Capítulo V
Paso, paso, de tus labios
Y de tu mágica forma de andar
(Sin tu piel - Nil Moliner)
Mi padre insistió en ir al funeral en el auto que había alquilado, así que junto con Edward íbamos en otro auto.
—Tendremos que desviarnos un poco, debo ir a la oficina— ¿Qué?
—Estamos de camino al funeral de tu padre, cualquier cosa de trabajo puede esperar— Edward negó. —No es por trabajo, debo sacar algo de ahí— no estaba en posición de pedir más explicaciones así que dejé el asunto por la paz.
En cuestión de media hora Edward bajó con un paquete envuelto con un lazo desgastado.
Sentía demasiada curiosidad que casi salía por mis poros, pero me negaba a cuestionarlo.
Al llegar Rosalie se acercó a nosotros.
—¿Dormiste algo? —le pregunté, ella negó triste. Edward le dio un abrazo.
—Buscaré a mamá— lo notaba algo sospechoso, esa actitud siempre tan hermética era característica de que algo explotaría, solo que no podía calcular nunca el tiempo con precisión.
Seguimos caminando juntas hasta que debajo de un techo recién puesto esperaban que el carro fúnebre apareciese.
—Ayudé a mamá a vestirse temprano, ella tampoco está bien. Solo tengo permiso hasta mañana temprano— comentó justo antes de que se nos acercaran algunas personas.
En cuestión de minutos el carro llegó con varias coronas alrededor, al momento de sentarnos vi a Edward acercarse junto con un chico.
—Quiero a la familia de mi esposa en la segunda fila junto con mis tías, ellas vienen solas. No te olvides de alejar lo más que pueda a las dos personas que te señalé, no quiero problemas como los de ayer— el chico apuntaba todo en su tablet, cuando Edward nos vio nos señaló donde él estaba parado.
—Acá estamos— se giró, pero luego pareció recordar algo.
—Pierce leeré el testamento hoy, tendrá un viaje y debemos acabar con eso también— me quedó mirando.
—Me solicitó expresamente que debías estar presente— indicó, asentí algo extrañada.
Lo vimos irse seguido por varias personas.
—Ni hoy deja de trabajar— comentó Rosalie, negué. —Ha estado desde temprano así—
La ceremonia fue bastante sencilla, Esme salió a hablar para agradecer la presencia de todos, al bajar Edward la acompañó a su sitio junto a él, por el otro estaba yo.
Ver descender a Carlisle me hizo soltar varias lágrimas Le había agarrado muchísimo cariño desde el momento que nos presentaron, Rosalie y su madre estaban destrozadas, pero Edward se veía más sereno que nunca.
Usualmente se formaba una fila para presentar las condolencias a los familiares, pero Edward se paró bruscamente y tomó dirección hacia adentro de la recepción.
—Está muy afectado seguramente— me dijo una señora la cual no recordaba, asentí.
Dejando de lado mi mejor juicio fui detrás de él, abrí justo la puerta cuando él tomaba asiento.
—Vendrá Pierce en cualquier momento— no tomé a bien que hiciese girar la silla para no verme.
—¿Podrías tener algo de consideración con tu familia? Tu madre está afuera destruida y tú lo único que quieres hacer es seguir trabajando— evidentemente huía de mi mirada.
—Es inútil tratar de hacerte entrar en razón— estaba perdiendo mi tiempo, tomé camino para salir de ahí.
—Tienes que escuchar el testamento…— giré bruscamente. —¡Ya me lo dijiste, estaré acá para el escuchar el puto testamento! — Edward negó.
—Mi papá tiene otro hijo Isabella— solté la chapa de la puerta.
—¿Qué me estás diciendo? — me acerqué nuevamente, estaba segura que los ojos se me saldrían de las órbitas.
—Mi papá tuvo un hijo con otra mujer, es un hombre que tiene varios años menos que yo. No creo que lo recuerdes, pero estuvo en nuestra boda— ¿cómo?
—¿Tú lo sabías? — asintió. —Eso está muy mal Edward, no puedes haber ocultado algo así— le dije.
—No lo supe hasta hace muy poco, literal desde que encontré ese paquete de mierda en la oficina hoy—
—¿Cómo va esa historia? — cuestioné.
—Lo notaba raro antes de su infarto, recuerdo que llegó molesto tiró este paquete y siguió el día. Luego tuvimos que internar a Rosalie, tú y yo nos separamos, todo se volvió confuso hasta que lo encontré abriéndolo, cuando entré lo cerró, pero supe que algo no cuadraba. Le pregunté, pero negó todo…— se paró del escritorio antes de continuar —Hoy Pierce me dijo que ha citado a una persona más, pensé que se refería a ti, pero no… así que hoy viene, mierda Isabella mi madre se va a morir—
—Tal vez sería bueno decírselos ya Edward, estamos perdiendo el tiempo hablándolo entre nosotros—
Tocaron la puerta, era Tanya. —Edward, Wallace ya está acá. ¿Llamó a tu mamá y a tu hermana? —
—Yo iré por ellas— le dije, salí dejando la puerta abierta.
Las encontré a ambas juntas tomando una taza de café, cuando me vieron se quedaron sorprendidas.
—Parece que haz visto a un muerto, come algo— asentí, mecánicamente me comí un bocadito.
—El abogado ha llegado— Esme hizo una mueca. —Eso no urge, ya le he dicho a Edward, pero no entiende— tenía ganas de arrastrarlas yo misma a la oficina.
—Vamos, nos está esperando— Rosalie asintió. —Hay que hacer esto rápido para irnos ya—
Cuando entramos un señor moreno regordete nos esperaba.
—Siento muchísimo su pérdida señora Cullen— Esme aceptó su mano.
Nos quedamos sentados repartidos en dos sillones.
—¿Qué esperamos? — cuestionó Rosalie —Ya estamos todos— añadió.
Miré inmediatamente a Edward quien cerró los ojos con fuerza antes de pararse.
—Estamos esperando a Jasper Hale, el tercer hijo de papá— dicho esto escuché la taza de Esme caer.
—¿Qué mierda estás diciendo? — vi a Esme palidecer.
—No, no… Dios no— repitió varias veces. Edward se paró para sentarse junto a ella.
—Mamá, no conozco la historia completa, pero confío en que la sabremos sino yo mismo me aseguraré que sea así, pero necesito que te calmes, esta persona va a llegar en cualquier momento y no podemos darle lectura al testamento sin ti— Esme asintió.
Rosalie por otro lado rodaba los ojos. —Esto es el puto colmo, ¿cómo puede hacernos esto? —
Justo tocaron la puerta cuando Edward se sentó a lado mío, sin pensarlo tomé su mano y él entrelazó nuestros dedos.
—Pase señor Hale, justo a tiempo— Wallace parecía que hacia esto a diario porque ni se inmutó.
Cuando lo vi me sonrió directamente —Yo te conozco… aunque no recuerdo de donde exactamente— dijo esbozando una sonrisa de oreja a oreja, sentí todas las miradas en mí. ¿Quién era esta persona?
—Soy Jasper Hale, en primer lugar, siento muchísimo su pérdida. Yo también perdí a mi padre hace algunos años así que sé lo que se siente— tomó asiento cómodamente en el único sofá que quedaba.
Wallace sacó de su file un sobre sellado.
—La última modificación de este se dio hace dos semanas…— empezó a leer las formalidades del documento mientras yo sentía a Edward cada vez más impaciente.
—Entonces, las acciones del Corporativo se dividirán entre los tres hijos y la esposa del difunto, en cantidades iguales. Sobre las propiedades, todas pertenecen a la señora Cullen y están a su entera disposición, con excepción del departamento donde reside el joven Jasper que pasará inmediatamente a su nombre. Del fondo común del matrimonio se dispondrá de una suma considerable para las organizaciones que siempre apoyó el difunto. Finalmente, se determinó que, para su nuera, Isabella Swan, sería su colección entera de libros, sin excepción alguna. Ahora, procedo a repartir estas cartas, hay una para cada uno de sus hijos y una para la señora Cullen—
Wallace continuó con algunas formalidades hasta que finalizó.
—Gracias— dijo la madre de Edward, tomó su carta.
—Rosalie, vámonos— la rubia le siguió los pasos quedando Wallace, quien ya se iba, Edward, yo y el susodicho.
—¿Podemos hablar Jasper? — preguntó Edward, este le sonrió de vuelta. ¿Debajo de qué piedra vivía este chico?
Despedí a Wallace quedándome sola en esa oficina. Estaba a tres segundos de vomitar.
Iba de salida cuando vi a Edward a través del cristal, conversaba con Jasper. Me apoyé en el marco de la entrada, tal vez sería el primer paso para un nuevo capítulo de la familia…
Lo siguiente fue ver como Edward le pegaba un puñetazo a Jasper en la nariz, evidentemente el pobre se intentó defender, pero Edward fue más rápido, esquivó su golpe y le propició una patada.
Es que yo era la persona más estúpida que había cruzado la faz de la Tierra.
Ni si quiera avancé, además estaba conteniendo la risa. Edward caminó hacia a mí para ofrecerme su brazo.
—Creo que es momento de irnos— lo tomé resignada.
Cuando estuvimos en el auto Edward sacó el famoso paquete.
—Míralo, hay varios de nuestra boda— todo el camino de regreso analicé imagen por imagen, todas eran sobre la crianza de Jasper, al parecer vivía en la ciudad también, pero contaba con un lugar en el rancho. Cuando llegué a las de nuestra boda, me quedé mirándolas fijamente sorprendida.
—Supuse que era invitado— Edward negó.
—Era el puto payaso de la fiesta— dije sorprendida. Recordaba que Edward se negaba a tener una hora loca, pero yo sí quería así que la wedding planner contrató el show.
—Era el puto payaso de la fiesta— repitió Edward. No me quedó más que reír.
—No aprecio la broma en estos momentos Isabella— tuve que controlarme.
—Edward, ese chico no quiere nada de ti, ya tiene el departamento. Solo debes comprar su parte y listo—
Me quedó mirando después de sacar los ojos de su teléfono.
—Cariño, ya lo ofrecí. Su respuesta fue un 'lo pensaré', por eso lo golpeé—
No me podía imaginar que podría querer Jasper.
—Resulta que el niño estudia negocios en la Universidad de Pensilvannya— mierda.
—Edward, ¿tú no estudiaste ahí? — asintió.
—Cuando necesité mi carta de recomendación mi papá me obligó a ir con él a una gala benéfica y yo mismo tuve que pedírselo a un amigo de él que fue senador; a Jasper se la escribió el mismísimo vicepresidente de este país— tuve que ver el rostro de Edward de tristeza así que me acerqué a él.
—Edward tú eres su hijo, deberías leer su carta. No debes sentirte inseguro por Jasper— acaricié su rostro hasta que lo vi sonreír.
—Hablando de Jasper— hizo énfasis en su nombre— ¿De dónde lo conoces? — cuestionó.
—No tengo la menor idea, tal vez de la boda— Edward aprovechó nuestra cercanía para colocar su brazo por mi cintura.
—Esto es tan típico de mi padre, es como cuando estoy a punto de salir de la oficina y llega un mail que me regresa— ambos reímos.
—No pasa nada, solo mantenle un ojo y no lo golpees más por favor— me hizo una mueva— Eso no lo prometo.
Nos tuvimos que separar porque le llegó una llamada, cuando terminó giró su rostro hacia mí.
—Tu papá acaba de pedir la avioneta para regresar.
No se necesita un genio para saber la siguiente pregunta.
—¿Te vas a ir con ellos?
—Ya sabes la respuesta.
Me limité a decir, permanecimos en silencio luego de eso. Cuando llegamos Edward subió conmigo en el ascensor. Recordé lo que me contó Rosalie, vi como cerró sus ojos con fuerza y sus puños los escondió en sus bolsillos, al sonido de entrada los abrió.
Mis padres estaban esperando por nosotros.
—Edward muchísimas gracias por recibirnos en tu casa, pero es hora de retirarnos— Edward aceptó la mano que le dio mi padre.
—Saben que mi casa es su casa, ahora mismo haré las coordinaciones— subimos las escaleras.
Al entrar a la habitación se metió directamente al baño. Yo tomé mi mochila para cambiarme, cuando tuve puesto mi overall gris dejé todas joyas que cargaba en el velador de noche.
Me debatí entre tocar o no, tampoco sabía que podría decirle si lo tuviese al frente.
—Gracias Edward, cualquier cosa me puedes escribir.
Al no recibir respuesta cerré con cuidado la puerta.
Al cabo de algunas horas estuvimos de regreso al frío de Forks.
La semana casi llegaba a su término así que nos ocupamos que la feria estuviese lista para el domingo, Jacob y Ángela se ofrecieron a ayudarnos.
—Estuviste desaparecida— agradecía que no nombraran mi aparición televisiva, aún conservaba esperanzas que no se hubiese visto pero cuando Jacob me evitó la mirada por segunda vez supe que él sí lo había visto.
—Déjame decirte que entré a la página que me recomendaste, me he matriculado ya en tres cursos. Incluso … — Ángela tomó mi brazo para recorrer lo que ya estaba armado.
Todo se veía espectacular, probamos las luces para comprobar que para la noche del domingo funcionaran.
—¡Bella! — llamó mi madre.
Tanto mi hermana como yo fuimos a su auxilio, pero cuando llegamos ella estaba parada frente a un carro.
—¿Qué es esto? — preguntó Alice.
—Pensé que no íbamos a recibir más donaciones— agregué.
—No dicen de quién es— dijo mi madre.
Cuando nos abrieron las puertas había una cantidad de regalos envueltos.
—Podemos utilizarlo para la tómbola mamá— esta asintió.
—Todo sea por la comunidad—con eso llamamos a más personas que nos ayudaron a bajarlos.
Eran casi la medianoche cuando llegamos a nuestra casa.
—Veré la repetición del partido con papá— dijo Alice, tanto mi mamá como yo nos fuimos directo al segundo piso.
—Bella, me imagino que todo esto debe haberlo mandado Edward— rodé los ojos.
—Imposible, no es su estilo. Si quisiera apoyarte te hubiese mandado un cheque— dicho eso entré al cuarto de baño para asearme antes de dormir.
Me abracé a mi almohada hasta que me quedé dormida.
La mañana siguiente inicio con los gritos de mi madre al suponer que llegábamos tarde cuando a penas eran las 7 de la mañana.
—Niñas, les juro que su madre me volverá loco— dijo mi padre cerrando la puerta del carro para irnos.
Al mediodía empezaron a llegar las personas. En nuestra comunidad casi todos nos conocíamos ya sea por haber estudiado en el mismo colegio o trabajar juntos.
Mis compañeros de la universidad llegaron juntos con toda la intención de pasar un buen rato.
—¡Bella! — gritó Jessica mientras venía con sus tres niños y su esposo.
—Todo está divino— me dijo.
El domingo en la Iglesia obtuvo un significado distinto porque esta vez todo lo recaudado se donaría al centro de niños huérfanos que se había abierto recientemente.
Cuando Ángela y Jacob llegaron juntos me alegré de verlos, aunque él seguía extraño conmigo.
—¿Quién es esa persona? — preguntó él, al girar vi a un hombre de chaqueta oscura merodeando.
—Ni idea, tal vez no sea de acá. Leí que hoy habría caminata—justifiqué.
La tarde siguió su curso, me encargué personalmente de reponer cada vez que un postre se acababa. También participé en la tómbola con varios amigos del colegio.
Entrada la noche casi todo había finalizado, solo faltaba el espectáculo musical.
Mi hermana quedó embelesada con el cantante principal.
—Eres tan básica Alice— ella me miró mal.
—Claro, tus estándares son más altos— fue mi turno de rodar los ojos.
Terminé acompañándola a que se tomara una foto con ellos. Luego me fui al stand de bebidas para pedir un té.
—Bonita velada— cuando volteé me topé con el hombre que daba vueltas solo.
—Gracias, como comunidad es importante apoyar a los más necesitas— lo más diplomáticamente posible pagué mi té y empecé a caminar en dirección opuesta.
—Interesante no ver a su esposo por acá— traté de mantenerme parca, me giré para verlo con mi mejor sonrisa.
—Interesante va a ser que mi esposo se entere que andan siguiendo a su esposa cuando hemos sido claros en permanecer fuera del foco mediático— dicho esto continué mi camino.
Entonces el susodicho era periodista husmeando donde no le importaba. Pensé en llamar a Edward, pero no recurría a él solo por un tonto.
Jacob me sorprendió abrazándome por atrás.
—Tu familia ha hecho un trabajo increíble— me dijo. Tomé su brazo.
—Hey, sé que las cosas están un poco raras entre nosotros, pero en verdad te estimo muchísimo Jacob— este dudó en seguir abrazándome así que se alejó.
—Me hubiese gustado enterarme de parte tuya que estás separada en estos momentos— asentí.
—Lo sé, pero aprecio mucho mi privacidad, no exijo del resto conocer su historial amoroso porque no me incumbe— fue su turno para asentir.
—Dicho esto, ¿me darás una oportunidad? Solo una cena, nada de compromisos a largo plazo— tragué en seco, esto no estaba yendo como lo había maquinado en mi cabeza.
—Está bien— contesté, lo vi sonreír, traté de imitar su sonrisa, aunque las dudas me comían por dentro.
Me acompañó al auto de mi padre para esperar a mi familia.
—Será interesante saber cuánto se ha recaudado— le comenté, había visto muchísimas personas.
—Seguramente más que el año pasado, debo admitir que el pintado de las mesas me quedó muy bien. Incluso el pequeño dejó su huella por ahí— sonreí al recordar a su sobrino.
—Es una bola de grasa con cachetes— Jacob rió. —Lo sé, literalmente podría estar comiendo todo el día—
Inevitablemente algo había cambiado entre los dos, podía notarlo por la forma descarada en la que se acercaba ahora. No podía negar que me desagradara del todo, pero era complicado para mí, tal vez si el dragón no siguiese dando vueltas por mi cabeza…
Mi madre llegó cargando una caja, Jacob se ofreció a ayudarla y la acomodó detrás.
—¿Qué traes ahí mamá? — mi madre se avergonzó.
—Es que las magdalenas de la señora Newton están buenísimas, he comprado unas cuantas— tanto Jacob como yo nos reímos.
—Vámonos ya, estoy cansada— ambas nos despedimos de Jacob, entramos al auto e hicimos tocar la bocina para que mi padre y mi hermana apareciesen.
Los días siguientes fueron ocupados para mí porque la cena de acción de gracias se acercaba y debía trabajar intensamente en la librería, un miércoles Jacob me llamó para quedar a cenar.
Mi turno terminó un cuarto para las seis, Jacob me esperaba puntual a la salida. Nos besamos en la mejilla.
—¿Lograste entregar la silla? — desde la noche de la feria Jacob y yo nos habíamos mensajeado varias veces, me empezaba a sentir un poco más cómoda.
—Sí, mi padre me terminó ayudando. Hemos pensado en abrir de nuevo la mecánica, pero nos faltan manos— comentó mientras manejaba.
—¿Qué tal tu turno? — preguntó.
—Ya puse casi todas las decoraciones, Mike se encargará de afuera así que todo listo— Jacob hizo ademán de tomar mi mano al entrar al restaurante, por instinto la alejé. Lo vi entristecer, pero no dijo nada.
Conocía a Jacob desde la primaria, siempre nos habíamos llevado bien porque nuestras familias solían pescar juntas así que no éramos ajenos al otro. Además, habíamos ido junto con Ángela a nuestra fiesta de promoción, eso último fue idea de ella porque yo solo quería el diploma de egresada.
La conversación con él sí o sí fluía, Jacob había pasado un año entero viajando porque le encantaba escalar así que se distraía contando sus aventuras.
—Y uno acá que ha pisado las montañas una sola vez— le comenté.
—Podemos llegar a La Push por el bosque, conozco el camino— abrí los ojos.
—Mejor en bus como el común denominador— Jacob rió.
—¿Extrañas Washington? — preguntó de repente, me tensé.
—No mucho, es decir, es bonito verlo de noche o cuando cae la nieve, pero aparte de eso es una ciudad más. Tal vez yo no la llegué a conocer mucho— contesté.
—¿Extrañas andar de mochilero? — pregunté de vuelta. Lo pensó unos segundos.
—Un año fue suficiente, me animaría dentro de algunos años seguramente pero primero debo atender el negocio de papá. Además, Sam regresará con Emily pronto así que por fin estaremos todos juntos, justo como mamá hubiese querido— Los hermanos Black eran tres: Sam, Jacob y Rachel.
Habíamos ordenado un plato para cada uno, todo estaba riquísimo.
—¿En verdad no conocías este sitio? —parecía contento al respecto, negué.
—No había entrado, pensé que solo venderían platos picantes— expliqué.
A la salida Jacob se ofreció a llevarme, aunque él vivía para el lado opuesto.
—Ha sido muy bonito, buenas noches— me acerqué a darle un beso en la mejilla.
Entré a mi casa para encontrar a mi hermana nerviosa, recordé que a medianoche recibirían la lista de las personas que podrían acceder a un curso online.
Me bañé rápidamente, bajé y estuvimos junto con mi madre.
—¡Ya! —
Vimos actualizar a Alice varias veces hasta que por fin logró entrar.
—¡Mary Alice Swan Dywer! — las tres gritamos emocionadas.
—¡Felicidades! — le dije, mi hermana estaba al borde de las lágrimas.
Mi madre prometió para el día siguiente preparar una torta de fresa que era la favorita de Alice.
—¿Cómo te fue con Jacob? —preguntó mi hermana antes de entrar a mi cuarto.
—Bien, fuimos a cenar y estuvo... divertido— no pareció convencerle mi respuesta.
—¿Hubo…? — negué. —Estoy tomándome mi tiempo, evidentemente nos llevamos bien porque nos agradamos, pero no sé si en otra forma, no siempre es instantáneo, ¿no? — Alice asintió.
—Claro, a veces toma tiempo además no ha pasado mucho tiempo desde la última vez que viste a Edward— eso era cierto, solo hacia algunas semanas.
—Me voy a dormir— me dijo.
Acción de gracias trajo consigo una escandalosa gripe por parte de mi madre así que mi papá fue el encargado de la cena lo que implicó que compró casi todo.
—Llevamos casi 30 años de matrimonio y aún no sabes hacer el puré de papa— mi padre levantó las manos en señal de rendición.
—No soy bueno en la cocina, hice mi mayor esfuerzo.
—En la cola del supermercado—agregué a lo que mi madre empezó a reír.
—También le compré a Alice las revistas que me pidió— mi hermana bajó corriendo las escaleras.
—¡Pásamelas! — a la misma velocidad subió.
—Alice, te agradecería bajar a ayudar— le dije, lo siguiente que escuché fue el sonoro ruido de su puerta cerrarse. Pasaron varios minutos y entre los estornudos de mi madre y las quejas de mi padre subí molesta para traer a Alice, aunque sea a rastras.
Esta ni se inmutó cuando entré.
—Mira— ella abrió la revista y la puso delante de mí.
Edward Cullen recibe el premio a la innovación empresarial gracias al plan 'Reactiva Washignton'
Se le veía solo sosteniendo otro galardón, era casi similar al de la vez pasada.
—Lee— no logré entender lo primero porque eran términos técnicos, pero se referían a mí casi al final.
A: ¿Qué nos podría decir sobre los rumores de separación que circulan desde hace tiempo?
Fuimos bruscamente interrumpidos por su jefa de publicidad, pero el señor Cullen la detuvo.
B: Cuando tengamos algo que informar lo diremos, por ahora esos son rumores simplemente—
A: Vamos, incluso hay fotos de ella en su ciudad natal—
B: ¿Acaso debo tener a mi esposa amarrada a mí? —
Dicho esto dio finalizada la entrevista.
—Me parece pésimo de su parte no sacar simplemente un comunicado reportando el divorcio, todo está firmado—
No podía decirle a mi hermana que aún guardaba sus documentos firmados en mi armario y que él solo estaba esperando que los mandase.
—Baja a ayudar Alice, no quiero hablar de eso—
La cena de acción de gracias se había arruinado para mí.
No lograba conciliar el sueño cuando un tenue solo se asomó. Mi teléfono vibró.
¿Qué tal Acción de gracias? Nosotros vestimos al bebé de un pavo
Ni si quiera eso logró sacarme una sonrisa.
A mi madre le dio gripe, imagínate tú
La batería estaba demasiado baja así que lo conecté. No sé cuánto tiempo estuve dando vueltas, pero concilié el sueño nuevamente.
—Mi cielo, ¿te sientes mal?, ojalá no te de la gripe como a tu madre— mi padre era un visionario porque en cuestión de una semana caíamos tanto mi hermana como yo, pero mi padre no se salvó porque una semana antes de Navidad le tocó a él.
Mis clases virtuales estaban a punto de terminar, solo me faltaba el examen final para obtener un certificado que me llegaría por FedEx. Jacob se ofreció a acompañarme para recogerlo días después.
—No nos hemos visto desde Acción de gracias— era verdad, había declinado sus invitaciones.
—Lo siento, caímos todos con la gripe— el trayecto lo cubrió Jacob contando el espectáculo que habían montado con su pequeño sobrino mientras Rachel se molestaba.
—¿Te sientes bien? —le di mi mejor sonrisa.
—Hey si algo no va bien puedes contarme— ¿en verdad podía decirle que no me podía sacar de la cabeza a mi esposo?
—No pasa nada Jacob, ya empiezo otro ciclo y ando un poco volada— pareció tragarse mi mentira. Ni bien llegamos al servicio postal me entregaron mi sobre.
—Ábrelo— se me contagió su alegría.
—Bella, muestra algo de emoción. Esto es parte de tu trabajo— le sonreí, pero estaba segura que la alegría no había llegado a mis ojos. No pude evitar mirarlo fijamente.
No podía alimentar falsas esperanzas y menos con él.
—Jacob, no puedo seguir saliendo contigo. Hay muchas cosas que no he solucionado y tú no te mereces eso— no esperé su respuesta porque no podía escucharla. Salí del auto y empecé a caminar sin rumbo.
Terminé tomando el bus de regreso sola, pero era mejor así. No era propio de mi persona andar viviendo en mentiras. Al llegar a casa no había nadie, lo agradecí y subí a mi habitación. Prendí mi laptop para escribir un correo de agradecimiento hacia el profesor del curso, justo cuando había terminado llegó un nuevo mensaje.
¿Tienes tiempo para conversar? Te juro que no te mandaré fotos mías desnudo, en realidad lo has visto todo así que mucho sentido no tiene. Aunque yo siempre soy materia dispuesta. Literal.
Una sonora carcajada salió de mí.
Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Saludos.
