Hola a todas y todos mis lectores, ¿Cómo han estado en este tiempo de mi ausencia? Vale, espero y perdonen que tan grande inactividad, pero es que ¡ya estoy libre! ¡Soy felizmente una estudiante graduada de la preparatoria! Si, por eso es que no he estado activa y por otros motivos que explicaré más abajo. Como sea, ya después les explicaré mejor. Sin más que decir, espero y disfruten esta nueva entrega.
₪ Rosas de cristal. ₪
Rosa seis: Jamás seré una muñeca.
— ¿Qué mierda haces aquí? — Me digné a preguntar sin mucho tacto. No estaba del mejor humor después de todo.
Silencio total.
Iba a volverle a preguntar de una manera más brusca para ver si así captaba lo que trataba de comunicarle, pero no me dejó, mejor dicho, lo que él hizo provocó que mi cerebro se derritiera y mi corazón se estremeciera. Jack. Aquel Jack frío que estaba frente a mí. Se agachó y, sin previo aviso, me tomó entre sus brazos. Su calor. Su olor. Todo era tan vivido. «No... No... No...», pero era demasiado para mí. Volví a llorar, esta vez en su hombro como debía de ser, me aferré a él, mis sentimiento eran una mierda total, mi mente estaba derretida y mi alma sólo gritaba su nombre. Las lágrimas seguían corriendo, pero no eran las únicas en ese abrazo. Jack, mi querido Jack, estaba llorando conmigo. Su llanto era como el de un pequeño bebé asustado, me aferraba con fuerza, como si en algún momento me fuera a desvanecer y dejar de existir, escuchaba que gimoteaba mi nombre sin parar. Algo había pasado, pues para que Jack estuviese llorando, nada bueno le debió haber sucedido. Eso me alarmó y preocupó más de lo que realmente estaba.
Lo alejé lentamente de mí, quería pregúntale qué le pasaba, qué lo afligía, a quién debía mandar al hospital por hipotermia; pero como de costumbre, no me permitió decir palabra alguna. Aun llorando, se inclinó a mi rostro y, ligeramente, besó mis labios. Me quedé estática, una voz en mi cabeza me decía que no debía responderle, que él había sido el idiota que me lastimó. Pero era inútil. Lo quería demasiado. Sus labios sobre los míos eran más que perfectos; era tímido, pues sus labios se movían lentamente sobre los míos; su sabor era el de siempre, a vaina de vainilla. Aquel beso fue tan dulce, me hizo derrite, todos los malos momentos pasados me dejaron de atormentar, las heridas dejaron de doler, mi mente dejó de torturarse a sí misma con ese pequeño acto. ¿Cómo es que él tenía ese poder sobre mí? ¿Cómo es que podía hacerme olvidar de mis problemas? Desde que lo conocí, siempre lograba hacer lo que nadie, ni siquiera Anna, podía lograr: Hacerme olvidar quien debía ser y sacar a mi verdadera yo sin importarme donde estaba. Pero sobre todo. Hacer que mis problemas desaparecieran.
— Elsa, perdóname. — Escuché decir a Jack cuando dejó mis labios. Sus lágrimas aún corrían por sus mejillas. — Fui un idiota al decirte esas estupideces, mis celos pudieron más que mi cordura. En serio, perdón, es sólo que... Jamás, en toda mi vida, había sentido esto por alguien. Eres la primera. Y, cuando vi a ese estúpido apunto de besaste y ver que tú no hacías nada, creo hice lo primero que se me vino a la cabeza y, pues... dije muchas cosas estúpidas. Soy un pedazo de mierda que no merece tu perdón o cualquier sentimiento que tengas por mí.
— Dijiste que no me amabas, que no querías saber nada de mí... — Dije con voz rota.
— Lo sé y me arrepiento de ello, estoy aquí para ti y no me volveré a ir jamás. — Me volvió a besar, con más dulzura que antes. — Eres mi cordura, eres mi vida, eres mi luz en este oscuro mundo, Elsa. Te has vuelto mi todo.
Esas palabras llegaron al fondo de mí helado y roto corazón. ¿Yo? ¿El todo de Jack? Las lágrimas recorrieron mi rostro de nuevo, ¿era acaso posible llegar a odiar a aquel muchacho que tenía frente a mí? Lo dudaba. Extendí mis brazos y lo apreté contra mi pecho. «Dios, por favor, haz que este momento jamás acabe», pensé al instante. Todos los malos ratos, los recuerdos dolorosos y las heridas desaparecieron. Me sentía en paz con Jack entre mis brazos. Las lágrimas corrían libremente por mis mejillas, pero no me importaba, Jack estaba conmigo ahora. Yo era la cordura de él y, a su vez, él era la mía. Jack era mi luz, mi paz y, a su vez, mi perdición total. Por un instante, sólo por un efímero momento, mi mente recordó donde estaba y a quien abrazaba. Me separé bruscamente de él y, lo que hizo sobrepasaba mi límite. Sonrió. No esa sonrisa de chico malo que siempre me daba, no, esta era diferente. Una sonrisa que se asemejaba a un niño pequeño en el cuerpo de un joven de diecisiete, transmitía una inocencia tremenda, tanta que caló mi alma por completo. Quería que siempre sonriera así.
— ¿Quieres irte de aquí, no? Alguien podría verte y reconocerte... — Sólo asentí nerviosa. — Anda, coge mi mano.
Alcé tímidamente mi brazo y, en ese momento, fuera del alcance del hechizo "Jack", mis heridas dolieron y ardieron. Hice un pequeño gesto y maldije en voz baja. Jack se volvió a agachar y me tomó del brazo esta vez.
— ¿Estás bien, El...? — Jack fijó su mirada en mi brazo y sus hermoso azules se abrieron por completo. — Elsa... ¿esto es lo que creo que es?
— No me vengas con eso, Jack, que tu igual tienes algo similar en tu brazo. — Argumenté hábilmente.
Vi como mi "ex" -si es que aún podía llamar así- me miró directamente, suspiró y alzó su antebrazo permitiéndome ver las heridas que tenía, formaban un nombre. «Elsa, mi Reina de las Nieves», eso tenía acuñado en su blanca piel, alrededor de las limpias líneas que formaban mi nombre y en el complemento, aún se apreciaba un leve tono rojizo, no se las había hecho hoy, pero si eran recientes.
— Hice esto por la misma razón que tú tienes las tuyas, me sentía realmente mal, quería verte, estaba frustrado, enojado, deprimido, tú ya debes saber cómo. Tomé una hoja de mi rastrillo y, en algún ataque psicópata o de histeria, inicié a escribir tu nombre en mi piel y todo lo demás. — Me explicó tranquilamente. — Bella ya atendió esto, me preocupan las tuyas ahora, aún sangran algunas.
— No quiero ir con Bella... — «Suficiente tengo conque Anna lo sepa, de seguro cree que estoy loca o algo así», pensé en ese instante.
— Está bien, tengo un kit de primeros auxilios en mi departamento, no está muy lejos de aquí y llegaremos en cuestión de nada volando...
— Espera. ¿Ir a tu departamento? — Dije incrédula.
— Sí, ¿por qué no? — ¡¿Es que Jack estaba loco?! Bueno, sí, si lo estaba...
— ¿¡Y el señor Norte!? ¿¡Si me ve en este estado y con estas ropas!? ¡No, no quiero ni imaginarlo! — Grité como histérica.
— Elsa... vivo sólo... Mi padre me deja sólo muy seguido... Es un buen sujeto, pero su trabajo es demasiado exigente. — Me aclaró con cierto tono de tristeza mi joven peliblanco.
— ¿No te gusta estar sólo? — Pregunté temerosa.
— Mi madre nos abandonó apenas nací, mi padre estaba todo el día en el trabajo para darme lo que necesitaba: Comida, ropa, educación y más. Los fines de semana (cuando no trabajaba) eran gloriosos para mí, se portaba como un papá normal: Me llevaba a jugar al parque, me compraba helado y siempre me hacía reír mucho. Pero casi siempre estuve sólo, odio la soledad. Así que un día decidí irme por mi cuenta, papá dijo que no era necesario, pero le dije que prefería vivir sólo, así tendría más tiempo para su trabajo y los dos nos veríamos como siempre, en sus días libres. — En ese momento me di cuenta que casi no sabía nada de Jack.
— Sé cómo se siente eso... Jack. — La tomé de la mano con dulzura.
— Lo sé, y por eso, no quiero que estés solas. — Me afirmó la mano y ambos nos paramos del frío pavimento. — Vamos, no quiero que tus heridas se infecten.
Jack me tomó de la cintura y remontamos vuelo. Jamás me sentí tan bien. El viento me soplaba en la cara, como cuando voy en mi motocicleta, por algo la adoro, era lo más parecido a volar que tenía; mi oreja pegaba en el pecho de mi amado, podía oír su corazón latir, rápido, como el mío, pero a su vez, tranquilizador para mi oído; las nubes por la cuela pasábamos terminaban con el agua condensada, estábamos ocasionando una nevada en pleno otoño. Miré hacia abajo y podía ver las luces de las casas, los faroles, los bares, hoteles, grandes empresas y los autos; todos juntos hacían un espectáculo hermoso, como si todas aquellas luces formaran parte un sólo todo. Pero mis ojos pronto captarían algo más bello que unas simples luces. El joven que me tenía entre sus brazos. Jack tenía fija la mirada en su camino, se veía feliz, como si fuera un niño pequeño al que su madre hubiese dado un obsequio que siempre quiso, su sonrisa era deslumbrante, más de lo que eran las luces abajo. Me tomaba con fuerza entre sus brazos, y no sólo para no dejarme caer al suelo -creo que estábamos a más de cien pies de altura-, ese contacto tenía algo más que no podría describir.
Después de un rato volando, Jack descendió en un callejón donde nadie podría vernos -creo que ver a una pareja aterrizando en plena noche no era lo más normal del mundo si estabas sobrio-, me puso delicadamente en el suelo y me soltó. No me gustó que me dejara de abrazar. Me tomó de la parte menos lastimada de mi brazo y me guio hasta un edificio departamental, antes de entrar, se cambió el color del pelo por el castaño que usualmente llevaba, se quitó su chamarra, me la colocó a mí y me puso la capucha para que el recepcionista no me reconociera. Entramos al edifico, lo conocía, una vez papá tuvo una cena ahí y nos llevó a todos con él. Era enorme, el color dorado predominaba en todos el lugar, un gran candelabro colgaba en el centro de la sala de espera, muebles finos por todos lados, gente con trajes y vestidos. Y yo. La única cría con jeans, una sudadera azul de magas cortas y capucha. La mira de todos se posó en mí, lo sentía. «Jo~der~, odio que la gente me mire», pensé mientras me abrazaba a mí misma ocultado las heridas y agachaba mi cabeza para que no la reconocieran, pero sobre todo, ocultaba mi cabello, es lo malo de tener un color tan extraño, lo podrían reconocer en segundos. No tardamos mucho, sólo pasamos de largo hasta el elevador, pero ese transcurso para mí fue más que eterno. Uno que otro comentario ofensivo para Jack logré escuchar, y todo ello por mi culpa, sólo esperaba que su imagen ante la sociedad no cambiara por aquel acto tan estúpido.
Llegamos al elevador, ese aparato debía estar hecho del más fino oro y piedras preciosas, y si no, era una genial imitación de ello, al fin me quité la capucha y dejé a rienda suelta mi trenza y pelo. Moví mi cabeza tratando de "acomodar" mi cabello un poco, con mi mano, acomodé el que caía en mi frente, lo jalé para atrás tratando de que no se volviera a ir al frente, no me gustaba el pelo en la cara. Vi como Jack se reía de mis acciones, me limité a darle un pequeño golpe con mi codo en la costilla, lo suficientemente duro para que lo sintiera, pero leve para que no lo dañara. En ese rato hablamos de cosas sin sentido, fue un momento relajando entre ambos, como debía ser entre nosotros. El tiempo no existía, el mundo se volvía negro, lo único que necesitaba para vivir era Jack. El elevador se detuvo y nos indicó que habíamos llegando a nuestro piso, las puertas del caro ascensor se abrieron permitiéndome ver un pasillo más que amplio, tenía una alfombra roja en el piso y platas metro a metro, era más que impresionante. Jack me tomó de la cintura y me guio hasta el fondo del pasillo, ahí, en la habitación "3572", nos detuvimos, vi como sacaba una tarjeta y la pasaba por un lector digital, automáticamente, la puerta se abrió dándonos acceso al interior. A veces olvidaba que Jack tenía tanto dinero como yo.
Entramos a su departamento, era más grande que mi casa, tomando en cuenta que nuestro hogar era el de nuestros abuelos, se lo dejaron a mi padre cuando ellos murieron. Jamás los conocí. El hogar de Jack tenía una sala enorme con un sofá de tales magnitudes como la habitación en sí, había un candelabro colgado del techo, tenía una televiso último modelo de leds y aire acondicionado donde sea. Mi compañero me pidió que lo siguiera, iríamos a su habitación. Cuando entré a su cuarto, juro que iba por mis cosas y me mudaba con él, ¡era el jodido paraíso! ¡El jodido paraíso! ¡Tenía pósters de Alice, Bayonetta, Bioshock, The Beatles, AC/DC, Ozzy Osbourne, Gun's and Roses, Three Days Grace, Panda, Blood+, L, Full Metal Alchimist y más cosas! ¡Figurillas de los personajes de videojuegos y animes que conocía! ¡Un estante con más de cien libros, mangas y cómics! Podría quedarme a vivir ahí por siempre. Al ver con un poco más de atención, divise su cama perfectamente presentada, todo lo contrario a la mía, un ordenador de última generación con una tarjeta gráfica externa que he deseado desde hace meses, pero que por culpa del viejo no he podido adquirir. Una televisión tan grande como la de la sala, en un anaquel, podía divisara cada consola de Nintendo, Sony y Microsoft conocida, yo sólo me llegué a quedar con mi Play3 porque según el maldito anciano, esas máquinas sólo servían para distraerme del mundo real. «El mundo real es una mierda», recuerdo que llegué a pensar, mejor dicho, sigo pensando eso.
— Siéntate en el piso, ya vengo con la caja de primeros auxilios, debe estar en mi baño. — Me pidió Jack y yo le obedecí, no era mi casa después de todo.
Pasaron algunos minutos antes de que Jack saliera con un estuche blanco con una cruz roja, me pidió que le extendiera los brazos y así hice. No lo hubiese hecho. ¡El muy desgraciado me puso alcohol en las heridas! ¿¡Tenía una jodida idea de cuánto arde esa mierda!? ¡Pues mucho! ¡A que Bella le hizo esa broma y ahora me la quería hacer a mí! Decir que solté insultos es poco hablar, creo que agradecía que en el piso donde él vivía casi nadie pudiese costear la habitación, porque si así fuera, los reporteros estarían ya afuera con sus cámaras pidiéndole a Jack una entrevista sobre porque se escuchaban gritos tan desgarradores y con tanta cantidad de vocabulario obsceno. ¡Es que esa mierda ardía como si un metal candente fuera estampado en mi piel! Okey, ni tan así, pero entiendan, el dolor si era molesto. Solté algunas lágrimas, improperios, y maldije todo lo que veía hasta que Jack me vendó un brazo. Cuando fue con el otro, quizá me había cansado de gritar y todo eso, sólo sentí el ardor, cogí algún objeto que tenía por ahí cuya forma era desconocida para mí y lo mordí. Eso fue todo antes de que me vendara y el dolor fuera soportable. Pero aún ardía.
— Listo, pequeña llorona. — Se burló de mi Jack.
— No soy llorona, esa mierda arde. — Dije sin mucho ánimo, estaba exhausta.
— Ajá, claro. — Se mofó. — ¿Y ahora qué?
Pero nuestra charla fue interrumpida con el sonar de un celular, si mi odio no me traicionaba, era "I don't wanna stop" de Ozzy Osbourne.
— ¿Hola? — Atendió el celular.
— ¡Jack! ¡Dios, dime por favor que Elsa está contigo! ¡Son las nueve y no ha regresado a casa, tengo miedo de lo que podría hacer! ¡La última vez que la vi tenía heridas en todos los brazos! ¡Jack, por favor, dime que la tienes! — Era Anna, su voz tenía la preocupación escrita en todas sus ondas.
— Anna, tranquila, si, aquí está conmigo. Todo está como debe ser, curé sus heridas, todo estará bien. — Trató de calmarla Jack.
— ¡Dios, gracias! Es muy tarde para que la traigas y no quiero que venga en taxi, ¿podría quedarse en tu casa?
— Claro. — Aceptó el sin decirme, aunque tampoco me iba a negar.
— Cuídala, ¡y no le hagas nada! ¡No quiero ser tía tan joven! — Y en ese momento, colgó.
— Entonces... ¿qué hacemos? — Interrogué curiosa.
— Pues... estamos los dos solos... ya sabes... acá arriba nadie a excepción de Merida, Punzie o tú pueden costear estos precios... Y pues... Ya nos reconciliamos... ¿No? — Sus preciosos ojos azules tenían una chispa juguetona.
— ¿Cuándo te volví a aceptar como mi novio? — Interrogué divertida.
— ¿Después de dos besos no me has perdonado? — Chilló como un infante.
— Te perdoné, idiota, más no te dije que volvía a aceptarte como mi novio. — Bromeé, era más que obvio que lo había aceptado de nuevo.
— Oh, gran Elsa, ¿Me concedería el honor volver a ser mi pareja? — Me pidió con suma aristocracia mientras hacía una reverencia.
— Para mí sería un agrado volverle a aceptar como mi pareja, señor Frost. — Le acepté al más puro estilo de la alta sociedad.
Las risas y carcajadas se apoderaron de ambos, el ambiente se había aplacado y nos miramos a los ojos. Nos perdimos en nuestras miradas. Una idea se asomó en nuestras mentes, una idea que sólo a nosotros dos se nos ocurriría. Nos sonreímos. Esta noche sería divertida. Los gritos se escuchaban a más no poder, mis brazos dolían, pero seguía en plena acción, un gruñido salió de los labios de Jack, nuestras miradas estaban fijas en el mismo punto, las vibraciones estaba al mil por hora, nuestras respiraciones estaban aceleradas, el ceño de Jack estaba fruncido y yo sonreía a más no poder, estaba a mi merced en ese momento, un gemido se escuchó, pero no me importó, estaba en la delantera en esos momentos, sólo faltaba un poco para que llegara al límite, unos cuantos segundos más antes del punto culminante apareciera. Tres... Dos... Uno... ¡K.O! ¡Y vi claramente como mi hermoso personaje -Morgan- se alzaba victoriosa en la pelea! ¡Le había ganado a Jack en uno de los juegos de pelea que tenía! Mis brazos dolían por el vibrar del control, juro que casi sudé con esa pelea, Jack dio un gruñido tan potente que no pude evitar dar una carcajada. ¡Yo, Elsa Arendelle le había ganado!
Desde hace ya dos horas veníamos peleando en ese juego, él gana una ronda y yo la otra. Todo inició cuando decidimos jugar un rato, encontramos un disco sin nombre y descubrimos que era un juego de "Marvel VS Capcom", él eligió a Spiderman y yo, a Morgan, una vampira con mayas que deseaba tener en mis manos de cabello verde azulado, como el de Hatsune Miku. Jack se había mofado de que aquella vampira sólo servía para dar gemidos cada vez que era golpeada. Obviamente no iba a dejar que ese chico de pelo cambiante se burlara de mi hermoso personaje, así que le dije que le podía ganara con aquel ser con cualquier personaje que eligiera, que total, el resultado sería el mismo. Y lo fue por ciento veinte minutos. Empate tras empate, así fue como el marcador estuvo hasta que, claro está, le gané en la última batalla. Cuando vi el "YOU WIN" de mi lado de la pantalla y a Morgan saltando, casi la imito, disfruté el juego, pero más aún, me encantó ver el puchero en los labios de Jack mientras se cruzaba de brazos. Era como ver a un niño pequeño, sus labios formando una trompita, su ceño fruncido y su cabello se tornó blanco de nuevo. Unas ganas inmensas de abrazarlo me invadieron, era más que tierno. «Joder, se ve como un niño pequeño... Me hace sentir como una pedófila. Aunque técnicamente lo seria, yo ya voy a cumplir los diecinueve y él hasta dentro de dos meses tiene los dieciocho...»
Me puse frente a él y le dije que ahí estaba la prueba, Morgan le había ganado a su Hombre Arana, sólo conseguí que me diera la excusa de que yo lo distraía. ¡Já! ¡Como si yo tuviera la culpa de que se distrajera viéndome! Aunque era mentira, puesto que ambos estábamos concentrados en la pantalla y por mi mente no se me pasó la idea de distraerlo... Aunque quizá y algún día lo haría. Mientras seguía tratando de hacer que Jack aceptara la derrota, algo me llamó la atención detrás de él. Una sombra. Dejé de molestarlo para poner más atención a aquella extraña silueta: Tenía unas orejas grandes, una colita esponjosa, pero media como dos metros de alto, algo sobresalía en su espada y movía aquellas largas orejas de un lado a otro. Me alcé calmadamente e inicié a andar hacía la dirección de la sombra. Tenía curiosidad, de seguro era una de las bromas de Jack. Mientras caminaba en dirección de aquella sombra escuché algo correr, mejor dicho, saltar. ¿Jack tenía un conejo? No, en estos lugares no podías meter animales, aunque con lo que pagaba el señor Norte por el departamento de Jack, creo que si se lo dejarían tener. Me di media vuelta y me tragué un grito. Junto a Jack había un conejo enorme ¡parado en dos patas viéndome! Tenía un bumerán en su espalda y marcas en la piel semejando a tatuajes.
— ¿Y está quien es, niño? — «¿¡E-E-El conejo ha hablado!?», pensé casi con terror.
— J-J-Jack, esta broma tuya es muy pesada, ese conejo parece demasiado real. — Tartamudeé mientras señalaba al ser gigante.
— ¿Lo puedes... ver? — Comentó mi novio con voz quedada.
— ¿Verlo? ¡Es un maldito conejo de dos metros! ¡Estaría ciega si no lo viera! — Chillé.
— ¡Hey! ¿¡A quien le dices "maldito conejo", mocosa!? — Me reprendió el roedor gigante.
— No es momento para esto, conejo, ella te puede ver...
El ambiente se puso pesado, el conejo que anteriormente tenía el ceño fruncido lo cambió a uno melancólico acompañado con el de Jack. Eso no me estaba gustado para nada.
— Jack... ¿qué pasa aquí? — Interrogué.
— Anda, niño, dile. — Lo animó el conejo gigante.
— Elsa... tienes poderes de hielo, ¿verdad? — La pregunta se me hizo estúpida, pero asentí. — Vale, pues esté qué vez aquí, es el Conejo de Pascua. Y no me digas que no lo crees, porque sería idiota viviendo de alguien quien puede hacer nieve y hielo.
«Buen punto, si yo puedo hacer eso, ese conejo gigante que habla deber ser el mismo Conejo de Pascua. Estoy demente por aceptar eso, pero tiene lógica en mi mundo donde eso no existe», pensé mientras suspiraba.
— Lo siento, niña, se supone que no tendrías que verme a tu edad... — Se disculpó el mítico ser, disculpa la cual no entendí muy bien.
— ¡No, conejo, debe ser por otra razón que te ve! — Se alarmó Jack. — ¡Quizá es por sus poderes!
«Okey... ¿acaso me perdí de algo importante?»
— Chico, Merida se convierte en oso, Hiccup tiene un dragón y Rapunzel tenía un cabello mágico, y ninguno de ellos me ha logrado ver excepto tú. Y sabes muy bien la razón de que alguien de tu edad o la de esa chica me logren ver.
— Eh... ¿Puedo saber que pasa aquí? — Interrumpí algo incómoda.
— Dile. — Ordenó Conejo.
— Elsa... no es normal que veas a conejo a esta edad... Las únicas personas que logran verlo son aquellas cuyo corazón está a punto de sumirse en la oscuridad total y necesitan algo para volver a hacer que brille... — Narró Jack como si aquello se lo supiese de memoria.
— Esperanza. — Interrumpió conejo mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en la pared. — Lo que yo represento es la esperanza, un nuevo comienzo, ese es mi centro y lo que tú necesitas.
— ¡No! ¡Debe haber otra explicación!
— ¡No la hay, niño! ¡Tú lo sabes bien! Tú descubriste la razón por la cual me veías...
— ¿Esperanza? — Agaché mi cabeza y sonreí, pues sabía que era cierto. — Jack, Conejo tiene razón... La esperanza murió en mi cuando mis padres igual lo hicieron y, cada día después, murió más. Hasta qué claro, te conocí. Tú me diste amor y con él, un poco de esperanza.
— Pero no esperanza pura. — Intervino Conejo de nuevo, lo vi acercase a mí y puso su pata en mi hombro. — Tranquila, niña, juro traerte esperanza hasta el fin de tus días como se lo juré a este chico.
— Gracias, Conejo. — Quise llorar, pero me contuve, ya lo había hecho mucho hoy.
— Bueno, dígame, ¿cuál es su relación en sí? — Se interesó mientras se alejaba un poco de mí el ser mítico.
— La misma que hay entre el Hada y tú. — Soltó Jack entre risitas.
— ¡¿Qué?! ¡¿Cómo lo…!?
— ¿Existe igual el Hada de los Dientes? — Solté casi incrédula.
— Sí, y es novia de este Canguro, ¿puedes creerlo? Me pregunto cómo es que lo soporta. — Se mofó Jack y vi a Conejo enfurecer.
— ¡Respeta a Hada, mocoso! — Le reprendió mientras le daba un golpe en la cabeza, esta vez yo fui quien rio.
— ¡Oye, eso do...! — Pero Jack no pudo terminar la oración.
Pasos. Demasiados pasos. Todos estridentes. Vi a Conejo mover las orejas rápidamente, jamás había escuchado tantos pasos así de rápido. Jack y yo corrimos hasta la puerta y, antes de que llegáramos a ésta, escuché la voz del que seguro en alguna vida pasada fue mi verdugo. El anciano. Me puse pálida, mi cuerpo se quedó estático, mi boca se secó, mis ojos se abrieron como platos, mis cejas se arquearon y un empecé a sudar frío. ¿Qué hacía ahí? ¿Cómo sabía que me encontraba en ese lugar? Nadie me había visto, Jack me ocultó casi perfectamente, sólo se me quedaban mirando por la ropa que usaba. En ese momento me vino la respuesta a la cabeza: Habían espiado la llamada de Anna, de alguna forma, lograron saber con cual "Jack" me encontraba y por eso estaban ahí.
— ¿Elsa, estás bien? — Me interrogó Jack tomándome del hombro.
— Es el... El anciano, viene por mí y quien sabe a dónde me llevará. — Respondí con una mezcla de terror y desesperación.
— Jack, llévate a la chica, yo me encargo de estos señores. — Ordenó conejo mientras sacaba de algún lugar unos huevos pintados.
— ¿A dónde la llevaría? — Interrogó Jack tomándome de la mano.
— Llévala a la montaña del norte, a la cumbre más alta, ustedes dos y yo podemos sobrevivir ahí sin problemas. Pero para un hombre común, tardaría algunos días en llegar. — Resolvió el ser imaginario mientras nos sonreía. — ¡Rápido, vuela niño!
Ambos nos miramos entre nosotros, luego a Conejo y asentimos. Hora de irse. Aún sujetados de las manos, corrimos a la ventana que daba a la calle que estaba en el cuarto de Jack, con ayuda del viento, se abrió y ambos saltamos por ahí. Apenas el aire nos sostuvo, Jack me aferró de la cintura y emprendimos vuelo. Por más extraño que parezca, nadie nos logró divisar en pleno vuelo, viré la cara para contemplar que pasaba en el departamento de Jack, desde el pequeño umbral donde se empezaba a cerrar la hoja de cristal, mis ojos sólo pudieron apreciar a varios hombres con traje saltando de allá para acá, al anciano insultado a todos y gritando mi nombre con desesperación. Abajo de nosotros, en el estacionamiento, habían varios carros negros y una ambulancia que decía "Manicomio: El País de las Maravillas", y apoyados en las puertas de ésta, dos sujetos vestidos de blanco y uno de ellos con una camisa de fuerza. ¿¡El anciano me quería internar en un jodido manicomio!? De acuerdo, sabía que mi salud mental no era buena, que tenía problemas de socialización junto con algunos psicólogos -está bien, oía una voz en mi cabeza, pero a diferencia de cualquier otro loco, ésta me ayudaba a no hacerme tanto daño-, pero aun así, ¡estaba jodido del cerebro! ¡¿Quién dirigirá "Industrias Arendelle"?! Anna aún era menor de edad y sin mí a la cabeza, ¿quién sería el líder?
Ignorado aquel tema, seguimos volando hasta llegar a la montaña del Norte, antiguamente, mi ciudad era un reino próspero, inclusive, mi padre contaba que en nuestra familia corría la sangre de los reyes de aquel reino. Pero jamás le creí. Jack me bajó y sentí la nieve bajo mis convers, el frío al instante llegó a mi piel y, a pesar de que no me molestaba, igual sentía frío. Miré en dirección a la ciudad, el ruido era apagado por la distancia, las luces se veían muy a lo lejos, como si fuera una ilusión. Estiré mi mano y mi guante salió volando, en ese momento caí en cuenta de algo realmente importante: Había escapado. Había escapado del anciano, de la empresa, de las normas sociales, de lo que yo debería ser. Una melodía se escuchó en toda la montaña, era hermosa, no me importó indagar de donde venía, sólo sabía que era más que bella y que en aquel instrumental todos mis sentimientos estaban perfectamente plasmados. Mi mente empezó a trabaje a mil por hora, mi alma daba las órdenes a mi cerebro para que todos lo que sentía fuera expresado en palabras, versos, estrofas. Un poema que sólo mi amado que estaba a mi lado entendería o sólo aquella persona que ha sufrido algo similar al encierro que viví podría descifrar.
— La nieve pinta la montaña hoy, no hay huellas que seguir... — Inicié a cantar, me di media vuelta y comencé a caminar.
— La nieve brilla está noche aquí más, ni una huella, queda ya. — Escuché a Jack entonar igual, lo miré y sonríe.
— En la soledad un reino, y la reina, vive en mí. — Miré atrás, pero sólo vi la media sonrisa de mi amado.
— Eres la reina en un reino, de aislamiento y, soledad. — Caminé unos pasos adelante de él y miré al cielo.
— El viento ruge y hay tormenta en mi interior... — Sentí sus brazos alrededor de mí.
— El viento aúlla y se cuela en tu interior.
— Una tempestad que de mi salió.
— Lo quisiste contener, pero se escapó. — Cantamos al unísono.
— Lo que hay en ti, no dejes ver. — Me zafé de su agarre y caminé adelante.
— No dejes que sepan de ti. — Me respondió, por así decirlo, pareciera que él cataba una respuesta a mi entonar.
— Buena chica, siempre debes ser. — Hice un ademan con las manos imitando al viejo amargado.
— Que no entren, siempre te dijo a ti. — Jack voló por encima mío.
— No has de abrí, tu corazón. — Con mi brazo derecho aún vendado, hice como si lo negara, pues así era siempre.
— No has de sentir, no han de saber... — Escuchaba a Jack cantar entre susurros.
— ¡Pues ya se abrió!
— ¿¡Ya qué más da!? — Nuestras voces sonaron en perfecta sincronía.
Tomé mis guantes, me los quité y los solté, era hora de liberarme. No más secretos. No más Elsa falsa.
— ¡Libre soy, libre soy! — Canté mientras jugaba con mis poderes.
— ¡Suéltalo, suéltalo! — Me animaba Jack.
— No puedo ocultarlo más. — Hice un muñeco de nieve con ayuda de mi don.
— No lo puedes ya retener. — Jack sobrevolaba feliz de verme al fin dejar salir todo.
— ¡Libre soy, libre soy! — Alcé los brazos y drené mis poderes al cielo, justo a los costados del cuerpo de mi amado.
— ¡Suéltalo, suéltalo! — Entre aquellas oraciones, lo escuchaba reír.
— ¡Libertad sin vuelta atrás!
— ¡Ya no hay nada que perder! — De nuevo en unísono.
— ¿Qué más da? — Hice espirales de mi lado derecho.
— ¿Qué más da? — Repitió Jack mientras se ponía de cabeza delante de mí.
— No me importa ya. — Volví a hacer espirales, sólo que del lado izquierdo.
— Ya se descubrió. — Mi joven novio se puso a escasos centímetros del suelo, pero aun flotando y riendo.
— Gran tormenta habrá... — Amenacé al cielo.
— Déjalo escapar. — Me seguía animado Jack.
— El frío es parte también de mí. — Acepté. Al fin me había aceptado.
— El frío a ti nunca te molestó. — Me reprochó Jack, después de todo, él lo sabía mejor que nadie.
Nos miramos, sonreímos y caminamos hasta la mitad de la montaña. Era más que genial. El viento en mi cara era asombroso, el frío invadía cada parte de mi ser, pero no me importaba, era finalmente libre.
— Desde la distancia, pequeño todo es. — Recité mientras volteaba a ver al horizonte.
— Desde la distancia, que pequeño todo es. — Me secundó Jack mientras volaba en reversa.
— Y los miedos que me ataban.
— Y los miedos que te aferraba.
— ¡Muy lejos los dejé!
— ¡Muy lejos los dejaste! — Cantamos a dueto.
Volví a virar sobre mis talones e inicié a correr hasta la cumbre, pero en mi camino, una abertura impedía que llegase hasta la parte más alta.
— Voy a probar, que puedo hacer, sin limitar mi proceder. — Canté mientras con mis poderes fabricaba una rústica escalera.
— Eres libre y ahora intentarás, sobre pasar los límites. — Me respondió Jack.
— Ni mal ni bien obedecer...
— Ya no hay más reglas para ti...
— ¡Jamás! — Puse un pie en el escalón de escarcha y vi maravillada como se volvía hielo sólido.
— ¡Por fin! — De nuevo, en sincronía con mi amado.
Sonríe a más no poder, era increíble. Extendí mis brazos e inicié a correr por la escalera que, a cada paso que daba, se volvía hielo más que firme. Era grandioso.
— ¡Libre soy, libre soy! — Entoné lo que se convertiría en el coro de la canción.
— ¡Suéltalo, suéltalo! — Jack volaba por arriba de mí.
— ¡El viento me abrazará! — Metaforice, pues adoraba sentir el viento en mi cara desde siempre y ahora que lo podía controlar, era genial.
— ¡Que el frío reine ya! — Aclamó mi amado mientras creaba una pequeña nevada.
— ¡Libre soy, libre soy!
— ¡Suéltalo, suéltalo! — Cantamos coro.
— No me verán llorar. — Prometí falsamente.
— ¡No volverás a llorar! — Jack me apoyaba en eso.
— Y firme así, me quedó aquí. Gran tormenta abra. — Alcé mi pierna y di un pisotón, en la planta de mis pies se formó un inmenso copo nevado que sería la base de mi castillo imaginario.
— ¡Aquí estás, y aquí estarás! ¡Déjalo escapar! — Respondió Jack a mi canción principal.
Con mis manos hice señala de cargar algo pesado, pero en realidad, quería que del suelo se alzaran las columnas del castillo que tenía en mi mente. Fue grandioso. Veía como ante mis ojos lo que tenía en mi mente se materializaba.
— Por viento y tierra mi poder florecerá. — Mientras cantaba, le daba más toques a mi bella creación.
— En la entrañas de la tierra puedes entrar. — Coreó Jack un poco más bajo.
— Mi alma congelada en fragmentos romperá. — Alcé de nuevos mi manos para formar el hermoso techo de hielo.
— Tu alma crece y hace espirales sin parar. — Mientras entonaba, Jack daba vueltas alrededor de mí.
— ¡Ideas nuevas pronto cristalizaré! — Advertí y, de inmediato, un hermoso candelabro surgió.
— Y un pensamiento en ti surgió y cristalizó. — Respondió Jack a mi canción.
— No volveré jamás. — Sonó el móvil del trabajo, ¡y yo que pensaba que esas cosas sólo pasaban en las películas! Lo miré y sonreí. — ¡No queda nada atrás! — Lo tomé y lo tiré, como ya había cantado, no volveré jamás.
— Ya no regresarás, ¡el paso ya pasó!
Vi claramente como mi amado congelaba las pulseras que alguna vez ocultaron mis marcas. No estaba muy orgullosas de ellas, pero ahora eran parte de mi como mis poderes.
— ¡Libre soy, libre soy! — Con mis manos me desacomodé mi pelo dejando caer algunos mechones en mi rostro.
— ¡Suéltalo, suéltalo! — De nuevo, los ánimos de Jack se escuchaban.
— Surgiré como el despertar.
— Subirás con el amanecer.
Pasé mis manos por mi ropa, donde antes estaba una simple blusa, ahora había una hermosa chaqueta azul fuerte; abajo de ésta, estaba una blusa de botines cuello "v" desabotonada hasta donde era sensualmente permitido; mis viejos pantalones fueron desapareciendo dejando una falda relativamente corta, llegaba unos tres o cinco centímetros arriba de la rodilla; unas mallas con adornos de copos cristalinos se formaron en mis piernas, eran del mismo color que el conjunto y, finalmente, mis convers desaparecieron dejando en su lugar unas hermosas botas altas con un tacón de tres centímetros a lo mucho. Estaba totalmente cambiada, ahora expresaba quien realmente era.
— ¡Libre soy, libre soy! — Canté mientras echaba atrás mis manos para que, al insiste, se formaran nuevas pulseras con logotipos de copos de nieve.
— ¡Suéltalo, suéltalo! — Coreaba Jack mientras me veía abobado, creo que casi se le caía la baba.
— ¡Se fue la chica idea! — Anuncié más que feliz.
— ¡La farsa de acabó! — Jack voló a mi lado y en su rostro se veía una radiante sonrisa.
— ¡Firme así, a la luz del sol! — Extendí mis manos para recibir al astro rey que, ahora que estaba en una montaña fría, ya no me afectaba tanto.
— ¡Que la luz, se haga otra vez! — Mi amado y yo caminamos -él voló- en dirección al alba.
Me paré en secó, tomé aire y grité.
— ¡Gran tormenta habrá! — Alcé los brazos y la cara permitiendo que los tenues rayos del sol me acariciaran.
— ¡Déjalo escapar! — Cantó Jack mientras se ponía de cara a cara conmigo.
— El frío es parte también de mi.
— El frío a ti nunca te molestó. — Terminamos juntos.
Al final vi mi obra maestra a detalle, era precioso, ese castillo de hielo a pesar de estar vacío, era más que bello. El hielo era azulado, pero adquiría los colores del entorno -en este caso un amarillo claro por estar amaneciendo- dándole un aura especial, olía el aire frío a mi alrededor, el sonido de aquella melodía con la que había interpretado aquella canción se desvanecía de poco a poco, Jack estaba a mi lado y sonreía como jamás había visto antes en todo el tiempo que lo llevaba conociendo. Todo era hermoso. Lástima que la suerte no estaba de mi lado. Solo pude ver unos cuantos segundos mi hermosa creación, porque apenas sonreía, mi castillo empezó a temblar. Alguien intentaba derrumbar la puerta de mi palacio. Miré a Jack con ojos aterrados, el sonido de la puerta cayendo me alarmó, tenía miedo, el hielo que había a mi alrededor se tornó color rojo, mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas. «No... No... No... No quiero volver, no quiero ser de nuevo la muñeca de alguien más... ¡quiero vivir mi jodida vida!» eso era lo único que quería, vivir mi propia vida. Tan solo eso. Como si alguna fuerza extraña se apoderara de mí, o quizá era la que venía padeciendo desde hace algunos años, una ira colosal empezó a recorrer mis venas. El hielo que antes era rojo, ahora era de un color amarillo intenso, había descubierto una nueva habilidad de mis poderes, lástima que no era en las mejores condiciones. Jack se puso a mi lado, extendió s mano, de ésta salió una especie de niebla que de poco a poco fue adquiriendo consistencia y, de repente, apareció su bastón que usaba para controlar sus poderes. Luego le preguntaría como hacía eso, pero por ahora, tenía cosas más importantes que atender.
Alcé una mano y él su báculo, estaba lista para enfrentar lo que sea. Pero jamás me imaginé exactamente que mis "enemigos" traerían un "haz" bajo la manga, un haz de cabellera roja e inocente. De la puerta salieron primero dos sujetos con traje negro, los conocía, eran la seguridad de Waselton. Aquellos dos tipos venían armados, si mi experiencia jugando al GTA no me fallaba, eran pistolas calibre 5mm. Con esas cosas yo no me metería. Pero eso al parecer no lo entendían ellos, pues apenas me vieron, me apuntaron con sus pistolas y dispararon. Escuché un: "¡Hijos de perra!" venir de Jack, cerré los ojos y alcé mis manos como si aquellas de inmediato se volvieran a prueba de balas y salvaran mi patética vida. CRACK. El sonido del cristal rompiéndose, o en este caso, hielo atravesado. Abrí los ojos y, ante mí, había un gran trozo de hielo con una bala atravesada. Me alteré al ver aquello, y más cuando noté que el otro sujeto apuntaba a Jack, ni ceño se frunció. Dos podíamos jugar ese juego. Lancé un rayo que dio exactamente en la mano haciéndole tirar el arma, casi de inmediato, Jack arrojó otro pero al hombre que estaba detrás de mí. Era hora de demostrar el poder del hielo. Lancé otro rayo, esta vez haciendo que del suelo salieran picos de hielo que clavaron sus extremidades y tronco a la pared de hielo, aparte de que una de aquellas púas heladas quedó a milímetros de su garganta. Morir era decisión de él. Ahora el otro. Apenas se estaba reponiendo del ataque sufrido de Jack, era ahora o nunca. Hice una plancha de hielo, lo fui poniendo entre aquella gran masa helada, él ponía todas sus fuerzas para no perder contra mi poder, pero estaba fuera de mí, y no iba a perder contra aquel fortachón con traje. Lo arrinconé a tal punto que rompió la puerta que daba a mi balcón, estaba a nada de caerse. Jack, mi voz de la razón, me advirtió de lo que estaba haciendo. Gracias a él, no me volví una asesina.
Mientras bajaba mis manos, pasos resonaron entre las paredes de mi castillo, miré hacía el umbral y, ahí, estaba toda la seguridad de industrias Arendelle guiados por el viejo, todos tenían miradas gachas y apenadas, después de todo, sólo ellos conocían lo mal que aquel hombre me trataba. Algunos estaban más que apenas y bien que tenían motivos. Apresada de manos, amordazada y con lágrimas en los ojos, estaba Anna. Atrás de ella, venía Hans con una sonrisa más que desquiciaste. Me enojé, realmente me enfurecí. Alcé mi mano para atacarlo, pero el anciano jaló a Anna enfrente de mí y sonrió. En los ojos de mi hermana se veía el miedo, quien sabe qué demonios le habrán hecho a mi pequeña hermanita, sus hermosos orbes azules estaban teñidos de rojo, irritados, la había hecho llorar, eso jamás sé los iría a perdonar. La ira volvió a mí, drené mi poder en el suelo creando a un gigantesco hombre de nieve, no sabía cómo había hecho eso, pero lo hice. Aquel gigantesco hombre nevado rugió detrás de mí, sentí el aire fresco detrás de mí, pero en ese instante el bastardo anciano sacó un arma de quien sabe dónde y apuntó a mi hermanita.
— ¡No hagas ningún movimiento, niña! — Gritó el viejo. — ¡O la bastarda muere!
— ¿Qué quieres? — Pregunté.
— Quiero que seas una buena niña, regreses abajo y jamás vuelvas a estar fuera de mi supervisión, pero sobre todo, que no seas la niña majadera que fuiste ayer.
— ¿¡De qué demonios hablas!? ¡Sólo me fui algunas horas! ¡Horas! — Grité.
— ¿¡Y!? ¡Tu eres mía! ¡Y no intentes nada con esos poderes tuyos! — «Oh, mierda...» reaccioné.
— ¿Creías que no sabía nada? ¡Ja! ¡Que idiota eres! Ahora, haremos como que tuviste un ataque de esquizofrenia, te declararemos mentalmente inestable y, mientras esta pequeña cumple la mayoría de edad, yo me haré cargo de Industrias Arendelle, ¿de acuerdo? — Me advirtió.
Vi la mirada suplicante de Anna, pero temía más por ella. Agaché la mirada y caminé lentamente hasta donde él estaba.
— Muy bien... así me gusta mi muñeca de porcelana. — Ese comentario picó mi orgullo, pero aguanté el impulso de insultarle. — Y con respecto al joven... pueden matarlo.
— ¿¡Qué!? — Chillé, ¿matar a Jack? ¡Sobre mi cadáver! — ¡Todo esto es entre usted y yo, Jack no tiene nada que ver en esto!
— Él fue el que inició todo esto. ¿Pensabas que tus aventuras fuera de la oficina me eran indiferentes? ¿Crees que no sé quién es este joven? ¡Que ilusa! Vamos, su muerte sólo hará que Norte se deprima y así podré adquirir su empresa. — Miré a Jack quien estaba tan o más sorprendido, le dije mudamente que se fuera y, gracias al cielo, entendió la señal.
Mi querido peliblanco alzó su bastón y, con una fuerza que creí no tenía, azotó el báculo contra el piso y creo una tormenta de algunos segundos, pero lo suficiente como para que cuando la nieve se despejara, él ya no estuviese. Entre el revuelo de la tormenta, alguno de los hombres de seguridad me inmovilizó contra el piso, su peso me terminó de romper las costillas faltantes -o eso creía yo por el dolor que sentí-, mis manos fueron juntadas en mi espalda y esposadas. Un pequeño susurro de disculpa se coló en mi tímpano, aquel sujeto fornido sabía que me estaba lastimando, era de los que me cuidaban siempre a petición del conjunto de ancianos. Cuando la visibilidad volvió, me di cuenta que ya no tenía escapatoria. El viejo se me acercó y, con una sonrisa más que malévola, alzó su arma y me dio en la nunca. Todo a mi alrededor de oscureció, lo último que vi a dura penas fue a mi hermana llorando, agitada y con los pómulos rojos de ira. Le sonreí tranquilamente, le metí vilmente diciéndole que todo estaría bien, y después de eso ya no supe más. Mi destino lo sabía a la perfección, me tomarían y me llevarían al manicomio de la ciudad donde cada año más de cuarenta pacientes desaparecían "misteriosamente" y cincuenta jóvenes más compartan el mismo destino por jugar a "Buscar los Holders" en ese lugar.
Cuando volví a cobrar noción de mí, me dolía a morir la cabeza y el tronco -por obvias razones-, traté de tallarme la cabeza. Pero no podía mover mis brazos. «Joder», pensé al ver la razón de mi inmovilidad. Me habían colocado una camisa de fuerza. Aquella prenda tenía manchas cremas y olía a viejo, algunos cabellos me caían directamente en los ojos, moví mi cabeza para quitarlos y pude ver en deplorable estado en el que me habían dejado: A parte de la notable vieja camisa de fuerza, tenía puesto un bozal en la boca, un pantalón blanco con manchas de ¿eso era sangre? «¿¡Qué demonios!?», pasó por mi cabeza al ver las notables manchas de sangre. El pantalón me llegaba cinco centímetros arriba del tobillo y estaba descalza sin calcetas, en mi tobillo izquierdo tenía una clase de cadena que estaba sujeta a la pared donde estaba recostada mi espada. ¡Pues estos quienes se creían! ¡Sabía que ese bastardo anciano era un desalando, ¿pero encadenarme como un perro?! ¿¡Qué demonios tenía en la jodida cabeza de mierda!? Me paré apoyándome en mi espada, de poco a poco, tratando de no magullarme más de lo que ya estaba. «Mierda, si Bella me ve en este estado me va a dar un regaño colosal...», pensé tratando de quitarle peso al asunto que era más que serio.
Contemplé mi nueva jaula, en sus mejores días había sido blanca de seguro, ahora sólo era un color crema amarillento. El suelo era acolchonado, eso me impedía caminar bien y mi estado en general provocaba que perdiese el equilibro cada cinco minutos. En las paredes habían palabras y dibujos hechos con un material rojizo que prefería ignorar los origines. Cosas como: "Déjenme", "cállense de una maldita vez", "quisiera morir", "sáquenme de aquí", "¿la locura existe? o la sociedad la inventó para aquellos que no son como los demás" rezaban en las paredes. En medio de este, había una pintura enorme, me quedé helada -más de lo que normalmente estoy- al analizarla. Con el mismo material de las palabras, un exquisito cuadro de Anna y de mi estaba impreso en la pared amarillenta, abajo de este, podía leer en la caligrafía de mi madre -jamás olvidaría el estilo de letra de mamá- las palabras: "Quien sea que lea, cuando salgas -si es que "él" no te mata antes- comunícale a mis hijas: Elsa y Anna Arendelle, junto al señor North Frost que están en grave peligro, que no confíen en aquel que dice cuidar el negocio familiar. Es un asesino" apenas terminé de leer aquello, escuché que alguien golpeaba algo. Como cuando golpeas un vaso de plástico. Viré en dirección del sonido y, ahí, parado mirándome como un animal, estaba el maldito anciano de mierda que me había encadenado.
— Oh, así que ya te diste cuenta de eso. Era una lástima, tu madre era una excelente pintora, talento que heredaste tú. Podía haber seguido viva si se casaba conmigo, pero ella se negó a dejar al estúpido de tu padre... Así que la tuve que encerrar aquí junto a él para que muriesen... Son fuertes, estrellé un tráiler contra ellos y siguieron vivos. — Soltó el mayor como si fuera lo más normal del mundo.
Mi universo se detuvo por completo, ¿mis padres no habían muerto en un accidente? ¿Ellos seguía vivos después de eso? ¿Aquel bastardo que tenía frente a mí era el responsable de su muerte? ¿¡Cómo demonios no lo supuse!? Jamás encontraron los cuerpos reconocibles de mis padres y no se hizo un estudio de ADN para comprobar que eran ellos. Ellos habían pasado sus últimos días aquí, donde yo ahora pasaría los míos, quizá y la vestimenta que traía le perteneció a mamá o papá. No sabía qué hacer. Todo lo que creí alguna vez se vino abajo, como mi cuerpo en ese momento.
— ¿Creías en serio que tus padres habían muerto en un accidente? ¡Ja! ¡Eres más ilusa de lo que pensé! — Lo escuché reír a través de aquel plástico. — Tu padre era un idiota, jamás entendió que los negocios "oscuros" son la clave para que una empresa surja. Cuando creó aquel grupo de las "columnas" o como sea que se llamen, supe que tenía que eliminarlo. Así que, te presento el lugar donde tu querido padre y madre murieron.
Me enfurecí, me tiré contra aquella barrera plástica transparente, pero fue inútil. No lo pude romper. El viejo sólo sonrió al ver mi fracaso evidente, se dio media vuelta y me dejó ahí. Sola. Me caí de rodillas e inicié a llorar. Jamás pensé que esto acabaría así. Yo en un manicomio -bueno, eso no me sorprendía, pero si por qué llegue ahí-, en el mismo lugar donde mis padres murieron, miré la pintura y pensé en Anna. *«Dios, o quien sea, sé que no soy mucho de hablar contigo... pero... por favor... cuídenla... Has que se vaya con Kristoff, quien sea, pero mantenla alejada de este jodido mundo de mierda. Ya mucho a sufrido por mi culpa. Ella es mi única esperanza que tengo ahora. No sé dónde estará Jack, pero espero que no me busque. Te imploro, que encuentre a la chica indicada y que me olvide. Sabes que lo amo, si, lo admito, ¡lo amo! ¡Él es la segunda persona más importante en mi patética vida! No quiero que nada le pase a él o Anna... Déjame abandonada aquí, no merezco nada... pero... Al menos... Ellos dos merecen la esperanza, y sin ellos la tienen, yo la tendré», rogué mientras lloraba. Eso era lo único que podía hacer. O bien, eso pensaba yo hasta que una voz me sacó de mis pensamientos.
— Uy, qué mal te vez, niña de hielo. — Esa voz... conocía esa voz. — Vamos, tienes que salir de aquí.
Volteé mi cara y, de entre las sombras, surgió conejo. Se puso a mi altura y me quitó el bozal que me impedía hasta hablar.
— ¡Por Hombre de la Luna! ¡¿Quién te hizo esto?! ¿¡Creen que eres un animal!? — Refunfuñó mi amigo peludo.
— Algo similar, ¿qué haces aquí? — Pregunté.
— Tu pediste esperanza para los que amas, pero para ellos, tu eres su esperanza. Y para ambos, eres irremplazable. ¿Pensabas que con ofrecer tu propia libertad ellos serán felices? — Me cuestionó Conejo.
— Pero, si yo le quedo aquí... Si Anna huye, será feliz y si Jack se involucra con otra, dejará de ser cazado... — Vi a mi amigo mitológico fruncir el ceño.
— Claro, que Anna huya con el remordimiento de dejarte y sea infeliz por tu culpa y que Jack se meta con otra teniéndote a ti en su mente todo el tiempo, que justo es para la chica, ¿no?
— Pero...
— Pero nada, Elsa, tú no eres así. ¡Vamos! ¡Te estoy ofreciendo esperanza y tú no la tomas! ¿¡Seguirás siendo la muñeca de aquel viejo!? ¡¿O te levantarás, romperás la porcelana que está sobre te tu cuerpo y serás libre al fin?! ¡Deja de tener miedo!
Quizá fueron las palabras que me dijo Conejo, o su misma magia, pero algo en aquel momento me hizo darme cuenta que lo que decía aquel ser era cierto. Yo estaba harta de ser la muñeca buena que aquel bastardo quería que fuese, ya no quería tenerle miedo, ya no quería que me siguiera manejando a su antojo. "La chica perfecta se ha ido".
— Vale, Conejo... Tienes razón. Basta de sentir temor. — Me paré y lo miré a los ojos. — Gracias, ahora sé qué debo hacer.
Me paré y concentré mi magia alrededor de mí, el chaleco que me mantenía cautiva se fue congelando a tal grado que lo pude romper. De inmediato, hice aparecer de nuevo mi ropa: La chaqueta, las pulseras -esta vez con púas-, mi pantalón y las botas geniales que me llegaban hasta arriba de la rodilla de agujetas. Pasé mi mano por mi cabello dejándolo todo para atrás, remangué mi chaqueta hasta por debajo de los codos dándome un aspecto poco femenino, pero más de acuerdo a mi actitud en general, con un ademan de manos creé unos guantes con púas tipo motociclista, esos guantes servían para que mi poder fluyera con más exactitud y, en algún momento de euforia, no lastimara a terceras personas. Adiós Elsa sumisa que vestía como una señorita de sociedad y a la última moda en cuestiones administrativas, hola nueva Elsa, rebelde, con el estilo que a mí me gustaba y representaba mejor mi carácter aliviando, sin preocupaciones, algo frío -pues eso era parte de mi ahora- y algo arrogante; hola a la Elsa que no le temía a nada, que pensaba que la sociedad era basura. Estaba lista para esto. Miré a conejo y le sonreí, caminé hasta la puerta de mi cárcel y me quedé viendo la perilla unos minutos, ¿sería demasiado tarde para arrepentirme? «¡No, Elsa, no puedes!», «Pero, si no lo hago, aún Anna y Jack se salvarían y...», «Elsa, tomaste una decisión», «Estúpida voz en mi cabeza... ¡a la mierda todo!» cogí el picaporte y lo congelé por completo haciendo que la puerta cediera.
— Vamos, Conejo, es hora de romper la porcelana.
Continuará…
NOTA DE LA AUTORA:
Único*: :c Sabes que todo va mal cuando Elsa ruega. Otra cosa, no quiero comentarios negativos por esta parte, cada quien es libre de creer en quien quiere.
CONTESTANDO COMENTARIOS:
MyobiXHitachiin: Porque~~~ eso fue a escondidas(? Si, lo sé, pero amo el drama xD Jack es mi reina del drama mientras que Elsa la persona más simple del mundo (aunque debería ser al revés, en fin, soy rara)
Meiliing: ¡No! D: ¡Amo hacer que Elsa sufra!(? [Sí, debo dejar mis sentimientos por r9K], Eh… no… -si, adora hacer sufrir a sus personajes- xD Vale, esas otras preguntas se responderán en el fic.
Marianixlove13: Eh.. ¿Hola?
MikoBicho-chan: D: No me odies, bueno, si… Ya me acostumbré a ser odiada :B LOL suele pasar(? ¡Arriba mi estado normal, la eterna depresión es genial!(? Eh, no. LOL. xD Si, lo terminaré. Esa cosa me consume día a día :C pero igual la flojera y falta de recursos para escribir uwu.
Clary17: LOL Pues aquí está el capítulo, o rosa.
Orkidea: Yo soy extraña, y por ende, mis ideas igual.
Katy: Sí y no :B mucho lemmon para ustedes por ahora (?
Bloss Frost: D: ¡Todos tienen esa errada idea! ¡GUY NO IBA A VIOLAR A ELSA! ¡SOLO SE CAYERON PERO LA IBA A FORZAR A SEGUIRLO BESANDO! ;m; Awwwww :'3 Gracias. Y no, no sigas con eso, créeme, no es bonito ver después las cicatrices….
SilverMoon: ¡Gracias!
jelsanatica: Eh… ¿Hola? Etto… ¿Esto no debe estar en "una vida en Hogwarts"? Y no, no habrá nada cursi… no soy de las personas que hacen cosas miel e.e No, no habrá lemmon en "Una vida en Hogwarts" ni en este. Ya la escuché y quizá lo use para algún otro fic. También la escuché, y quizá la use de inspiración algún día.
Andrea Frost Queen: :3 Y lo hará.
DeAtH tHe RoSe: D: ¡No metas a los pliegues femeninos en esto!(? asklhdkasjdhasjkdhwiohdasdjkah xD Si, lo hicieron y no les funcionó(?
FrozenGirl: Holi :3
DELIRACIONES DE LA AUTORA:
¿Qué les pareció el fic? Espero que interesante. ¿Les gustó nuestro dueto musical? Normalmente Jack no canta, pero como es MI fic, lo hice catar ewe muahahahahahahaha. Desde hace muchas semanas (creo que inclusive meses) he tenido esa idea en mi cabeza desde que escuché la versión "masculina" de "Suéltalo" en Youtube, entonces me di cuenta de algo curioso, que parecía una clase de contra parte u otro punto de vista de "Libre soy", y en ese momento, mi cabecita loca empezó a trabajar y así nació esa parte donde Jack y Elsa cantan juntos.
Cosa importante: El capítulo 7 de "Una vida en Hogwarts" saldrá TAAAAARDEEEEEEEE porque trabajaré en el final de este FanFic, si, así es, este es la penúltima Rosa de "Rosas de Cristal" (tengo algo con el número 7). Después de que acabe esto, me dedicaré a "Una vida en Hogwarts" cuyo título cambiaré a "Una vida mágica" por ciertas cuestiones y cambios de trama LOL, y cuando acabe ese Fic, empezaré mi nuevo proyecto de verano que se hará llamar "Darkness".
¿Quieren más información? Contáctenme por aquí con un PM, Tumble: zakuro . hatsune. Tumblr. Com o jelsaspanish. Tumblr. Com. Twitter [Si, me creé un Twitter y no un Facebook porque el Facebook me da flojera] L_HZakuro xD de vez en cuando publico cosas sobre el trabajo. Ahora sí, nos vemos dentro de poco.
Zakuro Hatsune/ Zakuro Liddell/ Renee Liddell.
