Hola, aquí les traigo la actualización de este fanfic súper extraño y medio drogado. Espero y les guste. Ya saben: Abajo están las respuestas a sus comentarios, las notas y una noticia que sé que a más de una persona le gustará saber :3 Ahora sí, buena lectura:

₪ Rosas de cristal. ₪

Rosa cuatro: ¿Una aventura?

Han pasado ya tres meses desde que estuve en esa incómoda fiesta. Jack y yo no las hemos arreglado para mantener lo que pasó en ese encuentro en un completo secreto. Aunque siendo sincera, lo nuestro no ha cambiado mucho, sólo que ahora, en vez de despedirnos con un simplemente «hasta pronto», ahora es un «nos vemos» seguido por un beso. De ahí en más, no ha pasado nada novedoso. Las cosas en la oficina están algo exasperantes, pues dentro cuatro meses sería mi cumpleaños. ¿Por qué demonios tanto interés en eso? ¡Aún faltan meses para que llegue diciembre! Sólo me haría un año más vieja. Sólo eso. Me quité de frente del ordenador, estaba ocupada jugando una entrega llamada «*Yume Nikki», me interesó el juego por las leyendas que estaban alrededor de éste, más la verdad, el juego era realmente aburrido. Sólo te dedicabas a pasear por ahí encontrado poderes a lo estúpido que no servían para nada. Más me desesperaba el juego en sí, que lo que me daba gratificaciones. Maldita Madotsuki con sus malditos problemas de autoestima, bueno, no éramos diferentes en ese aspecto, sólo que yo sí tenía cosas más importantes que hacer en vez de meterme a mis sueños a vagar por ahí. *Total, al final se suicida.

Cuando apagué ya mi ordenador, me acosté en la cama y abracé mi peluche de eevee que tenía cerca, Jack me lo había regalado en nuestro segundo mes de novios, fue un reto ocular la verdadera razón de la nueva adquisición del peluche. Por suerte, mi hermana se creyó el simple «Jack me lo regaló». Empecé a acaricie al muñeco y a dormitar, busqué mi móvil y activé el reproductor de música, creo que estaba sonando **Afterlife, pues el intro eso me indicaba. De estar abrazando al eevee, pasó a estar bajo mi cabeza para hacer función de una almohada. El aburrimiento estaba llegando a mí, y no sólo eso, también las preocupaciones e inseguridades. ¿Les ha pasado alguna vez que cuando estás aburrida como que la depresión dice "¡vamos a hacerte pensar en lo peor y a despreciarte en este momento que no tienes que hacer!"? Pues mientras miraba el techo, meditaba sobre todo lo que había pasado y, más que nada, el que pasará. Imágenes de lo que estaba haciendo con mi vida igual me preocuparon, ¿siempre me dedicaría a la música? ¿El tiempo que tenía libre me la iba a pasar jugando videojuegos o leyendo cómics cuando sabía perfectamente que en la oficina me esperaba una tonelada de papeles que leer y bien podía trabajar desde casa? En mi cabeza pasaban escenas del trabajo, los regaños que me daban casi a diario ya que, al parecer, ya no tenía privacidad alguna, y todos los días me encontraban un cómic, libro o manga nuevo. «No volveré a llevar nada de mi literatura a la oficina», decidí.

Hace algún tiempo, el señor Wisselton me había reprendido por estar hablando con Jack mientras trabaja, en otra ocasión me retó por tener un cómic digital en mi celular, desde que llevaba libros al trabajo, jamás me dejaba leerlos en paz, incluso, un día se me olvidó quitarme las pulseras que siempre usaba por ciertas cuestiones que no deseo recordar, pero es que esa noche había llegado cansada del café y sólo quería dormir, a la mañana siguiente me desperté realmente tarde, así que sólo me vestí sin prestarle atención a los detalles y salí corriendo a la empresa con todo y pulseras de AC/DC y PXNDX. Lo malo es que no sólo era eso. En varias ocasiones me había seguido después de la salida de mi oficia, poco me había faltado para que descubrirse donde iba después del trabajo. Si Wisselton se enteraba de mis actividades musicales, mi empresa se iba a ir a la quiebra. Esparciría rumores de que la líder de los Arendell era una muchacha de poca confinabas que se juntaba con puros delincuentes. Lo peor. Era que sí eso pasaba, me llevaba entre las patas a todos mis amigos, pues ellos también tienen una figura pública que cuidar ante la sociedad. Me puse al eevee en mi cara y me regañé mentalmente, tenía que dejar de pensar en esas cosas y ser menos histérica. Cosa imposible para mí

— ¡Hey, ese eevee no me salió nada barato, cuídalo o te lo quito! — Escuché una voz que reconocería donde fuera. Jack estaba en mi habitación.

Me paré como si la cama me quemara, miré a mi joven amigo quien vestía como de costumbre, pesqueros con un extraño hilo amarrado, convers azules sin calcetas y, por ser verano, una camisa de mangas cortas que parecía una de sus sudaderas, pues tenía una capucha y los hilos característicos de una, además de que en los hombros aún se veía ese adornos invernal tan característico de él. En ese momento recordé el estado en el que yo estaba: llevaba un short corto de coló azul claro, una camisa blanca holgada que me quedaba más grande de lo normal y mi pelo era un desastre. Tomé mi sábana, que era lo más cercano que tenía, y me envolví toda. No me esperaba una visita de él, normalmente llegaba por las noches ¡y avisaba que iba a llegar! Me daba tiempo de estar presentable y no con mi ropa de casa. ¡Qué vergüenza! Jamás me ha gustado que me vean en mis ropas normales, era como si observaran a la persona nada agraciada que era, que la verdad, no cambiaban mucho como realmente soy, pero que Jack, mi "novio" hasta cierto punto, la persona que quería sólo viera la parte "genial" de mí, me contemplara en ese estado, era realmente humillante.

— ¿Sabes qué odio ese hábito tuyo de entrar en mi casa como si fuera tuya? — Le reprendí, pero él sólo sonrió.

— Sí, por eso lo hago. — «Muy gracioso», pensé.

— Como sea. — Me paré aún envuelta y me encaminé al baño que tenía en mi recámara. Mis padres habían pensado en todo.

— ¿A dónde vas? — Se interesó mi novio.

— Al país de las maravillas, quizá conozca a Alice Liddell, le pida su autógrafo y, de paso, me traigo conmigo uno de sus vestidos. — Le respondí con claro sarcasmos. — Voy al baño a cambiarme de ropa.

— Oh, claro. ¿Te ayudo? — Se ofreció Jack con intensiones nada decentes.

— No, gracias, no quiero ser madre a los casi veinte años. — Espeté mientras me metía al cuarto de lavado personal.

— ¡Oh, vamos, Elsa! — Escuché su queja, pero era muy tarde, ya estaba adentro.

Mi baño era de un color blanco, había una regadera al fondo que era cubierta por unas puertas de un material opaco; por ser un baño, un retrete bien lustrado; un lavabo con un espejo que actuaba también como botiquín, sólo que en vez de guardar medicinas, custodiaba mi cepillo de dientes, el dentífrico, enjuague vocal, lo que toda mujer debe tener en caso de "emergencia" y una que otra chuchería que sabía perfectamente no me era de utilidad, pero que quería conservar. La ropa que había agarrado era un pantalón negro y una blusa con el logo del videojuego de Devil May Cry. Cuando terminé de vestirme, me miré al espejo, mi cabello era un desastre como siempre, así que no hice nada para mejorarlo, me gustaba más así. Al salir, encontré a Jack jugueteando con su móvil y con los audífonos puestos en mi cama, tenía en las piernas el eevee que me había regalado y una sonrisa estúpida en su cara. Se veía tan lindo. Me apoyé en el umbral de la puerta sólo para verle, su cabello blanco relucía como nunca y sus perforaciones brillaban con el sol que entraba.

— Lo sé, soy muy apuesto. — Habló Jack sin mirarme.

— Claro, eres tan apuesto como la mosca que va por allí volando. — Su sonrisa se agrandó más, era tan risueño como su padre

Me le acerqué lentamente y me senté en una de sus piernas, ahora entendía porque a Anna le encantaba hacer eso conmigo, era realmente cómodo. Sentí como las manos de Jack rodeaban mi cintura mientras acomodaba su cabeza en mi brazo, apoyándose de tal forma que podía sentir su mejilla.

— ¿Qué vas a hacer hoy? — Le pregunté curiosa, era domingo y nadie trabaja ese día.

— Nada. Mi padre está de viaje de negocios, como tú deberías estar también. — Agregó lo último con un tono de reproche.

— Que lo haga Wiselton, soy la presidente de industrias Arendell en secreto, nadie sabe aún quien es la verdadera dirigente. Bueno. Sólo uno que otro comerciante que se encaprichó con conocerme. — Expliqué con paciencia, hablar de trabajo no era lo que tenía en mente cuando llegaba Jack.

— Da igual. ¿Te parece tener una pelea de nieve? — Esas palabras me estremecieron, mis poderes no se habían descontrolado en mucho tiempo, y no quería probar suerte aún.

— Jack, te he dicho que mis poderes no son para jugar. Son peligrosos, ¿cuándo te va entrar eso en la maldita cabezota? — Solo lo escuché reír.

— Está bien, está bien, mi Reina de las Nieves. ¿Y si vamos a la tienda de música que está cerca del café de Eugene? La que está al lado de la tienda de ropa. — Esa propuesta me gustó más.

— No le veo inconveniente, casi nadie sale los domingos, así que podría pasar desapercibida. ¿Nos vamos en mi moto? — Lo vi palidecer, la última vez que lo obligué a subir a mi motocicleta, le había hecho una que otra broma que casi le provocó un paro cardíaco.

— Elsa, te quiero mucho y sabes que yo sí te doy con todo y hasta te pagó el aborto sí quieres.

— ¡Oye! — Le reprendí por pervertido.

— Pero jamás, ¡jamás! Me vuelvo a subir en esa cosa contigo.

— Oh, vamos Jack. ¿No que tu súper héroe favorito es Robin? Pues él tiene una moto. Que nena eres.

Me paré de sus piernas e inicié a caminar, pero antes de que pudiera tomar distancia entre ambos, Jack me tomó del brazo y me volvió a sentar, sólo que esta vez, entre sus piernas. Tomó mi mano izquierda y vio mi muñeca, lo vi palidecer y yo me sentí la chica más estúpida del mundo al no haberme puesto las pulseras que siempre traía. A pesar de que usaba los guantes de cuero, eran demasiados pequeños y aguados como para fijarse a mis manos. Había visto las marcas que demostraban mi más oscura faceta vivida, unas huellas que sabía jamás desaparecerían y que, cada día que las veía, me hacían sentir la persona más egoísta del mundo.

— Elsa, ¿qué es esto? — Preguntó serio.

— Es una muñeca, ¿acaso no las conoces? Todos tenemos dos. — Traté de evitar el tema.

— Esto no es gracioso. ¡¿Cómo mierdas te hiciste esto, joder?! — Gritó lo último.

Jack me puso la muñeca en mi cara y desvíe la mirada, ya sabía que tenía ahí. Una cicatrizar de por lo menos cinco centímetros de largo que atravesaba mis tres venas que bombeaban sangre de regreso a mi corazón. Aún recordaba el día que esa herida fue hecha. Sucedió dos días después que mis padres muriesen. Me había peleado con Anna, ella me reprochaba la razón por la cual no había dicho palabra alguna, me exigía una explicación por mi falta de sentimientos ante lo sucedido y me pedía a gritos que estuviese con ella. Pero no podía. En ese estando tan inestable en el cual mis emociones estaban, era un peligro para ella y para todos. La ignoré vilmente y me encerré en mi habitación. Estaba frustrada, enojada, triste y sola. En mi escritorio, brillando ante mis ojos, pude ver las tijeras que mantenía ahí. Me paré, me encaminé en dirección a aquella herramienta, la miré con sumo interés y volví la mirada a mis muñecas blancas. Quizá mi alma había sufrido mucho ya y mi cerebro estaba tan cansado que me dejé llevar por impulsos nada sensatos. Abrí las tijeras y las dejé pasear por mi muñeca. Sentí el dolor, era como si me quemara la piel, horrible debo admitir. El corte duró apenas unos segundos, pero con ese tiempo bastó para que la herida fuera lo suficientemente grande para que la sangra brotara sin parar. Hice la misma operación con la otra muñeca y me dejé caer en el suelo. Al fin le quitaría un peso a Anna de los hombros, con mi muerte sólo sufriría momentáneamente y luego continuaría con su vida.

A mi alrededor empezó a formarse una capa ligera de hielo, podía apreciar que, donde estaban mis muñecas, comenzaba a acumularse la sangre en un charco pequeño. No me faltaba mucho para decirle adiós a esta mundo, para dejar de ocasionar problemas innecesarios como el que estaba provocando, para al fin dejar ser feliz a mi hermana después de que superase esta tragedia. Era egoísta hacerla pasa por dos dolores, lo sabía, pero era lo mejor, o eso creía yo en ese entonces. Sino fuera porque el señor que nos cuidaban entró a mi habitación para preguntarme sí quería comer de una vez, de seguro estaría narrando esto desde el cielo o el infierno, no sé a dónde me iría. El anciano casi se desmaya al verme prácticamente sin nada de sangre, me tomó entre sus débiles brazos y me llevó al hospital de inmediato. Me pusieron tres bolsas de sangre, casi había perdido todos los litros necesarios para vivir. Cuando estuve controlada, le hice prometer al viejo que no le dijera nada a Anna, no quería darle una preocupación más, él me lo juró y, hasta el día de hoy, mi hermana ni nadie sabe de aquel accidente. Claro, hasta ahorita que Jack logró divisar las marcas que aquella tontería me dejó, pero no tenía otra solución en mente. Era la única cosa que en ese momento, según yo, podía hacer para que todo fuera mejor. Desaparecer del mundo. Ya no existir. Al fin ser libre junto con mis padres, donde sea que estuviesen.

— No es nada, sólo una tontería que hice hace tiempo.

Me quise parar, pero Jack me lo impidió. Me tomó por la cintura, me acostó en la cama de una manera realmente brusca... pero a la vez tan sensual... que me provocó morderme los labios. Me aprisionó por las muñecas extendiendo mis brazos de lado a lado, puso una de sus piernas en medio de las mías y la otra afuera en dirección a la pared, se acercó a mi rostro, sólo faltaban pocos milímetros para un contacto que empezaba a desear.

— No quiero que vuelvas a hacer esas estupideces... — Pasó de largo mi cara y empezó a besar mis muñecas. — ¿Cuánto tiempo dolieron? — Preguntó con tono dulce.

— Un mes... — Los besos de Jack se extendieron en ambas muñecas, eran tan cálidos y dulces.

— Un mes de agonía para ti... Pobre de mí hermosa Reina de las Nieves... — Cada caricia que me daba era como si tratara de compensar el no haber estado ahí, aunque eso era imposible, no nos conocíamos aún.

Me alarmé severamente cuando fue descendiendo por mis brazos depositando besos, pero aquellas caricias estaban llenas de una segunda intención que me preocupaba y la vez me encantaba. Tan sólo sentir los labios de Jack contra mi piel provocaba que miles de pensamientos nada castos invadieran mi cabeza. Quería sentir sus manos recorrer todo mi ser, anhelaba que su boca pidiera la mía. Me estaba volviendo loca de deseo.

— Jack... ¿qué demonios estás haciendo? — Logré articular entre tantas fantasías.

— Sólo quiero que te quede claro que eres lo más precioso que tengo, y que jamás voy a dejar que te hagas daño. — Me besó al fin, sus caricias eran delicadas y suaves como sí estuviera hecha de un material tan delicado que con el más fino tacto brusco me rompiese. — No quiero que te hagas daño, yo igual tengo marcas que no has visto, pero no son tan graves como las tuyas. No quiero verte lastimada.

— Que bueno que no me conociste antes, porque me hubieras asesinado de tantas rasguñadas en los brazos... — Le conté y vi su mirada entristecer.

— ¿Por qué no nos conocimos antes? Quizá así no tendríamos marcas que esconder al mundo...

— Porqué teníamos que pagar un precio para conocernos. Es la primera ley de la equivalencia de intercambio. — Le vi sonreír ante mí gran explicación.

— "El hombre no puede obtener nada sin antes dar algo a cambio."

— "Para crear, algo de igual valor debe perderse." — Completé la mítica ley de la gran serie anime Full Metal Alchimist.

— ¿Dónde has estado toda mi vida? — Interrogó Jack antes de volver a besarme.

— Encerrada del mundo. Encerrada de todos.

Sus labios pasaron de los míos hasta mi cuello, la sensación que tenía era indescriptible. De mi garganta salían suspiros que trataba de reprimir, no quería darle alas a mi novio para que continuara. Aunque lo desease con todo mí ser. Sus labio contra mi cuello me estremecían, y más aún cuando vino su lengua a ayudar a sus labios en equipo con sus dientes. ¡El bastardo me estaba mordiendo el cuello! No tanto como para lastimarme, sólo majaba la piel, pero se sentía tan bien aquella caricia. Di un pequeño gemido cuando Jack me mordió levemente, me estaba marcando, lo sabía, lo sentía. Si seguía así. Si me seguía dando aquellas caricias. Mi cordura se iba a ir al demonio. Quise mover mis brazos para alejarnos, pero oh, sorpresa, el maldito aún los tenía sujetados. «Joder, sí esto sigue así, acabemos con final feliz... y no tengo nada aquí para evitar que este imbécil se cuide, y de paso, ¡a mí!», logré pensar antes de que los besos de Jack se concentraran en la parte baja de mi quijada, sus labios exploraban cada parte de mi piel pálida, percibí un cosquilleo en mi parte más intimida y en mi pechos. Eso no era bueno. Según había aprendido en la secundaria, eso significaba que mi cuerpo demandaba algo más que sólo besos subiditos de tono.

— Jack... basta... no podemos hacer esto aquí... — Traté de persuadirlo.

— Tienes razón. En la cama no. — «¡Lo logré!», pensé con cierta tranquilidad.

Pero mi canto de victoria no duró ni un minuto. Mi novio se paró de arriba de mí, me extendió la mano como el caballero que es, me ayudó a ponerme de pie y me sonrió con picardía. De seguro tenía toda la cara roja. Me guio hasta mi puerta, «¡al fin nos vamos!», recuerdo que ese pensamiento pasó por mi cabeza. Estaba a punto de abrir la puerta cuando Jack, el muy maldito, me aprisionó contra ésta. Lo tenía cara a cara. En sus ojos una chispa de lujuria empezaba a volverse llamaradas de deseo, esto iba a ponerse aún más exigente. Me besó con tal intensidad que mi cerebro tuvo que trabajar al doble para procesar tantas señales nerviosas. ¿Qué demonios le pasaba? Desde hace algún tiempo lo noté más "atrevido", indirectas muy directas que tenían como objetivo situaciones más implícitas, su mirada deseosos hacia mi persona, o, incluso, en una ocasión, se atrevió a tocar mis muslos. ¡Sí quería tocar, sólo debía pedirme permiso! No es como si se lo hubiese a negar... Aquel contacto de labios que teníamos se hizo aún más candente cuando Jack me tomó de la cadera y me apegó más a su cuerpo, sí así me sentía tan sólo con un beso, ¿cómo demonios sería sí subíamos la intensidad? No tuve que esperar mucho para la respuesta, Jack me había mordido el labio inferior, dando como resultado que abriera la boca para que saliera un gritillo, y, en ese momento, mi amado peliblanco aprovechó para meter su intrusa lengua en mi cavidad.

Las manos de Jack empezaban a pasearse por toda mi espada, subían y bajaban por encima de mi camisa. Donde fuera que tocasen, dejaban mi tez erizada y con los nervios a flor de piel. Mis piernas, involuntariamente, se empezaban a abrir deseando más de aquel tacto en una zona más sensible. Mis pechos empezaban a ponerse más perceptibles, a pesar de que estaba usando mi sostén, podía sentir e, incluso, imaginar cómo sería el tacto del pecho endurecido de Jack contra los míos femeninos. Nuestras lenguas jugaban, no, bailaban una con la otra, se sentían y consentían, parecían como si ambas estuvieran predestinadas a estar siempre juntas. Mi joven amante empezó a ponerme contra la puerta, entre mis piernas, metió su rodilla traviesamente. ¿A caso creía que era estúpida? ¡Sabía perfectamente porque quería esa posición! No pude pensar más, pues la jodida rodilla de Jack empezó a rozar mi intimidad. Si salíamos de esta con "final feliz", le obligaría a lavar mi ropa después. Pasé mi mano derecha por su cabello y la izquierda se paseó por toda su espalda, no pude no tocar esos hermosos y redondos muslos suyos. Mierda. Eran tan suaves por encima de la ropa, ¿cómo serían si los tocara tal cuáles son? Cuando estrujé uno de ellos, lo sentí gruñir en mis labios. Los dos podíamos jugar al mismo juego, y cuando Elsa Arendelle decide jugar enserio, solamente el poder de un apagón -en caso de los videojuegos- podía detenerme. Y en estos momentos, que no hubiese luz sería lo más indicado para ambos. Separé los labios de mi amado, estaba yendo a atacar su blanquísimo cuello, que dentro de nada, estaría lleno de marcas rojas de mi propiedad. Me faltaban escasos centímetros para llegar a mi objetivo, lo quería marcar como mío.

— ¡Ah! ¡Elsa! — Escuché gritar a mi hermana cortándonos el momento a ambos.

Jack y yo nos separamos al instante, sonrojados, le vi agachar la mirada y lo escuché maldecir. Algo no iba bien con Anna, pues casi después del primer grito, volvió a llamarme con desesperación. Era hora de asustarse, tomé la chaqueta que tenía más cerca y me la puse, tenía que ocultar las cicatrizantes que llevaba y, sobre todo, las marcas que Jack me había dejado en el cuello. Era de un hermoso color negro con cuello parado, parecía el conde Drácula con esa chamarra, según Anna. Abrí como pude la puerta y salí corriendo. A mis espaldas, venía Jack igual de alterado, mi novio tenía sus rivalidades por mi atención con mi pequeña hermanita, pero igualmente se preocupaba por ella, había aprendido a quererla y, de vez en cuando, ambos se aliaban para hacerme salir de mi constante encierro y jugar con ambos. Anna no era de las personas que gritaba por cualquier cosita, bueno, sí, pero nunca mí nombre. Corrí tan rápido como pude hasta su cuarto, detrás se mí, se podía apreciar un rastro de escarcha. Maldición. Tomé el picaporte, que enseguida se congeló, le di vuelta y entré estrellando la puerta. Y. En ese momento. Casi le lazo un rayo congelante a Anna por haberme asustado con tanta magnitud por nada.

Mi dulce y querida hermanita estaba sentada frente al ordenador chillando mi nombre, me acerqué con el ceño fruncido y le tomé del hombro. La sentí estremecer bajo mi tacto. Fijé mi vista en la pantalla de su computador, puse mis ojos en blanco y dejé caer mis hombros. Tenía dos pestañas abiertas, según vi, en una tenía abierto una red social la cual me interesó poco, y en la otra, una página llamada Fanfiction donde había una redacción; en la descripción del escrito pude notar que el escritor era algún empleado de la compañía Arendelle. Seguí leyendo más sobre la información de la narración y apreté más el hombro de Anna. El título del FanFic era «***A snowflake in spring», la categoría era «ELSANNA», y según mi experiencia con el bajo mundo del FanFiction, eso sólo quería decir una cosa. Estaban emparejándome a mi propia hermanita conmigo en una situación muy por encima del sentimiento fraternal que acabábamos de recobrar. De cierto modo, no me sorprendió, Anna y yo si llegábamos a dar ciertas sospechas de que nuestra relación era más que de sólo un par de hermanas, pero, obviamente, sólo nos queremos mucho. Anna es mi bebé y la única persona que me queda. Jack en este aspecto me viene dando lo mismo. Lo que me era preocupante de este asunto era: ¡¿qué demonios hacia mi hermanita leyendo la fantasía de un empleando con nosotras?! Anna me miró con ojos llorosos, ¿qué rayos había estado leyendo? Se paró y me dio un abrazo tan fuerte que me logró derribar.

— ¡Oh, Elsa, no llores! ¡Tu hermana está aquí contigo! — Chillaba Anna.

— ¿Qué mier...? — Me callé, no me gustaba que mi hermana me escuchara maldecir. — ¿De qué hablas? ¡Tú eres la que está llorando!

— ¡Igual que en el FanFic! ¡Ahora, abrázame, mi copo de nieve!

Miré confundía a Jack mientras alzaba los hombros, pero él sólo me miró igual de confuso e hizo lo mismo que yo. Anna seguía aprisionándome y llorando, ¿qué era lo que había estado leyendo para ponerla en ese estado? No quise saber.

— Anna... Tranquila, es sólo un FanFic, no es real. — Pero no logré que mi hermana se separara de mí.

— ¡Eres tan linda! ¡Tan tímida! ¡Quiero llevarte a casa!

— Anna, vivimos en la misma casa.

Mi hermana estaba a punto de reprocharme algo cuando, de repente, miró fijamente mi cuello. «Mierda, lo notó». Estaba en aprietos. Traté de ocultar la evidencia de lo que Jack y yo habíamos estado haciendo, pero era muy tarde, Anna ya lo había visto y, por la mirada de enojo que tenía, esto no sería nada fácil de explicar.

— ¿Por qué tienes rojo el cuello? — Mi estómago se contrajo y la temperatura empezó a descender.

— Me rasguñé, eso es todo. — Mentí en vano.

— No te creo, eso parece maracas de dientes. — Jack se dio media vuelta e intentó dejar habitación, pero Anna le paró.

— ¿A dónde crees que vas, Frost?

Mi hermana se paró al fin de arriba mío y le dio una mirada asesina a mi novio. ¿Sería un mal momento para confesarle a Anna que desde hace tres meses estoy saliendo con Jack? «Quizá y así el sufrimiento sea menor para él», pensé en un vano intento para hacerme sentir mejor.

— ¡Hola, Anna! — Trató de desviar la atención de mi hermana. — ¿Ya notaste el cielo? ¡Dios! ¡Está hermoso!

— Frost... ¿Tú le hiciste esas marcadas a Elsa? — «Uy, tan directa como yo».

— Eh... ¡¿Ya viste?! ¡Elsa luce hermosa hoy! ¿No lo crees?

— A mí no me metas es tus asuntos. — Espeté parándome.

— No hables, Elsa, que luego te interrogo a ti. Ahora, Frost, contesta. — Exigió Anna.

— Vale, vale. Me he estado acostado con tu hermana desde hace tres meses, ¿feliz? — «Lo voy a matar».

— ¿¡Qué él y tú qué?! — Se alteró mi pequeña novicia, juro que casi vi sus trenzas pararse.

— Mira, Anna, yo te lo puedo explicar. — Alcé mis manos para apaciguarla, de Jack sólo se podía escuchar su risa. — Este estúpido de aquí y yo hemos estado saliendo por tres meses, sí, pero lo hemos mantenido en total secreto. Y nadie se ha acostado con nadie ¿entiendes?
— Aún… — Susurró Jack, yo solo le dirigí una mirada reprochante antes de volver con Anna.

La vi mover la cabeza para un lado en señal de que no entendía nada, me acerqué a ella y noté que tenía la blusa blanca de tirantes que traía desacomodada. Mientras le acomodaba la ropa, decidí en explicarle todos los detalles. Desde el porqué de nuestra relación encubierta, hasta antes de las marcas que tenía en el cuello. Algunas cosas debían seguir siendo un secreto entre sólo Jack y yo. Anna escuchaba con suma atención y solo me interrumpía para hacer una que otra pregunta ocasional.

— ¿Así qué por eso Frost y tú han mantenido esto en secreto? — Cuestionó Anna mirándonos a ambos.

— Básicamente, no quiero ningún malentendido entre los pilares y, sobre todo, que haya rumores a nivel empresarial. No quiero ni imaginar que harán los empleados si saben que entre este Jack y yo hay algo. — Vi a mi hermana cruzarse de brazos y contemplar a Jack con cierto desdén.

— Está bien, no diré nada. — Con su dedo índice, señaló violentamente a mi joven peliblanco. — Pero eso sí, Frost, haces llorar a mi hermosa Elsa y eres hombre muerto.

— Créeme, le haré de todo menos llorar. — Se burló Jack.

— ¡Y eso es otro punto! ¡No le hagas nada indecente a mi hermana!

— En ese caso, no te digo que hicimos hace tres semanas...

— ¡Jack! — Le reprendí. — ¡¿Serás imbécil?! ¡A mí no me metas en tus fantasías sexuales!

— Eso es imposible, tú siempre eres la protagonista de ellas. — Anna se puso roja, yo me puse roja, tomé una almohada de la cama de mi hermanan y se la aventé a la cara.

— ¡Esas cosas no se dicen en presencia de mi hermana, por un demonio!

— Yo... — Anna movió sus ojos en busca de algo. — ¡Ya me tengo que ir, Kristoff me espera para nuestra cita! ¡Adiós!

— ¡Espera, Anna!

Muy tarde, Elsa. Anna ya se había ido.

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Jack y yo caminábamos tranquilamente por las calles aledañas al café de Eugene, al final decidimos ir a pasear por ahí. El mi moto. Como castigo por haber dicho cosas que no debía, hice ciertos trucos que, de no ser porque mi espía personal estaba de vacaciones, me hubieran retado por hacer piruetas tan peligrosas. Hice una "****No hander lander", que sería básicamente conducir sin manos. Un "Endo", que es cuando conduces la moto con solo la llanta delantera mientras la de atrás, obviamente, está alzada. Un caballito con la llanta trasera, donde Jack dio un grito tan grande que más de una persona se nos quedó mirando con cara de "¿y estos locos que hacen?" Cada vez que hacía las hazañas, sentía como las grandes y delgadas manos de Jack se apretaban más a mi estómago, su cabello rozando mi cara a veces, su respiración nerviosa en mi nuca y como me exigía a gritos dejar de hacer esas cosas que podrían matarnos, o bien, mandarnos al hospital. E. Irónicamente. Cada vez que lo escuchaba quejarse o gritar. Mi corazón se aceleraba y una sonrisa se dibujaba en mi cara. Estar así con Jack, haciéndole las bromas que él me hace usualmente me hacía inmensamente feliz. Pero. Sobre todo. Lo que realmente me alegraba era sentirlo así de cerca. Mi pelo revoloteó por el aire, decidí no llevarme un casco, quería disfrutar de los gritos que de seguro daría –y que si dio-, el aire que se estrellase en mi cara, los otros sonidos del exterior, todo eso que una simple caminata como la que estábamos teniendo no me daba en lo más mínimo. Odiaba caminar.

Llegamos a la tienda de música que me había comentado Jack, estaba sonando la canción de "Procedimientos para llegar a un común acuerdo" de PXNDX. «Panda y sus nombres de canciones del tamaño del título tamaño novela», llegué a pensar. La tienda era relativamente pequeña, a lo mucho del tamaño de un aula de clases. Habían cuatro estantes especiales para discos, cada uno de éstos estaba repletos de discos de ambos lados, en las primeras secciones se podían encontrar discos actuales, en medio, los clásicos del rock y, hasta atrás, ¡habían discos de vinilo! ¡Discos de vinilo! ¡Son las cosas más raras que puedes encontrar! Le pedí, no, le ordené a Jack con insistencia que me comparara el disco de vinilo de "Skid Row" porque tenía la canción de *****"Youth Gone Wild". Al final, Jack dijo que no. En las paredes, se apreciaban posters de todas las bandas que pudiesen imaginar, desde un poster de Queen hasta The Beatles. También habían guitarras colgadas de exhibición, otras en venta, algunos bajos que llamaron la atención de Jack, baterías y otros instrumentos que, de no ser porque no llevaba la tarjeta bancaria de mi pago, me los hubiese llevado a pesar de no saber tocar ninguno. La que atendía el puesto era una joven de cabello largo rizado, la mitad de su cara era cubierta por éste, en su muñeca llevaba una pulsera semejante a la mía de PXNDX con su escudo (un panda) en toda la circunferencia, llevaba puestos unos audífonos, la blusa que llevaba estaba decorada con las caras de Superman, La Mujer Maravilla, Flash y Batman.

Mientras Jack enamoraba a los bajos en rebajas, yo me concentré en inspeccionar más que nada los discos en promoción, mientras veía unos cuantos, algo me llamó la atención. Un anuncio. Alcé la mirada para verlo mejor, se trataba de un concierto local, según el poster, era la presentación de una banda que cantaría varios temas, no se especificaban cuáles. Me acerqué más para poder leer los detalles. El poster era rojo, tenía unas guitarras cuyos mangos formaban una cruz y sus cuerpos estaban alados, una ala era semejante a la de un ángel y la otra a la de un demonios, en la parte superior, se podía apreciar una corona negra con espinas, con letras negras con orillas blancas y con un estilo de letra muy salvaje decía:

"¡ATENCIÓN, FATANATICO DEL ROCK AND ROLL!

GRAN PRESENTACIÓN DE BANDAS. SE INTERPRETARÁN LAS MEJORES CANCIONES ROCK QUE PUEDAN IMAGINAR.

ENTRADA LIBRE.

Hoy, desde las 3:00 p.m. hasta las 7:00 p.m.

Local subterráneo, dejado de la sala de billar"

Miré mi reloj, faltaban diez minutos para las tres y la sala de billar estaba a una cuadra corta de distancia. ¿Por qué no ir? Sonaba interesante. Podría dejarle mí moto a Eugene, no pensaba dejarla cerca de donde se realizaría el concierto, en esa clase de eventos lo que más había usualmente era al alcohol, drogas y cigarrillos, a pesar de que sabía que no todo eran iguales, nunca faltaba el idiota que hacía alguna estupidez, y no quería que esa estupidez estuviese involucrada con mí adorada motocicleta. Llamé a Jack con la manos y le señalé el anuncio, ambos estábamos de acuerdo en ir a ver. Salimos de la tienda y, como había decidido, le pedí a Eugene que cuidase mi motocicleta, él aceptó con gusto, así que la metí en la bodega donde estaría segura de cualquier mal. Sólo esperaba que mis amigos no la usaran de cama o apoyo para sus actividades "deseosas", sí bien aún no había experimentado algo tan candente como lo que esos dos de seguir hacían, sabía que para realizar aquel acto derramabas líquido, y no precisamente sudor. Me fui del café advirtiéndole a mi amigo más grande que cuando regresara quería mi moto sana, salva y, sobre todo, más que limpia.

Nos despedimos de Eugene y Rapunzel e iniciamos a caminar en dirección a la sala de billar. Jamás había ido ahí, no me llamaba la atención ese lugar, además, si alguien viera a la presidente de industrias Arendelle en un lugar como ese, no quiero ni imaginarme la clase de revuelo que armaría. Jack me tomó de la mano y caminamos juntos, no pude sentir su pleno contacto gracias a los guantes que llevaba. Al parecer a él tampoco le gustó no poder sentir mi mano, lo vi en su ceño fruncido. El sol ya estaba bajando, el cielo se pintaba de hermosos colores naranjos con rojos, la temperatura iba descendiendo poco a poco, y, milagrosamente, no era por mi culpa. Los faroles que adornaban las calles empezaron a prenderse para iluminar el camino, a pesar de que aún hubiese algo de sol, las parejas empezaban a dominar las calles y, por un momento, juré que más de unos ojos me miraron. Me puse nerviosa. ¿Y sí alguien me reconocía? ¿Y sí un trabajado me veía? Cómo líder de la gran organización que me dejó papá, debía tener una imagen que cuidar. Debía imponer respeto. Poder. Sabiduría. Cordura. Sensatez. Responsabilidad. Y más. Y todos eso, debía de reflejarlo en mi imagen, en mi vestir, en mis amistades, la gente con la que trato, los lugares donde voy y muchas cosas más. Cosas que, en estos momentos, no representaba. Y si alguien me llegase a ver en esos lugares, con la ropa que llevaba, con el chico con el que estaba y al lugar donde me encaminaba. Le decía "adiós" a la reputación de mi empresa junto con muchos contratos.

Seguimos caminado hasta que un edificio realmente grande se irguió ante nosotros. Era una clase de conjunto de departamentos, tenía un letrero con neón enorme que rezaba: "*Sala de Billar, Patch". Era como su hubiesen tomando uno de esos billares que se ven en las películas y lo hubieran puesto enfrente de nosotros. Al entrar al establecimiento, todos me ignoraron. Jamás fui tan feliz. Nadie me miraba, todos estaban concentrados en sus juegos. Unos metros adelante, había unas escaleras, en la pared adyacentes a ésta, se podía apreciar el mismo póster que vi en la tarde. De seguro ahí era donde iba a ser el concierto. Nos dirigimos a las escaleras esquivando a las personas que podíamos, la mayoría eran chicos u hombres realmente robustos y grandes. Más grande que Jack o yo. Descendimos por las escaleras, no había muchas personas, pero quizá era porque habíamos llegado temprano. O bien. Eso quería suponer yo. El salón subterráneo era iluminado por luces totalmente rojas, si esas daltónico al color rojo, estabas en problemas en ese sitio. Había un pequeño escenario donde se empezaba a preparar la primera banda que tocaría, no les presté mucha atención porque Jack, mi novio, se había quedado abobado viendo a una chica que estaba apoyada en la puerta que conectaba con la bodega donde sacaban los instrumentos, tenía las manos en la cadera y un aura desinteresada. Jack, aun tomándome de la mano, se acercó a la mujer, y con él, a mí también.

— ¡Pero sí es mi bruja favorita! Dime, Meg, ¿hoy con quien te vas a acostar? — ¡Mejor forma de iniciar una conversación no hay! ¡Ese era el Jack que amaba!

— Oh, pero sí es el bebé virgen. Para tú información, ya no me acuesto con quien sea. — Argumentó la mujer con un tono monótono en su voz. — ¿Y éste quién es? ¡No me digas que te atraen los hombres! Dios, hemos perdido a un chico más, ¿qué será del mudo ahora?

Okey. Normalmente una chica que se entera que su novio no es virgen por la persona que se lo quitó. Me impactó un poco saber aquello, Jack no parecía ser el tipo de chico virgen, bueno, yo en esos momentos tampoco aparentaba ser una joven de oficina... Pero ese no es el caso. ¿¡Qué demonios le pasaba a esa tipa?! ¡Habían dos enormes -bueno, no tan grandes, pero si visibles- cosas que comprobaba que era una chica! La miré con el ceño fruncido, me estaba molestando tan sólo su jodida presencia. La mujer, porque ya no era una chica, tenía el pelo largo, le llegaba como hasta por debajo de la cadera, de un color café rojizo, lo traía atado en una coleta alta y un copete se podía apreciar caer en su cara. Usaban una blusa con tirantes a los lados del brazo color morado, una faldita de igual color casi transparente, poco le faltaba para que se le viera la ropa interior. Usaba unas zapatillas de tacón bajo. Y su cara estaba realmente maquillada.

— Soy Elsa, la novia de Jack. — Me presenté fríamente y la temperatura bajó al instante.

— Oh, ¿eres chica? Pensé que eras un muchacho. Perdón, es que con esa camisa de hombre que traes, no se te ven los atributos. — Me respondió con tono sarcástico. Mi furia crecía más y con ella, la nieve pronto vendría para enterrar a esa maldita.

— Oh, perdóneme mi prostilady, pero no todas las chicas son como usted. — Se metió Jack a defenderme y escuché a la mujer sonreír.

— ¡No has cambiando nada, bebé virgen! — La joven me miró con algo de calidez, ¿al principio me estaba agrediendo y ahora me miraba así? ¡Qué desgraciada! — Soy Megara, pero mis amigos me dicen Meg.

— Que son básicamente con todos los que te acuestas... — Susurró Jack.

— Un placer, maldita bruja. — Vi como la mujer llamada Meg abría los ojos como platos.

Okey, lo admito, lo último lo había pensado, pero jamás me imaginé que terminase saliendo de mis labios. Jack al escucharlo, se echó a reír como maniaco, se dobló apoyando su mano en su estómago del dolor que de seguro sentía.

— ¡Esa es mi chica! ¡Siempre tan ruda y malhablada! — Me felicitó mi novio.

— Ya veo porque está contigo... los dos son unos malditos irrespetuosos. — Vi a la mujer sonreír, eso fue raro. — Como sea, par de mocosos insolentes. Ya lárguense que dentro de poco el concierto iniciará.

Meg movió las manos en señal de que nos fuéramos, como cuando espantas a un perro callejero, le iba a preguntar quién se creía, pero Jack sólo me tomó de la cadera y me jaló. Esa tipa no me terminaba de agradar. Nos pusimos hasta atrás, pues la gente ya empezaba a llegar. Jack y yo nos colocamos en una esquina donde nadie nos vería, me sentía más cómoda en ese lugar tan lejano de la multitud que ya empezaba a aclamar por la música. Los artista no se hicieron de esperar, el concierto dio inicio en ese momento. Iniciaron con la canción de "November rain" de Gun's N' Roses, sí malo recordaba, luego pasaron a entonar "Chica cocodrilo" de Hombres G, y para esa canción, Jack y yo ya estábamos cantándola a todo pulmón junto con el público. Pasaron más canciones, todas realmente conocidas. Llegó el turno de la banda de Meg, ella era la cantante principal y el guitarrista, según Jack, era su novio por el momento. Era un joven de cabello negro, ojos azules y tez blanca, típico principito, se llamaba Eric, pero mi peliblanco decía que esa relación no iba a durar mucho, él ya había puesto sus ojos en Ariel, una joven mesera que trabaja en el billar de día. Jack sabía mucho sobre ese lugar, luego le preguntaría si le frecuentaba muy seguido.

El grupo de Meg inició cantando "Lithium" de evanescence, aunque casi todo su repertorio fue de esa banda: "Sweet sacrifice", "lacrimosa", "missing", "taking over me", "my immortal", entre muchas otras. Pero para ser sincera, la bruja no cantaba nada mal. Me di cuenta de algo más mientras los escuchaba, el baterista, de complexión delgada, barba partida, pelo castaño claro y un mechón travieso que le colgaba, ojos azules tan profundos como los de Jack y tez morena, no dejaba de ver a Meg. Parecía hechizado con esa joven. Cuando abandonaron el escenario, aquel chico casi se cae por estar abobado viéndola bajar las escaleras. Que ingenuo chico. Él muriéndose por ella y, ésta idiota, acostándose con media humanidad -todo esto según desde el punto de vista de mi novio-, pero para ser sincera, si me daba un poco de pena. Quizá algún día, no mañana ni en un mes, conseguiría hacer nuestra querida "dama de compañía" se fijara en él. Nos idearon un descanso de unos minutos para ir a comparar comida, habíamos estado allá abajo escuchando música por casi dos horas ya. Subimos a la sala de billar donde lo primero que percibí fue el aroma a cigarro. Me provocó una alergia tremenda, no dejé de estornudar hasta que regresamos al sótano. Jack me compró un sándwich de jamón y queso junto con una soda de mora, la comida estuvo realmente buena, y en el ambiente se sentía la camaradería entre todos. Meg se nos acercó con Eric y empezó a fastidiarme de nuevo. Podía cantar genial, pero era una bastarda presumida.

Llegó la hora de volver al concierto, pasó al escenario otra banda, esta vez interpretaron canciones de Queen y de Nirvana. Jack y yo estábamos disfrutando del concierto cuando, de repente, vi al lejos una cabellera pelirroja corta. No. No podía ser él. ¿Qué demonios hacía ese imbécil en ese lugar? ¡Eran sitios que ningún empresario frecuentaba! Cuando vi a una joven rubia, con exceso de maquillaje en la cara, un vestido aún más corto y translúcido que el de Megara y tacones tan altos como su fueran rascacielos, todo cobró sentido. Hans estaba ahí para recoger a la joven que compartiría su lecho esa noche. Le hice señales a Jack de que me acompañara de nuevo a la esquina donde estábamos, lo tomé de la chaqueta y lo arrastré literalmente hasta el lugar donde habíamos estado. Me puse en el límite de la pared y le obligué a poner sus manos contra ésta, no quería que Hans me viera, aún no olvidaba el insistente con Anna. Miré a Jack para explicarle mi conducta, no debía permitir que nadie supiera de mis actividades fuera de la oficina, cuando nuestros ojos azules se encontraron vi de reojo a Hans quien de acercaba a donde estaba. Entré en pánico. No debía permitir que me viera. Sí me encontraba en ese lugar, esparciría rumores, llamaría a la prensa y no sé qué más mierda. Cogí a Jack de su chaqueta y junté nuestros labios en un beso desesperado. Hans sólo observaría a una pareja deseándose en la oscuridad y no a la gran empresaria Elsa Arendelle en un concierto de rock que se llevaba a cabo en uno de los salones menos galardonados.

Empezó a sonar una canción de panda, pero no supe reconocerla. Aquel beso que inició como una simple distracción para que Hans no me encontrara, se volvió algo más. A mi mente llegaron los recuerdos de esa mañana, el tacto de Jack en mis muñecas, brazos, espalda, glúteos... Sus besos deseosos que llegaron a marcar mi cuello, lo travieso que habida sido al morder mis labios, y lo atrevido que se, no, que nos estábamos volviendo en esos momentos. La lengua de mi novio exploraba mis labios, los acariciaba y lamía de tal manera que me hacía estremecer. Lo tomé de la nuca y me aventuré a morder su labio inferior, como consecuencia abrió la boca y aproveché a introducir mi lengua en su cavidad. Por el rabillo del ojos pude ver que Hans nos observaba, esa mirada mormona me molestó, pero al menos sabía que no me había identificado como la dueña de una compañía súper exitosa. Alejé una mano del abrazo que le estaba dando a Jack, la extendí en la dirección que el pelirrojo estaba, alcé mi mano y erguí mi dedo medio en señal de que se jodiera. Total. Esa noche lo haría, ¿no? Prefería que ya se largase, sino, a la que iban terminar jodiendo era a mí. No es que no me gustara la idea, pero esa noche Anna de seguro estaba en casa, y Jack, pues no sé dónde vive como para ir a follar ahí. Y no planeaban decirle, «oye, ¿y sí vamos a tu casa a follar?», bueno, soy capaz de decirlo, ¡pero esa noche no!

Hans al ver mí pequeño ademan, frunció el ceño, tomó a la joven de la mano y, literalmente hablando, la sacó del establecimiento. Me separé de Jack un poco al ver que el peligro había pasado. Dios. Jamás pensé ver a mi novio en ese estado. Estaba totalmente rojo, su respiración era irregular, sudaba, los labios los tenía hinchados y rojos por mí culpa, noté que se miró la parte inferior del cuerpo y, casi de inmediato, volteó la cara haciendo que su cabello le cubriera los ojos. Por reflejo, miré donde él había dirigido su mirada automática, y mi sonrisa junto con un leve sonrojo no pudo ser mayor. En la entrepierna de Jack, había un bulto de gran tamaño que tomaba la forma de lo que estaba oculto ahí abajo gracias a sus pantalones pegados que usaba. Quise tocarlo. La curiosidad más que nada me decía que había que tocarlos, y la pizca de deseo que Jack había activado en mi esa mañana no ayudaba mucho.

— ¿Quieres tocar? — Las palabras de Jack me sacaron de mi trance.

— ¿Puedo? — Pregunté todavía yo distraída.

— Hazlo sí quieres. — Los ojos de mí novio mostraban ciertos aires de broma. Yo no estaba jugando.

— De acuerdo. — Alcé mi mano y empecé a acercarla... Cuando la música se detuvo y un tipo nos empujó dando como señal que todo había acabado ya.

Nos miramos nerviosos, mi novio se rascó la nuca y yo puse mi mano en mi hombro como si me tratara de controlar algún dolor inexistente.

— Creo que es hora de irnos... — Comentó lo obvio.

— Sí, vamos.

No separamos ya definitivamente y Jack me tomó de la mano, me guio hasta la parte superior y salimos del billar. Todo estaba realmente oscuro, miré mi reloj del móvil y ya eran pasado de las ocho. La temperatura era cálida, pero no tanto como para desesperarme. Ya quería que fuese invierno de nuevo. La luna estaba hermosa, totalmente llena, las calles estaban solitaria, uno que otro animal callejero se apreciaba as distancia y los faroles iluminaban nuestro andar. Empezamos a caminar en dirección al café de Eugene, tenía que ir por mi moto y asegurarme de que no tuviese nada extraño, o mojado. El local de mi amigo estaba algo alejado de nuestra posición, así que optamos por una caminata tranquila y sin prisa, así teníamos mucho más tiempo para hablar del concierto. La plática fue relativamente fluida y, en cuestión de nada, ya estábamos a mitad de camino. *Mientras seguíamos hablando, no nos percatamos de que un grupo de hombres nos seguían hasta que lo que tenía que pasar sucedió.

— ¡Ustedes, parejita, denos toda la pasta! — Un joven, porque no era mayo que nosotros, tomó a Jack y le puso una navaja en la garganta.

— ¿¡Y a ti qué mierda te pasa!? ¡Suéltalo! — Empujé al tipo para liberar a mi novio.

— ¡¿Cómo te atreves a hacer eso, perra?! — Me gritó el sujeto. — ¡Chicos, tenemos a un par de valientes aquí!

Más de seis jóvenes llegaron, todos armados con tubos y, algunos, con navajas. Esto no se iba a poner bonito. ¿Dónde demonios estaba Merida cuando la necesitábamos? La mayoría de los chicos me miraron y, en ese momento, agradecí llevar una blusa realmente holgada y unos pantalones en igual condiciones. No tenían una vista muy bien definida de mis proporciones.

— Vaya, un homosexual afeminado con su novio, esto será fácil. — ¡Ahora sí! ¡Ya me había enojado! ¡Eran ya dos malditas ocasiones que me confundían como chico!

— Elsa... — Escuché a Jack susurrar. — Quítate los guantes...

— ¿De qué mierda hablas? — Le contesté sin apartar la vista de los tipos.

— Ya hay frío al rededor, te has enojado, esos guantes contienen tus poderes y, en estos momentos, nos servirían de mucho... — Pero era ya muy tarde. Los delincuentes nos atacaron en el acto.

Jamás en mí vida había participado en una pelea, a lo único así que llegaba era a las riñas de *LOL o algún juego de pelea como Injustice o *SSF. Lo primero que hicimos Jack y yo fue permanecer al alcance visual del otro, y sobre todo, tratar de no mojar nuestros pantalones por el miedo. ¡Sí, teníamos miedo! ¡Que seis asaltantes te ataquen no es la mejor experiencia del mundo! Casi todos vinieron sobre mí, el débil "gay" afeminado como me decían. Joder, ¡que no soy hombre! Creo que el enojo de eso fue lo que me ayudó a soportar tanta sarta de golpes que me dieron, aunque igual, golpeé a varios de ellos. A nuestro alrededor, una pequeña nevada empezó a caer -creo que era porque tenía mis poderes de cierta manera reprimidos-. Daba golpes, patadas, mordidas incluso a todo aquel que se me acercara y trataba que no me derribaran. Sí terminaba en el suelo con uno de ellos arriba de mí, era mujer muerta. Mi peso jamás se compararía a uno de estos neandertales que viven en pleno siglo veintiuno. Mientras yo estaba peleando a puño cerrado con uno de los más débiles, vi a Jack con el rabillo de ojo y, detrás de él, a uno con una navaja. Eso sí que no. No iba a dejar que nadie, digo, ¡nadie! Lastimara a mi querido Jack. Jamás sé los perdonaría.

Le di una patada en la entrepierna al tipo que estaba lidiando conmigo y salí corriendo en dirección a Jack. Tenía que llegar rápido. Alcé mi mano con la esperanza de que un rayo de hielo saliera de ella. Pero nada. Obligué a mis piernas a ir más rápido y di un salto tan grande y largo que terminé tacleando al tipo de la navaja. Ambos caímos al suelo, yo de lado y con la fuerza del impacto, me había golpeado todo. Creo que tenía golpes en los golpes de los golpes y, a parte, me había estrellado directamente la cabeza contra el frío pavimentó, por si preguntan, sí, duele mucho. Él, obviamente, no estaba nada feliz con que yo le hubiese arruinado sus planes. Mientras yo me tallaba la cabeza, pues aún seguía fastidiando el dolor, lo vi parado frente a mi con la navaja lista, miré a Jack quien tenía encima a todos los demás. Tenía que ir a ayudarlo. Me levanté tan rápido como pude y encaré al tipo este. Era más algo que yo y, por sus músculos, más fuerte. Alzó la navaja y trató de dañarme, yo en un reflejo, alcé mis manos para protegerme. No sé sí fue lo más listo o lo más estúpido que hice. Lo único seguro, es que luego tendría que ir a un hospital.

Sentí como el filo de la navaja atravesaba mi piel y parte de los músculos, creo que llegó hasta el hueso, di un grito de agonía y bajé bruscamente el brazo, el dolor era insoportable. Miré la desgracia que le había pasado a mi antebrazo y sólo vi sangre correr y el objeto ahí clavado. A Anna le iba a dar un ataque si viera aquella lastimada. Tomé la navaja y, con todo el valor -o estupidez- que tenía, la saqué. Ahora tenía un arma y no dudaba en usarla. El joven se quedó impresionado con mi despliegue de audacia, no sólo eso, sino se quedó estático. Con sumo cuidado, me quité los guantes que reprimían mis poderes. Ya me había expuesto mucho y sí tenía una forma de ganar esto, sería ahora. Apenas me los quité, un fuerte viento se presentó con nieve y granizo, mi cabello revoloteó en el aire y mi blusa también. Era hora de pierde fin a esto. Sentí la mirada de Jack en mí y después logré captar un grito por su parte seguido por miles de alaridos de miedo de parte del grupo. De seguro estaba volando. Jack no lo podría hacer hecho sin mí, el aire caliente no le ayuda mucho.

Posé mis ojos en en joven que tenía frente a mí, su mirada estaba llena de terror y miedo. No me gustaba que me mirasen así, pero era lo mejor si no quería que Jack saliera lastimado o, inclusive, yo. Extendí mi mano lancé un rayo a la tierra de donde salieron picos de hielo amenazantes en su dirección. Juro que lo vi mojar sus pantalones. Simplemente dijo alguna grosería que no logré captara bien y salió corriendo gritándonos fenómenos a Jack y a mí. Sinceramente, no me afectó, después de todo, sólo lo había hecho para defenderme. Cuando pasó el momento de estrés, bajé mi mano y, casi de inmediato, el dolor de la punción que me habían hecho con la navaja me empezó a doler como tan intensamente que grité. Jack se acercó para ver la herida, y, tal como predije, teníamos que ir a un hospital. Él me dijo que conocía un pequeño consultorio donde iba Merida cuando resultaba herida en las peleas callejeras donde se metía, aquel consultorio tenía conocimiento de su estatus, pero guardaba en secreto las actividades nada apropiadas. Era el mejor lugar para ir en vez de un hospital público donde cualquier persona podría reconocerme con una sola mirada atenta.

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Llegamos a una pequeña casa, era realmente acogedora. Estaba pintada de un bello color azul, tenía un jardincito con rosas a su alrededor y fuentes que poseían figuras de ángeles. Todo era muy bello. Jack me ayudó a moverme, pues los golpes me habían afectado más a mí, tanto por la cantidad como por mis condiciones anatómicas. Soportaba bien el dolor, pero mi cuerpo era realmente débil comparado al de Jack, a pesar de que él recibió menos golpes que yo. Un hilo de sangre se apreciaba salir de nuestras bocas, no me había dado cuenta de ellos hasta que pasé mi mano por mi barbilla en un vano intento de suprimir el dolor de mi quijada, el dolor en mis costillas y abdomen eran tremendos al igual que la debilidad en mis piernas. Estaba hecha un desastre. Anna me iba a matar. Cuando al fin estuvimos frente a la puerta, tocamos un par de veces hasta que un hombre alto, del mismo tono de pelo que Anna, ojos azules y muy apuesto mis abrió. Apenas vio a Jack, frunció el ceño.

— ¿Qué deseas, Frost? — Interrogó el hombre malhumorado.

— Quiero ver a tu esposa. — Lazó directamente Jack.

— Está ocupada con el bebé, ¿es realmente urgente? — ¡¿Nos estaba viendo en ese estado y aún preguntaba sí era urgente!? ¿¡Quien rayos se casaría con ese sujeto!?

— Querido, ¿quién es? — Se escuchó una voz femenina acercarse.

— Es sólo Frost. — Resopló el hombre.

— Sí es Merida de nuevo con lastimada, te he dicho que... — Una mujer apareció en el umbral y, apenas nos vio, se quedó callada por completo.

Aquella persona era realmente bella, tenía el pelo castaño amarrado en una coleta alta, una blusa azul con unos jeans de igual color, usaba zapatos bajos y sus ojos eran de un café borgoña. Sus cuencas oculares se abrieron tanto que pude notar su iris, su boca que quedó entre abierta asimilado la imagen que tenía frente a ella de seguro antes de empezar a hablar, o mejor dicho, gritar.

— ¡Adam, te he dicho que cuando llegué un paciente lastimando lo hagas pasar de inmediato! — Le reprendió su mujer.

— Pero, Bella, estabas ocupada con el bebé y... — Trató de razonar su esposos.

— Oh, dios, ¿esa herida es de una navaja? ¡Adam traer rápidamente una antitetánica y desinfectantes junto con hilo, aguja y anestesia local, esto ameritará puntos.

En cuestión de segundos ya estaba en un pequeño consultorio en interior de la casa, Jack fue curado por Adam quien era un enfermero, y yo, por obvias razones, fui atendida por la doctora Bella. Mi novio esperaba a afuera jugando con el pequeño bebé de apenas tres meses de la extraña pareja, y yo, estaba adentro con la doctora. En todo su lugar de trabajo, incluso en su casa, podía ver que en cualquier espacio disponible habían libros y libros. Ya quisiera yo tener aquella cantidad de lectura para mi sola. Afame entró con los que le había pedido su esposa, de inmediato sentí miedo y la nieve empezó a invadir el lugar.

— Vaya, otra persona como Jack. — Comentó divertida Bella mientras examinaba mi herida. — ¿Cómo te llamas, muchacha?

¿Había escuchaos mal? ¡Al fin una persona que me llamaba muchacha! ¡Casi salto de felicidad! Si no fuera por el dolor que sentía en esos momentos.

— Disculpa, ¿puedo preguntar como sabe que soy una chica? — Me animé a decir.

— Tu cara me lo dice al igual que la delicadez de tu brazo y piel. Eres como una flor, flor a la cual, al parecer, le dieron tremenda paliza. — Me explicó sonriendo. — ¿Cuál es tu nombre?

— Me llamo Elsa... — Respondí realmente bajito.

— ¿Arendell? — Quiso saber sin dejar de ver mi herida.

— Sí, ¿cómo lo...?

— Adam, traer un poco más de gasas, las que tengo aquí son insuficientes. — Pidió la doctora obligando a su esposo abandonar la sala.

— Disculpe... ¿cómo sabe mi apellido? — Volví a interrogar antes de hacer un sonido semejante al tocino cuando se fríe por el dolor del desinfectante contra mi herida.

— Porque yo fui la que les dijo a tus padres sobre tus poderes, eres un regalo para el mundo científico, Elsa, y jamás podré terminarle de dar gracias a tu padres por darme la oportunidad de haberte ayudado a ver este mundo. — Contó Bella con melancolía.

— ¿De qué habla? — Cuestioné curiosa.

— Mi madre era partera, cuando tenía ocho años me llevó a una casa enorme donde tendría que asistir a otra mujer a dar a luz. Siempre me ha gustado este tipo de cosas, así que le rogué a mi madre llevarme alguna vez a ver un nacimiento. Ese día fue el iniciado. Cuando llegamos ante tu madre, ella me saludó con afecto y me pidió que le ayudara a mamá en todo lo que fuese posible con una cálida sonrisa, era una gran mujer. Después de todo lo que había que hacer, al fin naciste... Y en ese momento, cuando diste tu primer llanto, la nieve comenzó a caer por todos lados. Fue hermoso. Como sí la nieve te diera la bienvenida a este mundo nuevo. Mi madre, que también era una "bruja", en el buen sentido de la palabra, les comentó a tus padres que tu poder era inmenso y que, ante todo, no había que temer por ellos. Eso era un don que sólo pocos conocían.

» Posteriormente, dos años después, fui a ayudar a mi madre de nuevo, esta vez con el parto de Jack. Supimos en aquel momento que esos dos bebés debían conocerse y ayudaras en los momentos más difíciles, por eso es que le contamos al señor North sobre tu existencia y la de tus padres. Pero creo que la amistad surgió más rápido entre sus padres que entre ustedes. Claro, hasta ahora.

» Gracia a Jack y a ti, decidí enfocar mi investigación de mi doctorado al AND y lo que podría hacer una simple alteración en éste. Aún no lo he terminado, pero quizá sepa el origen de sus poderes. Eso sí, nadie lo sabrá. Esto es más que nada para saciar mi curiosidad personal sobre ustedes y sus geniales poderes. No te preocupes, llevo conociendo a Jack desde hace mucho, y no quiero verlos a él o a ti en un laboratorio como ratones.

La historia que Bella me había contado me dejó sin palabras y sin pensamientos. No había visto esa posibilidad sobre mis poderes, usualmente pensaba que si alguien llegaba a saber sobre ellos sólo afectaría a mi empresa. Jamás a mi persona. ¿Es qué era estúpida? ¡Por Dios, Elsa! ¡Sabes que por esa razón todos los grandes héroes ocultan su verdadera identidad! Mis pensamientos llegaron a su fin cuando sentí la aguja de la anestesia en mi piel, di un quejido de dolor y me moví un poco. Que cosiera mi herida no fue gran cosa, pero si el regaño que me dio cuando se enteró como me había hecho la herida. ¡Me comparó con su esposo! Me contó que cuando se conocieron, no fue la mejor primera impresión que tuvo de él, tenían que trabajar en equipo en un proyecto, pero pelearon a tal grande que ella decidió irse. Cuando estaba por las calles, un grupo de "lobos" -como ella se refería a los asaltantes- la rodearon, Adam la siguió y le defendió, pero salió igualmente herido, tal y como yo. ¿Quién lo diría? El hombre sí tenía un corazón, y se ablandaba cuando Bella estaba cerca, lo vi cuando nos despidieron en la puerta con su bebé en brazos. Parecían una familia muy feliz.

Jack me llevó volando hasta mi casa, eran más de las diez y no queríamos otro encuentro desagradable. Entró por mi ventanas y me colocó sobre mi cama, por lo que podía escuchar, Anna estaba abajo diciendo pestes sobre lo tarde que era y porque no había llegado aún. Le pedí a Jack que le avisara antes de irse a Anna que su hermana mayor ya estaba en casa, él sólo me sonrió, tenía algunas vendas y moretones que de seguir sanarían en algunos días, me dio un leve beso en los labio, se subió en la ventana y de sus labios salió un "te quiero, cuídate mucho y no vayas a hacer nada rudo porque te conozco", sólo atiné a sonreír. Jack podía parecer el joven más despreocupado del mundo pero era lo contrario. Cuando había salido del consultorio de Bella sus ojos ministraban preocupación, apenas me vio, me abrazó con fuerza y estuvo a punto de besarme sino fuera porque me quejé de dolor. Me agradaba que él me abrazara y esas cosas, pero en mi estado físico actual era un poco doloroso. Me quedé mirando al techo, en mi cabeza se repetía la historia que Bella me había contado. Mis padres. Una lágrima salió de mis ojos, ¿estarían orgullosos de mí? ¿Cómo se sentirían al ver a la mayor de sus hijas en ese estado tan lamentable? De poco a poco me fui durmiendo, sólo esperaba que Anna no llegara de repente -como era su costumbre- y me saltara encima, sí así fuera, me rompería varias costillas. Pero en esos momentos daba igual, nuestra pequeña aventura con los "lobos" algún día quedaría en nuestras memorias como algo divertido, o al menos, eso quería pensar.

Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: Este juego es REALMENTE extraño ._. Yo tegno dos entregas de éste y ambos son muy raros... Y las leyendas no ayudan mucho...

Otro*: SPLOIRERS(?

Segundo**: Cómo todas las canciones que pongo aquí, está salió al azar xD

Tercer***: *A* SNOWFLAKE ES UN AMOR~ XD

Cuarto****: ¿Alguien quiere hacer uno de esos? ewe?

Quinto*****: :'C Yo tenía ese almbum en disco y se me rayó ;n;

Otro*: x3 Para los que no entendieron esto, Patch (coprotagonista de Hush, Hush) adora el billar, por ende, el mío lleva su nombre(? *Mente de la escritora* Nora: No suelo salir con extraños. Patch: Lo bueno es que yo sí. LOL

Siguietes dos**: LOL = League Of Legends y SSF= Super Street Fighter

CONTESTADNO COMETARIOS:
MyobiXHitachiin: -w- Sí, esos dos son senualones(? xD Es que Elsa es muy realista y súper depresiva eweU Sí, son ideas que se me ocurren de la nada LOL... No te diré nada.

leah frost: ¡MI FLAAAAAAAAAAAN! Lo sé, lo sé, no puedes vivir sin ellos uwu(? ewe Ese sale la próxima semana.

flakyrukia: :'D ¡Gracias!

Bloss Frost: xD Hahahahahaha sí, sería épico LOL.

MikoBicho-chan: Yo igual, pero ya presenté mis examenes... ahora solo falta que me acepten ;w; LOL Hablando de ese Fic... x3 Acabo de subir un copo nuevo ewe espero y lo puedas leer. ¡Sería estupendo! ewe Llegarán mucho más lejos que eso(?

Watashi- sama: ¡ARRIBA!

Orkidea16: ^^ Que bien que no te hayas arrepentido, hablado de las groserias... xD Me siento realmente mal cuando las escribo, pues no suelo usarlas en mi vocabulario diario... ¡Gracias por el comentario!

DELIRACIONES DE LA AUTORA:
Bueno, la próxima semana estará disponible el fanfic de "Una vida en Hogwarts" como había dicho en el extra que publiqué del "Copos de Cristal". Espero y lo puedan leer ^^ ya que después de ello, ¡Me voy de vacaciones! ._. Mentira, me largo a ver la universidad :'C ¡NO QUIERO CRECER! TTwTT
Para los que no entendieron la indirecta muy directa: ¡SUBÍ UN COPO NUEVO EN "Copos de Cristal"! ewe Algo así como una "seudo" continuación... Así que para los que leyeron este FanFic, hay disponible una clase de "secuela" que espero y no la haya arruinado…

Zakuro Hatsune.