Hola a todos, ¿qué es esto? ¿Un capitulo nuevo cuando apenas hace apenas tres días Zakuro subió el primero? ¡Pues, así es! Aún sigo de vacaciones y espero subir el tres antes de que acabe esta semana (entro el 10 de Agosto, así que por lo menos quiero dejarles algo de material) Así que, sin más, les dejo leer.
DVERTENCIA: LOS PERSONAJES DE LOK Y ATLA NO SON MÍOS, TODO PERTENECE A SUS DOS –SANTOS- RESPECTIVOS CREADORES.
Paradoja
Mariposa II: Mi pasado, ¿mi presente?
Abrió los ojos tan rápido como sus párpados le permitieron, sudaba frío, las heridas que tenía en su morena epidermis empezaban a arder causándole, si no un dolor agonizante, sí una molestia que se acumulaba con todo aquello que acababa de ver en su interior. Ella no era buena conectándose con su lado espiritual, era toda una faena que meditase sin quedarse dormida o sin que se aburriera de ello y terminara más exasperada, así que para ser su primera vez contactándose con Aang, no había estado mal, pero lo que la tenía en ese estado de estupefacción y con la respiración entrecortada obligando a su pecho a subir y bajar con el simple y humano propósito de conseguir más aire para que sus células trabajasen era otra cosa. Sabía que por ser el Avatar podía llegar a tener visiones del pasado o tener conocimiento de cosas que sus vidas pasadas conocían, pero aquello que vio, esa visión de ella misma siendo separada de Asami, esa chica rica que apenas y empezaba a darle una oportunidad como su amiga, pero que aunque no quisiera admitir, detestaba en poca medida por estar con Mako, le dolía. Con tan solo volver a evocar esos ojos verdes que ahora le parecían de un color celestial provocaba que en su pecho un hueco tremendo se produjera. Jamás había experimentado tal sensación, ni cuando estuvo frente a Amon llegó a tener tanto miedo acumulado en su cuerpo.
«Vamos, Korra... De seguro te dormiste mientras estabas meditando... Ahora veo porque Tenzin se enoja conmigo...», se dijo a sí misma la Avatar mientras se acariciaba el cuello en un reflejo involuntario que siempre había tenido. «¿Yo? ¿Sintiéndome de esa manera por Asami? Claro, hay más posibilidades de que Amon venga aquí, le quite su control a Tarrlock y me quiera raptar», pensó la morena al tiempo que se abraza a sí misma y, en ese instante, sus dedos percibieron algo que ella sabía bien no era suyo. Alzó el brazo para poder ver aquella cosa extraña que le abrazaba el bíceps con tanta decisión y, apenas el azul de sus ojos se encontró con lo rojo de la tela de ese peculiar objeto, miles de ideas y recuerdos bombardearon su cabeza tan rápido que, por un instante, juró que delante de sus ojos todo aquello pasó como en una especie de película rápida. Todo lo que podía contemplar eran cosa borrosas, pero que sabía que significaban y, conforme esa secuencia de escenas iba progresando, algo en su pecho se hacia relucir, sobre todo, cuando después de un tiempo todos esos factores que recordaba en su mente tenían que ver con cierta heredera de cabello tan oscuro como la noche, pero con un alma tan radiante como el sol de verano.
— Yo igual te amo... 'Sami... — Musitó la morena sin darse cuenta.
Casi de inmediato, la ojiazul se paró de un brinco y empezó a golpear con desesperación la caja metálica donde estaba aprisionada. Tenía que salir, debía hacerlo y encontrar lo más rápido que pudiese a la ingeniero, trataba de recordar que era lo que había hecho, sabía que todo aquello lo pasó hacía años, pero los recuerdos de su presente se sobreponían a los que ella tenía. Su cabeza era un caos total, los recuerdos más lejanos que tenía eran unos borrosos de la Tribu Agua del Sur, un viaje, espíritus y el abrir de los portales, pero aquello pasaría hasta dentro de seis meses si mal lo recordaba. «¡Mi metal control!», pensó de inmediato la Avatar al darse cuenta que, en efecto, de aquel material se conformaba la estructura en la que se encontraba encerrada. Puso sus piernas firmemente en el suelo y, al instante, empezó a hacer una secuencia de movimientos que le permitirían abrir un agujero en la puerta y así salir al fin de su encierro. Pero fue inútil. Quizá ella se acordaba de como hacerlo, pero no su cuerpo. Frustrada, aporreó de nuevo la puerta antes de dejarse caer de nuevo al piso con el ceño fruncido. Asami estaba encerrada en algún lugar y ella estaba allí sin poder hacer nada. «Maldición...».
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Caminaba por los pasillos en silencio, tenía sus ojos directamente contemplando el suelo, como si éste tuviera todas las respuestas a las preguntas que en ese momento pasaban por su cabeza, pero la principal y la que más le era necesario saber estaba bloqueada. Era como si en ese mismo momentos, sus recuerdos estuviesen bloqueados y, conforme ella avanzara, se le permitiese tener acceso a ellos, no podía describirlo de una manera más exacta, nunca había tenido contacto con las leyes del tiempo o similares, su fuerte era la mecánica e industrias, no este tipos de cosas. Suspiró en voz queda y alzó la mirada para toparse con una espalda formidable envuelta en una gabardina gris y con un pelo grisáceo rizado que rebotaba con cada pazo que la oficial Lin daba, ahora se estaban dirigiendo al pabellón masculino dónde se encontraban Mako y Bolin para sacarlos de ese lugar al cual no pertenecían, en más de una ocasión Asami quiso preguntar acerca del paradero de Korra o si después de ir a rescatar a los hermanos irían dónde ella, pero se mordía la lengua cada vez que iba a formular alguna oración relacionada con la morena, en ese tiempo ambas no tenían una interacción muy intimida como ¿Ahora? ¿En el futuro? Ya ni sabía como referirse al tiempo, así que era mejor guardar distancia y silencio.
Las celdas por donde caminaban eran frías y húmedas, la ingeniero juró en más de una ocasión haber visto a una rata-cucaracha recorrer los pasillos a una velocidad que ni la misma Avatar podría igualar, el techo era alto y construido con la piedra más dura y pesada que alguna vez conoció y se notó a leguas que aquella estructura fue construida por alguno de sus antepasados con los materiales de una época más simple. Con cada paso que daban, el sonido que éstos hacían retumbaban en las paredes de aquella prisión masculina. La joven heredera seguía atontada contemplado su ambiente en una desesperada forma para que su mente dejara de pensar en cierta morena de ojos azules que desde que "recordó" todo lo que ambas vivirían no había dejado en paz su cerebro que, cuando Lin detuvo sus pasos frente a una de las cientos de puertas que adornaban ese lugar y que mantenían a los prisioneros a raya, casi se estrella contra ella de no ser por sus reflejos y que sus botas estaban hechas de un material que le impediría resbalar hasta en el mismo hielo. Habían llegado.
Asami se colocó detrás de la ex-jefa de policía y contempló como, haciendo uso de su metal-control, hacía añicos la puerta que tenía delante permitiendo así ver a los que estaban en el interior de la celda. La heredera sonrió al ver que sus dos amigos estaban sin ninguna herida aparente, desde que a ella la habían separado de los hermanos no había sabido nada de ellos, así que verlo en esos momentos le quitaba un pequeño peso de encima. Sin dudarlo mucho, se adentró a la celda para saludar a sus amigos, el primero en estrechar entre sus brazos fue a Mako y, a diferencia de lo que ahora ella podía recordar, la felicidad sentida al volver a tener junto a ella al que, en ese tiempo, era su novio no era la misma. Estaba feliz de verlo, eso no lo negaba, era su amigo después de todo, pero nada más y eso se comprobó cuando el maestro fuego trató de unir sus labios con los rojizos de ella, pero casi de manera instintiva desvió el rostro lo más disimuladamente que pudo para saludar a Bolin quien parecía haber encontrado algo muy interesante en la pared de fondo a la celda, porque no parecía poder despegarse de allí.
— ¡Me alegro que estén bien, chicos! — Expresó la ingeniero entre sonrisas.
— Me alegro de verte... Asami. — Contestó el maestro fuego con un tono que a la chica de ojos verdes le incomodo de sobremanera.
— Lamento arruinar su reencuentro amoroso, pero tenemos que irnos. — Anunció Lin con aquel tono severo que tenía gracias a los años como jefa de policía. — Korra ha sido secuestrada por los hombres de Amon.
— ¿Qué? — Dijeron al unísono Mako y Asami denotando la notoria preocupación.
— No... No puede ser... — Susurró el cejudo antes de ser interrumpido por la ingeniero.
— ¿Cómo que fue secuestrada?, ¿Cuándo?, ¿Cómo? — Empezó a interrogar la heredera con tono irritado. — ¡Se supone que ella estaba a salvo, por eso nos entregamos!
— Cálmate, niña, vamos a salvarla. ¡Andando! — Le retó Lin ignorando el tono que la chica había usado.
Salir de la prisión fue relativamente fácil para el grupo, quizá la mayor de las BeiFong ya no fuese más la jefa de policías, pero sí que los cadetes y casi toda la división del departamento le tenían una fe ciega a la hija de la legendaria maestra tierra. Así que con ayuda de los guardias, Mako, Asami, Bolin y Lin salieron sin ser vistos. Cuando Asami sintió el viento fresco estrellarse contra su piel y jugar con su largo y sedoso cabello una satisfacción inmensa se apoderó de ella. Llenó sus pulmones de aquel oxigeno libre de humedad u olor a alcantarilla, pero sólo se lo permitió por un pequeño instante, Korra estaba en manos de los igualitarios y solamente Raava sabría que le harían. ¿Y si le quitaban su control? No, imposible, en los recuerdos que tenía ella siempre manejaba los elementos. ¿Y si le hacían algo que jamás le comentó? Sabía del horror que le provocaba Amon y que aquel estigma la acompañó por bastante tiempo de su vida mucho después de que todo aquello de los Igualitarios y su movimiento acabase. No debía perder el tiempo. Ahora irían a dónde Tenzin para saber en qué podían ayudar y, por el bien de todos los que estaban con ella, más valía que ese mismo día la Avatar apareciera porque, de lo contrario, ella misma iría a enfrentar a Amon y a su ejercito con tal de encontrarla.
Llegar hasta el despacho de Tenzin había sido un lío, principalmente por toda la seguridad que lo custodiaba ya que el líder enmascarado de los igualitarios había lanzado una amenaza directa para el consejo y sus miembros. La ciudad estaba totalmente vacía y solo era recorrida por los grupos de policía que estaban de guardia, si la ingeniero logró ver a dos o tres ciudadanos, hasta demasiado fue, todos estaban resguardados con el temor a un inminente ataque proveniente de aquella rebelión que iba en contra de los maestros. El ambiente era pesado, en todo el transcurso nadie dijo ni una sola palabra, cada quien venía sumergido en su propio mar de pensamientos, pero quien en esos instantes tenía la carga más grande en cuestión de líos mentales era Asami. Por más que se esforzara, no podía recordar dónde estaba Korra y eso le frustraba, no tener conocimientos de hechos que estaban pasando en ese instante y sí de las cosas que pasarían en un futuro era más que irritante para la ingeniero. En algún momento, dejó de intentarlo para concentrase del todo en usar las cosas que sabía en ese momento para tratar de deducir alguna pista, no era detective ni nada por el estilo, pero lo intentaría con tal de saber dónde estaba la morena.
Después de veinte minutos andando por una ciudad prácticamente vacía, el peculiar grupo liderado por Lin BeiFong llegó hasta el edificio del consejo, una estructura ancha y redonda que ocupaba toda una cuadra que terminaba en forma de punta, estaba hecha de piedra y madera dándole un toque más conservador en comparación a los edificios que la rodeaban. Sin perder más el tiempo, el *cuarteto penetró en las instalaciones con el claro objetivo de llegar hasta la oficina del concejal maestro aire que estaba ubicada en el último piso de la enorme edificación. El recibidor era acogedor, inclusive, podría compararse con el de una casa promedio con muebles cómodos, una mesita de centro con flores y recuadros por todos lados, lo único que desentonaba en aquella escena era la clara mesa de recepción y aquella joven que en esos instantes le pedía a Lin que aguardase en aquel lugar mientras le informaba a Tenzin de su visita, pero, como era ya costumbre, la maestra tierra ignoró los chillidos agudos de la pobre mujer y subió las escaleras seguidamente de los chicos quienes se disculparon, a excepción de Mako, en su lugar mientras ascendían por la misma escalinata que la BeiFong había usado.
Sus pasos siguieron hasta que se detuvieron frente a una puerta de madera que estaba abierta, de seguro Tenzin había olvidado cerrarla cuando entró. La primera en violar los dominios del monje heredero de todos los conocimientos de la cultura de los Nómadas Aire fue, para variar, la detective Lin BeiFong. Los tres amigos se miraron entre sí al ver la intromisión de la mayor, se encogieron de hombros y la siguieron al despacho del hijo menor del gran Avatar Aang. La oficina de Tenzin era amplia y de color café, tres ventanas adornaban la pared que colindaba con la calle que permitían el ingreso de luz al lugar, el fondo estaba decorado por reliquias que denotaban sus orígenes y, en medio, un librero circular coronaba aquel lugar. En frente de éste, se podía ver el escritorio y, sentado, al maestro aire quien mantenía una conversación que no era muy importante por lo que parecía ya que, apenas vio entrar al atípico grupo, su expresión cambió arqueando las cejas en señal de sorpresa y de inmediato colgó la llamada no sin antes alegar que se la devolviera después.
— ¿Lin? ¿Qué rayos...? ¿Qué haces...? ¡Deberías estar en el hospital! ¡Y ustedes tres en prisión! — Señaló el concejal apuntando a cada uno de los integrantes del grupo.
— Pensé que necesitarías ayuda para encontrar a Korra. — Soltó livianamente Lin sin prestarle mucha importancia a su ex-novio.
— ¿Tienen alguna pista? — Se interesó inmediatamente Mako.
— He estado al teléfono toda la mañana... — Comentó Tenzin alejándose de su escritorio y acercándose al grupo. — Pero nada...
— Necesitamos a Naga, ella podría... — Empezó a hablar el maestro fuego, pero de inmediato fue interrumpido por la heredera de ojos verdes.
— Mako, no creo que Naga esté por aquí, de seguro ella igual esté buscando a Korra. — Comentó Asami dejando de cierta forma impresionados a todos por el repentino conocimiento hacia la actitud del animal guía de la Avatar.
— De hecho... Naga también está desaparecida... — Corroboró Tenzin.
— ¿Y por dónde empezamos? — Preguntó Bolin curioso al ver que no tenían nada con que trabajar.
— Supongo que los igualitarios se esconden bajo tierra, en el laberinto de túneles que hay bajo la ciudad. — Dedujo la detective sin mucho esfuerzo.
— Bajo tierra... Igual que la fabrica secreta de mi padre... Pero siento que ella no estará ahí... — Susurró Asami casi para sí lo último, algo en su interior o, su cabeza, le gritaba que aquella idea era inútil.
— ¡Tiene sentido! — Apoyó el maestro tierra a la BeiFong. — Cuando me capturaron esos bloqueadores de chi, sonó como si condujeran por un túnel.
— ¡Ya sé dónde empezar a buscar! — Gritó prácticamente Mako. — ¡Vamos!
Apenas dijo eso el maestro fuego, él y sus dos amigos salieron disparados fuera de la habitación, tenía una ligera sospecha de dónde podría estar la Avatar escondida y tenía muy buenos argumentos para solventarlo, pero aún así, Asami no creía que Korra estuviese en ese sitio, algo en su interior le decía que no fuera con ellos, que su búsqueda no tendría resultados favorables allí, pero calló, calló porque a pesar de que tenía la corazonada de que su morena no estaba en ese lugar, tampoco sabía en dónde Amon la ocultaba. Sus pensamientos en ese instante eran muy confusos y, si por ella fuese, prefería que su cerebro no gastara energía innecesaria en pensar o, en este caso, recordar algo que estaba viviendo en esos instantes. Era como si su pasado fuese su presente ahora. Pero dejó de preocuparse por eso cuando vio salir a Tenzin y a Lin del gran edificio dónde trabajan los concejales, iban a montar en Oogi e ir al lugar el cual había pensado Mako, así que, ni tardos ni perezosos, todos montaron en el gran bisonte volador y alzaron vuelo.
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El túnel en el que se encontraban era amplio, hecho de piedras solidas, aquel conjunto de cavernas subterráneas eran usadas principalmente en la época de lluvias para evitar que la ciudad se inundase debido a que la situación geográfica en la que se encontraban, rodeadas de montañas y por tener tan cerca el océano, el olor a caño se infiltraba por las fosas nasales de la heredera provocando el reflejo de su estomago por devolver lo que había comido hacia escasas pocas horas de que la detective BeiFong le liberase de su prisión, la sensación del agua negra que manchaban sus botas era repugnante, pero debía aguantar todas aquellas circunstancias por la morena. Su paso era firme, pero lento y a su lado se encontraba el hermano de su novio y quien, eventualmente, se convertiría en su mejor amigo, Bolin quien parecía extrañamente nervioso a su lado, pero aquello le tenía sin cuidado, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para prestarle la debida atención al maestro tierra quien paseaba su mirada entre ella y Mako, quien estaba liderando a todos gracias a su fuego control.
Todo había pasado tan rápido para la heredera, hace tan solo unos cuantos minutos estaba charlando con Bolin acerca de aquel beso entre Mako y Korra que ahora podía recordar perfectamente y, a comparación a como se debía sentir, estaba más resentida con la Avatar que con su novio, y ahora estaba sosteniendo a un pobre igualitario mientras que la detective BeiFong trataba de detenerla para evitar que le hiciera algún daño al pobre sujeto que en esos instantes lamentaba haberse unido al ejercito personal de Amon. La ira que recorría en esos instantes su cuerpo era casi cegadora, a pesar de que le habían mandando a cuidar la retaguardia ella simplemente ignoró dichas órdenes y trató de buscar alguna pista que le pudiese guiar al verdadero paradero de la Avatar. Pero nada. Recorrió en tiempo record todas las instalaciones de los igualitarios buscando encontrarse con esa azulina mirada que tanto le gustaba ver por las mañanas recién levantada después de una noche de pasión, pero en su lugar se halló con miradas tristes y desesperanzadas de maestros a los cuales les había sido arrebatado sus poderes de la formas más aterradora posible. Para un maestro, su control era parte de su alma y, sin éste, no eran nada.
— No lo voy a repetir, ¿¡Dónde está Korra!? — Demandó saber la heredera con el ceño fruncido.
— N-No sabemos... Los igualitarios no atacamos la alcaldía. — Empezó a hablar el hombre con tono suplicante. — Tarrlock miente, se lo juro, señorita.
— Déjalo, niña. — Demandó la detective. — Sabes que dice la verdad, tú misma recorriste estas instalaciones...
— ¿Qué...? — Dijo incrédulo Mako, él solamente pudo ver la mitad y eso que estaba acompañado con Tenzin.
— Sé que no está aquí... Pero eso no descartaba que la tuviesen en otro recinto. — Gruñó la ojiverde dejando al sujeto contra el suelo.
— ¿Por qué Tarrlok inventaría una mentira semejante? — Soltó al aire el maestro fuego.
— Porque él tiene a Korra. — Dedujo Tenzin enojado. — ¡Nos mintió a todos!
En esos momentos una luz roja empezó a sonar por todas las instalaciones y el sonido de una alarma retumbó en las paredes rocosas. ¡Tenían que salir de ese lugar de inmediato!
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No sabía como había salido de ese lugar infernal, lo último que recordaba era haber visto a Tarrlock tirado en el piso con una expresión de vacío en los ojos, después enfrentar a unos cuantos igualitarios antes de salir de aquella choza donde la mantenían cautiva solamente para encontrarse de nuevo con ese hombre de máscara que la atormentaba en sus pesadillas más profundas y que, con los años, no pudo lograr superar el trauma que le había causado. A veces, por las noches, despertar jadeante pensando que aquel hombre la acechaba aún y, de no ser por las caricias de aquella mujer de ojos verdes y de cabello ondulado que tanto amaba, jamás podría haber conciliado el sueño de nuevo. ¿Qué tanta influencia debía tener Amon como para poder encontrarla en medio de la nada y mandarla a electrocutar de una manera tan inhumana? De no haber sido por su astucia, de seguro hubiese estado, literalmente, frita en cuestión de segundos, los voltios que usaban los guantes del ejército de Amon eran lo suficientemente poderosos para matarte y, por el tiempo que ella estuvo colgada, hubiese quedado calcinada y reducida a cenizas. Pero eso no importaba ahora, debía correr por su vida, si aquel sujeto la atrapaba de nuevo, solamente Raava sabía que le haría, así que era mejor que su agua control siguiese funcionando mientras bajaba de esa colina.
La Avatar seguía descendiendo de aquella pequeña montaña sin reparo alguno, su corazón latía a tal velocidad que llegaba a pensar que se le saldría del pecho o que dejaría de palpitar de algún momento a otro, las gotas de sudor que acariciaban su cuerpo empezaban a entrar en contacto con las heridas ganadas en la pelea contra Tarrlock provocándole un ardor horrible, su respiración, entrecortada, hacía que su diagrama y pulmones trabajasen más de la cuenta, sus brazos quemaban debido a la exigencia física a los que les había expuesto, sus entrenamientos con Tenzin en estos momentos parecían un viaje de relajación, pero no importaba, entre más lejos estuviese de ese lugar ella se sentiría más tranquila. De manera involuntaria, la Avatar viró su rostro para ver si ya estaba lo suficientemente retirada de ese sitio de pesadilla, observaba como aquella casa que la había mantenido cautiva se alejaba cada vez más de su rango de visión y se alegró al notar que ya no distinguía nada, pero aquello sólo duró unos cuantos segundos puesto que, casi al instante, un dolor agudo que provenía de su pie le invadió. Una raíz que no contempló por estar más preocupada en escapar de su pesadilla se le había atravesado provocando su inminente caída que, con la velocidad que tenía, sería muy dolorosa.
Su cuerpo se estrelló contra la fría nieve que logró apaciguar su caída, pero no lo hacía menos dolorosa. La Avatar rodó colina abajo estrellándose con todo lo que había en su paso, rocas que dejaron marcas evidentes en la piel tostada de la maestra agua y ramas cuyas astillas se incrustaron en la tez de la morena dejando marcas rojas que le serían realmente dolorosas. La joven morena seguía cayendo de manera violenta hasta que el ruido sordo de su espalda impactándose contra un árbol hizo que su avance se detuviese, debido al golpe, la gruesa capa de nieve que arrullaba las ramas de aquel tronco cayó en dirección a la maestra agua creando una manta invernal sobre su cuerpo. Si la joven no hubiese sido originaria de la Tribu Agua del Sur, el lugar más frío del mundo, de seguro su cuerpo hubiese caído impasible por el crudo frío de esa noche, solamente un cuerpo acostumbrado a aquellas temperaturas que rozaban los números más bajos de un termómetro sería capaz de resistir aquella ventisca invernal que azotaba en esos momentos. Korra, sin quererlo, empezaba a caer en un trance debido al golpe y al agotamiento, sus ojos se cerraban cada vez más y de seguro hubiese cedido al sueño de no ser porque una húmeda nariz que conocía bien le empezó a olfatear con insistencia.
— ¿Na...ga? — Dijo con dificultad la morena alzando su rostro recibiendo un pequeño gemido como respuesta.
La perro-oso polar de la Avatar la había estado buscado desde el momento en el que vio su llegada y, gracias a su gran sentido del olfato, logró atravesar toda la ciudad y seguir el rastro de la joven maestra agua hasta llegar donde estaba en esos momentos, dónde más la necesitaba. Sin lugar a dudas, Naga era el animal guía de la joven Korra pues siempre estaba allí cuando era requerido y jamás se apartaba de su lado a menos que fuese necesario.
— Buena chica... — Felicitó la sureña a su fiel amiga mientras se trataba de reincorporar. — Ven, ayúdame.
Naga de inmediato inclinó su cabeza para lograr subir a su ama en su lomo, jamás la había visto en ese estado y le preocupaba bastante, la mente del animal sólo podía pensar en llegar lo más rápido con algún conocido de su amiga para que la ayudaran y, así, que pudiese volver a sonreír y jugar con ella.
— Vamos, chica... Busca a… 'Sa….— Fueron las últimas palabras de Korra antes de caer noqueada en el lomo de Naga.
La perro-oso polar de la Avatar acató aquellas últimas palabras y, tan suave como pudo, empezó a trotar en dirección a la ciudad, allí de seguro encontraría a las personas adecuadas para que ayudarán a su ama. Naga podía sentir la respiración entrecortada de Korra en su espalda, temblaba y susurraba el nombre de aquella chica de cabello negro que no conocía muy bien pero que sabía era buena persona, apenas la conoció no notó algún rastro de maldad en ella y, cuando se daba la ocasión, llegaba hasta a jugar con esa chica de ojos verdes. En ese instante el fiel animal de la joven Avatar supuso que quería que la llevara con esa joven llamada Asami, si mal lo recordaba, el aroma que desprendía la heredera era el de té de jazmín mezclado con aceite de esos extraños animales metálicos que en su llegada a la cuidad quisieron atacarla. Sería fácil encontrarla en ese caso, pero primero, debía llegar a Ciudad República lo más rápido que pudiese pero, a su vez, no mover tanto a su ama quien descansaba en su lomo.
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Sobrevolaba la Ciudad República de nuevo en el lomo de Oogi junto con sus compañeros de búsqueda, la luna ya había reclamado el cielo desde hacia ya tiempo atrás y un dolor punzante le recorría todo su cuerpo. Esa misma tarde, después de enterarse de lo que Tarrlock, ella y el grupo se dirigió directamente al edificio de gobierno dónde Tenzin mandó a reunir a todos los miembros del consejo de Ciudad República, incluyendo también al maestro agua. Una vez ahí, el maestro aire empezó la pequeña reunión improvisada hasta que Tarrlock llegó con su falso interés sobre el caso de Korra -cosa que repugnó a Asami a tal grado de empuñar su mano y contener las ganas de golpearlo-, en ese momento empezó el desastre. El hijo menor del Avatar Aang acusó al concejal representante de la Tribu Agua de calumnias y secuestro para con el Avatar, cosa que obviamente, Tarrlock negó rotundamente hasta que su secretario habló confesando que aquel hombre podía hacer sangre control, el arte prohibido desde que la maestra Katara logró aprender y denegar a los demás maestros por la carga inhumana que aquella técnica tenía. Después de aquello, lo único que Asami lograba recordar -y sentir hasta ese momento- era el dolor en su cuerpo y su conciencia reducida a una pantalla negra.
Miraba todas las calles que pasaban desde la cenit donde estaba, su cuerpo molestaba aún debido a las secuelas de que usaran sangre-control sobre ti, pero no le importaba, sólo quería encontrar a Korra, su único informante había huido y ya solo les quedaba recorrer toda la ciudad hasta poder dar con la Avatar, tan solo esperaba que estuviese bien. Asami bufó enojada, más le valía al bastardo de Tarrlock que no le hubiese tocado ni el más fino cabello a la sureña porque, de lo contrario, ella misma se encargaría de hacerle ver que quizá los maestros sí deberían tener miedo de los no-maestros. Su vista seguía estudiando meticulosamente cada fragmento de asfalto que se desplegaba sobre ella, como si en éste estuviese la respuesta a su interrogante sobre la ubicación exacta de la morena. La heredera estaba tan concentrada en su búsqueda que cuando escuchó el aullido característico de Naga, el fiel perro-oso polar de la Avatar, no pudo evitar dar un pequeño respingo. Apenas todos pudieron dar fe de que aquel aullido era el de la mascota de Korra y la localizaron, Tenzin hizo descender a Oogi para poder ir a donde ella para saber dónde estaba la maestra de los cuatro elementos.
Pudo escuchar una voz llamarla por su nombre, si sus sentidos aún estaban con ella y no le hacían malas jugadas, podía decir que aquel grito provenía nada más y nada menos que de su mentor, Tenzin. Si tan sólo sus fuerzas no le hubiesen dejado hacía ya tiempo, se hubiese reincorporado para poder ver a su maestro cara a cara, pero no podía mover ni un mísero dedo y solo abría y cerraba sus ojos por puro milagro de Raava. Sintió como alguien se acercaba a ella y usó toda la energía que le quedaba solamente para alzar su torso y poder contemplar el rostro asustado y mortificado del menor de los hijos de Tenzin, en su cara podía notar gotas de sudor, de seguro la había estado buscando desde que se enteró de su desaparición, no muy separado del maestro aire pudo ver también a la comandante BeiFong, a Korra le sorprendió verla allí, Lin y ella no eran precisamente amigas, así que poder observar la preocupación que la detective tenía para con ella fue grata, hasta que habló con aquella voz dominante que haría a cualquiera temblar.
— ¿Dónde está Tarrlock? ¿Cómo te escapaste? — Fueron las primeras palabras de la Lin para con ella, cosa que realmente no le impresionó mucho.
Estaba a punto de contestar todo lo que había visto en esa choza, pero en ese instante un muchacho de ojos ámbar, de cabello negro parado y con cejas extrañas, **pero de buen corazón se acercó a dónde ella y la cargó entre sus brazos, pero aquello no evitó que sus ojos azules ignoraran por completo a su amigo y se concentrara en unos ojos verdes que la miraban a la distancia preocupada. Asami, allí estaba ella.
— Estaba muy preocupado... — Soltó de la nada el maestro fuego mientras la cargaba hasta dónde estaba Oogi. — ¿Te encuentras bien?
— Estoy bien.. — Logró decir la Avatar. — ¿Cómo está... Asami?
— Eh... Ella está bien, supongo. — Mako mentiría si dijera que aquella interrogante se le hizo extraña, pero no podía decir nada, la morena estaba muy débil y quizá su mente cansada.
— Me alegro... — Suspiró aliviada la morena. — Me alegro tanto...
No supo cómo, pero terminó sobre el lomo de Oogi gracias a la ayuda de su amigo, pudo percibir como cada vertebra de su espalda se acomodaba en la montura del gran animal, apenas todo su cuerpo se encontró bien acomodado pudo respirar tranquila, una mano le acarició su frente y notó como los cabellos que tenía pegados en la frente debido al sudor desaparecían y se colaban en su oreja.
— Ya estás a salvo... — Le susurró el maestro fuego.
— Gracias... — Musitó en respuesta la morena. — ¿Podrías ir con Tenzin y decirle que estoy bien? No quiero preocuparle.
— Claro… Tú descansa. — Comentó el cejudo antes de descender por el lomo del animal volador.
Vio como Mako hablaba con Korra en el lomo de Oogi, su estómago se contrajo involuntariamente y un pinchazo agudo en su corazón se hizo presente. ¿Será que ella la recordaba? Cuando encontraron a Naga quiso ser la primera persona a los que esos ojos azules viesen, pero Tenzin y Lin se le adelantaron usando sus respectivos controles para alcanzar al perro-oso polar que llevaba en el lomo a la Avatar, deseó acercarse a Korra apenas sus pies pisaron el gris asfalto que condecoraba las calles de Ciudad República, pero su "novio" la había hecho a un lado al igual que a la maestra tierra y el maestro aire para acaparar la atención total de la morena que estaba notoriamente débil y, cuando los vio en esa posición, no pudo moverse de su lugar. Sabía que entre el maestro fuego y la maestra agua hubo algo, algo que a ella le dolió pero que aceptó hacia mucho tiempo, demasiado para su gusto y que ahora estaba obligada a revivir sumándole a todo eso lo que sentía por esa morena que ahora descansaba en la parte superior de Oogi mientras ella sólo podía observarla a la distancia. Decir que aquella situación le dolía era poco, su corazón, cuerpo y alma le pertenecían a esa sureña de piel achocolatada que ahora estaba siendo consentida y mimada por otra persona que no era ella. ¿Cómo iba a saber Mako donde le gustaba que le acariciaran?, ¿Sabía acaso él que a la Avatar le encantaba que le rascaran la cabeza cuando se sentía así? No. Solamente ella la conocía, pero no podía hacer nada mientras su amigo estuviese con ella.
Asami seguía mirando agudamente a la recién formada pareja cuando notó como Mako decencia del gran animal volador para dirigirse donde estaban los demás reunidos, ella había preferido alejarse un poco para no hacer evidente el mar de emociones que tenía en ese momento. Al ver una oportunidad de oro para estar a solas con la Avatar, no dudó ni un segundo en rodear al bisonte para que así nadie la viese subirlo y, cuando se aseguró de que nadie notó su ausencia, subió hasta la montura donde ya se encontraba la joven de ojos azules y de cabellera castaña acostada. Se veía tan débil y frágil, no parecía la misma Korra de siempre, varias heridas adornaban su tez morena y su cabello estaba totalmente desperdigado fuera de sus típicas coletas que siempre usaba. Con cuidado de no alterar a la maestra agua, se acercó para apreciarla mejor, quizá esa sería su última oportunidad para tenerla así de cerca de ella, se sentó a su lado y la contempló un rato, quería grabarse hasta el más mínimo detalle de ese rostro que tanto adoraba y que, por ahora, no podría besar ni acariciar. «Korra... Si tan solo supieras qué nos aguarda a ambas...», pensó la heredera con pesar al aceptar lo que para ella era obvio, era demasiado iluso pensar que la Avatar se acordara de ella o de lo que sentían la una por la otra.
Suspiró resignada al ver que no estaba haciendo nada de provecho, «Asami, deja lastimarte de esta forma...», se dijo a sí misma la heredera dispuesta a irse cuando sus ojos esmeraldas se toparon los suculentos labios de la morena que estaban entre abierto para permitirle a sus pulmones tomar el aire suficiente. «Raava, perdóname», fue lo último que pensó la ojiverde cuando tomó una decisión que de seguro lamentaría y tan solo rogaba que cuando Korra reaccionara -si es que lo hacía-, tuviese una buena excusa que darle. Se acercó lo más que pudo al cuerpo de la Avatar y miró en dirección a donde estaban sus amigos, para su suerte, aún seguían hablando; tomó aire y se inclinó sigilosamente hasta quedar a unos cuantos centímetros de los labios morenos de aquella joven que desde siempre le quitó suspiros y sueños. Cerró los ojos y, en un acto de total impulso, unió delicadamente sus labios en el que sería su primer y, quizá, último beso. Por los espíritus, volver a tener esos labios entre los suyos era algo celestial, ¿Cuándo se había vuelto adicta a ese sabor? No tenía idea, tan solo deseaban estar así por toda la eternidad, pero sabía que era imposible, entre más rápido acabase con ese beso sería mejor para Korra y, sobre todo, para ella, quien aún debía lidiar con una relación que cada vez se iba más abajo con Mako y ahora lidiar con ver a la chica que amaba siendo abrazada por alguien más en vez de que esos fuertes y cálidos brazos tostados la acogieran a ella.
Sin quererlo, empezó a separarse de los labios de la morena cuando un brazo que bien reconocía la sujetó de la cintura y la obligó a recostarse sobre el pecho de Avatar. La cara de sorpresa de Asami fue inmensa al ver como sus labios eran besados ahora por los de Korra, sin pensarlo siquiera, se dejó arrastrar por el hechizo hipnótico de la maestra agua, la tenía a su merced con tan solo aquel pequeño gesto. Sus brazos no tardaron en llegar hasta la nuca de Korra para hacer ese beso más profundo y lascivo. No se habían visto en todo un día y ambas temían que la otra no las recordase, así que el saber que ambas aún seguían teniéndose aquel puro sentimiento en sus corazones era gratificante, sobre todo para la morena, quien no sabia como iba a poder ignorar a su Asami, con tan solo verla ese efímero segundo cuando Mako la llevó hasta Oogi, sintió como si se hubiese vuelto a enamorar de ella. Su pulmones no pudieron más y tuvieron que separarse, ambas estaban agitadas y se mostraba en sus respiraciones entrecortadas que, gracias al frío que estaba haciendo en esos momentos, era más que evidente.
— Me recuerdas... — Dijo feliz la Avatar casi llorando. — 'Sami, me recuerdas.
— ¿Cómo podría olvidarte, Korra? — Contestó con una sonrisa la heredera uniendo su frente con la de la sureña. — Eres lo más importante que tengo y tendré siempre.
— Tenía tanto miedo de que no me recordaras... Cuando desperté en aquella caja metálica y recordé como nos separamos, lo primero que hice fue tratar de salir de allí e irte a buscar, sabía que estabas en prisión por mi culpa, no quería que nada te pasara y... — Un quejido de dolor obligó a la maestra a detener su atropellada explicación.
— ¡Oh, Raava! ¡Sí estás herida y yo encima de ti! — Tan rápido como pudo, la heredera se sentó junto a la sureña. — Perdón...
— No tienes porque pedirlo, 'Sami, yo fui quien te puso arriba de mí. — Trató de bromear la Avatar.
— Korra, deberías descansar... Luego hablaremos de... este asunto.
— Claro, 'Sami... Buenas noches. — Acató la maestra agua cerrando los ojos.
— Buenas noches, Korra... — E inclinándose, la heredera depositó un último beso en la frente de la Avatar. — Dulces sueños.
— Siempre los tengo si estás conmigo. — Susurró la ojiazul antes de quedarse dormida.
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El viaje hacia la Isla del Templo del Aire fue en silencio, Mako veía y de vez en cuando acariciaba la mano desnuda de Korra sin que nadie, o al menos eso pensaba él, se diera cuenta. Asami hacia lo mismo, pero de una forma más discreta que su novio y, a diferencia de éste, ella no solo acariciaba aquel brazo moreno, sino que lo mimaba y velaba por Korra en silencio sin ser tan escandalosa como su "novio" quien le repetía constantemente a la Avatar la promesa de que todo estaría bien y que ya pronto llegarían a su destino. En esos momentos, la heredera agradeció que la maestra agua hubiese caído presa del agotamiento, a ella le molestaba bastante que mientras durmiese le estuvieran hablando, según ella, perturbaba su sueño y solamente lograban hacerla irritar cuando pasaba eso. La sureña era más de caricias, pequeños y leves besos regados desde su frente, pómulos y detrás de la oreja dónde le provocaba una sensación similar a las cosquillas, pero que le encantaba sentir y más si esos labios carnosos rojos eran los que provocaban aquel cosquilleo.
Apenas llegaron a su destino, el maestro fuego se encargó personalmente de llevar a la Avatar hasta su dormitorio seguida muy de cerca por la ojiverde, ella misma arregló la cama dónde estaría Korra de la forma que más le gustaba, con una sola almohada que soportara su cabeza y la manta más delgada que encontró. Ya una vez todo listo, le dijo a Mako que podía recostar a la morena y la tapó con tal amor que hasta el cejudo se quedó algo extrañado, todo ese día Asami había actuado de una forma muy extraña para con la maestra agua, ¿Cuándo se habían vuelto tan cercanas? No lo sabía, pero ese no era el momento para interrogantes tan estúpidas como esas. Vio como Asami jaló una silla con las claras intenciones de cuidar a Korra esa noche, de inmediato le pidió que se fuera a dormir, que él la cuidaría, de alguna forma, sentía que era su deber velar por la morena, su corazón le decía que se quedara con ella. Con Korra. Pero lo que el pequeño centro del maestro fuego no sabía es que había otro igual o más grande que profesaba lo mismo por la morena y que, para pesar de él, ya era correspondido y era tan poderoso que ni el tiempo podía removerlo del corazón de ambas chicas.
La heredera miró con algo de duda a su "novio" y dejó la habitación, no tenía la paciencia suficiente en ese momento como para ponerse a discutir con Mako acerca de sus razones por las cuales estaba tan interesado en la Avatar, ya estaba apunto de salir cuando se dio media vuelta y observó al maestro fuego acoger la mano de Korra, y una sonrisa picara se dibujó en los labios carmín de la Sato. Apenas el cejudo pudo proteger la mano de la sureña, ésta se movió retirando la suya y susurrado entre sueños el nombre de la heredera de Industrias Futuro. Sabía que no era correcto, pero ver que hasta dormida la ojiazul reconocía su tacto, su calor, le encantó, y más ver la cara de estupefacción de Mako. Sin más, se retiró de la habitación para poder ir a la suya que quedaba a cinco puertas de distancia de donde estaba la sureña, se recostó en su cama y trató de conciliar el sueño sin resultado alguno, algo le hacia falta, un calor que su cuerpo no parecía necesitar pero si su alma. Quería que unos brazos la acogieran, la protegieran y velaran de su sueño, y, a su vez, quería hacer lo mismo con esa persona que estaba a unos metros de donde ella estaba.
El sol acariciaba sus párpados y apenas fue consiente de su cuerpo el dolor se extendió en cada músculo que había usado el día de ayer. Con dificultad, se paró de la cama mientras se tallaba la cabeza, inconscientemente palpó su cama en busca de aquel calor que su corazón recordaba, pero no sintió nada y de inmediato supuso que de seguro se había despertado antes que ella. Korra estiró sus brazos y piernas cual tigre-mono y percibió como cada hueso crujía en señal de que las burbujas de aire entre sus vertebras habían desaparecido con aquel acto tan más sencillo. «Juro que no vuelvo a dejar que me secuestren, me deja hecha polvo...», Se dijo a sí misma la Avatar tallándose los ojos para quitarse las lagañas que tenía acumuladas por tanto dormir. Esa noche no había soñado, y si lo hizo, no recordaba para nada su sueño, a veces le pasaba cuando el cansancio era demasiado grande y simplemente caía como roca, así como lo hizo en esa ocasión. Ya una vez despabilada, bostezó de nuevo en señal de que su cerebro aún se negada a despertar a pesar de que su cuerpo ya lo había hecho.
— Asami, ¿Podrías hacerme un poco de té de jazmín, por favor? — Pidió con tono ensoñador la Avatar. — Todo me está doliendo, ni los entrenamientos que tenemos me dejan así de exhausta.
— ¿Asa...mi? — Una voz masculina hizo que todo el cuerpo de Korra temblara, miró al dueño de aquel tono grave y su cara de sorpresa fue mayúscula.
— ¡¿Ma-Ma-Mako?! — Preguntó incrédula la morena. — ¿¡Q-Qué haces aquí!?
— Estuve cuidándote toda la noche, ¿Cómo te sientes? — Interrogó el maestro fuego dejando de lado lo anterior.
— Mejor... Me duele todo, pero nada fuera de lo normal. — Comentó la maestra agua sonriendo. — Gracias por cuidarme, debió ser aburrido estar solo conmigo.
— Asami también se quedó un rato. — Agregó no muy seguro el cejudo. — Pero le dije que se fuera a dormir, podía cuidar de ti yo solo.
— ¿Asami... se quedó? — El tono ilusionado con lo que dijo lo último fue imperceptible para el maestro fuego, a veces Mako podía ser muy tonto.
— Si, me alegra que estén más unidas. — Soltó el joven de cabello negro. — ¿Quieres un té? Lo pediste hace poco.
— Si, por favor... — Se sonrojó ligeramente la morena al darse cuenta de que, en efecto, lo había pedido, pero no precisamente a aquel muchacho.
— ¡Ya te lo traigo! — Dicho eso, Mako salió disparado de la habitación dejando a la Avatar sola.
Korra vio a su amigo atravesar la puerta y un alivio le invadió de inmediato, Mako había pasado toda la noche cuidándola y no podía imaginar un escenario más vergonzoso... Solo esperaba que Asami no pensara mal, una de las cosas que más miedo le daba era ver a la heredera enojada y, más valía creerle a la morena, eso no era nada bonito. La maestra agua estaba preguntándose mentalmente como rayos haría para poder explicarle la situación a la que sería su novia cuando la puerta de su habitación se abrió y, de manera instintiva, viró el rostro para ver quien entraba. Su mente dejó de lado todos sus pensamientos y su corazón dio un brinquillo de felicidad, en el umbral se encontraba esa chica que tanto quería mirándola con los ojos más tiernos que jamás habría imaginado antes.
— Hola... — Saludó la heredera mientras se sentaba en el lugar que había ocupado Mako.
— Hey, hola. — Le contestó Korra sonriente.
— ¿Cómo estás? — Preguntó Asami mientras acercaba una taza de té que la morena no había visto por estar atontada con esos ojos verdes. — Te traje un poco de té.
— Gracias. — La ojiazul tomó la taza entre sus manos y bebió un poco de ese caliente liquido. — Mandé a Mako a que me trajera un poco de té, pero agradezco que me lo hayas hecho y traído tú... Solamente tú sabes como me gusta.
— Lo sé. — Dijo despreocupada la Sato. — Mako casi quema la tetera y le dije que mejor fuera a ver al resto, pero creo que está algo enojado conmigo... Cuando le mencioné eso me miró con el ceño fruncido y dejó todo ahí.
— Oh... creo que es culpa mía, perdón... — Respondió la chica de tez tostada encogiéndose de hombros. — Digamos que cuando me desperté estaba atontada y pues... te llamé a ti y te pedí justamente un té mientras me quejaba...
— Creo que está celoso... — Dedujo Asami cruzándose de brazos. — Pero es muy orgulloso para admitirlo, no puede ni aceptar que te quiere a ti. Pero no estoy aquí para hablar de él.
— Entiendo. — Korra dejó de lado su taza para poder concentrarse en su chica.
— Korra, debemos regresar. — Sentenció la heredera. — Este tiempo no es el nuestro y lo sabemos. Aquí lo nuestro no tiene cabida, ¡Apenas éramos amigas! ¿Cómo se supone que expliquemos nuestro repentino acercamiento? Mientras estabas atrapada... Perdí el control y... Bueno... Demostré demasiada preocupación para contigo... Más de lo que la Asami de este tiempo demostraría.
— Lo sé... — Aceptó la maestra agua. — Cuando Mako me cargó lo primero que le hice fue preguntarle por ti.
— Esto está mal. — Suspiró la Sato preocupada. — No podemos jugar con lo que pasó aquí, podríamos alterar las cosas en un futuro... Todo pasa por una razón.
— Lo entiendo, 'Sami. — Los ojos azules de la Avatar encontraron los verdes de la heredera y en éstos había una decisión inquebrantable. — Debemos encontrar a la forma física de Fatum y hacer que nos regrese. No pienso quedarme aquí y revivir mis temores de nuevo, pero sobre todo, no pienso esperar tanto tiempo para volver a besarte.
— No tienes que esperar para besarme. — Asami, sin previo aviso, se abalanzó sobre esos labios morenos que tanto le gustaba. Fue un beso leve y corto, pero lleno de emociones. — Solo debes esperar la ocasión correcta.
— ¿Sabes que te amo? — Sonrió Korra.
— Lo sé... — Susurró la heredera. — Yo también te amo... Gracias por no dejarme sola en esto, no sé que habría pasado si me encontraba aquí yo sola.
— Jamás te dejaré de nuevo, 'Sami... — Prometió la maestra agua tomando la mano de aquella chica de pelo negro. — Ni en este tiempo, ni en el pasado, ni en el futuro. Te juro que nos sacaré de esta, no me importa que...
El silencio se hizo presente en ese momento, ambas chicas no tenían la necesidad de seguir hablando, se transmitían todo lo que necesitaban con tan solo mirarse. Todo eso era aún confuso para las dos, pero no les importaba, sabían que saldrían de esa como siempre lo hacían cuando estaban en las misiones y esa no sería la excepción. Encontrarían a Fatumn y regresarían dónde pertenecían, no tenían duda de ello.
Continuará...
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: Imagínense a la autora contando con los dedos en esta parte… porque así pasó…
Segundo**: Saben que no soy partidaria del MaKorra ni nada, pero, hey, Mako es un buen chico aunque pésimo manteniendo relaciones amorosas. De manera personal, me gusta mucho Mako como hermano mayor…
FUMADAS DE LA AUTORA:
Hace unos días prometí algo, así que lo tengo que cumplir. Este Fic va dedicado a: Korra Vandom Sato, Alfa-Ary Haven Kesarav, Sango World (que hizo un bonito dibujo de Asami y Ryou, búsquenlo, esta cute), Angi Vega, Gisella Martinez. Quienes han leído mis once FanFics KorrAsami, muchas gracias, me animan a seguir adelante y veo que mis demás trabajos son apreciados.
Como dije allá arriba, estoy a nada de volver a entrar a la Universidad *inserte un grito de terror aquí* y por lo que he visto, este semestre también la tendré bastante pesadito, así que, como ya sabrán los que me han seguido desde "Nuestra Historia Sigue", no habrá fecha exacta de actualización. Procuraré que no supere un lapsus de dos semanas, a lo mucho tres, sin actualizar, así que desde antes, pido paciencia.
Espero que este capítulo les haya gustado, para mí fue algo estresante redactarlo ya que publiqué una pequeña encuesta si deseaban descripción completa o solo un poco, ganó la primera y aquí es dónde pido disculpas… Fue demasiado tedioso, monótono e inútil que escribiese desde cero el capítulo de dónde está basado esta actualización así que, como se habrán dado cuenta, corté varias partes que serían irrelevantes al drama (como las visiones de Korra, la pelea en el túnel, el encuentro de Tanrloq y demás cosas que se hacen mención como hechos que pasaron) Espero puedan entenderme… Lo siento.
REDES Y :
Y vale, el titulo lo dice todo.
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