CAPITULO V

El sol ya estaba en lo alto del firmamento, cuando Candy despertó.

Tardó un buen rato en reconocer el lugar en el que se encontraba y recordar lo que había sucedido. Se sonrojó por la escena romántica de los besos y entonces, la imagen de ella y Allen en un departamento, solos, le hizo dar un salto de la cama ocasionándole al instante un fuerte mareo:

- ¡Santo cielo, qué mal me siento!

Se llevó la mano a la frente y comprobó que no tenía fiebre. Un amargo sabor en la boca le hizo recordar el vino que había tomado y las nauseas se apoderaron de ella. Llamó a Allen sin obtener respuesta.

- ¿Dónde se habrá metido?

Con gran esfuerzo logró llegar hasta el baño y se dejó caer en el piso, esperando desahogar tan tremendo malestar, pero no pudo. Se sentía demasiado débil para poder bañarse. Alguien llamó a la puerta:

- ¡Ya voy!

Llegó a rastras hasta el salón, cuando una chica vestida de mucama salió a su paso y le ayudó a incorporarse:

- Me han informado que no se sentía bien. Debe regresar a su recámara. Estaré aquí para auxiliarla.

- ¿Podría explicarme lo que esta sucediendo? ¿Dónde esta Allen? - las sienes le punzaban dolorosamente y apenas pudo poner atención a lo que la muchacha le decía.

- El joven habrá salido muy temprano, Solo recibí ordenes de asistirle y no sabría decirle con certeza cuando regresará. Por favor, vuelva a la cama.

Candy se metió en las cobijas y volvió a hacer preguntas:

- Necesito ir a mi casa. Creo que tengo una resaca espantosa.

- En ese caso, llamaré un doctor.

- No se moleste. Sé lo que tengo, pero los medicamentos están en mi casa. Necesito… - fue interrumpida.

- Dígame qué puedo traerle, y con gusto le ayudaré. No es conveniente para usted llegar en estas condiciones.

La rubia recordó lo que había estado sucediendo entre ella y el hombre. Apenada, no volvió a decir más y espero a que se fuera. "¡Cielos!, estoy en su casa y sobre su cama. Anoche nos estuvimos besando y…. ¡oh!", entre sollozos se cubrió el rostro mientras pensaba lo peor, "¿Qué le diré a Albert ahora que he deshonrado a los Andrey? ¡La Tía Abuela se pondrá furiosa conmigo!".

Permaneció así por un buen rato hasta que el sueño se apoderó nuevamente de ella.

Cuando despertó vio que la noche ya había caído y Allen se hallaba a su lado, con la mirada sobre su rostro. Aquello le provocó cierto escalofrío en la espalda y en un instinto de protección, se alejó de él. Por un momento, al hombre le dolió aquella actitud:

- ¿Intentas rechazarme?

Ella no soportó mas la presión interna y echó a llorar. Se sentía tan débil y vulnerable. Su mente era un remolino de sentimientos y pensamientos encontrados. Lo pasaba maravillosamente a su lado, pero, ahora él le juzgaría a la ligera por lo que habría sucedido.

- ¡Lo siento mucho… esto no debió haber pasado; yo… estaba fuera de control! ¡Cielos, no podré perdonarme lo que hemos hecho!

Allen comprendió al instante el motivo de su inquietud y la rodeó con sus brazos dejándola desahogarse, mientras trataba de tranquilizarla.

- Candy – tomó cariñosamente su rostro y le obligó a verle – no tienes que temer, pequeña. Te repito que ante todo soy un caballero y lo único que sucedió fue que, te quedaste dormida a media conversación después de las copas que estuviste bebiendo. Creo que a la próxima, tendremos que mesurar la cantidad de vino, por más delicioso que te parezca. Tuve que dejarte en mi departamento y solicité se te dieran los cuidados adecuados. Tenía cosas que hacer y por eso salí. Ahora veo que ya estás mejor y así podré llevarte a casa. No me perdonaría que te sucediese algo en el trayecto. ¿Te sientes más relajada?

El alivio que la chica sintió al oír aquello, no se pudo comparar ni con el deseo más fuerte que hubiese tenido en la vida. Su honor estaba intacto y su confianza en Allen ahora era más fuerte que nunca. "¿Cómo se te ocurre dudar de él, tonta?", se reprochó internamente mientras le abrazaba de nuevo.

- Gracias por todo, Allen. Aunque no recuerdo gran parte de lo que pasó anoche y aun me siento débil, creo que ha sido la primera vez en mucho tiempo en la que he disfrutado de la compañía de un entrañable amigo – la verde mirada se posó en la suya – y espero que así sea en el futuro. Ya eres parte importante de mi vida.

Ella nunca imaginó el efecto devastador que sus palabras ejercían sobre él. Ambos se quedaron abrazados durante un largo rato, mientras la clara luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba tenuemente la habitación.

- Candy, necesito preguntarte algo que es vital para mi existencia: ¿Qué sientes por mí?

Allen se sorprendió de sus propias palabras. Había hablado sin pensar, y ahora, tenía que decidir en ese instante, si revelar su verdadera personalidad ante ella o seguir sosteniendo una insoportable mentira que le tenía hundido en un abismo de dolor y tristeza.

La enfermera se alejó un poco de él y le observó, confundida ante el repentino cuestionamiento, sin embargo, su actitud decidida y firme le anticipó la respuesta:

- Me has devuelto la ilusión por volver a conocer lo qué significa amar. Allen, yo... hace mucho tiempo, sufrí un golpe emocional que me ha tenido alejada de todo indicio de relaciones amorosas. Sé que no mereces saberlo justo en este momento, pero, no quiero que haya secretos entre nosotros. A lo largo de todo este tiempo he podido comprobar que eres un hombre sumamente valioso e importante para mí y sufriría mucho si todo lo que hemos compartido hasta ahora se ve desmoronado por situaciones que bien pudieron haberse aclarado desde un principio... – la muchacha inicio su narración, y él escuchó pacientemente su historia, aunque ya la conocía de sobra.

Sería su propia confesión la que abriría un parteaguas frente al hombre maravilloso que ella veía en él. Su pecho respiró de alivio al saber que por fin, el arraigado recuerdo de aquel actor en la mente de Candy, empezaba a desprenderse para que ese lugar, fuese ocupado por él. La palabra "amar" le sonó como a un celestial canto entre la densa oscuridad que había cubierto su vida, aderezado con el dulce sabor de su boca.

El prolongado beso fue el preludio para que él decidiera encarar la verdad:

- Hay algo que debes saber y que sé, a tus ojos parecerá una situación inverosímil, o inclusive, digna de un enfermo mental – ella abrió la boca pero él puso un dedo sobre sus labios – empezaré por darte algunas características del mundo en el que yo habito, para que puedas tratar de comprender, aunque sea un poco.

El hombre se separó de ella y comenzó a caminar de un lado a otro, evidenciando su nerviosismo. Candy le observaba, con una mano en el pecho, presta a recibir la mayor sorpresa de su vida. Su intuición no estaba errada:

- Tú has visto un mundo lleno de luz aun a pesar de todos los problemas que has encarado a lo largo de toda tu corta vida, sin embargo, Candy, mas allá de todas esas situaciones cotidianas, de todas esas personas que están llenas de calor y de vida, se oculta otro mundo, uno en el que todo lo opuesto, cobra vida y esto, de la forma mas siniestra y cruel que puedas imaginar. Seguramente habrás oído parte de ese otro mundo, mediante cuentos, fabulas, leyendas o inclusive, mitos. No imaginas lo que la noche trae consigo, después de que el sol se mete en el horizonte. Es cuando todos los miedos humanos cobran forma y lo peor, se encargan de hacer daño a ustedes, los seres humanos. Antes de que hagas preguntas, quiero aclararte mi última referencia. ¿Por qué te he dicho eso? Porque desde tiempos inmemoriales, siniestros personajes caminan sobre la tierra, con perversos propósitos. Esos seres son monstruosos criaturas que tu mente no podría siquiera atreverse a mirar, sin perder en ello la vida. Se inmiscuyen en la vida humana, creando desastres, problemas sociales, económicos, inclusive políticos, como la reciente guerra mundial que acabamos de pasar. No me alcanzarían los meses, para ponerte al tanto de todo lo que he visto y vivido, con sus precisiones y detalles, sin embargo, dadas las actuales circunstancias en las que nuestras vidas se han cruzado, así como tu reciente explicación, me veo moralmente obligado a hacerlas de tu conocimiento. Antes de proseguir, quiero dejarte saber que, después de escucharme, tienes el libre albedrío de huir y no volver a verme nunca mas o aceptarme tal cual. No te obligaré a nada más.

Allen profundizó su mirada sobre ella, quien le observaba con el rostro desconcertado y una mueca de confusión e incredulidad. Dio un margen de tiempo para que asimilara un poco de todo lo que acababa de narrar. Las preguntas que le hizo ya estaban anticipadas por él:

- ¿Eres un delincuente, un asesino, un ladrón? ¡Por Dios, Allen, me has dejado helada con todo lo que acabas de decir! ¡Exijo que te expliques!

- Sabía que lo tomarías por ese lado, Candy, pero nada más falso hay en eso, aunque, tu segunda duda podría ceñirse mas a mi realidad.

- ¡¿Asesino?! ¡Santo cielo!

Venciendo la debilidad que todavía recorría su cuerpo, Candy corrió impulsivamente hasta la entrada del apartamento y se dirigió hacia las escaleras; antes de iniciar el descenso se volteó y se dio cuenta de que él ni siquiera le seguía; entonces, algo extraño ocurrió: la voz de Allen resonó en su mente. "No temas. Jamás te haría daño", las lagrimas asomaron a sus ojos. Esperó unos minutos a que él apareciera, pero no fue así.

Con cierto recelo, regresó al lugar. Se asomó tímidamente por el quicio de la puerta y no le vio. Caminó con sigilo hasta la alcoba y reconoció la imponente figura oscura, parada frente al ventanal, delineada por el haz de la luna. Estaba de espaldas a ella, con la vista perdida en el horizonte. Habló sin voltear a verla:

- ¿Estas dispuesta a seguir escuchándome?

El tono de su voz era el mismo de siempre, sutil y amoroso, como el de aquel Allen, quien siempre había estado a su lado, aunque ahora, con un dejo de melancolía.

- Merezco que me veas con miedo y pienses que soy un monstruo, pero aunque tu decidas odiarme y alejarte de mí, que no te quede duda de que aun así, yo te seguiré amando, como hasta ahora lo he hecho. Desde que te vi aquella noche, frente a esos rufianes que quisieron aprovecharse de tu frágil condición, no pude apartarte de mi mente.

Ella recordó vagamente la escena, pero no pudo ir mas allá del primer golpe que recibió aquella noche y que le había dejado inconsciente, pero comprendió quien había sido su salvador. Siguió escuchándole:

- Acabé con todos ellos, Candy. Los maté uno a uno al descubrir sus planes esa noche. Iban a violarte y yo no lo permití. Después te llevé a un lugar seguro y te curé. Cuando supe que estabas sana y a salvo, ordené a tu mente que se olvidara del asunto, por eso no puedes recordarlo. Es... una de varias habilidades que poseo.

- ¿Habilidades? – habló intrigada -¿Quién eres? Hablas como si… no fueses humano. ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que solo coincidamos... por las noches?

Allen se volvió lentamente hacia ella. Sus ojos castaños ahora emitían un leve tono rojizo haciendo resaltar la tez pálida de su rostro. Sin hacer ruido alguno, se fue acercando hasta ella.

La rubia cayó en cuenta de que sus pies no habían tocado el suelo y en un instintivo acto se llevó las manos a la boca para tapar el fuerte grito de espanto que ya estaba emergiendo de su garganta. Un leve mareo se apoderó de ella, pero Allen fue más rápido al llegar y sostenerla entre sus brazos, evitando así que perdiese el equilibrio.

- ¡No me mates! ¡Por favor! - el débil gemido hizo que él la estrechara en un amoroso y ferviente abrazo.

- Nunca lo haría – le habló en un susurro al oído, sintiendo como sus manos le rechazaban. Eso le dolió sobremanera, por lo que se alejó de ella.

- ¿Qué eres? ¡Responde!

Él se dirigió de nueva cuenta hacia la ventana y su castaña mirada se concentró en la fría luna llena que atestiguaba aquella cruda confesión:

- Tengo trescientos años y he vivido por todo el mundo, bajo diferentes nombres, sin embargo, Allen Lesnik es el auténtico. Tenía veintinueve cuando fui... convertido en esto por un desgraciado que abusó de mi confianza y de quien no vale la pena hablar. El mito del que seguramente habrás oído hablar se refiere a nosotros como vampiros, seres que solo viven de noche, alimentándose de sangre humana. Tenemos una trágica historia detrás y nuestro origen se remonta a tiempos bíblicos, cuando Dios creó a la primera pareja humana, Adán y Eva, de quienes seguramente ya conoces el resto de la historia, solo que en los libros sagrados se omitió un detalle particular y esencial: la maldición divina que cayó sobre uno de sus hijos, Caín, después de haber asesinado a Abel, su hermano. Fue condenado a vagar en la oscuridad y a alimentarse de sangre para sobrevivir. Él a su vez creó a otros vampiros quienes fueron multiplicándose y agrupándose en clanes con diferentes habilidades. Estamos repartidos por todo el mundo y en cada ciudad importante hay toda una estructura jerárquica que nos gobierna[1]. Necesitaría mucho tiempo para explicarte todo a detalle, pero ahora solo basta con que sepas lo principal. Llegué a Chicago hace menos de un año, con la intención de residir temporalmente aquí, pero ahora que te hallé, mis planes han cambiado. Mentí sobre el empleo en el banco, aunque el dinero no es una de mis preocupaciones, puesto que siempre me lo he procurado a lo largo de todo ese tiempo. Te pido perdón por todo esto – la mirada del muchacho fue de desesperada súplica.

La muchacha permaneció en silencio, tratando de creer lo inverosímil de aquella narración que escuchaba de sus labios. La rubia no sabía si reír o llorar a medida que iba conociendo los detalles sobre el hombre que hasta unas horas antes, le había atraído poderosamente desde que le había conocido.

- Ahora entiendo porque tu negativa de querer ir al lugar donde crecí, de presentarte ante Albert y su familia – sonrió con tristeza - ¿Hasta donde planeabas llegar, ocultándome todo esto? – la decepción se adivinó en su cara y él se sintió como un miserable perdedor.

- Quería estar contigo, Candy. No me importaba nada más.

La joven enfermera se acercó hasta una de las sillas más cercanas y se dejó caer pesadamente sobre la misma, con un rictus de dolor y confusión:

- Salvaste mi vida y no puedo menos que agradecerte por eso. Si no hubieras estado presente, mi suerte habría sido otra – tomó un poco de aire antes de proseguir. El control que ejerció para retener el llanto no fue suficiente – sin embargo, no podría seguir a tu lado en... estas condiciones. Esto es demasiado para mí, lo siento.

- Candy – Allen siguió hablando de espaldas a ella. Tenia miedo de afrontar su penosa situación, pero, tenia la imperiosa necesidad de conocer la respuesta final a todo aquello – si ya no deseas verme, dímelo en este instante y me alejaré de tu lado. Te prometo que jamás volverás a saber de mí. Solo... necesito escucharlo de tus labios.

El hombre se volteó hacia ella y Candy vio que sus lagrimas carmesíes resbalaban por sus mejillas. Era un espectáculo tristemente horroroso a pesar del atractivo rostro que le había deslumbrado y al que ya comenzaba a querer.

Ambos permanecieron en silencio durante largo rato. Ninguno tenía el suficiente valor para seguir con la conversación.

Al final, la rubia habló:

- Lo siento Allen. No puedo hacerlo.

Tomó rápidamente sus cosas y salió del lugar dejando tras de sí a un hombre derrotado y abatido ante sus ultimas palabras.

Él no intentó seguirle.

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no son de mi autoría. Esta historia fue escrita sin fines de lucro solo para fines de entretenimiento.


[1] Vampiro la Mascarada, Mundo de Tinieblas.