ADVERTENCIA ANTES DE LEER EL SIGUIENTE FANFIC:
TODO EL CONTENIDO DE ESTE ESCRITO ES EXCLUSIVAMENTE PARA LA DIVERSIÓN, CUALQUIER COSA QUE CONSIEDEREN OFENSIVO, SUPLICO ME PERDONEN Y QUE LO TOMEN COMO UNA SIMPLE BROMA, PUES PARA ESO ESCRIBO ESTO.
LOS PERSONAJES QUE HE DE MANEJAR EN ESTE Y EN FUTUROS ESCRITOS NO SON MÍOS (algún día los compraré, lo sé) SON DE SUS RESPECTIVOS CREADORES.
ESTA NARRACIÓN CONTIENE Y CONTENDRÁ VOCABULARIO VULGAR, POR FAVOR, TOMENLO CON MADUREZ, PUES LES RECUERDO QUE ESTO ES CLASIFICACIÓN "T".
Sin más que agregar, les deseo buena lectura. :3
Rosa tres: Juego peligroso.
Ya había pasado seis meses desde que me uní a mi extraño grupo de amigos, Merida, Jack, y yo al fin habíamos formando la banda que tanto anhelaba mi amiga pelirroja. La "Chica oso", como le decía Jack a Merida, pues en su espalda tenía tatuado un gigantesco oso negro, tocaba la batería y era segunda voz, Jack era el bajista principal, Hicupp tocaba el teclado y era el encargado de hacer los coros y, por último, yo, quien era la guitarrista y voz principal. Todos los fines de semana nos reuníamos para practicar en el nuevo café "Rise Of A Frozen Heart" si, le habían cambiado ligeramente el nombre al que hace seis meses era un bar. En ese prologando periodo de tiempo, que para mí fue realmente corto, Jack y yo nos volvimos más apegados. Yo diría que demasiado. Descubrí que tenía el poder de volar con ayuda del viento, así que todas las noches se metía por la ventana de mi habitación para visitarme y charlar. Las pláticas tenidas con él eran siempre divertidas e interesantes. Jamás me aburría de estar a su lado. Era realmente entretenido y, poco a poco, mi corazón empezó a ponerse más contento -mucho más de lo que a mí me gustaría- cuando estaba a mi lado.
En la oficial, aún seguía manteniendo mis actividades musicales en secreto. No quería que nadie se enterara de lo que hacía. El viejo que me vigilaba fue cambiando por otro, que desde mi perspectiva, era peor que el primero, y lo que llegaba a hacer que la situación fuera exasperante, es que era ajeno a las industrias Arendell. El señor Wesselton, quien trabajaba para una empresa compradora de mercancía externa a la mía, me tenía bajo vigilancia constante, no me dejaba ni a luz ni a sombra. Según me dijo el ancianito que nos cuidaba a Anna y a mí, aquel sujeto siempre tuvo en la mira a mi padre, quería saber el secreto del excito de nuestra compañía, pues todos en el ámbito comercial tenían conocimiento de lo gran comerciante que fue alguna vez mi padre, y por ende, ahora que mis padres estaban muertos y yo tenía el dominio total de la empresa Arendell, Wesselton quería saber cómo era la forma que manejaba todo. La situación llegó a tal punto que una vez lo encontré fisgoneando entre los papeles de archivo muerto de la compañía. Esas cajas llenas de documentos, que ya nadie usaba ni servían para nada, al parecer fue una probada de la mina de oro para el viejo, pues cuando lo encontré dio tal salto que sólo se disculpó diciendo que estaba buscando el baño y salió corriendo.
Era fin de semana, tocaba ensayo con la banda. Me arreglé como de costumbre, una blusa de mangas total mente negra pegada al cuerpo con el logo de Batman en amarillo -pues estábamos en pleno verano- que sería con la que me mantuviese en el café, una chaqueta delgada de rayas azules y negras exclusivamente para protegerme del sol cuando estuviese en la motocicleta, jeans azules pegados y un cinturón negro, guantes de tela blancos, mis pulseras anchas con los logos de "AC/DC" y "LED ZEPPELIN", me despeiné un poco y me puse mis convers que eran botines azules. Me miré al espejo un momento y, por un segundo, pensé que mi atuendo no era el más femenino que pudiese ponerme, y lo que me hizo sonrojar, fue el pensar que crearía Jack de la ropa que estaba vistiendo: ¿Le gustaría? ¿Le parecería muy raro? ¿Qué opinaría de el?. «Vamos, Elsa, ya estás pensando como la canción de PXNDX de Narcisista por excelencia», me dije tomando mis audífonos, el celular y las dos llaves -de la motocicleta y la casa, ya que desde mi encuentro con Jack hace seis meses he vivido con mi hermanita en nuestra casa- que necesitaba antes de salir de la habitación. Le dije a Anna que ya me iba, mi hermanita hoy tenía una salida con Kristoff, después de que esos dos hicieran lo que fueran a hacer, llegarían al café a vernos tocar.
Salí de la casa con mi chaqueta puesta y lentes de sol, conducir en pleno verano con el astro que dominaba el cielo de día no era nada fácil. Encendí mi transporte y miré para atrás, sabía que el anciano no salía los fines de semana a vigilarme, todos merecíamos un descanso después de todo. Puse la marcha y empecé a conducir al café, estaba tan emocionada de ver a Jack, no es que no lo viese seguido, sino que el tan sólo hecho de saber que estaría con él me hacía feliz. Así sin más. Era feliz al lado de mi amigo peliblanco. Unos sentimientos cálidos invadieron mi corazón, ¿qué era este extraño palpitar? Al poco tiempo de que empecé a conducir mi corazón volvió a la normalidad, ¡pues un maldito idiota se me había atravesado cuando estaba cruzando una intersección! ¡Y para colmo de males, era el bastardo idiota de Hans! Él no me vio, pero yo a él sí. Tenía a una mujer castaña en su estúpido Ferrari, ¿así era cómo ponían sanciones sus padres? ¡Mi papá cuando nos castigan a Anna y a mí nos quitaba todo! ¡Sólo podíamos pasarla en nuestra habitación con la compañía de la otra para quitarnos lo aburrido!
Cuando llegué al café nadie notó mi mal genio, no era la persona más expresiva del mundo tampoco, pero ciertos joven de pelo blanco sí. Llegué directo a sentarme en la barra, le pedí a Eugene una soda de sangría y simplemente dejé que el enojo se me pasara antes de que hiciera nevar el lugar. Miré el frasco que mi amigo había puesto frente de mí, asegurándome de que nadie me viese, me quité mi guante y enfrié un poco el refresco. Había un calor de los mil demonios, ni los climas que tenía el local eran suficientes para calmar el calor que me empezaba a molestar. El frío a mí nunca me molestaba, pero el calor era otra historia. «¡Prefiero sentir frío que estar en un maldito infierno!», pensaba mientras tomaba mi bebida y me ponía el guante de nuevo. Jack se había sentado a mi lado y sólo se limitaba a mirarme intrigado, de cierto modo se lo agradecía, cuando estoy irritable prefiero que no me hable nadie hasta que se me pase, o por lo menos, hasta que mi humor mejore un poco. Volteé a ver a Jack y, en ese momento, casi escupo el líquido que mantenía en mi boca al verlo hacer una cara tan cómica imitando a Eugene que estaba embelesado mirando a su novia acomodar platos. El mal rato había pasado.
— Que bueno que te hice reír. — Comentó Jack sonriendo. — ¿Qué onda? Llegas temprano hoy.
— Siempre llego temprano, estúpido. — Le contesté sonriendo.
Me paré de la banca donde estaba, vigilé que el barbudo siguiese mirando a Punzie como si fuera su luz y luna -cosa que no era muy diferente a lo en realidad era para él-, me puse de espaldas, apoyé mis manos en la barra y me di impulso para subirme en ella. Desde hace unas semanas había desarrollado un gusto por sentarme en esa barra. Jack me miró divertido y se puso a mi lado, colocó sus manos a los costados de mis piernas y se acercó a mí… demasiado... Yo sólo atiné a mantener la calma, su proximidad era embriagante para mí, pero por mi falta de expresión no sabía cómo interpretar aquellas sensaciones y terminaba ignorándolas.
— ¿Sabías qué pronto van a hacer una nueva película de Disney? La llamarán Frozen, o algo así, igual que a las dos princesas nuevas... — Habló realmente cerca de mi rostro.
— Lo sé, espero y no nos hagan como siempre: Sacan tres o cuatro princesas seguidas y luego hay que esperar tres o cuatro años para que saquen una nueva... — Respondí mientras me ponía a jugar con su cabello. — ¿Sabes? Tu pelo me gusta... es realmente hermoso... — Dije sin mentir, soy de las personas que dicen lo que piensan al instante cuando está con sus amigos.
— ¿En serio lo crees? — Sentí como sus manos subían para ponerse en mi cintura.
— Claro... A pesar que lo tiñes, me gusta mucho. Al igual que tus perforaciones, son lindan.
Esa eran nuestras charlas, y rara era la vez cuando terminábamos de esa manera que se podría mal interpretar. El pensamiento de que parecíamos novios pasó por mi mente, pero realmente no me importó. Mi mente en esos momentos estaba luchando entre extender mis brazos, o mis piernas, para tener más cerca a Jack, o simplemente alejarlo, no era bueno que nos viese así algún cliente que llegase.
— ¡Elsa! ¡Bájate de mí barra, ahora! — Escuché el regaño de Eugene.
— Vamos, sólo estoy sentadita aquí. — Me defendí con un tono dulce.
— ¡No, no, no! ¡Te me bajas ahora! — Volvió a gritar.
— Que *homosexual eres... — Bufé mientras hacía a un lado a Jack y me bajaba.
— ¿¡Qué!? ¿Dónde quedó la niñita que no me insultaba de hace unos meses? — Se quejó mi amigo.
— Que gay estás hoy, Eugene. — Se metió Jack. — Punzie, ¿no le diste anoche, verdad? Por eso está de mal humor...
Rapunzel y su novio se sonrojaron a más no poder y eso fue lo único que Jack y yo necesitábamos para reírnos de ellos. Algo que compartía con Jack, y que muy pocos sabían, era que tenía una extraña atracción al mundo erótico y bromas en doble sentido.
— Todo tiene sentido ahora, con razón "Don gruñón" estaba tan sensible. Punzie, dale su ración de vez en cuando para que no se pongan así. — Apoyé a mi amigo mientras chocábamos nuestros puños en señal de complicidad.
— Ustedes... ¡Me hacen **bullying! — Chilló el mayor de mis amigos.
— Ya sabes, amigo que no te hace bullying no es tu amigo. — Argumentó Jack.
— Así es. — Los cuatro nos empezamos a reír después de eso.
Pasaron unos minutos antes que atravesara la puerta nuestra amiga pelirroja con un aura tan oscura que solo el más estúpido ser del planeta podría enfrentar, tenía una blusa crema sin magas que parecían cortadas -varios hilos sobresalían de las costuras- con el logo de una calavera blanca hecha de cristales, el pelo milagrosamente amarrado en una coleta alta, un short de mezclilla que le llegaba un poco más arriba de la mitad de los glúteos con varios hilos expuestos, un cinturón negro bien ajustado y unos botines cafés de amarrar. Detrás de ella, venía Hiccup. Mi pequeño amigo estaba visto casi igual que Merida, su camisa era de mangas cortas color café y tenía una imagen de un dragón escupiendo fuego, un short que le llegaba un poco más arriba de las rodillas y unos botines de amarrar.
— ¡Allá afuera parece un maldito infierno! — Se quejó Merida.
— Te comprendo... — Le dije mientras me quitaba también mi chaqueta dejando a relucir mi blusa.
— ¡Batman! — Gritó Jack al ver mi logotipo.
— ¡Raven! — Le contesté gritando el nombre de mi súper heroína favorita.
— ¡Robín! — Se defendió éste con su súper héroe favorito.
— ¡Zatanna! — Se escuchó decir a Eugene a cierta maga talentosa.
— ¡Mujer maravilla! — Ahora fue el turno de Punzie.
— ¡La mole! — Vociferó Merida empuñando su mano.
— ¡Lobo! — Contrastó Hiccup con un súper villano, a lo cual nosotros le miramos con cejas alzadas.
— ¡¿Y eso qué tiene que ver?! — Chilló mi amiga pelirroja.
— ¡Ya, lárguense a practicar! — Nos reprendió Eugene.
Los cuatros nos reímos a carcajadas, adoraba esos pequeños momentos normales en los cuales mis emociones estaban bajo control y no provocaba una nevada interna. Aunque claro. Con el maldito calor que había, lo más posible era que mi nieve se hubiese derretido. Jack y yo fuimos a la bodega donde guardábamos los instrumentos de cuerdas, pues el teclado y la batería estaban fijos en el escenario y nadie se animaba a quitarlos de ese lugar. Mientras íbamos, mi amigo empezó a hablarme sobre unos nuevos libros que había visto en la librería que frecuentábamos, el título era "Donde los árboles cantan", según Jack, me iba a encantar aquella lectura, pues transcurría en la Edad Media donde aún existían los caballeros y brujas con ideas malvadas. Le comenté me que encantaría leerlo, pero por ahora el trabajo era demasiado y ya estaba saturando mucho mi horario con lo de la banda y las visitas clandestinas. Él sólo se echó a reír mientras me acariciaba la cabeza con dulzura. Su tacto en mi cabeza se sintió tan bien, no quería que aquella caricia acabase nunca.
Tomamos nuestros instrumentos y salimos de ahí, en ese transcurso al parecer a Jack le atrajo súbitamente la sensación de su dedo índice contra mi abdomen, porque no dejó de picar con su falange mi pobre costado. Además de que me hacía cosquillas, llegaba a ser entre fastidioso y lindo. Así era Jack. Un "castrocin", como le decía Punzie, lindo. Me picó la panza hasta que llegamos a la puerta, la abrimos y lo que vimos era la escena más normal entre nosotros ya. Merida estaba apoyándose en la espalda de Hiccup susurrándole algo al oído mientras acariciaba sus cabellos, esos dos traían algo, sólo nos faltaba comprobación. Eugene tenía a Punzie acorralada contra la gran repisa donde mantenía los ingredientes a la vista de todos, sus manos estaban a los costados de la chica y ella sólo se limitaba a sonreír y contestar las miradas nada castas del hombre. Jack y yo nos miramos, nos encogimos de hombros e ignoramos a la pareja de novios que ya estaban compartiendo un beso nada casto, nos reprimimos de hacerles la típica broma de "para eso están los hoteles", porque si lo hacíamos, capaz y nos dejaban a cargo del café y ellos si se largaban a un mugre motel donde pudieran acabar lo que iban a empezar, así que nos concentramos en conectar nuestros instrumentos mientras trataba de ignorar a la pareja.
Conecté mi x-plorer azul eléctrico al amplificador que tenía más cerca, ajusté la distinción y el volumen para que quedara en un estado neutro, aún no sabíamos que canción íbamos a tocar, así que mejor estar preparada solo para darle unos pocos ajustes. Le coloqué la correa negra que usaba para los ensayos y me la colgué como es debido, ya estaba lista. Miré con detenimiento que mi amigo peliblanco estaba igual preparado, tenía su bajó negro ya con su correa enganchada y sólo esperaban el nombre de la canción a interpretar. Mérida estaba buscando como desesperada sus baquetas mientras de su boca salían mil insultos por segundo, jamás había escuchado tanto despliegue de vocabulario tan burdo, no es como si yo no dijera una que otra majadería, al contrario, creo que si me dieran una moneda por cada vez que uso la palabra "maldito" y sus derivados, tendría un monto similar al que tiene mi compañía. Hiccup simplemente miraba como idiota a mi amiga pelirroja, en su expresión se podía notar cuanto la quería, y más con esa estúpida sonrisa de niño enamorado que estaba en sus labios, creo que si no fuera porque Merida dio un grito de triunfo mientras alzaba las baqueta que ya había encontrado ocasionado que mi pequeño amigo diera un salto de espanto, se le hubiese quedado viendo a tal grado que se le podría haber caído la baba, literalmente hablando.
— Bueno, chicos. ¿Qué tocamos hoy? — Pregunté mientras sacaba mi plumilla de la bolsa de mi pantalón.
— No sé... ¿Rock and roll all night? — Sugirió Jack con ojos luminosos.
— ¿And party everyday? No, no lo creo niño paleta. — Intervino Merida negando con sus baquetas de madera rojas.
— ¿Qué les parece si tocamos "devuélveme a mi chica" de Hombres G? — Mocionó Hiccup tímidamente.
— Esa me gusta. — Intervine.
— ¡Si, si, si! ¡Hombres G! ¡Hombres G! — Canturreó la pelirroja feliz, era su banda favorita después de todo.
— Vale, son tres contra uno. A tocar. — Accedió Jack.
Puse mis dedos en posición de Do menor, vi a Jack que igual se preparaba, Hiccup estaba dándole los últimos detalles a su teclado y yo sólo esperaba la señal de Merida. «1, 2, 1, 2, 3, ¡4!» conté mentalmente mientras escuchaba el sonido que producía las baquetas de mi amiga al estrellarlas una contra la otra.
— Estoy llorando en mi habitación. — Cambié de Sol menor a Do de nuevo. — Todo se nubla a mí alrededor...
El mismo cambio, sólo que está vez fue de Fa a Do. Pero mientras cambiaba de acorde, vi que la puerta se abría dándole paso a mi pequeña hermanita que había llegado junto con quien sería su mejor amigo, Kristoff, traía un perro enorme, según recordaba, aquel perro se llamaba Sven, el pobre se quedó afuera, pues Eugene no le permitía la entrada a ningún animal, a excepción de Pascal, el camaleón de Punzie.
— Ella se fue con un chico pijo. — «Fa. Sol.» — En un Ford fiesta blanco... ¡Y un jearse amarillo!
Seguimos interpretando la canción elegida, Anna se colocó en una de las mesas que estaba frente al escenario mientras yo cantaba y tocaba. Su cara se contrajo cuando canté el coro, mi hermanita jamás me había escuchado decir palabras tan "obscenas" antes, a lo mucho me había escuchado insultar en inglés, que es lo que mayormente hago, y a lo mucho una que otra cosa en italiano. Lo bueno de saber otros idiomas, es que puedes insultar y nadie se da cuenta de tus verdaderas intenciones.
— ¡O te retorcerás, entre polvos pica, pica! — Acabamos de interpretar la canción.
— ¡Wow! — Escuché exclamar a Anna. — ¡Son geniales!
— No sé Anna, ¿enserio te gustó eso? Me refiero… la canción es de los años de mi papá… Ya nadie la escucha. — Comentó el chico rubio que debía ser Kristoff.
— Déjalos, esa música tocan ellos. ¿Van a seguir? — Preguntó Anna ilusionada.
— ¿Tiene algún problema con seguir, chico? — Interrogué a mis amigos quiénes negaron aquella posibilidad. — ¿Qué tal si nos pasamos a una más clásica?
— ¿Lluvia de Noviembre? Es un clásico y es hermoso. — Ofreció Jack.
— Claro.
Esa tarde fue muy estimulante, interpretamos tres canciones más e, incluso, hicimos que Kristoff se volviera fan de nuestro pequeño grupo. Anna me contó que esa tarde su amigo le había propuesto salir con ella en una relación formal, e inclusive, el chico se me acercó nerviosamente a pedirme autorización de poder salir con mi hermanita. No conocía muy bien a Kristoff, pero si sabía que Anna y él llevaban años de conocerse, así que supuse que aquello sería benéfico para mi querida hermana, pues después de lo que sucedió con Hans, estuvo algún tiempo alejada del sexo opuesto. A excepción del rubio, él era su mejor amigo, así que le permitía estar con ella. No observé, ni tuve conocimiento de algún argumento válido, como para negarme a la petición del joven. Le dije que estaba bien mientras no le hiciera nada que provocase que esos hermosos ojos azules de mi copo nevado se llenaran de lágrimas, porque ahí si vería las consecuencias de hacerme enojar. Digamos que Kristoff tiene conocimiento de mi inusual don, así que sabía que le convenía no hacerme enojar.
Me encontraba en mi oficina leyendo unos papeles importantes mientras el estrés me consumía viva. Hace unas horas me habían hecho llegar una invitación a la primera reunión que tendría con los pilares del círculo elite que mi padre había formado. Me quité los lentes que usaba, pues mi vista se desgastó tanto que me vi en la necesidad de usarlos, y me tallé el tabique de la nariz con ahínco mientras suspiraba resignada. Tantas cosas que hacer y en tan poco tiempo. El que había organizado la reunión había sido el empresario North Frost, ya que estaba deseoso de conocer a la nueva cabecera de las industrias Arendell, y no sólo eso, la invitación también mencionaba que al fin presentaría a su hijo, Jack Frost, como su futuro sucesor a pesar de que aún no ejercería un cargo en la gran empresa que manejaba. En la invitación igual se mencionaba que otros líderes de grandes industrias fuera de la elite estarían presentes, más no dijo cuáles serían. La tan sola idea de ver a Jack en nivel laboral me ponía los nervios de punta, una cosa era que yo pasara horas y horas jugando con él, y otra muy distinta tener una cena formal con éste y su padre.
Me incliné delate de mi escritorio y busqué mi móvil personal, tenía como fondo el logo de AC/DC, lo desbloqueé y de inmediato empecé a ver la bandeja de mensajes, donde curiosamente, la mayoría eran de Anna. Mientras bajaba, vi las conversaciones que había tenido con Jack. Las abrí y las empecé a leer, sólo eran charlas sin sentido. Desde qué habíamos comido, nuestros súper héroes favoritos, hasta las bromas que nos jugábamos ambos con el frío. Una sonrisa se pintó en mis labios al volver a leer aquellas chalarlas tenidas. En mi mente, ideas que jamás pensé tener llegaron. Un Jack y yo hablando en el café de Eugene, de repente la charla paró y nos unimos en un beso apasionado. Y ahí corté todo contacto con mi mente. «What the shit am I thinking?!», pensé en esos momentos antes de que la puerta de mi oficina se abriera dejando ver a uno de mis empleados que tenía una cara mortificada y asustada. Me preocupé.
Debía correr.
Esto era grave.
¿¡Cómo demonios dejé que eso pasara!?
El empleando que me había interrumpido en mis momentos de fantasía me había comunicado que un chico de pelo blanco, mirada ruda, chaqueta azul y perforaciones en la oreja me estaba búscanos. ¿¡Qué demonios hacía el dueño de mis fantasías en mi empresa!? «¡Sería imbécil! Fuck! ¡Esto no puede estar pasando! Maldición», me repetía a mí misma mientras congelaba parcialmente el elevador. Hay varias cosas que no me gustan, una de ellas es que alguien llegue a mi trabajo sin avisar, menos Anna, ella era la excepción a la regla. Sólo veía los piso bajar, me preparaba mentalmente para negar todo contacto con Jack, podíamos ser amigos, él podía ser el primer chico que hacía que desase besar, pero en esos momentos sólo era el maldito idiota de mi amigo que se atrevía a poner un pie en mi territorio privado. Pues eso era, un lugar donde la Elsa que él conocía no existía. La Elsa que lo recibiría era la Elsa que negaba de sus gustos, que no tenía preferencia por nada, aquella a la cual la música le era lo menos importante del mundo. Una Elsa que yo en realidad no eran ni sería jamás.
Salí del elevador casi corriendo dejando un vapor helado a mi paso, luego diría que aquel pequeño clima interno del ascensor estaba descompuesto como explicación al frío que se generó a mi salida. Fui directo a la recepción donde, sentado con su cayo, estaba Jack en el sofá azul de la sala de espera con la capucha puesta y algo que parecía un cigarro, pero sabía que era para guardar su apariencia de chico rudo, el tipo cuando intentó envenenar sus pulmones por primera vez terminó casi asfixiado. Hablé con la recepcionista de turno preguntado quien era el que me buscaba y porqué el empleado que me lo dijo se veía tan asustado. La chica, que era notablemente mayor que yo, me respondió que, aquel chico de pelo blanco y pinta de delincuente, era el que me buscaba con tanto ahínco. El empleado se había negado a hacerme un llamado al principio provocado que Jack se enojara y amenazara al pobre chico para que me llamase. Con razón el hombre tenía cara de alma que se llevaba el diablo. Aunque pensándolo mejor, era Jack enojado, no había mucha diferencia.
Me acerqué a él con paso lento, quería tardar lo más posible en tener interacción con él. Jamás había tenido ese problema antes, pues siempre estábamos en un lugar que era técnicamente privado. Pero ahora. En medio de mi oficina. Era muy diferente. Las ideas en mi mente del "qué pensarán" daban vueltas por toda mi cabeza. Al final, llegué hasta donde él estaba y, con voz realmente baja por el nerviosismo, le traté de llamar. Pero nada. Tenía los mugres audífonos puestos. Si estuviésemos en el café, de seguro ya se los hubiera arrancado y propinado un manotazo en la cabeza por ignorarme. Pero en ese lugar no. Me armé de valor y le llamé por su nombre con voz algo más alta, en mi tono se podía escuchar el nerviosismo, el miedo y lo penosa que en verdad era. No me gustaba hablar con nadie en un lugar que sabía que podría perjudicarme. Y más si todas las miradas estaban en ti. Me miró con esos hermosos ojos azules y se paró quedando unos centímetros más abajo que yo, aunque era tan sólo dos años mayor que él, seguía siendo más alta. Se quitó su capucha junto con los audífonos, se despeinó y unas ganas enormes de acariciar su cabello me invadieron.
— Hola, Elsa. — Me saludó con una sonrisa en la cara.
— Hola. — Le respondí secamente.
— ¿Ya te enteraste de lo que papá planea, no? Me comentó algo hoy en la mañana... — Se acercó a mí, simplemente quería acortar la distancia, pero yo me alejé.
— Si, recibí la invitación. — Me di media vuelta. — Ahora, me tengo que ir. — Mi estómago se contrajo, estaba muy nerviosa.
— ¿Ya? ¿Así sin más? ¿Sin ningún insulto, golpe, o sarcasmo? — Todos me mirón confundidos y yo me avergoncé aún más.
— ¿Ya sabes a qué hora es? — Traté de cambiar de tema antes de caminar por el lugar y él tras de mí.
— La velada inicia a las siete. — «Ya lo sabía, idiota», pensé.
— Vale, ¿ya es todo? — Le corté vilmente mientras nos encaminábamos a la salida.
— Supongo. — Esta vez Jack fue el que me contestó fríamente.
Mi joven peliblanco se adelantó a la puerta que conectaba a la calle, la atravesó y antes de que se cerrara la puerta, ya que era automática, se volteó y me miró de nuevo. Puso su cayo en su hombro y con un extremo trabó la puerta dejándome impresionada. ¿Qué se traía? Me puse muy nerviosa, mi estómago se sentía horrible, mi mente estaba en blanco y yo, pues, era un pedazo inerte de hielo.
— Nos vemos, gran presidenta Elsa Arendell. — La última oración lo dijo con cierto peso de enojo. — Espero y el joven Jack Frost, hijo del señor North sea mejor que este chico.
¿Qué demonios le pasaba? Se lo iba a preguntar, pero era demasiado tarde, se había ido. «¿Y a él que le picó?», pensé, pero, sinceramente, lo que quería hacer era salir corriendo de ese lugar. Subí hasta mi oficina donde me dejé caer en mi silla, decidí que lo mejor sería olvidar ese percance a menos que la pequeña nevada que ya estaba a mí alrededor se convirtiese en una tormenta.
A las cinco ya estaba afuera de la oficina, tenía que prepararme para la velada de la noche. Llevé a Anna, pues ella igual iría conmigo acompañada por Kristoff, a comprar un vestido de noche. Mientras mi hermanita compraba cosas sin parar -con mi dinero- me llamó la atención un hermoso vestido azul cielo. Era largo, tenía una abertura en un costado que de seguro era para que la persona que lo llevase puesto se pudiera mover con mayor facilidad, en la parte superior se le veían hermosos detalles de joyería que parecían hielo puro, a pesar de que el vestido en si llegaba hasta el pecho, arriba de éste tenía una especie de malla que cubría los hombros y era de mangas largas, en la tela que cubría los brazos se apreciaban dibujos nevados. Era perfecto. Me imaginé a mi misa con ese precioso vestido, no era como el que llevaría Anna, que básicamente estaba formado por una falda y un corsé que dejaba expuesto sus hombros y parte de la espada. No. Éste me cubriría un poco sin dejar de ser hermoso, no sé, aquel vestido me decía que fue hecho para que yo lo llevara puesto. Toqué levemente la vestimenta y, con eso, bastó para que toda la tela tomara un leve rocío invernal que le daba más brillo y, sobre todo, más belleza a la hermosa prenda que, sin mentir, era la cosa más preciosa que había visto.
Terminé comprando diez piezas de ropa para Anna más su vestido y el mío propio. ¡¿Cómo demonios gastaba tanto dinero?! Yo cuando voy a comprar ropa, usualmente sólo me compro tres jeans, cuatro camisas y, si me gusta mucho, un par de convers o botas. Al llegar a casa, a mi hermosa y a veces odiada hermana se le ocurrió la brillante idea de que ella sería la que me peinara y maquillara para aquella noche. Uno: Odio el maquillaje, me saca de quicio tan sólo ver a Anna pintarse, me tiende a irritar de sobre manera, llega a tardar más de media hora y eso, a mí, me saca de mis casillas cuando tenemos prisa, como ahora que ya estaba a nada de dar las siete. Dos: Mi cabello sólo ha sido tocado por mamá, y desde su muerte, nadie ha puesto una mano -o peine- sobre este, sólo yo. Y hubiese querido que se mantuviese así. Mi hermana es una salvaje con el cepillo... Al final la terminé corriéndola de mi habitación con una bola de nieve en la cara. Me había provocado dolor de cabeza sus cepilladas. Y yo no me creo eso de que la belleza duele. Si se supone que es bello, ¿por qué sufrir por ello? La verdad, aún no me gustan esta clase de cosas, pero sé que ese estúpido baile es algo formal, así que de cierta forma debía estar presentable, aunque eso hubiese significado que Anna me pusiera litros de maquillaje en la cara y que me dejara sin cabello de tan fuerte que lo cepillaba. Al final, terminé peinándome cómo iba al café, con mi trenza y el cabello todo para atrás. Así me gustaba más y, de cierta forma, era la única cosa que podía hacer para que no fuera la Elsa que Jack había visto hoy en la mañana.
Cuando terminé de arreglarme y esperé a Anna que hiciera su parte, salimos de la casa para esperar a la limosina que nos mandarían como transporte. No era muy elegante que una empresaria llegara en motocicleta a un evento formal, además de que vestidos y motos no van. En la salida, estaba ya Kristoff con un traje azul oscuro y corbata, se veía muy gracioso con su pelo peinado todo para atrás y con litros de gel. A su lado, estaba un gran danés de pelaje café oscuro, apenas me vio, se acercó a mí para recibir mimos. ¿Qué les digo? Tengo debilidad por los animales. «Eso explica porque me siento tan atraía a Jack», pensé en son de broma, luego se la diría para ver como reaccionaba. Acaricié al perro, cuyo nombre si era Sven, le di mimos hasta más no poder, ya que mi hermana estaba ocupada basándose con su pareja, que era el dueño del perro, así que el pobre animalito querían algo de atención, y yo, que no podía resistirme a esos enormes ojos cafés, le presté la atención que requería. Le rasqué las rojas y panza recibiendo lamidas de agradecimiento por su parte. ¡Que mono era el perrito! Hice una pequeña bola de hielo que usé como juguete, la lancé y, en cuestión de segundos, ya la tenía de vuelta conmigo, sólo que babeada y pegajosa.
Pasó media hora, y la limosina al fin llegó por nosotros. Kristoff nos abrió amablemente la puerta, Anna y yo nos sentamos juntas y el chico rubio paralelo a mostraos. Sven se había quedado en casa, no lo podíamos llevar por obvias razones. En el transcurso del viaje, recibí un mensaje que me llegó a alarmar. Jack, quien estaba al corriente con el asunto de Hans, me comunicó que el muy bastardo estaría en la fiesta, sería presentado como un nuevo socio mercantil que trabajaría con uno de los invitados. Esa velada sería dura. No había duda en ello. Le agradecí de antemano la información y guardé mi móvil en la estúpida bolsa que Anna me había obligado a llevar. Esa cosa era más estorbosa para mí de lo que realmente me ayudaba, ¿para qué llevar algo así si sólo llevo conmigo mi mugre celular y una maldita cartera? ¡Por esa razón amaba los pantalones! ¡Tienen incluido cuatro bolsas y te evitaban cargar con esta idiotez! Bufé cuando me desesperé, ¡el mugre móvil no entraba en la bolsa! ¿¡Cómo demonios hacía Anna para meter un montón de cosas en algo tan chiquito!? ¡A mí no me engañaba, tenía en su poder la bolsa de ***Mary Poppins! ¡Es la única explicación lógica para que le entraran tantas cosas!
Después de mis delirios con la bolsa, al fin llegamos a nuestro destino. La gran sala de fiestas de los Frost. Parecía un palacio real. Tenía la forma de un castillo victoriano, las torres sobresalían y una reja enorme de metal bien forjado estaba abierta de par en par para recibir a sus invitados. A la entrada, un guardia con pinta robusta recibía a los allegados al señor North, tenía el ceño fruncido y parecía como si aquello fuera el peor trabajo del mundo. Nos acercamos con cuidado, el hombre me pidió la invitación y yo de la extendí nerviosa, él sólo la leyó y con gesto malhumorado nos dejó pasar. El camino a la entrada era maravilloso, era un sendero que estaba decorado a los lados con hermosas rosa azules, parecida hechas de hielo. El rocío aún se contemplaba en las hojas verdes y, a lo lejos, se apreciaban fuentes construidas de un material cristalino semejante al vidrio. ¿Era posible que existiera algo así de hermoso? El camino se me hizo realmente corto, pues me abobé tanto con las maravillosas fuentes que no me di cuenta cuando llegamos a la entrada del gran salón. Si el camino fue realmente precioso, el salón debería ser mil veces más bello que un simple pasillo adornado de rosas.
Oh, gran decepción.
Sólo era una pista de baile enorme color dorado.
El salón era amplio, debía admitir, las más de cien personas que estábamos ahí podíamos movernos con suma facilidad, pero entre toda la multitud, no pude encontrar a mi amigo de cabello blanco por ningún lado. Un candelabro de un color dorado se apreciaba en el techo, todo lo demás estaba a juego con aquel objeto. Una gran mesa de alimentos estaba en medio de la sala con las comidas más finas que pudiese imaginar, pero yo no cambiaba las hamburguesas dobles con queso de Eugene. Eso sí era un manjar de los dioses. Me fui caminado hasta llegar a una clase de escaleras que conectaban a un segundo piso, un letrero que rezaba: "Sólo los pilares unidos tocaran el basto cielo, los traidores solo llegaran al suelo", me llamó la atención. Miré a todos lados y, al ver que Anna estaba segura con Kristoff, decidí subir e indagar un poco que podría encontrar allí arriba. Quizá Jack estaba en ese lugar. Tomé el pasamos e inicié a subir, pero me detuve a la mitad del camino. ¿Y si no era prudente ir? ¿Y si no querían mi presencia? Después de todo, casi nadie sabía de mi existencia como la presidente de industrias Arendell y líder de tres pilares de elite. Estaba a punto de bajar de nuevo cuando una voz conocida me llamó la atención.
— Señorita Elsa Arendell, me alegra verle en la fiesta que mi padre organizó. — Volteé sólo para encontrar a una extraña versión de Jack.
Tenía el pelo café -se notaba que se había quitado el tinte- todo peinado para atrás, sus hermosas perforaciones ya no estaban, en su rostro se veía una seriedad que me estremeció y llevaba un traje totalmente negro con corbata. Ese no podía ser mi amigo, era su alter ego completamente.
— Le suplico y me acompañe, los tres pilares llegarán dentro de poco tiempo. Usted puede esperar arriba. — Ofreció mientras me daba la espalda e iniciaba a subir.
— Está bien... — Accedí algo nerviosa.
— Por cierto, déjeme decirle que su vestido de esta noche es hermoso. — Me halagó con cierta falsedad en su voz.
— Pero a ti te gusta más verme con chaquetas y pantalones... — Solté en susurros, pero sólo vi que en su rostro se pintaba una sonrisa.
— Por aquí.
Jack me guio a una clase de sala de juntas, había una mesa enorme redonda de madera oscura, podía apreciar doce sillas negras de oficina meticulosamente puestas al rededor. Me encaminé a una de ellas donde mi amigo, demostrando su caballerosidad, sacó una para que me sentara, cosa que hice, y me empujó para acomodarme. De inmediato, él se sentó en la silla paralela a mí, nos podías ver directamente.
— Señorita Elsa, dentro de unos minutos llegarán los demás, le ruego tenga paciencia. — Era realmente extraño ver a Jack actuar de esa manera, pero sabía que así debíamos de ser en esos momentos.
— De acuerdo, señor Frost, esperaré aquí como me ha pedido. — Mi amigo me contemplo con la ceja alzada y se pintó una sonrisa leve en sus labios delgados.
— Ya que estamos solos, ¿le apetecería tener una charla conmigo? — Inició Jack.
— ¿De qué desea conversar? — Interrogué siguiéndole el juego.
— Verá, usted es muy hermosa... ¿Tiene alguna relación con alguien? Es qué es imposible pensar que una bella dama como usted esté soltera. — Iba a soltar un "¿Y a ti qué ****mierda te pasa?", pero me contuve de ese comentario.
— No, señor Frost. — De inmediato, a mi mente vino su imagen como en verdad era y decidí jugar un momento con él, jamás pensé que tan lejos llegaría eso. — Pero si tengo a alguien el cual deseo se fije en mí.
— ¿En serio? — Vi su ceño fruncirse levemente. — ¿Se puede saber quién es el afortunado?
— Me temo que para usted, señor Frost, le sería de muy poco agrado el joven que domina mis pensamientos. — Le dije con un tono sarcástico.
— No lo creo, debe ser muy agradable para que a usted, señorita Arendell, le haya llamado la atención.
— Le puedo decir que es un músico. — Aproveché que estábamos solos, así nadie se metería con ciertos asuntos que quería mantener en secreto. — Es muy fanfarrón y se cree dueño del mundo, tiene unos cuantos pircings en la oreja izquierda y, por lo que sé, se quiere hacer uno en los labios. No le quedaría tan mal, debo admitir. Toca el bajo en una banda y se tiñe el pelo de un color blanco.
Sentí mis mejillas enrojecer y la temperatura descender. «¿Estoy idiota? ¿Por qué le dije eso? ¿Acabo de declararle a Jack que me gusta? Espera... ¿¡Me gusta Jack!? ¡No, no, no! Bueno, pienso mucho en él y su cercanía me encanta.. Además de que he fantaseado con besarlo... ¡Pero no es el caso!» Mi mente estaba hecha un caos, por no decir de nuevo otra palabra burda. Me obligué a pensar que había dicho eso para fastidiarlo un rato, si, por eso lo había dicho, no porque en serio me gustara.
— Ya veo... Es un chico bastante inusual para usted, si me permite decirlo. — Sonrió ampliamente. — Yo igual tengo una joven que se me hace muy atractiva.
Se inclinó en la mesa y su sonrisa se amplió aún más, me miró con ojos brillantes. No sabía que rayos estaba sintiendo en ese momento, lo que inició como una declaración "falsa" -para mí, ya que no yo sabía porque había dicho eso-, estaba tomando un rumbo bastante serio para mi gusto.
— Es una joven que gusta de usar el mismo peinado que porta usted está magnífica noche, usualmente lleva camisas o blusas con figuras que a usted no le interesarían, pero a su locutor sí. E igualmente, vive de la música, tiene unos dedos divinos para la guitarra, una voz digna de pertenecer a una Diva y, sobre todo, su carácter dominante hacia mí y su paciencia con su servidor hace que me encante estar con ella. No sólo eso. Si tuviese que hablar de todas las virtudes de aquella muchacha, jamás acabaría de hablar. — Jack parecía tan seguro de sí mismo, y en ese momento un nuevo juego empezó entre ambos.
— Aquella chica suena interesante. — Admití, más jamás pensé que se tratase de mí. Era imposible que él se fijara en mí. Era su amiga. — De seguro aquella joven es muy inusual, por lo que me cuenta, pero comprendo que eso le atraiga, así como a mí me atrae el muchacho que le describí.
Hubiésemos seguido en ese juego de describirnos mutuamente de no ser porque ciertos líderes con sus respectivos sucesores llegaron. A Jack y a mi casi se nos cae la quijada de asombro al reconocer a tres de los muchachos que acompañaban a los mayores. Dos de ellos, una pareja, eran Eugene y Punzie, el hombre milagrosamente estaba usando un traje de moño, se veía incómodo, pues en sus ojos se advertía la súplica se quitárselo; Rapunzel portaba un hermoso vestido de noche estilo mandil rosa, se había quitado sus perforaciones al igual que su novio y llevaba un adorno en firma de flor en su cabello corto. Detrás de ellos, llegaron su padres, el presidente y vicepresidenta de Corona, ambos eran ya de mayor edad, las arrugas se le notaban a diestra y siniestra, pero sonreían de un modo tan cálido que me dolió el corazón al recordar que así estarían mis padres si sus vidas no hubieran terminado de la forma como les fue arrebatada. Sus trajes eran elegantes, y el de la mujer notoriamente más cubierto que el de su hija, ambos vestían de un color morado oscuro y estaban muy bien peinados.
Ya que el grupo familiar pasó, entró un nuevo grupo que era bastante peculiar. Un señor fornido, de espesa cabellera roja, barba y bigote, con un atuendo escocés, subía con dificultad, al parecer tenía mal una pierna porque su andar era torpe y usaba un bastón. A su lado, subió una mujer con gesto severo pero dulce, su cabello era de un tono castaño y tan largo que casi llegaba al suelo, usaba un hermoso vestido de noche verde y unas zapatillas de gran tacón. Atrás de ésta, con gesto malhumorado, vi subir a una joven de cabellos rojos y rizado rebelde. Casi me caigo de la silla al darme cuenta que era Merida. Usaban un hermoso vestido aguamarina de tirantes en V con la espalda totalmente descubierta dejando al aire su tatuaje de un oso negro; aquella obra de arte, pues eso era para mí, le cubría desde los hombros hasta, he de suponer, parte del coxis. No sabía exactamente hasta donde acababa. Con ella, como siempre, venía Hiccup, sólo que mi pequeño amigo usaba un traje negro como el de la servidumbre que atendía a las personas en la planta baja, su cabello no estaba tan bien arreglado como el resto y, en su brazo, colgado con gran orgullo, se apreciaba la insignia que de seguro sería el escudo de la familia de mi amiga. Alcancé a escuchar un "como usted desee, ama Merida", de parte de Hiccup, pero quise pensar que era solo mi imaginación.
A lo último, llegó North vestido con un traje rojo vino, tenía las mejillas sonrojadas y una barba amplia blanca. Si fuese unos años menor, juraría estar delante del mismo Santa Claus, pues aquellas mejillas regordetas y su gran panza que se movía con cada risa que daba sin explicación alguna, sólo serían portadas por el mágico ser en el que todo niño cree. El hombre me miró con aquellos enormes ojos azules, me paré con algo de torpeza, pues el vestido y los zapatos que usaba no iban conmigo, así que era demasiado pedir que mis movimientos fueran agraciados. El hombre me contempló divertido, en sus labios se dibujó una amplia sonrisa, ya conocía el origen de aquel hábito de mi amigo. Me extendió la mano y yo se la apreté con gusto, pero apenas tuvimos contacto, me jaló para darme un fuerte abrazo. Su risa estruendosa se escuchó por todo el lugar y mi diafragma fue presionado contra mis pulmones por la fuerza de aquel acto. Mis hombros se tensaron y el aire me faltaba, aquel sujeto bonachón me asfixiaba, busqué con la mirada a mis amigos, pero ellos sólo se reían con discreción de mi situación. «Son unos malditos hijos de la gran...», no pude acabar la blasfemia, pues el aire regresó a mis pulmones y le di gracias al cielo porque me dejase respira de nuevo.
— Vaya, vaya. La pequeña Elsa ya ha crecido. Me alegra que hayas venido. — Soltó el barrigón mientras me miraba todo el cuerpo. — Eres toda una mujer. ¡Recuerdo aun cuando iba con el pequeño Jack en pañales a la casa de tus padres! Eras la mamá de este tonto.
— Padre, te suplico no me llames así en presencia de tus compañeros de trabajo, darás mala impresión. — Escuché decir a Jack con tono tranquilo, pero en su mirada se veía la vergüenza.
— Vamos, hijo, sólo estoy recordando los tiempos aquellos. Pero no estamos reunidos aquí por eso. — El hombre tomó asiento alado de su primogénito con orgullo. — Señores, estamos aquí reunidos para presentar formalmente ante los tres pilares y, el futuro cuatro pilar -si es que la nueva presidenta los acepta- a la persona que será la líder de nuestra elite.
El hombre se volvió a parar y mi corazón -junto con mi estómago- se encogió. De su traje sacó una hoja de papel que, según yo, tenía puesto un discurso que de seguro había escrito él mismo. Me miró y en sus ojos pude apreciar una chispa de melancolía, más no sabía aun la razón de que esos azules ojos coquetos se llenaran de desconsuelo.
— Señores pilares, hace un año nos golpeó una gran tragedia. Nuestros líderes nos dejaron en un accidente de auto. Pero no se sientan acongojados, nos heredaron a un par de bellas damas para guiarnos. Hoy, en esta noche de Mayo, su hermosa hija, Elsa Arendell, es lo suficientemente madura para tomar las riendas de nuestro selecto grupo. — Hizo una pequeña pausa y nos invitó a todos a ponernos de pie, juro que casi me mareo con aquello. — Como mi viejo amigo Arendell me pidió en alguna ocasión cuando ambos estábamos pasados de copas, si algún día él faltaba, yo me haría cargo del grupo hasta que viera a su hija ser lo suficientemente apta para este puesto. Y hoy, me engullese decir, es el día. Oficialmente, declaro, a Elsa Arendell, líder de los tres pilares de elite. Y con ello. Deseo que nosotros tres le juremos lealtad a esta joven, y no sólo eso, sino que como ella nos guía, nosotros igual seamos la suya, pues nuestra experiencia supera la suya. Por favor. Todos repitan el juramento que una vez hicimos.
Vi como North, los presidentes de Corona y, ahora, los padres de Merida ponían su puño en el corazón, me miraban fijamente y en ese momento, deseé que la tierra me tragara. Yo no merecía aquello. No era apta para aquello. Me faltaba mucha experiencia para llegar a ser alguien tan hábil como aquellos que ahora me jurarían fidelidad. No debía estar ahí en esos momentos. La temperatura empezó a descender y un copo de nieve cayó en la nariz del padre de Jack, éste miró a mi amigo y, de inmediato, la temperatura volvió a la normalidad. Le debía una a North y a Jack.
— Nosotros somos tres líderes, tres empresas, tres personas. Somos los pilares que se juran lealtad mutua, jamás habrá traición entre nosotros. Hoy mismo, juramos permanecer unidos. Los tres pilares de elite, serán siempre unidos y no dejaremos que nadie caiga entre nuestros dominios. Sólo los pilares unidos tocaran el basto cielo, los traidores solo llegaran al suelo. — Rezaron solemnemente los mayores mientras solo podía observarlos con real nerviosismos y terror.
— Ahora, Elsa, por favor, lee esto. — North me entregó un papel amarillento, se le notaba que había visto mejores tiempos. — Es el discurso que dio tu padre cuando lo elegimos líder de nosotros.
Tomé con cuidado el pliego, mis manos temblaban y mi voz se quebraba. Tenía en mi poder algo que había sido de mi padre desde antes que yo viera el mundo con mis propios ojos. Abrí la hoja y reconocí la escritura paterna. Una parte de mi quería abrazarla y llorar, la muerte de papá y mamá aún estaba fresca en mi memoria, pero sabía que no era el momento justo. «Vamos, Elsa, que tu maldito cinismo sirva de algo», me dije mientras afinaba mi garganta para que mi voz no saliera quebrada. Tenía que cerrar mi corazón y ser lo más cínica que pudiese, que me sirviera de algo esa parte tan absurda de mí, como cuando me dieron la noticia de que mis padres no llegarían a casa de nuevo.
— Queridos amigos, compañeros y, ¿por qué no? Hermanos. — Inicié a leer en voz firme. — Hoy me han elegido como su líder, pero sé que no me merezco tal cargo, no soy la más apropiada para este peso. — Cambié un poco el texto para ajustarlo a mi género. — Pero les prometo que haré lo mejor que puedo. No me rendiré ante nada y aceptaré sus sugerencia sin duda alguna, por eso, deseó agradecer la confianza que tienen en mí, y les juro, daré lo mejor de mí para no defraudarles, mis pilares.
Escuché un aplauso venir de todos, pero en miente aún estaba la espina de la inseguridad. «No mereces estar aquí, no debes estar aquí, tú no eres apropiada para el cargo, cuando todos se enteren de cómo eres en realidad, te echaran del puesto. Después de todo. En este mundo nadie acepta a una joven como tú», esos pensamientos me invadían. Maldición. Había pasado todo un jodido año sin esta clase de cosas en la cabeza, ¿por qué ahora venían? Maldición, odiaba esa parte de mí.
— Ya que eres oficialmente la líder de los pilares, deseo mocionar que añadas a uno cuarto. — Habló North sacándome de mis pensamientos.
— Por supuesto, escucho al interesado en pertenecer a los pilares de elite. — Dije con voz tranquila mientras mi mente era un caos total.
— Soy la vicepresidente de las empresas escocesas DunBroch, y quisiera pedirle que nos dejara a mi esposo y a mi unirnos a su selecto grupo, pues sería beneficioso para ambos el tener un contacto aquí y para ustedes en Escocia. — Habló la madre de mi amiga, ella parecía más la líder que su esposo.
— ¡Venga, Elsa! ¡Hazlo por tu camarada que tanto te aprecia! — Se escuchó decir a Merida, no pude evitar no reírme de aquello.
— ¡Jovencita, no le hables así a alguien que es superior a ti! ¡No conoces a la señorita Elsa como para tratarla de semejante manera! — Le reprendió la mujer, alcé mi mano para que me diera permiso de hablar.
— No se preocupe, señora...
— Eleonor... — Se presentó la mujer.
— Por supuesto. Tengo el placer de conocer a su hija, se podría decir es amiga mía, y si ustedes son sus padres, no veo el inconveniente de no aceptarles si son tan apasionados y leales como es su primogénita. — Acepté, los padres de mi amiga parecían confiables.
— ¿Enserio? ¡Se lo agradezco de todo corazón! ¡Le juro por el honor de nuestra familia que jamás le faltaremos y siempre le juraremos fidelidad! — Me prometió la madre de Merida.
— Ya que hemos acabado con esto, ¿qué les parece si disfrutamos la velada? — Ofreció North mientras agarraba el hombro de Jack. — Hijo, ¿qué te parece si llevas a Elsa a ver nuestras fuentes? Servirá para que pasen tiempo juntos, después de todos, ustedes dos trabajan juntos.
— Padre, no es que deseé ir contra de tus órdenes, pero el joven Eugene, la señorita Rapunzel y la joven Merida igual serán nuestros socios, ¿no será mejor que vayamos todos?
— Tienes razón, — admitió el hombre barbón. — Que todos los jóvenes vayan juntos, los ancianos nos quedaremos aquí y hablaremos con los invitados.
Todos los de menor edad nos paramos e hicimos una reverencia para los mayores, como bien educados que éramos, le dimos las gracias y nos excusamos antes de retirarnos. Seguimos a Jack en silencio hasta la salida al inmenso patio. En el camino, traté de encontrar a Anna, pero al verla con Kristoff en la mesa de comida, supuse que esos dos se estaban mesclando con tanto anciano mejor de lo que lo haría yo. La noche que nos rodeaba era clemente, el color que dominaba era un azul tan oscuro que las estrellas nos deslumbraban con su brillo celestial, el pasto del suelo olía a mojado y a nuestro alrededor había uno que otro invitado curioso de saber que había en el exterior del gran salón. Mi amigo, ahora castaño, nos llevó hasta las profundidades del jardín hasta llegar delante de una fuente hecha de puro hielo, tenía la forma de un ángel con una trompeta de donde salía agua, a su alrededor, las berreara que impedían que el aguja se vaciara formaban ondas gracias al choque del agua con la superficie liquidad de ésta.
Jack se puso de espadas a la hermosa escultura y puso sus brazos en ésta apoyando su peso. Eugene tomó a Punzie como siempre de los hombros, Merida se cruzó de brazos y Hiccup estaba detrás suyo, a una distancia prudente de ella, su expresión era realmente seria, jamás pensé que aquel chico tuviera un semblante tan frío como el mío, o el de Jack incluso. Eso era realmente extraño. Yo, por mi parte, me acerqué a mi amigo castaño y me abracé a mí misma mientras lo veía con interés, el juego que habíamos empezado entre nosotros aún no había acabado. Lo apreciaba en sus ojos. Sólo que no lo íbamos a continuar delante de nuestros allegados a menos que estuviésemos preparados para las abucheos y bromas de romances entre ambos. Jamás pensé que eso llegaría a ser cierto. Cuando tos observamos que no había ni un alma alrededor, nos relajamos y, casi de inmediato, Eugene se despeinó para regresar a su estilo normal al igual que Jack. Pero Hiccup se mantuvo firme con su apariencia.
— ¿Y? ¿Qué tal se siente ser la jefa de nuestros padres? — Preguntó Punzie con una sonrisa enorme, pero sincera.
— Una completa... — Miré a todos lados para asegurarme de que nadie me escuchase, había que estar atento ante tantos cuervos. — Una completa mierda.
— ¿En serio? Ya quisiera yo ser la líder de los pilares. — Escuché decir a Merida.
— Eso no es para mí, sólo me está jodiendo la existencia. — Respondí realmente sincera. — Tener a cuatro personas mayores que yo bajo mi mando es un dolor en el trasero.
— Para mí, todo esto una mierda. — Habló Jack poniéndose los pircings y remangándose las mangas de su traje. — Sólo denme mi bajo y con eso estoy más que satisfecho.
Todos nos reímos, era cierto, a Punzie denle acuarela y era feliz, a Eugene su restaurante junto con la rubia y no daba lata, a Merida su batería y dejaba de fastidiar, a Hiccup su teclado más la joven pelirroja y era el pequeñín más feliz, y, a mí, sólo mi guitarra y un par de libros con videojuegos, y verían que sumisa me ponía.
— ¿Y si todos nos escapamos y abrimos un nuevo café? Nos cambiaremos los nombres, Rapunzel sería Punzie oficialmente y yo en vez de Eugene sería Fynn. — La pelirroja le dio un zape al barbudo.
— No seas idiota, ¿sabes cuanta influencia tiene tu querido "suegrito"? Capaz y nos ponen chip rastreador. — Todos volvimos a reír a carcajadas.
— Señorita Merida, sus padres solicitan su presencia. — Se apreció la voz de Hiccup, se veía más cohibido de lo normal.
— Vamos, Hiccup, estamos solos, deja esas malditas formalidades. — Le reprendió la pelirroja irritada.
— Me temo que se me será imposible. Es hora de retirarnos. — Fulminó el pequeño castaño jalando a mi amiga y alejándose a la distancia mientras se escuchaba la voz de la pelirroja decir mil insultos por segundo.
— Ya que esos dos se van, nosotros igual nos vamos. Tenemos ciertas cosas que hacer.
Y así, nuestros amigos se fueron dejándonos a Jack y a mí a solas. Me senté en la fuente con las piernas cruzadas, tenía un vestido puesto y no me podía poner como siempre me siento. Miré al cielo y aprecié el silencio que se había formado entre Jack y yo. De repente, el joven se puso a mi lado, se sentó junto a mí y puso su mano alrededor de mi cadera. Aquel acto en vez de incomodarme, lo sentí agradable. ¿Por qué permitía que él me tocara de esa forma? No lo sabía. Mi corazón empezó a bombear como loco la sangre al sentir como la mano de mi amigo me brindaba caricias en esa parte sin ser indiscreto ni tocar más de lo debido.
— ¿Así qué hay un chico de pelo blanco que te encanta, no? — Se puso a escaso centímetro de mi rostro. Eso era tan, pero tan ¿candente?
— ¿Y a ti una joven guitarrista, eh? — Lo sentí reír.
— Por supuesto, señorita Arendell. — Y ahí empezaban de nuevo el juego.
— Ya veo, señor Frost.
— ¿Sabe usted que aquella joven de la que habló es exactamente igual a usted? La veo muy seguido en cierto café con sus camisas holgadas... — Esta vez a mí me tocó reír.
— ¿Me está sugiriendo qué aquella joven poco agraciada soy yo? — En ese momento, la distancia se empezó a acortarse entre ambos. Este juego se estaba poniendo peligroso.
— Claro que sí, no hay dos mujeres igual de hermosas en este mundo, así como no pueden haber dos jóvenes de pelo blanco... — Miré su cabello y, de inmediato, se tiñó de aquel puro color que tanto me gustaba.
— ¿Así es como logras ese color? Tramposo, la magia no vale.
— No me importa, ahora deseó hacer una magia mejor...
Ya no pude responder más, de inmediato sentí sus labios sobre los míos y mis ojos se abrieron tanto que de seguro sería posible ver mi iris dilatado. Aquellos labios era exquisitos. Mi cuerpo se puso tenso, mis manos se movieron solas hasta los hombros de mi "amigo" y mis parpados se cerraron para poder perderme ante las nuevas sensaciones que Jack me estaba causando. Las situaciones en las que constantemente nos poníamos no me ayudaban mucho a reconocer aquel acto como lo más normal del mundo. Un recuerdo fugas de como siempre me tomaba de las caderas con posesión me invadió, otro donde su cabeza siempre estaba sobre mi hombro llegó y, sobre todo, el recuerdo de cuando estaba sentada en la barra de Eugene y él siempre acababa a mi lado aprisionándome contra ese sensual cuerpo suyo.
Maldición.
Jack me gustaba y nunca me hubiera dado cuentas si no nos estuviéramos besando en esos momentos
«Elsa, eres una estúpida», llegué a pensar antes de que mi cerebro me diera la renuncia definitiva para todo pensamiento racional que pudiese tener.
— Mierda... — Susurré cuando nos alejamos un poco.
— Joder... — Fue lo que él dijo ante de volverme a besar.
Nos unimos de nuevo en otro beso, esta vez más despacio y dulce a pesar de las palabras que habíamos dicho anteriormente. Sus manos subieron hasta mi espalda y me sentí estremecer. Sus labios eran suaves y cálidos. Sus roces eran tan placenteros. Nos separábamos sólo para tomar el aire necesario y, en cuestión de segundos, nuestros labios se demandaban mutuamente por más contacto. Tantas ocasiones imaginando la textura de los labios que ahora me besaban me habían afectado, jamás pensé que se siente tan bien aquel acto. Bueno, no es como sí en hubiese besado antes a alguien, Jack era el primer joven que posaba sus labios en los míos propios. Todo a nuestro alrededor empezó a arder, sentí como abajo de mí el hielo empezaba a derretirse y, en la parte de Jack, se volvía más fuerte y rígido. Mis poderes venían de mis emociones, por ende, si estaba en una situación que todo mi ser me hiciera arder, como en aquella situación, el hielo que estuviese a mí alrededor se evaporaría al instante, pero eso no implicaba que todo se encendiera en llamas.
No supe cuánto tiempo nos besamos, pero para mí fue eterno. Al darnos nuestro último roce de labios, nos miramos a los ojos. Estábamos en un lío tremendo. Para empezar, nadie sabía que Jack y yo nos conocíamos tan, pero tan bien como ahora. Segundo punto, el Jack que me gustaba era al que había besado, no el de pelo castaño elegante que hablaba con tanta formalidad, aunque era divertido jugar con él con ello. Tercer punto, y principal, yo era la líder de los tres pilares y presidente de industrias Arendell, sí alguien se enteraba de que tenía un romance con el hijo del empresario North, quien era el segundo al mando después de mí, los medios, la jerarquía, las pequeñas y grandes empresas, todo el mundo básicamente, pensaría que aquella relación estaba fríamente manipulada y cuyo único objetivo era el incremento monetario del negocio de North y el mío. Eso haría que los pilares empezaran a dudar de mí y de North, pues el objetivo de la elite era el de protegerse mutuamente y jamás traicionarse, cosa que pensarían que estaba haciendo en esos momentos al involucrarme sentimentalmente con Jack. Pero. ¿Por qué no me importaba aquello?
Estaba tan concentrada entre los ojos de Jack tan confundidos como los míos, que no me di cuenta que una persona nos observaba a lo lejos. Todo era tan confuso. La culpabilidad no sentida me hacía sentir culpable. Sí, es estúpido, pero era la verdad. Mi amigo se separó discretamente de mí y me extendió su mano para ayudarme a pararme. Estaba a casi nada de llegar al suelo gracias a que derretí parcialmente la fuente. Cuando sentí su mano contra la mía un sonrojo poderoso llenó mi rostro. «Genial, Elsa. Te besa y no te pasa nada, pero te agarra la mano y ahí si te poner como gato mojado», pensé al ver que a nuestro alrededor empezaban a caer pequeños copos de nieve provocado por el nerviosismos que sentía con tan solo el contacto físico de Jack en mi dermis. Era realmente idiota. Le escuché decir una blasfema en vos baja seguida de un cumplido para mis besos, para mí, aquello fue como si a alguien normal le dijeran la cosa más hermosa del mundo. Después de todo. Ese era el Jack que me había conquistado. Seguimos de largo hasta el salón sin darnos cuenta que aquel sujeto, que provocaría una clase de inverno en pleno verano, nos seguía de cerca. Mejor dicho. Me seguía a mí, y no con las mejores intenciones que pudiese quere.
Continuará…
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: No, no tengo nada contra los homosexuales, solo que en mi país les decimos así a las personas que se ponen así como Eugene. De hecho, tengo más de una amiga homosexual, y son de las mejores personas que he llegado a conocer. Así que por favor, evitar comentarios sobre ese punto. Entiendan que esto es para divertir.
Segundo**: xD ¿Quién no le ha pegado a un amigo? ¡El que diga que no, no es un verdadero amigo!(?
Tercer***: D: Mi madre tiene una bolsa como esa, le entra de todo.
Cuarto****: ¬¬ Me siento del asco cuando escribo esta clases de palabras, aunque las uso mucho en mi mente LOL, pero una cosa es pensarlas y otra muy distintas transcribirlas... pero así es como desarrollé a mi Elsa, y así se quedará aunque me cueste un ovario escribir esas palabras(?
RESPONDIENDO COMENTARIOS:
MyobiXHitachiin: xD No sé, era lo primero que se me vino a la mente cuando lo estaba escribiendo... Además, es bueno saber que Eugene si cuida a su novia(? LOL No sé si te acabo de arruinar la adolescencia o mejorarla(? xD
Mikori:-Le dedica una sonrisa amplia- Es bueno saber que mi trabajo de aficionada te haya ayudado a que tu día, en serio, ahora me has alegrado tu mi día.
Bloss Frost: ;n; Ahora soy yo la que quiere llorar, quise hacer así a nuestra Elsa porque, adaptandola a la vida moderna, sería algo así... ¿No lo creen? Ya sabes, expectativas que cumplir y deber matar a su propio yo para llegar a ser "normal". No me gusta eso.
Leah frost: *A* Mi flan~ xD De hecho, hoy quería comer un flan en la escuela y me acordé de ti... Empecé a chillar que quería mi flan, pero solo yo me entendía con aquello LOL
DIVAGACIONES DE LA ESCRITORA E INFORMACIÓN SOBRE UNA VIDA EN HOGWARTS:
Vale, ya que dejé este al corriente, quiero decirles que aproximadamente a finales de este mes sale el capítulo 4 de "Una vida en Hogwarts" junto con la rosa 4, así es, los trataré de subir lo más juntos posibles, a lo mucho, quiero que se lleven una semana de diferencia para que ustedes, mis queridas y queridos lectores, no se desesperen por las actualizaciones, entiendan que yo tengo escuela y, a parte, estoy a nada de entrar a la universidad (y mi promedio no es el mejor que digamos…) Así que debo prestarle más atención a los estudios (Krebs, si estás leyendo esto desde el cielo o el infierno, quiero decirte amablemente que espero y te... *censurado* por hacer un mugre ciclo tan ***** complicado.)
Sin más que agregar, me despido. Hasta la próxima.
Zakuro Hatsune.
