IV.

Por sólo un momento…creí que quería estar contigo.

Aquella voz hacía que su corazón doliera de una manera que no alcanzaba a comprender y sentía unas ganas apenas sostenibles de llorar. Lo único que deseaba era que, fuese quien fuese, se fuera, la dejara en paz y se llevara aquel dolor con ella.

Porque, si de algo estaba segura, es que ese terrible dolor no le pertenecía. No había manera que tan punzante odio pudiese nacer de ella, a pesar de que podía sentir cómo se comía su corazón como el fuego a la carne.

Terminó de bajar las incontables escaleras que daban al templo de su familia y corrió por la calle sin estar segura de su destino, corría tan rápido como sus piernas le permitían.

Vete…vete y llévate tu sufrimiento contigo.

Suplicaba con mucha fuerza aunque no estaba segura si había alguien que la escuchara. Ella misma apenas podía escucharse a través de sus jadeos y sus pulmones agitados que le suplicaban un respiro.

Es tuyo, no mío.

¿Cómo es que eso sí estaba segura pero de todo lo demás no? Era una completa tontería.

Vete…

Entonces la voz calló, no sabía con seguridad si había conseguido su propósito.

Entonces se dio la oportunidad de detener su marcha sobre la vacía calle de asfalto, arqueó su cuerpo hacia abajo, exhausta, recuperando poco a poco el oxígeno mediante grandes bocanadas.

Volvió a erguirse en su lugar, sintiendo su respiración volver a la normalidad. El sol tocaba su cabeza y aquel suave calor le reconfortaba. Cerró despacio sus ojos y dio un profundo respiro tratando de apaciguar el ardor en su pecho.

Vete y déjame volver.

No supo con exactitud porque dijo esas últimas palabras pero las sentía con profunda honestidad.

Llenó su cuerpo de valor y comenzó a caminar hacia adelante, lo cual le resultaba tremendamente difícil pues sentía sus pies como pesados bloques de cemento.

Acomodó su mochila sobre su espalda como una manera desesperada de sentir su peso, de algún modo sentía que eso evitaría que comenzara a flotar como un globo de helio, el sentir el concreto de la calle bajo sus pies también era una manera que había encontrado para convencerse a sí misma que la horrible pesadilla ya había pasado.

Pero, por alguna razón, sabía que todo eso era en vano.

Después de todo…no estoy segura ni de mi propio nombre.

El eco de unas risas infantiles la hizo despertar de sus pensamientos y le recorrieron el cuerpo con un desgarrador escalofrío. Fue entonces que consciente de su mortal existencia en medio de una calle tremendamente concurrida.

La gente pasaba a su lado, ignorándola, aquello no le parecía nada fuera de lo normal pero, por alguna razón, no podía escuchar ni el más mínimo ruido que provocaban todas aquellas personas al caminar cerca de ella. Podía verlas mover sus labios o hacer gestos simples como bostezos pero le era imposible escuchar el más mínimo sonido de su parte. Sólo podía escuchar los cantos y risas de pequeños niños, a pesar que no lograba descifrar que era aquello que entonaban.

Decidió caminar en busca de los dueños de aquellas risas, pasaba entre la gente como si fuese un fantasma hecho de humo y sal, de pronto olvidó su propio peso pero eso dejó de importarle. Se sentía cada vez más y más desesperada por encontrar al origen de aquel sonido.

Intentó agudizar su sentido del oído no sólo para encontrar la dirección que la llevaría a su destino, sino para entender qué era lo que esos niños cantaban una y otra vez.

Kagome, Kagome…

Se detuvo tan violentamente que temió perder el equilibrio por su rudeza, abrió sus ojos tanto cómo pudo que inclusive sintió dolor por hacer aquello. Entre el mar de gente que no dejaba de caminar en todas direcciones pudo divisar frente a ella un grupo de niños tomados de la mano caminando y cantando alrededor de una pequeña niña que permanecía quieta cubriéndose los ojos.

Los escalofríos eran tan intensos que amenazaban con romperle las piernas y dejarla caer sobre el concreto.

En medio de aquel mar de gente indiferente a su desesperación.

El pájaro enjaulado…

Se obligó con toda su voluntad a moverse hacia adelante, intentando alcanzar a esos niños. Entonces sintió una fuerza que la intentaba alejar de su destino, como si rígidas cadenas aprisionaran sus pies y manos.

¿Cuándo, cuándo saldrá?

Pero esa canción, había algo en aquella canción que no podía dejar pasar.

Una frase.

Una palabra.

Un nombre.

KA

GO

ME

CONTINUARÁ…

Este fic se ha tornado más largo de lo que planeé en un principio pero es que existe tantísimo que quiero explotar sobre este tema con respecto a Kagome, Kikyo y el lazo que une el alma reencarnada que ambas comparten. En este episodio quise explorar un poco en los sentimientos de confusión de Kagome, en el próximo capítulo se ataran más cabos sueltos (y no demoraré tanto con la actualización como esta vez) lo prometo.

princesssakura13: ¡lamento hacerte esperar! ¡Muchísimas gracias por tus dos comentarios anteriores!

Hanabi-ness: Me alegra que te hayas encontrado con mi fic y te gustara tanto. Y sí, para mí también siempre ha sido una duda total cómo lidió el alma (o conjunto de almas, pues ya ha quedado claro que poseen más de una) de Kikyo y Kagome con dos mujeres tan paralelas y al mismo tiempo tan parecidas una de la otra. Espero estar logrando aclarecer esa incógnita. Mil gracias por leerme.

Me dedicaré a responder sus reviews de este capítulo en las notas del próximo. Gracias!