Nota: sugiero escuchar "Never let me go" de Florence + the machine mientras se lee este capítulo pues fue la fuente principal de inspiración y la verdad creo que es parte del viaje.
Ahora sólo le hacía falta…encontrar el modo de despertar.
Sintió su cuerpo flotar meciéndose con calma, podía escuchar el sonido de las olas que la arrullaban sin prisa alguna, movió su mano derecha con la esperanza de que esta respondiera a su mandato y así lo hizo. El movimiento de su cuerpo provocó que el sonido del agua bajo ella pegara suavemente en su oído.
¿Despertar?, pero si justo en ese momento sentía una tranquilidad pocas veces vivida, ¿por qué estaba hace unos momentos tan ansiosa por despertar? Su cuerpo, tan ligero como la pluma de un ave que se pierde en el océano, se dejaba llevar por el suave olaje sin que le llegase a interesar hacía donde la llevaba. Quiso con tantas ganas llenar sus pulmones de aire limpio que dio un largo respiro dándose el tiempo de soltar poco a poco un suspiro que dejaba ver la paz que en ese momento la rodeaba.
Entonces fue capaz de recordar qué hacía ahí, se había enfrentado al recuerdo lleno de furia y rencor de la sacerdotisa Kikyo en una lucha por recuperar sus almas pero, si ella estaba en ese lugar tan pacífico y no en la tina para conjuros de la bruja Urasue, ¿significaba que había perdido? Quizá…quizá fue demasiado tarde. Sintió su cuerpo cada vez más pesado mientras se hundía lentamente en el mar que la arrullaba pero, por una razón que no se molestó en buscar, aquello no le provocó temor o desesperación.
Simplemente se dejó llevar mientras sentía como el frío líquido le cubría por completo el cuerpo y la arrastraba cada vez más a lo profundo de aquel océano. Ahora sus oídos sólo podían sentir la presión del agua que la rodeaba, pronto descubrió que su respiración se mantenía inalterada pues sus pulmones subían y bajaban a un ritmo normal sin la desesperada necesidad de suplicar por aire. Decidió abrir los ojos despacio, a su alrededor una atmósfera de azul claro le dio la bienvenida, podía ver su cabello bailar a libertad con el ritmo del agua, sus brazos y piernas también se mecían al son que marcaba el mar mientras se hundía lentamente hasta el fondo sin detenerse.
Alzó su vista más allá de sus danzantes cabellos y pudo notar la superficie cristalina del mar, por sobre esta brillaba una luz tan blanca como la nieve que llegaba hasta a ella fragmentada a causa del agua y su movimiento. Era la luna, eso quiso creer cuando sintió la blanca luz tocar sus pies.
Todo había terminado, de pronto fue capaz de reconocerlo, no tenía caso rezar suplicando por salir de ese lugar. Tal vez no había sido lo suficientemente fuerte ante una mujer tan legendaria por su poder como lo era su antigua encarnación. Era tan triste darse cuenta de lo muy poco capaz que había sido de hacerle frente.
Sintió ganas de llorar pero no estaba segura si debajo del agua fuera capaz de hacerlo, cerró de nueva cuenta sus ojos cuando sintió todo su cuerpo topar con el fondo del mar. De alguna manera eso le reconfortó, había encontrado por fin un lugar en el cual apoyar su cabeza.
No lo podía entender, por un momento llegó a creer que había recuperado sus almas. Se negaba a creer que el odio y el rencor que guardaba Kikyo eran más grandes que el alma que ahora le pertenecía a ella, aquel resentimiento no podía ser el motor que moviera sus piernas, no podía ser la razón por las que había reencarnado y había logrado romper la barrera del tiempo para traer de vuelta la perla de Shikon a esa época tan diferente a la suya, era tan injusto si resultaba ser así.
Intentó buscarle un significado a aquel lugar, a esas aguas tranquilas que ahora la abrazaban y parecían no dejarla ir. Quizá ese océano no era culpa de Kikyo sino de ella misma, pensó, quizá debía encontrar el verdadero motivo que llevó a esas almas en reencarnar en ella, la verdadera misión que había permanecido tanto tiempo opacada por el odio. Deseaba descubrir aquel motivo alejado del resentimiento que ya no vivía más en ella y que nunca le perteneció.
Evocó en lo más profundo de su mente y su corazón todo aquello que significaba algo para ella: su madre, su hermano, su abuelo, sus amigas, las inmensas ganas que tenía de terminar la secundaria para poder ingresar a la preparatoria que soñó desde siempre, evocó en su mente toda su vida. O al menos su vida antes de cruzar el pozo y terminar sumergida es ese cristalino mar que reconoció como sus propios pensamientos.
Concéntrate, Kagome, tienes que hacerlo.
Recordar su nombre le brindaba mucha paz, había luchado tanto por recuperarlo que lo repetiría cuantas veces se le antojara.
Trató de concentrarse en los sonidos que le brindaba el agua que la rodeaba, tratando de pensar qué era lo que le había ayudado a recuperar sus almas, podía recordar que hace nada se había resignado a no regresar a su cuerpo dándole la victoria a quien fuera su vida pasada. ¿Tan rápido lo había olvidado?
Lo hice para evitar que Kikyo cometiera una atrocidad pero…por alguna razón no recuerdo qué era.
Detestaba tener que recordar el inmenso dolor que le provocaban los sentimientos de Kikyo dentro de su pecho, la sensación se podría describir como el meter tus manos al fuego: un ardor invade tu piel comenzando a carcomerte y provocando un sufrimiento desgarrador. El rencor, la decepción, una traición en lo más profundo del pecho, el odio vivo. El sólo recordar todo aquello era una tortura pero ya no escuchaba aquella voz, al parecer aquel vínculo que formaba el odio de Kikyo aferrado a las almas de Kagome se había roto por completo.
—Lo que yo realmente deseaba —escuchó su voz involuntariamente, como si alguien hablara por ella—. Era evitar que Kikyo le hiciera daño a InuYasha.
Ese nombre.
«Inu…Yasha»
De pronto las tranquilas aguas dejaron de serlo, enérgicos torrentes comenzaron a arrastrarla con violencia, intentó patalear en un intento por alejarse pero las corrientes de agua eran más fuertes que ella. Su consternación se hizo más y más latente, sus pulmones habían recordado que necesitan oxígeno para poder funcionar exigiéndolo ahora con desesperación.
¿Kikyo había conseguido matar a InuYasha?, ¿era por eso que no había podido regresar a su cuerpo?
No. Simplemente no podía ser así.
Su corazón latía desbocado, a punto de salir disparado por su pecho, se quedaba sin aire y comenzaba a rendirse pero quería verlo, quería saber si había logrado evitar que le hicieran daño, escuchó su propia voz en un grito desgarrador, pudo abrir los ojos al mismo tiempo que se levantaba del suelo frío de piedra.
Respiraba agitada y su frente goteaba sudor, vio a todas direcciones intentado ubicar su cuerpo en aquel lugar. Vio a Shippo, a la anciana Kaede y a InuYasha verla todos con una expresión de susto, no la quitaban los ojos de encima no por un instante. Su cabeza dolía como si alguien la hubiese golpeado como un martillo y sentía su cuerpo temblar como una gelatina.
—Kagome —la nombró InuYasha haciéndola reaccionar y fue casi como un choque eléctrico escuchar de su voz su nombre, el suyo y el de nadie más, volteó a mirarlo casi instintivamente, estaba bien, no lucia mal herido pero la miraba preocupado esperando que le respondiera.
Trató de controlar más su respiración mientras estudiaba a InuYasha de la misma manera que él lo hacía, como si uno intentase encontrar si algo estaba mal con el otro—. El examen de matemáticas, no pude responder ninguna pregunta.
Soltó sin pensarlo mucho, InuYasha cambió su semblante de preocupación por uno de total confusión, inconscientemente había decidido decir un sin-sentido pero por alguna razón sentía que era mejor así.
—¿E-eso es todo? —tartamudeó InuYasha cuidadosamente, tratando de corroborar si había algo más.
—Después había otro —continuó con su mentira, InuYasha parpadeó varias veces pero pudo notar como relajaba sus hombros y liberaba un pesado suspiro de alivio desde lo más profundo de su pecho liberando sus pulmones de la tensión. Kagome pudo darse cuenta que él estaba de verdad preocupado por ella pero, por alguna razón, sabía que no podía contarle lo que acababa de vivir.
Algo le decía, que el medio demonio no hubiese sido capaz de soportar escuchar todo eso sin sentirse mal.
Miró hacia todas direcciones en busca de Kikyo pero no pudo verla y por la manera en la que InuYasha la vio al darse cuenta de ello pudo adivinar que todo había terminado y, bueno, no podía decir que no le aliviaba haber encontrado la manera de regresar a su cuerpo.
Había logrado despertar, eso quería decir que sus almas pudieron reconocer su propia misión en este mundo, pensó, una alejada del odio y el rencor que ya no vivía más dentro de ella. Además, por alguna razón que no podía explicar, sentía profundamente que esa misión iba ligada a un nombre. Ese último nombre que pasó por su cabeza antes de abrir los ojos.
Continuará.
Este podría decirse que es el capítulo "final" pues tengo planeado que el próximo sea una conclusión a modo de epílogo. Agradezco mucho su apoyo en esta historia, guardo con mucho cariño todos sus comentarios, nos vemos.
