A los nueve años Kakarotto había superado las expectativas y el poder de su padre, a su corta edad era seleccionado para las mejores misiones y su potencial como guerrero lo había llevado a ser considerado como un miembro del escuadrón de élite. Su éxito no era una sorpresa, Bardock no le dejaba un minuto de descanso, le exigía más de lo que podía llevando sus fuerzas al límite, le había enseñado cuanta técnica de combate conocía y se sentía orgulloso al ver que su vástago conseguía mejorarlas volviéndolas aún más mortíferas.
Gracias a su participación en el exterminio de Freezer y a la popularidad de Kakarotto el guerrero había logrado integrarse al consejo real, lo cual no hubiese sido posible de haber regido aún las antiguas leyes, donde se estipulaba claramente que solo aquellos guerreros nacidos de la realeza o pertenecientes a la élite merecían un puesto, afortunadamente para Bardock, después de la batalla contra el tirano muchas reglas habían cambiado, ahora, si un saiyayin probaba ser merecedor de dicha distinción podía acceder a ella.
Y él había demostrado que su lugar en el consejo estaba más que merecido. Al principio aquellas reuniones le habían causado a Bardock el aburrimiento más insoportable, demasiada palabrería para un guerrero cuyo único diálogo conocido era el de sus puños, pero mientras más tiempo pasaba en el consejo más empezaba a fraguarse en su mente un deseo nuevo, que iba más allá de sus sueños como guerrero, entonces comenzó a mirar las batallas no como un todo, sino como el medio para el dominio absoluto de Vegetasei.
Al tiempo que esa nueva faceta en su carácter aparecía, la ambición de poder hasta entonces desconocida para él, iba ganando terreno. Una visión aún frágil comenzó a crecer alimentada por la certeza de que era él, quien iniciaría una nueva rebelión, Vegetasei necesitaba un nuevo rey y él era perfecto para ese puesto, sin embargo, debía ser paciente, el tiempo era su mejor aliado, la llave del éxito estaba en sus manos, su hijo Kakarotto sería quién lo llevara al lugar donde deseaba estar.
Ajeno a los pensamientos de su padre, Kakarotto se preparaba para una nueva misión, lentamente se colocó la armadura, una sonrisa se dibujó en su rostro anticipándose a la batalla, él vivía para pelear, para entrenar, su sueño era convertirse en el mejor guerrero de todo Vegitasei, nada más le importaba, tanto era su deseo que ni siquiera reparo en lo que sucedía a su alrededor.
— Alteza —exclamaron todos los presentes respetuosamente haciendo una reverencia al príncipe cuando este apareció sorpresivamente en la sala de naves.
— He decidido ir en la misión —informó el adolescente sin más.
— ¿Esta su padre de acuerdo? —preguntó el guerrero a cargo del exterminio.
— Tomaré esta nave —indicó aquel sin dignarse a mirar a su interlocutor.
Nadie protestó, ni siquiera Kakarotto cuya participación fue cancelada al incluirse Vegeta en la misión, a pesar de su molestia, su obligación era obedecer y cumplir el protocolo, el joven príncipe era el guerrero más poderoso que había nacido en Vegetasei y por eso instantáneamente se había ganado su respeto, mientras se marchaba, Kakarotto pensó que esperaba algún día poder enfrentarse a él, solo comparando sus poderes con el mejor podría saber con certeza que tan fuerte era.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Bardock al ver al pequeño aparecer frente a él.
— El príncipe eligió mi nave, con eso quedé fuera de la misión —dijo mientras comenzaba a quitarse la armadura.
— Debiste imponerte y hacerte respetar —gruñó su padre que sentía la ofensa como propia.
— Nadie me respetará si me hace trizas frente a todos —respondió el de cabello puntiagudo— No soy lo suficientemente fuerte para poder hacerle frente.
Bardock después de meditarlo un segundo y a su pesar, reconoció que su hijo era más sensato que él, después de todo su posición no estaba segura, todavía había integrantes del consejo que no estaban de acuerdo con el cambio en las leyes y tomarían cualquier excusa para expulsarlo, "Debo ser paciente", se repitió a sí mismo, ya llegará el día en que Kakarotto rete al príncipe por el derecho al trono.
— Ya que estas aquí iremos a entrenar —ordenó Bardock, obteniendo de inmediato una afirmación de su hijo.
El tiempo transcurrió y los planes de Bardock se hacían más firmes a medida que su vástago iba creciendo, ni siquiera los problemas que surgían lo hacían dejarlos de lado, la creación de armamento por las razas más débiles que ansiaban ser liberadas de la opresión saiyayin, así como los ataques de los rebeldes causaban bajas en sus ejércitos, que, aunque no resultaban significativas encendían la ira de su soberano.
— ¡No toleraré más insubordinaciones! —rugió el rey ante el consejo después de que se leyeran los últimos informes.
— Deberíamos eliminar a todos los que se atreven a desafiarnos de una buena vez —intervino uno de los miembros.
Una risa burlona estalló en medio del consejo, llamando la atención de los presentes.
— Si exterminamos a todos los que nos desafían, ¿A quién gobernaríamos entonces Nappa? —señaló el príncipe.
— ¿Qué propone entonces? —preguntó Bardock, su odio por el más joven de los soberanos había crecido con los años, así que aprovechaba cada oportunidad para cuestionarlo y demostrar que Vegeta no estaba apto para gobernarlos.
— La fuerza no es la solución en este caso, hasta el más estúpido podría ver eso —respondió el aludido con su arrogancia de siempre— Destruyendo los planetas de los rebeldes nos condenaríamos a la extinción —un murmullo de inconformidad rodeo a la sala ante la idea de que algo tan insignificante pudiera afectar a la raza más poderosa— Este planeta es estéril, absolutamente todo lo que consumimos es traído del exterior…
— Podemos producir alimento de otras maneras —argumentó de inmediato Bardock, sonriendo petulante al príncipe al escuchar el apoyo de los demás miembros.
— ¿Cómo lo harás? –le cuestionó astutamente el príncipe dejando en ridículo a su interlocutor al verlo incapaz de encontrar una respuesta apropiada a tal cuestión— Me parece que olvidas que nosotros somos guerreros, nos enfocamos en pelear, y nada más. Nuestra tecnología depende de los avances científicos de otras razas. Gobernamos el universo porque somos más fuertes, pero aún a pesar de nuestro poder, necesitamos de ellos para subsistir.
— Admito que ha expuesto un buen argumento príncipe —dijo Bardock— Pero a pesar de ello, aún no ha propuesto ninguna solución —señaló esperando que el presuntuoso joven cayera bajo sus propios razonamientos.
— Es imperativo detener el avance de los rebeldes en la creación de armamentos —soltó Vegeta sin inmutarse— Enviaremos un escuadrón de vigilancia a cada uno de los puntos más conflictivos, mantendremos bajo estricto control los centros científicos y restringiremos además sus puertos de comercio, todo lo que ingrese a los planetas estará controlado por nosotros, de esta manera nos aseguraremos que no cuenten con los materiales necesarios para crear armas.
— Me parece sensato —admitió el rey.
— Aún no he terminado padre —interrumpió Vegeta mientras le dirigía una mirada de superioridad a Bardock, cuyo rostro reflejaba rabia contenida— Esa es una solución a corto plazo, la extensión del imperio saiyayin depende tanto de las mejoras y avances tecnológicos como de nuestro poder. Así que edificaremos un centro científico aquí mismo en Vegetasei.
— Eso es un riesgo —protestó Bardock de inmediato— ¿Se olvida su alteza acaso de lo que sucedió con los tsufur?.
— Siempre se puede aprender del pasado —respondió Vegeta con una media sonrisa— Los tsufur se rebelaron porque representábamos una amenaza contra ellos. Pero en este caso, todo científico que venga a Vegetasei podrá gozar de una vida tranquila, obtendrán nuestra protección a cambio de su lealtad.
— Si los esclavizamos será más fácil que nos obedezcan —señaló Bardock.
—La obediencia es temporal —exclamó Vegeta fijando su vista en cada uno de los presentes— Si queremos establecer un imperio que perdure necesitamos lealtad, y solo la obtendremos si hacemos pequeñas concesiones.
Después de considerar la idea del príncipe y de debatir los pros y contras, el consejo decidió llevar a cabo la edificación del centro científico. Pocos días más tarde las tropas saiyayin se habían instalado en los planetas, el temor que producían los guerreros con su continua presencia y el poco flujo de los materiales, contribuyó a disminuir el número de rebeliones.
Sin embargo la segunda fase no fue una tarea sencilla, los científicos tenían miedo de habitar Vegetasei a pesar de la promesa de que su vida sería respetada, aunado a ello las sospechas de un posible ataque interno generaban tensión entre el consejo, quien insistía en mantener una vigilancia constante en el centro científico; pronto, se hizo evidente la necesidad de buscar en otras galaxias más distantes expertos en tecnología, ya que el resentimiento generado por años de tiranía dificultaba generar cualquier lealtad hacia el imperio por las razas conocidas.
Temiendo que las restricciones impuestas a los planetas rebeldes generaran un atraso tecnológico que pudiese resultar perjudicial a futuro, el rey inicio de inmediato misiones cuyo objetivo principal era el de encontrar las mentes más brillantes. Todo ser dentro de la galaxia con la capacidad intelectual suficiente para generar recursos a su favor y con la disposición de servirles, sería bien recibido en su imperio y gozaría de su protección, todo aquel que se negara y representara una amenaza sería destruido.
Hola a todas (os), quiero contarles que esta historia lleva al menos una década en mi ordenador, y ese mismo tiempo dando vueltas en mi mente, por lo tanto las actualizaciones serán cuando la inspiración me acompañe, mientras tanto espero disfruten este capítulo. Hasta una próxima entrega.
*Críticas constructivas, dudas, quejas o tomatazos en los review ;)*
