¡Hola a todos mis queridas y alguno que otro lector del JELSA! Aquí les he traído el nuevo capítulo de este AU medio raro y drogado. Espero y les guste.
LOS PERSONAJES NO SON MÍOS, SON DE SUS RESPECTIVOS CRADORES, DISEÑADORES Y PROPIETARIOS COMERCIALES.
FELICITACIONES A FROZEN Y A INDINA MENZEL POR GANAR LOS OSCARES 2014 A MEJOR PELÍCULA ANIMADA Y MEJOR CANCIÓN ORIGINAL RESPECTIVAMENTE.
Ahora sí, buena lectura:
₪ Rosas de cristal. ₪
Rosa dos: Mi verdadero yo.
Estaba en la oficial leyendo unos papeles que me habían encargado por parte de la sección de compras. Ser la dueña de una empresa multimillonaria era un trabajo realmente pesado, y más aún cuando no sabes la mayoría de los asuntos a tratar en las montañas de documentos que debes leer y verificar antes de poner una firma delante de ellos. Eso era realmente aburrido. Contemplé mi gran oficina vacía, el escritorio metálico estaba en el centro, dos sillas -para quienes viniesen- estaban delante de mí, un gran ventanal en mi espalda que cubría toda la pared, a los lados habían pinturas que, en mi opinión personal, hacían el entorno más gris de lo que ya era, un pequeño dispensador de agua estaba a mi lado derecho y una cafetera a su lado. En mi escritorio, que estaba lleno de papeles, tenía un ordenador inmenso, esa cosa quería emular a una de las primas computadoras existentes, un pequeño portalápices estaba lleno de plumas y, a su lado, estaba dos móviles. El mío negro con el logo de una manzana mordida, y el otro que usaba sólo para negocios que era más grande que el propio y tenía el sistema operativo de la competencia del mío.
Me incliné en mi silla, ya estaba rendida de tanto papel que leer y que firmar. Visualicé mi celular y cubrí toda la oficina con mi plano visual. No había nadie. Yo era la única ahí. No molestaría a nadie si ponía algo de música, ¿no? Busqué mis audífonos en mis bolsillos y me di con un gran descubrimiento. «Maldición, no los traje...» susurré por lo bajo. Sólo habían dos cosas en el mundo con las cuales jamás salía de casa: sin mis guantes, y sin los audífonos. Bufé resignada, quería escuchar música. Moví mis ojos de lado a lado para cerciorarme de que nadie estaba por ahí. ¿Y si sólo la ponía? Nadie lo notaria... la pondría muy, pero muy bajito... ¿no? Tomé mi móvil, lo desbloqueé y abrí el reproductor de música. Nadie se daría cuenta al final. Busqué en mi lista de reproducciones donde tenía las canciones de una banda española llamada "Hombres G", era muy buena. El tema que sonaba era uno llamado "lo noto", pues fue la que salió al azar cuando sacudí mi celular, ya que no podía elegir una canción en sí. Esa canción era muy buena, hablaba de una relación que estaba muriendo, en fin, excelentes tema musical si te sientes deprimido por una relación que se iba al demonio. En mi caso, sólo la escucharía porque fue la primera que salió.
Mientras escuchaba la canción, seguía trabajando, era realmente feliz. Entre el rito de la tomada musical y le letra, yo firmaba las cosas que eran necesarias y las que no, se iban a la papelera de papeles para reciclar. Mi pie se movía con el ritmo de la música y mi cabeza iba por ese camino. Hasta que la puerta se abrió de repente. «Uy, no», pensé al reconocer a uno de los ancianos que me supervisaba a nieve laboral. Una de las reglas más importantes de nuestra corporación era la de mantener el decoro, y entre eso, era simplemente no escuchar nada de música mientras trabajabas. O en mi caso particular. Nada de música "ruido" como le decía aquel señor. Enseguida paré la canción, pero ya era tarde, había llegado justo en el momento donde el vocalista decía cierta palabra obscena que una empresaria no debía conocer o implementar en su vocabulario diario. ¡Pero eran Hombres G! ¡Sus canciones son así! Pensaba en vano, pues sabía que el anciano que ahora se encaminaba a mi escritorio con el ceño fruncido no entendería aquello. Nadie en la oficina lo entendería.
— Señorita Elsa, ¿estaba escuchando ese ruido de nuevo? — Preguntó notablemente molesto.
— No es ruido... es rock... — Musité la explicación. — Estaba aburrida firmando todo esto, simplemente quise poner un poco de ambiente...
— ¡Señorita! — Aporreó sus manos contra el escritor. — Sabe perfectamente que una empresaria como usted no debe escuchar esa clase de ruido, no va con su porte. Es más. No tiene tiempo para música o cosas así. Tiene una empresa que dirigir, empleados que organizar y papeles por firmar. Absténgase de escuchar esa, esa, esa cosa. Recuerde que hoy tiene una reunión con unos comerciantes, aún no confían en usted y quieren una junta privada. Por cierto, ya llegaron y piden su presencia en estos precisos momentos. Y por favor, evite dejar estas cosas por ahí.
De su saco sacó un cómic que había comprado hace meses. En la portaba estaba la imagen de los cinco tintines más reconocido: Raven, Starfire, Cyborg, Chico Bestia y Robín. A aparte de ellos, también se podía observar a Súper Boy, Wonder Girl y a Chico Flash todos juntos en alguna posición de ataque. Me sentí humillada. Ese cómic lo tenía en el cajón de mi escritorio con llave. ¿Cómo demonios había puesto sus manos en eso?
— Entiendo... Iré de inmediato. — Fue lo único que pude decir mientras me paraba, ese viejo siempre me estaba regañando por cosas que yo mantenía en "secreto".
Lo vi arrojar el cómic en el cesto de basura que estaba a mi lado, el frío se empezó a sentir en toda la oficina. Agradecía que ese entrometido señor no supiera de mis dones tan peculiares, sino ya estuviera siendo regañada de nuevo. Un nudo en mi garganta se formó cuando lo vi aplastar mi adorada revista con el pie para que entrara menor, ¡no había falta de respeto tan grande como esa! ¡Una cosa es que reprendas a alguien por algo y otra muy diferente es dañar las cosas que son suyas por le simple maldito hecho de que a ti no te parezcan! Escarcha empezó a formarse en mis guantes blancos de seda, esas cosas no podían controlar mis poderes, necesitaba los de cuero que eran un poco más resistentes, pero me los habían quitado porque no iban con mi atuendo. Cuando terminó de maltratar mi cómic, se dirigió a la puerta donde se agarró del umbral y dirigió su mirada enojada en mi dirección.
— Otra cosa, señorita. He escuchado rumores que desde hace semanas ha estado frecuenta un bar donde van jóvenes de malas familias... — «Jack no es un muchacho de "mala familia", tampoco Eugene ni Rapunzel», pensé al recordar a mis ahora amigos. — Le reitero el hecho de que tiene una imagen que cuidar, si algún magnate le viera en un lugar así, de seguir cortaría lazos con nosotros y eso significaría una pérdida.
— Entiendo ese punto. No se preocupe, que la persona de los rumores no soy yo. Lo único relevante que he estado haciendo en estos días es visitar a mi hermana, espero y eso no sea un inconveniente... — Expliqué vagamente, aunque a ciencia cierta estaba mintiendo.
— Ese es otros asunto, le suplico no visite tanto a la señorita Anna, le quita tiempo de preparación y de labor aquí. Su trabajo es de veinticuatro horas. No se le olvide.
Y diciendo eso, vi que al fin el anciano se alejaba de mi oficina dejándome con una sensación que mezclaba indignación con enojo y culpa. En una empresa corporativa, el jefe, o en mi caso presidente, debe ser una figura de autoridad máxima. A los jefes nunca se les ven leyendo un cómic, escuchando música que traten temas como "la sociedad es una escoria" o "todos merecemos amor, aunque sea los lluvioso días de Noviembre". A un jefe jamás le vas a ver dibujando o expresando sus ideas sobre el arte moderno o digital. Siempre se le tiene que ver trabajando y hablando con comerciantes para generar más ganancias a la empresa. Sinceramente. No me gustaba nada esto, pero tenía que hacerlo, no elegí ser la presidente de la compañía Arendell, este es mi puesto de nacimiento. Aunque ahora pienso que es una tremenda estupidez, estamos en plenos siglo XXI y las monarquías cayeron hace mucho, excepto en algunas ciudades, pero esta no era una de ellas.
Me paré y guardé mi móvil. Algo en mi quería gritar, levantarse contra el hombre que me había prohibido mi libertad de escuchar lo que me gustaba y aparte maltratado algo que era de mi propiedad que mantenía bajo llave, ¡eso era violación a la privacidad! ¿Qué se creía el maldito que era? Tomé mi arrugado cómic y lo guardé de nuevo en mi escritorio con la esperanza de que no sólo salirse a la luz cuando yo lo sacara para leerlo en mi tiempo libre. Unas ganas intensa de ir a buscar al viejo y gritarle que no se metiera en mi maldita vida personal me inundaron. Pero no podía. Debía mentirme a mí misma en ese momento diciéndome que aquello que tanto me gustaba no era adecuando para una empresaria. Aunque eso significara negar una parte de mí. Total. Ya me había acostumbrado a negar aspectos míos, como mis poderes de hielo que tanto le gustan a mi hermana menor, y que poco a poco, empezaba a aceptar a pesar de que aún me diese algo de miedo herir a alguien. Aun así. Ese poder tenía que mantenerse en secreto. Como todo en mi vida. Salí de la oficina con el semblante que debo tener: serio y sin alguna pizca de emoción. Fría como el hielo que género. Muerta como estoy cada día que dirijo la compañía. Pero cuando viese a los malditos distribuidores, debía sonreír y lamerle los malditos pies para que aceptaran un contrato. «¿Cómo demonios soportaba eso papá?», me preguntaba mientas cambiaban por el corredor a la junta que tenía.
Hay varias cosas que no me gustan, no me gusta el calor -por obvias razones- al igual que el sol, no me gusta usar esos trajes de empresaria con pantalones y sacos, no me gusta vestir tampoco de faldas cortas, prefiero usar un vestido largo a enseñar por completo mis piernas. Pero lo que más detesto es, por desgracia, ser el centro de atención. Y, para mi desdicha, mi trabajo depende de ello. Estaba ya en la reunión con los distribuidores que le suministraban materia prima a mi empresa, tenía que convencerles de que las ganancias obtenidas en el tiempo que mi padre estuvo a la cabeza no descenderían por mi mandato. O eso quería que ellos creyeran, ya que yo aún estaba en proceso de aprender a administrar una gran empresa y, sin ayuda de nadie hasta que Anna cumplirse los dieciocho, no sabía si podía mantener el mismo margen de ganancia que obtenía papá. Me planté ante ellos exponiendo mis ideas para nuevos materiales, exportaciones, y más cosas de las cuales yo sólo entendía una mínima parte.
Al cabo de una hora, logré que los contribuyentes accedieran a seguir con mi empresa asegurándoles que la ganancia se mantendría igual, y si era posible, que aumentaría en un tres por ciento si los planes de expansión que tenía en mente culminaban en buenos términos. El hombre que representaba a la empresa me extendió la mano y yo se la apreté en señal de que el trato estaba cerrado, luego mis abogado y los de él cerrarían el contrato para que ambos, posteriormente, leyéramos los términos y condiciones de éste. Quizá por mi tendencia a la tecnología, suprimí una risa cuando el hombre habló sobre que leería todos los "términos y condiciones" del contrato. «*Como sí enserio los fuera a leer, nadie lee los términos y condiciones, sólo le das en aceptar y en siguiente», aquel pensamiento llegó a mi cabeza por alguna razón.
Después de que acabé mis deberes en la oficina, me retiré del gran edificio que era aproximadamente de treinta pisos de alto. Agradecía que el elevador existiese. Miré el cielo que era de un hermoso azul claro, no había ni una sola nube que el basto lago azulino y el sol dominaba a sus anchas. Una mano conocida me tomó del hombro, era mi hermana quien me había estado esperando hasta que saliera del trabajo. Llevaba un hermoso atuendo, su falda era azul y le llegaba hasta por arriba de las rodillas, su blusa era negra sin mangas y llevaba un chaleco rosa con adornos. En mi caso, yo tenía puesto mi traje de negocios: una de las tantas blusas blanca en cuello "v", unos pantalones negros con un saco , usaba los guantes de tela blanca que no servían para nada y mantenía mi pelo amarrado como mamá me había enseñado. Anna y yo éramos unos completos contrastes, incluso, en mi ropa normal, sería lo opuesto a lo que es mi adorada hermana.
— ¿Cómo te fue hoy? — Me preguntó agarrando mi brazo.
— Como de costumbre, hablar con otras empresas y tratar de que confíen en mi como su nueva presidente. — Le contesté sonriendo.
— ¿Quién no confiaría en ti? ¡Eres la confianza en persona! — «Todos los de mi clase y la mayor parte de la empresa en sí», pensé en ese momento.
— Eso no importa, ¿quieres ir a algún lugar en especial? — Le ofrecí mientras le ponía mi casco a ella.
— ¡Elsa! ¡¿Y tú qué usarás?! — Me cuestionó alterada, yo sólo atiné a reírme de ella.
— Tranquila, sé manejar bien esto y, además, no creo que pase nada malo, pero, ¿quieres ir a algún lado? — Volví a interrogar.
— ¡Quiero ir al centro comercial!
Le sonreí, hace mucho no pasaba tiempo con Anna a pesar de que hace tres o cuatro semanas había pasado en incidente con Hans. Sobre eso, ya había tenido contacto con su padres y me habían asegurado que tomarían las medidas necesarias para con él. Le dije que se subiera detrás de mí e iniciamos el recorrido. Fue realmente divertido. Escuchaba sus gritos de euforia cuando llegué a acelerar, sentía como se abrazaba más a mí para no caerse y sus risas inundaron mis oídos. Realmente extrañaba a mi hermana. En todo el viaje me estuvo hablando que en su escuela era la chica más popular de su salón, tenía muchas amigas y que siempre iban al centro comercial a comprar ropa, a hablar de moda y de muchachos lindos. Sinceramente, yo sólo le decía que era interesante, jamás supe que era eso, pues tenía que guardar mis sentimientos y mis poderes de todos los que me rodeasen, y aparte, mis hábitos sociales son más que asquerosa. Me enteré que su mejor amigo se llamaba Kristoff, y que cuando le contó sobre Hans le dijo que era una loca por querer hacer algo así tan rápido. Algo me decía que ese tal Kristioff y yo nos entenderíamos. También tuve conocimiento de que al parecer iba muy mal en artes, pues odiaba dibujar y prefería contemplar a los demás hacer sus obras de arte mientras ella simplemente se limitaba a jugar con su móvil.
Al llegar al centro comercial decidí estacionar mi motocicleta afuera del estacionamiento de la sucursal. Caminamos un poco antes de ingresar a la tienda donde lo primero que vi fueron tres cosas: la librería donde, al parecer, acaban de entregar nuevo material literario, la tienda de videojuegos y la tienda de música. Mi guitarra necesitaba cuerdas nuevas y tenía que suministrarme de plumillas, las perdía siempre que las usaba. Quería entrar en esas tiendas, me moría por entrar. Deseaban ver si al fin había llegado mi tan esperado libro de "Oksa Pollock y el bosque de los perdidos" junto con el cómic número treinta de "Los jóvenes Titanes" donde se enfrentaban a la dama del hielo, y el manga de "Kimi wa petto" completo, ya que sólo esperaba por ese para tener mi estante lleno. Tenía ansias de saber si ya estaba disponible el juego de "Bayonetta 2" y obtener información sobre el nuevo proyecto de McGee de "Alice in Otherland". Me preguntaba si en la tienda de música había al fin llegado las cuerdas metálicas para mi guitarra eléctrica y, sobre todo, si ya estaba disponible el nuevo álbum de Skillet de "Rise".
Estaba a punto de entrar cuando miré a mi alrededor, reconocí a varios trabajadores que en su vida me habían visto, pero yo si a ellos. Me contuve. No podía demostrar quién era. Miré a Anna quien enseguida me jaló hasta la sección donde se encontraban las múltiples tiendas de ropa. Sólo volteé y observé alejarse las tiendas a las que quería ir. Antes de volver a fijar mi vista en mi camino, vi a un joven peliblanco con chaqueta azul, pesqueros pegados, unos convers azules y un extraño bastón, aquel joven había entrado de la mano de una castaña de escasos siete u ocho años. ¿Sería él? ¿Sería Jack? Una ganas enormes de ir a saludarle me inundaron junto con la pena de hacerlo, ¿y si Anna me preguntaba de nuevo por él? A pesar de que hace unas semanas ella no tenía conocimiento de Jack, yo lo estaba observando muy a diario, pues como aquel rumor decía, iba a diario al bar ROTFH para compartir un rato con todos. Quería pregúntale a mi amigo si sabía si todas las cosas que quería ya habían llegado y, sobre todo, tener una charla con él como la de costumbre. No soy de las personas que confían rápido en una persona nueva, pero Jack y yo teníamos tanto en común, y nuestras diferencias se completaban tan bien que era imposible no querer hablarle. Pero era imposible. Estaba en un ambiente público, y como presidente de la gran empresa Arendell tenía una imagen que cuidar.
Anna me obligó a ver todos los atuendos que se probaba, unos menos decorosos que otros. La vi enseñado casi todas sus piernas, parte de sus pequeños pechos e, incluso, a veces se quejaba de que las faldas que se probaba eran muy cortas. Yo solo tenía un pensamiento en mente, «¿Cómo es que no han abusado sexualmente a mi hermanita si se viste de esa manera?», la idea fue entre divertida y preocupante al mismo tiempo, lo cual fue realmente raro. Le dije que le compraría lo que quisiera, menos faldas cortas. No es necesario que diga que me hizo un berrinche, pero le expliqué que si quería ropa, esas eran las condiciones. Terminé comprándole un short blanco decente, una blusa sin mangas, un pantalón entubando azul y dos pares de zapatos. Mi hermana me salía cara. Que tengamos ganancias millonarias no quiere decir que pueda solventar gastos innecesarios, eso lo había aprendido hace muchos años en mi encierro. Mamá y papá trabajaban día y noche para darnos lo mejor, así que, desde mi punto de vista, lo que yo podía hacer era no pedir mucho, pues de ellos era el dinero y de seguro tenían mejores cosas planeadas para él. Ahora estaba en su lugar y sabía que tenía que dividir las ganancias de la empresa en varias cosas, junto con pagarle la universidad a Anna que no era nada barata. «La ropa de Anna es realmente cara... Adiós dinero para libros y cuerdas», llegué a pensar mientras pagaba.
Después de cumplirle un capricho a mi hermana, decidimos que era tiempo de ir a comer, así que nos dirigimos a la sección de restaurantes. Según Anna, estaba de moda comer todo sano, así que ella fue al puesto vegetariano donde se pidió una ensalada de pollo bañado con aceite de oliva. Yo, por mi parte, me fui al puesto de Mc'Donals que estaba ahí cerca y me pedí una hamburguesa, tenía ganas de comer una desde que Jack me invitó las hamburguesas prometidas de Eugene, en mi vida he probado cosa más delicias, sin exagerar, esas hamburguesas eran pesados de cielo. Miré de reojo a Anna, en su cara se veía que se moría por comer una en vez de "la comida para conejo" como le decía papá. Le sonríe y pedí otra, sabía que mi hermana no era de las personas que resistiera una tentación culinaria. Cuando me entregaron la orden elegimos una mesa alejada, queríamos tener un momento privado para poder hablar, me senté a espaldas del público y la entrada a la sección, y Anna, en frente de mí. Apenas inicié a comer mi hamburguesa vi que sus ojitos no dejaban de ver mi comida con deseo de probar. Tomé la otra hamburguesa y se la extendí.
— ¿En serio me la puedo comer? — Preguntó feliz agarrándola.
— Por algo la compré, anda, que a nosotras jamás nos gustaron los vegetales. ¿Recuerdas que nos escondíamos de mamá para que no nos obligara a comerlos? — Recordé con una sonrisa, era de cuando Anna y yo aún estábamos realmente pequeñas.
— ¡Sí! ¡Hacías un iglú donde nos escondíamos! — Comentó riendo.
— Lo malo es que siempre nos encontraba y nos terminábamos comiendo todo. Lo bueno es que al final nos daba... — Ambas nos miramos cómplices.
— ¡Chocolate! — Dijimos las dos en unísono.
— ¡Ya decía yo que esa voz se me hacía conocida! — No quise dar la vuelta, tenía la esperanza de que no se dirigiera a mí. — *Lily, veté a jugar un rato, te doy permiso. Tengo que hablar con una amiga.
Me encogí en de hombros e ignoré por completo al extraño que estaba detrás de mi. La cara de Anna se sorprendió y yo me asusté al pesar que tendría que tener contacto con alguien afuera del trabajo.
— ¡Hola, Elsa! — «¿Y éste de donde me conoce?», pensé dándome la vuelta.
Mi corazón dio un pequeño rebote, el extraño que me había hablado era Jack. Tomó una silla abandonada y se sentó en el espacio entre Anna y yo. Se quitó sus audífonos pequeños que traía y los puso en la mesa mientras nos observaba.
— Ah... Es tu novio, Elsa. — Dijo Anna con un tono de enojo en su voz.
— ¡N-No es mi novio! — Aclaré sonrojada. — Es sólo... un amigo...
— Si, pequeña, soy sólo un buen amigo de Elsa. Soy Jack, un placer.— Se presentó formalmente.
— Soy Anna, me conociste cuando llevaste a Elsa cargada a la casa... — Vi como el peliblanco ignoraba a mi hermana para concentrarse en mí, cosa que me incomodó en cierto punto.
— ¿Qué tanto me miras? — Interrogué.
— No me gusta tu ropa. — Soltó provocando que Anna se atragantara con su jugo de quien sabe qué.
— ¿¡Qué!? — Vociferó mi hermana. — ¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¡Su ropa es más que bellísima! ¡Es una mujer de negocios, lo contrario a ti!
— Anna, tranquila. — Le advertí, ella no había leído la carta que yo sí, y sabía que aquel joven si sabía del mundo al que me metieron.
— ¿Qué? Sólo externo mi opinión. Esa ropa no va con ella, ¿o sí, Elsa? — Sus ojos gatunos se posaron en mí y me hizo estremecer.
— ¿De qué hablas, Jack? Yo siempre me visto así... — Traté de mentir, pero fue inútil.
— No sé. Me gusta más verte con ciertas cosas... — Se encogió de hombros. — Por cierto... Mira esto.
Jack sacó de su chaqueta una bolsa pequeña de plástico, en su interior se apreciaba algo que yo reconocí enseguida como un disco, a pesar de que ahora todo era digital, tener un disco en físico seguía siendo igual, o incluso, más genial que antes. Mi amigo metió su mano adentro de la bolsa y, de ésta, sacó un disco con el título de "RISE" con una niña de espaldas con un osito de peluche. Abajo decía "DELUX" y, arriba, el nombre de la banda. "Skillet". «Si será...», pensé al ver que en sus manos tenía el álbum delux que yo tanto quería. Me mordí los labios. Quería saltarle encima y quitarle el disco, pero no podía. «Tranquila, no sientas, no puedes hacer eso en público», razoné.
— ¿Qué es eso? La portada me da algo de miedo. — Comentó Anna tomando el disco entre sus manos.
— Esto, niña, es un álbum de una banda de rock llamada "Skillet", que para tu saber, es del gusto de tu hermana. — Jack tomó el disco y se lo quitó a Anna antes de que lo embarrara de queso.
— ¿Elsa, aún te gusta eso? — Me interrogó mi hermanita mientras alzaba la ceja.
— Bueno... Yo... — Inicié tratando de calmar los latidos de mi corazón.
— Por favor, dime, puedes confiar en mí. No te juzgaré. — Suspiré, tenía que mostrarle tarde o temprano quien era en verdad su hermana.
— Jack, ¿crees que puedan dejar entrar a Anna en ROTFH? — Pregunté al fin.
— Claro, sólo hablaré con Eugene. Todos están listos para otra ronda de hamburguesas, ya sabes, Eugene invita. Por cierto, Punzie quiere hablarte sobre un proyecto artístico que tiene o lago así. — Vi como una pequeña castaña se acercaba a nosotros sonriendo.
— Jack, Jack, ¡mira! — La pequeña extendió sus manos y en ellos llevaba un pequeño copo de nieve hecho de plástico. — ¡Son como los que tú me haces, pero falsos!
— Lily, ve a seguir jugando. Cuando lleguemos a casa tenemos que hablar de algo. — El tono de mi amigo era frío con una falsa capa de sarcasmo, como si ese comentario hubiese sido algo malo.
— Está bien, pero no te enfades, niño paleta. — Y antes de que mi joven amigo pudiera reprender a su hermana, ésta salió corriendo.
— ¡Lily! — Gritó, pero era demasiado tarde.
— Entonces, ¿nos vemos en ROTFH? — Comenté mientras tomaba mi soda de naranja.
— Por supuesto, de paso igual te presento a Merida. Es una amiga que de seguro se llevará muy bien contigo.
Pasamos un rato hablando sobre temas sin sentido, desde las personas que pasaban por ahí hasta de la razón por la cual Jack me veía distinta. El tiempo pasó y mi amigo se tuvo que marchar, tenía que llevar a su hermanita a casa antes de irse a "Rise Of The Frozen Heart" donde nos encontraríamos. Por nuestra parte, sólo nos quedamos los suficiente para vagar por las tiendas un rato antes de irnos a casa. Anna me preguntó que era el ROTFH, y le expliqué que era un lugar que había encontrado hace algún tiempo donde conocí a Jack, y que, por asares del destino, él me encontró el día de nuestra pequeña disputa y me tendió un hombro en el cual desahogar todo el dolor que tenía en mi corazón. Sinceramente, Jack me caía súper bien, se me era fácil divertirme a su lado, cuando hablábamos los temas de conversación jamás se acaban a diferencia de otras personas a las cuales, a pesar de conocerlas por años, siempre acababan en un punto muerto. Jack era diferente, algo en mi me lo decía.
Llegó el momento acordado, yo me arreglé de la forma más yo posible. Iba a ir a ROTFH, no la empresa. Podía sacar mi verdadero yo. Me puse una sudadera blanca con adornos azules en las orillas que iban desapareciendo mediante subían por la tela, unos tejanos negros, una blusa negra con el logotipo de NIRVANA escrito en toda la parte frontal, unos botines convers negros y mis guantes de cuero. Mi cabello era sólo amarrado con mi trenza y me había despeinado la parte frontal, más evitando que me cayera el pelo en la cara. Me puse unas pulseras negras que había comprado por internet con el logo de "ABBA" y de "The Beatles". Tomé mi celular y lo guardé en el bolsillo frontal de mis jeans, mis audífonos que me colgué en el cuello y, para acabar, llevé una bolsa pequeña de esas que se cuelgan atravesadas y te quedan como por el muslo que tenía el logo de "DC" cómics. Estaba lista. Me miré al espejo y me cerré la chaqueta hasta debajo del pecho, así me gustaba traerla. Miré detenidamente mis guantes y percibí que el frío no se colaba por ellos. Estaban cumpliendo con su trabajo.
Salí para buscar a Anna que ya estaba lista, tenía una falda rosa -con tanto que me gusta-, una blusa blanca de mangas cortas, llevaba zapatos de suelo blancos y una bolsa de igual color que la falda. Ambas nos veíamos tan diferentes. Le dije que era hora de irnos, y que se cambiara la falda que no planeaba llevarla en moto si usaba eso. Al final de una breve disputa, mi hermana terminó cediendo ante mis órdenes y se cambió la falda por un pantalón entubado del mismo color. Bueno, algo es algo. Nos subimos a la moto e inicié a conducir hasta el bar, he de admitir que me perdí al inicio, siempre iba de la oficina al bar, jamás de mi casa hacia ahí, lo único que me permitió saber dónde estaba era la música que salía de él, pues el sonar de la melodía estaba tan fuerte que se podía apreciar a tres cuadras a la redonda. Seguí la música y, o dios, casi empiezo a mover la cabeza cuando supe de quien era esa canción. «Voy a matar a Jack...», pensé al percibir que era la canción del nuevo álbum de Skillet, "American Noise". ¿Para eso compró el álbum? ¿Para presumirme que él si lo pudo comprar y yo no? ¡Maldito! ¡Será un bastardo! Y, en ese momento, supe que Jack ya era mi amigo. Pues lo podía insultar sin sentir la más mísera pizca de culpa.
Al llegar al **bar, Anna miró curiosa todo, no es muy común llevar a tu hermanita menor a un bar donde se supone las personas van a "divertirse", pero aquel lugar era más desolado que el mismo desierto. Es más. Creo que hasta el desierto tenía más personas vivas que aquel sitio. Pero bueno. Anna y yo nos bajamos de la moto y entramos al bar que, como siempre, estaba vacío. El primero en recibirme fue Eugene con su típica ropa extraña, pude ver que tenía una nueva perforación en la oreja izquierda y en la ceja superior. «¿Eso no le debió doler?», pensé al ver que aún tenía una gasa, al parecer se lo acababa de hacer. Después de él, llegó Rapunzel quien me quiso abrazar, pero en un ágil movimiento logré esquivarla. No me gusta el contacto físico, sólo acepto los abrazos de Anna porque, ¡es mi hermana! ¡Sus abrazos son los únicos que permito! De ahí en más, siéntete satisfecha que te permita tocarme.
— Vaya, volviese. ¿Y ella quién es? No se permiten menores de edad... — Comentó Eugene cruzándose de brazos.
— Ella es Anna, la hermana menor de Elsa. Le dije que viniera, pues tu nunca obedeces la regla de "no menores de edad", ¿O si, Eugene? — Esa voz, conocía esa voz.
— Está bien, chico paleta, que entre. — Aceptó el hombre mientras se metía adentro de la barra.
— Hola, Elsa. — Mis ojos se fijaron en un chico de pelo blanco que, igual que el hombre, se podía apreciar una pequeña perforación en la oreja izquierda. Que atractivo se veía...
— Hola, Jack. — Balbuceé apenas.
— ¡Hola! — Saludó mi hermana animada, más de lo normal. — ¡¿Así que esto es un bar?! Pensé que iba a estar más lleno...
— Esto no es un bar. — Dijo Jack mientras se sentaba en la barra seguida de nosotras.
— Si, si lo es. — Se defendió inútilmente Eugene.
— Lo sería si tuviera alcohol, ¿acaso lo hay? — La cara del hombre barbudo se contrajo con el ceño plano.
— Eh... No... El edificio solo me permitió comprar sodas... Y las ventas solo me dejan costear la comida y más sodas... — Explicó apenado el joven que, enseguida, recibía una palmada en la espalda de parte de su novia.
— Tranquilo, Eugene, todos sabemos que duro trabajas... — Lo animó la rubia, se me hizo tan tierna esa imagen.
— Gracias, Punzie.
Todo se estaba apaciguando, empezamos a hablar sobre que el bar estaría mejor como café, a lo cual Eugene se empezó a quejar de que su sueño era tener un bar, y que seguiría siendo un bar. Claro. Hasta qué Rapunzel se metió en la discusión y logró convencer a su novio de que lo cambiara a un café, pues las ganancias serían mayores a las que tenían ahora. Conocí parte de la historia de esos dos enamorados, al parecer, Punzie -como se le conocía a Rapunzel- vivía con su madre encerrada ante el mundo. Me sentí identificada con eso, sólo que a diferencia de mi amiga rubia, yo preferí el encierro y no me lo impusieron. La madre de Punzie, que no era la madre de ella, jamás la había dejado salir hasta que un día, por azares del destino, Eugene entró a su casa por accidente escondiéndose de unos asaltantes. Y ahí fue donde todo comenzó hasta llegar ahora. Rapunzel vivía con Eugene con permiso de sus padres hasta que ambos decidieran que era tiempo de ocupar su lugar en el negocio familiar, y para que aprendiera de ello, la pareja había puesto ese bar -que ahora sería un café- para saber que era dirigir un negocio.
Jack, por su parte, sólo nos contó que vivía con su hermana y con su padre que era el líder de una empresa, más jamás nos mencionó cual a pesar de que yo ya sabía, y que cuando llegará el tiempo, él también estira a la cabeza. Anna y yo contamos muy a grandes rasgos nuestra pequeña vida. Les narramos que éramos huérfanas, pues nuestros padres habían muero hace algunos años y que yo era la responsable de cuidarla, también les contamos que trabajaba a tiempo parcial -jamás dije en que- y que iba a la misma universidad que Punzie. De hablar de nuestras vidas, pasamos a charlar sobre las canciones que estaba sonando, cosa que a todos nos interesaba menos a Anna y a Rapunzel, ambas prefirieron hablar de alguna banda de pop que era muy popular entre las chicas en ese momento. Al ver el tremendo contraste entre las dos chicas y los otros dos chicos y yo ambos jóvenes me miraron con curiosidad y se rieron por lo bajo, a lo cual yo reaccioné mirándoles con el ceño algo fruncido. Estaba a punto de decir algo cuando la puerta de entrada se abrió de par en par dejando ver un par de siluetas nuevas para mí.
— ¡Jack Frost! — Se escuchó una voz femenina gritar.
La joven entró al bar donde pude apreciarla mejor. ***Tenía el cabello de un rojo realmente intenso que casi emulaba al color de un hierro candente, realmente largo, como lo tenía suelto, pude ver que le llegaba como por debajo del muslo y era ****horriblemente rizado, en su piel de blanco nevado se apreciaban algunas cicatrices leves de un tono más claro, su altura era realmente mayor a la mía o a la de Jack, su ceño estaba fruncido y podría jurar que su cara era teñida de un leve color rojo; estaba vestida con una blusa verde oscuro de mangas largas, jeans de igual color y unos convers militares. Atrás de ella. Ocultándose como si tuviese miedo. Se hallaba un joven castaño, le llegaba como al hombro a la muchacha que acababa de entrar, el cabello lo tenía notoriamente largo, un poco más abajo de la altura del cuello, unas pecas inundaban su cara y sonreía nervioso; estaba vestido con una camisa de magas verde, un tono más bajo que del la chica, un chaleco café largo, unos pantalones cafés pegados y botas militares.
— ¡Pero si es mi querida amiga Merida y el enclenque de Hiccup! — Soltó Jack en un grito entre sarcástico y divertido.
— ¡Mira, Frost, deja tus estupideces que no estoy de buen humor! — Vociferó la pelirroja.
— Hey, tranquila. — Trató Jack de enmendar su error. — ¿Qué pasa, chica oso?
— ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué pasa?! ¡Lo que pasa es que en vez de ir a buscar un mugre guitarrista para la banda te largaste a hacer una maldita perforación! ¡Eso es lo que pasa! — Chilló la joven, ahora sí, estaba roja de ira. Me alegraba no ser Jack en esos momentos.
— Hola, Hiccup. — Saludó mi amigo ignorando a la persona quien le gritaba.
— Qué onda. — Respondió tímidamente el pequeño.
— ¡Frost! ¡Te estoy hablando, por un demonio! — Le reprendió Merida.
— Tranquila, chica. Mira que estoy trabajado en eso... — Se excusó Jack como si no fuera la gran cosa, ¿cómo rayos era tan desobligado?
— ¡Jack, estamos buscando guitarrista desde hace tres meses! ¡Eugene se está pasando de bueno con nosotros por pagarnos cuando no tiene ni para comprar alcohol! — Volvió a gritar la joven.
— ¡Hey! — Se escuchó venir del aludido.
— ¡Yo conozco a alguien que sabe tocar la guitarra! — Se alzó la voz de mi hermana.
— ¿Y tú quién eres? — Preguntó la pelirroja alzando una ceja.
— Soy Anna Aren... — Le di un pequeño codazo a mi pequeña hermanita, debía guardar discreción con nuestro apellido. — Soy Anna, un placer. Y ésta que está a mi lado es Elsa, mi hermana mayor y tutora, quien curiosamente saber tocar el instrumento que ustedes desean.
Todos me miraron, Jack me miró, era el centro de atención y eso ya no me estaba gustado. Todo a mí alrededor empezó a enfriarse, lo podía sentir. No quería que me mirasen. No. No. No debo ser notada. No tenía que ser notada. Si alguien era demasiado observador, se podía dar cuenta de que mis guantes empezaban a cubrirse de escarcha.
— ¿Tocas? — Me interrogó la joven pelirroja.
— U-Un poco... — Vi cómo le hacía una señal al pequeño chico que enseguida salió corriendo y entró de nuevo al bar con un estuche que reconocería en donde sea.
— Quiero escucharte.
Abrió el estuche y de éste sacó una guitarra acústica. Era café, como la mayoría, pero ésta se veía que era usada a diario, pues las cuartas que tenía eran de distintos colores, unas eran plateadas, otras negras y conservaba la cuarta cuerda origina, o eso quería prensar yo, al ver aquel color dorado.
— Toca. — Me ordenó Merida con ojos serios.
— Yo no... — Iba a empezar a excusarme, pero ella me irrumpió.
— Toca, rubia.
Miré la guitarra que ya estaba en mi regazo, me quité nerviosamente mi guante izquierdo, pues era lo único que necesitaba para tocar bien, entre la cuerda de la guitarra, enredada, había una plumilla de un color rojo hermoso. Miré a todos que me contemplaban como si fuera lo más interesante del mundo, eso me puso aún más nerviosa. Odiaba que me mirasen mientras hacía algo a conciencia. No me gustaba ser observada. Lo odiaba. Tragué saliva y contuve mi nerviosismo, no quería provocar una nevada en pleno bar. Miré la guitarra, mis manos temblaban, ya no sabía ni cómo hacer un mugre Sol o Do. Cerré los ojos y puse mis dedos en el mango. Tenía que hacer el intento por lo menos. Tomé aire y coloqué mis dedos en posición de Sol, aún no tenía idea de que tocar. Dios, era todo tan estresante. Por mi mete pasaron miles de canciones, pero de repente pensé en una la cual se me era más fácil de interpretar, ¿por qué no se me había ocurrido antes? ¡Fue una de las primeras que me aprendí a parte de "world so cold" de 3DG!
— Vale... — Empecé a tocar y, de inmediato, los ojos de todos se abrieron. — "Me quieren agitar. Me incitan a gritar. Soy como una roca. Palabras no me tocan. Adentro hay un volcán. Que pronto va a estallar. Yo quiero estar tranquilo" — Inicié a cantar, ya que así me guiaba mejor en el ritmo y en el tiempo.
— "Es mi situación. Una desolación. Soy como un lamento. Lamento boliviano. Que un día empezó. Y no va a terminar. Y a nadie hace daño." — Jack también había iniciado a cantar, ¿le gustaba Enanitos Verdes? ¡Eso era genial!
— "Y yo estoy aquí. Borracho y loco. Y mi corazón idiota. Siempre brillará. Y yo te amaré. Te amaré por siempre. Nena, no te peines en la cama. Que los viajantes se van a casar" — Entonamos el coro ambos y juro que no me había divertido tanto en mi vida tocando como en ese momento.
— Vale, vale, ya entendí que sabes tocar y que no cantas nada mal. — Fuimos interrumpidos por Merida quien se veía satisfecha. — ¿Has pensado en unirte a una banda?
— Yo... — Me iba a negar, tenía muchas otras cosas que hacer y estaba realmente ocupada casi todos los días. No poseía el tiempo suficiente para ser miembro de una banda.
— ¡Claro que si! — Se volvió a escuchar la voz de mi hermanita.
— ¡A-Anna! — Le reprendí.
— Elsa, jamás te había visto sonreír así mientras tocabas. Incluso. ¡Estabas sonriendo! ¡No te había visto hacerlo desde hace varios años! Tampoco era como si te viese mucho... claro... — Explicó algo cohibida al final.
— Pero... — Esta vez fui interrumpida por Jack.
— ¡Vamos, Elsa! ¡Se nota a leguas que eres realmente feliz tocando! Y no sólo eso, por lo que Rapunzel me ha dicho, eres toda una artista como nosotros. — Miré a todos quienes me sonreían cálidamente, como si en serio fuera parte de aquel grupo.
— Chicos, los acabo de conocer... ¿En serio quieren que me una a su banda? — Pregunté tímidamente. — Ni yo misa sé de qué soy capaz, no soy muy buena trabajando en grupos... No me siento cómoda en un equipo...
— Vaya, creo que eso de "no trabajo en equipo" debe ser ya un requisito para estar en nuestro bando. — Comentó Merida con una sonrisa enorme. — Ninguno de nosotros aquí presentes es muy fan de "vamos todos juntos" o del asqueroso "trabajo en equipo". Todos vemos por nosotros independientemente de cada quien. Pero.
Hizo una pausa mientras se daba el tiempo de tomar al pequeño cuyo nombre, si mal lo recordaba, era Hiccup. Pasó su brazo pos sus hombros y le acarició bruscamente la cabeza provocando que el joven se quejara entre risa y risa. Esos dos parecían llevarse muy bien.
— Siempre estamos cuando nos necesitas, eso te lo aseguro. — Miró a Jack quien enseguida se alzó de hombros. — Por ejemplo, Frost puede ser muy despreocupado y todo lo que quieras. Pero eso sí, no le toques a ninguno de estos idiotas porque te salta encima.
— ¿Qué? ¡Ese imbécil dijo que Eugene era un vago que sólo se dedicaba a complacer a Rapunzel por la plata que tenía! ¡¿Cómo no querías que lo... — hizo una pausa, como si no quisiera decir lo que en verdad hizo — que lo golpeara?!
— Ajá, lo que tú digas, Frost. — Le dio el avionazo y yo me reí al ver la cara enojada de Jack. — En fin, Elsa. ¿Te ánimas a unirte a nosotros? Si llegaste a nuestras puertas, quiere decir que eres o bien igual que nosotros, o tenemos algo en común que nos une. ¿Qué dices? ¿Te unes a estos raros que son los despojos de la sociedad?
Todos me observaban con una sonrisa en la cara, me estaban pidiendo ser parte de ellos. A mi mente, por alguna razón extraña, vino la imagen de en la mañana, donde yo pedía que se me uniera una gran empresa. Pero aquella chica no era yo. Mi verdadero yo estaba ahora aquí, con una guitarra en la mano y teniendo una oferta para unirme a un grupo de chicos que compartía mis ideales, mis pensamientos, mis ideas, mis gustos. Pero sobre todo. Algo me decía que aquellos muchachos estaban tan rotos como yo. Y para mi desdicha. Mi hermana no se salvaba de esto último. Anna me tomó del hombro y me sonrió con calidez, eso era lo que me hacía falta para que todo fuera perfecto. Era increíble como en cuestión de algunos días, por el solo hecho de que escuchara una canción a lo lejos, ahora tenía ante mí la oferta de una amistad sincera. Una amistad que no tenía un apellido, una amistad que no venía por el mío, una amistad que era por el simple hecho de que compartíamos intereses y gustos. Una amistad que, hasta donde yo podía aspirar, sería sincera.
— Vamos, Elsa, ¿qué dices? — La voz de Jack me sacó de mi trance y le sonreí.
— Si ustedes quieren que me una, está bien. — Accedí con una sonrisa tímida.
— ¡YAY! ¡Mi hermana tiene a sus primeros amigos! — Celebró Anna.
— Espera un momento, pequeña saltamontes, tú vienes en el paquete. — Agregó Merida poniendo sus manos en la cadera e inclinándose ante Anna.
— Pero, a mí no me gusta su género musical, y además, califico como muy normal para... — Esta vez, yo me atreví a hablar.
— Te llevaste bien con Rapunzel, ¿no?
— Bueno, tenemos varios gustos en común... Y me dijo que me podía ayudar con mi clase de arte pero...
— ¿Ves? Todos estamos conectado. — Habló Merida. — Vamos, no tardarás en agitar la cabeza y corear con nosotros un buen: We will, We will, rock you. Rock you. — Me reí al imaginar a mi hermanita menor canturreando el clásico de Queen, eso sería divertido de ver.
— Ya que estamos todo. Jack. — Llamó Eugene. — ¿Vas por un poco de hielo? Ya sabes, para los refrescos.
— ¿Es en serio? — Interrogó mi amigo.
— Tú sólo ve. — Le pidió de nuevo.
— Esta bien — Accedió a final de cuentas.
Observé como Jack se paraba de la banca de donde estaba, se metía las manos en las bolsas de su sudadera y salía hacia la parte de atrás. El tiempo pasó y todos nos juntamos en una charla de anécdotas, iniciamos contando nuestras desaventuras con la escuela, como cuando un día un chico se acercó a mi mesa para pedir prestada la calculadora que ahí estaba -que era mía- para hacer su trabajo de contabilidad, me preguntó de quien era y le expliqué que era mía. El chico sólo dio las gracias antes de dejar el artefacto donde estaba e irse a pedir la calculadora a otra persona. «¿Tanto miedo le causaba a la gente?», pensaba mientras escuchaba las otras historias. Eugene nos narró que cuando se hizo su primer pircing, fue con Rapunzel quien era la que se lo iba a hacer, al final, ambos se perforaron la oreja, sólo que al pobre de mi amigo castaño se le infectó por no tener los cuidados adecuados. Pobre. Merida nos contó que un día, mientras practica tiro al arco, un ave se le atravesó en su camino; ese día comió paloma asada. Hiccup, quien era el más callado, habló sobre que tenía como mascota una serpiente a la que le había puesto Chimuelo, y que siempre que su madre la veía, le decía que algún día la iba a tirar a la calle.
Ya había pasado un gran lapso de tiempo, y Jack no había llegado. Eso era raro. Entre todos se preguntaron que le había pasado a mi amigo peliblanco, y entre todos, decidieron que yo fuera por él. Me quise negar argumentando que no tenía idea de donde se había metido, pero Eugene me dijo que estaba en la parte de atrás buscado hielo. Y que para hacer sólo eso. Ya se había tardado mucho. Suspiré resignada, no quería ir, pero tampoco quería quedarles mal a mis nuevos amigos. Me paré de la banca de donde estaba y me encaminé a la parte de atrás que era conectada por una puerta de madera color verde moho. Estaba empezando a odiar el verde. Abrí la puerta para entrar en una bodega que estaba realmente fría, demasiado fría para ser un cuarto cerrado sin ventanas y ventilación. Seguí caminado mientras buscaba con poca luz la silueta de Jack. Pero no veía nada. Seguí indagando un buen rato, vi que ahí estaban guardados los antiguos muebles del bar, una extraña cabeza de payaso que asustaría a cualquiera que estuviese traumado con *****"It", una extraña peluca verdes y una caja de ******cerillos usados.
Estaba a punto de salir de ahí cuando noté un pequeño haz de luz que salía del fondo. Una puerta abierta. Encaminé mis pasos nerviosa, ¿quién estaría ahí? ¿Por qué la puerta estaba abierta? Cuándo estuve cara a cara con la plancha de madera, puse mi mano en el picaporte. ¿Estaría bien ir allá? Estaba a punto de retirar mi mano cuando escuché una risa de afuera. La risa de Jack. Me armé de valor, y repitiéndome mentalmente que tenía que ir por Jack, abrí la puerta para encontrarme con algo que jamás en mi vida espere. Al abrirá puerta ante mi apareció la más hermosa imagen invernal que jamás había visto. De las manos de Jack brotaba un vapor azulino con toques cristalinos que yo supe identificar, a su alrededor se formaban millones de copos de nieve que danzaban con el viento que el mismo creaba de seguro, su rostro estaba perdido en la nieve y una sonrisa leve se apreciaba en sus finos labios alvinos. Pero lo que más me impresionó, fue ver un bastón en forma de signo de interrogación que estaba cubierto de escarcha y que, al parecer, respondía ante Jack, pues apenas puso el bastón en el suelo, de éste salió una ráfaga invernal que sólo a mí me podría gustar.
— Ah... — Salió un sonido sordo de mis labios, estaba realmente impresionada con aquel espectáculo.
Los ojos azules del joven que estaba delante de mí se posaron en donde me encontraba, en aquellos orbes de color semejante al basto cielo me contemplaban y en los labios de aquel chico se dibujó una sonrisa liviana. Mi corazón se aceleró por alguna razón, ahora que lo pensaba, Jack y yo jamás habíamos estado solos desde que ambos nos conocimos aquella noche hace semanas atrás. Me estaba poniendo nerviosa, y aún más al ver que se acercaba a paso lento. Lo miré más detenidamente y noté que no llevaba zapatos, acá afuera estábamos por lo menos a tres grados, era de idiotas andar descalzo a esta temperatura.
— Hola, Elsa. — Habló Jack con voz quedada, como si estuviera en la situación más normal y tranquilizante del mundo. — ¿Te mandó Eugene, no? ¿Cuándo entenderá que cuando me manda a traer hielo siempre me tardaré? — Escuché decir, más mi mente estaba aún tratando de asimilar lo que había visto.
— Eh... ¿Cómo? ¿Por qué? — Balbuceé, pero ninguna cosa coherente salía de mis labios.
— ¿Cómo es que hago esto? — Extendió su palma y de ella salió una cortina de humo azulino adornado de copos nevados.
— Exacto, ¿cómo lo haces? — Pregunté al fin.
— Nací con este don, pero lo trato de mantener oculto ante las personas normales. Excepto los que están allá adentro, esos sabes de mis peculiares poderes y evitan que los use de sobremanera. Le quitan la diversión a tener poderes. — Lo oí quejarse.
— Pero, ellos tiene razón, Jack. ¿Y si lastimas a alguien por tus poderes? ¿Y si alguien te ve y te califica como fenómeno o monstruo? — Le interrogué entre nerviosa y preocupada ignorando que una persona normal no le preguntaría eso. Bueno. No soy muy normal que digamos.
— En ese caso, me convertiré en un súper héroe. Me haré llamar: "Fríos Frost". Cuidado delincuentes, sientan el poder del invierno. — Comentó cambiando su voz por una de locutor de televisión. No pude suprimir una carcajada.
— ¡Estás idiota! ¡Capaz y el ejército te ponga bajo custodia y te hagan experimentos súper extraños como le hicieron a "los jóvenes titanes" en la nueva revista! — Escuché su risa, y eso me provocó reír aún más. — No seas irresponsable, debes mantener tus poderes en secreto.
— Vamos, Elsa, suenas como Rapunzel y Eugene. ¡Ten algo de diversión! ¡Controlar la nieve es genial! — Trató de convencerme, iba a contestar una tontería. Pero no pude. El recuerdo de cuando herí a Anna volvió a mi mente.
— No, Jack. No es genial. — Mi semblante cambió a uno más frío que el mismo hielo que nos estaba rodeando. — Creo que será mejor volver, todos nos están esperando...
— ¡No quiero! — Lo escuché chillar como niño pequeño. — ¡Me quiero quedar aquí a jugar con la nieve!
— Jack, tienes ya diecisiete años, no actúes como un niño de ocho. — Le reprendí.
— Vamos, Elsa, no sabe hace cuanto estoy suprimido esto. Quiero sacarlo, dejarlo ir. Siento que si se queda aquí adentro, mi verdadero yo se quedará ahí también. — Las palabras que dijo me dejaron fría.
— No entiendo. — Mentí, si sabía lo que se sentía.
— Elsa, mi poder es parte de mí, y al negarlo, es como si estuviera negando mi yo por completo. — Se puso en frente de mí y miró sus manos como si fuera lo más intrigante del mundo. — Sé lo que son las normas corporativas, comportarse como un adulto a la hora de hacer negocios, negar tus gustos, ser siempre el chico o chica ejemplar que quieren que seas. Ese no soy yo. Yo soy un chico infantil que le encanta jugar con la nieve, un chico que lee cómics y mangas, un joven que disfruta de la música tanto que la ha vuelto su vida, un muchacho que se siente fascinado con los libros y caricaturas o animaciones. Ese soy yo. No el joven de traje y bien peinado que finjo ser.
Las palabras de Jack me habían impresionado, y a su vez, identificado. Recordé lo sucedido en la mañana. Sentí mi corazón latir rápidamente cuando vi que Jack se había acercado a mí y tomado mi mano. Me estremecí al sentir como me quitaba mi guante poco a poco, en un auto-reflejo quité mi mano de su tacto y de inmediato la cubría con mi mano envuelta.
— Elsa, sé que la persona que dirige ahora la empresa Arendell no eres tú. Y sobre todo, sé que guardas bajo esos guantes. — Un escalofrío frío recorrió toda mi espalda. — Mi padre me lo contó, que la hija de los Arendell tenía el mismo "problema" que yo. Pero no lo veo como algo problemático. Al contrario. Pienso que es divertido.
— ¿Qué sabes exactamente? — Mi estómago se contrajo cuando vi que en sus labios se dibujó una sonrisa.
— Que no sólo yo puedo hacer nevar, y que, para tu información, no soy yo quien está provocando esta nevada.
Abrí mis ojos para observar nuestro alrededor. Estaba nevando. Y en efecto. No era Jack quien lo estaba provocando. Traté de tranquilizarme, tenía que hacer que parada aquella hermosa lluvia de copos nevados. Pero fue inútil. Mis emociones estaban a flor de piel. Entre más trataba de calmarme, más me alarmaba porque veía que no podía mantener la calma.
— No te esfuerces... Sólo suéltalo. — Miré aterrada a Jack.
— No puedo. La última vez que dejé ir mis poderes terminé lastimando a alguien que quiero mucho. Mis poderes sólo causan destrucción. — Dije apenas.
— No lo creo. Esta nevada es hermosa. — El joven que estaba frente a mi extendió su mano y, con su dedo índice, tomó un pequeño cúmulo de nueve y la convirtió en ese vapor frío y hermoso que el expedía. — Déjame ver que puedes hacer.
Extendí mi mano tímidamente, ¿le mostraría? Exhalé un suspiro y concentré un poco de mi magia en mi mano, la suficiente para formar un copo enorme de nieve. La cara de Jack de asombro, como si un niño viese un juguete nuevo. Puso su mano paralela a la mía y, de ella, salió aquella hermosa neblina invernal que tanto me estaba gustando ver. Su humo azul y mi copo se unieron en una danza más que hermosa.
— ¿Ves? Tus poderes no son malos. Son realmente bellos. — Asentí aún abobada viendo aquel show que se desplegaba ante mí. — Elsa, ¿quién eres en realidad? ¿La persona que dirige la compañía Arendell, o ésta que está a mi lado?
— Creo... — Inicié levemente. — Creo que ésta soy yo.
Seguí mirando el hermoso copo nevado envuelto en un velo de humo invernal. Era realmente hermoso. Miré a Jack y le dediqué una sonrisa sincera. Él sabía mi secreto, aún no entendía como había obtenido conocimiento de ello, porque no creo que mis padres les hubiesen contando a nadie más que yo poseía este don, pero la cuestión era que lo sabía. Lo entendía. En aquel momento, por un efímero momento, deseé que aquella danza entre su magia y la suya nunca acabara. Quería ver aquel espectáculo siempre. Pero nada es eterno, y todo de acabar en su debido tiempo. Mi copo de nieve se fue fusionando con el hielo evaporizado de Jack, llegaron a tal punto, que ambos se fundieron en uno sólo y estallaron formando pequeños copos nevados que cayeron a nuestro alrededor dándole un toque más brillante a la nevada que había provocado y que aún no paraba. Y no tenía indicios de parar, así como los miles de pensamientos que me venían a la cabeza. Mi verdadero yo.
En mi mente aparecían mil imágenes por segundo. Cosas que me gustaban y que desde la muerte de mis padres me negro por completo: La música que adoraba tanto como Jack, los libros que leía, los cómics que me fueron confiscados durante ese año, los regaños que recibí por dibujar algún personaje entre los apuntes de mis deberes, mi carácter frívolo e insípido tuvo que ser cambiado por uno servicial y adulador, mis ropas igual me obligaron a dejar y me vistieron con la asquerosa ropa de trabajo que odiaba, mis guantes de cuero fueron sustituidos por unos de tela blanca. Y sobre todo. La presión por ocultar mis poderes aumentó. Cuando le dije a Anna que su hermana mayor era una especie de fenómeno, me sentí aliviada, tenía un pequeño peso menos de encima, ahora era más fácil él ocultar al mundo mi poder con ayuda de mi hermana. Cada vez que mis poderes salían, me asustaba. No. Me obligué a pensar que debía tenerle temor. Mamá y papá solo me pedían mantenerlo bajo control. Pero cuando se fueron, aquel miedo se incrementó. Claro. Hasta que Anna se enteró y, ahora, el miedo iba disminuyendo.
Jack y yo nos quedamos un rato ahí afuera admirando la nevada que se postraba a nuestros pies. Miré a Jack quien me sonrió. Quería ser como él, poder tener un carácter tan fuerte que nadie me doblegase a cambiar lo que yo era. O por lo menos. A no suprimirlo por completo. Observé mis manos y las empuñé. Había tomado una decisión. A partir de ese día, yo, Elsa Arendell, jamás olvidaría su verdadero yo. Excusas como "son cosas infantiles" o "no va consigo" me serían irrelevantes. Es mi vida y mis gustos, no los suyos. Todo sería diferente. Acortaría mi tiempo en la compañía con la excusa de que tenía asuntos extra-escolares que atender, me llevaría el trabajo a la casa -porque ya no pensaba vivir en la universidad, al fin estaba en paz con Anna y podía vivir a su lado- donde los terminaría. Ese sería mi plan y haría todo lo posible para realizarlo. Porque. Al fin. Había entendido que estaban matando a mi yo verdadero.
¿Continuará?
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: No tengo idea del nombre de la hermanita de Jack, así que le puse ese. Espero no se enojen, uwu.
Segundo**: xD Cuando iba a escribir ahí "bar" lo iba a poner "baar" ¿y qué tiene que ver una "a" de más? Pues qué sí eres químico fármaco biólogo, o químico laboratorista, sabrás que BAAR viene de "Bacilo Ácido Alcohol Resistente" LOL Estoy traumada ya.
Tercer***: Eso sonó a comercial de shampoo o de tinte para el cabello. LOL
Cuarto****: Como el de la escritora =_=
Quinto*****: It es el payaso "eso" para los que no sepan.
Sexto*****: xD Lo que iba a poner ahí era "una caja de condones" pero pensé que sea mucho.
CONTESTANDO COMENTARIOS:
: LOL No sé si preocuparme porque mi madre piensa que soy antisocial o alegrarme de que al fin lo haya entendido.
Marina: LOL Hahahaahaha, oh, vale, los móviles trolls con sus autocorrectores… creo que fue la manera "bonita" de que la gente escribiese como es debido… pero a veces no funcionan bien *w* Celular con la marca de manzanita, lo adoro (si, la autora es una adicta a esos productos) y quizá si le agregue, está en un "veremos".
MyobiXHitachiin: Si, ya sabes, Eugene que no es severo con las reglas xD
Leah Frost: LOL ¿Felices madrugadas a ti? Ok. No. :3 De nada, y si, la idea igual me mola mucho y por eso quise escribirla… Claro que la versión de r9KElsa está aún mejor… Nuestra pequeña Reina de las Nieves es aún más friki, antisocial, despectiva y malhablada xD Ay, la adoro (?
BrokenDoll-K: xDDD Suele pasar, me ha pasado, por eso digo que suele pasar. LOL Corazones gays, corazones gay everywhere LOL xD Eso sería genial, pero esto estará basado en un mundo alterno, en otras palabras, las princesas serán distintas en forma física, ya que pienso meter a más personajes ewe hehehehe
Mikori: Bienvenida al FANDOM más genial de todos(? xD Que bien que te haya gustado, espero y con este capítulo igual te la hayas pasado bien.
ACLARICIONES Y MÁS.
Bien, este fanfic se publicará cada vez que tenga un nuevo capítulo terminado, para los que siguen el AU de Harry Potter, ese seguirá siendo mensual. Eso sería todo ewe hasta la próxima.
Zakuro Hatsune.
