Capítulo VI
Él cae en la tentación porque de mí él tiene curiosidad
(Luna - Lola Índigo)
Mientras me alistaba para la cena de Nochebuena, el timbre que le había puesto a los correos de cierta persona sonó, inmediatamente lo revisé.
Mi madre ha colgado a la mitad del Papa Noel en mi ventana, de vez en cuando se gira para mostrarme su 'paquete'. Lo que no sabe el iluso es que este año le dejaré carbón prendido para que se queme el culo, si a mí me irá mal soportando a Jasper él no se la puede llevar de a gratis; aunque su viaje sea por distintos continentes.
Era imposible controlar el humor de Edward.
Antes de contestarle me di el tiempo de arreglar mi falda, hacía mucho tiempo que no me ponía una; esta era de color negro con una chompa guinda.
—¿Te gusta? — le pregunté a Alice cuando abrió la puerta, esta asintió.
—Se te ve increíble— mi hermana sin permiso tomó mi laptop.
—Quiero imprimir una cosa y la mía tiene mala se…— sus ojos se abrieron como platos, antes de que pudiese decir algo cerré la puerta.
—Alice no grites por favor—
—Que descaro el tuyo, ¿hablas con él? — asentí. —¿Desde cuándo? —
—Unos días después de Acción de Gracias, no puedes decir nada por favor. Ya todos sabemos que papá con gusto le dispararía— ella asintió.
—No puedo creer que no me lo hayas dicho, soy tu hermana Bella— este parecía el mejor momento para sincerarme completamente.
—Te voy a mostrar algo, pero guárdame el secreto. Además, solo conversamos— esta rodó los ojos.
Tomé la caja donde había guardado el sobre manila.
—Son…—Alice los arranchó de mis manos.
—Los papeles de divorcio… nunca los entregaste por eso que aún no es público.
—Bella cuando mis papás se enteren va a arder troya— me lo imaginaba.
—Nuestra pobre madre piensa que te estás ilusionando con Jacob, que ilusa— sin autorización volvió a tomar la laptop.
—¡Bella llevan más de 200 mensajes en menos de una semana! — agradecí que mi madre estuviese pendiente de la cena.
—Esto está muy mal… pero niveles mayores a cuando dijiste que te casarías con él. Es que a los dos les falta tornillos, por eso se atraen— Alice dejó mi laptop a lado.
—No diré nada, pero tienes que tomar decisiones— asentí. No sé que vio Alice, pero antes de irse me dio un abrazo.
—Mierda Bella, te has enamorado demasiado de él. Ojalá que él te corresponda de la misma manera— mi hermana tenía razón.
La princesa de mi cuento había avanzado a pasos agigantados para tomar las riendas de su vida, pero ¿podría luchar a lado del dragón como su igual? No quería regresar a lo antes, no quería estar encerrada en una torre de marfil y salir únicamente para sonreír ante el pueblo. Esa no era ella, ya no.
Si la princesa regresaba sería bajo sus condiciones y exigiendo todo lo que ella daba por el dragón.
Antes de bajar con mi familia me senté frente a mi laptop.
No dramatices, disfruta de la blanca Navidad. Piensa en lo que le vas a pedir a Santa, ojo que no es un asesino a sueldo así que desaparecer a Jasper no cuenta. Feliz Navidad Edward, para ti y toda tu familia.
Lo cerré luego de pulsar 'Enviar'.
Nuestra cena transcurrió sin sobresaltos. Papá relató el arduo trabajo que habían tenido en la estación de policías porque en la mañana había salido a repartir sus canastas a los hogares más necesitados. Finalmente, el postre fue una tartaleta de manzana deliciosa.
La mayoría tenía la costumbre de abrir sus regalos a la mañana siguiente pero mi madre nunca podría soportar tanto tiempo. Yo recibí algunas prendas de parte de ella que había pedido por catálogo y un par de audífonos modernos que no tenían las pitas largas. Vi a mi hermana emocionada cuando abrió su sobre con dinero, sabía que Alice lo necesitaría para poder comprar los programas de diseño.
—Me lo vas a agradecer, tómalo como mi regalo— dijo Alice agarrando mi teléfono.
—Ya te descargué la app para que te lleguen los correos directamente, ya no dependerás de la laptop— me lo dio antes de entrar a su cuarto.
Tú sabes a quien quiero para Navidad, pero Santa me dijo que llega una vez cada diez años a tu pueblo. Me tendré que conformar con que mi memoria no me falle. Feliz Navidad para todos en tu casa y si quieres regalarme algo quítale las balas a la escopeta porque tal vez un día de estos te quedes viuda.
Me cubrí la boca para sofocar mi risa.
Los días siguientes a Navidad me dediqué a regresar al trabajo y a mis clases introductorias, después del primero de enero volvería al ruedo.
Con respecto a Edward estos días nuestro intercambio de correos había disminuido considerablemente porque estaba a punto de cerrar el año y como él es todoterreno no dejaría de trabajar ni un 31 de diciembre; aunque nunca faltaba un mensaje en deseándome buenos días.
Estaba a punto de recibir mi compra en el supermercado cuando mi teléfono vibró, tuve que jugar malabares para lograr contestar.
—Buenas tardes— saludé, del otro lado recibí una carcajada.
—¿Edward? —cuestioné, aunque ya sabía la respuesta.
—El mismo que viste y calza, ¿por qué no pides la compra a casa? —rodé los ojos.
—Porque algunos necesitamos ver lo que compramos y no confío en que … ¿cómo sabes que estoy haciendo la compra? — cuando levanté mi rostro lo encontré caminando hacia mí.
Estuve a punto de saltar si es que no llevase un kétchup en botella de vidrio.
—Te ayudo— tomó las bolsas de mis manos con tremenda facilidad para alguien que nunca había entrado a un supermercado.
—No entiendo… ¿qué está pasando? —pregunté.
—Te voy a explicar lo que sucede, la raza humana se está extinguiendo porque unos dragones están comiéndose a las personas y nos han mandado al último lugar del mundo, ojalá tengamos chance de sobrevivir— le di un golpe en el hombre.
—Es surrealista todo esto, ¿cuándo llegaste? —Edward revisó su teléfono.
—Hace una hora, tu hermana me dijo que estabas acá. No se vio tan feliz de verme, bueno tal vez el sentimiento de tu padre es contagioso— yo tampoco era la persona favorita de Alice ahorita.
—¿Tienes tiempo para comer? — preguntó antes de arrancar el coche.
—Sí, ¿te recomiendo un lugar? —Edward asintió.
—Sigue de frente— en un momento del trayecto Edward tocó mi pierna derecha.
—Un millón de dólares por tus pensamientos— le sonreí de vuelta. Sin saber que decir tomé su mano libre y entrelacé nuestros dedos, pude ver una pequeña sonrisa en él.
—En este nuevo capítulo de nuestro reality preferido: Todo lo que detesto de Jasper, nos confesó en la cena de Navidad que se dedica a la comedia. Pasea ferias en Washington entreteniendo a personas… y yo pensaba que el gen del humor era mío— comencé a reír.
—Primero, mi reality preferido es: ¿Cómo me deshago de Jasper hoy?. En segundo lugar, me alegra que Jasper sea comediante o algo similar, podría colocarlo en misceláneos en el currículum. Imagínate, graduado de la escuela Wharton cum laude y abajo… comediante profesional— Edward llevó nuestras manos juntas para darle un beso.
—Acá dobla a la izquierda— el lugar era un sitio abierto donde pedíamos y teníamos que esperar sentados en bancos de madera.
Antes de bajar del auto recibió una llamada.
—Habla… estoy ocupado. No Jasper, hoy no podemos almorzar juntos— dicho lo último colgó, empecé a reír. Edward pasó un brazo por mis hombros.
—Eres cruel, es como un maldito apéndice— pedimos unas hamburguesas gigantescas.
—Isabella, no sé qué tan buena idea es esto… es demasiada carne para mí y yo no suelo decir eso— reí.
—Si queda te lo llevas, pero son deliciosas eso sí es solo una vez al mes— Edward se quedó mirando a alguien detrás de mí.
—Creo que te quieren saludar, pero no saben cómo… es una chica de lentes— giré para encontrarme con Ángela. Esta se acercó tímidamente.
—Acompáñanos por favor— le dije, esta dudó, pero terminó aceptando. Me dio un abrazo al sentarse.
—Edward Cullen, ella es mi amiga Ángela— Edward asintió —Un gusto Ángela—.
—Hey, te mandé un mensaje ayer— no lo recordaba.
—Lo siento, ayer tuve clases hasta las 10 y llegué directo a dormir— me excusé.
—Era para ir hoy a una presentación fotográfica en Seattle pero no sé si tienes clases hoy— hice un puchero.
—Sí tengo, introductorio de Filosofía; igual debemos quedar en salir después de fiestas, tal vez comer una pizza— está asintió.
—Totalmente, aunque seríamos las dos, Jacob ha viajado con su hermano— interesante.
—Además no contesta mis llamadas ni mis mensajes desde hace varios días. Bueno, los dejo almorzando. Un gusto Edward—
—Igualmente— Ángela subió a su auto con su pedido en mano.
—Esto está riquísimo— dijo Edward antes de dejar la mitad a un lado. Rodé los ojos.
—¿Ella es tu amiga de colegio? —asentí.
—Al igual que Jacob, recuerdo que me contaste sobre un cumpleaños donde él casi bota la torta de ella— volví a asentir.
—Isabella, cuéntame que cruza tu cabeza— pidió.
—Hemos estado saliendo los tres, pero Jacob se ha molestado conmigo… no sé si molestado es la palabra correcta, pero por lo menos a mí tampoco me contesta los mensajes— Edward se quedó pensativo.
—Picaré el anzuelo, ¿por qué está molesto Jacob contigo?, siendo completamente honestos no conozco a muchas personas que se puedan molestar contigo— entrecerré los ojos.
—Tú, por ejemplo, siempre que discutimos te molestas conmigo— tuvo el descaro de negar.
—No me molesto contigo, me molesta que discutamos, pero… hey, no me vas a distraer, ¿por qué está molesto Jacob? — luego de darle un sorbo a mi botella de agua dejé todo a un lado.
—Intentamos…—Edward abrió los ojos como plato—Mierda— dijo.
—Empezamos a salir, pero… le dije que no quería seguir saliendo con él. Le he estado mandando textos y no me contesta, así que solo me queda esperar—
Edward sujetó mi mano suelta encima de la mesa.
—Isabella si estás segura que no quieres nada con él, le haz echo un favor en no darle falsas expectativas. Pero si hay…— lo sentí titubear. Era una de las pocas veces que lo sentía inseguro de lo que diría, la última vez fue cuando me pidió matrimonio.
—No estaría mal que le diese…— soltó mi mano de repente.
—Isabella tú sabes que nunca te he mentido. Siento alivio que no te guste, pero si lo mejor para ti es darle una oportunidad no tendría que haber problema—
¿Cómo le decía que no podía darle una oportunidad a nadie que no fuese él?
—¿También aplica para ti? —pregunté. Edward negó.
—Pensé que al día siguiente de darte los papeles firmados recibiría la notificación del abogado sobre nuestro divorcio, mientras sigas guardando ese ticket me sujetaré a él como si mi vida dependiese de ello Isabella— el corazón casi se me sale del pecho.
No agregué más.
—¿Te llevo a tu casa o te dejo en la universidad? —preguntó él. Recordé mi compra del supermercado.
—A mi casa, yo te indico— de camino, nuestros silencios casi nunca eran incómodos, pero este sí lo era.
—¿Doblo acá? —asentí. Cuando se estacionó abrí la puerta, luego la cerré.
—La próxima vez que vengas avísame para esperarte— me acerqué a darle un beso en la comisura de los labios, de reojo vi como sonrió.
Tardé poco en ordenar todo lo que había comprado, luego me alisté para irme a clases. Alice entró sin tocar a mi habitación.
—Entonces, estoy yo tranquila limpiando el porche cuando el cobarde de tu aún esposo baja la luna de su auto para llamarme, imaginarás mi cara. ¿Qué quería? —dijo todo esto tan rápido que entendí la mitad.
—Almorzamos juntos, solo eso— le respondí.
—¿Se te declaró? …. De nuevo— dijo ella.
—No así, me dijo que mientras no mande los documentos él seguirá merodeando— Alice estaba a punto del colapso.
—Eso es una declaración para tu esposo Bella, ¿cuándo se lo vas a decir a nuestros padres? —
—No sé Alice, es que no sé qué debo decir— me sinceré con ella.
—¿Estamos en algo? Papá es capaz de prohibirme verlo y todavía vivo en su casa— Alice se quedó pensativo.
—Bella tienes que hacer algo, esta vez me vio a mí sola, pero si hubiese mamá otra historia estaríamos contando, probablemente la de su funeral—
El ciclo en la universidad empezaba no tan sencillo, era inevitable llevar matemáticas y a mí no me gustaban; incluso en la clase introductoria debíamos resolver ejercicios bases para la siguiente semana.
—Agradezco que mi esposo sea ingeniero, tiene tarea este fin de semana— dijo Jessica ni bien salimos.
Esta se ofreció a llevarme a mi casa porque se encontraría con su esposo a pocas casas de la mía.
—¿Cómo te trataron las vacaciones? Te vi en el centro, pero no me pude acercar— el problema con Jessica era que siempre tenía algo que decir.
—Estuve estudiando en línea, también fue a Seattle un par de veces de compras—
El tiempo que tardé en llegar a mi casa succionó años de vida.
Mi papá llegaba justo con un pastel para nosotros.
—Cariño, te prometo que la próxima semana te recojo. Está nevando horrible— le di un beso en la mejilla.
—¿Qué tal hoy? —preguntó mientras entrábamos.
—Todo tranquilo, normal— intentar que mi voz no saliese como pito cuando mentía era imposible.
Una vibración me hizo sobresaltar, estaba poco acostumbrada a que mi teléfono sonara.
Cuando me acusen de asesinato te agradeceré negarte a hacer comentarios para el documental de Netflix.
Sofoqué mi risa mientras cenábamos, me excusé para poder responder.
¿Con quién mierda me casé?
Hice alusión al famoso programa de televisión que me gustaba ver por youtube.
Mi año nuevo trajo a mi padre con las famosas frases como: 'No te he visto desde el año pasado' o 'No te bañas desde el año pasado' a lo que cada una de nosotras reía para no herir su susceptibilidad.
Me hice la rutina de buscar a Edward por internet, no era tan activa en redes sociales como debería, pero con la sección de noticias de Google era suficiente. Leí sus diferentes entrevistas de trabajo, ninguna hablaba de su vida personal; declinaba siempre a responder algo sobre nosotros o sobre su hermana.
—¿Qué haces? —preguntó mi madre apoyándose en el marco de la puerta.
—Tarea— mentí, ella me dejó una taza de chocolate en mi escritorio.
Sé que me dijiste que cuando volviese te avisara, pero si existe alguna posibilidad que vengas tú dímela, cualquier día, a cualquier hora. Dulces sueño Isabella.
Revisé varias veces mi calendario para la semana que venía y me era imposible salir del pueblo, tendría que ser la siguiente.
Los primeros días de enero implicaron un cúmulo de trabajo en la librería de la familia Newton, acababa de llegar nuevo material para el año escolar y mi otro compañero renunció así que tomaba los dos turnos.
—Hola Bella— me saludó Mike, el único hijo de los Newton. Usualmente no paraba por acá a menos que su madre lo enviase a cerrar.
—Hola Mike— revisé si es que me faltaba algo en la lista que me habían dejado, nada. Eso quería decir que a las 6 en punto saldría a tomar taxi para la universidad.
—¿Cierras tú hoy? — le pregunté a Mike entrando a la parte trasera, lo vi haciendo lo clásico de Mike, fumarse un porro.
—Sí, mañana cubriré yo el turno de Embry— me quité el delantal y tomé mi mochila.
—Oye Bella, una consulta— me paré antes de cerrar la puerta.
—¿Estás soltera? — iba a estallar en risas.
—No Mike, tengo una relación— nadie tenía por qué enterarse de los morbosos detalles.
Me quedé extrañada por su pregunta, pero seguramente era efecto de su amiguito el porro.
Las clases de filosofía eran bastante interesantes, pero eso implicaba que al finalizar debía escribir un ensayo de casi 2000 palabras habiendo recurrido antes a la bibliografía, tendría que regresar otro día para pedir libros o… podría pagarle a la erudita de la familia para que lo hiciese.
Cuando llegué a casa, aprovechando que no había nadie llamé a Jacob, nuevamente directo al buzón.
Jacob, hace tiempo que no sé de ti. Háblame cuando regreses.
Ángela tampoco sabía nada él, pero por redes sabíamos estaba con su hermano mayor y la esposa de este en diferentes misiones, hecho curioso porque no conocía su religión.
—¡Llegué! —gritó Alice dejando tirada su mochila en la sala.
—Bella dime que haz, cocinado algo, tengo muchísima hambre. Los niños de la señora Smith me volverán locos—
Entré a la cocina para preparar freír filetes acompañados con salsa blanca.
—¿Cómo estuvo la escuela Alice? —preguntó mi madre.
—Bastante bien— mi padre se concentró en ver el juego y luego se dedicó a lavar el servicio.
A través de la ventana veía como la nieve poco a poco era cada vez más fina, el temporal se iba.
No tardé mucho en quedarme dormida no sin antes responder al último correo de Edward donde me recomendaba un documental sobre el proceso para preparar vacunas.
El fin de semana revisé mis horarios para la próxima semana y tenía tanto el viernes como el sábado libre.
¿Podrías ver en tu agenda si estás libre el sábado?
Antes de bañarme recibí la respuesta.
Lo desapareceré del calendario si es necesario. Me dices la hora y pido que preparen todo.
Ahora… ¿qué excusa inventaba para salir? Podría ser un buen momento para decir la verdad.
—Hola Bells— dijo mi padre dejando su arma sobre la mesa.
No era un buen momento.
Tenían aún algunos días para maquinar algo, ojalá funcionase y mi voz de pito no me delatara.
—¿A dónde dijiste? —preguntó mi madre el viernes por la noche.
—A una exhibición artística en Seattle, Ángela me verá allá. Ella estudia en el centro…— mi madre me miró extrañada.
—Está bien me imagino, ¿a qué hora te irás? —
—He comprado el ticket de las 10, regresaré un poco tarde seguramente— la sentí dudosa, pero dejó el tema por la paz.
—Ten cuidado Bella, avísame ni bien estés con ella—
A la mañana siguiente alisté temprano una bolsa, esta vez usaría un par de jeans oscuros y una cafarena, aunque hacia poco frío no sabía mi hora de regreso, me colocaba una cazadora cuando mi hermana bajó.
—¿Te vas a la exposición de arte? —quise matarla, era la única que sabía que me vería con Edward.
—Sí, ten un buen día—
Donde se supone tomaría el bus una movilidad privada me recogió.
—Buenos días señora Cullen, el señor ha pedido para usted el desayuno—
Envuelto en una bolsa de papel, tipo lonchera escolar, había una butifarra de jamón y una botella de té frío.
El viaje en avioneta tardó poco, cuando bajamos subí a otro auto que me llevaría al departamento; conocía esa ruta así que me extraño el desviarnos.
—El señor Cullen ha indicado otra dirección señora, según el waze vamos para la ciudad de Vancouver—
Bajé en un parque con varios monumentos, dejé la mochila porque el señor me aseguró que ellos nos recogerían.
Edward me buscaba con la mirada para el lado opuesto, llegué y lo pinché con mi dedo; sonrió ni bien me vio.
—Disculpa que te haya arrastrado a otro sitio, pero vine ayer por una auditoría— conocía poco sobre las oficinas del Corporativo, solo había visitado algunas cuantas.
—No importa, felices fiestas— le dije dándole un beso en la mejilla, él me tomó de las manos no permitiendo que sacara su regalo.
—Con sus subidas y bajadas— nos quedamos mirando hasta que me apoyé en su pecho.
—Te he extrañado— le dije, Edward me abrazó fuertemente.
—Yo también Isabella— tenía muchísimas ganas de besarlo, pero lo guardaría para más tarde.
—Te traje esto— le enseñé una bala falsa que utilizaban los niños, lo había conseguido en el mercado de pulgas.
Edward empezó a reír —Te vas arrepentir de no haberlas sacado de verdad— me dijo.
—¿Caminamos? — preguntó sin soltar mi mano.
Empezamos a contarnos todo lo que en los correos no decíamos, estallé de risa con cada cosa que Edward hacía para desaparecer de su vista a Jasper, incluso le había dado la dirección incorrecta sobre su paradero para no verlo.
—Te pasas Edward— le dije dándole un golpe en el brazo.
—¿Cómo está Rosalie? —podía notar que hacia un esfuerzo para hablar de ella.
—Regresó para Navidad y en año nuevo la visitamos temprano, el detox ha terminado así que ahora está en plenas charlas y le pidió a mamá material para leer, me imagino que quiere estudiar saliendo. Espero que sea así en realidad— me dijo.
—Lo que debemos hacer la próxima semana es asistir a una terapia familiar, no hay nada mejor que hablar de mis problemas con un extraño— dijo sarcásticamente.
—Todo sea porque Rosalie salga recuperada— Edward asintió.
—Regresará a vivir con mi madre así que hemos contratado a los MacCarthy para que renueven su habitación— los conocía, remodelaron el despacho de Carlisle una vez.
—Lo que aún no recoges son tu colección de libros— poco tiempo le había dedicado a pensar sobre qué hacer con los libros, me gustaba leer todo lo que Carlisle me recomendaba, pero eran tantos.
—No creo que a tu madre le incomode tenerlos, ya más adelante pensaré— le dije.
—¿Cómo va tu trabajo? —pregunté.
Edward se quedó pensativo.
—Los números no mienten, ya hemos cerrado varios tratos el año pasado así que este año será para consolidar el corporativo. Jasper también ha aportado varias ideas, pero eso significa que tengo que ver a sus compañeritos merodear por la empresa. Yo nunca he sido tan sociable, menos Rosalie, la pobre tartamudeaba antes de hablarle a un chico—
Edward nos condujo a un restaurante sencillo, tenía la decoración de un bar con sillas delgadas de metal.
—El lado positivo de tener junto a ti una mente fresca, estoy segura que es un chico muy capaz— Edward soltó mi brazo.
—No he venido para que me digas lo maravilloso que es mi hermano perdido, para eso escucho a mi madre hablar— su falsa ofensa no le permitió terminar la frase sin reírse.
—¿Cómo está tu familia? —preguntó dejando de lado su filete.
—Mi papá trabajando todos los días y mi mamá está ayudando en el albergue, mi hermana ganó la beca para el curso que le pagué el año pasado, lo hará online— Edward sonrió.
—Tiene mucho talento para el diseño— comentó él.
De postre me decidí por un pedazo de torta de lúcuma, Edward pasó, el no solía comer postre.
—Disculpa— se paró para contestar su teléfono, cuando regresó no se veía tan feliz.
—¿Todo bien? —pregunté, aunque la respuesta ya la sabía.
—Complicaciones— se limitó a contestar. —¿Pido la cuenta? —preguntó al ver que ya había terminado.
—Edward si tienes que irte no hay problema, he hecho bastantes veces el camino de regreso— le dije con mis mejores ánimos, sabía que el trabajo era un gran parte de su vida.
—No Isabella, no permitiré que el trabajo se interponga, no de nuevo— el corazón se me saldría del pecho, por primera vez en todo este tiempo sentía que ambos queríamos que esto funcionase. La princesa de mi cuento estaba danzando de tan solo saber que al dragón poco a poco se le ponía la piel más suave.
Regresamos de nuevo por el parque, aunque todo estaba lleno de nieve no se sentía tanto frío.
Eran casi las 10 de la noche cuando llegamos a mi casa, Edward estacionó cruzando la cerca para que no lo viesen. No lo habíamos hablado, pero era evidente que conocía el poco aprecio por su vida que tenían en mi hogar.
—Sana y salva— dijo este apagando el coche, lo sentía cansado y yo también lo estaría de tan solo pensar que estaba a punto de hacerse todo el camino de regreso. Me liberé del cinturón de seguridad.
—Gracias— le dije, Edward giró su rostro hacía mí con una sonrisa gigante.
—Estoy considerando seriamente comprar un lugar acá, ¿te imaginas a tu papá sacando la basura y topándose conmigo? —ambos reímos de tan solo pensarlo, en verdad se le veía contento que su chiste hubiese surgido efecto.
No pensé mucho en lo siguiente que hice, me acerqué a besarlo. No lo hacía desde hace casi un año.
Nuestros labios encajaban perfectamente, desde el primer beso había sido así.
—No sería la primera vez que nos metemos mano en un auto— me jaló hacia él quedando encima, lo ayudé a quitarse el cinturón para poder besarnos mejor.
Sentía sus manos sobre mi cuerpo y era inevitable que este reaccionara, Edward lo conocía perfectamente. Cuando tuvo el descaro de meter sus manos por debajo de mi cafarena lo regañé con la mirada.
—Es tu culpa por no usar falda— se defendió.
Me encantaba disfrutar de su tacto sobre mi piel. Poco a poco me acomodé bien y empecé a sentir como su erección crecía.
—Isabella— dijo cerca de mi oído, eso solo me animó a seguir moviéndome sobre él.
Me atreví a desatar su pantalón, me disponía a meter la mano para tocarlo cuando escuchamos dos disparos seguidos.
Edward me atrajo hacia él, a los segundos se levantó tapando mi espalda.
Tenía taponeados los oídos entonces Edward tomó mi cara.
—Tu papá— no lo escuché decirlo, pero leí sus labios.
Mierda.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Saludos.
