Ese día parecía tan normal como cualquier otro para la adolescente, que apenas llegó a su casa, tiró su mochila en el sofá donde se tumbó fastidiada, esas malditas clases avanzadas la estaban volviendo loca. "Demasiada presión", se dijo mientras tomaba el control remoto y encendía la televisión, "noticias bah", pensó cambiando de canal solo para darse cuenta que la programación estaba enlazada, suspirando decidió observar lo que sucedía, la transmisión debía ser algo importante para estar en todos los canales.

— Hace unas horas presentamos a ustedes una noticia en la que el Centro de Investigación Espacial, reportaba que sus radares detectaban varios objetos no identificados que estaban por entrar a la superficie terrestre—relataba un alterado reportero atrayendo la atención de la chica— Como les dijimos entonces, en un inicio se pensó que todo se trataba de una lluvia de meteoritos, por lo que un grupo de especialistas se dirigió de inmediato a la zona donde estimaban que se produciría el impacto, sin embargo, al llegar encontraron algo muy diferente de lo que esperaban, y debido a su importancia este descubrimiento fue notificado de inmediato a los medios. A continuación les mostraré de lo que estoy hablando —la cámara de grabación desenfoco al periodista para dirigirse a lo que se encontraba detrás de él. La chica abrió los ojos sorprendida al observar varias esferas de color blanco alineadas a la perfección, su estupor fue roto por la voz del reportero— Hasta el momento los expertos han delimitado la zona cercana y restringido el acceso a la misma mientras hacen una evaluación inicial del hallazgo, pero todo parece indicar que se trata de algún tipo de naves alienígenas.

"Genial", murmuró para sí la peliazul mientras torcía su trenzado cabello de la emoción, seguro su padre sería llamado para investigar y entonces ella podría tener acceso a toda la información de primera mano.

Seguía atenta a la imagen de aquellos círculos misteriosos cuando un sonido provocó que el reportero huyera atemorizado al notar que una de las esferas se estaba abriendo. En cuestión de segundos de ella salió un hombre de aspecto y vestimenta peculiar, tenía el cabello largo y puntiagudo y su cara provocaba temor por la expresión asesina en su mirada. Antes que pudiera siquiera pestañear, un escalofrío recorrió a la adolescente de pies a cabeza al presenciar la aparatosa explosión después de que el recién llegado alzara la mano en señal de ataque, de inmediato, una segunda explosión resonó y la pantalla del televisor perdió la señal, presintiendo lo peor la chica salió corriendo a buscar a sus padres.

— ¿Te sucede algo cariño? —preguntó su madre al verla aparecer con el rostro pálido.

— ¡Nos han invadido! —gritó la de cabello azul perdiendo el control— ¿Dónde está papá?

— En su laboratorio… hija espera, dime que…

Sin perder tiempo en explicaciones a su madre, la adolescente corrió hacia aquel lugar. Dentro de este se encontraba un hombre de cabello lila, su expresión normalmente serena había desaparecido y tamborileaba nerviosamente sus dedos sobre la superficie de la mesa de trabajo. Cuando su hija irrumpió en la habitación se ajustó los lentes y la miró.

— ¿Te has enterado ya? —preguntó la peliazul al hombre frente a sí temiendo la respuesta.

— La armada estableció contacto conmigo antes de la explosión, he tratado de comunicarme nuevamente pero no responden…

— No puede ser, solo hace unos minutos que han llegado… no es posible que en tan poco destruyeran a un ejército —respondió ella comenzando a hiperventilarse, lo que estaba sucediendo parecía irreal, sacado de un libro de ciencia ficción.

— Vamos con tu madre —pronunció el hombre rodeando la espalda de la chica que no paraba de temblar.

La rubia vio aparecer a su esposo e hija y dejo su tarea de jardinería al lado, a pesar de su carácter despistado notó en los rostros de ambos que algo no marchaba bien.

— ¿Por qué no vamos a la cocina y les sirvo algo de té? —dijo lo más alegremente que pudo tratando de animarlos.

Al escucharla, la adolescente quiso gritarle que ese no era el momento para sentarse a tomar té, pero se contuvo, el panorama era bastante incierto y cualquier cosa podía suceder, no era momento de peleas innecesarias. En silencio los tres ingresaron a la casa, la rubia dispuso todo para cumplir lo prometido mientras comenzaba a preguntar qué sucedía.

— Dudo que haya algo que podamos hacer, excepto disfrutar nuestra compañía —señaló la mujer de cabello rubio después de que su esposo le explicara la situación.

La chica miró a su madre y por primera vez en su vida deseo tener su carácter, ser como ella y en lugar de estar atormentada pensando en el próximo fin, tener la calma necesaria para seguir sonriendo como si hubiera un mañana.

El sonido cercano de una voz desconocida volvió a todos a la realidad, el Dr. Briefs se levantó rápidamente de su asiento y seguido de las dos mujeres entró a la sala de estar, la señal de televisión había vuelto y un nuevo presentador se encontraba dando las noticias más recientes.

— Hace apenas unos instantes el ejército se ha enfrentado sin éxito a los alienígenas, los pocos sobrevivientes de la masacre han traído un mensaje con ellos, a cambio de cesar los ataques los extraterrestres han solicitado reunirse con los personajes más destacados de la comunidad científica en la zona donde aterrizaron sus naves, de no cumplir con su demanda en las próximas horas aniquilarán todo rastro de nuestra civilización —anunció el reportero con expresión sombría.

Un silencio sepulcral lleno la habitación, todos sabían lo que eso significaba.

— No tienes que hacerlo —exclamó la chica apagando el televisor— Esos alienígenas ni siquiera saben que existes.

— Cierto —respondió el científico— Pero aún así iré.

— Quédate aquí cariño, no te pongas en peligro —pidió la rubia.

— Mamá tiene razón, estoy segura que esos monstruos van a asesinarnos de todas maneras, es mejor que permanezcamos juntos el tiempo que nos quede, ¿No crees?.

— Necesito averiguar que sucede, tal vez haya una oportunidad para nosotros —dijo el Dr. Briefs para tranquilizarlas.

— ¡Debe ser una trampa!, por favor no lo hagas —pidió la joven al ver a su padre dispuesto a dirigirse a la salida.

Él científico sintió los brazos de su hija rodeando su espalda en una súplica silenciosa, con cariño tomó una de las manos de la joven y la acarició, luego se dio la vuelta para fundirse en un abrazo con las dos personas más importantes de su vida.

— Estaré bien —prometió el hombre tras besarlas a ambas y luego con paso decidio abandonó la habitación.

La rubia abrazó a la adolescente para que no corriera tras el científico, quien antes de abordar su aeronave volvió la vista hacia ellas solo para notar que sus ojos estaban llenos de lágrimas, en un esfuerzo les sonrió y antes de que el valor lo abandonara les volvió la espalda y encendió el motor.

Unas horas más tarde y sin dejar de pensar en lo que le esperaba, el Dr. Briefs aterrizó en el área poblada de esferas blancas, apenas descendió de su nave un hombre corpulento se acerco a él, sin darle tiempo de decir nada lo tomó del brazo y lo llevó hasta donde se encontraban algunos rostros conocidos. Después de unas horas que parecieron eternas, el cerco formado por los alienígenas alrededor de los científicos se abrió.

— ¿Son todos? —preguntó un hombre joven de aire arrogante, al contemplar el reducido grupo.

— Al parecer, alteza —respondió otro respetuosamente.

— Entonces me parece que este planeta no vale la pena, tal vez deberíamos eliminarlos de una vez —dijo el joven con una media sonrisa.

Los presentes se estremecieron al escucharlo, segundos más tarde una voz nerviosa llamó la atención del guerrero.

— ¿Por qué no nos dices, qué es lo que quieren de nosotros? —preguntó el Dr. Rhyu, famoso científico conocido por sus avances en el campo de la genética.

El joven de cabello puntiagudo le dirigió una mirada gélida al científico. De ser otras las circunstancias lo habría eliminado por su insolencia al no dirigirse apropiadamente a él, pero ahora no podía darse ese lujo, así que haciendo acopio de su escasa paciencia procedió a responder.

— Queremos conocer sus avances tecnológicos, si alguno vale la pena entonces les daremos la oportunidad de colaborar con nosotros, de no ser así…

— Van a eliminarnos como dijeron antes —interrumpió el Dr. Gero, especialista en ingeniería robótica del Ejército Red Ribbon.

— Venimos en paz —respondió Vegeta riendo para sus adentros, esta especie le parecía de lo más divertida.

— ¿En paz? —señaló con ironía el Dr. Gero— Han destruido al ejército y lanzaron una amenaza para traernos aquí, eso no parece muy pacífico de su parte.

— Lo es —aseguró su interlocutor con un tono de voz que denotaba que hablaba en serio— No los dañaremos si hacen exactamente lo que les pedimos.

— ¿Por qué habríamos de creer que es verdad lo que dice? —insistió el científico.

— Porque no tienen otra opción —respondió maliciosamente el príncipe— Nuestro poder es infinito, lo controlamos todo, nosotros decidimos quién vive y quién muere en esta galaxia.

No hacía falta leer entre líneas para comprender la amenaza que representaban las palabras del que parecía ser el líder de los alienígenas, por lo que los científicos se miraron sin pronunciar palabra. Vegeta los analizó a todos, casi podía oler el miedo que sentían.

— Recuerde el objetivo alteza —murmuró un hombre cuya altura sobrepasaba por mucho a la de su príncipe.

— Suficientes explicaciones terrícolas —anunció Vegeta tras meditar en las palabras de Nappa— Podemos hacer esto de la manera fácil, o podemos destruirlos en este instante y buscar otro planeta. Personalmente, preferiría llegar pronto a un acuerdo que nos beneficie a todos, antes de que se acabe mi paciencia —exclamó el príncipe formando una bola de energía en su mano y lanzándola hacia una gran formación de rocas que quedo vuelta polvo al instante.

El espéctaculo atemorizó a los presentes, aquel sujeto acababa de dejar más que claro lo sencillo que sería asesinarlos si se lo proponía.

— ¿Qué tipo de acuerdo nos ofrece? —preguntó el Dr. Briefs, tras meditar en lo que ocurría, si existía la oportunidad de establecer una negociación, la tomaría, de ninguna manera iba a permitir que su esposa e hija murieran a manos de aquellos desalmados seres, haría lo que fuera por protegerlas.

— Tienen dos días para mostrarme que su tecnología se encuentra al nivel de mi imperio, si logran convencerme en ese tiempo haremos un trato, respetaré su planeta y nos marcharemos sin causarles daño, de lo contrario... esa parte no necesita más explicación ¿o si?... después de todo ustedes son las mentes más brillantes, estoy seguro que entienden a lo que me refiero —dijo Vegeta con una expresión sarcástica en su rostro— Pueden marcharse ahora, los veré aquí mismo cuando se cumpla el plazo —finalizó con prepotencia antes de darles la espalda y volverse hacia sus naves.

El cerco de soldados alrededor de ellos se dispersó, y uno a uno los científicos fueron regresando a sus naves. El Dr. Briefs estaba también por marcharse cuando una idea cruzó por su mente al mirar las esferas blancas a su lado.

— ¿Qué cree que está haciendo? —preguntó el soldado al hombre de cabello lila que se encontraba de rodillas examinando su nave.

— Debe ser incómodo viajar ahí considerando su estatura —respondió el Dr. Briefs como si nada.

Vegeta que se encontraba no muy lejos de ahí, escuchó al anciano y se acercó, curioso de saber lo que este tenía que decir.

— Yo podría construir una nave mucho mas espaciosa y perfectamente adecuada a sus características corporales —señaló tras estudiar las estructuras de la esfera.

— No me hagas reír anciano —exclamó el príncipe después de escucharlo— Diseñar una nave como esta le toma al menos un mes a nuestros mejores científicos, no hay forma de que tú la mejores en tan solo dos días.

— Si empezara de cero no —admitió el científico— Pero si me permite llevarme una de estas naves, podría crear un prototipo basándome en ella que resulte funcional.

— ¿Qué te hace creer que voy a permitir eso? —preguntó Vegeta de nuevo curioso por la reacción de su interlocutor, quién solo exhibió una sonrisa tranquila y confiada por toda respuesta. Después de meditarlo unos segundos el príncipe soltó una carcajada— Has logrado despertar mi interés anciano, te daré la oportunidad de que me demuestres que tu cerebro es tan rápido como tu lengua.

El Dr. Briefs mantuvo su expresión serena, sabía que quizá había actuado impulsivamente pero a la vez estaba seguro que podría cumplir con lo ofrecido.

— Elige la que prefieras —señaló el príncipe mientras el terrícola se dirigía hacia la fila de esferas— Pero no olvides que mis naves son muy valiosas y si destruyes una sin ningún sentido estarás en problemas —su interlocutor asintió consciente de lo que hacía— Vamos toma la que quieras —apremió Vegeta divertido esperando ver la manera en que el científico se las arreglaría para llevarse una nave tan pesada con ese nivel de poder tan insignificante.

No solo Vegeta se preparaba para mofarse a costa del anciano, varios de sus soldados se habían aproximado a contemplar el espectáculo. El peso de la nave era de casi una tonelada, para ellos era muy fácil mover algo de ese peso, pero para un hombre con una sola unidad de poder era imposible.

Al ver los rostros a su alrededor el Dr. Briefs pudo adivinar lo que pensaban, sin inmutarse extrajo de su bolsillo el contenedor de cápsulas que había guardado en su bolsillo al enterarse del ataque. Tras leer algunas de las etiquetas, separo dos de los pequeños tubos metálicos, tomó el primero que tenía una etiqueta color azul, apretó el botón y de inmediato lo lanzó a unos metros de él.

Las expresiones de burla se borraron cuando la pequeña nube formada por la explosión se disipó dando paso a un robot de casi dos metros, sin darles tiempo de salir de su asombro el Dr. Briefs tomó la segunda cápsula y repitió el procedimiento, esta vez ante los ojos de sus espectadores apareció una caja metálica del doble de tamaño de la esfera, el científico abrió la puerta de esta y luego se volvió al robot.

— Coloca la nave aquí —ordenó el Dr. Briefs a la enorme máquina, que procedió a tomar la esfera más próxima y ejecutar la acción requerida en menos de un minuto.

Una vez que el robot cumplió con su indicación el científico cerró la puerta, después oprimió un botón al costado de la caja, se escuchó un sonido y se formó una nube de nuevo, un segundo más tarde había solamente un pequeño tubo metálico en el suelo. Sin perder tiempo el Dr. Briefs repitió el procedimiento anterior con el robot, recogió ambas cápsulas y mientras las guardaba de nuevo en su contenedor miró divertido a los alienígenas, sus caras habían pasado de la burla al asombro.

— Nos veremos en dos días —dijo el científico al tiempo que se disponía a abordar su nave y marcharse.

Vegeta observó al anciano permaneciendo pensativo por un minuto, luego se acercó al más joven de los soldados que lo acompañaban.

— Vigila al terrícola de cerca, si hace algo para traicionarnos mátalo de inmediato —ordenó fríamente.

El joven asintió, hizo una reverencia y salió volando tras la nave.

Unas horas más tarde la adolescente de cabello azul escuchó el sonido de un vehículo, rápidamente llamó a su madre y ambas salieron aprisa al jardín.

Kakarotto observó desde la distancia al anciano descender de su nave, miró la extraña construcción semiesférica, le parecía curioso que alguien pudiera habitar en un lugar tan extraño.

Al encuentro del anciano salieron dos mujeres que lo abrazaron y besaron con euforia, el guerrero fijó su vista en la más joven, en sus quince años de vida había conocido muchas féminas de distintas razas y edades, pero nunca una que llamara verdaderamente su atención. "¿Qué me sucede?, ¿por qué no puedo dejar de mirarla?", se preguntó al tiempo que experimentaba una nueva sensación que no sabía describir por ser nueva para él.

Ajenos al muchacho que los observaba, la familia entró a la casa. El Dr. Briefs abrazó a su esposa e hija mientras les relataba lo sucedido durante su encuentro con los alienígenas, hubiese querido quedarse más tiempo con ellas, pero el tiempo apremiaba y tenía que terminar la nave antes de que el plazo se cumpliera, por lo que después de abrazarlas cariñosamente se dirigió a su laboratorio.

No habían pasado más que unos cuantos minutos cuando su hija irrumpió en la habitación para ofrecerle su ayuda. El científico sonriendo aceptó de inmediato, sus posibilidades de conseguir lo prometido se incrementarían si contaba con ella, su hija era brillante y conocía ese tipo de tecnología desde siempre.

Fiel a las órdenes del príncipe, Kakarotto no perdió de vista los movimientos del anciano y mucho menos los de la joven de cabello azul, permaneció pendiente de todo hasta el momento en que el plazo se cumplió. Al segundo día de trabajo, un agotado Dr. Briefs se despidió nuevamente de su familia, apenas había logrado terminar la nave y esperaba que el prototipo que iba a presentar fuera suficiente para lograr un acuerdo que le permitiera salvar sus vidas, alentado por este último pensamiento subió a su nave y se dirigió al lugar donde residían ahora los alienígenas.

— Alteza —pronunció Kakarotto inclinándose ante el joven— El anciano está por llegar, ha cumplido su palabra, yo mismo lo vi construir la nave que le prometió.

— Bien —respondió este secamente— Ve con los demás y prepárate para la presentación.

Haciendo otra reverencia el muchacho se retiró, no había pasado mucho tiempo cuando el sonido de una nave lo alertó. Todos sus compañeros de escuadrón miraron el descenso, curiosos de saber que nuevos inventos traerían los científicos para tratar de impresionar al príncipe.

Durante sus misiones los guerreros habían comenzado a disfrutar cada vez más de aquel pequeño espectáculo, los científicos creaban varios artefactos que realizaban las tareas más diversas, algunos conseguían el objetivo y entonces el príncipe les ofrecía formar parte de su imperio en Vegetasei, otros fracasaban lastimosamente y eran asesinados ahí mismo, apostando quién lo lograría esta vez y quién no, los soldados se divirtieron mientras los científicos se presentaban ante Vegeta.

— Más te vale que me impresiones anciano —dijo el príncipe al Dr. Briefs cuando llegó su turno— O terminaras como ellos —añadió señalando la pila de los desafortunados hombres que habían pasado antes que él.

Ante los ojos del joven el científico soltó una cápsula, de ella salió una enorme nave semejante solo en su forma esférica a su predecesora, abriendo la compuerta el hombre de cabello lila le ofreció al príncipe que entrara. Vegeta accedió a la nave, al centro de esta se encontraban los acostumbrados controles de navegación, guardando una sonrisa de satisfacción para sí mismo, el príncipe comprobó que el funcionamiento de la nave era óptimo.

Kakarotto observó al príncipe salir de la nave, su rostro seguía inmutable como siempre lo cual lo inquietó, por algún motivo que escapaba a su comprensión deseaba que el anciano lograra la aprobación de Vegeta para que la joven de cabello azul pudiera conservar su vida. Para su alivio el veredicto final fue satisfactorio y el príncipe le ofreció al anciano un puesto en el centro científico de Vegetasei.

— Solo tengo una condición —respondió aquel— Mi hija y mi esposa deben venir conmigo.

— Yo soy quién pone las condiciones aquí —replicó molesto Vegeta al tiempo que se acercaba amenazadoramente al terrícola.

La figura de un joven se interpuso inesperadamente entre ambos.

— Majestad, creo que es importante que sepa que la hija de este hombre contribuyó también en la construcción de la nave —intervinó Kakarotto con el tono de voz más neutral que le fue posible.

Vegeta se detuvo al escuchar a su soldado, deseaba matar al científico por su osadía pero a la vez sabía que la tecnología que él les podría proveer valía la pena como para conservarlo con vida. Si la hija era igual de capaz que el padre, bien podría considerar la opción de llevarla también.

Haciendo un gesto a uno de sus soldados, el fue apartado del círculo, con esto quedaba claro que había pasado la prueba, Vegeta llamó entonces al siguiente científico. El resto de la tarde fue larga, solo tres más aparte de él lograron cumplir con las exigencias del próximo soberano de Vegetasei y recibir la misma oferta.

Para cuando la noche estaba por caer, los elegidos fueron escoltados a sus hogares por algunos soldados. La instrucción era simple, los científicos solo debían llevar consigo aquello que fuera necesario para continuar con sus investigaciones tecnológicas.

El Dr. Briefs vio marchar a sus colegas, parecía que el líder aún seguía sin decidir lo que haría con él. Tras unos minutos que parecieron una eternidad, el guerrero por fin le habló.

— Es tu día de suerte anciano, te concederé lo que me pediste —dijo el príncipe— Tienes hasta mañana para prepararte para el viaje.

El Dr. Briefs asintió, y después de que se le asignara un escolta se marchó a su hogar para alistarlo todo.


Hola a todas (os), creí que nunca volvería a actualizar esta historia pues por largo tiempo perdí el acceso a la cuenta de fanfiction y no lograba recuperarla. Hoy por azares del destino lo conseguí y heme aquí de nuevo. Espero disfruten este capítulo y las actualizaciones que vendrán. Hasta una próxima entrega.

*Críticas constructivas, dudas, quejas o tomatazos, en los review*