Hola, aquí les traigo la actualización de este fanfic súper extraño y medio drogado. Antes de que empiecen a leer, quisiera advertirles que en este capítulo habrá escenas algo pesadas, razón por la cual es "T" –aunque a veces creo que debería ser "M"- bueno, no les atraso más.
Una disculpa monumental si tardé mucho, espero y les guste esta Rosa y haya valido la pena la espera.

₪ Rosas de cristal. ₪

Rosa cinco: Pétalos caídos.

¿Dónde estaba? No lo sabía. Sólo había pura oscuridad en ese lugar. Mi ropa era la misma que siempre usaba cuando salí a algún lugar con Jack: Una camisa de chico con el logotipo de «Minecraft» de color azul, un pantalón pegado negro, mis convers azules y mi chaqueta blanca con adornos azules que se iban desvaneciendo mientras ascendía. Puse mis manos en mis bolsas e inicié a caminar sin rumbo fijo. Donde sea que pisaba, la escarcha se iba imponiendo bajo mis pies. Sentí frío. Me puse la gorra de mi chamarra que tenía los mismos adornos que la parte inferior y me la cerré por completo. ¿Dónde demonios estaba? Sabía que era un sueño, pues dudaba mucho que de estar acostada en mi cama a encontrarme en un lugar donde lo único que veía era oscuridad no era muy normal de digamos. Mientras traba de encontrarle una lógica a tal peculiar sueño, noté que una luz apareció ante mi -se parecía al hada de "La leyenda de Zelda"- y se empezó a mover diciéndome mudamente que la siguiese. De acuerdo. Esos bastardos me habían golpeado muy fuerte en la cabeza como para que en mis sueños apareciera esa jodida hada que en vez de ayudarme me lograba sacar de quicio, al final terminaban jugando Super Smash Bross.

Seguí al hada sin mucho ánimo, no quería correr sinceramente. De repente, un haz de luz invadió la oscuridad y, ante mi, apareció un hermoso paisaje invernal. «Maravilloso». Mis ojos se iluminaron ante tan belleza natural, era digno de retratarse. Las montañas nevadas se veían a lo lejos, árboles -coníferas para ser más exacta- se apreciaban y, en ellas, tenían un velo blanco, el césped estaba cubierto por la nieve recién caída, pequeños animales blancos iban de allá para acá, sólo se les podía ver cuando se movían. La temperatura era fría, pero agradable a su vez, el cielo estaba nublado y pocos rayos de sol atravesaban las esponjosas nubes. No pensé más. Me quité los guantes que siempre llevaba, corrí colina abajo y exterioricé todo mi poder. Era libre al fin. Podía soltar todo mi basto poderío. Dejaba ir todo lo que por dentro se había acumulado por años. Ya no más esconderse. Ya no más fingir que era la empresaria perfecta. Ya no más fingir ser una persona normal. Hasta ese momento esa todo hermoso. Lo malo es que sólo era un simple sueño. Cerré los ojos para apreciar el momento, quería que el frío me atravesara y me hiciera uno con él. Lástima que no fue el frío lo que me atravesó.

Dolor.

El dolor en mis costillas y prácticamente en todo mi cuerpo fue lo que me atravesó.

Abrí mis ojos tan rápido que el sol me entró de lleno en ellos, alcé mi cara y suprimí un quejido de dolor. Mi mayo temor se hizo realidad. Anna había venido a despertarme como siempre, arrojandose arriba de mi. Si los bellacos que me habían golpeado no me quebraron las costillas, mi hermana y su hábito de arrojarse encima de mí para despertarme lo habían logrado. Tendría que ir a ver a Bella después de esto. Mis ojos se pusieron en blanco por el dolor, escuché claramente como algo en mi se rompía junto con el malestar que se siente después, saqué mi brazo derecho de la sábana para tratar de sujetar algo inexistente y, por último, sólo dejé caer mi rostro sobre mi eevee que funcionaban como almohada. Ya le podía ir diciendo "hola" a las semanas de incapacidad laboral junto con la semana que se seguro faltaría a la escuela por culpa de la pequeña aventura que Jack y yo vivimos, y también podía irme despidiendo de mi séptima, cuarta y sexta costilla. Espero que mis riñones no hayan sido atravesados, porque ahí sí, era vista al hospital y no se me ocurría alguna excusa que fuese de mucha ayuda.

— Anna... bájate de encima mío... por un demonio. — Logré decir a duras penas.

— ¡No me voy a bajar hasta que me digas porque llegaste tan tarde ayer! — Sentí como me saltaba encima y, de nuevo, otras costillas rotas para mi.

— Anna... sí no quieres dejarme sin costillas... te ruego te bajes. — No sé si fue mi cara de dolor o algo más, pero al fin se bajó de arriba de mi.

— Ya está. Ahora. ¿Por qué llegaste tan tarde ayer? — Me preguntó mientras se sentaba frente a mi.

A cómo pude me senté en mi cama encogiendo mis piernas. Anna de tener una cara de enojo pasó a ser de asombro y preocupación. Como supuse, mi camisa que había usado para dormir estaba manchada de sangre, supongo que por las heridas que tenía en mi abdomen. Me machacaron mucho. La venda de mi brazo estaba manchada igual de aquel líquido carmesí y se podían apreciar hematomas por todo mi cuerpo.

— ¡Dios, Elsa! ¡¿Qué te pasó?! — Gritó Anna.

— Pues... Jack y yo veníamos de un concierto... unos asaltantes nos atacaron... nos defendimos y yo terminé así. — Conté a grandes rasgos arqueando mis cejas.

— ¿Estás bien? ¡Y yo que todavía te salto encima! — Se reprendió mi hermana.

— Creo que ahora tengo unas costillas rotas, pero es mejor que vaya a ver a un médico... — Traté de pararme, pero el dolor en mi abdomen fue tan grande que me obligó a sentarme de nuevo. — Creo que debería llamar a Jack... podría llevarme a ver a Bella.

— ¿Quien es Bella? — Preguntó Anna con el ceño fruncido.

— Es mi doctora... Ella me trató las heridas. — Enseguida mi hermana tomó su celular y le marcó a alguien.

— ¿Kristoff? ¿Podrías venir por Elsa y por mi a la casa? Tuvo un accidente y... No, no, ella está... Bueno, esta viva y no peligra su vida. — «Gracias, hermanita. Igual te quiero», pensé. — ¿Qué? ¿Estás a fuera? ¡Genial! Vamos para allá.

— ¿Qué pasó? — Interrogué mientras me tomaba el costado en un vago intento de calmar el dolor.

— Kristoff nos va a llevar con tu doctora. Vístete y nos vamos, ya. — La vi dudar, pero se "reincorporó". — Sí, ya.

— Anna...

— ¿Si?

— Ese no es tú estilo.

— Lo sé...

Ambas nos reímos y la vi dejar mi habitación, me preguntó que si necesitaba ayuda para vestirme, pero le dije que podía sola. Cuando se fue, me paré con ayuda de la mesa de noche que tenía alado de mi cama y fui a mi ropero. No quería nada ajustado. Saqué una blusa de AC/DC y el pantalón más holgado que tenía, mis convers y lo reglamentario para una mujer, y me fui a cambiar de ropa. No sé como rayos lo hice, pero logré cambiarme a pesar del dolor inmenso que sentía. Quizá Anna sí me había quebrado alguna costilla, pues dolía más que ayer. Me arreglé el cabello, o, mejor dicho, me lo desacomodé y me até mi trenza. Al salir, vi por mi ventana que el sol estaba oculto bajo una espesa masa de nubes negras. Quizá llovería, eso era bueno. Tomé mi chaqueta negra que tenía la insignia de un cuervo morado en la parte superior izquierda del pecho y la cerré hasta por debajo de mi busto. Adoraba esa chaqueta, pues el cuervo de la insignia tenía cuatro ojos, era el Cuervo de Raven Roth, mi súper heroína favorita en todo el ancho mundo de los cómics. Verifiqué que aún tuviese puestas mis pulseras en las muñecas, me puse mis guantes y salí donde Anna me esperaba para irnos.

Di algunos pasos fuera de mi recámara, pero enseguida un dolor agudo me invadió a tal grado que tuve que recargarme contra la pared e inicié a jadear. Dolía. Cerré un ojo en señal del dolor sentido y me mordí el labio. Tenía que ser fuerte y bajar las malditas escaleras. «Joder, esto será difícil», pensé antes de sentir una mano en mi hombro. Anna estaba ahí a mi lado, como siempre lo ha estado. Me tomó de la cintura con cuidado e hizo que pasara mi brazo por sus hombros, gracias a ella pude bajar las escaleras sin sentir tanto dolor. «Gracias, hermana... Sólo sirvo para causarte problemas», llegué a pensar. Mi corazón se estrujó. Era cierto, sólo le causaba problemas a Anna. La lastimé cuando éramos pequeñas, la hice sufrir con mi falsa frialdad hacia ella y, ahora que estábamos juntas al fin, me metía en este maldito problema donde tenía que cuidar de mi. Soy un asco de hermana mayor. Agaché mi cabeza mientras baja las escaleras, no podía verle a la cara ahora, me sentía realmente triste y culpable. El frío se empezó a sentir a nuestro alrededor y eso hizo que él pesar creciera más. No podía ser peor persona.

Al llegar a la salida pude ver a Kristoff, apenas me vio, corrió a ayudarme. Alejó a Anna de mi, me tomó con sus brazos y me cargó al estilo princesa, no pude patalear para que me bajara, pues me dolía todo. Esta era una de las pocas ocasiones donde permitía que alguien que no fuera Anna ni Jack me tocara. En el trayecto de la casa a su auto, que era una camioneta realmente grande que se compró con mucho esfuerzo -según me había contado Anna-, Sven, su perro, no dejó de pararse en dos patas para ver como estaba. Ese gran perro era una ternura. Me metió en la parte trasera donde me acomodé de la mejor forma posible para que no me doliera mucho el cuerpo en el transcurso del viaje. Le expliqué a Kristoff donde quedaba la casa de Bella e iniciamos el recorrido. El novio de mi hermana procuró ir lo más despacio que pudo, pero eso no sirvió de mucho, con cualquier leve movimiento el dolor incrementaba junto con mi sospecha de que algo en mi interior se había roto, y no hablaba de mi autoestima, esa cosa se había hecho pedazos hace años y, a penas, estaba siendo reconstruida de poco a poco a una velocidad realmente lenta.

Mientras viajamos mi celular sonó, era de la empresa. Wiselton estaba de viaje de negocios -en sí, fue a ver su propia empresa y le encargué que fuera en representación mía a unas cuantas-, así que la otra figura de autoridad que podía mangonearme era el carismático ancianos que tiró mi cómic a la basura. Su llamada era para exigirme una explicación de porque no me había presentado a la universidad ese día, a gritos, ¡no hay mejor forma para hablarle a una persona herida! Le dije que había tenido un pequeño percance y que apenas lo resolviera me presentaría de nuevo a la universidad y a la compañía, una de las cosas que había estipulado mi padre ante es morir era que el vejestorio que se encargase de mi a nivel profesional y de preparación educativa tenía más que prohibido meterse en mi vida personal. Papá había pensado en todo. Así que, con un mal tono, el anciano aceptó mi explicación y me pidió que lo resolviera rápido para que regresara a la escuela y al trabajo. «Claro, señor, como controló la velocidad con la que mi cuerpo se cura. Sé que tengo poderes extrañado y todo eso, pero no soy un vampiro ni un ser así como para curar mis heridas a la velocidad de un parpadeo», pensé mientras escuchaba sus últimas palabras antes de colgar.

Al llegar a la casa de Bella, logré bajarme por mi cuenta a pesar de que el cuerpo me dolía de sobre manera. Anna le pidió a Kristoff que nos esperara en el carro con Sven, pues la consulta era de "chicas", el rubio princesa -como se le conocía en la escuela de Anna- se quejó, pero después de una pequeña disuasión mi hermana logró que se quedara en la camioneta. Anna me tomó de nuevo de la cintura, pasó mi mano por sus hombros y nos dirigimos a la entrada de la hermosa casa de la doctora. Era como la recordaba, sólo que a la "luz del día" se veía más bella, parecía una casa victoriana francesa en medio de pleno siglo XXI. Al llegar a la puerta, tocamos el timbre y nos quedaos esperado un momento, pero un pequeño e insignificante ratón apareció de la nada provocando que Anna se alterara y terminara abrazandome, la tomé de la cadera para tratar de que se alejara de mi, pero no sirvió mucho. Sólo la logré alejar unos cuantos centímetros de mi cuerpo. Me la quedé mirando un rato con la ceja alzada, ya habíamos hablado de su fobia a los ratones, pero seguía actuado igual. Nos quedamos así un rato hasta que la puerta se abrió dejando ver a una hermosa dama con bata blanca, era Bella. Se nos quedó viendo y suspiró mientras bajaba sus hombros.

— Hola. — Saludé quitando una mano de Anna.

— Buenos días, Elsa. Pasa. — Comentó Bella mientras se metía a su casa.

Anna volvió a ponerme como originalmente estábamos y Bella nos guio hasta su consultorio interno. Me senté en la camilla que tenía y enseguida empecé a sentir la mirada de la doctora evaluando las heridas que anteriormente ella misma había curado en la noche.

— ¿Te abriste la herida, no? ¿A caso no te dije que no hicieras esfuerzos? — Me reprendió Bella.

— No es su culpa... — Se metió Anna. — Fue, fue mi culpa... Me le subí encima y le brinqué... creo que también le quebré una costilla...

— ¿En serio? — Me miró y yo asentí. — Dios, Elsa, tienes una novia muy enérgica.

De acuerdo. Anna y yo somos muy unidas y todos lo que sea... ¡Pero es mi hermana! Ambas nos quedamos estáticas y con los ojos en blanco, nos dimos miradas mutuas y, como si ella fuera un gato y yo un perro, nos alejamos al instante.

— ¡No! — Inicio a balbucear Anna. — Nosotras no. Quiero decir. Elsa y yo. ¡No!

— ¡Bella, ella es mi hermana! — Grité con desesperación.

— Oh, así que tu eres Anna. Perdona, quería ir a ver tu nacimiento, pero debía estudiar para un examen ese día. — Comentó la doctora sonriendo. — Perdón, es que cuando las vi se veían como una pareja...

— No, no, no. ¡Yo soy la novia de Jack! — Y en ese momento, quise que la tierra me tragara.

— Oh, así que entre el pequeño Jack y tú hay algo... debí suponerlo, Jack no me traería a cualquiera ante mis puertas sino fuera importante para él... Y creo que tu lo eres. — Le vi sonreí con dulzura y yo me sonrojé.

Después de aquella confesión, Bella me examinó por completo. Como había predicho y sentido, tenía ahora dos hermosas costillas rotas cortesía de mi querida hermanita menor. La herida de navaja que habían cosido ayer se había abierto de nuevo por algún movimiento brusco que hice de seguro al dormir. La sangre que manchaba mi camisa era debido a las múltiples lastimadas que me había hecho cuando me golpearon que gracias al despertar de mi hermana, se habían hecho más grandes y severas. Los moretones que tenía ya empezaban a tener el color morado característico debido a que la sangre que los formaba ya se empezaba a coagular, sólo faltaba que se pusiesen verde y luego ese amarillo característico de la bilirrubina para que se quitaran. Bella estaba impresionada con el lamentable estado en el que había llegado, reprendió a Anna por brincarme encima cuando estaba en ese estado tan delicado, la pobre ya no sabía ni que hacer para pedirme disculpas. Sonreí, tampoco era su culpa después de todo, era mía por no prestar atención y estar más abobada en querer tener sexo con Jack que en mi propio entorno.

Bella, haciendo uso de sus años estudiando medicina, me volvió a coser la herida y, esta vez, me puso una venda doble para que no estuviese tan vulnerable. Me tomó unas radiografías en un cuarto subterráneo que tenía -maldito sea Adam, le construyó un jodido hospital interno a su esposa-, donde descubrió que tenía la séptima y la sexta costilla rotas y uno que otro hematoma muscular. Me puso una venda en el abdomen con unas tablillas de madera que servirían para reforzar los huesos. Me vendó algunas heridas que lo ameritaban y, las que no, las dejó al aire. De paso me verificó mi estado de salud en general, estaba en excelente estado, pero no se podía decir lo mismo de mi físico. Me aseguró que las cicatrices que me iban a quedar no serían visibles, sinceramente, no me importaba. Si eran evidentes, les diría a mis hijos o sobrinos -lo que tuviese primero- la estúpida aventura que me pasó por estar tan urgida. Me dio unas pastillas para calmar el dolor y me pidió que la fuera a ver por lo menos una vez por semana, pues tenía que ver el avance de la rehabilitación de las heridas junto con la reparación de mi sistema óseo dañado. Era un caos.

Mientras seguía explicándome las cosas que debía hacer, la puerta de la casa sonó, quizá era Adam y el pequeño bebé de la pareja, pues él no estaba y el pequeñín estaba en la guardería, igual Adam fue a buscarlo y lo trajo de regreso. Bella se excusó y fue a abrir la puerta, me quedé con Anna en el pequeño consultorio y nos miramos, sólo nos encogimos de hombros y esperamos a ver qué pasaba. Se escuchó un estruendo enorme y me preocupé, le pedí ayuda a Anna para que me ayudara a pararme, nos dirigimos a la sala donde estaba la doctora y, cuando vi al hombre que la tenía prisionera contra la pared, me le iba a ir encima porque me le iba encima. El hombre que estaba "hablando" -si hablar con una persona consistiese en que ella estuviese prisionera contra la pared con una cara de pocos amigos y él a pocos centímetros de su rostro-, era nada más y nada menos que Gastón Black. Su padre, Pitch Black, había tratado de que su empresa maderera firmara contratos con la del señor North y la de mi padre, pero jamás lo logró, pues todos tenían conocimiento de que los Black talaban bosques protegidos y más artimañas sucias que nadie debería hacer. Pitch Black falleció hace años, cuando Gastón era aún un adolescente -razón que influyó en su carácter de niño mimado de ahora, ya que desde ese día le daban lo que quería con tan solo decirlo-, por ende, ahora que él tenía -aproximadamente, no lo sabía tal cual, solo me habían enseñado lo básico de esa historia- treinta años, era el presidente de la empresa Black y, tal como su padre, seguía metido en cosas ilegales, y no solo eso, sino que también se corría el rumor de que practicaba la caza ilegal de algunos animales en peligro de extinción y que los colgaba en la pared de su mansión. Un verdadero monstruo.

— ¿Dónde está tu esposito y esa bastardita? — Escuché decir a Gastón.

— Adam está llenado por la pequeña Kayley, y te ruego no le llames así a mi hija. — La voz de Bella era realmente fría, más que la mía.

— Oh, vamos, Bella. Sabes que amo a es bastarda hija tuya que debería ser mía. — «Aquí, el único bastardo eres tú».

— No me importa. — Bella, con su poca fuerza, logró empujar a Gastón lo suficiente como para sacárselo de encima. — Ahora, vete.

— ¿Irme? ¡Pero si acabo de llegar! — El hombre volvió a acercarse a la doctora.

— ¡Lárgate! — Exigió Bella notoriamente enojada.

— ¡A mi no me grites!

Gastón alzó la mano en señal de agredir a Bella. Eso no se lo iba a permitir. Acaba de conocerla, sí, pero en mi presencia, no permitiría que nadie le hiciera daño a otra persona. Solté a Anna, literalmente, corrí hasta donde estaba Bella y, con el brazo que todavía me servía, agarré el antebrazo de Gastón con fuerza. Mis guantes impedían que mis uñas atravesarán su piel, pero no podía decir lo mismo de mis poderes. El ambiente empezó a ponerse frío, muy frío, pero de nuevo, a nadie le pareció interesante el súbito cambio de temperatura. Gastón me miraba con aquellos ojos azules llenos de ira, yo sólo le respondí a la mirada con otra de superioridad y frialdad. No iba a dejar que viera mi debilidad, aunque por dentro me estuviera maldiciendo, diciendo pestes y muriendo del miedo. Gastón se atrevió a alzarle la mano a una mujer, no podía concebir una idea de lo que era capaz de hacerme, a mi, en el estado tan deplorable en el que estaba. Irónicamente, pensé en Jack en ese momento, ambos éramos igual de impulsivos y no pensábamos muy bien las cosas antes de actuar.

— Bella te ha dicho que te fueras. — «¿Y a parte te haces la heroína? ¡Por eso estás llena de vendas y con costillas rotas!», me regañé mentalmente.

— ¡¿Y tú quien eres para darme órdenes, mocosa insolente?! — Quitó su mano bruscamente de mi agarre, estaba a punto de decir algo cuando, de la nada, sus ojos se abrieron de par en par. — No me digas que tú eres... — Me miró fijamente y supe que estaba en problemas. — Elsa Arendelle...

— Sí, soy yo. — Acepté, lo sé, no soy muy lista a veces.

— ¿¡Tu eres Elsa Arendelle!? ¡¿La maldita huérfana que se hará cargo de industrias Arendelle?! — Se empezó a reír, eso hizo estragos en mi interior, pero como siempre, lo suprimí. — ¡Mírate! ¡Pareces un chico con esa ropa! ¿¡Estás vendada!? ¡¿Una criminal se va a hacer cargo de la empresa más grande de todas?! ¡No me hagas reír!

¿Sabían que las palabras duelen más que los golpes? Un moretón, como los que llevaba en el cuerpo, se quitan con el tiempo. Dicen que las palabras se las lleva en viento, pero cuando son palabras que salen con desprecio, se quedan enterradas en el corazón y en el alma de uno para siempre, como espinas clavadas en tu piel, dejando una marca que sangra para que después quedé una cicatriz que, a pesar del tiempo, será evidente para siempre. Sabía que no era la joven modeló, sabía que no era la empresaria que muchos querían que fuera, sabía también que no era la joven que mejor se vestía y más. Pero no era necesario que me lo dijeran de esa forma. Un dolor que hace meses no sentía volvió a mí, esta vez con más fuerza y voracidad, pero como soy experta en tragarme mis dolores, lo suprimí al instante.

— Gastón, fuera de mi casa. — Intervino Bella.

— No, no, espera. Quiero seguir viendo a esta "gran futura empresaria". — Se seguía burlando de mí y, sinceramente, creo que ese fue su error.

Soy del tipo de persona que no harás enojar fácilmente, bien podrías morirte tratándome de hacer enojar. Pero. A veces. Hasta el vidrio más resistente se rompe. Y para Gastón, y para sus futuras generaciones, este vidrio cuarteado ya se había destrozado. En un acto impulsivo, alcé mi pierna y le di una patada en la entrepierna con tanta potencia que de seguro había acabo con la familia Black en ese acto. Sus pupilas se dilataron, su risita se volvió un grito agudo, sus manos se posaron en su parte noble y se hincó ante mis pies pies agarrando su orgullo masculino.

— Tú... maldita huérfana... — Dijo en un hilo de voz. — Tú maldita hermana y tú van a ver...

Le di una patada en su cara, podía insultarme a mi, podía decirle miles de cosas total, era yo con la quien se metía y luego yo misma me podía arreglar con mis demonios internos, pero si tocaban a Anna ahora si me enojaba. Nadie, repito, nadie ¡le toca un jodido pelo a mi hermana! Las patadas fueron más agresivas y solté todo el vocabulario vulgar que había aprendido de tantos años jugando en línea con otros chicos mayores que yo, FanFics clasificación "M", libros y más cosas. Gastón empezaba a temblar abajo de mis golpes, pedía clemencia y, al ver su patética cara que empezaba a ponerse morada y un ligero sangrado en la nariz, vi que estaba exagerando todo. De nuevo, me sentí mal. ¿Por qué demonios había empezado a golpearlo de esa manera? «Insultó a Anna», escuché una voz en mi cabeza. En efecto, la había insultado, pero no por eso debí golpearlo a tal grado.

Me alejé de Gastón temblado, ¿que había hecho? La puerta de la entrada se abrió y, de ella, emergió Adam con su pequeña bebé y un joven de cabello blanco. Jack. Ambos se quedaron viendo la escena, el hombre de cabello negro aprovechó mi momento de confusión para salir corriendo de allí sino antes decir que lo que le había hecho lo pagaría caro. He ahí donde me empezaba a preocupar un poco. Gastón, fuese lo que fuese, seguía siendo un empresario, menor, pero empresario a fin de cuentas, y como tal, tenía influencias en varias otras compañías que de seguro conocían a la "futura líder" -porque ya lo era- de las industrias Arendelle. Los rumores se esparcirían y, de seguro, el anciano amargado que me cuidaba se haría cargo de frenarlos. Pero eso significaba un regaño para mi. Jack trató de acercarse a mi al igual que Anna, pero sólo pude alejarlos de mí. En el estado que estaba prefería estar sola.

Salí corriendo de la casa de Bella como pude, no quería a nadie cerca, no deseaba el contacto de nadie. Llegué a mi casa con un dolor desgarrador, no soportaba más y me tumbé en la cama sintiendo mi cuerpo arder. ¿Qué demonios me había pasado? Las lágrimas empezaron a correr por mis ojos sin parar, daba gritos sordos de frustración y de enojo. Odiaba todo. No. Me odiaba a mi. ¿Por qué mierda era tan impulsiva? Sabía las consecuencias que mis actos traían, pero aún así lo hice. Ahora, gracia a mi pequeño arranque de rabia, había puesto en peligro todo lo que jamás quise haber puesto en ese estado. Gastón no se quedaría callado, los rumores empezarían por allí y por allá, y eso quería pensar en que era lo menor. Conociendo a aquel hombre, no iba a parar hasta que me hiciera algún daño físico, quizá contrataría a una bada o algo así para darme una golpiza, y, al menos, esperaba que sólo fuera a mi y no a Anna. Me quedé dormida ahí mismo, con la cara llena de lágrimas y con miles de preocupaciones en la cabeza, tenía muchas ideas en mente, una peor que la otra, y todos terminaban de la misma forma. Era una maldita estúpida.

- o - o - o - o - o - o - o

Al día siguiente me presenté a trabajar, Bella me advirtió que no hiciera nada pesado y, sobre todas las cosas, tuviese cuidado de no hacer ningún movimiento brusco a menos que quisiese un riñón perforado, cosa que no era recomendable a menos que quisiera hacer un trato con *"El gato sin ojos", y digamos que la idea de jugar con aquel ser de leyenda no me agrada mucho. Cuando llegué a la oficina, todos me dieron miradas más que perversa. Creo que ver a tu jefa con golpes en la cara y cojeando no era la mejor impresión de todas. Tenía mi cabello amarrado como siempre cuando iba a la oficina, llevaba un traje azul marino, un pantalón de vestir entubado y unos zapatos negros. El ambiente que viví de camino a mi oficina fue más que pesado, podía escuchar murmullos, suspiro de impresión y más cosas que no me daban buena espina. Un joven de trenzas, con piel morena, creo que era nuevo, me miró más que aterrado, como si en mi hubiese un monstruo. Bueno, soy un maldito monstruo con poderes de hielo después de todo, no sabía ni porque aquellas miradas que siempre he recibido me dolían tanto ahora.

Al llegar a mi oficina, saqué mi llave para abrir la puerta, pero noté que estaba abierta. Eso era extraño. Con mano tímida, abrí la puerta metálica que conectaba el pasillo con mi oficina y, en la silla donde se supone era mi puesto como la cabecera de la gran empresa, estaba el anciano que tanto me amaba, si, era sarcasmo. Tuve las ansias de salir corriendo, de evadirlo, pues aquel hombre mayor me aterraba. Desde qué subí a la cabeza de la empresa, me ha dicho como vestir, como actuar, que me debería gustar, que no debería ni contemplar, que cosa decir, como debería comportarme y me ha martirizado con sus expectativas que debo cumplir. Odio que la gente tenga esas cosas hacia mi, ¿cuando entenderá que jamás seré lo que ellos desean que sea? Pero era tan cobarde que jamás me atreví a decir una palabra para defenderme, si lo hacía, sabía que me iba a ir peor de lo que ya me iba. Entré con cuidado intentando no hacer ruido alguno, pero los ojos del anciano ya estaban en mi desde hace un buen rato.

— Señorita Elsa... ¿por qué se encuentra en ese estado tan... deplorable? — Dijo el viejo con su voz gruesa.

— Eh... Yo... Me asaltaron de camino a casa... — Fue lo único que se me ocurrió.

— ¿Y sólo por eso se dio el lujo de faltar? Me reprendió al instante.

— Fue un domingo... día libre... Y el lunes tuve que ir con el doctor a que viera mis heridas... — Lo vi fruncir el ceño.

— ¿Esa es la mejor excusa que puede darme? ¿No que tenía un problema personal o algo así? Me sorprende que sea hija del señor Arendelle. ¡Tan descuidada para dejar que unos maleantes la emboscaran! ¡Eres la misma estupidez en persona! — El viejo se paró y empezó a caminar hacia mi con aires de grandeza.

Y ahí viene de nuevo con su discurso: "Nunca serás tan buena como tu padre" y el "estarían decepcionado de ti si vieran como estás trabajando". Y, como predije, así fue. Me dijo que era una verdadera pena que una joven como yo, hija de unos empresarios tan capaces como fueron mis padres, se hubiese vuelto en lo que era ahora. También me di por enterada que Gastón abrió su boca. «Se la hubiera cerrado a golpes», pensé, pero en eso se quedó, un pensamiento vago. El fortachón había dicho que yo era una delincuente sin la más mínima capacidad empresarial, que sólo era una niña con pinta de maleante juvenil que sólo estaba jugando a ser la jefa de la empresa más poderosa en todo el mundo. Cuando el anciano me contó esto, casi de inmediato empezó a gritarme. Desde qué era una inepta, una estúpida, que no servía para nada, que todo el trabajo y el tiempo que invirtió en mi preparación no habían servido para nada, entre otras cosas. «Oye... sólo llevó un jodido año en esta mierda... ¿qué tanto esperas de mi?», cruzó por mi mente mientras me tragaba las lágrimas y el nudo en mi garganta se hacía más fuerte. Pero, de nuevo, mi temor a que el viejo reaccionara peor me detuvo de expresar lo que pensaba.

Los gritos siguieron hasta que el celular del anciano sonó, lo cogió y su semblante cambio. Era un doble cara después de todo. Habló con la persona de la otra línea por unos minutos y luego cortó. Me observó atentamente, como si me estuviese evaluando. Algo curioso de mi es que detesto ser observaba así de fijo, me daba más que vergüenza y pena. Para mi, que me mirasen así de fijo, era una falta de respeto a mi persona. Me estremecí y le exigí en voz alta que me dejara de ver, no lo soportaba. El viejo sonrió con cinismo, algo se traía entre manos y eso no era bueno para mi. ¿Qué pretendía hacer ahora conmigo? ¿Qué me obligaría a hacer ahora? Miles de ideas se pasaron por mi cabeza y todas me dieron miedo, ese vejestorio haría cualquier cosa para hacer que las empresas Aredelle fuera en aumento y ganara dinero. Lo último que me obligó a hacer fue el esconderme a la mirada pública, pues no era aceptable que una chica de dieciocho años -en aquel entonces- fuera la líder de una empresa súper poderosa como era Arendelle. Razón por la cual sólo algunos empresarios quisquillosos me conocían. La única cosa en la que no se podía meter -así como en mi vida personal- era en los asuntos de la elite. Las -ahora- cinco columnas seguían siendo asunto mío.

— Aun que estás en ese pésimo estado... sigues siendo muy bonita... — Okey, era tiempo para que empezara a tener pánico.

— ¿Qué quiere decir? — Me aventuré a preguntar.

— El joven Guy vendrá con usted apenas yo salga, sea amable con él e invítelo a comer... que salga amor entre ustedes dos. Si pueden tener una relación, su empresa y la nuestra serían más que poderosas... Así que, por favor, sea amable con él. Sé que le estoy pidiendo algo que está fuera de sus pocas capacidades, pero haga un esfuerzo. — Tragué saliva, esa tarde iba a comer con Jack y Anna al café de Eugene.

— No puedo invitarlo a comer, tengo planes con Anna y... — Pero no me dejó seguir.

— Esa es otra cosa de la cual habláremos, pero será después. Usted sólo sea amable con Guy e invítelo a comer. — Y, así sin más, salió de mi oficina.

Sin saber como sentirme, me fui dirigiendo lentamente a mi silla, la tomé y la saqué para tener espacio donde sentarme, me tiré en ella -literalmente-, y me acomodé para quedar frente a la puerta. Tenía los ojos desorbitados, mis pupilas se habían empequeñecido y me temblaban por el caos mental que tenía. Puse mis codos en la mesa y cubrí mi cara con mis manos. ¿Qué demonios le pasaba al vejestorio? Las relaciones románticas y con quien demonios iba a comer era asunto de mi vida personal. Había pasado el límite. ¿Me tenía que enamorar de Guy? No, imposible, yo ya estaba flechada por Jack. Jack. ¿Qué pensaría él? Si hacia lo que el viejo me pedía, lo estaría traicionando. Y lo peor de todo. Es que lo estaría haciendo contra mi propia voluntad. No quería hacer eso, pero sino lo hacía, la reprimenda que me esperaba iba a ser más que monumental. El viejo no sentía piedad por mi, para él, era la basura que dos grandes personas engendraron por puro accidente, por una calentura, por una noche de pasión sin el cuidado necesario. Sabía que era mentira. Pero las palabras igual dolían en mi ser, aquel viejo me vio crecer y el muy bastardo se alegró cuando mis padres aprobaron mi encierro.

La puerta sonó y le di la indicación de que pasara, cambié drásticamente mi cara de afligida por una sin sentimiento alguno. Nadie debía saber por lo que estaba pasado a pesar de que se sentía en la temperatura bajar a mi alrededor. Del umbral, salió un joven moreno, con un cabello más que extraño atado en una coleta alta, tenía un traje negro muy elegante y una sonrisa tan grande en la cara que me llegó a asustar. Era Guy. Lo conocía de reojo y pura mención: Guy es un gran científico y hace los mejores productos e inventos para cualquier tipo de empresa, su compañía y la mía eran socias desde que él lanzó su primer invento. Guy tenía veinticinco años, llegó a conocer a mis padres, pues su carrera como inventor fue impulsada a sus dieciocho años, pero yo jamás he tenido un contacto tan directo como el que íbamos a tener ahora. Estaba nerviosa, pero no podía hacer ningún gesto o algo así, el viejo aún no entendía mis problemas de sociabilidad, recuerdo que cuando se lo dije disimuladamente me contestó que eso era para gente enferma, que era imposible que yo sufriera una enfermedad para locos. Si tan sólo supiera lo loca que realmente estoy.

— ¡Hola, señorita Elsa! — Me saludó el joven que tenía enfrente.

— Ah... — Fue lo único que salió de mis labios. «Bravo, Elsa, el viejo te va a asesinar».

— ¿Cómo está en esta hermosa mañana? — Preguntó con esa sonrisa que me ponía nerviosa, y no del mismo modo que me pone Jack.

— Bien. ¿Y usted? — Respondí por pura cortesía.

— Estoy en perfecto estado. Se lo agradezco. — Hizo una pequeña reverencia. — Me han dicho que gusta de la política, ¿es cierto? — «¿Pero que mierd...? ¿A mí gustarme la política? ¡Era como decir que a Punzie le gustaba las matemáticas! Aunque dudo que a alguien le guste...»

— No tengo una opinión formada sobre ello. — Le corté antes de empezar.

— Ya veo, ¿qué sería de su agrado? — «Mierda, me pone las cosas cada vez más difíciles».

— No tengo nada que pueda ser por completo de mi agrado. Sólo vivo para mi compañía y mantenerla como la mejor de todas, soy una empresaria después de todo. — Joder, siempre terminaba diciendo eso.

— Ya veo, yo disfruto de las matemáticas, física, química y demás ramas científicas. Es fascinante. — Al parecer había encontrado a alguien que si le gustaba las matemáticas.

Pasó más de una hora hablándome sobre las características del agua, lo **divertido que eran las derivadas y sobre porque él piensa que la gravedad es una variable y no una constante. Cosas que, de manera personal, no me importaba en lo más mínimo. Sabía todo sobre lo que me hablaba, porque voy a la universidad, pero tampoco era como que me gustara hablar de cosas que sólo veré en el colegio y de ahí en más jamás lo volveré a usar o escuchar en mi vida.

— Oh, vaya, es tarde. Me tengo que retirar. — Mentalmente alcé los brazos, ¡al fin se iba! — Me encantaría escuchar más de sus elocuentes palabras. — «Tienes que invitarlo a comer, tienes que invitarlo a comer», resonaba en mi cabeza, pero hice un gran intento por no escucharla.

— Sería fantástico. — Mentí, prefería estar con Jack.

— De hecho... — Comentó mientras se paraba de la silla que había ocupado en todo ese transcurso. — Creo que tengo libre la hora de la comida, ¿no se sí le gustaría ir conmigo a un restaurante cerca de aquí? Sería un gran honor comer con la cabeza de los Arendelle.

Me iba a negar rotundamente, pero de repente la puerta se abrió dejando ver al maldito viejo. Su ceño estaba fruncido, se notaba que no había hecho un buen trabajo ese día y quería mi cabeza en una bandeja de plata con las letras "persona más estúpida que hay en el mundo" o algo así.

— ¡La joven Elsa estará más que dispuesta a comer con usted, señor Guy! — Aceptó por mi, «hijo de...»

— ¿¡En serio!? En ese caso, vengo por usted a las tres de la tarde. Nos vemos. — Y sin más, Guy salió del lugar.

— Le diré a un empleado que vaya a tu casa y consiga mejores ropas que esas. — Me paré de mi silla y puse mis manos en mi escritorio, todo tiene un límite.

— No, si voy a ir con ese tipo, iré con mi traje de oficina. — Sentencié.

— Pero, te ves muy masculina con ese traje, si tan sólo usarás más cosas femeninas, tendrías más oportunidad con Guy... — Alcé mi mano para que se callara.

— Si mal lo recuerdo, sólo estás a cargo de mi vida laboral y estudiantil. Ya mucho has intervenido en mi vida personal. — Él sabía los riesgos a lo que se metía, pero aún así se quejó.

— No me importa mientras la compañía crezca. Además, los pilares jamás sabrán que he roto esa cláusula del contrato. Y si se enteran... sobre ti voy, niña malcriada.

El anciano dejó mi oficina estrellando la puerta tras de sí, como lo odiaba. Recordé cuando cometí mi primer error en la oficina, creo que había firmado un papel que no debía y por eso perdimos sólo un cero punto, infinitos ceros, uno por ciento de las ganancias adquiridas. Me dio una bofetada. Me dio una bofetada tan grande que me dejó marcada su mano y el anillo de casado que tenía me hizo una herida. Me advirtió que si cometía el más mínimo error, lo volvería a hacer y esta vez peor. También me dijo que esperaba y mi hermana fuese más lista que yo. Tomé mi mejilla recordando el dolor que sentí junto con el miedo. Las personas hacen cosas sin pensar, así era ese viejo, me decía las cosas que pasaban por su cabeza cuando se enojaba. Por eso le tenía tanto miedo. Así como yo, él tenía ataques muy impulsivos, pero nuestra abismal diferencia era que, desde mi punto de vista, yo era menos fácil de estallar. En cambio, él. Él era un jodido ***voltorb, estallaba con cualquier estupidez y yo era la que pagaba los platos rotos.

El tiempo en la oficina se me hizo largo, sinceramente, prefería estar en la universidad, pero allí era más arriesgado que mi estado físico empeorara. Me la pasé firmando papeles, aprobado transacciones y denegado algunas cosas que a mi no me parecían correctas -todas del anciano-, desde vender una parte la empresa o, incluso, comprar unas más pequeñas que apenas empezaban a tener impulso sólo para "eliminar a la competencia". Lo único que me alegro el día fue recibir una pequeña llamada de Jack que se convirtió en una charla de dos horas. Amaba escuchar su voz, me imaginaba cada gesto que hacía detrás de la línea. Me reprendió por haber ido a trabajar y me preguntó que que quería de comer, él iba a invitarme la comida ese día. Me corazón se estrujó, tenía que decirle que no iba a poder comer con él. Me armé de valor y le dije que era lo que iba a hacer. Al inicio no dijo nada, sólo se quedó callado y eso me asustó bastante, mi estómago se contrajo, mi pulso de acelero y empezó a nevar a mi alrededor. Pero. Después. Lo escuché maldecir al viejo bastardo para luego hacerme prometer que sólo sería fingido y que no habría nada más. Cosa que hice, total, Guy me daba miedo y se lo dije.

Llegó la hora marcada y me dieron la noticia que Guy ya estaba esperándome. Tomé mis pocas cosas -mi celular y mis audífonos- y salí de mi oficina. Fui lo más lento que pude, tenía ligera esperanza de que se aburriera y se fuera. Al entrar al elevador, estuve tentada a oprimir aquel botón rojo para que se detuviera, alcé mi dedo con las intenciones de hacerlo. Pero no lo hice. Me daba algo de miedo quedarme en ese espacio tan reducido, además, Anna haría un espectáculo enorme y ni hablar de lo que Jack haría si le dijeran que estaba atrapada en un elevador. Al bajar de éste, caminé por la gran recepción donde los cuchicheos seguían, pues aún cojeaba un poco y el dolor no había desaparecido por completo. Me tenía que haber tragado las pastillas antes de salir, pero se me habían olvidado. Me detuve unos instantes y me tomé el abdomen, sentí las tablillas que me sostenían a duras penas y el dolor se calmó un poco, pero no lo suficiente, aún no podía caminar bien. Tomé aire y, con toda la fuerza de mi valentía -o estupidez-, seguí caminado hasta la salida.

Al cruzar las puerta corredizas, el calor invadió todo mi ser, la temperatura externa era más que sofocante. Lo odiaba. Odiaba e calor con todo mi ser. Por algo mis poderes eran fríos, porque, aunque nunca lo administra, me encantaba esa temperatura. Alcé mi vista y divisé a Guy, tenía el mismo traje y, al parecer, a él la temperatura no le afectaba. Su traje era de mangas largas. Me miró y sonrió, arqueé la ceja y me le acerqué con algo de duda. No quería ir con él. Volteé al edificio que daba a mis espaldas y, en uno de los pisos más altos, vi la silueta del anciano mirándome fijamente. Mis cejas se curvaron y suspiré, no tenía escapatoria. Saludé a Guy con cortesía de mano, me pidió que me quitara los guantes, pero obviamente no lo hice. Me abrió la puerta de su carro -que era un Ferrari rojo deportivos- y nos dirigimos al restaurante más lujoso de todos. El camino fue más silencioso que un velorio. La plática murió después del "estoy bien, gracias". Los semáforos se me hacían eternos y en cada parada vivía con el miedo de que me dijera algo, pero sólo se limitaba a sonreír y yo me aferraba más al control que tenía sobre mi, mis guantes se empezaban a llenar de escarcha y eso no era buena señal.

Llegamos a un súper lujoso restaurante, era el mejor lugar para comer de toda la ciudad -y el más caro-, creo que sólo una vez fui a ese lugar, y eso, cuando Anna y yo estábamos realmente pequeñas. Guy me abrió la puerta mostrando lo caballeroso que era, me bajé sin aceptar su mano que me ofrecía. Me arrepentí, si soy sincera, porque el maldito dolor en todo mi cuerpo me mataba a más no poder, pero prefería aguantar el martirio de un cuerpo herido a tener que explicar la razón por la cual mis guantes estaban llenos de pequeños picos de hielo y, sobre todo, porque de repente en mi atuendo habían pequeños copos de nieve. Lo bueno era que el calor que hacía alcanzaba tales grados que, en cuestión de segundos, la escarcha que cubría mis guantes y los copos de nieve en mi ropa se derritieron, al igual que mi cerebro. ¡Maldito calor! Entramos al restaurante donde Guy ya tenía aparada una mesa para dos, eso iba a ser incómodo. Nos sentamos paralelamente y ordenamos, yo sólo pedí un pequeño plato de pasta, no quería comer mucho, mi estomago demostraba mi nerviosismo en una que otra arcada que me venía de la nada.

— Dígame, señorita Elsa, ¿qué es lo que más disfruta de su trabajo? — «Absolutamente nada», pensé al instante.

— El beneficio que tiene a la sociedad y a mis clientes. Hago esto porque deseo que a los que les sirvo tengan una radiante sonrisa. — Respondí mientras ponía mi mano en mi barbilla.

— Ya veo, usted está al servicio de los demás... Que buen ideal. — «Ni mucho, sólo estoy para que me mangoneé una maldita momia que se debió jubilar hace décadas».

En ese instante nos llevaron la comida, privilegio de ser jefes de grandes compañías. Mi pasta era eso, con puré de tomate y queso arriba, yo lo llamaría un espagueti hecho por mi, mis habilidades culinarias eran tantas que podía lograr que el agua se quemase. Guy iba a decir alguna cosa, pero la puerta principal se abrió con tan estruendo que nos obligó a voltear. Del umbral se divisaba una joven pecosa, de un pelo rojo fuego tan rebelde como su personalidad, vestía en short de mezclilla y una blusa verde sin mangas. A su lado, había un joven castaño con un traje elegante con la insignia de cierta familia escocesa que yo conocía. No hay mejor entrada para mi amiga Merida que esa. Y no sólo eso, apenas me vio, su ceño se frunció y a pasos largos se dirigió hacía donde estaba yo.

— ¡Camarada, Elsa! — Me llamó. — ¿¡Qué haces aquí!? Pensé que tenías una comida con el chico paleta y tu hermanita.

El rostro de Guy se frunció, era verdad que yo tenía otros planes, pero el viejo se metió antes de que pudiera hacer algo. Por algo Jack se había molestado tanto con aquel anciano.

— Ya sabes, cosas del trabajo. — Contesté simplemente mientras bebía mi té que venía con el platillo.

— ¿Tenía planes para comer con alguien más, señorita Elsa? — Interrogó Guy algo apenado, pero al parecer hoy era el día de "interrumpan a Elsa".

— ¿¡Qué sí tenía planes!? Elsa siempre come con Jack Escarcha y con Anna, su hermana menor. — Sí, hoy era el día de interrumpan a Elsa.

— Merida, esas son cosas personales y esto es de negocios. — Intervine tranquilamente.

— ¿Negocios? ¡Oh, ya veo! ¡Y yo que ya iba a empezar a regañarte por salir con tremendo estirado como este tipo! — Vi a Hiccup poner sus ojos en blanco.

— Señorita Merida... Creo que no debería... — Muy tarde, Guy se había ofendido como todo niño rico.

— ¿¡Cómo me llamaste, melena de león!? — Vociferó mi acompañante y, como un milagro, mi té se volvió el centro del mundo.

— ¡Es-ti-ra-do! ¡Por cosas como está Elsa prefiere mil veces al tonto de Jack! — Y el suculento líquido que escurría por mi garganta terminó afuera de mi boca.

— ¡Merida! — Le reprendí.

— ¿¡Qué!? ¿O me vas a negar que ustedes dos no se dan sus besitos? — Dijo mientras alzaba las cejas y con esa voz de burla de niña de secundaria.

— ¡No me voy a quedar aquí para que me hablen de esa forma! — Indignado, Guy pagó la comida y se fue del restaurante.

Miré como el joven con el que me habían obligado a comer se retiraba indignado, yo sólo me quedé ahí, con mi tácita se té en la mano. Merida le sacó la lengua, se sentó donde había estado él y le ordenó a Hiccup que buscara una silla para que se sentara con nosotras en la mesa.

— Que tipo más irritante, por eso odio esa clase de vida. — Se quejó Merida mientras se comía lo que había ordenado Guy para él, que, sinceramente, no tenía idea de lo que era. — Por cierto, camarada, ya Frost me contó sobre su pequeña aventura.

Sonreí mientras me acomodaba mejor, pues como estaba sentada, con la espada recta y como me habían enseñado en la clases de modales, mis costillas sufrían a más no poder.

— ¿En serio? — Interrogué.

— No sólo él, cuando fui para que Bella me cosiera una herida que me hice en una pelea reciente, me preguntó por ti, te llamó "la novia de Jack"... Dime, ¿cuando planeaba decirnos? — Alzó una ceja mientras me miraba con picardía.

— Yo... — No sabía que decir.

— Elsa, vamos, lo suyo se ve a kilómetros. Jack se pierde en ti y tú te pierdes en él. — Habló Hiccup, a él si sabía como cerrarle la boca.

— Y tú te pierdes en cierta pelirroja que conozco, y no es mi hermana precisamente. — Su sonrojo se hizo evidente y se quedó callado.

— ¿Pelirroja? ¿¡Quien es esa maldita pelirroja!? — Merida se había enojado, hace poco se le veía más interesada de lo normal en el pequeño Hiccup, pero como siempre, esos dos eran tan inseguros que no se decían nada. Por algo somos todos amigos.

— Nadie en especial, Merida, lo juro. — El pequeño castaño se cruzó el corazón en señal de juramento.

Merida y Hiccup me acompañaron en mi comida pagada, donde ellos sacaron provecho. Fue una tarde tranquila, aunque temía llegar a la oficina de nivel. El viejo me iba a matar si se enteraba de lo sucedido. Pero, al parecer, la fortuna me sonrió ese día, pues cuando llegué, el viejo no estaba. ¡Ha sido el mejor día laboral de mi vida! No tuve ningún regaño, pude acabar todo mi trabajo pendiente, pude leer algunos cómics, escuchar música tan alto que la secretaría me pidió de favor que le bajara, para completar mi día, Anna fue a visitarme. ¡Me había traído chocolates! Creo que en toda mi vida no había sido tan feliz, y no sólo eso, Jack se presentó con un ramo de rosas de cristal -hechas con hielo, obviamente- en la ventana de mi oficina. Anna ya se había ido, así que nos quedamos sólo él y yo. Le platiqué lo que había pasado en la comida y juró que le iba a comprar a Merida ese nuevo arco deportivo que quería por haber corrido a Guy del restaurante. No tuve que caminar a casa cuando la hora de mi salida llegó, Jack me llevó volando -literalmente- hasta mi casa donde ya me esperaba Anna, me dio el ramo de rosas de cristal y se despidió de mi con un leve roce de labios que me dejó con ganas de más. A veces odiaba que hiciera eso. Lástima que ese sería la última caricia que tuviese de Jack en esa semana, y, casi juraba que sería la última.

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La mañana era tranquila, el viejo imbécil no había mostrado su cara en toda la mañana. Anna había tenido el día libre en la escuela, estaban remodelado un salón o algo así, por lo tanto decidí llevarla conmigo al trabajo, la tenía en mis piernas fastidiándome -con cuidado, porque aún estaba lastimada-, mientras leía uno que otro papel importante, tenía que revisarlos todos de pies a cabeza, pues si firmaba algo sin leer, podría estar vendimos mi propia empresa a algo más. Anna jugaba con mi peinado mientras decía que me veía mejor con el pelos despeinado y con mi trenza de lado, yo sólo reía mientras mi atención estaba fija en el papel. Detecté una cláusula donde decía que cedía el cincuenta por ciento de mi empresa si el trato no ganaba el impulso necesario, he aquí donde leer miles de libros, cómics y mangas ayudaba. Dejé de leer y lo puse en la enorme pila de papales denegados. Iba a ir con el siguiente cuando la puerta de mi oficina se abrió. Era el viejo con la cara más temible que jamás había visto. Estaba en serios problemas.

— Señorita Anna... ¿puede dejarnos a solas a su hermana mayor y a mi? — Pidió con gran elocuencia.

Anna asintió levemente, sentí como su peso dejó mis piernas y la vi salir por la puerta. El viejo cerró tras de ella y lo vi llamar a alguien para que se llevara a Anna a nuestra casa. Lo que sea que me fuera a decir, debía ser muy grave como para que no quieras que mi hermana menor lo escuchara. Era momento de que el miedo fluyera. Mi estómago de seguro se hizo pequeño, pues sentí una contracción en él, mi corazón empezó a latir a un ritmo que sólo Jack o una situación así me provocaría, mis blancos guantes se llenaban internamente de escarcha y el frío estaba invadiendo el lugar cada vez más rápidamente. Debía controlarme. «Tranquilízate, Elsa. No sientas, no sientas, no sientas», me repetía mentalmente mientras veía al anciano acercarse cada vez más a mi. Se paró frente de donde estaba, lo único que nos separaba era el escritorio de madera oscura que tenía y las sillas que esperaba no lanzara por los aires.

— Señorita Elsa Arendelle... — Inició con voz grave. — Ya me enteré de lo que pasó ayer en el restaurante con el señor Guy.

«Joder...», pensé mientras me mordía el labio. Sólo guardé silencio, con ese viejo cualquier cosa que saliera de tu boca sería ofensivo para él y sólo provocaría su furia al doble.

— ¿¡En qué demonios pensaba cuando permitió que esa joven llamada Merida insultara al joven Guy!? — Estrelló sus manos en la superficies dd madera plana. — ¡Y sobre todo! ¿¡Qué ella le dijera al joven que usted ya está con alguien más!? ¡No! ¡Era imposible! ¡Así que me puse a investigar! — Hizo una pausa y yo apreté mis puños y me mordí la mejilla en señal de nerviosismo. — Ya sé quien es ese tal "Jack Escarcha".

— ¿Qué? — Fue lo único que atiné a decir en mi confusión mental.

— Si, me tomé la libertad de investigar con sus guardaespaldas. — «¿Tengo guardaespaldas?», pensé al instante.

— En estos tres meses un joven de cabello blanco llega a su ventana y se queda hasta altas horas de la noche con usted. Y no sólo eso, también he recibido información de que ha salido con él en ambientes públicos. Doy gracias al cielo que nadie de alta alcurnia la haya visto con ese sujeto. ¡A partir de hoy le queda prohibido tener contacto alguno con ese tal "Jack Escarcha"!

Me quedé en shock. ¿Me estaba prohibiendo ver a mi novio? Espera, ¿lo había llamado "Jack Escarcha"? Ese nombre sólo se lo dice Merida. Pero, aún así, ¡no me tenía permitíos imponerme eso! Me quedé callada y bajé la cabeza. Aceptaría lo que el dijese, más nunca lo cumpliría como muchas cosas que he llegado a hacer a sus espaldas. No le iba a dar el gusto de prohibirme ver a Jack. Le vi darse la vuelta y dirigirse a la puerta, ¿sólo había venido para eso?

— Y otra cosa... — Comentó mientras agarraba el picaporte dorado. — Tienes hasta el viernes para comunicarle a la señorita Anna que no vivirá con ella más. Regresarás a las habitaciones de la Universidad, entre menos contacto tengas con ella, menos distracciones tendrás, además de que así podré supervisar que no veas a ese delincuente de Jack.

Y, así, sin más, se fue. Me quedé estática en mi silla con los ojos abiertos como platos. Me iban a alejar de Jack y Anna contra mi propia voluntad, y lo peor, es que no podía negarme a nada de lo que él quisiera. Estaba ya bajo amenaza. Joder, esto iba muy mal. Pasé mis manos por mi pelo con desesperación. Esto no me gustaba para nada. Y lo peor es que apenas empezaba mi suplicio. Mi indignación fue tan grande que congelé parcialmente mi escritorio, tuve que llamar al amable señor (que ya cruzaba de los sesenta) que nos hacía la comida a Anna y a mí para que me ayudara con ese detalle. En la tarde, cuando firmada unos papeles, por puro accidente perforé con la punta del bolígrafo el contrato que estaba firmando, el bastardo viejo me dio la regañiza de mi vida, si de por sí estaba enojado conmigo, ahora lo estaba más por no ser cuidadosa y arruinar un maldito contrato que no era tan significativo. Si cometía hasta el más mínimo error, era acreedora de un grito. Ese día fue del asco. Al llegar a mi casa, mi humor era tan malo que fui director a encerrarme, tenía mensajes y llamadas de Jack, pero no quise contestar. Sólo quería desaparecer del planeta.

«¿En serio soy tan inepta?», pesaba mientras me dejaba sumergir en el sueño. No quería estar más en esta maldita realidad. «¿Nunca llegaré a nada? ¿Siempre seré el títere del jodido viejo de mierda? ¿O soy más mierda yo por permitirle ser mi titiritero y aún así no hacer nada para cortar los hilos que me amarran a él?»

Y con estos pensamientos, me fui sumergiendo en un sueño del que deseé jamás despertar.

El segundo día no fue mejor que el primero. Guy había regresado a mi oficina con la propuesta de una cena que tuve que aceptar por órdenes del anciano. No dije nada. No me negué a nada. Mi autoestima estaba hecha una mierda por su culpa, lo que el lunes había subido, ese idiota la bajó en un sólo día. Tuve más regaños, sinceramente, era tan frustrante que al fina opte por irme de la oficina, que le dijera al urgido de Guy que fuera por mi a mi casa. Al llegar, no había nadie, cosa que agradecía, aventé todo en mi cama, busqué un short y una blusa holgada para que las tablillas junto con las vendas no me doliesen tanto. Conecté mi consola de ***PS3 y me puse a jugar Alice Madness Returns, Alice Liddell era afortunada, le bastaba con desmayarse para ir a su país de las maravillas, pero mucho me temía que el mío estaba igual de destruido que el de ella, así que no era un buen lugar para escapar. A lo mucho jugué unas dos horas para luego apagar la consola e irme a acostar en la cama mirando al techo. Todo era un asco para mi en esos momentos. Cerré los ojos y me sumí en un sueño que no recordé, pero que de seguro era mejor que la realidad que tenía que enfrentar.

Mi celular sonó, era el villano de mi historia, preguntándome -exigiéndome de mala manera- una razón por la cual no había atendido a Guy. Vi la hora, me había quedado totalmente dormida. Me paré de un brinco de la cama, busqué mi ropa de oficina, no tenía planeado salir con aquel sujeto en otro modo que no sea totalmente profesional o por puro compromiso. No me arreglé el pelo ni nada, me quedé con mi peinado despeinado y mi trenza floja puesta, el tiempo no se iba a detener tan sólo porque yo me tenía que peinar, sólo me puse el conjunto de oficina y salí como alma que lleva el diablo. Era tarde. En la entrada de mi casa estaba ya Guy, muy bien vestido debo admitir. Me subí a su carro y nos estábamos dirigiéndonos hasta un restaurante. Pero paró. Me ordenó que bajara y, casi al instante, pude ver que estábamos por la calle del ROTFH, de hecho, divisé a Jack en el café y lo saludé con la mirada, a lo que él sólo se limitó a mirarme a mí y me sonrió con esa sonrisa que me derretía, le vi pararse, pero no le di importancia, de seguro iba a "traer hielo" -jugar con sus poderes- y pasaría un buen tiempo con eso. También noté que sólo estaba Eugene en el restaurante, era extraño que no estuviera Punzie, de seguro había salido con Anna o algo así, últimamente esas dos estaban muy unidas gracias a una banda coreana llamada SHINee.

— Bueno... ¿qué hacemos aquí? — Pregunté ilusamente.

De repente, sentí como el joven que tenía a mi costado me tomaba de las caderas, como si fuera su pareja o algo así, obviamente aquel contacto me desagrado. Lo odié de hecho. Me desprendía de su agarre en un dos por tres y, enseguida, sentí como me aprisionaba y me besaba. «¡Será idiota!», pensé mientras trataba de separarme de él, pero me tenía más que bien sujeta. Moví mi cabeza con violencia logrando que me dejara en paz, pero se aprovechó de mi debilidad y me aventó contra el suelo. Me estaba dando miedo. El frío se apoderó del ambiente y rogaba al cielo que Jack sintiera el cambio tan brusco en la temperatura para que saliera a investigar, me encontrara y me salvara de aquel joven. Y, efectivamente, Jack salió. Pero no a rescatarme. Si alguna vez deseé jamás salir de la cama, ese día lo quise más que nunca.

*Crash*

El sonido de un objeto cristalino romperse.

Una rosa de cristal rota en el suelo.

Unos ojos azules mirándome fijamente con la pupila contraída y con algunas lágrimas corriendo por las mejillas pálidas de su peliblanco dueño.

Un Jack patentado de encima mío a Guy.

El joven empresario tirado en el suelo con un hilo de sangre proviniendo de sus labios rotos.

El único joven que ha hecho mi corazón vibrar y mi deseo arder mirándome de una forma tan fría, dolida, tan triste.

— Tú me dijiste que esto era fingido... — Me expresó con dolor en su voz. — Me habías dicho que el viejo te había obligado a estar con él. Me dijiste que te daba miedo.

— Jack... — Dije a duras penas, mi cuerpo dolía por el golpe recibido en la caída, pero no tanto como mi corazón en ese momento.

— Me dijiste que me querías. Pero todo era una jodida mentira. — *****Me daba la espalda, pero podía percibir sus lágrimas. — No quiero nada que ver contigo, no te quiero ver jamás. Lo nuestro se acaba ya, Elsa.

Me paré como pude, pero el dolor me hizo caer, grité el nombre de Jack, pero era demasiado tarde. Se había ido volando. Me paré como pude y fui directo a mi casa, me valía diez toneladas de mierda que dijera o que le pasara a Guy, el muy bastardo trató de forzarme a hacer algo que no quería y eso era suficiente como para que su mísera existencia me dejara de importar, total, jamás me importó de todos modos. Al llegar a mi casa, Anna me recibió, me preguntó que me pasaba, pues me veía triste. Pero no contesté. Jamás le contestaba. Seguí mi camino hasta mi cuarto donde vi a mi pequeño eevee en mi cama. Jack. Jack. Jack. Si tan sólo pudiese decirle que todo eso fue un malentendido. Si pudiese decirle que ese imbécil no es nada para mí. Si pudiese decirles que lo quiero con tanta fuerza que a veces me aterra sentirme así. Si pudiese decirle que me estoy empezando a enamorar locamente de él. Tanta cosas pasaban por mi mente, las ideas que fluían se convirtieron en lágrimas que mis ojos expulsaban y mi corazón se rompió en mil pedazos como esa rosa de cristal que había quedado en piso rota con sus pétalos caídos. Traté de llamarle a su celular, pero jamás contestó. Traté de mandarle mensajes, buscarlo en la red, ver si estaba conectado en una de las tantas cuentas que tenía. Pero nada. Jack no quería hablar conmigo.

Todo se había ido a la mierda para mí.

Desperté a la mañana siguiente con un humor tan malo que ni yo misma me aguantaba. Me vestí para ir al trabajo, planeaba faltar a la universidad de nuevo, me arreglé a duras penas y salí directo a la oficina para encontrarme con la maldita cara de pocos amigos del anciano. Me reprendió por lo sucedido y me exigió que le pidiera una disculpa a Guy, le dije que sí solamente para quitármelo de encima. Esa disculpa jamás le llegó a ese bastardo. Mientras trabajaba, me di cuenta de que unos papeles que yo había dejado en la sección de denegados estaban en la pila de aceptados. Me di curiosidad y los leí. «Maldita sea. ¿¡Quién demonios falsificó mi jodida firma y aceptó vender parte de mi empresa!?», pensé al leer el contenido de los documentos que, para mi desgracia, me fue arrebatado de las manos por el anciano que, al leerlo, su rostro se puso rojo y me culpó de todo. Me dijo de nuevo que era una inepta, que no servía para nada, que no valoraba lo que mis padres dejaron en mis manos y que sólo conduciría a la gran industria Arendelle a la ruina total.

Dolió. Dolió más de lo normal.

No quise saber más, estaba furiosa y deprimida a la vez, dejé la oficina y me retiré a mi casa. Al llegar, el vacío del lugar me dio la bienvenida, subí a mi cuarto y, al fin, pude desahogar lo que mi ser sentía y lo hacía podrirse por dentro. Me despeiné y me hice mi trenza de lado con suma fuerza, tanta que casi me lastimo la cabeza, pero el dolor era insignificante. Me quité mi traje de oficina como pude y me puse mi ropa normal, una cómoda camisa negra liza sin nada y un pantalón de igual color. Mis sentimientos eran tan perturbadores para mi mente que cogí mi traje y lo rompí ahí mismo. Ya no quería nada con la oficina. Tomé el reloj de porcelana que alguien me había regalado en Navidad y lo arrojé contra la pared. Empecé a maldecirme, a insultarme, yo era la culpable de todo. Fui culpable de que Jack me dejara, fui culpable por dejarme mangoneare por el bastardo viejo, fui culpable de casi vender mi empresa. Ya no debería seguir con mi existencia. ¿Y si moría? Total, sólo sufrirían un momento por mi ausencia y después sólo me recordarían. Sería un recuerdo. Un fantasma en sus memorias. Nada más que eso. Vi las cicatrices en mis muñecas destapadas, y recordé que había hecho una promesa. Ante todo, Elsa Arendelle cumplía su palabra, pero eso sólo sirvió para que me frustrara más.

Vi un pequeño filo en mi escritorio, un abre cartas se asomaba por allí. Mi mente estaba tan aturdida, tan maltratada y agregándole el ataque de histeria que me estaba dando, que aquel objeto fue tan tentador que lo tomé sin miedo alguno. Sabía lo que iba a hacer. A mi mente regresaron las palabra que me lastimaron en lo más oscuro de mi podrida alma, miré mi brazo que no estaba vendando y, con el filo, hice una incisión que de inmediato se tiñó de un rojo vivo por ser sangre oxigenada. Tras ese primer corte vinieron mucho más. Por cada recuerdo, mi piel pagaba las consecuencias. Por cada grito, mi sangre fluía libremente. Cada vez que el anciano me pisoteó, una marca nueva en mi blanca tez aparecía. Sentía el dolor, porque sería inhumano no sentirlo, pero era un dolor que me ayudaba a sacar todo lo que me hacía daño. Gritaba con cada nueva herida, un leve pensamiento en algún lugar de mi atrofiada mente me decía «¿Sabes qué esto no te ayudará en nada y que eso te dolerá mañana, no?», lo sabía perfectamente, pero aun así lo seguía haciendo. Tenía en mente que eso que hacía era realmente estúpido, pero también que no me arrepentía de hacerlo, me estaba ayudando a sacar todo lo que tenía guardado.

Al terminar de desahogarme con mi propia piel, con mi propia carne, con mi propio ser, me apoyé en mi silla y, el miedo me invadió. Todo a mí alrededor estaba más que congelado. Donde había escurrido mis sangres salían picos de hielo amenazantes, todo a mí alrededor estaba cubierto de blanca nieve, millones de copos flotaban por el aire como en tiempo detenido y, en donde estaba, había una enorme quemadura de hielo que formaba un copo de nieve inmenso. Me estremecí al ver lo que había provocado. Encogí mis piernas y me regañé por ser tan estúpida como para dejar salir mis sentimientos en esa clase de explosión. Mientras me seguía lamentando me quedé dormida ahí, el cansancio emocional que tenía era tan grande que me impidió seguir con mi auto-regaño. ******«Eres idiota, Elsa», fue lo último que cruzó por mi mente antes de perder el conocimiento total. Esto siempre me pasaba cuando era más joven y tenía más descontrol sobre mis poderes, llegaba a sé tan frustrare no poder contenerlos que me daban este tipos de ataques que jamás alguien supo y, esperaba, jamás alguien supiera.

*Toc, toc, toc*

El sonido del repicar de una puerta me despertó. Miré el reloj y noté que eran ya las cinco y media de la tarde, me paré y escuché claramente la voz de Anna al discutir con alguien. Tan rápido como pude me paré y bajé al recibidor donde habían muchos hombres con uniformes de obreros. ¿Ya tan rápido había pasado el lapso de tiempo del viejo? Aquellos señores de uniforme eran los que de irían a encargarse de llevar todas mis cosas a la universidad de nuevo. Mi hermana estaba peleando con ellos porque, para ella, estaba haciendo algo de lo cual no tenía conocimiento alguno. Suspiré. Bajaba por las escaleras tranquilamente cuando sentí un pinchazo en mi brazo. Oh, no. Miré mi antebrazo, donde había sido cercenado anteriormente y, las heridas que creí me dolerían mañana, no esperaron. Sentía que quemaba mi piel, el ardor era insoportable por ser heridas meramente superficiales y la sangre de algunas aún chorreaba. «Joder...», pensé mientras me tomaba el brazo y bajaba cuidando que nadie notara aquel agarre tan extraño.

— ¡Elsa! — Escuché a Anna gritarme mientras se dirigía a donde yo estaba. — ¿¡Qué está pasado!? ¡¿Por qué esos hombres sacan tus cosas?! ¡No entiendo nada!

— Ya no voy a vivir más aquí, contigo. — Dije secamente, entre menos entendiera mi hermana, mejor.

— ¿Qué...? ¿Por qué? ¿A caso hice algo malo? — «Anna... tú jamás harías algo malo. Yo soy la mala aquí».

— Son cosas del trabajo, jamás lo entenderías.

— ¡Lo entendería si me lo contaras! — No quería seguir con esa discusión, le di la espalda y empecé a caminar.

Di la orden de que sacaran las cosas de mi habitación, mientras estaba en eso, sentí como alguien agarraba mi brazo recién herido, iba a demandar que me soltara cuando vi a la persona que me aferraba. Anna. «No...», pensé al ver su cara palidecer, sus iris vibraban junto con sus pupilas. Sabía lo que de seguro sentía bajo su tacto tan puro que, ahora por mi culpa, se había perturbado. Estoy casi segura que bajo su manita pálida sentía una sustancia viscosa y seca de color carmín. Yo me quedé estática, sintiendo como mis heridas ardían, pues la mano de mi hermana contenía diminutas gotas de cierta solución salían que, al ser puesta en una herida, ardía. De poco a poco, Anna fue retirando su mano de mi antebrazo, alzó sus falanges y, con horror, contemplé que estaban manchadas de sangre seca y, en ellas, podía ver que alrededor de la mano de mi hermana, una leve capa de escarcha se extendió proveniente de aquel líquido rojo.

— Elsa... — Susurró, pero era tarde. Yo ya estaba corriendo en dirección a la salida de mi hogar.

Corrí, corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, donde pisaba, la nieve dominaba, mi aliento se podía ver y a mi alrededor una pequeña tormenta de nieve me envolvía en su manto. ¿Por qué corría? Ah, sí, mi hermana menor se había manchado con mi sangre que yo misma derramé, mis ojos se pusieron borrosos, las lágrimas empezaban a correr por ellos, agaché la cabeza sin dejar de correr provocando que mi pelo se me cayera en la cara, pero aunque me molestara, no me importaba. Mi cuerpo ardía, quemaba, dolía, cada fibra de mi ser pedía a gritos que parase esa exigencia física abismal. Pero no lo hice. Merecía sufrir por todo lo que hice. No era buena líder de compañía, no era buena novia, no era buena hermana y, sobre todo, no era buena persona. Los remordimientos me acosaron, mis demonios internos me persiguieron y estuve tentada a tirarme en frente de uno de los carros que pasaban que se quedaban abobados con la nieve que hacía. Pero no lo hice, aún no era tan estúpida o cobarde para acabar con mi patética vida. No supe cuánto tiempo corrí, pero si lo suficiente como para que el manto de la noche me alcanzase.

Mi pecho ardía, la disnea que tenía junto con la taquicardia era realmente aguda, me apoyé en una pared exhausta, sin ánimos de nada. Miré el cielo, nublado y sin ninguna estrella en el amplio cielo, igual a mis sentimientos. Me apoyé en la pared y me dejé caer, una de mis piernas la dejé extendida y la otra levemente contraída, vi mis heridas que habían dejado de sangran hacia unas horas. Las lágrimas aún corrían libremente por mis mejillas, me sentía peor que mierda. Era un asco de persona. No sabía hacer nada bien. Por un jodido ataque de histeria me había sodomizado mi brazo. Joder, como odiaba ser esa clase de persona. Bajé la vista y divisé levemente las cicatrices que tenía bajo mis pulseras. Jack. Jack vino a mi mente, sus esos en mis heridas me habían reconfortado en aquel entonces y, ahora que no estaría jamás conmigo, era cuando más lo necesitaba. Quería sentir un abrazo de él, alguna palabra de aliento que proviniera de sus labios, un beso en mi lesionado brazo, una caricia en mi rostro, algún contacto piel con piel, una sola sílaba proveniente de sus labios, no me importaba que, sólo quería algo que viniera de él y que me lo dijera a mí. Sólo eso necesitaba para que la poca cordura que tenía volviera a mí.

*Clap, clap*

Unos pasos.

*Clap, clap*

Escuchaba unos pasos cerca de mí, alcé el rostro y mi mundo se detuvo. Jack Frost estaba ahí, mirándome con ojos fríos, tenía sus manos en las bolsas de su chaqueta azul de mangas cortas, su cayo -que lo ayudaba a controlar sus poderes cuando se salían de control- estaba en su mano. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué me miraba así? ¿Se venía a burlar de mí? ¿Se mofaría de la persona que lo "engañó"? O simplemente venía por allí y se topó conmigo. No lo sabía. Pero la frialdad con la que me miraba no indicaba nada bueno, según tenía entendido, él no quería ya nada conmigo. Nos miramos mutuamente, en su antebrazo izquierdo pude ver heridas similares a las que yo tenía, no sé si estaba alucinando o mi vista me fallaba ya por tantas lágrimas soltadas, pero esas marcas juntas formaban "Elsa". Empezó a nevar a nuestro alrededor, mis lágrimas cesaron al verlo a él, no iba a permitir que me viese derramar lágrimas aunque por dentro estuviera más que rota. Miré a Jack a los ojos y, de nuevo, su magia surgió efecto en mí. Lo quería abrazar, besar, abalanzarme a él y llorar a su hombro. Pero no lo hice porque sabía que, aunque me doliese admitirlo, después de lo que pasó el día anterior, ya Jack no quería mi tacto en él jamás.

Continuará….

NOTAS DE LA AUTORA:

Primer*: El gato sin ojos es una creepypasta donde el "gato sin ojos" te quita tus riñones para comerlos :3

Segundo**: LOL Esto será idiota, pero a mí me divierte hacer derivadas xD también ecuaciones de primer grado LOL ._. Soy rara.
Cuarto****: PS3 = PlayStation 3

Quinto*****: ¬¬ Lo sé, tengo algo con las rimas :'C

Tercer***: Es ese pokemon que parece una pokebola gigantesca que estalla LOL

Sexto******: Igual que la escritora cuando estaba redactado esto…. ;n; moría del sueño.

CONTESTANDO COMENTARIOS:

MyobiXHitachiin: He, ironicamente, esa idea me vino de la nada LOL. Sí, la emparejé con Eric porque me gusta su pareja en crossover ewe LOL. :'C El "amiguito" de Jack sufrió después con la paliza(? LOL. xD Si, pero la mujer usas camisas holgadas que le cubren sus "proporciones".

MikoBicho-chan: LOL Hahahahahaha. xD Igual a mí, Elsa ruda me gusta bastante, tanto como Dark Elsa ewé. owo De hecho, en eso me baso, una vida cotidiana que Elsa anhela, pero que simpre estará en las sombras por su cargo como dueña de Arendelle. ¡YO YA ENTRÉ! -hace fiesta(?- ¡HOY JUSTAMENTE ME ENTREGARON LOS RESULTADOS Y ENTRÉ! No sé, quizá y conociendome, me seguiré desvelando para seguir escribiendo LOL. D: Pero no la puede ver, o el viejo bastardo la maltrata u.u ¡BYE!

leah frost: ¡MI FLAN Y SU SUPER AVATAR QUE AMO(?! D: ¡No mueras! ;www; ¡Me quedaré sin mi flan! ;o; Y con eso que ya no venden en mi escuela, me quedaré más solita(? uwu Bye~~~

Guest: Gracias. Así lo haré.

lalocanaye: Caracteristica de mis Fics: Meter a Bella y Adam hasta en la sopa(? LOL

Clary17: ¡YAY, JELSA! AU= Alternativ Univers, o, Universo Alternativo, género de FanFics donde a los protagonistas o personajes se les hubica en un periodo o espacio de tiempo ageno al de ellos. :3 Te comprendo, pero en mi caso, yo sería mi propio verdugo por decirlo de algun modo, así que yo mimsa me daño, yo misma me consuelo LOL. Y perdón por decepsionarte uwu, Jack no apareció mucho... pero tranquila, va a ir cobrando más protagonismo.

Orkidea16:Holiiiiiiiiiii No lo creo, Hans es idiota(?, D: ¡TODO HABRÍA VALIDO CHORIZO!(? uwu Si, eso esperemos. ;3 Como ya dije, algo muy mío es meter a esos dos hasta en la sopa. xD Pues eso ya te lo respondí en el Fic, más cortecia de dos costillas rotas por parte de Anna LOL.

Bloss Frost: ;n; No me has pasado el FanFic... Quizá la mencione en el próximo cápitulo, pero no te confirmo nada, ya sabes como es esto, debes inventar una cosa para la otra... =w= Pero tranquila, aparecerá... D: -se sonroja- ;/; Ay... ¡GRACIAS POR LA SUERTE! ¡PASÉ MI EXAMEN! ¡Y AHORA TENGO UN PESO MENOS DE ENCIMA! ._. Lo malo es que estoy en examenes... así que todo valió pito :3

katy: Bueno... No te puedo dar fechas exactas (no tengo) pero te puedo dar el orden conforme los voy subiendo: Copos de cristal, después, Rosas de Cristal y, posteriormente, Una Vida en Hogwarts.
REONORU: Te lo juro por mi amor al lemmon, no estaba fumada D: Lo mío es natural 100%

NOTAS FUMADAS DE LA AUTORA LOL:
Vale, ahora el siguiente Fic a actualizar es mi otro AU de HP, Una vida en Hogwarts, aproximadamente saldrá a mediados o finales de este mes, y, después a ese, el copo 10 de Copos de Cristal. Sin más que agregar, lo de siempre:
Sus comentarios me animan a seguir en esto, ustedes ponen el otro 50% de la historia, el restante lo hago yo y mi amor a este Fic (que es mi favorito hasta ahora de los que he escrito). Ahora si, nos vemos después.

Zakuro Hatsune.