¡HOLA A TODOS! ¿Cómo están? ewe esta vez les he traído el FanFic antes de tiempo, ¡lo pude acabar en medio mes! ;W; Por cierto: Feliz día atrasado de San Valentín. Yo la pasé forever alone pues nadie tiene los suficientes pantalones para declarárseme(? LOL xD Como sea, espero y disfruten este nuevo capítulo. Como saben los que ya me han leído, y por los que no les explico: Al final de cada FanFic está la sección de "Contestando comentarios", si comentaste, ahí aparecerá la respuesta. Y como esta vez les puse una encuesta, los votos estarán ahí. Sin más que agregar, espero y les guste.

Una vida en Hogwarts

Capitulo uno: Los novatos llegan.

Capítulo 2: El amor no nace en un día.

¿Cómo había llegado a eso? No lo sabía. Ahora estaba sentada en la sala de detención por golpear con su magia al pretendiente de su hermana que la había hecho llorar con ayuda del chico que estaba a su lado jugando a hacer copos de nieve con su varita mágica. Miraba a aquel muchacho de pelo blanco que en ese mes se había vuelto su confidente, su cómplice y, en su corazón, un sentimiento nuevo había nacido con aquella experiencia tan amarga que la joven de pelo platino había vivido en aquellos treinta días de haber iniciado el curso escolar. Y lo peor de aquella experiencia. Y la razón por la cual aún no se había arrepentido por estar ahí sentada en la sala de detención siendo vigilada por el Sr. Norte quién le había puesto en sus manos unos guantes parecidos a los que ella portaba, sólo que a diferencia de los de piel azul, estos estaban forjados con arena extraída de la piedra filosofal con cadenas atadas a una gigantesca máquina, cuya función le era desconocida, que provocaba a un mago promedio que su magia fuese anulada. Claro que en el caso de Elsa. Esa baratija sólo hacía que su magia se volviese la de un mago promedio. Era que la satisfacción de haber golpeado a aquel "príncipe" nadie se la quitaba.

Mientras la jóvenes estaban en detención, Anna se encontraba esperando a su hermana detrás de la puerta de aquella sala, estaba agachada abrazándose a si misma ocultado su cabeza entre sus piernas sintiendo la vergüenza, ira, tristeza y culpa en su corazón. Una de las personas que más amaba en el mundo estaba en aquella sala con unas extrañas cosas en las manos, eso no estaba bien, ella no debía estar ahí. Elsa no era debería estar encerrada con los alumnos "busca problemas". ¿Por qué no le había hecho caso a su hermana mayor? Ella era más sabía, por algo estaba en Ravenclaw -o eso pensaba Anna-. ¿Por qué no escuchó el llamado de su corazón? ¿Por celos? ¿Por ver que siempre aquella joven de cabellos platinos estaba rodeada por aquella chica gótica que le exigía su total atención? ¿Simplemente por reproche por aquellos tres años que no estuvo con ella sabiendo cuanto la amaba y necesitaba? Si, todo eso jugó un factor muy importante. Anna era egoísta, ella lo sabía, pero aún así quiso jugar a los enamorados perfectos sin importar lo que su hermana, quien siempre fue su voz de la razón, le decía. Había sido una estúpida. Ahora tenía que esperar a su hermana a que saliera de aquella sala, la vería, le pediría disculpas y le abrazaría dándole las gracias por haberla protegido incluso que fuese su culpa que tuviese que estar ahí. Y sobre todo. Le pediría disculpas por las marcas dejadas en su piel que de seguro le dolían aún.

Todo empezó cuando Merida, Elsa, Anna, Eugene, Rapunzel, Jack, Mavis y Hiccup fueron al bosque "prohibido" que ya no era tan prohibido para los tres veteranos. «¿Cuándo dicen que una cosa es prohibida, lo es en verdad? ¿O sólo es prohibida para aquellos que no se aventura a ver a la cara aquel peligro y descubrir que era lo que se ocultaba en verdad? ¿A caso los sentauros les atacan apenas les ven? ¿A caso un dragón cuando no es tentado ataca a aún indefenso humano?», esa era una de las metáforas que Bella les decía a los jóvenes cada vez que ella y su novio, Adam, los llevaban a aquel bosque donde ni el más valiente mago, tanto novato como veterano, se animaba a poner un pie en el interior. Las leyendas y mitos eran muchos, mitos y leyendas que aquella joven de cabello castaño siempre quiso averiguar si eran ciertas. ¿Quién diría que ahora sus "aprendices" llevaban a un grupo nuevo de novatos al interior de ese bosque mientras repetían las palabras que alguna vez Bella les dijo? Si aquella hermosa chica estuviese con ellos, de seguro les sonreiría y les guiaría a un nuevo lugar.

Aquel bosque era realmente grueso, sino fuera por la experiencia de los veteranos magos los novatos se hubiesen perdido al acto. Ramas se estrellaban contra la cara de Kristoff y Jack quienes eran los últimos, Elsa cuidaba de la seguridad de Anna, Rapunzel y Mavis, la pobre rubia platinada terminó con rasguños en su cara, moretones y despeinada por tantas veces que evitó algún accidente a las tres jóvenes hechiceras. Aún les quedaba un largo camino por recorrer. Hicupp iba en la delantera, después de todo, el había sido quien había dado la idea de ir al bosque para mostrarles "algo" a sus camaradas. Merida le seguía los talones, el pequeño chico era su mejor amigo en todo el mundo, tanto como Eugene era el mejor amigo de Elsa. El joven castaño con barba iba el tercer lugar caminando tranquilamente sin preocuparse, ese bosque le era tan amenazante como el gran comedor a la hora del desayuno.

Llegaron a un gigantesco árbol, según la ubicación de los cuatro mayores, ese gran árbol debía ser el centro del bosque. Según recordaban los cuatro, siempre que iban con Bella a aquel lugar, les decía que si alguien se perdía, siguieran las ramas gruesas, pues llegarían con el viejo árbol quien los cuidaría hasta que ella los fuese a buscar. En más de una ocasión ese árbol tuvo entre sus ramas, en aquel tiempo, a uno de los niños que ahora eran más grandes. Tuvo a una Merida cuyo llanto se podía escuchar hasta el otro lado del bosque. Tuvo a una pequeña Elsa destruyendo sus ramas por su magia incontrolable por el temor que sintió junto con una Bella herida, por dicha magia, que sólo se limitó a abrazar a la pequeña sin importa que las heridas sangraran. Tuvo a un pequeño Eugene llorando desconsolado por la chica castaña que no encontraba. Y tuvo a un Hicupp acurrucado lagrimeando por no encontrar a sus amigos en una de sus aventuras.

— ¡Ya llegamos! — Anunció el chico escuálido con una sonrisa en su cara.

— ¿Dónde estamos? — Preguntó temerosa Anna mientras tomaba la mano de su hermana.

— Estamos con el viejo árbol en el centro del bosque prohibido. — Contestó Elsa sonriéndole cálidamente.

— ¡Estamos en medio de la nada! — Se quejó Jack.

— Mi padre me mataría si supiera que estoy haciendo esto... ¡Pero es genial! — Comentó Mavis mientras tomaba el brazo de Elsa. — ¿En serio estamos en medio del bosque?

— Sí. — Respondió la joven rubia.

— ¿Sabes cómo llegar hasta aquí?

— Sí.

— ¿Te has perdido alguna vez?

— Si, en más de una vez.

— ¿Quieres a tu hermana? — Se metió Anna.

— Sí. — Dijo Elsa en un suspiro. Así era Anna, siempre queriendo su atención en todo momento.

— Hicupp, ¿qué hacemos aquí? — Interrogó Kristoff mientras estudiaba el gran árbol.

— Vine por los presentes que traje de mi viaje.

— Cierto. Fuiste a ver dragones, ¿no? — Rememoró Merida mientras miraba al cielo como si él le fuera a contestar.

— ¡Exacto!

El joven de Hufflepuff se inclinó hasta casi meter todo su tronco en la abertura que había entre unas raíces del gigantesco árbol. Tardó unos minutos hasta que salió del agujero y, entre sus manos, sostenía cuatro grandes huevos. ¡Eran huevos de dragón! Elsa reconoció aquellos huevos, eran los mismos que contrabajo podía sostener su amigo la noche anterior. ¿Se había escapado por la ventana de su dormitorio y luego venido en plena noche a esconderlos? Eso era de locos, eso sólo lo haría Hicupp o Merida.

— ¿Dónde conseguiste esas cosas? — Se interesó Mavis, la más curiosa del grupo junto con Rapunzel.

— En mi viaje encontré varios nidos desamparados, unos cazadores habían matado a la madres. Tuve la idea de tráelos y que ustedes cuidasen uno. — Explicó el pequeño muchacho.

— ¿Nosotros? Vamos, Hiccup, sabes que la última vez que accedimos a cuidar alguna de tus criaturas mágicas casi el prefecto nos descubre. A los cuatro. — Aclaró Eugene haciendo énfasis en la última oración.

— ¡Vamos, Eugene! ¡Sólo un huevo por persona! — Suplicó Hicupp.

— Yo no tengo nada en contra. — Accedió Elsa, no quería que nada malo le pasara a esos pequeños que aún no habían visto el mundo.

— Si Elsa está de acuerdo, por mí no hay problema. — La segunda en aceptar fue Merida.

— Vale, yo también le entro. — Terminó cediendo Eugene casi obligado.

— ¡Son geniales, chicos! — Agradeció el más bajo de todos. — Ustedes también ayudan, ¿no?

— ¡Por supuesto! — Aceptaron las chicas y el chico de rubios cabellos.

— No soy niñera. — Se quejó Jack.

— Vamos, Frosty, imagina que son pequeños niños huérfanos. — Trató de convencerle Anna.

— Técnicamente, son huérfanos. — Corrigió Hiccup.

— Vale, está bien. — Suspiró el peliblanco resignado.

— ¡Todos son geniales! — Vociferó el vikingo feliz mientras repartía los huevos entre los mayores.

— ¿Qué se supone que haremos cuando nazcan? — Preguntó Eugene tomando su huevo como si fuera algo extraño.

— Todos, según mis cálculos, nacerán en la noche. Cuando el momento llegue, vendrán al bosque y los esconderemos, cada quien en un lugar diferente, les traeremos comida y les enseñaremos a ir a nuestros dormitorios cuando crezcan para darles el alimento. — El joven castaño pecoso miró fijamente a la joven rubia platinada. — Elsa, como tu tienes tu propio dormitorio, puedes mantener a tu dragón ahí adentro hasta que sea suficientemente grande para volar por su cuenta.

— ¿Quién te asegura que el prefecto no lo verá? La última vez casi descubre a la esfinge, en mi dormitorio. — Le recordó.

— ¡Vamos! ¡Son dragones! Cuando nacen son de un tamaño promedio, pero a la semana adoptan un tamaño miniatura para poder sobrevivir ante los más grandes. ¿Se acuerdan de que cada torneo de magos hay una representación pequeña del dragón a enfrentar? Pues son dragones de verdad, sólo que en su forma bebé. Los dragones se hacen pequeños para evitar ser vistos por los más grandes y no ser devorados. — Explicó Hiccup con gran entusiasmo.

— ¡Genial! — Expresaron Rapunzel y Mavis a la vez.

— ¡Esperen! — Llamó Eugene. — ¿Vamos a ser "mamás" de estas cosas? — Volvió a quejarse.

— Técnicamente. — Aceptó el pecoso.

— Esto será interesante... ¡tendré un dragón de mascota! — Se emocionó la pelirroja de pelo rizado.

— Kristoff, me ayudarás con los apuntes y las investigaciones para los huevos, ¿no? Será un trabajo muy lento, pero como dicen en Hufflepuff, "el que persevera, alcanza" — Pidió amablemente el joven pecoso.

— Claro, Hiccup, cuenta conmigo. — Le sonrió el rubio.

— ¡Yo ayudo a Elsa! — Dijo Anna mientras alzaba la mano.

— No, tú vas a ayudar a Merida. Elsa será ayudada por Rapunzel y Mavis. Eugene, tu ayudante será Jack. — Organizó hábilmente el vikingo.

— ¿Por qué debo ayudar al anciano? — Reprochó el peliblanco.

— ¡Oye, no soy tan anciano! Sólo soy cuatro años mayor que tú.

— Estás viejo.

— No, no lo estoy.

— Anciano.

— Sólo tengo dieciocho.

— Viejo.

— ¡Chicos! — Interrumpió Merida. — Perdón por interrumpir su muy elocuente discusión, pero está atardeciendo y hay que llevar a los novatos al castillo.

El grupo contempló el cielo, cuyo color cuando ingresaron al espeso bosque era azul claro, que ahora se teñía con leves toques naranjos, la señal de que iba a atardecer pronto y tenían que regresar al colegio para antes del anochecer si no querían meterse en problemas. Cada quien tomó su propio huevo y se encaminaron a la salida. En aquel andar, Jack no paró de mirar a Elsa, su caminar parecía tentarlo de alguna forma, sus caderas moviéndose eran hermosas, su cuerpo celestial que parecía el de una diosa. Dios. ¿Cómo es que aquella mujer seguía soltera? Y en ese momento recordó su falta de tacto con los que no eran amigos suyos. Seguía siendo la reina de las nieves. Fijó su vista en su brazo que era apretado por Anna, su amiga y hermana de la chica quien le había robado los sueños, con posesión. Si enserio quería algo con Elsa, primero tendría que convencer a Anna, y por el tiempo que llevaba de conocerla, cuando alguien se metía en el tema "Elsa", aquella joven era la primera dispuesta a atacar si alguien tocaba a su amada hermana. Tenía un largo camino por recorrer.

Elsa miró de reojo a sus espaldas para encontrarse con aquel joven peliblanco, algo en él le llamaba mucho la atención, demasiado para su gusto, y ese palpitar extraño que sentía junto con los nervios cada vez que estaba cerca de él le ponían los pelos de punta. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué su corazón latía de aquella manera tan irregular cuando estaba cerca de él sin siquiera dirigirle la palabra? Si otra joven de la edad de Elsa estuviese en su lugar, sabrían al instante que aquello era una potente atracción. La rubia no se había dado cuenta que aquel joven de pelo albino llegó a serle tan hermoso a la vista que le empezó a gustar apenas lo vio. *Algunos no creen en amor a primera vista, pero si hay atracción a primera vista. Esos hermosos hombros angostos, ese cabello blanco, su sonrisa pícara, la forma en la que la veía, todo él le era atrayente a tal grado que no sabía que le pasaba, y, como siempre, prefirió ignorar ese sentimiento. Entre menos sintiese, sus poderes se descontrolarían menos.

Las semanas pasaron y Elsa y Jack apenas se dirigían la palabra. El joven peliblanco intentaba hablar con la rubia, pero siempre terminaba siendo cortado tajantemente o siendo cambiando por Anna. A veces la llegaba a odiar por ser más importante ella que él. Elsa simplemente se limitaba a cortar todos contactos con el peliblanco, su presencia le era abrumadora. Cada vez que se acercaba, ella se alejaba con una taquicardia horripilante. Cada vez que le dirigía la palabra su mente se quedaba en blanco, no sabía que decir o hacer, se limitaba a darle una respuesta seca y cortante. Las relaciones sociales no eran lo suyo. Cuando tenía oportunidad se excusaba con Anna para evitar estar con él, aunque después tenía un gran sentimiento de culpa, pues Jack no era el culpable de que no supiese relacionarse bien.

Un día, Elsa estaba caminando con Anna mientras huía de Jack. Ambas hermana trataban de pasar todo el tiempo juntas, preferiblemente a solas. La pelirroja siempre intentaba salir con su hermana mayor, tres años de separación provocaban que un sentimiento de añoranza se forjara en los corazones similares, extrañaba su trato juntas, sus tardes haciendo travesuras y sus charlas nocturnas. Elsa y Anna platicaban de la escuela y recordaban historias vividas cuando eran pequeñas, todo iba bien. Hasta que ese incidente ocurrió. Jamás en la vida de ambas hermanas se habían arrepentido de estar tan absortas la una en la otra como en ese momento. Si pudiesen cambiar algo en el pasado, sin lugar a dudas, ese momento sería el elegido. Anna accidentalmente había chocado con un joven que tenía el escudo de Slytherin, cabello rojo, buenmozo, pecoso, con un porte de sangre real, unas patillas largas y una sonrisa que, sólo al parecer de Elsa, transfería una maldad oculta.

— ¡Perdón! — Dijo aquel chico mientras cogía a Anna de la mano para evitar que se cayese.

— ¡Ey! — Gritó la pelirroja antes de mirar a aquel joven.

Su corazón se paró, jamás había visto a un chico tan hermoso en su vida, debía ser un ángel o un demonio, pues su belleza no era de este mundo mágico ni de otro.

— Ey... — Volvió a repetir, esta vez con un tono más seductivo.

— ¿Te encuentras bien? — Preguntó aquel chico ayudándole a erigirse.

— ¿Estás bien, Anna? ¿No te hiciste daño? ¿Quieres que te lleve a la enfermería? — Se escuchó decir a Elsa. Y. Por primera vez en su vida. Anna quiso que su hermana mayor no la tratara como una niña.

— ¡Elsa, estoy bien! — Le afirmó con un tono alto de voz y sonrojada.

— ¿No quieres ir a la enfermería? Te podría llevar. — Ofreció el muchacho. — Por cierto, soy Hans de las Islas del Sur.

— Soy Anna de Arendell, y esta es... — Habló la joven antes de ser interrumpida por chico.

— Ella es Elsa de Arendell, nuestra soberana en Slytherin. La Reina de las Nieves. — Comentó Hans con un tono siniestro.

— ¿La Reina de las Nieves? — Preguntó la pelirroja a Elsa con cara dudosa.

— Nada que te importe, Anna. — Respondió la rubia con voz seca y cortante. — Es hora de irnos, tu clase de transformación inicia en casi nada. — La chica tomó a su hermana de la mano y miró de forma despiadada a joven. — **Nos vemos después, novato de Slytherin.

— Nos vemos, reina de Slytherin y de las nieves.

Elsa caminaba con sumo ahínco, ¿cómo se atrevía aquel novato decir su posición ante su hermanita? La ira le empezaba a consumir y sus poderes a manifestarse. Los cristales empezaban a vibrar como si fuesen azotados por vientos huracanados. Objetos eran lanzados con fuera por donde pasase. Se tenía que controlar. Respiró profundamente y trató de apaciguar su furia, Anna estaba con ella y no quería volverle a hacer daño como hace tres años. Seguía jalándola con un poco más de delicadeza, ¿debía decirle el motivo por el cual era llamada "princesa de Slytherin"? ¿Tenía que explicarle qué la hermana "sabia" que estaba en Ravenclaw por destino en realidad era una serpiente? ¿Qué pensaría? ¿Qué haría? Entre pensamiento y pensamiento Elsa paró en seco, debía saber que estaba pensando su hermana respecto al último encuentro con el novato de Slytherin.

— Anna... — Llamó Elsa con tono serio.

— ¿S-Si? — Contestó nerviosos la muchacha.

Se hizo un incómodo silencio, la rubia no sabía que decir y la pelirroja estaba nerviosa. ¿Qué le pasaba a su hermana? ¿Por qué se había puesto tan nerviosa? Quería saber que afligía a Elsa, pero cierto joven pelirrojo entró en la escena para alcanzar al par de hermanas que sólo se sostenían la mirada.

— ¡Anna! — Llamó el Slytherin obteniendo una mirada de furia de parte de Elsa.

— ¡H-Hans! — La pelirroja se empezó a arreglar como si tuviera alguna imperfección.

— Vamos juntos a clase de transformación, ¿quieres que te acompañe? — Ofreció el chico sonriente.

— ¡P-Por supuesto! — Accedió la joven sin pensarlo dos veces y de inmediato ambos pelirrojos empezaron a caminar juntos lado a lado.

— Pero... yo te iba a llevar... — Susurró Elsa para si al darse cuenta como su hermana se alejaba de ella.

Sintió una extraña opresión en su corazón, un nudo en la garganta y llorosos los ojos. Estaba triste. Anna le había dejado ahí sola. Se dio media vuelta y se talló los párpados para evitar demostrar signo de dolor, iba a empezar a caminar cuando alguna la llamó. Reconocía esa voz. Jack. Giró la cabeza para encontrarse con aquel joven que alzaba su mano para llamar su atención, venía corriendo lo más rápido posible, se veía tan perfecto. Elsa se puso rígida y el dolor en el que su corazón se empezaba a sumergir cambió de repente en latidos rápidos y veloces, pero en éste aún se albergaba aquel sentimiento de tristeza al ver como su amada hermana le cambiaba por otro. En su mente pasaban mil imágenes una Anna negándose a ir, como casi siempre hacía cuando sus compañeros se ofrecían a ir con ella a clases, para estar más con ella. Una lágrima traviesa se asomó en su ojo derecho resbalado por su mejilla. Maldición. No debía sentir eso. No. Tenía que controlarse. No quería herir al joven que se acercaba más a ella corriendo. Se dio media vuelta e inició a correr, debía escapar antes de que sus poderes se salieran de control.

Jack había visto la escena, aquel chico llamado Hans no le había dado buena espina desde el inicio. Vio como Anna le daba la espada a Elsa por un simple niño bonito, y si aquella joven era como pensaba que era, aquello le debería de haber dolido en lo más profundo de su ser. Y no se equivocó. El peliblanco observó cómo su hermosa rubia susurraba algo y su semblante cambiaba. Estaba triste de seguido. ¡Este era el momento para actuar! ¡Si había algo que Jack podía hacer era el de hacer sonreír a las personas, no por nada tenía el apodo de "El Guardián de la Diversión"! Empezó a correr en dirección a la joven alzando su mano para captar su total atención. Y lo que vio casi le partió su corazón. Una lágrima estaba corriendo en su mejilla sin control. Algo en esa escena le dolió a él también, no sabía porque, pero quería saber que había pasado exactamente para que estuviese así de triste. Jack vio a Elsa correr y apresuró el paso. No, esta vez no iba a escapar de él.

Ambos jóvenes apresuraron el paso, Jack para atrapar a Elsa y preguntarle porque su hermoso rostro tenía un semblante tan deprimente, y Elsa sólo quería huir de Jack y de lo que él le provocaba. Ambos jóvenes salieron al patio de la escuela, la rubia había concluido sus clases, pero el peliblanco aún tenía una lección de pociones. No le importó, luego le daría una excusa barata al profesor Linguini, o simplemente se animaría a probar una de sus extrañas recetas de cocina que usaba como castigo. El muchacho aceleró aún más el paso al darse cuenta que la joven se alejaba más. En un último intento de darle alcance, obligó a sus piernas a correr lo más rápido que podía y la atrapó con sus brazos la cintura de la joven antes de que ambos por el impacto cayeran al suelo. La había alcanzado. Elsa sólo sintió como alguien rodeaba su cintura y después el duro suelo del patio del colegio. La había atrapado. Por el impacto del suelo había cerrado sus párpados, cuando se sintió segura, los abrió poco a poco para encontrarse con unos hermosos ojos azules tan claros como los suyos propios.

— ¿Estás bien? ¿Te duele algo? — Fueron las únicas palabras que Jack dijo.

— Yo... Yo...

Elsa no pudo más, a pesar de que su corazón latía desbocado por estar tan cerca del chico, el peso de aquel sentimiento triste aún estaba en su interior. Abrazó a Jack mientras de apegaba a su pecho llorando como la primera noche que estuvo en aquella escuela, sólo que en vez de que Bella estuviese a su lado para consolarla, a pesar de que después igual terminara en la enfermería por varios moretones que su magia hizo en ella, ahora Jack tomaba ese lugar. El joven sintió como como su uniforme se llevaba de lágrimas y, sobre todo, como su cuerpo era goleado por la potente magia de la chica que ahora pedía a gritos mudos que la abrazara y no la soltara. A su alrededor se estremeció el suelo y el cielo empezó a cambiar de color, objetos volaban a su alrededor y cosas eran destruidas en las cercanías. Así de potentes eran los poderes de la rubia platina. Pero, algo extraño pasó. Jack parecía inmune ante sus poderes, como si él tuviese la misma capacidad que la joven, aunque ese no era el verdadero motivo por el cual sus poderes no le afectaba a él, había algo más profundo y puro entre esos dos jóvenes magos que habían estado predestinados a estar juntos.

Cuando Elsa se calmó, Jack la ayudó a pararse y ambos se sentaron en el suelo que estaba parcialmente destruido. Al directo no le iba a gustar eso. El peliblanco se sentó junto a la rubia y le ofreció un pañuelo para que secara sus lágrimas, objeto el cual ella aceptó y uso al acto. Estaba más tranquila ahora. Controló su respiración y le devolvió el pañuelo a Jack, observó todo el caos que había hecho sólo por un simple ataque de celos, ya que estaba mejor, podía descifrar lo que había sentido. Suspiró cansada y decepcionada consigo misma, así no se debía comportar. Miró a su lado para contemplar a Jack que la miraba atentamente, sintió su cara arder ante esos ojos azules tan profundos, su corazón se aceleró y desvió su mirada. Estar cera de aquel muchacho aún ocasionaba cosas raras en su cuerpo. Cosas que no le eran de todo desagradables, pero sí muy incómodas para ella. Odiaba sentirse así.

— ¿Estás mejor? — Se animó a decir Jack.

— Si... gracias... — Respondió tímidamente le joven.

— ¿Puedo preguntar por qué estabas llorando? — Preguntó el peliblanco nervioso, tenía miedo de otra respuesta fría y seca por parte de la rubia.

— Por una estupidez, nada grave. — Contestó Elsa con la voz aún quebrada por el llanto.

— Pues debió ser una estupidez muy grande para hacerte llorar. Anda, dime, quizá no sea de ayuda, pero intentaré dar lo mejor. — Comentó el joven sonriendo.

— Dime, Jack, ¿tienes hermanos o hermanas? — Se interesó la muchacha.

— Si, una hermanita menor, es una muggle... Me tuve que alejar de ella para mudarme a este mundo hace un año. — Le contó el chico.

— Yo estuve lejos de Anna por tres años, la extrañe mucho en ese tiempo. Aunque tengo a mis amigos, y antes de ellos, a una persona muy especial para mí, nadie me quitaba el vacío de Anna. Hoy que la vi elegir a alguien más por sobre mí, me dolió. ¿Te contó qué cuando era pequeña decía que iba a ser mi esposa?

— Sí.

— Pues, aquello fue cierto en su tiempo. Anna y yo somos muy unidas gracias a un secreto que compartíamos. No sé si debo contarte... — Elsa miró al piso, era la pierna vez que se abría a alguien que no fuese Bella o Eugene, pero algo le decía que aquel joven podía entender lo que le pasaba.

— Por favor, cuéntamelo, soy todo oídos. — Pidió Jack apegándose las a ella.

— Verás, desde que tengo memoria he tenido mis poderes activos, se podría decir. — La joven miró sus guantes que mantenían a raya sus dones mágicos. — Estos guantes, como ya sabes, disminuyen mis poderes un poco, mejor dicho, sólo los hacen menos fuertes para no llegar al nivel de legales.

— Por eso siempre cargas los guantes... — Dedujo Jack.

— Sí. Anna y yo teníamos conocimiento de esto. Era nuestro secreto. Cada noche, mi hermanita y yo bajábamos a jugar, usualmente hacía que nuestra sala se volviese un día nevado y jugábamos con la nieve. Una noche, decidimos jugar a la casita en un iglú que le construí. Ese fue el momento en el que Anna tuvo una "revelación". Ella era el papá, yo la mamá y un muñeco de nieve al cual le pusimos "Olaf" nuestro bebé. Desde ese día, Anna siempre quiso que me casara con ella, yo en nuestro juego de niños acepté... Gracias a ello, nos volvimos más apegadas. — Elsa hizo una pausa ligera, recordar aquellos momentos le hacía muy feliz. — Hoy que la vi alejarse de mi lado, me dolió mucho. Antes que digas cualquier cosa, no tengo pensamientos obseso hacia ella.

— ¡Yo no iba a decir nada! — Argumentó Jack, pero en el interior se moría de ganas por hacer esa pregunta.

— Todos crecer al parecer, es hora que deje a Anna seguir su propia vereda. Así como yo tome la mía hace tres años. — El joven miró intrigado a la chica.

— Eso es muy maduro de tu parte, se nota la diferencia entre un novato de catorce y una veterana de diecisiete. — Elsa rio ante aquel comentario. — ¿Qué? ¿Ahora qué dije?

— ¿Tan grande me veo? — Interrogó divertida la rubia.

— ¿Cuántos años tienes? — Preguntó el joven aun sabiendo que esa pregunta una ofensa para una mujer.

— Tengo dieciséis.

— ¿¡Qué!?

— Entré un año antes de lo esperado, aunque después me dijeron que debí haber ingresado a los cinco.

— Es una locura.

— Como sea. — La joven miró al chico. — Ahora sólo espero que Anna tome las elecciones correctas.

— Eres una buena hermana... – Le halagó el chico haciendo a Elsa sonrojar.

— ¡N-No digas eso! — Se sonrojó la chica. — Me he alejado mucho de Anna... la he dejado tan sola...

Jack tomó la mano de la joven y la apretó con fuerza, no sabía porque hacía aquello, pero algo le decía que eso era bueno. Le sonrió con dulzura. Elsa jamás había visto una sonrisa tan linda. Sin querer se fijó en sus labios, en los suyos propios sintió un cosquilleo y se los mordió inconscientemente. ¿Qué demonios le pasaba?

— Claro que sí. ¿Sabes cuantas historias tuve que escuchar de Anna? "Que Elsa me leía dicho libro", "que Elsa y yo fuimos al parque", "que Elsa y yo nos vamos a casar", "que Elsa y yo, Elsa y yo, Elsa y yo". ¡Creo que ese año fue realmente perturbador! En serio, esa pelirroja te ama. ¡Te adora! Tranquila, que apenas el estúpido ese pase de moda, verás que vuelen contigo. — Le aseguró Jack sosteniendo su mano. — ¡Vamos, que ya va siendo hora de la cena!

Jack, aun cogiendo la mano de la rubia, se levantó y se dirigieron al gran comedor. No quería saber que iba a pasar si un profesor los encontraba en dicho lugar destruido, era muy temprano para que el joven se metiera en problemas. Cuando estaba por los pasillos, Jack soltó la mano de Elsa y se puso a su lado donde tuvieron, por primera vez, una charla normal. Sin que la chica saliera huyendo, y sin que el joven se sintiera ignorado por la muchacha. Descubrieron que ambos tenían ideologías similares, para ambos, su todo eran sus hermanas menores. El joven peliblanco le contó a la rubia que en una ocasión casi moría congelado cuando trató de salvar a su hermana, usaron magia para salvarlo de la muerte y que por eso tenía ahora el pelo blanco. Elsa también se abrió un poco ante Jack y le contó que en esos tres años de ausencia, ella se alejaba de Anna para no hacerle daño con sus poderes y, también, le contó sobre Bella y Adam, al cual el peliblanco le entró una enorme curiosidad por conocer a aquella pareja que había sido tan importante para la joven con la que ahora caminaba.

Al llegar al gran comedor, Elsa y Jack se encaminaron a la mesa de Slytherin donde les esperaba Eugene. Ambos jóvenes se estaban acercando hasta que la rubia sintió como alguien la llamaba. Era su hermana. Se volteó con una sonrisa en la cara hasta que se topó con el joven con que se habían tropezado aquella tarde. Su radiante sonrisa desapareció. Anna miraba a Elsa con una felicidad tan grande que provocó en la rubia algo de vergüenza, ¿qué habría pasado para que su hermana tuviese esa sonrisa tan grande en los labios? Observó que ambos jóvenes quedaban tomados de los brazos como una pareja y, eso a Elsa, no le estaba gustando nada. Miró de reojo a Jack suplicándole que se mantuviese cerca por si pasaba algún problema, el joven entendió aquel mensaje y se puso espada con espada con Elsa fingiendo estar esperando a alguien o algo y haciéndose el desentendido mirando al techo como si fuera lo más interesante del mundo.

Anna estaba relente feliz, jamás había conocido a un chico como Hans. Era apuesto, caballeroso, tierno, le entendía y parecía que le leía la mente. ¡Era perfecto! En esas tres horas que había compartido con él supo que era -según ella- el chico con el que quería compartir toda su vida. A ambos les gustaban las misas cosas, sabían lo que era tener hermanos mayores y estar lejos de ellos, sabían lo que era aquel sentimiento de abandono por parte de ambos. Anna creía que Hans la entendía por completo. Por eso, cuando el pelirrojo le ofreció ser su novia después de esas horas con él, la joven inocente aceptó sin chistar. Sabía que él se había enamorado de ella tanto como ella de él. Su romance sería como en los cuentos que Elsa le leía, ahora sólo faltaba que su hermana mayor le diera permiso para hacer formal la relación entre ambos. Sí. Elsa lo haría y así, Hans y ella, podrían ser felices por siempre juntos en la escuela.

— ¡Elsa, hola! — Le saludó la chica pelirroja.

— ¿Qué pasa? — Preguntó con el mejor tono posible.

— Bueno. — Inició la chica.

— Quiero... — Dijo el chico.

— Queremos... — Ambos soltaron en unísono.

— Queremos que nos des tu permiso para que seamos novios. — Habló Anna. — Nos amamos y queremos estar juntos

Elsa abrió los ojos como platos, ¿qué demonios le había pasado a su hermana? Si algo sabía ella, por simple lógica, era que no te podía enamorarse de una persona en menos de una hora. Lo sabía, la persona que ella veía como una mentira se lo había demostrado. El amor rápido no existe.

— ¿Perdón? Estoy confundida... — Logró articular la chica.

— Quiero ser novia de Hans, y deseo que me des tu permiso. — Aclaró feliz Anna.

— Lo siento, pero no puedo... — Comentó la rubia algo cohibida.

— ¿Por qué no? — Reprochó la menor.

— Sólo llevan unas horas de conocerse, no sean tan apresurados... — Trató de razonar Elsa, pero fue inútil.

— ¡Vamos, Elsa! ¡Sólo di que sí! — Rogó Anna.

— Te he dicho que no. — Fulminó Elsa. — Ahora, si me permiten, iré a cenar.

— ¡No, Elsa! — La pelirroja quiso tomar a su hermana de la mano, pero sólo le quitó el guerra que mantenía a raya sus poderes.

— ¡Anna, devuelve eso! ¡Sabes lo peligrosa que soy sin mis guantes! — Pidió la rubia desesperada, pero aún con un tono neutral.

— ¡No! ¡No hasta que me digas que sí!

— ¿Qué sabes tú del amor? — Le reprendió su hermana mayor.

— ¡Más que tú!

— No lo creo. Lo he visto, y el amor no nace sólo por una cara bonita. A veces, la bestia enorme es más humana que el joven apuesto que finge quererte.

Se escuchó un ***"uy" por parte de todos en Slytherin, pero Elsa sólo tuvo que voltear a verlos para que todos los integrantes -menos Eugene- se quedaran en silencio y mirando al suelo. Sabían que nadie se debía meter La Reina de las Nieves, y menos si esa persona era la princesa de su casa.

— Ahora, te lo pido de nuevo, dame mi guante y así nadie saldrá herido. — Elsa extendió su mano con cuidado evitando sentir, si el más mínimo sentimiento se apoderaba de ella en aquella situación, Anna correría peligro.

— ¡No! ¿¡Por qué no quieres que sea feliz con Hans!? ¡¿A caso no me quieres?! ¡¿Qué te he hecho!? — Gritaba Anna.

Eso fue lo que terminó de hacer que los nervios de Elsa se pusieran de punta. Anna seguía siendo una niña pequeña y, por desgracia, eso no era bueno. La rubia sintió una descarga de coraje tan violenta que todos los vasos y copas de cristal que habían en el gran comedor estallaron provocando que algunas personas fueran lastimadas, no de gravedad, pero si heridas. En el interior de la chica la ira se salía de control. ¿Cómo se atrevía de decir que no la quería? ¡Su razón de vivir era ella! ¡Por ella había aceptado ingresó a Hogwarts sin un reproche! ¡Por ella había elegido cargar con esos guantes! ¡Por ella estaba dando lo mejor para controlar sus poderes! ¿¡Y se atrevía a decir que no la quería!? ¡¿Qué sabía ella lo qué sentía?! ¡Anna sólo se estaba comportando como una niña berrinchuda! Por primera vez en su vida, Elsa quiso gritarle a su hermana que no tenía derecho a decirle aquello, pues no sabía los sacrificios que había hecho por ella. Se lo hubiera dicho, de no ser que el sonido de mil copas rompiéndose al instante la distrajo. Estaba en problemas.

— ¡Elsa! — La reprendió el directo con un tono más cansado que molesto.

— ¿Señor? — Le respondió la chica algo tímida.

— ¿Sabes lo que acabas de hacer, no?

La joven miró a su alrededor y abrió los ojos como platos al ver el gran desastre que había ocasionado. Todos la miraban con miedo, sobre todo los de Ravenclaw que habían sido uno de los más afectados por su poder por ser los más cercanos en esos momentos. Sangre había por todos lados gracias a las cortadas que los pedazos de cristal habían provocado. Elsa se miró las manos, una estaba desnuda y en la otra aún portaba su guante. ¿Qué había hecho? ¿Por qué se permitió sentir? Un miedo profundo empezó a apoderarse de ella, miró a su hermana quien en sus ojos podía ver la impresión causada, pudo haberla lastimado de nuevo, esa idea le hizo sentir aún más terror hacia ella misma. Agachó la cabeza apenada y asintió.

— Ya sabes que debes hacer. — Dijo el director mientras cerraba los párpados cansados, aquella joven aún era demasiado poderosa y sus sentimientos incontrolables. Después de todo, seguía siendo humana.

Anna miró intrigada todo a su alrededor, algunos gritaban, otros gemían por dolor y unos pocos se limitaban a observar con miedo a su hermana. La voz del director la sacó de sus pensamientos y miró su mano, en ella estaba el guante de Elsa, volvió la mirada a su hermana mayor y la vio cómo se encogía en su mismo lugar ocultado la vergüenza y el miedo. ¿Por qué tenía miedo? Alzó la mano para acercarla a su hermana y que pusiera esos hermosos ojos azules iguales a los suyos en ella, pero antes de que algún contacto se diese, la rubia se dio media vuelta y se alejó de ella. Vio cómo su trenza se soltaba y se movía con una elegancia y lentitud magistral.

— Elsa... — Susurró la joven, pero sólo se quedó ahí inmóvil.

— ¿A dónde va? — Se escuchó una voz, era la de Jack preguntándole al director a gritos.

— Elsa sabe las reglas que sólo se rigen a ella: Cualquier incidente con sus poderes será reprendido con un exilio sin límites de tiempo. La última vez que tuvimos que hacer eso fue cuando recién llegó. — Explicó el director mientras se dirigía a todos los alumnos. — ¡Todos aquellos que fueron dañado, por favor vayan a la enfermería! ¡Los demás, empiecen a cenar!

Jack miró al director con el ceño fruncido, ¿cómo se atrevía a hacerle eso a esa chica? No tardó ni dos segundos antes de que el joven de pelo blanco saliera corriendo en dirección donde anteriormente la joven rubia estaba. No iba a dejar de que de escapar y se encerrara. Había pasado por mucho para poder establecer una relación amistosa con aquella joven como para que ahora, gracias a su hermana berrinchuda, se alejase de él. Le dio igual los gritos de todos de que no fuera, no escuchó a una Anna que le seguía los pasos. En la mente del muchacho sólo había espacio para la joven, ¿cómo se sentiría? ¿Volvería a llorar? No lo sabía, iba corriendo tan deprisa y concentrado en no perder de vista la melena rubia de la muchacha que no notó cuando habían salido de los territorios escolares y se adentraron a una de las torres del castillo. Se estaba dirigiendo a su habitación, un lugar que sólo visitaba cuando era un peligro, como ahora, para los demás. Y único sitió el cual sólo Eugene, Merida y Hiccup sabían que existía.

Elsa escuchó el alboroto que había provocado mientras se alejaba del comedor. Debía alejarse para dejar de ser un peligro. Un monstruo. Pasó por los infinitos castillos y subió tantas escaleras que, por desgracia, sabía de memoria. Llegó hasta uno de los pisos que estaban prohibidos para los estudiantes lejos de los salones y algunos dormitorios. Ese lugar sólo era visitado por ella y sus amigos. Se posicionó de frente a un hermoso cuadro de un copo enorme de nieve, su símbolo, dijo en susurros la palabra clave que sólo ella conocía y aquel cuadro se abrió con la magia impuesta en este. En la habitación de la joven había una cama grande magníficamente tendida con sábanas de color azul marino, poseía una almohada de plumas y un cobertor con un copo de nieve tejido en ésta -regalo de su madre para Navidad- se veía sobre la hermosa cama, arriba de esta se veía el huevo regalado por Hiccup hace semanas envuelto entre sábana y ropas de la chica. Al paralelo a esta, había un escritorio con algunos libros y apuntes que dejó ahí para hacer el fin de semana, dos porta retratos también se observaban en el escritorio, uno que tenía una foto de Anna y otra de sus padres. Al fondo, una ventana se alzaba desde el suelo hasta el techo con unas hermosas cortinas de un similar azul oscuro al de la cama. Había un ropero y un baño. Lo necesario para una joven estudiante.

La rubia se sentó en la cama y observó el huevo de reojo, extendió sus manos y abrazó el cascarón tibio. Aquel huevo era de un tamaño grande, poseía rayas irregulares de color negro y algunas verdes junto con lagunas protuberancia rasposas. Acarició el huevo y sintió el calor junto a la textura rasposa del cascarón. Cerró los ojos y se concentró en el ser que estaba creciendo en aquel huevo. Era afortunado aquel pequeño, de seguro sería un dragón normal y corriente, se relacionaría con sus semejantes, tendría una pareja y formaría una familia feliz sin preocuparse de no lastimar a los demás con su potente ataque de fuego o algo por el estilo. Qué envidia sentía por los demás magos que crecieron con total normalidad y sin tener un peso en su conciencia de dañar a personas. Y con ese nuevo incidente. El peso de la culpa en Elsa aumentó aún más. No sólo había lastimado a su hermana hacia ya tres años, ahora había dañado a sus compañeros.

La joven maga estaba tan metida en sus pensamientos que el golpe de afuera de su recámara la asustó tanto que casi dejó caer el huevo que tenía entre sus brazos. Se paró con todo y el objeto vivo que tenía entre las manos y se acercó a la puerta nerviosa, escuchó que de afuera le llamaba una voz realmente bella. Reconocía al dueño de dicha voz. Jack. Se estremeció al darse cuenta que joven peliblanco estaba afuera de su recámara. ¿Por qué estaba ahí? ¿Qué le había hecho aparecerse en su cuarto? Y lo primordial: ¿Cómo demonios sabía la ubicación? Se supone que, hasta la fecha, sólo conocían donde se encontraba su recámara cuatro personas: Merida, Eugene, Hiccup y Anna. Se acercó tímidamente a la puerta y apoyó en ésta como si fuera a escuchar algo, o a asegurarse si en serio aquel joven estaba ahí y no fuera su imaginación.

— Elsa, ¿estás ahí? — Aquella pregunta le hizo entrar en razón, Jack si estaba ahí.

— ¿Qué haces aquí? — Cuestionó la joven abrazando a su huevo.

— ¿Estás bien? ¿Cuándo podrás salir? — Interrogó el joven con insistencia.

— Acabo de lastimar a muchas personas por mi estúpido sentimiento de enojo e indignación, ¿cómo quieres que me sienta? — Contestó la chica secamente. — Vete, estaré mejor sola.

— Vamos, Elsa. — Jack se apoyó en la puerta de espaldas y se dejó caer. — Estar sola no es la solución, lo sé por experiencia misma.

— Vete, Jack. — Pidió la joven haciendo lo mismo que el chico.

— No te dejaré, eres mi amiga, ¿no? No voy a dejarte.

Esas palabras tocaron el corazón de la joven, ¿era su amiga? ¿Cuándo? ¿En qué momento se convirtió en algo tan cercano de él? Mil y un imágenes se pasaban en su mente: Recuerdos de cuando iban con sus amigos a jugar, cuando fueron al bosque, cuando todo el grupo se juntaba y se iba a explorar el castillo, juntos. Y así. Muchas más. La amistad de ambos jóvenes surgió sin querer, pero sólo ahora se daban cuenta que aquella amistad existía, amistad que combinada con la atracción mutua que sentían surgió un sentimiento extraño que Jack reconocía, pero que Elsa le temía. Aquel sentimiento estaba por muy lejos de hacerse llamar "amor", pero si era el primer peldaño a éste. Por eso la joven se sentía muy nerviosa a su lado y su corazón latía en su presencia.

— ¿En serio no me vas a dejar? — Preguntó temerosa la rubia.

— Te dejaré cuando la luna se caiga del cielo. — Aseguró el joven.

— Gracias... Jack...

Elsa estaba más tranquila, ahora tenía a alguien aún más especula que Eugene. El joven era su mejor amigo, nadie le iba a quitar aquel lugar, pero lo que en ese momento surgía entre Jack y ella era algo diferente. La joven rubia estaba absorta entre sus pensamientos que se asustó cuando el huevo que tenía entre manos empezó a moverse de una manera muy violenta.

— ¡Jack! — Gritó la joven haciendo exaltar al chico.

— ¡¿Qué pasa, Elsa!? ¡¿Estás bien?! — Le interrogó el joven gritando.

— ¡El huevo, el huevo! — Chilló la chica.

— ¿¡El huevo qué? — Preguntó Jack ya asustado.

— ¡Se está abriendo!

Elsa observó pasmada y nerviosa como el pequeño ser que había estado creciendo dentro de ese cascarón iba abriéndose pasó poco a poco. De pedazo en pedazo, el huevo se fue rompiendo hasta que por el extremo superior se asomó un cabecita de color negro, tenía unos cuernitos en la cabeza y uno en la punta de la nariz, su ojo derecho era como el de un gato de un hermoso color azul, y el izquierdo similar al que de un color rojo. Su cabeza era alargada, como un dragón europeo, de esos con los cuales los normales veían en libros de historias. Cuando pudo romper todo el cascarón, la joven vio su cuerpo entero. Era largo, media por lo menos treinta centímetros de largo desde la punta de la nariz hasta la cola, poseía unas alas gigantes y sus cuatro extremidades terminaban con filosas garras. El dragón miró fijamente a Elsa con esos ojos felinos, se le acercó y, con su pequeña cabecita que era apenas igual de grade que la mitad de la mano de la joven, acarició la cara de la joven.

— ¡Elsa, Elsa! — Le llama Jack, pero la joven estaba absorta ante el tacto del pequeño ser. Sus escamas eran tan suaves.

— Jack... Cr-creo que soy mamá. — Tartamudeó la rubia mientras acariciaba al dragón quién se había acurrucado en su regazo. Nacer le había dejado cansado.

— ¿De qué hablas? ¿Ya nació? — Interrogó el joven.

— Si, es un hermoso dragón europeo. Se llamará Olaf, igual que el muñeco de nieve que Anna y yo hicimos cuando éramos pequeñas. — Anunció La Reina de las Nieves. Ese destierro sería el más productivo de su vida.

Al final de cuentas, el exilio de Elsa duro medio mes. En todo ese transcurso se le negó a Anna el contacto con su hermana, pero ésta no cedió por mí un sólo día en tener contacto con su hermana mayor. Le debía una disculpa por su comportamiento tan infantil que había tenido. En esos quince días, Jack fue el único quién se las arregló para evitar a los maestros que merodeaban por la recámara de Elsa, pues era siempre vigilada gracias a los intentos de acercamiento de Anna, y siempre le llevaba las noticia o mensaje de los cuales se enteraba por toda la escuela, también aprovechaba para hablar con ella y profundizar su relación. Ambos empezaron a conocerse mejor, que les gustaba, que les disgustaba, que semejanzas y diferencias poseían y sus ideologías que eran prácticamente las misma. Elsa fue descubriendo también que lo que sentía por Jack era algo nuevo, algo que jamás había sentido en su vida. Y Jack, por el contrario de Elsa, fue aumentando aquel sentimiento ya nacido en él con cada charla, cajas semejanza y cada diferencia que ambos tenían.

Un día, mientras Jack iba caminado en dirección al cuarto de Elsa, se topó con cierto pelirrojo futuro novio de Anna, pues desde que se le prohibió ver a su hermana, se la pasaba los días buscando alguna formaba para estar en contacto con ella. El peliblanco notó algo sospechoso, más de lo habitual, en aquel chico, así que decidió seguirle. Jamás pensó que aquello sería la mejor decisión que había tomado en su corta vida. Jack lo siguió hasta los dormitorios de Slytherin donde ambos compartían recámara con otros tres chicos más. Ahí, nuestro chico bromista se ocultó entre las camas para evitar ser visto por el chico. Lo que ahí escuchó jamás de lo hubiese imaginado. Hans susurraba cosas sobre estar usando a Anna para acercarse a Elsa, y así, quitarle toda su magia para usarlas a beneficio propio. Era un maldito degenerado. No tardó ni dos segundos antes de que fuera corriendo a ver a Elsa para decirle tan valiosa información. Lo bueno es que ese día sería el primero en el que saldría de su encierro.

Elsa estaba tranquilamente en su habitación esperando a Jack, se estaba tardando más de lo normal y eso le preocupaba, ambos habían quedado en que el primero el verla salir será él. Cuando Jack llegó, no traía las noticias más buenas del mundo. El joven le contó todo lo sabido y no pasó un pestañeo antes de que la rubia saliera despedida del cuarto a buscar a su hermana, y, detrás de ella, venía un diminuto dragón que en cuestión de segundos se puso en su hombre y se encogió de tan tamaño que se pudo esconder entre su trenza larga, que apenas se habían podido amarrar, para asegurarse mejor y no dejar a su "mamá", ya que aún estaba demasiado bebé como para hacer eso. La joven corría por todos los pasillos sin existo alguno, tenía que encontraba a su hermana y decirle que se alejara de ese maldito Slytherin descendiente directo de el mismo mago que no debe ser nombrado. Si aquel pelirrojo le llegaba a tocar un pelo a su hermana, se las vería con ella cara a cara. Al final, descubrió que Anna estaba en el invernadero. Elsa corrigió sus pasos y fue al lugar mencionado, debía encontrarla cuanto antes.

Anna estaba en el invernadero que era literalmente una burbuja de cristal, había parado allí cuando quiso buscar otra forma para llegar con su hermana, pero se perdió y terminó en aquel lugar. La pelirroja estaba a nada de salir de allí cuando, antes que ella lo hiciese, las puertas se abrieron dejando ver a una Elsa sudorosa y despeinada con disnea. Anna, quien no pudo evitar no abrazar a su hermana, se abalanzó sobre ella extendiendo los brazos. La había extrañado tanto. En esos quince días no descansó nada con tal de encontrar una entrada al cuarto de su hermana, no había visto a Hans desde el incidente y eso, según Anna, era muy grave si iba a ser pareja de aquel joven, pero como ambos estaban "enamorados", no pensó que sería gran cosa. Pero no le quitaba el peso de que no le había hecho caso. Pues que la perdonara, pero Elsa fue, es y será su máxima prioridad.

— ¡Elsa! — Lloraba la joven pelirroja.

— Tranquila, ya estoy aquí. — Le correspondía la rubia. — ¿Estás bien? ¿Nadie te ha hecho algo?

— No. Hans me ha cuidado. — Mintió.

— No menciones a ese imbécil.

Anna se separó bruscamente de Elsa, jamás le había escuchado maldecir a alguien. ¿Qué había pasado entre Hans y ella para que se odiaran tanto?

— ¿De qué hablas? — Interrogó Anna curiosa e indignada a la vez.

— ¡Ese maldito sólo te está usando para acercarse a mí y robar mi magia! — Le contestó la rubia.

— Mentira... — Balbuceó la pelirroja.

— ¿Mentira? ¿Alguna vez te he engañado? — Le Inquirió la rubia.

— No...

— En ese caso, te lo suplico, hazme caso y aléjate de ese tal Hans. — Rogó la chica.

— ¡No! ¡No lo conoces! — Empezó la discusión.

— Anna, conozco a toda la riqueza y escoria se Slytherin. Sé que ese chico no es bueno para ti. Desde que lo vi tuve la sensación de que estaría con la escoria de las serpientes. — Explicó la joven.

— ¡No todos los de Slytherin son malos! — Trató de argumentar Anna.

— ¿Se te olvida que mi mejor amigo es una serpiente? Claro que no todos son malos. — Elsa estaba poniéndose nerviosa y muy molesta con el comportamiento tan infantil de Anna.

— ¡Es que estás celosa de que yo haya encontrado el amor!

— ¿¡Cuantas veces has salido con él!?

— Una... — Aceptó avergonzada la joven.

— ¡Anna, el amor no surge así!

— ¿Tu qué sabes del amor? ¡Jamás te has enamorado!

— Sé más que tu, porque alguien me enseñó que el amor lleva tiempo. — Y en efecto, a la rubia su mentora, Bella, le había demostrado eso. Tardó un año entero conociendo y tratando a Adam para que ambos fueran pareja.

— ¡No es cierto! ¿¡Sabes!? ¡He estado todos estos malditos quince días tratando de hablar contigo! ¿¡Y qué me encuentro cuando te veo!? ¡Llegas diciendo que me aleje del chico que amo! ¡Que egoísta eres!

— ¡No hables más, Anna! ¡Te prohíbo ver a Hans y tener cualquier contacto con él! — Fulminó la joven de ojos azules y cabellos dorados casi blancos.

— ****¡Pero yo lo amo! — Rezongó la menor.

— ¡Basta! — Gritó la joven rubia.

Elsa había estado drenando su poder en toda la discusión, le molestaba que Anna no entendiese que lo único que hacía era por su propio bien, ahora entendía porque razón se molestaban sus padres cuando amabas no hacían caso. Cuando gritó la última palabra, los cristales del invernadero se rompieron y se dirigieron directamente hacia Anna. Elsa miró la escena en cámara lenta aterrada. No. Esta vez no permitiría que a su hermana fuera dañada otra vez con sus poderes. Corrió lo más rápido que pudo hacia donde estaba la pelirroja mientras en su mente se repetía la escena del accidente: Ambas estaban jugando con el invierno que Elsa había hecho para complacer a su hermanita, todo iba bien hasta que Anna empezó a saltar de montículo de nieve en montículo que la rubia formaba, pero la menor iba muy rápido, el piso estaba resbaladizo y terminó por caerse y, en un auto-reflejo por ver que la pequeña pelirroja saltaría a la nada, lazó un rayo que terminó por congelar su cabeza mandándola al hospital mágico y ella, por consiguiente, inmediato a Hogwarts.

La rubia saltó al ver que no iba a poder llegar a tiempo de nuevo, le rogó al que quisiera escuchar sus oraciones el poder alcanzar a su hermana a tiempo. Y lo logró. La tomó en un abrazo brusco y la tiró al suelo poniéndose ella misma de escudo ante los cristales que caían de manera amenazante. Sintió como los cristales se introducían e incrustaban en su espalda y piernas, algunos rozaron sus brazos, y si no fuera porque había escondido la cabeza, igual aquella parte hubiese sido dañada. Notó como un líquido caliente empezaba a escurrir por todo su cuerpo y la debilidad la invadía, pero aquello valía la pena al contemplar a una pequeña Anna acurrucada abajo de ella. Estaba totalmente ilesa. El dolor desgarrador se hizo presente en ese momento, pero no emitió ningún grito, estaba feliz de que su hermanita, su mundo, su bebé, la razón que tuvo para aceptar el confinamiento que le pusieron al inicio, estaba a salvo y sin ninguna gota de sangre estuviese manchando aquel perfecto rostro colorado con pecas. Había valido la pena.

Anna observó como el último grito de su hermana había provocado la destrucción de los cristales, habían discutido de nuevo sobre Hans y la mayor no entendía que ella no amaba. Ahora le salía con el cuento de que Hans la estaba utilizando, bueno, hace mucho que no estaba con él -para ser exacta desde la discusión con Elsa-, ¡pero eso no le daba motivos para inventar semejantes historia! Los cristales empezaban a caer de forma violenta. Tenía miedo. ¿Los cristales la matarían? ¿Esas navajas cristalinas dañarían a Elsa? No pudo pensar más porque, en cuestión de segundos, ya estaba entre los brazos de su hermana y contra el suelo. Por el impacto la pelirroja cerró los ojos, escuchó como los cristales perforaban algo y como otros caían, pero no sintió daño alguno en ella. Cuando ya no apreció el sonido de vidrio cayendo, abrió lentamente los ojos para encontrar la imagen más desgarradora que había visto en su vida. En todos sus catorce años de vida jamás pensó ver aquella escena, su mundo era tan "rosa" e infantil que imágenes como esa no habían cabida. Pero ahí estaba. Y para su desdicha, era más que real.

La pelirroja abrió por completo los ojos al ver que arriba de ella estaba su hermana, todos su uniforme negro estaba pegado a su piel gracias a la sangre que estaba perdiendo en el acto, una sonrisa cálida se asomaba por sus labios rojizos de donde brotaba un hilo de sangre, su hermoso cabello estaba igualmente manchado de aquel color carmesí. Anna empezó a llorar al ver esa escena tan lamentable, y más aún, porque ella había sido la causa de aquello. ¿Por qué siempre le tenía que causar dolores de cabeza a Elsa? ¿Por qué no podía ser un poquito más como ella y pensar en su felicidad? Si, ahora entendía que la verdadera egoísta era ella y no su hermana.

— ¿Estás bien? ¿No te has hecho ningún daño? — Interrogó la herida trabajosamente, estaba muy débil.

— Elsa... — Musitó la pelirroja con voz quebrada.

— Me alegro, me alegro de que estés bien. — Esas fueron las últimas palabras de la joven rubia antes de caer inconsciente arriba de su hermana.

— ¡Elsa, Elsa! — Gritó la chica, pero fue inútil.

— ¿¡Qué pasó aquí!? — Se escucharon dos voces, una de cierto bromista y la otra de un pelirrojo.

— Hice enojar a Elsa de nuevo, todo se rompió, ella me protegió, está gravemente herida.

El primero el ir a su ayuda fue el pelirrojo, pero Jack no permitió que la tocara, ¿y si esa fuera una excusa para ejecutar su plan? No lo sabía y no lo iba a averiguar.

— La llevaré a la enfermería. — Anunció el peliblanco antes de salir corriendo con Elsa entre sus brazos.

— ¡Yo voy! — Quiso Anna, pero Hans la detuvo.

— No, amor. No quiero que sufras más. — Le pidió el chico.

— ¡Es mi hermana, debo estar con ella! — Pero Hans le agarró más fuerte.

— Voy yo y te aviso como está. No quiero que sufras por ver a la reina Elsa en ese estado.

Hans acompañó a Anna hasta su dormitorio y, cuando vio que se metía, se dirigió a la enfermería con una sonrisa maligna. Había visto a Jack seguirle, sabía que si ese entrometido sabía de su plan, se lo haría saber a Elsa y ésta, a su vez, iría donde Anna para advertirle que su amado futuro novio era lo que en realidad era. Pobre e ingenua Anna, jamás pensó que aquello era verdad. Caminó tranquilamente hasta la enfermería, ya había ganado después de todo, vio que el maldito peliblanco salía de la sala, de seguro se había quedado cuidando a la Reina de las Nieves. Se adentró y observó a la joven tendida en una cama, estaba casi totalmente vendada y parecía dormir. Su sonrisa se hizo aún más grande. Jamás pensó que robarle la magia a la persona más poderosa del mundo sería tan fácil. Antes había planeado en lograr conquistar a la chica para una entrega voluntaria, pero al ver el trato recibido, optó por llegar a ella por medio de la persona que más amaba en el mundo -según su información- su hermana. Se acercó a paso lento y se quedó a su lado viéndola tan débil y vulnerable. Se sentía casi culpable de hacer aquello, pero fue pasajero.

— Hola, reina Elsa. — Saludó el joven con descaro. — ¿Cómo se encuentra? Al parecer ya le dijo a su hermana la clase de chico que soy... Lástima que ella es tan estúpida que no se dio cuenta que, "su adorada hermana", le decía la verdad.

Hans empezó a caminar por todos lados contemplando el lugar, las pinturas lo miraban con odio y él sólo se limitaba a sonreír como su hubiese ganado un juego de niños.

— Como ya sabe de mi plan, creo que no será necesario se lo repita, pero sé lo confirmaré. Si, usé a Anna para acercarme a usted, ¿quién demonios quería a esa chica? No sé cómo usted la soporta. Otra cosa que quieras hacer notar, es que tomaré toda su magia. Y como habrá aprendido en introducción a la magia, la vida misma es magia. Así que, espero que Anna se vaya acostumbrando a no verla jamás, porque sólo la podrá contemplar cuando ella misma muera. — Expresó sádicamente el joven.

— ¿¡Qué!? — Se escuchó un grito provenir de la entrada. Era Anna.

La joven pelirroja no se había quedado tranquila, quería saber si su hermana estaba bien. Tomó la decisión de ir a ver con sus propios ojos a su hermana. Más jamás se imaginó que ahí estaría Hans diciendo lo que estaba escuchado. Su hermana había tenido razón. ¿Por qué no la había escuchado? Era realmente estúpida, ella jamás le había mentido y, en el fondo de su corazón, sabía que el amor no surgía en un día. Pero no le importó. Se encaprichó con ese sentimiento nuevo y lo forzó a ser otra cosa. Era realmente estúpida.

— Oh, Anna, ¿llegaste para ver la muerte de tu hermana? — La joven pelirroja no tardó en sacar su varita y apuntale.

— ¡T-Te le acerca y, y, y juro que me las pagaras! — Amenazó la chica sin mucho existo.

Hans se le acercó calmadamente, ¿es chica creía que lo podía lastimar? No contuvo su risa al ver esa escena. Anna debía tener ideas suicidas, porque ambos tenían niveles totalmente diferentes, él había sido entrenado en artes de lucha desde antes. Anna no tenía oportunidad ante él.

— Vamos, baja esa cosa que no quiero que te lastimes. — Anna retrocedió unos pasos y un chillido agudo se escuchó en toda la habitación. El llanto del dragón que no había dejado a Elsa. — ¿Qué demonios fue...?

Pero Hans no pudo completar la oración, en escasos segundos ya estaba siendo estrellado contra la pared dándole tremendo golpe que lo dejó inconsciente. Anna volvió la mirada al origine del sonido y vio a su hermana aún débil, con un pequeño dragón negro en el hombro, tenía un ojo cerrado por el dolor que sentía, una mano alzada y todo lo demás estaba cubierto en vendes.

— No te atrevas a tocar a mi hermana, bastardo. — Dijo costosamente la rubia. — Gracias, Olaf, por haberme despertado.

Anna corrió en dirección a su hermana y la abrazó provocándole más dolor, apenas hacia unas horas le habían terminado de sacar los vidrios incrustados del cuerpo. Y eso, no era lo más plácido del mundo. La pelirroja empezó a llorar en su regazo pidiéndole disculpas, disculpas que ella aceptó. Ahí se quedaron ambas siendo contempladas por su grupo de amigos que se habían enterado del accidente y la habían ido a ver. Merida contenía el llanto junto con Mavis, Rapunzel y Eugene. Kristoff miraba tiernamente a Anna, ambos se habían vuelto muy amigos en esos días, era el único que se atrevía a ejecutar los planes más raros que tenía para ver a Elsa. Hicupp también estaba ahí, él si lloraba como magdalena ante tan conmovedora escena. Y Jack, él se acercó a Hans para comprobar que estaba inconsciente, lo malo es que sólo le duró poco, así que simplemente lo congeló con uno de los hechizos de hielo que Elsa le había enseñado. El muy bastardo de lo merecía.

Lo malo es que lo que hizo Elsa y lo que culminó Jack no fue un secreto, la enfermera había visto como la rubia lanzaba a conciencia al pobre pelirrojo y como el peliblanco lo terminaba congelando dando como resultado que ambos terminaran en detención. Tendrían que pasar ahí un buen rato siendo vigilados por el Sr. Norte. Cuando al fin ambos salieron, Anna estaba ahí sentada esperando a su hermana mayor. Elsa le hizo señales de que ya era hora de irse y le mostró que tenía sus guantes normales. Jack miró a las hermanas, ahora ya no sentía tanta envidia para con Anna. Elsa, antes de irse, miró a Jack y le sonrió mientras le prometía que mañana se verían para estudian. Los exámenes se acercaban y nuestro querido peliblanco era un asco en las asignaturas. Sólo sonrió mientras veía a las hermanas caminar, sobre todo, miraba a la rubia cuyo caminar era más que sensual para aquel joven. Se dio media vuelta y se dirigió a su dormitorio. Aún tenía mucho camino por recorrer para llegar al corazón de Elsa, pero no le importaba, porque sabía que el amor no surgía en un día.

Continuara….

NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: ewe Vamos, admitan que a TODOS nos ha atraído alguien a primera vista. *W* Aun
recuerdo esa sensación xD me quedé prendada de un chico de hermoso pelo rubio largo, alto y sus ojos eran cafés. u/u Era hermoso. xD Vale, basta.
Segundo**: ¡UY! ¡ELSA BIEN MALOTA! XD Hahahaha, no creo que sea algo que ella diga, pero le quedó bien.
Tercer***: Ese Uy grupal no puede faltar en una escuela ewe.
Cuarto****: Anna se sintió bien Ariel, lo sé, lo vi en sus ojos(?

CONTESTANDO COMENTARIOS + VOTACIÓN E IDEAS HA CONCIDERAR.
Lucia: Vale, tu voto será contado :3 [AXH 1 – MH 0]
Laidyx: :'D Que bien que te llame la atención x3 xD Tu idea me gusta, estoy pensando en un JELSANA(? Ok. No. Ahí veré que hago.
Lili2865: Gracias por fijarte en la redacción, ahora que lo vuelvo a leer he notado algunas letras coladas o palabras que el autocorrecto me ha puesto ahí (si, escribo desde un móvil). Vale, tu voto será contado. [AXH 2 – MH 0]
HatefulRainbow: :'D Holi, tu voto será contado xD D: No mueras que no quiero ir presa. Todos pensamos que Mavis estaría en Slytherin, pero tomé en cuenta que ella quería conocer y aprender del mundo, característica de los de Ravenclaw, ewe A mi Hans ni me va ni me viene, pero me gusta usarlo de malote xD [AXH 2 – MH 1]
Brendiiita: Gracias por tu comentario y tu voto será contado nwn [AXH 2 – MH 2]
Lourdes: ;w; Gracias, por eso no les hice tan larga la espera y lo publiqué a mediados de mes. Anna vive diciendo incoherencias cerca de Elsa (? [AXH2 – MH 3]Quizá lo meta, veré como me las ingenio ewé
Neny Kitsune: De esos fanarts me inspiré, pues quería una historia semejante, pero no exactamente igual eweU tuve un conflicto muy grande para saber a donde meter a Elsa, pues muchos piensan que es de Slytherin y otros de Ravenclaw. D: Espera, que no soy Atenea para los orgasmos mentales y no quiero un hijo aun( ?XD Mal chiste, perdón.
Percabeth90: *3* Percy, Percy, Nico, Nico, Thalía, Thalía, THALICO(? D: Ok, ya basta de PJ. Obvio lo continaré, no sé cuánto tiempo, pero lo haré mi mayor esfuerzo. Sus comentarios son los que me motiva a seguir con esto. *^* ¡IDEA ACPETADA!¡VAMOS! (?[AXH 3 – MH 3]:'3 Gracias por los aplausos.
Rukatohicctrid: D: Fuck! ¿Ahora que shit hago con esto? –la mira y la pone cerca de su móvil donde escribe el fanfic- ;n; No puedo mantener vivo ni aun maldito tamagoshi. xD Hahahaha perdón si te he decepcionado con la falta de celos de Ann, pero esto me venía dando vuelas en la cabeza desde hace mucho y es indispensable para que salga Pitch ewe [AXH 4 – MH 3]
BrokenDoll-K: xDD Desde que vi esa película siento que MEDIA HUMANIDAD TIENE EL COMPLEJO ANNA, LOL Amo los ataques fangirls x3 ._. Pero no cuando son por mi D: Tiendo a ser acosable por mis FG(? LOL Niño paleta xD hahahaahah [AXH 4 – MH 4]D: Van muy reñidos.
Magacielo: :3 Gracias por tu paciencia, aquí está tu recompensa. Mmm… No sé, tendría que verlo, no te confirmo nada ;3 pero veré que hago. [AXH 5 – MH 4]
Teresa: "¿Por qué estoy pensado en Claymore?" D: Vale, vale, aquí está ewe espero te haya gustado el capítulo nuevo. [AXH 6 – MH 4]
Lizzie: Si, ese era el mensaje que quería dar, el amor surge con el tiempo y no por una simple atracción a primera vista. [AXH 7 – MH 4]
Annonym00se: xD Pues, te lo recomiendo. Acá esta la continuación y espero te haya gustado.
TheSaku67: Gracias, aun me cuesta algo de trabajo describir, pero haré mi mayor esfuerzo para ser mejor owo. XD Planeo agregar a Gru de hecho, pero aun esta en planes. Tu idea de meter a papá Drácula me gusta x3 la usaré más adelante. [AXH 8 – MH 4]
Bloss Frost: -se sonroja al ver que le ha dejado un comentario- xD ¿Meriguy? D: Nunca había oído de esa pareja… -pensado en alguna forma de meterla-
Lissie Bennet: xD Hahahaha así es Anna. [AXH 9 – MH 4]
Sigynlaufeyson3: xD Creo que eres la única que piensa en ello, pero me gusta poner las notas para que ustedes no se queden con cara de ¿Y eso qué es?
Dulce Tiramisu: "El, amor es como un tiramisú, es agridulce y ligero~ Cuando veo que otros ojos se posan en ti, parece que voy a estalla" –cantando el opening de Mirmo Zibang- x3 Una de las cosas que me encantan poner son las cosas graciosas, va con mi personalidad, xD Planeaba hacer eso, que pelearan como niños pequeños por la atención de Elsa. Quizá si , quizá no, eso lo decidirá la escritora ewé [AXH 10 – MH 4]y la ultima pregunta te la he contestado en el FanFic =w= D: Olaf aparecerá con el tiempo, tranquilos ewe.
Astrid Hofenson5: -se sonroja por el alago- Gracias. D: No he visto Ralf el demoledor ;n; ¿Quién me la pasa? [AXH 11 – MH 4]
Camila: Gracias ^^. Si, va a salir Olaf. Ya te respondí eso. xD No lo creo, Thootless es de Hiccup. Si, lo voy a meter gracias a todos los comentarios que me lo pidieron ewe, también a papá Drácula. [AXH 12 – MH 4]
RESULTADOS: HICCUP X ASTRID GANA.

DESPEDIDA E INFORMACIÓN DEL FANFIC:
Como siempre, espero y les haya gustado el nuevo FanFic que está HERMOSAMENTE LARGO. *W* Ahora, otra cosa: ¿Quieren que haya limme? ¿lemmon? X3 ¿Qué otras ideas quieren que aparezcan? ¿Qué otros personajes quieren ver? Obviamente, no tomaré todas, así que desde antes me disculpo por no poder captar todas sus ideas, pero a partir de ahora, las ideas que adquiera, en "Contestando comentarios" aparecerán en cursiva negritas. Sin más por el momento, me despido de todos y todas. – ewe Hasta el próximo capitulo.

Zakuro Hatsune.