucedía en su vida. Él se desvivía por ella en atenciones y cumplidos, sin ser demasiado entrometido y ella se sentía afortunada por conocer tan simpático y atractivo hombre. Al conocer un poco más sobre su vida, se sorprendió de que su familia no viviese en el país y que gran parte de su existencia la había dedicado a viajar por todo el mundo. Le escuchaba atentamente cuando le narraba alguna peripecia o aventura acontecida en un misterioso y lejano lugar, al otro lado del planeta. No imaginaba que su conocimiento abarcase tanto y a veces dudaba si le había dicho su edad verdadera, dado que su apariencia era la de un joven apenas llegando a los treinta. Por evitar ser indiscreta, desistió indagar en ese asunto. Después, salieron del lugar.
Caballerosamente le ofreció el brazo y partieron juntos para perderse en las calles mientras una brillante luna iluminaba claramente su camino.
Fue entonces, que a partir de ese momento, una amistad surgió entre ambos jóvenes.
A Candy le llamaba la atención el hecho de que solo podían verse por las noches, dados sus constantes compromisos laborales tan aburridos y agotadores que solamente la oscuridad le ayudaba a sobrellevarlos, por lo que ella ya no insistió más; tampoco sus jornadas eran fáciles y los imprevistos en el hospital podían ser absolutamente largos y difíciles, así que la noche era mas relajante, lejos de todo aquello. Sus ratos nocturnos los compartía al lado de él, ya fuese platicando o simplemente, juntos.
Cuando sus vacaciones llegaron, las aprovechó para viajar hacia su amado orfanato, y aunque pasó muy buenos momentos al lado de sus seres más queridos, no pudo evitar los instantes de melancolía que le llevaban hasta Allen, a quien ya comenzaba a echar de menos, con el transcurso de las semanas.
Se había ido acostumbrando a las habituales salidas con su nuevo amigo, y sobre todo, a la entretenida personalidad del muchacho. La presencia del hombre en su vida era como un bálsamo reparador que había ido cayendo en su corazón tan adolorido y fue tan sorprendente para ella al darse cuenta que con el transcurso de las semanas, ya no pensaba tanto en Terry.
La señorita Pony y la Hermana María le observaban esperanzadas de que por fin, alguien hiciese renacer la chispa de una ilusión amorosa en la rubia. Habían escuchado con atención la descripción de su nuevo amigo y le hicieron prometer que se los presentaría algún día. La rubia comentó que habría tiempo para planearlo después de que se lo propusiera.
Por su parte, al verla de regreso y tan interesada en que siguieran saliendo juntos, Allen supo que ya iba ganando la partida. Frecuentemente se maldecía por su condición física y habían instantes en que odiaba mas que nunca a aquel que le había convertido en "eso", pero se consolaba con saberla a su lado y su sola compañía bastaba para que le hiciera más llevadera su soledad. Solo bastaba paciencia y el tiempo para él, no era algo primordial. No desistiría.
Muchas noches, mientras vagaba en busca de maleantes para alimentarse, pensaba en la rubia y un rastro de excitación asomaba a sus labios, desquitándose con los parias sociales que el crimen penitenciario vanamente podía contener. Trataba de no alarmar a la policía con sus "hábitos alimenticios" y desaparecía los cadáveres a las afueras de Chicago donde difícilmente algún guardia los podría divisar. Mejor dejarlos a las aves carroñeras que pudieran sacar provecho de los últimos jirones de carne que quedaban de aquellos restos que darles la oportunidad de seguir viviendo a la sombra de los impuestos ciudadanos, con la inútil finalidad de readaptarlos.
Entonces, esperaba fervientemente a que anocheciera para poder ir en busca de la chica y quedarse a su lado hasta que se durmiera. Había sido un punto a su favor el hecho de que fuera tan solitaria y eso le evitó tener que ir a casas ajenas para conocer gente que no le interesaba. Había podido hacerle desistir de ir hacia ese orfanato del que tanto hablaba, pero se aseguró de convertirse en un anónimo benefactor para hacerse cargo del mismo.
Solo quería estar con ella y nada más.
Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no son de mi autoría. Esta historia fue escrita sin fines de lucro solo para fines de entretenimiento.
