Capítulo VII
La culpa es solo mía por querer
esconder en una mano el viento
(Imperfecto - Cepeda)
—¿Te arrepientes? — Edward preguntó durante la cena.
—No— contesté firme, disimuló el alivio.
—Isabella…— lo corté levantándome de la mesa.
—Solo necesitan tiempo para hacerse de la idea— lo había repetido muchas veces dentro del último mes.
Dicho esto, lavé el servicio.
—Voy a intentar la receta que me envió tu madre del keke de plátano— Edward asintió dándome su mejor sonrisa.
—Perfecto, estaré trabajando en la sala entonces— me dio un corto beso antes de salir.
El lugar donde estábamos ahora era en el centro de Forks, había sido muy firme en que no regresaría a Washington porque tenía que terminar mi carrera sí o sí; esa condición no era negociable entonces al día siguiente que mi padre me había botado de mi casa Edward escogió un departamento bastante simpático, no tenía los dos pisos que a él le gustaban, pero estaba bien.
—¡Isabella! —gritó Jasper saliendo de su habitación, cuando se tropezó supe que Edward lo había ocasionado.
—¡Edward! —grité saliendo de la cocina, este rodó los ojos.
—No se ha muerto— comentó, Jasper siguió su camino hacia mí.
—Explícame como llegar a Seattle— le comenté sobre las dos posibilidades que tenía, Edward le había prohibido utilizar la avioneta, estaba reservada para emergencias.
—Gracias— Jasper me dio un sonoro beso en la mejilla.
Durante las últimas tres semanas habíamos tenido de inquilino no deseado a mi cuñado, alegando que era el asistente de Edward se apareció un día y solo regresaba a la ciudad con él.
—Jasper necesito los filtros para hoy, lo que sea que necesites lo harás mañana— lo vi regresar molesto a su habitación. No dije nada, pero la dinámica entre ambos era muy graciosa.
Había días donde Edward le permitía sentarse con él para enseñarle, lo ayudaba a interpretar varias cosas y conversaban sobre los diferentes accionistas de la empresa, otros, no le quería ver pasar. Además, Edward culpaba a su hermano por siempre interrumpirnos.
Me concentré en seguir la receta de Esme, no me podía quejar porque esta cocina había sido equipada completamente.
—Isabella, tu teléfono— dijo Edward, lo vi observarme mientras leía quién era. Lo dejé a un lado, no deseaba hablar con Jessica hoy.
Estaba esperando pacientemente mientras revisaba el material para mi clase de hoy cuando una videollamada de Alice entró, lo acepté.
—Por fin se fue mamá— me dijo, ella tampoco la estaba pasando muy bien, mis padres supieron que ella me escondía el secreto, de tan solo recordarlo me temblaba el cuerpo.
—¿Cómo estás?
Alice se encogió de hombros. —La verdad que no tan bien, pero por lo menos ayer papá se sentó con nosotras a cenar.
Charlamos un rato más hasta que sonó el temporizador en forma de chef que había comprado, dejé mi asiento para revisarlo.
Estaba introduciendo el cuchillo dentro cuando escuché el grito de Alice.
—¡Jasper! — lo regañé, ahora estaba en ropa interior sacando de la refrigeradora un jugo. Edward entró a la cocina y se apoyó en el marco.
—Estás jugando con mis nervios— se limitó a decir Edward. Este se acercó a la pantalla.
—Discúlpame, me presento. Jasper Hale … o Cullen, como prefieras en realidad. Alice, ¿verdad? — preguntó con total descaro.
—Lo siento Alice— dijo Edward señalándole la salida.
—¡Un gusto! — dijo mi hermana mientras el pobre Jasper era introducido a su guarida nuevamente.
—Suele estar trabajando con Edward— le expliqué, mi hermana estaba colorada de la vergüenza.
—¿Cómo va la escuela? — pregunté, Alice pasó la siguiente hora contándome lo que sería su último año.
Luego de hablar con ella recibí un correo del profesor dispensándose por no poder llegar a clase, genial más tiempo libre para mí.
—Isabella, debo volver— explicó Edward entrando a la habitación. Oculté mi rostro de pena y le di mi mejor sonrisa, el pobre iba y venía continuamente.
—Mañana estaré de regreso en la tarde— dijo mientras tomaba sus cosas para introducirlas dentro de su maleta, lo ayudé acomodando todo, se sentó a la esquina de la cama y me atrajo hacia él.
Le di un par de besos para intentar relajarlo.
—No pasa nada— le dije, Edward me dio un beso en los cabellos antes de salir.
—¡Me llevo un trozo de keke, te adoro Bella! — gritó Jasper, reí.
Ya sola mi tristeza apareció de repente.
No era ajena al sufrimiento que le había causado a mi familia, pero debía reconocer que Edward era el hombre que quería. Aún así no podía evitar venirme abajo al recordar la mirada de decepción que tenía mi padre.
—Tu papá— no lo escuché decirlo, pero leí sus labios.
Mierda.
Al bajar del auto tanto mi hermana como mi madre habían salido.
—Papá…— se acercó a zancadas hacia mí, sentí como Edward sostenía mi brazo.
—Papá tranquilízate— le pedí.
—¡No lo puedo creer! — lo vi apuntar directamente hacia Edward que se mantenía detrás de mí.
—¡Charlie! — gritó mi mamá, pero no pareció detenerlo.
—Charlie baja el arma, podemos conversarlo calmadamente adentro— ofreció Edward colocándose delante.
—¿Desde cuándo? — preguntó.
—Llevamos hablando unas semanas… vamos a intentarlo…— no me dejó terminar cuando quiso tomarme del brazo para llevarme de regreso, no lo permití incluso Edward lo empujó.
—Somos adultos acá, sé que hemos cometido errores que casi nos llevan al divorcio, pero…— mi padre me miró extrañado.
—¿Casi? — Edward giró para mirarme.
—No nos hemos divorciado aún— esta vez si iba a matarnos a algunos de los dos, estaba segura. Para sorpresa de todos tiró su arma al jardín.
—Entonces llevo haciendo el papel de imbécil acá— dicho esto avanzó hacia la puerta.
—Decides ahorita Bella, mi error en tu crianza es siempre haberte echo creer que lo mereces todo y no es así— escuchar eso de mi padre me dolía en el alma.
—Charlie sé que debe ser difícil entender que tu hija es una adulta pero te prometo que ….— mi papá lo ignoró completamente y entró a la casa dejando a mi madre fuera con Alice.
—Isabella, entra a tu casa— dijo de repente. Lo vi tomar gentilmente mi rostro entre sus manos.
—Quédate con ellos, hablaré con él cuando se tranquilice—
—¿Acaso no soy yo la que debe decidir? — pregunté. —Nunca te pediría que eligieses entre tu familia y yo, eso no es justo— solté sus manos.
—Espérame— entré a mi casa directamente hacia mi habitación, tomé mis documentos esenciales, algo de ropa y salí.
No me despedí de nadie.
Las lágrimas caían de mi rostro mientras intentaba inútilmente de secarlas, cuando regresé a la habitación encontré a Edward apoyado en el armario.
—¡Me asustaste! —le dije yendo para la dirección opuesta.
—¿Qué tienes? —preguntó cerrando la puerta con seguro.
—No pasa nada, ¿no se iban? —pregunté yo abriendo el cobertor para echarme.
—Jasper olvidó una carpeta importante para la conferencia de mañana temprano— me concentré en buscar el control remoto.
—Jasper siendo Jasper— le dije dándole mi mejor sonrisa. Justo en ese momento tocó la puerta.
—Escúchame bien, serás mis ojos y oídos en la reunión de mañana. Sabes lo que necesitamos así que debes hacer un buen trato, no aceptes menos del 35% sino la diferencia saldrá de tu bolsillo. Le escribiré a James para que esté contigo, pero tú la dirigirás— todo esto se lo dijo con la puerta cerrada. No pude ver a Jasper, pero evidentemente debía estar en pánico.
—Está bien, lo haré bien Edward— prometió.
—Tú— me miró —cámbiate, iremos a solucionar esto ahorita— tomé su brazo para evitar que se levantase.
—No pasa nada— rodó los ojos ante mí.
—Cámbiate o sino te llevo como estás— a regañadientes me puse un buzo.
—Ni si quiera sabes si está en casa— le dije mientras subíamos a su auto.
—Evidentemente sé que está ahí— me dijo, vivíamos en el centro de la ciudad así que le tomó no más de veinte minutos estacionar en mi casa.
—No sabes que le vas a decir— le dije, Edward tomó mi mano.
—Isabella, no soy el enemigo acá, tampoco lo es tu papá. Está herido porque tiene miedo al igual que nosotros de que esto no funciona y salgas lastimada, te agradecería poner tu característico positivismo— si alguien me hubiese dicho que de Edward saldrían esas palabras le hubiese dado un golpe, la positiva de este matrimonio era yo.
Al bajar comprobé que mi padre sí estaba por la televisión encendida y el auto estacionado fuera.
Tocamos un par de veces hasta que mi hermana bajó quedándose helada delante de nosotros, nos abrió sin decir nada.
—¿Papá? — mi papá tardó en girar.
—¿Qué hacen ambos en mí casa? — Edward me soltó antes de empezar a hablar, mi madre estaba sentada sola en el sofá.
—Sé que no he sido de su agrado nunca. Un día los arrastré hasta Washington para dejarles caer la bomba que Isabella y yo nos casábamos de un momento para otro. Luego he tratado de estar lo más presente cuando han estado allá pero tampoco he dado mi esfuerzo completo. No tengo ningún inconveniente si yo no puedo entrar a su casa, pero no deberían hacerle eso a su hija, yo … yo me quedé con ganas de decirle tantas cosas a mi padre que no quisiese que pase lo mismo con ustedes. Nunca está demás decirlo, pero Isabella es maravillosa gracias a ustedes, yo soy plenamente consciente de eso— tanto mi hermana como yo estábamos en lágrimas.
—En el último año he cometido muchísimos errores tratando de ser alguien que no soy, Edward está en mi vida y continuará estándolo porque aspiramos a tener lo que ustedes tienen. Este mes ha sido horrible sabiendo que estamos acá pero no puedo verlos— mi madre se mantenía serena concentrada en un punto en la pared; en cambio mi padre no había dejado de mirarnos.
—Tú piensas que todo es sencillo simplemente por ser tú Edward— se limitó a decir, al ver como mi esposo no decía nada estaba segura que era capaz de humillarse con tal que mi familia nos aceptase.
—No es así papá, nadie ha secuestrado a nadie acá. Te aseguro que estoy en este matrimonio porque quiero estarlo, yo fui la que no mandó los papeles de regreso— mi madre se levantó.
—Charlie, esto no puede seguir así. Yo estoy dispuesta a darles una segunda oportunidad, tampoco es que nosotros no las hallamos pedido en estos casi 30 años juntos; siempre dices que espero lo mejor de las personas y es así, espero que su matrimonio funcione y que de acá a algunos años estemos viendo a nuestros nietos correr por acá— escuchar a mi madre tan segura de sí misma era refrescante, no solía ocurrir tan a menudo. Ella se acercó a él, tomó su mano y le sonrió.
—Sé que te imaginas a Bella tratando de subir las escaleras cuando era pequeña o con sus vestidos de puntitos corriendo por el jardín, pero ella creció y nos toca estar junto a ella— mis padres se vieron mutuamente por unos segundos, era tan íntimo que Edward giró el rostro.
—Más te vale estar en lo correcto Renné— esa era la típica frase que usaba cuando se rendía en una batalla contra mi mamá. Mi padre se levantó de su sillón para darle su mano a Edward, este le agradeció con la cabeza; en cambio a mí me envolvió en un abrazo gigante, clásico de Charlie, no demostrar mucho nunca, pero con acciones decírtelo todo.
Luego de eso tendríamos que ir con pinzas porque de un momento para otro era imposible que Charlie aceptara a Edward… aunque nunca le había caído totalmente bien.
—Nos vemos el domingo en la iglesia— dijo mi madre al despedirnos, asentí con la mayor de mis sonrisas mientras Edward ponía la suya, cabe resaltar que no se le veía convencido.
Al entrar al auto inmediatamente tomó su teléfono.
—Jasper no la cagues— repetía una y otra vez, pareció frustrado de no encontrar lo que buscaba.
—¿Qué pasa? — pregunté. Edward negó.
—Mandé un mail avisando que nos representaría Jasper, pero no quieren eso— revisé el reloj.
—Vamos para Washington entonces, pediré que cubran mi turno en la librería y llegaré para mis clases en la noche— Edward me dio un sonoro beso.
—Por eso te amo— dijo arrancando el auto y aumentando toda la velocidad.
Me disculpé continuamente con todos por hacerlos trabajar en la madrugada, aunque Edward recalcó que pagaría extra pero no había dinero que comprase la tranquilidad de una persona.
De repente me encontraba en el duplex que junto con Edward habíamos elegido, esta vez se sentía extraño. Por un lado, la princesa de mi cuento quería saltar y revolotear por todos lados con su largo vestido, por otro la princesa guerrera protegería ese hogar que teníamos entre ambos; hasta ahora se me había hecho imposible concebir que ambas podían coexistir.
Pedí que me llevaran a visitar a Rosalie ni bien dieron las nueve de la mañana, me di con la grata sorpresa que estaba inscrita en la lista.
—¡Burburry, yo te escogí eso! —fue lo primero que me dijo en alusión al vestido color melón que traía, era uno de mangas tres cuartos.
—¿Cómo estás? —le pregunté. Esta vez sus pómulos estaban rosados, sus hermosos ojos azules brillaban más que nunca y su larga cabellera rubia estaba trenzada en forma de corona. Solo Rosalie Cullen podía lucir como en pasarella estando en rehabilitación.
—¿Yo? Tú tienes secuestrado a mi hermano en tu pueblo— me dijo, ambas reímos.
—Me alegra muchísimo que se hayan dado una segunda oportunidad, su historia lo reclamaba— tomé sus manos.
—¿Cuánto falta para que salgas? — Rosalie me sonrió.
—En realidad muy poco, mi doctor dice que la próxima semana es lo más probable. He estado estudiando con un grupo acá para poder tomar mi examen de clasificación de nuevo— no podía describir lo contenta que estaba.
—Sabes que siempre hay un cuarto para ti en nuestro departamento— le dije. Rosalie negó.
—Me niego a convivir con Jasper y Edward en una misma casa, es increíble que no hallas matado a ninguno— reí.
—Iré con mi madre hasta que pueda pagarme un piso, justo ayer me mostraron las imágenes finales de cómo está quedando todo— claro, recordaba que Edward me había contado sobre eso.
—¿Los MacCarthy? — ella asintió.
—Son buenísimos en remodelación— añadió.
—¿Qué tal te sientes con Jasper trabajando con Edward? — le pregunté, era una duda que me rondaba continuamente. No quería que Rosalie se sintiese excluida y más sabiendo que su hermano mayor siempre había estado a lado de ella.
—Al principio Jasper no me agradaba, es…. muy feliz. Lo siento diametralmente opuestos a nosotros, pero ya luego uno se acostumbra, incluso me viene a visitar para contarme sus aventuras amorosas. Déjame decirte que yo no le llego ni a los tobillos al neófito—reí.
—Mi madre es quien le ha tomado mucho cariño, admira su resilencia. Además, Jasper se puede dedicar un día entero a arreglar todo en la casa, sorprendente porque los demás somos inútiles— añadió.
Terminé mi visita sintiendo que Rosalie estaba en el camino correcto y eso me traía muchísima tranquilidad, era como ver a mi hermana renacer desde las cenizas.
Al entrar de vuelta al departamento recibí una llamada, era Jacob.
—Mucho tiempo sin oír de ti extraño— le dije, por el otro lado reía.
—Lo siento, he estado en centroamérica— me dijo, las puertas del ascensor se abrieron dejándome en mitad de nuestra sala.
—¿Qué has estado haciendo? — pregunté.
—Construyendo casas junto con Sam y Emily, es una experiencia fantástica— comentó.
—Que gusto, oye cuando regrese a Forks debemos vernos con Ángela. No es lo mismo sin ti— podía imaginarme a Jacob haciendo un gesto de suficiencia.
—Lo sé— se limitó a decir. Otra llamada entraba a mi buzón.
—Oye mantengo mi palabra, conversamos luego— se despidió y encendí la otra llamada, era Edward.
—¿Cómo te fue? — le pregunté.
—Bastante bien, cerramos con un buen porcentaje porque teníamos sus cifras reales del año pasado— comentó…. Vamos a suponer que eso tenía sentido para mí.
—¿Quieres almorzar conmigo? — su invitación me tomó por sorpresa.
—Claro, ¿te voy a buscar? — quedamos en que yo iría en su búsqueda mientras terminaba de escribir varios correos.
Al llegar el edificio por sí solo era imponente, tenía el nombre en el medio con letras doradas. No había entrado más que cinco veces así que aún me perturbaba la elegancia que derrochaba con puertas de vidrio o el diseño de estas.
—¿Para donde se dirige? — me preguntaron.
—Soy la esposa del señor Cullen— respondí mientras tomé el camino para el ascensor reservado para la familia.
Recordaba haber entrado acá y tenido terror de verme en los diferentes espejos, parecía que competía contra adversarios invisibles por no desentonar en un lugar que me provocaba escalofríos. Esta vez mi imagen me dejó satisfecha, no traía mucho maquillaje, pero sí el justo para darle uniformidad. Mi cabello iba suelto para un lado, lo traía extremadamente largo.
Las puertas se abrieron en varios pisos antes del principal para dejar entrar a Tanya, esta venía concentrada en su tablet, cuando levantó la mirada me dio su mejor sonrisa.
—Hola— me aventuré a decir.
—Buenas tardes señora Cullen, que gusto verla— definitivamente algo que Edward nunca me contaría había pasado para que ella cambiase su actitud frente a mí, pero no lo traería a colación.
—¿Cómo va todo? —pregunté.
—Bastante bien, todo en orden— se limitó a decir. Por más que sonreía lo máximo posible no parecía atravesar ninguno de sus muros.
—Pase usted— dijo cuando las puertas se abrieron. Caminé directo a la sala de juntas donde usualmente veía a Edward, aunque hoy me encontré a Jasper hablando a través de la computadora.
—Está en su oficina— me dijo Jasper antes de colocarse los auriculares de nuevo.
Cerré con cuidado, no recordaba exactamente si debía doblar a la derecha o a la izquierda, pero un grito estruendoso me guio, Edward siempre mostraba su mejor temperamento. Un grupo de jóvenes salían de su oficina, cuando pensé que lo encontraría sentado lo vi pararse delante de la ventana mientras sostenía el teléfono.
—Ni lo intentes James, no saldrá bien. Sí, sé que está siendo un reto no estar siempre acá, pero para eso estás tú, conoces esto tan bien como yo— esperé que se despidiese para entrar.
Cuando me vio me regaló una de sus sonrisas torcidas que hacían mis piernas temblar.
—Isabella, me hubieses avisado para bajar— me dijo antes de darme un beso corto en los labios.
—¿Por qué no me dices Bella? — cuestioné de repente, Edward me miró extrañado.
—No entiendo— contestó.
—Tú me dices Isabella, tu familia también me dice Isabella y desde un inicio te dije que me podías llamar Bella— se apoyó en su escritorio.
—No sabría contestarte. Asocio los nombres recortados a una niña y tú no lo eres, a mis ojos no lo eres. Te presentaste muy segura de ti cuando nos conocimos, no sabía que te molestaba. Además, me gusta decir tu nombre completo— negué.
—Solo me dio curiosidad— le contesté acercándome a él, lo abracé por la cintura.
—¿Otra pregunta que ronde tu mente? —volví a negar.
—Vamos a almorzar, espero que podamos regresar juntos a Forks— dije sabiendo que mis altas expectativas serían destruidas.
—Mañana estaré contigo, lo prometo— me dijo dándome una sonrisa.
Ni bien salimos del edificio un grupo de reporteros estaban esperando por nosotros.
—No hay absolutamente nada que comentar—dijo Edward antes de entrar al coche conmigo.
—Aparecen de la nada— se quejó, tomé su mano.
—¿Tu hermano cómo está? — Edward rió.
—Cuando me vio aparecer en la sala de juntas estoy seguro que respiró— comentó.
El lado malo de ser parte de la familia Cullen era entrar a lugares públicos y ver como todos te miraban, en especial las mujeres. Existía esta absurda necesidad de tirarnos barro entre todas, aunque solo fuese con la mirada.
—Buenas tardes señores Cullen, ¿el espacio de siempre? — asentí. Edward fue interceptado por dos señores, yo seguí mi camino.
—Disculpa— antes de sentarse James entraba por el lado opuesto.
—¡Cullen! — exclamó sorprendido, estaba del brazo de una señorita pelirroja altísima.
—Acabamos de hablar por teléfono— le dijo Edward, le di una sonrisa antes de verlos continuar.
Sorprendente no era raro encontrar a James saliendo siempre con mujeres exorbitantes.
Reí de ver como varios se le quedaban mirando, cuando Edward siguió mi mirada rió también.
—Es un verdadero don juan— dije. Edward me quedó mirando.
—No todo lo que brilla es oro Isabella— me dijo. Me quedé pensando, pero lo dejé pasar, tenía bastante hambre.
Al momento de mi anhelado postre Edward estaba concentrado en el teléfono.
—¿Por qué nunca comes postres? —le pregunté mientras partía el cascarón de chocolate que dejaría salir todo el dulce de leche.
—Soy un hombre muy sencillo Isabella, son tres comidas al día. Por ti vivirías en las heladerías y chocolaterías siempre— asentí.
—El dulce te hace feliz, mi madre siempre lo ha dicho— sonrió ante mi comentario.
—En el departamento te están esperando para que regreses— comentó luego de un rato, saboreé mi último bocado antes de que pidiese la cuenta.
Caminamos juntos hasta la empresa.
—¿A qué te refieres con lo que me dijiste de James? — Edward negó.
—Hoy estás llena de preguntas Isabella, pero esa no puedo responder porque no me corresponde, no es mi historia— le hice un puchero mientras me colgaba de su brazo. Edward negó hasta que tomé su rostro entre mis manos.
—No me puedes dejar con el chisme a medias, no sabes lo destrozada que me sentiría— lo vi rodar los ojos, había ganado esta batalla.
—Vivimos juntos un tiempo antes de terminar la universidad. Una noche abrí la puerta para darme cara a cara con James besándose con Tyler, un marino que habíamos conocido en una conferencia en Nueva York. Yo sospechaba que James era gay porque lo conozco desde que tenemos 3 años, entonces yo lo veía venir. Así que el departamento donde vivíamos él y yo terminó siendo de tres porque Tyler estaba continuamente ahí. Al pasar los años James se armó de valor y les dijo a sus padres, estos lo amenazaron con botarlo de su familia. Finalmente, James se mudó de regreso a la casa de sus padres y Tyler no lo volvió a ver—
Para cuando terminamos estábamos a la entrada.
—¿Y Tyler? —le pregunté. Edward me quedó mirando.
—No prestas atención cuando te presento a las personas— me regañó. No tenía en mi cabeza nadie con ese hombre.
—Mi jefe de seguridad es Tyler Crowly, lo haz visto en varias ocasiones— abrí mi boca del asombro.
—¿Cómo pudiste contratarlo luego de todo lo que pasó? — le pregunté.
—Mi papá lo contrató, entenderás que no estaba en posición de impedirlo. Además, Tyler es lo mejor que hay en este país— de repente me sentí triste de ver como James aparentaba una vida que no quería, más aún sabiendo que era una buena persona.
—¿Y se han visto? — Edward asintió.
—Muchas veces, pero no se saludan— estábamos abrazados así que sentí su celular vibrar.
—Entro a junta en veinte minutos, ni bien llegues a Forks me avisas. Mañana estaré antes que te levantes— le sonreí. Nos dimos un par de besos antes de que me abriese la puerta del auto.
Mi regreso a Forks me dio el tiempo exacto para subir tomar mis cosas e irme de nuevo.
—Entonces, el examen se aproxima, pónganse de acuerdo sobre la hora. Recuerden que vendrá todo incluso las lecturas extras— de tan solo pensar todo lo que me faltaba para leer me iba a empezar un dolor de cabeza.
Alcancé antes de que cerraran la biblioteca para sacar unos libros e imprimir el material.
—Le ayudo— me ofrecí antes de destrabar el seguro para que la señora Wass pudiese cerrar.
De regreso a casa Alice me llamó insistentemente.
—Dime—
—¿Podrían Edward y tú hospedarme este verano? Sería increíble poder cambiar mi beca a presencial en vez de a distancia, tengo ahorrado lo suficiente para mis cosas… te juro que no molestaría, ni me vas a sentir— reí porque Alice hablaba tan rápido que no llegaba a entender todo.
—Le preguntaré a Edward, pero no creo que se niegue, ya el año pasado estuviste con nosotros. ¿Le has preguntado a papá y mamá? —
—Sí, nos ha tenido locos con eso desde temprano. Pregúntale a Edward y nos avisas— dijo mi madre.
Conversamos todo el camino de regreso.
—Descansa Bella— me dijeron ambas.
Era extraño no ver a Jasper correr en calzoncillos en la cocina o a Edward acomodarse en la sala para trabajar, pero mi caos regresaría mañana así que no había mucho que extrañar.
Una sensación de tranquilidad me invadió, todo estaba justo en el lugar donde lo necesitaba. Aunque siempre habría trabajo que hacer, lo importante es que me mantenía leal a mis ideales y a mi compromiso con mi matrimonio. La princesa guerrera dentro de mí asentía contenta consigo misma.
Estaba a punto de entrar a la ducha cuando mi teléfono sonó.
—Isabella, solo te pedí una llamada— me dijo Edward, reí.
—Lo siento, he tenido que correr para hacer todo— lo podía ver en mi cabeza rodar los ojos.
—Ya está, mañana nos vemos. Descansa Isabella— antes de terminar la llamada debía decirlo sino se explotaría.
—Te amo Edward, mucho. Sé que no lo decimos tan seguido pero que no se te olvide— por unos segundos pensé que la llamada se había cortado.
—No sé que bicho te ha picado hoy, pero yo también te amo. Amo cada centímetro de tu piel, tus ocurrencias, tus preguntas y respuestas. Amo todo lo que eres Isabella— colgué. No podía evitar mi rostro de boba.
Recordando sus palabras me quedé dormida.
Saludos. Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
