Notas Iniciales: Primera vez escribiendo para el fandom pero no iba a detener mi necesidad de escribir sobre mi adorado Knuckles y hasta ahora mis dos ships favoritas con él. ¿Pueden creer que me vi todo el anime sólo para estudiarlo a él y su manera de relacionarse con el resto de personajes? Pues así fue.
Inocente y Solitario Equidna.
Se sintió levitar cuando la suave brisa de la mañana acarició su rojizo pelaje mientras el rocío del crepúsculo brillaba entre las copas de los arboles, allá donde la fauna iniciaba su salvaje rutina. La luz de la Master Esmerald compartió de su calor, así que el aguerrido guardián delante suyo no experimentó frío ni cansancio en tanto con gesto severo admiraba su panorámico entorno, justo sobre el altar que exhibía en todo su esplendor tan preciada joya; tributo de su presente, pasado y futuro; la tarea a la que ofrecía su existencia misma sin oposición alguna. El último equidna, un ser de contrastable fiereza, puños demoledores y facciones reacias, alguien que se había acostumbrado a la soledad para valerse de sí mismo en las peores situaciones, incluso cuando se vio en la necesidad de ayuda externa, en la que participaron sus conocidos.
Knuckles aún se negaba a llamarles «amigos» a pesar de que todos ellos lo reconocían como un integrante oficial del equipo, pues el tiempo que permanece apartado es mayor al que ocupa su misma zona. Pero acepta sus sinceras muestras de amistad con todo el afán que le es posible en su postura, incluso cuando se mofan de su ingenuidad natural, convenciéndolo de hacer algo que no quiere en un principio con métodos tan simples. El sólo pensamiento de aquellas sonrisas logró hacer que se formara una diminuta mueca enternecida en los labios, recordando automáticamente las escasas aventuras que compartió a su lado, tan ocupado como siempre atendiendo su propio deber.
El aleteo de las aves migratorias cruzando los cielos muy por encima de Angel Island lo distrajeron un momento de sus cavilaciones, impulsándole mirar el horizonte que esclarecía cada segundo un poco más tras una larga noche, llenando de color el verde paisaje con sus tiernas nubes y rayos solares. No existen tierras en todo Mobius que fuesen capaces de regalar vistas semejantes, así que el silencioso equidna puede sentirse dichoso de nuevo, encontrando el lado positivo de su obligatorio aislamiento, comenzando entonces a planear su itinerario, pues cada amanecer prometía una jornada llena de actividades sujetas a la disposición del clima cambiante del año actual.
Dando una final revisión al tesoro que protegía, Knuckles emprendió marcha escaleras abajo para ir en busca de alimento, tendía recolectar lo suficiente dentro de un lapso conveniente para retornar a los pies del santuario, verificar que todo estuviera en orden y decidir su siguiente acción. No había percibido anomalías en la armonía del lugar, por lo que consideró buena idea apartarse sólo unos instantes sin perderla de vista entre los troncos y hierbajos.
Durante el recorrido se tomaba la libertad de ayudar en sus problemas a los chaos que ocupaban la isla flotante junto a él, aunque únicamente los que parecían necesitar de su poder. Así lograba mantenerse en forma sin exceder los límites. Si le apetecía trotaba largas extensiones de camino o planeaba por los aires con ayuda de sus plumas antes de escalar por inmensas estructuras de roca dejadas por antiguas civilizaciones, de esa manera con un poco de suerte encontraría nuevos pasajes y senderos qué dibujar en su mapa mental. Mientras -acostumbrados a su presencia- las criaturas se acercarían a contemplarle andar sin mayores complicaciones las líneas abundantes en naturaleza.
Fue así como Knuckles llegó a un pequeño río de cristalinas aguas en mitad de una concentración de gruesos arboles plagados de enredaderas florales, cuyos colores no variaban entre blanco, lila y azul, y que sin razón aparente trajeron a su memoria la imagen de cierta ladrona de joyas. Allí, intentando ignorarlo, Knuckles se arrodilló para formar un cuenco con sus manos con intenciones de beber agua, cual frescura pareció revitalizarlo por completo.
Podría no ser lo apropiado pero no pudo evitar preguntarse qué había sido de Rouge ya que hacía tiempo que no trataba de robarle el tesoro que resguardaba de las manos equivocadas. Esa murciélago insensata lo había acostumbrado tanto a sus amenazadoras visitas que ya comenzaba a extrañar tener un oponente que le recordara cómo imponer su autoridad, aunque la muy pícara terminara reduciendo sus gestos de formas burlescas, clasificándolo como malhumorado; no era que estuviera en un error del todo. Estaba consciente que sino aparecía le estaría beneficiando enormemente pero Knuckles casi podría admitir que le deprimiría un poco, pues no negaba que su compañía había sido gratificante cuando pensaba que enloquecería con la quietud que se respiraba más allá de las melodías silvestres.
Odiaba aceptarlo, más era natural hasta en alguien como él la básica inquietud de convivencia propia de todo ser vivo racional, así que un intento de robo casual también significaba un cambio aceptable dentro de una reiterable monotonía. Y no dolía que Rouge fuera en efecto atractiva, agraciada anatómicamente, incluso fuerte; sus puñetazos quizás no fueran la gran cosa pero Knuckles halagaba la dureza de aquellas piernas. Cosechando recuerdos, notaba lo bien dotadas que estaban. Ya se había enfrentado a ella en la oscuridad y había surgido victorioso aún habiéndole brindado ventaja pero nunca se atrevería a negar que estaba llena de sorpresas, sin duda una digna oponente.
Al sentir que el calor se le subía al rostro decidió hundir la cabeza en el río, maldiciendo por dentro las reacciones de su cuerpo.
No era la primera vez que sus pensamientos se desviaban pero no por ello le resultaban menos impactantes, desde que comenzó a tratar con ella siempre fue así. Rouge invadía su espacio personal, le ofrecía propuestas sugerentes al punto de avergonzarlo y se apartaba, le negaba la menor prueba de que tal acercamiento en verdad se hubiese suscitado. Eso a Knuckles lo volvía loco. No entendía porqué pero lo enloquecía, y cada vez que lo repetía en su mente su corazón se aceleraba como si estuviera listo para saltar de su garganta fuera de su boca, ansioso por explotar una vez alcanzara el suelo, debido a ello tampoco podía evitar enfurecerse, ya que se sentía un juguete al que ella podía usar y desechar cuando más le placiera.
Y lo peor de todo era que al equidna comenzaba a gustarle ser parte de ese retorcido juego.
Una vez notó no le quedaba oxígeno en los pulmones, Knuckles sacó abruptamente la cabeza fuera del agua, jalando una enorme bocanada de aire antes de comenzar a respirar de manera errática. Estos nuevos sentimientos eran tan confusos que se encontró deseando triturarlos hasta convertirlos en polvo, así tal vez serían más fáciles de asimilar en su cerebro. Más no podía culparse porque se revolucionaran sus hormonas cada vez que pensaba en esas seductoras caderas y en esos penetrantes ojos verdes. Agitó la cabeza igual a un perro sacudiéndose el agua y se puso de pie, dispuesto a retornar al trabajo, pues ya había estado demasiado rato fuera de rango y no pretendía permitir que le tendieran una emboscada sorpresa a la Master Esmerald cuando ni siquiera estaba cerca de su puesto.
Ya le había sucedido antes.
Si algo había sido demostrado en todo su tiempo de vida protegiendo esa gema, era que estarían detrás de ella sin importar los fines, quedó demostrado con aquellas visiones que le mostró su antigua protectora Tikal la primera vez que fue hecha pedazos por Chaos, sin mencionar la persistencia de Eggman sobre sus planes de dominio absoluto. Knuckles se preguntaba si se rendiría un día, pues incluso perdió la cuenta de todos sus intentos frustrados acumulados en la historia desde que se conocieron. Aquello le trajo un sabor amargo, pues el sentimiento de traición que él inspiró en el equidna no parecía reducir con los años; también había perdido la cuenta de las veces que Robotnik y muchos otros se habían burlado de él, todo porque quiso creer que existía un poco de sincera bondad en sus corazones o al menos deseos reales de limpiar su nombre.
Que ingenuo se sentía al pensar en eso. Pero por mucho que se repitiera que ya no más, no podía estar seguro, era un defecto que intentaría superar de a poco aún si creía haber mejorado. Nunca podía confiar en sus propias decisiones.
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Cuando estuvo de regreso frente al altar, una energía externa -ajena a la isla- lo golpeó, incitándole ponerse en guardia y tensar sus puños en la dirección justa en que aquella presencia se posó, mostrando una figura negra a la cual ni siquiera tuvo que exigir saliera de su escondite, pues tampoco había tardado delatarse ante él. Knuckles se reconoció desconcertado al instante ya que no era común que el autoproclamado Ultimate Lifeform invadiese su territorio de forma tan descarada, por eso sus instintos no tuvieron más opción que desconfiar instantáneamente de su objetivo. El equidna no dudó endurecer más su postura defensiva, después de todo al ser el más cercano al poder de la Master Esmerald y de las chaos esmeralds que esta rige, había logrado sentir su técnica de teletransportación Chaos Control en el momento que lo usó.
—¿Shadow?
—Guardian —le saludó el erizo negro con expresión indiferente, demasiado relajado para alguien que amenazaba con su mera figura la paz de todo un ecosistema.
—¿A qué haz venido?
—Bien... —Shadow pareció pensárselo unos momentos, luciendo incómodo con lo que estaba por decir, algo que a ojos de Knuckles fue más que extraño, pero este no tardó en aventurarse—. He tenido unas semanas agobiantes. No hay lugar en Station Square ni ningún otro rincón dentro de este urbanizado planeta que prometa una estancia relajante. Necesito descansar de la concurrencia y toda vida desagradable. Por eso solicito tu permiso de permanecer en esta isla las próximas 15 horas. —Tal formalidad y solemnidad por su parte conmocionó al equidna enseguida, sino era común verlo merodear su isla sin intenciones destructoras, lo era menos que se dirigiera a él con semejante respeto. Era un hecho que ellos no interactuaron lo suficiente para compartir confianza pero tampoco para siquiera considerarse relevantes en la vida del otro, así que Knuckles se descubrió quedándose en blanco, sin argumentos a contrarrestar—. ¿Tengo tu permiso, guardián?
Al ver la impaciencia reflejada en los afilados ojos carmín, Knuckles se irguió y cruzó los brazos sin perderlo de vista, reflexionando sobre los peligros de tener al misterioso Shadow The Hedgehog tan cerca de la Master Esmerald. Obvio es que lucharía contra él si osaba obrar en contra del orden que él protegía, así que no tardó en tomar una decisión.
— …Está bien, siempre que no intentes nada sospechoso.
—Tienes mi palabra —asintió el erizo, procediendo acercarse a una distancia prudente de Knuckles, lejos de un ángulo estratégico para robar la esmeralda, gesto que el equidna catalogó como aceptable más no eludió observarlo con detenimiento, todavía preparado para una maniobra traicionera.
La siguiente media hora ambos fueron abrazados por el silencio mientras Knuckles se negaba relajarse con Shadow presente, ya que ni siquiera se había atrevido a revolver el contenido de la canasta que reunía su alimento. Sin embargo, los siguientes minutos Shadow simplemente dejó a su vista perderse en el paisaje, distraído con los detalles que capturaba con sus agudas pupilas, apenas se movía para tomar una mejor postura en el suelo, suspirando de momentos o acomodándose las espinas adornando su cabeza para después alzar la vista y continuar su inspección de la zona. Aún así Knuckles se negó distraerse, obligándose yacer como una estatua majestuosa, reacio a ser engañado por la aparente pasividad del erizo negro. Por desgracia una hora más tarde su estómago rugió, motivo por el que no perdió tiempo inclinarse tensamente hacia la canasta, tomando un fruto al azar cuando comprobó que Shadow no tomaría ventaja embistiéndolo en un momento tan frágil. Pero después de masticar y tragar las primeras jugosas piezas, sintió culpa por estar comiendo únicamente él, así que agarró un segundo fruto y lo lanzó a su acompañante, quien ante el corto llamado reaccionó atrapándolo sin ninguna dificultad.
—No necesitas alimentarme —espetó frunciendo el entrecejo ligeramente, más Knuckles no se inmutó por esto, sólo continúo comiendo; al ser casi un ermitaño no conocía de modales ni reglas sociales, simplemente no le gustaba comer solo.
Shadow no le devolvió la fruta pero tampoco comenzó a comerla, se limitó a deslizarla de una mano a otra como si se tratase de un juguete anti-estrés de los que no hace mucho se pusieron de moda en G.U.N. y que Rouge había traído al departamento que compartían. Y aunque le hubiese gustado no ceder a la tentación de probarlo, le dio el primer mordisco a los siguientes segundos, atraído por el fresco aroma que despedía la cáscara. El sabor que inundó su paladar iluminó sus facciones, pues era la primera vez que probaba algo tan dulce. No retuvo el impulso de mirar hacia Knuckles, quien le devolvió la mirada casi al mismo tiempo, haciendo que la desviaran de golpe por la incomodidad que les generó el contacto; el guardián casi podría admitir que provocó que se le formara un extraño hueco en el interior, sensación que subió y bajó como adrenalina mientras recuperaba compostura. Sin embargo, lo más extraño de esa experiencia fue que al ver disimuladamente en dirección a Shadow otra vez, se percató del leve sonrojo que teñía esas frías mejillas.
—¿Qué? —espetó el equidna bruscamente, en cierto modo perturbado por su descubrimiento.
—Tú... ¿usualmente siembras y cosechas lo que consumes aquí?
—Emm, no. Sólo lo recolecto. Una gran gama de arboles frutales crecen aquí, son el alimento de todas las criaturas que habitan la isla y pues... también yo lo aprovecho.
—Entiendo...
Nuevamente la quietud se adueñó de la atmósfera pero en las siguientes horas dejó de ser pesado. Knuckles consideró que la pasividad con que Shadow yacía en uno de los escalones no era preocupante, así que fue cuestión de tiempo para que sus músculos también se relajaran con su compañía. A diferencia de Rouge, él no había mostrado una actitud agresiva o ventajosa desde el inicio, podía permitirse reducir su paranoia. Si Shadow quisiera la Master Esmerald, dudaba se hubiese comportado tan tranquilo desde que llegó, después de todo había demostrado preferir ser directo que evasivo y engañoso. Todo lo que duró a su lado Knuckles lo calificó cómodo hasta que lo vio ponerse abruptamente de pie, justo en el instante que habían terminado de contemplar la pintoresca puesta de sol.
—¿Te marchas? —supuso con expresión estoica.
—Así es, creo que ya ha sido suficiente. Agradezco tu tolerancia.
—No es nada.
—Sólo una cosa... —Intrigado con el cambio, Knuckles prestó atención a las palabras de su invitado improvisto, tratando de ignorar cómo el soplo del viento le generaba una imagen tan hipnotizante a su pelaje oscuro con fragmentos rojos—. ¿Sería posible que me permitieras una segunda visita a tu isla en alguna otra extraña ocasión?
—Ehh... —Atacado por la incertidumbre, Knuckles se esforzó en hacer trabajar sus neuronas apretando los puños—. Supongo que... no me molestaría, mientras no intentes hacer algo.
—Descuida, sólo quiero escapar del ruido.
Sin despedirse el erizo negro volvió hacer uso del Chaos Control para desaparecer sin ninguna dificultad de ahí, dejando a Knuckles con un extraño sentimiento oprimiéndole el pecho. El equidna pensó que probablemente se trataba de un desliz, algo que pronto olvidaría con la rutina, pues era en absoluto imposible que Shadow hubiese hablado en serio. Grande fue su confusión verlo de vuelta en la isla días posteriores, repitiendo el proceso de acompañarlo sin intentar entablar cualquier conversación corriente como seguro habrían hecho Sonic y los otros. Knuckles todavía desconocía a qué se debía esta iniciativa por parte del erizo negro, más terminó por acostumbrarse.
Pronto comenzó a percibir cómoda su energía, tan diferente de la que había identificado pasadas experiencias donde Shadow había actuado, entonces en sus breves charlas descubrió la similitud de sus personalidades, que a pesar de no ser complementarias eran capaces de encajar, nivelar la armonía de sus opiniones. Sin embargo, la emoción de finalmente conectar con alguien -más de lo que nunca haría con el resto de sus conocidos- le aterró. Además empezó a sentir que comparaba todo lo que le transmitía Rouge con sus visitas, pues en cuando le invitó recorrer la isla por vana estrategia de protección hacia la Master Esmerald, le había atrapado contemplándole tan intensamente que lo cohibió. Cada movimiento que ejercía para estar cerca era tan sutil que muchas veces Knuckles intentó convencerse de que estaba imaginando cosas, era una locura siquiera suponer que el erizo tuviese dobles intenciones con él.
—Así que de esta manera es como vives —dijo Shadow camuflando con su tono el genuino interés por la forma de vida del equidna.
—¿Demasiado anticuado para alguien de ciudad? —inquirió Knuckles un tanto irritable, acostumbrado a que todos los que decidían acompañarlo un tiempo se quejaran de sus ocupaciones.
—No, al contrario —admitió para sorpresa de su guía por terreno selvático—. Es decir, ya sabía que eras dedicado pero ahora mi panorama al respecto se ha ampliado. Siento que te respeto un poco más.
—O-Oh...
—No eres como ese Faker, no te importa ser el centro de atención o presumir. Eres fuerte y te basta con reconocerlo por tu cuenta.
—¿Puedes decirlo? —se rió Knuckles sobándose la nuca avergonzado—. Sonic suele creerse mucho a veces. Y debo decir que sí es muy fuerte, se ha ganado el título, pero sé que podría patearle el trasero cualquier día de estos —agregó impactando ambos puños entre sí.
—¿No se han enfrentado?
—Varias veces pero no hemos coronado un vencedor todavía, nuestros combates siempre son interrumpidos.
—Yo creo que tú le ganarías.
Knuckles guardó silencio de golpe y carraspeó la garganta al no saber de qué manera responder al halago. Sabía reaccionar con ira ante las criticas y exceso de seguridad ante las provocaciones, más no a un elogio fuera de toda pretención. Era simplemente extraño cuando provenía de quien fuese un enemigo en el pasado. Se preguntó cómo es que había llegado a esa conclusión, no era que el equidna no confiase en sus propias habilidades pero que Shadow apoyara su visión en una batalla contra Sonic lo congeló. A partir de ese momento volvieron a refugiarse en el silencio, intercambiando palabras sólo cuando era absolutamente necesario. Estando de regreso se posicionaron en sus puntos predilectos, mirando alrededor cuando cualquier sonido natural aleteaba. Como la vez anterior, fue justo al finalizar el atardecer que Shadow se levantó de su lugar preparado para irse.
—Ha sido un día lucrativo. Una vez más agradezco tu tolerancia a mi presencia, me retiro.
— …Shadow. —Antes de siquiera pensarlo, el nombre del erizo ya había emergido de su boca, consiguiendo que el aludido detuviera sus pasos al compás de su voz. Knuckles se reconoció enormemente nervioso con lo que estaba a punto de indagar—. ¿Por qué decidiste venir a Angel Island en verdad? Sé lo que dijiste antes pero, ¿esa es la verdadera razón?
—¿ …Te molesto? —Más que la pregunta, la fragilidad con la que había sido formulada incomodó al equidna.
—Pensé que podrías estar planeando robar la Master Esmerald en el momento que me descuidara pero haz tenido oportunidades de sobra y no lo haz hecho, por eso estoy un poco confundido aquí.
—Muy profesional de tu parte, guardián —comentó Shadow con una sonrisa pedante, algo que rápidamente molestó al otro—. Puedes estar tranquilo, mis intenciones nunca fueron la gema. Al contrario de Rouge, no estoy interesado en objetos brillantes.
—Pero sí en aquellos que amplifiquen tu poder.
—No negaré eso, pero sé que el poder de la Master Esmerald sólo le pertenece a esta isla y sus habitantes, es por eso que se te encomendó cuidarla, ¿no es cierto? No son mis planes perturbar esa armonía cuando ya he visto con mis propios ojos la magnitud de su belleza. Nada ni nadie debería tocarla.
Sus palabras golpearon al instante contra el sentido de compromiso de Knuckles, generándole una indescriptible emoción que le incitó dibujar una sonrisa en sus agrias facciones, la cual le hizo abrir su corazón para Shadow por primera vez. No era común que alguien reconociera su ardua labor y que además la considerase importante para algo que sólo resguardar un poder inmenso, capaz de brindar ventajas notorias. La presencia de la Master Esmerald en la isla era más que eso.
—Muy bien, me haz convencido. —El erizo negro le devolvió la mirada un tanto desorientado—. Los espacios de Angel Island están abiertos para ti, ven cuando quieras. Eres bienvenido.
Una vez se recuperó de la impresión que la invitación del guardián acababan de causarle, los labios de Shadow se cerraron para dar paso a una sonrisa que no dudó compartir con Knuckles como nunca había llegado a suceder. El equidna comprendió en ese momento que terminaban de superar una etapa que se mantuvo vigente entre ellos desde su primer intercambio, lo cual se sintió tan bien que hizo a un lado toda duda que intentase abordar su mente. Esta vez podría permitirse volver a confiar.
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Observando la luna llena esa noche, el buen humor del equidna permaneció intacto, considerando por una vez que las cosas estaban cayendo en su lugar, ajustando a la perfección luego de tanto desorden de circunstancias. Creyó que nada podría arruinarlo ni alterar el equilibrio del mismo, ni siquiera las molestas tretas de aquel condenado genio loco de Eggman. De pronto y sin previo aviso una sombra se proyectó sobre su pelaje rojizo, dándole la pauta de prepararse para una batalla cuando comprendió que no todo podía ser color de rosa esa semana, pues un segundo más tarde se enfrentaría a su rival prometida. La misma murciélago que no perdió tiempo en aterrizar a una distancia presumiblemente ventajosa para ella, justo en el ángulo desprotegido de la Master Esmerlad en el cual si quisiera y lo intentara minuciosamente, podría hacerse de su poder sin tantas complicaciones. Knuckles pensó que después de tantas infiltraciones, ya conocía los más mínimos detalles, lo único que le faltaba era sobrepasarlo a él.
—¿Me extrañaste, cariño? —le saludó ella juguetonamente, guiñándole un ojo de manera burlona, un gesto que irritó tanto como excitó al equidna. Quizás fuera todo ese lapso prolongado de abandono que ella había establecido pero ciertamente las emociones de Knuckles estaban más amplificadas esa noche.
—Y yo aquí pensando que por fin te habías rendido, Rouge.
—He estado ocupada siendo la más bella y competente agente del ejército. Pero nunca podría olvidarme del amor de mi vida. Pensaba que esta vez podría llevármela a casa.
—En tus sueños, chica murciélago —declaró Knuckles tronándose los nudillos. Rouge correspondió con una sonrisa mucho más pronunciada, divertida con las ansias que reflejaba aquel gesto tan característico en el equidna.
—Oh, que nostálgico. Casi olvidaba cómo solías dirigirme la palabra antes de aprenderte mi nombre. Debes haber presionado el modo salvaje justo ahora.
—Adivinaste —se rió Knuckles entusiasmado.
—Por favor sé amable conmigo —le dijo Rouge dando uso a un acento sugerente, equivalente a sus provocadoras posturas—. Ha pasado algún tiempo desde que tengo este tipo de contacto con un hombre. Si tocas mis puntos sensibles con demasiada brusquedad, podría alcanzar antes de lo acostumbrado el éxtasis.
Knuckles se sonrojó furiosamente y al tiempo Rouge saltó contra él ejecutando la primera patada voladora, la cual el equidna logró bloquear de milagro con el antebrazo, más eso no lo salvó de salir disparado fuera del altar pero enseguida de sostenerse en sus pies estuvo listo para impulsarse al frente realizando varios puñetazos que Rouge esquivó con mucho esfuerzo, manteniendo en movimiento sus grandes alas para igualar la velocidad del equidna, así como de sus poderosos puños. La batalla se mantuvo en balanza, entregando victorias cortas para ambos oponentes casi como si lo hubiesen ensayado. No era la primera vez que combatían de frente en una pelea uno a uno, pues Knuckles no se permitía enfrentar adversarios débiles y consideraba a la murciélago lo bastante fuerte para no subestimar su estilo de lucha, de hecho el estímulo fue mayor al de circunstancias pasadas, de eso Rouge pudo darse cuenta ya que se estaba esforzando en romper sus defensas, por lo tanto asumió que podría encontrarse en problemas.
Para ella enfrentarse al equidna no era recomendable cuando se le veía tan motivado a ganar.
Decidida a terminar este encuentro pronto, capturó las muñecas de Knuckles sin darle tiempo a reaccionar y tiró de él para que juntos perdieran el equilibrio, así implantando un pacífico forcejeo en el suelo donde rodaron llenándose de tierra y trozos de hierba fresca mientras estaban en busca de esclarecer un dominante, hasta que por fin el equidna la acorraló sobre una cama de flores, inmovilizándola en su totalidad.
—Te tengo —celebró con una sonrisa egocéntrica.
—Está bien, me rindo —aceptó Rouge a regañadientes—. Tú ganas pero por favor, ¿podrías dejarme en libertad ahora? A menos que disfrutes tenerme contra el suelo.
Intuyendo las implicaciones sexuales en la última frase de su rival, Knuckles volvió a sonrojarse y se apartó de inmediato, casi de un salto mientras trataba de justificar sin éxito algo que ni siquiera había cruzado por su cabeza antes de que la chica lo mencionara, emitiendo patéticos balbuceos que poco podían ayudarle explicar sus verdaderas intenciones. Rouge se levantó y sacudió la ropa, sonriendo victoriosa con lo sencillo que era convencer al equidna de soltarla. Tan tierno e ingenuo. Podría amar tratarlo así.
—¡De cualquier manera, ríndete! ¡Hoy no obtendrás la Esmeralda! —concluyó agitando los puños con exasperación. Rouge apenas retuvo una carcajada para enseguida fingirse devastada, nunca admitiría que en algún punto comenzó a disfrutar ver las adorables reacciones de Knuckles.
—Oh, no, que mal. Volví a perder.
—¡Deja de burlarte!
—¿Y si no quiero? ¿Qué vas a hacer?
—¡No me retes!
—Hoy estás más susceptible que de costumbre —observó Rouge con perspicacia, aún sin borrar su coqueta sonrisa—, ¿sucedió algo interesante mientras he estado lejos?
—No es de tu incumbencia —espetó el equidna apartando la mirada, después de todo no tenía porqué darle a conocer nada que aconteciera en su isla, aún sino tuviera a nadie más para contarle sobre la abrupta visita de cierto erizo negro que la verdad lo había conmocionado más que cualquier invasión extraterrestre.
—Que poco confiable.
—¡No me molestes!
Knuckles vio a la murciélago relajarse sobre la cama de flores como si estuviera en el jardín de su propia casa, tomándose la libertad de estirarse para liberar la tensión en sus músculos e invitarlo con un gesto para que se acercara y sentara a su lado. El equidna chasqueó la lengua, pero aunque no tomó asiento se aproximó lo suficiente, cruzándose de brazos con obstinación mientras miraba a cualquier otra parte, todavía abochornado por lo recién ocurrido entre ellos. Rouge reprimió otra risa comenzando acariciar la hierba floral, tal vez no fuera lo suyo estar rodeada de naturaleza pero no lo condenaba y eso lo había demostrado al quedarse con Knuckles largo tiempo después de sus improvisados combates.
—Que bien se siente el viento aquí —comentó con expresión gustosa—, era lo que le hacía falta a mi piel. Deberías invitarme a pasar la noche contigo alguna vez. Acampar a la luz de la luna y recibir el canto de los flicky durante el amanecer.
—¿Para que robes la esmeralda mientras estoy durmiendo? Olvídalo.
—No eres nada romántico, debería darte vergüenza.
—¡No estoy interesado en serlo para ti! —exclamó avergonzado.
—Pero apuesto a que te gustaría.
—¡No! —Y ante su clara negativa, Rouge perdió los estribos, así que no perdió tiempo en ponerse al nivel del equidna para enfrentar sus ojos.
—¿¡Cómo puedes rechazar constantemente a una hermosa dama de mi categoría!? ¡No tienes idea la cantidad de hombres que matarían por recibir una propuesta mía! ¡O siquiera parecida! ¡Deberías sentirte afortunado!
—¿¡Por qué lo haría!? ¡No me haz dado razones para ello!
—¿Ah si? —Borrando su expresión inflexible, Rouge retornó a su actitud seductora, lo que para Knuckles activó todas las alarmas, algo que justificó al sentir el dedo índice de la murciélago justo debajo de su labio inferior—. ¿Te gustaría obtener una pequeña muestra de mis encantos? —Sin saber qué hacer Knuckles simplemente se congeló, el calor en su rostro explotando con tal fuerza que se reconoció mareado, pues una vez más Rouge estaba jugando con él—. Podría darte lo que quisieras si sólo lo pidieras apropiadamente, ¿sabes?
Rouge se acercó poco a poco, sus rostros quedando a escasos centímetros para que sus narices se rozaran y cuando lo hicieron Knuckles cerró los ojos con fuerza, en espera de algo que nunca ocurrió, motivo por el que se animó abrir los ojos con lentitud de nuevo, sólo para darse cuenta que la murciélago se estaba alejando sin borrar su suave -incluso conmovida- sonrisa.
—Buenas noches, guapo. Asegúrate de pensar en mi el resto de la noche.
Y extendió las alas, emprendiendo el vuelo con glamurosa facilidad contra los frescos vientos nocturnos. El equidna necesitó tiempo para procesar lo que acababa de ocurrir mientras veía a esa blanca figura perderse con la altitud, hasta finalmente darse cuenta que acaba de perder una oportunidad de oro por quedarse paralizado y eso lo frustró, así que no tardó en gritar el nombre de la murciélago con todos los sentimientos mezclados en su interior, sabiendo de sobra que Rouge se estaría riendo de su desgracia mientras se alejaba.
