Confundida Ladrona Enamorada.

Soñar no significaba nada digno de recordar, no para Rouge que no necesitaba de fantasías para obtener lo indispensable o lo que más pudiera desear en un momento de ocio total, como el contemplar su colección de joyas colocadas selectivamente en los diversos alhajeros que adornaban su tocador, junto a todo su ordenado maquillaje y frente al gran espejo en forma de corazón donde se arreglaba todas las mañanas. Sin embargo, aquello no quería decir que no existían sueños que lograban mantenerse en su memoria por mucho tiempo debido al nivel de impacto generado en su cerebro. Y éste último era uno de ellos, razón por la que se vio abriendo los párpados con facilidad en plena madrugada sobre la cama de hotel al que su cita la había llevado para culmuinar la noche.

Rouge contempló el techo, luego al pelirrojo que yacía a su costado en las almohadas sin sentir más interés de recorrer con sus dedos esos enormes pectorales, esos anchos hombros o ese tórax tan bien trabajado; todo el fuego carnal que le habían inspirado se terminó por apagar después de haberlo probado una vez, lo cual no la sorprendió ya que era lo común en esta clase de encuentros casuales. Estaba acostumbrada a su propia indiferencia con sus amantes fortuitos luego de una pasional intimidad, estimulada por el alcohol y la lujuria. Pero de tantos machos que captaron su atención, no entendía cómo terminó eligiendo a este mobian.

Le apetecía una masa muscular firme como la que este oso presumía pero ella no solía inclinarse por pelajes tan brillantes, pudo haber continuado su depredadora búsqueda, así que la curiosidad empezó apoderarse de sus cavilaciones cuando recordó el instante exacto en que este hombre la convenció; fue justo cuando se había sonrojado incómodamente por uno de sus tantos juegos de palabras sucios empleados para flirtear.

El conocimiento la consternó, pues sólo conocía a un individuo que reaccionaba así ante el menor coqueteo.

Hacía algún tiempo que sus gustos en machos eran cada vez más versátiles, parecían cambiar conforme al estado de ánimo aunque jamás llegaba a algo más de sus esporádicos objetivos, pero esta era una de esas raras ocasiones que se aventuraba salirse de un tipo especifico para ello que desde la adolescencia la cautivó; de otro modo jamás hubiese siquiera intentado seducir a Shadow en el pasado. Recordar al erizo la hizo levantarse del lecho, de alguna manera sintiéndose con el deber de presentarse al departamento que compartían junto a Omega antes que comenzara amanecer. Dudaba que Shadow estuviera preocupado por su paradero altas horas de la madrugada cuando ya conocía sus caprichosas actividades en sus tiempos libres pero era mejor prevenir, por eso comenzó a vestirse. No pasó mucho antes de que las cobijas de la cama hicieran ruido en la silenciosa atmósfera, llamando la atención de Rouge hacia su único acompañante del lugar.

—¿Te vas sin despedirte, nena? —inquirió el oso un tanto divertido.

—Te veías tan cómodo que me apenó la sola idea de arruinar tus dulces sueños.

—Está bien, no me molesta. Supongo que tuve suerte de despertarme para verte partir.

—Me divertí mucho, grandote —dijo Rouge guiñándole un ojo mientras terminaba de acomodarse la chaqueta—. Hasta luego.

—Oh, vaya. ¿Ni siquiera un beso de despedida? —La murciélago se giró para besar su palma y mandárselo con un soplo coqueto, inspirando una risa en el otro que desvió la mirada con cierta decepción—. No era eso a lo que me refería.

—Mis labios son sagrados, cariño. Recuerdo haberlo mencionado antes. Nada de besos.

—Que mal, esperaba haberte gustado lo suficiente. Quien se gane ese derecho sin duda será alguien muy afortunado.

Su casual comentario detuvo a Rouge de su camino un momento cuando una nueva duda impactó contra su entendimiento al respecto, generándole un pesado sentimiento de tristeza. Desde el principio ella nunca había permitido que los contactos de labios se efectuaran en estos encuentros, reservados únicamente a sus relaciones serias. Aún así, la razón de su incomodidad a tan inocente observación fue el sueño que la despertó.

— …Quizás —admitió antes de salir a paso apresurado de la habitación.

Recorriendo los pasillos del edificio rumbo a la salida, Rouge se permitió rememorar aquella fantasía de su subconsciente donde se visualizaba devorando la boca del equidna de la forma más hambrienta que jamás creyó posible, perdidos completamente el uno en el otro, absorbidos por una intimidad que Rouge nunca había estimado ocupar, especialmente no con alguien como él. Y mientras pensaba en las implicaciones para ello, consideró que fue un error haber vuelto costumbre meterse bajo su piel, ser tan constante en sus visitas y cada vez más ingeniosa con sus bromas dirigidas, pues de esa forma probablemente no hubiese desarrollado esos sentimientos de comodidad, amistad y amor hacia el guardián de la joya que tanto ambicionaba; estos no figurarían como un impedimento para por fin robarla cada vez que tuvo oportunidad.

Y es que no negaría que estar con él era agradable, sus luchas e intercambio de insultos fueron divertidos cada vez, le quitaron la tensión que arrastraba del trabajo; tales momentos habían evocado sensaciones cariñosas a medida que el tiempo transcurría en compañía del otro porque pese a la hostilidad inicial, todo era compañerismo entre ellos mientras recuperaban el aliento. Deteniéndose a mitad del camino para recibir la brisa, Rouge se acarició los labios con las yemas de los dedos, no prestando atención a las luces de fondo ni a los transeúntes que recorrían la avenida junto a ella. Se sumergió tanto en sí misma que no le importó obstaculizar un poco el flujo de citadinos sobre las aceras, demasiado intrigada para dejarlo pasar.

—Tal vez debí haber dejado que me besara durante el sexo —meditó tras recordar a su amante reciente, tratando de reemplazar sus obsesivos pensamientos hacia algo que no delatara el secreto que guardaba incluso de sí misma.

Aunque sólo fuera un desvío temporal, era mejor que admitir cuan interesada se encontraba en protagonizar un romántico encuentro sexual con Knuckles, así tal vez averiguaría sino era sólo lujuria lo que el guardián de la Master Esmerald despertaba en ella. Después de todo era absurdo imaginar que de verdad estuviese flechada por él.

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De vuelta a la sede de apartamentos, la murciélago ascendió con ayuda del elevador hasta llegar al piso que le interesaba, ahí no tuvo más remedio que caminar al fondo y girar a la izquierda para encontrarse frente a la puerta predilecta donde ingresó de manera ensayada el código que le permitió adentrarse a la esperada oscuridad. Una vez ahí hizo todo lo posible por guardar silencio mientras avanzaba a su recámara, temiendo alertar a sus compañeros de cuarto que sospechaba dormidos.

Fue una sorpresa descubrir la luz de la sala encendida y encontrarse a un erizo con los ojos cerrados sobre el ancho sillón. No sabía a ciencia cierta si sólo estaba descansando pero la imagen inspiró una sonrisa traviesa en el rostro de Rouge, la cual le incitó andar con el mayor sigilo posible con sus zapatos de tacón para quedar frente al presumiblemente indefenso erizo e inclinarse hacia él, susurrando dulcemente su nombre. Al no obtener respuesta pensó que sería una buena oportunidad para tratar de asustarlo, más sus planes fueron frustrados cuando vio a esos ojos carmines abrirse de golpe para contemplarla a escasos centímetros de su rostro.

—¿Estabas esperándome, amorcito? —La falta de reacción hizo a Rouge perder toda la diversión al respecto, procediendo alejarse con una mueca disgustada, pues Shadow sólo se le quedó mirando sin negar o afirmar sus suposiciones con esa -a veces molesta- expresión indiferente—. No eres nada divertido. Aunque me sorprende verte aquí tan tarde.

—No podía dormir —confesó con tono parco.

—Bueno, llámame loca, pero dudo que bebiendo todas estas mierdas energéticas sirvan de propósito —comentó con ironía al notar la presuntas latas posadas casi alfabéticamente sobre la pequeña mesa de centro—. Hay otras formas de conciliar el sueño y sinceramente dudo que sean lo más saludable para ti, déjaselas a alguien que no tenga tu velocidad.

—Omega podría electrocutarse si intenta consumirlas.

—Me refería a mi, genio —espetó de mal humor—. Ahora, si hay algo que te inquiete, lo mejor sería que lo hablaras antes de que te ahogues en un baso de agua.

—¿Te estás ofreciendo voluntaria?

—Estaba por sugerir a Omega pero no me importaría, después de todo ya estamos aquí y la verdad todavía no tengo sueño. —Al ver la oportunidad de ponerse cómoda de nuevo, Rouge no perdió tiempo en prácticamente tirarse junto a Shadow en el sillón, importándole poco la manera en que los resortes de todo el mueble saltaron, desnivelando la postura que el erizo negro había mantenido hasta entonces—. Te escucho —afirmó con una sonrisa.

Shadow desvió la mirada y volvió a cruzarse de brazos, un gesto que denotaba poca flexibilidad, algo a lo que Rouge ya estaba acostumbrada aunque a veces le gustaría fuese más abierto con ella después del largo proceso de convivencia que estuvieron obligados a atravesar. Ya que cuando pensaba que se estaban volviendo más cercanos, el híbrido se mostraba más reacio repentinamente. Ella había conseguido ver lados de Shadow que nadie nunca hubiese siquiera imaginado existían cuando le propuso intimar su relación de maneras poco saludables como compañeros de trabajo, pero ahora que estaban de vuelta a una relación amistosa era como volver a empezar y eso lograba frustrarla. Rouge quería darle comprensión al erizo pero en situaciones como esta se reconocía impaciente por cosechar algo más cómodo. Quería sentir que él la valoraba como su amiga, no como alguien a quien debe tolerar por el bien de las circunstancias.

—¿Recuerdas lo que te dije sobre la persona de quien estoy interesado?

—Si —respondió con seguridad, aliviada de que Shadow por fin se hubiese decidido hablar. Por un momento creyó tendría que marcharse a la cama sin haber obtenido nada provechoso de este encuentro imprevisto.

—He logrado acercarme... no mucho, sólo un poco. Eso es bueno, ¿no?

—¡Por supuesto que si! Todo avance, por muy pequeño que sea, es significativo.

—¿Lo es? —inquirió Shadow dedicándole un gesto dudoso, fue entonces cuando Rouge comprendió el motivo de su semblante tenso y tal la hizo sonreír con picardía. No lo culpaba cuando el pobre tenía nulas habilidades sociales pero no podía evitar pensar que era gracioso cuando Ultimate Lifeform estaba desvelado porque temía estar haciendo un pésimo trabajo de cortejo—. Borra esa sonrisa —le ordenó amenazante.

—Ehhh~ No puedo evitarlo~ —canturreó—. Es tan lindo verte esforzarte tanto.

—Cometí una equivocación, nunca debí hablar este tema contigo.

Shadow se levantó del sillón de golpe, dispuesto a irse cuanto antes de la sala cuando Rouge lo llamó sin recato, envalentonada por la pasividad que rara vez el erizo se permitía mostrar, por eso no se limitó recostar el busto sobre el respaldo del sillón para seguir con la vista el camino de su antiguo amante. Debía aprovechar la ocasión, ya que dudaba fuese a permitirle una segunda bulla en sus próximas conversaciones.

—Vamos, Shadow, es algo natural. No tienes que ser tan tímido~

—¿Quién está siendo tímido? —espetó volviéndose hacia la murciélago. Otros habrían entrado en pánico ante el disgusto en su voz pero no Rouge que había aprendido identificar cuando la violencia prometida que expulsaba de su aura iba en serio.

—Vamos, vuelve aquí. Aún no me haz contado de qué manera te acercaste —dijo ella recargándose en un puño.

—¿Qué quieres decir con eso? Simplemente recibí el permiso implícito de visitarlo. Al menos no parece odiar que esté cerca.

—Eso significa que será sólo cuestión de tiempo para que formen un lazo. Más contacto físico, más miradas intensas y pronto besitos —comentó imitando un escenario intimo cuando se abrazó a sí misma besando el aire, gestos por los cuales su compañero se removió incómodo.

— ...Es muy pronto para pensar eso.

—No estaría tan segura, hay sujetos muy precoces cuando se trata de amor.

—Oye —le reclamó Shadow en desacuerdo con la descripción.

—Esto es tan emocionante —confesó Rouge con sinceridad mientras corregía su posición en el mueble—. Verte tan decidido en obtener avances me ha inspirado a ponerme en marcha también. —Aquello captó la atención del estoico erizo.

—¿Sobre qué?

—He estado pensando en probar mis habilidades con cierto equidna —afirmó para absoluto desconcierto de Shadow—. Últimamente su simple recuerdo ha estado arruinando mi atención, así que probablemente logre aliviar mis dudas si me dejo de juegos y voy directo a la raíz del problema, ¿qué opinas? —Pero cuando volvió a enfrentar la mirada de su acompañante, su figura estática la sorprendió. A simple vista parecía tan serio como siempre, más Rouge pudo identificar algo más con ayuda de su bien entrenada intuición—. ¿Shadow?

El erizo tardó un momento en recomponerse pero al hacerlo su mirada desafiante congeló a la murciélago al instante, todavía sin comprender la razón de su comportamiento entre todos esos signos tan evidentes en su postura. Rouge lo había visto en mobians macho de tierras humildes protegiendo su territorio o a sus familiares como una invitación hacia los invasores de marcharse, así que estaba confundida del porqué Shadow lo usaba con ella justo ahora.

—Mucha suerte entonces —le dijo con frialdad antes de darle la espalda para desaparecer por el pasillo, dejando a una completamente confundida hembra en el mismo sitio.

Lo que acababa de suceder figuró como un misterio pero aunque lo llamó para resolver incógnitas, el Ultimate Lifeform no atendió por más que insistió. Rouge sabía por experiencia que era complicado sacarle cualquier cosa a ese erizo cuando ya se había decidido guardarse sus secretos, por lo que se rindió sin intentarlo más, de todos modos estaba cansada y debía comenzar a planear su próxima infiltración a Angel Island. Si lo pensaba, ya había abandonado al equidna esperando por un beso la última vez que estuvo allá, por lo que estaba segura estaría frustrado aguardando ansioso su regreso. ¿Y si lo invitaba siquiera llegar? Sonrió traviesa con la sola anticipación, sin sospechar un instante el dilema en que su compañero de piso se encontraba rodeado por la oscuridad de su habitación.

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Sin embargo, a pesar de toda la alegre planeación, Rouge no contó con la avalancha de misiones que aturdirían sus ánimos momentos posteriores, tampoco había podido comunicarse apropiadamente con Shadow este periodo, al menos no de forma personal, ya que compartieron objetivos nuevamente al ser los agentes de mayor peso gracias a sus habilidades. El erizo no se mostró tenso en su compañía mientras estos trabajos se desarrollaban pero eludía con brusquedad el menor indicio de conversación referente a lo ocurrido aquella noche, incluso varias veces se perdió de vista días enteros sin dejar una nota o un comunicado estándar con Omega como acostumbraban. Así que irritada y sin importarle más armonía alguna, Rouge voló hacia Angel Island sin avisarle de sus intenciones.

Y es que no tenía la obligación de soportar las niñerías de ese híbrido borde, pues si él no estaba dispuesto a comunicarse con ella como el casi adulto que era, entonces la murciélago no iba a rogarle; después de todo tenía mejores cosas en qué pensar: como atractivos iris púrpuras y pelaje rojo fuego.

Al vislumbrar desde las alturas al dueño de sus nuevas características favoritas, Rouge no se abstuvo de formar una instintiva sonrisa complacida, observando con cierta burla cómo el guardián rompía rocas no muy lejos de su puesto; supuso intentaba distraer su mente ya que no dejaba de gritar enojado mientras agitaba esas enormes manos con pinchos por encima de su cabeza. Ese equidna siempre le pareció un poco primitivo a Rouge en su actitud, similar a un cavernícola descubriendo los beneficios del fuego, más no era que la idea le desagradara o intentase insultarlo por esta descripción, todo lo contrario. De otro modo no estaría tan ansiosa por obtener un avance en su relación, no más esta conveniencia entre rivales. Ella estaba aceptando que quería más de él.

Con todo el sigilo posible aterrizó a espaldas de Knuckles sin siquiera mirar la gema desprotegida a su costado, más interesada en admirar lo lejos que el guardián lanzaba los trocitos de roca ya destruidos; sin duda los pensamientos atormentándolo eran lo bastante intensos para que no hubiese notado su presencia aún, él que era un experto detectando intrusos.

—¡Maldita sea! ¡Esta es la quinta vez en el día que pienso lo mismo! ¡No sucederá por mucho que lo piense! —se recriminó Knuckles con desespero. Rouge vio con esto conveniente hacerse visible al fin.

—Yo podría ayudarte hacerlo realidad si me dices qué es.

—¡Rouge! ¡Estás aquí! —La murciélago se deleitó con el pronunciado sobresalto del equidna y la vista de aquellas mejillas encendidas tanto por el susto como por la vergüenza de ser descubierto gritándole a la nada—. ¡Apártate de la Esmeralda!

—Tranquilo, tonto. ¿Acaso ves que estoy tratando cargarla? Vine por ti esta vez.

—¿Por mi? —Luciendo aturdido por la confesión, Knuckles sacudió la cabeza como si eso lo ayudara a romper un universo alterno efectuándose delante suyo—. ¡Déjate de juegos! Tú siempre estás buscando la manera de robarla, no me engañarás tan fácilmente.

—Me ofendes, mis tretas no son tan simples.

—¿Qué... ? ¡Tú... !

Con las mejillas rojas de ira, el equidna realizó un puñetazo que fue satisfactoriamente esquivado por su invitada indeseada, quien había aprendido que los ataques pasionales tendían a ser más torpes al igual de potentes. Sin embargo, Rouge aprovechó la posición para recargarse contra la espalda de Knuckles, consiguiendo su objetivo de paralizarlo en el instante que sus pechos se presionaron contra sus omoplatos. A Rouge no le molestaba que su cuerpo tuviera este efecto en los machos, de hecho su sensualidad había sido su mejor arma cuando se trataba de ganar la guerra ante voluntades de acero.

—Te prometo que no estoy aquí para molestarte, sólo quiero hablar.

—¿Ha-hablar? —En su interior Rouge se regocijó al oírlo tartamudear.

—Si hubiera querido la esmeralda, la habría hurtado mientras estabas distraído destruyendo piedras. Confía en mi, ¿si?

—Me estás pidiendo un imposible...

—No seas así, Knuckie. —El equidna se atragantó con el repentino apodo—. Incluso yo me canso de fallar tantas veces. Te propongo una tregua temporal. Hoy tengo ganas de conocerte más así que, ¿por qué no damos un paseo solos, tú y yo? Hace mucho que quiero hacer turismo por esta hermosa isla, si eso está bien para ti.

—Si tanto quieres tontear por ahí, ve tú sola.

—No sería lo mismo —se quejó cediéndole al otro el espacio que necesitaba para respirar con normalidad—. Si voy por mi cuenta estoy segura que me perdería detalles cruciales.

—No pienso abandonar mi puesto —declaró con aspereza, un gesto que pareció calar en el corazón de Rouge, encantada por lo varonil que percibía a ese mobian ahora que lo contemplaba más detenidamente—. ¿Cómo sé que no intentarás crear una distracción para volver aquí en tiempo record con ayuda de esas molestas alas?

—Oh, eso me está dando ideas —bromeó pero su severo anfitrión no lo asimiló de esa manera, así que se vio obligada alzar los brazos a sus costados en señal de rendición—. Está bien. ¿Qué debo hacer para convencerte que hoy quiero estar contigo más de lo que quiero la Master Esmerald en mi poder?

Después de pensarlo unos momentos con el ceño fruncido, Knuckles formó una mueca maliciosa en su rostro. Simplemente la idea que se le había cruzado por la cabeza simulaba como la solución más completa a todos sus problemas.

—Tráeme unas lianas, te amarraré con ellas.

—¿Oh? —La sugerencia sorprendió a la hembra—. Nunca imaginé que te gustaban ese tipo de cosas. Te he subestimado.

—¿Qué... ? ¡No! —replicó abochornado—. ¡Eso no es lo que yo... !

—¿Qué tal si mejor caminamos tomados de la mano? De esa forma me mantendrás cerca en todo momento e impedirás que mis «molestas alas» me brinden ventaja sobre algo que claramente no pienso hacer.

—Ni creas que te tendré consideración —advirtió.

—Sólo no aprietes muy fuerte —accedió tendiéndole la mano mientras le guiñaba un ojo.

Fue justo entonces que Knuckles se percató del acuerdo que acababa de cerrar, así que fue imposible que no mostrara resistencia de sujetar esa delgada mano que admiró más de la cuenta. Gruñó desviando la mirada, y tras unos segundos de cruda incertidumbre por fin bajó los brazos de su posición para cumplir su parte. La manos de Knuckles eran tan grandes que Rouge no tardó en experimentar calidez, preguntándose lo que este equidna pensaría de ellos dos recorriendo la isla de esta manera. Cuando comenzaron a caminar el guardián permaneció rígido, todavía mirando en todas direcciones como si esperase un asalto o que alguien más los viera y juzgara incorrectamente la situación. Rouge no pudo evitar reírse de esto un poco al reconocerse cómoda con el pensamiento de que los malinterpretaran; tal significaría meter a Knuckles en problemas y esa era su actividad favorita.

—¿Y bien? ¿A dónde quieres ir?

—Hum, dejaré que tomes esa decisión.

—¿No se supone que tú eres la interesada? —inquirió Knuckles fastidiado.

—Bueno, quiero que me sorprendas con un buen lugar, algo atractivo para variar. La cascada o una zona perfecta para un picnic, ¿quizás? Vamos, sé que puedes pensar algo.

Knuckles reflexionó en silencio tras recibir esos ejemplos. Por lo que Rouge apreciaba, debía estar clasificando en su mente los diferentes sectores en Angel Island, separando los lugares donde se reunían los chaos y zonas demasiado selváticas; seguramente nunca antes había contado con alguien interesado en recibir su guía de primera mano, así que la murciélago no lo presionó y aguardó paciente durante la caminata lejos del santuario. Mientras tanto se entretuvo mirando los rayos que se colaban como oro entre las abundantes copas de los arboles, los vientos adornando el ambiente con relajantes melodías. No eran piedras preciosas brillando a la luz de la luna pero no le desagradaba la vista en absoluto.

—¿Te gustan... las flores? —quiso saber Knuckles de pronto con obvio nerviosismo, creyendo haber hecho la pregunta más estúpida posible. Ciertamente Rouge no era amante a tales pero tampoco las odiaba, no le haría daño verlas fuera de un ramo.

—Si —respondió escuetamente.

—Entonces te llevaré a una zona donde podrás encontrar las más bonitas en enormes cantidades.

Al notar el inusual brillo en los ojos del guardián, Rouge tuvo que recordarse el verdadero objetivo de todo esto, pues nunca hubiese esperado que Knuckles se esforzaría hasta este punto en complacerla, por ello no tuvo más opción que continuar hasta las últimas consecuencias el paso firme que él estableció al siguiente instante, aparentemente emocionado por ver su reacción hacia algo relacionado con su hogar, su radiante sonrisa lo delataba. Era tan distinto del equidna malhumorado y tenaz con el que acostumbraba pelear, que Rouge no tardó en sentirse confundida por los latidos repentinos de su corazón. Ella sólo había querido asegurarse que no era más que lujuria lo que se anidaba en su cuerpo después de haber tenido contacto con aquel bruto mobian pelirrojo, no esperaba reaccionar con sólo verlo feliz.

No podía aceptar que ésta fuera la respuesta a su experimento.

El recorrido para llegar a su presunto destino no fue demasiado largo, por eso ella se mostró sincera en la sorpresa que le ocasionó el nuevo enfoque hacia la isla flotante; aquel campo de flores equivalía a un paraíso natural, imperturbable ante cualquier cosa que no perteneciera a su sistema silvestre. No sólo era la variedad de colores, las formas tan distinguidas en las plantas y aroma inundando el entorno se glorificaba por sí solo. Rouge hubiera pensado en aquel sitio como el lugar idóneo para levantar un negocio pero todo pensamiento relacionado acabó siendo alimento de la maravilla generada en su interior.

—Impresionante —comentó en un volumen muy discreto pero -para su infortunio- su acompañante la alcanzó a escuchar.

—¿Te gusta?

—No está mal, supongo.

—Mira, acá hay un muro con enredaderas de flores con doble color —señaló trotando hasta la estructura mencionada, no prestando atención al escaso entusiasmo con el que la murciélago lo siguió—. La última vez que estuve en Station Square vi que trataban de imitar algo así con flores artificiales, pero jamás podrán compararse a las reales —agregó con orgullo.

—Las usaría de cortina sino habitaran bichos en ellas.

—Aunque lo hicieras se secarían al instante.

—Ya lo sé, sólo decía.

—Oh, ¿qué tal éstas? —Agachándose hasta una altura más baja, Knuckles le mostró una serie de hierbas florales de inmaculado color blanco, las cuales parecían brillar con mayor intensidad, contrastando incluso con sus gruesos guantes de combate. Rouge se inclinó sobre ellas únicamente para comparar su tono con las del resto—. Se cierran cuando se hace de noche pero siguen abiertas cuando hay luna llena, ¿no es genial?

— …Son lindas, creo.

—Pero las estelares y mis favoritas son estas —dijo volviendo a trotar hasta una especie de flores gigantes color rojo que colgaban de ramas de árbol—. Crecen por toda la isla pero cumplen un papel importante en el ecosistema ya que sirven de refugio para muchos animales y además son las más fuertes, soportan el granizo como campeonas a diferencia de las otras. ¿Cuántas flores haz visto que hagan eso con tanta naturalidad?

—Curioso, me recuerdan un poco a ti —dijo Rouge para sorpresa del equidna, cuya mirada se cruzó con la de su acompañante casi al instante—. Siempre estás interponiéndote como el terco que eres por una buena razón. Dudo que yo pudiera aunque mi vida dependiera de ello.

—Eso es porque te falta disciplina.

—Me sobra disciplina, cariño. Sino fuera así no tendría la importancia que tengo en mi trabajo. Pregúntale a quien tú quieras y verás lo que te contestan.

—¿En serio?

—En serio —repitió acortando la distancia entre ambos de forma abrupta, indispuesta a dejar que el tema la distrajera de lo que estaba lista para implementar y lo hizo con una suavidad envidiable, tan sutil que Knuckles no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde—. ¿O acaso quieres probarme? No soy de las que se retractan.

—¿ …Qué estás haciendo?

—No creíste que hice todo esto únicamente para hablar contigo, ¿o si? Esto no se trata de la gema pero tampoco es simple coexistencia.

Antes de que pudiera reaccionar, Rouge capturó los labios del guardián en un casto beso, mismo que les arrancó a ambos toda lucidez que hubiesen conservado en el día. Los ojos abiertos en shock no captaron nada más que la visión de los párpados albinos cerrados, su respiración se detuvo igual que todos los sistemas de su cuerpo. El peso de Rouge lo llevó a recargarse contra el tronco cercano de un árbol, quedándose ahí mientras las manos contrarias acariciaban sus hombros con dulzura. El mundo pareció detenerse para Knuckles hasta que el aliento de la hembra se apartó y sus ojos verdes le devolvieron la mirada junto a una sonrisa, satisfecha con el resultado. La expresión en blanco del equidna tardó en teñirse de rosa pero cuando lo hizo despertó del ligero ensueño al que había caído. Por instinto se cubrió el hocico y empujó a Rouge ligeramente, sus pupilas revoloteando en busca de evadir posarse en ella.

—¿Qué fue eso? —cuestionó por inercia.

—Un beso, evidentemente.

—¿Por qué?

—¿Por qué no? —contrarrestó divertida. No se había esperado una reacción tan pasiva de todas formas, estaba lista para oírlo gritar y vociferar.

—No te pedí que lo hicieras.

—No sabía que debía pedir permiso para premiar por su paciencia a alguien que me gusta. —La manera en la que Knuckles reaccionó a sus palabras la intrigaron, ya que por un segundo él pareció recordar a alguien más por la manera en que sus ojos se abrieron y entrecerraron de nuevo—. ¿Qué ocurre? —cuestionó fingiendo no haberse sentido insegura por lo mucho que el equidna estaba tardando en hablar otra vez, casi podía admitir que se estaba sintiendo increíblemente nerviosa—. ¿No era esto lo que querías que hiciera?

— …Pensé que volverías a retroceder —confesó—. Como esa vez... es sólo que yo... maldición... —Incapaz de soportar su propio peso, las piernas del equidna flaquearon para caer lentamente hasta quedar a una altura reducida mientras su rostro igualaba el color de su pelaje, mientras tanto no dejó de cubrirse la cara—. Sólo... dame un momento.

—Oh, vaya, no pensé que te impactaría tanto. —Rouge se acarició una mejilla con el dedo índice con gesto pensativo—. Yo quería que llegáramos hasta el final este mismo día pero supongo que todavía es muy pronto para intentar algo más.

—¿Final? No sé a qué te refieres.

Rouge estuvo dispuesta a explicarle lo que tenía en mente si su comunicador de pulsera no hubiese recibido una transmisión en el momento que abrió la boca. Fastidiada revisó el mensaje electrónico, bufando descontenta al leer la misión sorpresa que le acababa de ser encomendada. Maldito fuera G.U.N. por interrumpirla en un momento tan importante. Juraba que cuando terminara, iba a reclamar unas bien merecidas vacaciones.

—Tengo que irme, continuaremos nuestra conversación otra ocasión, ¿de acuerdo?

—Si, si —le restó importancia Knuckles, despidiéndola con un movimiento torpe de su mano libre, aún recuperándose del tumulto de emociones que habían forjado una masa ardiente en su pecho.

Rouge tuvo la idea de darle indicaciones para que en su próxima reunión pudieran agilizar esta situación pero decidió dejarlo así, pues le apenó verlo tan abrumado por lo acontecido, más supuso que no podía culparlo tampoco. Sin embargo, mientras emprendía el vuelo y establecía una dirección concreta, algo dentro suyo se quebró. Siempre sintió bien que los varones la desearan, que fueran un desastre total por una intervención suya pero esta vez no experimentó ese gozo. Extrañamente le dolió tener que irse cuando Knuckles se encontraba en ese estado, sólo le habría gustado poder acompañarlo y resolver de una vez por todas lo que ella inició.

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La misión recibida resultó ser de rastreo, así que le llevó todo el día y toda la noche para darle su debida conclusión. No hubo tiempo para arrepentimientos ni cavilaciones sobre la mejor manera de haber conducido su confesión, así que una vez de vuelta al departamento, todo lo que quiso fue dormir. Pero cuando en el siguiente amanecer se encontró con Shadow en la cocina, alcanzó un punto en que no pudo aguantar un rato más su cortante trato, así que se decidió perseguirlo incansablemente hasta obtener una respuesta convincente de este deliberado distanciamiento.

—Shadow —le llamó posándose delante suyo—. Tenemos un asunto que resolver. —El erizo la eludió con facilidad, estableciendo rumbo a su habitación de nuevo pero Rouge estaba lista para cerrarle el camino sin mucha dificultad y su perseverancia tensó el ceño fruncido del híbrido al instante—. Hoy no te dejaré escapar, amorcito —declaró, desafiante.

Shadow trató de esquivarla otra vez pero Rouge se mantuvo en su posición, logrando que las miradas de ambos se penetraran en el contrario, intentando cavar entre sus corazas a la fuerza. En ese momento el robot que habitaba la cocina también reaccionó, dirigiéndole una mirada un tanto cautelosa a los dos mobians que parecían tercos a no dejarse intimidar por la determinación con la que yacían fijos en el suelo enfrente del otro.

—Detecto un alto nivel de hormonas agresivas en la atmósfera —puntualizó con cautela.

—Cuando nuestro querido amigo Shadow se decida actuar como hombre en lugar de ser un cobarde total, tal vez lo deje continuar su camino —espetó Rouge con mortal seriedad.

—No podrías evitarlo —aseguró Shadow.

—Si, eres la forma de vida definitiva pero hacer uso de tus poderes sólo estaría probando mi punto. Aunque no te culparía por tenerle miedo a una mujer.

—Apártate.

—No hasta que me digas qué pasó entre nosotros. ¿Fue algo que dije?

—Apártate —exigió tomándola de un hombro para hacerla a un lado con brusquedad, pero no contó con que Rouge lo tomaría de la mano como último recurso. Un gesto que discrepaba de la situación por su abundante ternura.

—Shadow, no seré capaz de comprenderlo si no me lo dices —Rouge trató razonar—. Este cambio entre los dos se dio de un momento a otro. No es justo que destruyas todo lo que logramos construir con años de convivencia. —La tensión en el cuerpo del erizo negro incrementó con aquella declaración, sólo eso ayudó a Rouge comprobar que algo estaba muy mal entre ellos, así que no tuvo más opción que presionar un poco más, sabía que de otra manera estarían atrapados en esa vorágine de enemistad por siempre y era lo que menos deseaba que ocurriera—. Sé que no eres ese egocéntrico altivo que todos creen, te he visto desplomarte de cansancio cuando te sobre-esfuerzas y llorar en silencio cuando algo te afecta. Y sé que algo de lo que yo hice te está molestando. Por favor, dime qué es.

— …Knuckles. —Rouge se congeló consternada con esa respuesta, por un momento creyendo que acababa de escuchar mal. Unos segundos el silencio se apoderó del lugar, generando un ambiente tan tenso que podría reventarse como cristal con un poco de presión. La cual incrementó cuando los ojos carmines del erizo se devolvieron a Rouge, demoliendo con su franqueza cualquier duda que la hembra hubiese intentado armar para protegerse de la bala—. Knuckles es el mobian del que te hablé antes. Es... de quien estoy interesado.

Y la cruda revelación golpeó fuerte contra el raciocinio de la murciélago, al fin dando sentido a todas las señales, comprendiendo el grave error que acababa de cometer.