Hola a todos, hoy les he publico el capítulo tres de este RARO AU eweU Espero y sea de su agrado…
Ω Una vida en Hogwarts ђ
Capítulo 3: Un pasado oscuro. La copa de los tres magos.
Después de la semana de detención del peliblanco y la rubia platino, todo regreso a la normalidad. Obviamente, Hans fue expulsado de Hogwarts por su intento de asesinato. Elsa salía del dormitorio de los Slytherin, quienes de por sí ya le tenían un sano respeto -por no decir miedo-, ahora le respetaban más y le miraban ya no como la princesa de las serpientes, sino como la reina de ellos. Muchos alumnos se le acercaban a la joven en busca de poder, pero la joven simplemente les decía que con aquello no hacían nada, que lo mejor era obtener tus metas sin rendirse y con sacrificio. Los objetivos serían sólo cumplidos si su trabajo era bueno y no importaba el costo, podrían superarlo. Elsa en su caminar, se topó con Jack quien enseguida se le acercó y le dedicó una hermosa sonrisa. No importaba cuantas veces viese aquel gesto, su corazón palpitaba con irregularidad cuando estaba a solas con aquel joven.
Ambos se toparon con Eugene, quien les sonrió con malicia y los acompañó al gran comedor donde se reunirían con sus demás compañeros. Elsa se había peinado con su trenza y cabello echado para atrás con su mano, le gustaba más así a pesar de ser menos femenino. Revuelto y sólo algo peinado. Entre las fibras de su cabello, se escondía un pequeño dragón de casi un mes de vida, ya había aprendido a hacerse pequeño y se escondía siempre entre el pelo de su "mamá". Según Hiccup, aquel pequeño era uno de los pocos dragones que jamás se separaban de su madre hasta su muerte, razón por la cuales las hembras de dragones europeos -especie a la cual pertenecía el pequeño- vivían sólo hasta el año de vida de su cría. El dragoncito Olaf no se desprendía de Elsa, no la dejaba ni a luz ni a sombra, y siempre que alguien estaba demasiado cerca de ella, quien no fuese alguien del grupo de amigos que el dragón conocía, le lazaba una pequeña bola de fuego que era suficiente para apartar a cualquiera.
En el gran comedor el alboroto era inmenso, todos hablaban de la competencia de los tres magos, era una locura. Desde hace siglos, la competencia entre las tres escuelas de magia era inminente. Y ese año no era la excepción. Se decía que hubo una vez un joven que logró ser aceptado a los dieciséis años de edad en la competencia cuando había sido prohibido, aunque nadie le creía ya, eso había sido hace muchos años atrás. El grupo de amigos se reunió en una de las mesas, sólo faltaba Merida, que estaba a nada de salir del entrenamiento de quidditch. La joven era la capitana y siempre tenía entrenamiento los fines de semana, era la mejor de todos los jugadores desde que "La bestia" se graduó, aunque a nadie le sorprendía, ella fue entrenada por aquel chico. Siempre la levantaba temprano y le hacía entrenar con él, aquel joven le regaló su primera escoba y estuvo presente cuando fue nombrada capitana del equipo de Gryffindor. La joven pelirroja fuego hacía al fin su aparición, llegaba corriendo aún con su uniforme rojo y amarillo, con sus protectores y tenía su escoba con ella. Se sentó al lado de su mejor amigo, Hiccup, y al fin iniciaron con el tema que estaba en boca de todos.
— ¿Escucharon qué la próxima semana será la competencia de los tres magos? — Dijo emocionada la capitana.
— He escuchado que vendrán las del Instituto de las Brujas de Salem y los de Mahoutokoro. — Comentó Hiccup igual de emocionado que su amiga.
— ¿Vamos a soportar al director Aladdin y a la directora Esmeralda? No... — Musitó Eugene cubriéndose el rostro.
— ¿Existen más escuelas de magia? — Preguntó Mavis apegándose más a Elsa, quien enseguida también tenía del otro lado a Anna.
— Si, hay muchas escuelas y cada torneo de los tres magos se hace en una diferente. *Cuando entré, todos fueron a la Escuela Brasileña, pero yo me tuve que quedar por... por un incidente que tuve... — Eugene se echó a reír cuando recordó aquello.
— Vamos, Elsa, que te pusieses de sentimental pidiendo a gritos a Anna no tiene de que avergonzarte. Aún lo recuerdo: "Anna, Anna, quiero ver a mi hermanita." — La hermana de la aludida la miró sorprendida, la muchacha sólo pudo sonrojarse a más no poder.
— ¡E-Eugene! ¡Habla el que robaba los cromos mágicos de los demás! — El joven igual se sonrojó al ver que cierta rubia de largos cabellos le miraba divertido.
— ¡Elsa de Arendell! — Chilló el muchacho con barba.
— ¡Chicos! — Les llamó la atención Merida. — ¡¿Cuantos años tienen?! ¡¿Seis?! — Ambos jóvenes agacharon la cabeza en señal de rendición. — Así está mejor.
— Cambiando un poco de tema... — Intervino Rapunzel aclarando su garganta. — ¿Supieron ya que vamos a cambiar de asesor de dormitorios?
— ¿Ya no va a ser el señor Norte? — Preguntó nerviosa Elsa, pues aquel hombre era el único que podía mantenerla a raya a veces.
— No. Vamos a tener a uno de los seres más poderosos, no tanto como tú, Elsa, pero si e bastante formidable.
La rubia de larga cabellera iba a decir el nombre, pero un hombre alto, pálido, todo vestido de negro, cabello bien peinado y una capa negra con fondo rojo apareció de prácticamente la nada y se abalanzó hacia Mavis quien abrió los ojos por completo.
— ¡Mi querida sabandija! — Exclamó el hombre con un tono extraño en su voz.
— ¡P-P-P-Papá! — Gritó la pelinegra.
— ¿¡El nuevo asesor de dormitorios es tu padre!? — Graznó Rapunzel tan sorprendida como todos en la mesa.
— Hola, chicos. Soy el señor Drácula, nuevo asesor de dormitorios de Ravenclaw y padre de esta hermosa niña. — Jack no pudo evitar no reírse.
— La niña pequeña necesita a su padre para cuidarla. — Comentó el joven a modo de broma.
— ¡No es una pequeña, delincuente de Slytherin! — Gruñó el señor de tal forma que hasta al propio Jack le dio miedo. — Tú debes ser Elsa...
El hombre se acercó a la rubia platino ésta sólo se levantó y le extendió la mano que tenía libre, pues la otra estaba siendo tomada por Anna con posesión, y le estrechó la mano.
— Un placer, señor Drácula. — El hombre se quedó satisfecho con la acción de la joven.
— Es bueno ver que mi pequeña ratita está en buenas manos. Por favor, síguela cuidando como hasta ahora. Estoy al pendiente de tu situación y espero que veas en mí un nuevo apoyo, señorita Elsa. — La joven sonrió aliviada, al parecer el señor Drácula también podía mantenerla a raya.
— Se lo agradezco de todo corazón, espero contar con su ayuda para no volver a lastimar a nadie. — Elsa miró a su hermana quien ya tenía húmedos los ojos, el recuerdo de ese accidente con los cristales estaba aún fresco en su mente.
— Bueno, ya me voy. — Drácula abrazó a su pequeña hija con todo el amor que un padre puede albergar en su corazón. — Cuídate, sabandija. — Observó a Jack con sospecha después de acabar el momento fraternal. — Te estoy vigilado, delincuente de Slytherin.
— Tranquilo, viejo. — Dijo Jack encogiéndose de hombros.
— No te acerques a mi hija... — Y dándole una última mirada a Jack, el hombre se fue del lugar.
— ¡Papá! — Le reprendió la gótica a la distancia.
— Tu padre es una persona muy agradable. — Comentó Rapunzel mientras sonreía.
— ¡No! ¡Aún no entiende que ya soy grande! — Se quejó Mavis mientras se cruzaba de brazos.
— Sólo te quiere proteger y ver que estés bien. No lo mal intérpretes. — Trató de razonar Elsa.
— Volviendo al tema de la competencia mágica. ¿Piensan participar, chicos? — Interrogó Kristoff.
— ¿Nosotros? — Contestaron los mayores al unísono.
— No, es demasiado trabajo para alguien tan ocupado como yo. — Contestó Eugene mientras ponía sus brazos atrás de su cabeza.
— Estoy igual, los entrenamientos de quidditch son muy exigieses. — Se excusó Merida.
— Yo soy un enclenque, no tendría oportunidad. Además. No creo ser elegido. — Suspiró Hiccup.
Todos se quedaron mirando a Elsa, como si de ella esperarán una afirmación. La rubia se sintió nerviosa, sabía de las expectativas que se esperaban de ella, y tenía miedo de no cumplirlas todas. Sobre todo para Anna y para cierto chico peliblanco que también la observaba.
— No lo creo. Las competencias son muy salvajes y aún estoy aprendiendo a controlar mi poder. No quiero causar inconvenientes innecesarios. — Argumentó hábilmente, no quería decir que en verdad tenía miedo.
— ¡Y aunque quisieras, no dejaría que participaras! — Chilló Anna colgándose aún más del brazo de la joven. — ¿Y si resultas herida? ¿Y si de nuevo acabas en la enfermería? ¡Y no quiero imaginar que pasaría si fuera algo mortal! ¡No, no! ¡Es muy peligroso!
— Yo opino que Elsa podría con ello. — Alzó la voz Jack algo sonrojado. — Es poderosa, y conociéndola, sería la ganadora absoluta sin necesidad de hacer gran cosa. Ella es grande.
Se escuchó un **"uy" grupal por parte de todos, menos de Anna quién le veía con el ceño fruncido, y a la aludida se le coloreó la cara de un profundo rojo. Sus pómulos junto con los de Jack estaban pintados de un leve carmín que con la bulla grupal se elevó de tono. Ambos estaban tan sonrojados que si la enfermera los llegaba a ver, de seguro los mandaría a la enfermería pensando que han cogido una fiebre mágica o comido uno de esos dulces que prometen fiebre y sólo sirve para que su rostro se ponga como un tomate.
— Elsa... Ahora que lo pienso... ¿No has tenido novio? — La preguntó Eugene mientras le sonreía divertido. Era su mejor amigo, pero a veces era muy malo con ella.
— No. — Respondió simplemente.
— ¿¡Novio!? ¡¿Mi hermana?! ¡No, no, no! — Chilló Anna y abrazó aún más fuerte el pobre brazo de Elsa que de seguro estaba morado por la falta de circulación. — ¡Nadie es lo suficiente para mi hermana!
— ¿Quién sería suficiente para ella? ¿Tú? Pequeña incestuosa. — Bromeó Jack haciendo que Anna se pusiera roja de ira y pena a la vez.
— ¡Frosty, eso quedó muy atrás! — Le gritó la pelirroja.
— "¡Oh, cuando sea grande, me casaré con Elsa! ¡Tendremos muchos hijos y viviremos en una enormes casa como mamá y papá!" — Imitó el peliblanco haciendo reír a todos en la mesa.
— Si, aún recuerdo eso. — Se metió Rapunzel. — Lo solías decir mucho después de que Elsa se fue, también jurabas estar con ella en la misma casa.
— Calla, que eso no lo pude hacer... — Musitó la chica con un puchero.
— ¿La pequeña incestuosa está triste porque no puede estar con su amada hermana? — Volvió a fastidiarla Jack.
— ¿El pequeño Frosty está molesto por qué mi hermana prefiere pasar más tiempo conmigo que contigo? — Se volvió a apreciar un "uy" grupal, eso sí había sido bajo.
— Ya cálmense los dos. — Alzó la voz Elsa, pues no le estaba gustado la dirección de esa discusión.
— ¡Pero si él empezó! — Se excusó Anna.
— No me importa quién haya iniciado. Esto se acabó. — Fulminó la joven con esa autoritaria que la caracterizaba. — ¿Así que vienen las del Instituto de las Brujas de Salem y los de Mahoutokoro? — Interrogó la joven tratando de desviar un poco el tema.
Jack miró a Elsa un buen rato, sabía que lo dicho por Anna era en parte verdad, le molestaba que a veces pasara más tiempo con ella que con él, quien ya era su "amigo", pero la comprendía. Elsa y él habían tenido ya muchas charlas respecto a la verdadera relación entre ellas, sabía que para la rubia, no había persona más importante en el mundo que Anna, su hermanita y bebé. Para Jack, no había persona más importante que su hermanita también. Por eso la entendía. Pero, ¿no podía haber otra persona igual de importante para ambos en otra forma? Pasó sus ojos en los azulinos de la rubia, y a pesar de que muchos creen que es imposible, su miradas se hablaban. La joven rubia le reprendía por la pelea recién tenida, y él, sólo le pedía disculpas. No sabían cómo, pero se entendían sin palabra alguna. Ambos sabían que pensaba el otro. Simplemente, ambos se entendían mutuamente, como si estuvieran conectados de alguna forma. Como si aquellos dos hubiesen estado destinados a estar juntos desde antes de su nacimiento.
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Ya era día de la llegada de los estudiantes de las otras escuelas, todos en Hogwarts estaban atareados. Los de Gryffindor ayudaban en la preparación del gran comedor, los de Ravenclaw ordenaban las bibliotecas de la escuela, a los se Slytherin los tenían haciendo limpieza general y a los de Hufflepuff los mantenían arreglando la áreas verdes. Todo era un caos en la escuela. Y no se esperaba menos. El Instituto de las Brujas de Salem y la escuela Mahoutokoro se habían posicionado como dos de las mejores academias mágicas junto con Hogwarts. La directora del Instituto de las Brujas de Salem era Esmeralda, algunas personas que la habían visto se habían quedado hechizados por su belleza y aquellos hermosos ojos verdes, o bien, eso se decía. El director de Mahoutokoro se llamaba Aladdin, era un joven mago, casi igual de joven que Esmeralda, que había alcanzado ser director por sus habilidades a pesar de su origen tan humilde, pues se crió en las calles.
Dando las cinco de la tarde, liberaron a todos los alumnos para que se fueran a arreglar para que así, dando las seis, todos estuviesen reunidos en el gran comedor. Cuando el plazo terminó, todos los estudiantes ya estaban en sus respectivas mesas. Anna y Elsa habían decidido quedar espalda con espalda respecto a sus mesas, agradecían que estuvieran juntas. Ambas hermanas llevaban un peinado similar, pues aquella forma de peinar se las había enseñado su mamá. La rubia miraba todo, se notaba que su hermana había estado presente en aquella decoración, pues si fijabas tu vista en un pequeño punto del cielo, podías ver dos pequeñas estrellas que desentonaban con las otras blancas. Una amarilla y otra roja representado respectivamente a cada hermana. Elsa era muy observadora con esos detalles y una sonrisa se asomó en sus labios, Anna no había cambiado en ese tiempo.
— ¡Chicos! — Resonó la voz del director. — Hoy es un día muy especial... ¡Hoy recibimos la visita dos grandes escuelas! ¡Por favor, denle la bienvenida a las estudiantes del Instituto de las Brujas de Salem!
Las enormes puertas de madera que unían el respeto del castillo con el comedor se abrieron de par en par permitiendo ver a una gran cantidad de chicas vestidas con unos hermosos uniformes. Algunas de ellas portaban una ombliguera con una falda blanca, otras llevaban una blusa con tirantes con la misma falda y las más jóvenes se vestían como la directora. Esmeralda. La líder de la escuela. Entró a la cabeza saltando y dando hermosos pasos de baile que sus alumnas más experimentadas siguieron, dieron un gran espectáculo. Una de las jóvenes bailó por todo el pasillo del comedor mientras hacía trucos con fuego, otras de ellas daban piruetas por el aire exhibiendo sus bien formados cuerpos, algunas sólo bailaban por el camino y, para concluir, la directora que era de piel morena, un cabello negro rizado esponjado y de ojos del mismo color de su nombre, dio una pirueta mortal para ponerse en medio de sus alumnas que ya estaban acomodadas en todo el estrado del comedor.
Los aplausos no se hicieron de esperar al igual que uno que otro chiflido por parte de los jóvenes, las chicas del Instituto de las Brujas de Salem tenían la fama de ser las más hermosas de todas las brujas, una de las brujas más famosas que estudió en dicho colegio y que logró unirse al selecto grupo de "Las Brujas de Umbra", quienes le tenían un odio inmenso por su nacimiento, fue la gran ***Bayonetta, quien en su infancia llegó a llamarse Cereza. Jack miraba a las brujas y por su mente pasó la imagen de una Elsa vestida tan sensualmente como aquellas hechiceras, los colores rojizos invadieron su cara. Tener esa imagen en la cabeza era más que sensual para el joven, y si no se controlaba, tendría un pequeño problema entre las piernas que atender, y eso, no sería nada cómodo. Eugene, quien estaba a lado de Jack, tenía el mismo problema, sólo que en su cabeza pasaban sin fin de imágenes de cierta rubia de largos cabellos con el vestido más sensual que hubiese visto. Se la imaginó con esa sonrisa tan infantil que poco a poco le había gustado, esos ojos que se sorprendían con todo lo nuevo que veía. En fin. Ambos muchachos de Slytherin tenían su momento de fantasear con sus jóvenes chicas.
— ¡Denle la bienvenida, a los muchachos y muchachas del colegio de Mahoutokoro! — Anunció el director y, de nuevo, las puertas se estrellaron.
Jóvenes y muchacha salieron disparados de las puertas, todos se reunieron de una manera magistral. Unos aparecían de la nada, otro llegaban por la puerta de entra, algunos caían del techo, era una locura. Elsa notó que el director, Aladdin, era el que más agilidad tenía. Corrió entre las mesas y saltó de un lado para otro como un niño pequeño, a su lado, tenía un mono que se hacía llamar Abu. El joven director era igual de piel morena, usaba un traje totalmente blanco con una capa, zapatos de punta y un sombrero con una enorme pluma azul que lo coronaba. Dio un saltó enorme y, de la nada como sus estudiantes, apareció una alfombra mágica que lo elevó hasta el techo dando piruetas que sacaron más de un suspiro a las jóvenes. Era realenga apuesto, pero para los ojos de Elsa lo único interesante era ver a cierto peliblanco asombrarse del espectáculo brindado. Verlo tan embelesado y sorprendido le pareció tierno y lindo. No sabía aún la razón, pero no podía quitar la mirada de aquel joven de pelo blanco cuán nieve.
Al terminar de dar las piruetas, Aladdin descendió en picada poniéndose en medio de sus alumnos con los brazos cruzados sonriéndole a cierta directora que también lo miraba así se inclinó con educación. Todos sabían que entre la señorita Esmeralda y el señor Aladdin había una cierta competencia, más nadie sabía el trasfondo de aquella relación tan, partícula, que ambos compartían. Esos dos se miraban con algo más, y ese algo más no pasó desprevenido ante Elsa, pues esas miradas eran ya comunes entre Jack y ella. Algo en su interior le decía que esos dos tenían algo más que una simple amistad.
— ¡Bienvenidas instituciones y sus dirigentes! — Expresó feliz el director.
— Hola, señor Dumbledore — Saludó la directora sonriendo.
— ¡Hola, señor D! — También saludó Aladdin sonriendo como niño pequeño.
— Chicos, les quiero presentar a la directora: Esmeralda. Dirigente del Instituto de las Brujas de Salem. — Presentó a la joven morena de ojos verdes. — Y este joven de aquí es, sin más ni menos, Aladdin. Director de Mahoutokoro.
Todas las miradas se posaron en los, realmente, jóvenes directores. El director hizo un ademan de manos y, de inmediato, el gran salón del comedor rugió y se extendió dejando relucir más de cuatro enormes mesas de lado y lado, la del lado izquierdo pertenecía a las de las Brujas de Salem, pues su escudo colgaba de ahí. En el lado derecho relucía el escudo de Mahoutokoro, por ende, esa sería su mesa. Al instante de que los invitados se sentaron, el director mandó a traer un enorme pedestal con una manta, todos los novatos desconocían que era ese extraño artilugio, pero los veteranos ya habían visto eso antes. El fuego que seleccionaría a los tres candidatos que participarían en la salvaje competencia estaba bajo esas mantas rojas esperado a que los que se creían lo suficientemente heroicos introdujeran su nombre. Pero esta vez aquel artefacto mágico sintió algo. Al igual que el sombrero, la magia de Elsa no pasó inadvertida para aquel objeto.
El director ordenó poner el cáliz de fuego en el centro derecho, pues, en el izquierdo, estaba la grandiosa copa de los tres magos. Muchos de los estudiantes superiores fueron de inmediato seducidos por aquel premio, incluso, Elsa notó cierto atractivo en aquella copa, pero no lo suficiente como para apostar su vida en ella. Tenía otros objetivos en mente. Miró a su alrededor y notó como la mayoría de sus superiores, tanto de Slytherin como los de Ravenclaw, eran tentados por aquella copa. Escuchaba los comentarios de admiración, los de deseo, los de ensoñaciones y los de grandeza. Todos, excepto ella y su grupo de extraños amigos, querían tener entre sus manos aquella copa azulina. Suspiró resignada y decidió dirigir sus ojos a los invitados que tendrían en el castillo ese año. En ese momento agradeció tener su propia recámara oculta en lo más alto del castillo, no tendría que compartir cama. Claro, a menos que Anna no se llevase bien con sus invitadas y terminara durmiendo con ella.
De parte de los de Mahoutokoro, la mayoría eran hombres a excepción de una que otra chica de características duras. Había una rubia con un fleco tan largo que le llegaba a cubrir el ojo, otra con el color de pelo igual de rojo que Merida con espalda ancha, y tenía que agregar que sus modales en la mesa eran más que insuficientes. Pero había alguien que no encajaba. Un chico escuálido llamó la atención de la rubia, era alto y tenía una coleta agarrada, sus modales eran más que excepcionales, parecía haber crecido entre la misma realeza. Otros que igual resaltaban era un dúo de amigos, el más grande tenía el pelo de un extraño color azul con manchas verdes y moradas algo largo; mientras que el otro, tenía el pelo verde y un fleco igual de largo que la rubia que cubría su ojos. Lo más curioso. Es que ambos tenían unos pequeños cuernitos en la cabeza.
Cuando la cena terminó, el director pasó a explicar las reglas básicas del torneo de los tres magos: Uno de los estudiantes sería elegido por el cáliz de fuego para que fuera el representante de su institución, cada uno de los tres elegidos tendría que afrontar tres desafíos -probablemente mortales para un principiante- que implicaban todos sus conocimientos, tanto mágicos, como mentales y su físico. Este año la convocatoria será sólo para los mayores de quince años, quienes ya deberían tener los conocimientos adecuados para poder enfrentar los desafíos a escoger sin sufrir un daño mortal. Los estudiantes elegidos serían anunciados dentro de cuatro días, tiempo suficiente para que los invitados se acoplaran y para que los valientes que se ofrecieran tuvieran tiempo para pensar un poco, pues, aquella competencia, no era para cualquier crío que se sintiera ya muy experto en las artes mágicas, competidores habían muerto en aquella prueba. Los de Hufflepuff lo sabía mejores que nadie, uno de sus miembros cayó en esa competencia. El nombre de Cedric Diggory jamás sería olvidado en su casa. Nunca.
Al terminar la reunión, el director separó a las escuelas y les informó que eran libres de elegir en que casa quedarse. Las del Instituto de Brujas de Salem decidieron ir a Ravenclaw, pues la mayoría había quedado atraída de una forma sobrenatural por la belleza glacial de Elsa. Todas las brujas querían que aquella chica de hermosos ojos azules y semblante frío les prestara atención y, si era posible, lograr que aquella joven se fuera con ellas a su gran instituto femenino. Anna, quien fue de las primeras en darse cuenta de los planes de las brujas, se apegó a Elsa cual pegamento y no la soltó. ¿Qué se creían aquellas brujas apegándose tanto a su hermana? ¡Sólo ella tenía el derecho de ponerle una mano encima! Cada vez que una bruja de Salem trataba de tener contacto físico con Elsa, Anna de inmediato lograba captar la atención de la rubia con alguna queja, pues sabía que si ella le reprochaba algo, tendría toda su atención en ella.
A la distancia, Jack veía divertido la escena. Elsa estaba rogándole con los ojos que la salvara, que le quitara a todas las chicas de encima y que la sacara de ese lugar. O bien, eso era lo que él entendía. Sus ojos no se podían apartar de aquella joven rubia que se ponía cada vez más nerviosa, lo sabía porque era más fría e insensible en sus respuestas. Era tan divertido de ver. Suspiró al darse cuenta que no podía dejar de ver a su "amiga", su corazón palpitó de forma dolorosa al saber que eso lo eso tenía. Amistad. Jack mediante más conocía a Elsa, más le fascinaban aquella chica. Su forma de pensar, de ser, su sonrisa, sus ojos, su pelo, aquellos labios virginales que se moría por probar. Y en ese momento detuvo sus pensamientos, porque si seguía de seguro terminaría con pensamientos nada apropiados para un joven de catorce años. Pero el joven de pelo blanco no era el único que estaba admirando a alguien, cierta pelirroja también estaba en esa situación con el joven que pertenecía a Mahoutokoro de intactos modales. Los de aquella institución compartirían la casa de Gryffindor, y eso, a Merida le empezaba a poner nerviosa. Aquel chico tenía algún extraño poder ante ella que no sabía bien expresar.
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Pasó el plazo que les había dado el director a los alumnos para los que quisieran inscribirse en la competencia. En aquel transcurso de tiempo, el grupo de amigos había obtenido a varios nuevos. Guy, quien era el "raro" entre los de Mahoutokoro, había entablado una extraña amistad con Merida. Hiccup, al igual que su mejor amiga, conoció a una chica de Mahoutokoro, la rubia cuyo fleco le cubría parcialmente el ojo. Su nombre, era Astrid. El pobre pequeño se había quedado flecha con ella, lo malo es que la joven no le prestaba la más mínima atención. Hasta que descubrió por accidente que aquel joven tenía como amigo a un dragón, algo impensable hasta en el mundo mágico. Astrid y Hiccup se volvieron amigos, pero el pequeño quería algo más. No sabía que era, su joven y puro corazón empezaba a latir de una forma que jamás había sentido, y, al parecer, la pelirroja era tan unida a su amigo vikingo, que ella igual estaba pasando por lo mismo con aquel atractivo chico de coleta.
El nuevo grupo de amigos se había reunido para tomar en desayuno en el gran comedor, el ambiente era tenso, pues ese día dirían a los campeones de la competencia de los tres magos. Elsa estaba sentada entre Anna y Mavis quienes actuaban como un escudo para las brujas de Salem, desde que entraron ella prefería pasar todos su tiempo libre en su dormitorio con Olaf, aquel dragoncito que en más de una ocasión había quemado a una de las brujas, así que prefería evitar daños incensarios. Jack estaba frente a ella, ese era su lugar favorito, podía verla sin tener que hacer gran esfuerzo. Eugene estaba junto con Rapunzel, en esa semana ambos habían hecho oficial que tenían una relación que era más que sólo amistosa, aunque todos ya lo esperaban. Pasaban mucho tiempo juntos, se reían solos y se perdían en la mirada del otro. Cosa que a veces incomodaban a sus amigos. Y más si se empezaban a besar como lo estaba haciendo en ese momento.
— ¿Siempre son así? — Preguntó Guy con un gesto raro en la cara.
— Déjalos, pareja recién formada... — Habló vagamente Merida.
— ¿Qué harías tu si tuvieras pareja? — Interrogó el castaño de coleta.
— No sé, ¡pero espero no ser como ellos! — Gritó la pelirroja tratando de separar los labios de Rapunzel y Eugene. Sin éxito.
— Vamos, chicos. — Comentó el joven de barba al fin. — Cuando sepan que es esto, sabrán lo que es nunca quererse separar de los labios de su amada...
— ¡Vamos a intentarlo, Elsa! — Dijo Anna poniéndose a unos cuentos milímetros de la cara de su hermana en son de broma.
— Ya, para Anna. — Le reprendió entre risas la rubia que de pronto vio unos labios que en serio se moría por probar inconscientemente. Los de Jack.
Merida, que estaba ingiriendo manzana, estaba a punto de hablar cuando sintió como Guy la llamaba. Se giró en dirección a él y quedó a escaso centímetros del chico. Ambas respiraciones se agitaron. Originalmente, el joven quería quitarle a la pelirroja fuego un poco de manzana que tenía en la comisura de los labios. Pero no calculó bien. Ambos estaban acortando lentamente la distancia entre ambos, y sus amigos, como buenos amigos, simplemente los ignoraron dándoles un momento más privado. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta que una voz estrepitosa salió de la nada.
— ¡Tu, melena de león rojo, aléjate de mi novio! — Guy y Merida se separan al instante.
— ¿¡Tienes novia!? — Gritó el grupo en conjunto.
— ¿¡Tengo novia!? — Chilló el joven igual de impresionado.
La joven que había vociferado era la que noches atrás Elsa había visto, era realmente grande y su espalda ancha, tenía el pelo erizado -más que el de Merida- y corto. Tenía unas botas de estampado atigrado, una mirada ceñuda y, si era posible, parecía tener colmillos.
— ¿Qué te crees tratando de besar a Guy? — Exclamó la chica.
— ¿¡Besar!? — Esta vez fue Merida quién se exaltó.
— Eep, no soy tu... — Inició a decir el joven, pero no pudo completar la oración porque la muchacha ya lo estaba cargando en su espalda.
— ¡No te acerques a él, pajarita del quidditch! — Le advirtió la joven antes de darse media vuelta.
— Adiós, chicos. Nos vemos luego, Merida. — Se despidió Guy desde la espalda de la joven.
— ¿Soy la única que piensa que esa chica da miedo? — Cuestionó abiertamente Astrid.
— No, pensamos igual. — Contestaron todos en unísono.
La tarde le dejó paso a la noche donde todas las escuelas se reunieron. Esmeralda, quién se veía algo despeinada, miraba con lujuria al director Aladdin, quien estaba en peores condiciones que la mujer. El director suspiraba cansado, ambos habían sido estudiantes suyos, y desde aquellos días, ambos no sabían lo que era la palabra "contención". Los estudiantes estaban emocionados, todos esperaban ser elegidos. O bueno, los que habían decidido arriesgar su vida. Eep abrazaba posesivamente a Guy, quien no le quitaba la mirada a Merida. La chica tampoco era indiferente a aquellas miradas, pero si más disimulada. Anna compartía una charla con Kristoff, ambos se habían vuelto inseparables. Mavis y Rapunzel, juntos con las brujas de Salem, deliberaban que parte de Elsa les gustaba más, sólo faltaba Anna para completar el club ****"Amamos a Elsa". La rubia se limitaba a ver a su amigo y hablar con los ojos, único método que habían encontrado últimamente muy útil.
Después de la cena, el director mandó a traer el cáliz que había sido guardado en una sala especial donde ya no tuviera contacto con algún otro mago. Pusieron el artilugio en medio del estrado y, casi de inmediato, exhaló en una llamarada un pedazo de pergamino con un nombre escritor en él. Era el de un estudiante de Mahoutokoro, James P. Sullivan había sido seleccionando por el cáliz. Era el joven fornido con pelo azul y manchas moradas y verdes, tenía un par de cuernitos que habían sido resultado de una broma que él y su mejor amigo Mike habían hecho, por ende ambos tenían las misas protuberancias. El joven se paró orgulloso, de todos en la escuela él, con ayuda de su mejor amigo, era el mejor. La elegida para el Instituto de las Brujas de Salem fue una chica morena de pelo tan blanco como el de Jack, tenía unos extraños tatuajes azules en la cara y unas cuentas le colgaban de un mechón de pelo. Su nombre era Kidagakash. Sólo faltaba elegir al que representaría al campeón de Hogwarts. Todos estaba emocionados, las esperanzas recaían en los mayores, más exactamente en algún joven fornido o inteligente que pudiese dar el anoche en aquellas pruebas tan exigentes.
Un estallido.
Una luz.
Oscuridad total.
No se veía nada, el cáliz de fuego había pegado un estallido tan estruendoso y potente que logró que las velas flotantes perdieran su brillo junto con las luces del comedor. En la oscuridad total se empezó a formar un nombre con fuego azul, parecía hielo vivo. Primero se observó formar una "E" que después fue acompañada por una "L", de ahí, vino una "S" para terminar con una "A". El mismo cáliz había formado el nombre de Elsa. Todos posaron su mirada en la joven que estaba tan o más sorprendida que el resto. Ella no había asomado su nariz por el salón del cáliz, ¿cómo demonios entonces había sido elegida? El cáliz, al igual que el sombreo, era un objeto mágico y, por ende, vivo. Aquel artilugio había reconocido a la rubia desde que sintió su presencia. Su magia era tan tentadora. Tan hermosa. Que sin necesidad de que la joven decidiera participar, el fuego había tomado su decisión. Aquella joven con el aura tan puro y, a su vez, con una magia tan poderosa y negra sería quien llevaría a Hogwarts de nuevo a la victoria. Sólo ella.
Anna observaba paralizada como se llevaban a su hermana mayor, ¿qué había sido eso con lo de esa cosa mágica? Cuando la perdió de vista, enseguida se paró y echó a correr tras de ella gritando su nombre con desesperación. No quería que su hermana participara. No quería verla en la enfermería de nuevo. No quería perderla. Los brazos de Jack la contuvieron, pero él estaba en iguales condiciones que Anna, o peores. Tenía conocimientos de qué clase de pruebas se les sometía a los tres campeones, eran unos retos diseñados para sacar los más oscuro y siniestro del corazón de un mago. El peliblanco quería soltar a Anna, correr a su lado y decir que eso era una estupidez, que Elsa era aún muy joven para estar entre chicos de dieciocho años o diecinueve. Elsa era aún muy pequeña y Jack ya podía ver en su mente a su rubia temblando del miedo mientras que sus poderes destruían todo a su paso. Era realmente aterrador para Jack, pero lo que más le asustaba era que Elsa volviera a llorar. A encerrarse. A volverse a sentir un monstruo.
La joven rubia estaba aún en shock, ¿es qué acaso todos los objetos mágicos tenían algo contra ella? Al parecer en la única cosa mágica que podía confiar era en su escoba. Sintió unas manos agarrarla del brazo y jalarla hasta la sala de los competidores. Ahí, todos la miraban con asombro, pero nada relevante. No habían estado para ver el espectáculo que había ofrecido el fuego en la selección de la joven. En esa pequeña habitación se podían apreciar varias fotos, sobre todo, una ocupaba el centro de todas, una foto de Cedric Diggory con un listón negro era el centro de atención de todos. Elsa observó también las otras fotos que estaba ahí, una en especial le llamó la atención, un joven de Slytherin que tenía exactamente su color de pelo y ojos verdes que encerraban una maldad inminente. El joven de aquella foto era Salazar Slytherin, quien huyó de Hogwarts después de un pequeño incidente con Gryffindor dejando atrás una "cámara secreta", que ya no era tan secreta, que usaban ya como nuevo baño para profesores por su gran espacio.
— ¿Te llama la atención? — Se escuchó la voz de Norte a su espalda.
— Señor, yo no... — Iba a empezar a hablar la rubia, pero el hombre la detuvo.
— No pusiste tu nombre en el cáliz, lo sé, Drácula me mantuvo informado de eso. Pero. Recuerda que no eres tú quién elige, es el cáliz, y él te eligió a ti.
— Pero, señor, mis poderes son muy grandes y aún soy una inexperta sabiendo cómo controlarlos. Recuerde lo que pasó la última vez que me enojé, la mayoría de los de Ravenclaw terminaron en la enfermería... — El hombre puso una mano en el hombro de la chica para darle ánimos.
— Lo sé, mira el lado positivo: Quizá esta experiencia llegue a ser buena para el manejo de tus poderes a su máxima capacidad, ya que en la escuela no los usas en toda su magnitud. — Le explicó Norte, pero ella aún estaba algo reacia.
— Haré mi mayor esfuerzo... — Le prometió de corazón.
— Muy bien, niña. — Sonrió el hombre de barba blanca.
La rubia estaba por abrir la boca para agradecerle el apoyo cuando en la habitación entró el director con otros dos jóvenes, de un lado estaba el pequeño de cabello verde al que sólo se le podía ver un ojos, y del otro, una bruja realmente hermosa de cabellos negros que se pegaban a su cuerpo formado un traje. La mítica Bayonetta. Kidagakash hizo una reverdecía, todos los ajenos al Instituto de Salem sabían la historia de aquella mortífera bruja, pero sólo la estudiantes la conocían a fondo. El pequeño, cuyo nombre era Mike, se puso al lado de Sullivan dando un completo contrasta de alturas. Bayonetta fue al lado de su bruja y le dedicó una mirada satisfecha, todos sabían que entre más provocativa era la bruja, más cuidado había que tenerles. Y Kida, como se hacía llamar, no era la excepción a la regla. Todos tenían a alguien, menos Elsa, pues ningún tutor la quería ayudar por su pequeño "problema" y los que si querían, por diversas razones, no podían hacer nada. Eso iba a ser un problema porque todos los participantes necesitaban de un mentor, un adulto que les guiara en las competencia y le aconsejaran que hacer o que era lo mejor para ellos.
— Señorita Elsa, no tiene ningún tutor que le ayude, ¿no? — Preguntó director alzando una ceja divertido, parecía saber algo.
— No, no tengo... — Aceptó apenada la joven.
— En ese caso...
Las palabras del viejo fueron interrumpidas por el abrir de una puerta. Una joven de cabellos castaños al igual que sus ojos, un hermoso y humilde vestido azul con delantal y un moño de igual color había llegado acompañada de un joven algo robusto, bien peinando con una coleta, ya que igual tenía el pelo largo, una camisa blanca de mangas remangadas, un pantalón negro y botas largas. Ambos entraron y a Elsa le empezaron a salir las lágrimas. Como había extrañado a ese par.
— ¡Yo seré su tutor en la competencia! — Exclamó la joven a todos pulmón.
— Bella... Me hubieras dado la oportunidad de al menos decirle que había alguien para ayudarla, eres muy impulsiva. — Suspiró cansado el director.
— Bienvenido a mi mundo... — Agregó el joven pelirrojo.
— ¡Bella! — Elsa no soportó más, quería abrazar a la joven que apreciaba tanto.
— Hola, pequeño copo de nieve. — Ambas chicas se funcionaron en un abrazo.
— ¡Oh, Bella, han pasado tantas cosas! — La rubia sintió como la mano de la mayor acariciaba su cabeza.
— Tranquila, luego me contarás. ¿Cómo está mi pequeña valiente, mi ladronzuelo y mi pequeño entrenador de dragones? — Escuchar aquellos apodos de nuevo fue realmente tranquilizador.
— Todos estamos muy bien, incluso, hay más personas en nuestro grupo: Mavis, quien es hija del nuevo perfecto; Rapunzel, una amiga de mi hermanita y mía; Kristoff, un amigo de Hiccup; Anna, mi amada hermana y... — Elsa sintió como su corazón se aceleraba, ¿por qué le costaba trabajo decir el nombre de su amigo? — Y, y, y un nuevo chico... Si, uno nuevo. P-Pertenece a Slytherin.
— Vaya, nuevos pequeños. ¿Qué te parece, Adam? — Interrogó la joven con una sonrisa.
— Que tendré más problemas. Espero y Merida esté haciendo bien su trabajo como capitana. No la entrené por nada. — Se quejó el chico.
— Ella lo está haciendo muy bien, ha llegado incluso a no quitarse su uniforme de quidditch. — Contó Elsa con una enorme sonrisa.
— Luego tendrán tiempo de hablar, ahora es tiempo de que vayan a sus dormitorios. Elsa, Bella dormirá en tu recámara. Y Adam, tú vas con los chicos de Slytherin.
Los jóvenes se despidieron y cada quien, con su respectivo mentor, se fueron. Cuando Elsa salió al comedor, su grupo de amigos se le abalanzaron como gatos a un pequeño ratón. Todos estaban realmente preocupados.
— ¿Qué paso? ¿Por qué el cáliz te eligió a ti si tú no querías participar? ¡No quiero que partícipes! ¡Te lo prohíbo! ¡No quiero ver a mi hermana en la enfermería de nuevo! — Empezó a hablar Anna mientras abrazaba a su hermana.
— Vaya, así que ésta es Anna... Es realmente muy energética. — Las miradas de los mayores se dirigieron rápidamente a la dueña de la voz. — Hola a todos.
— ¡Bella, Adam! — El trío de veteranos fueron director a abrazar a la joven y a saludar al hombre con respeto.
— ¡Hace tanto que no los veía! — Exclamó Bella.
— Vamos, sólo fueron unos meses... ¿Cómo va el deporte, valiente? — Preguntó Adam a Merida, él le había puesto ese apodo por ser la primera en levantarle la voz y pelar con él de entré los tres críos.
— ¡Todo muy bien, bestia! ¡Voy en camino a las finales! — Expresó orgullosa la pelirroja.
— ¿Y tú, ladronzuelo? ¿Has robado algo últimamente? — Le interrogó Bella al joven de barba.
— No, pero si me han robado algo muy preciado para mí... — El joven volteó a ver a Rapunzel. — Me han robado un nuevo sueño...
El joven tomó la mano de la rubia y la acercó donde Bella, para todos los mayores, la palabra de la mujer era más que importante, pues era la más sabía en todo aspecto. Tanto de manera erudita como en cuestiones románticas.
— Bella, ésta es Rapunzel. Mi nuevo sueño y quien lo robó sin descaro. Y yo pensaban que era el mejor ladrón de todos. Es mi novia, y me gustaría que nos dieras tu autorización para seguir con esto.
Todos se quedaron impresionados ante lo que Eugene había dicho, sus amigos no conocías esa fase de él. La joven sonrió amablemente, les dijo que estaba bien mientras se tomaran las cosas con calma. Elsa observaba la escena y, por un momento, se imaginó aquella misma obra pero con ella de protagonista y cierto joven peliblanco como su coestrella. Ambos pidiendo la autorización de Bella, quien ella consideraba una hermana mayor, para tener un noviazgo más formal. De inmediato eliminó aquella idea, no sabía si eso le era posible, principalmente porque si en alguna ocasión ambos peleaban, probablemente Jack saldría lastimado. «Espera, ¿cuándo he aceptado yo que quiera salir con Jack?» Se reprendió la joven, aún no aceptaba que en su cabeza el joven de blanco fuera intruso día u noche, así que aún no estaba lista para que su corazón se abriese -más de lo que ya estaba- ante ese chico.
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El tiempo pasó rápido y en un pestañeo ya Elsa era reclutada para ir a la primera prueba. Estaba estudiando junto con Jack y Anna algunas teoría de transformación básica cuando Bella le fue a buscar para guiarla al lugar donde sería la primera prueba. Anna fue la primera en pararse e ir con Elsa seguida de Jack, ninguno de ellos la dejaría sola. Los corredores estaban parcialmente vacíos, se conocía que ya iba a ser anunciada la primera prueba a la cual serían sometidos los campeones, el eco de los pasillos alteró aún más a la rubia, jamás pensó que la escuela se vería así de día. Sentía como Anna la aferraba del brazo y la mirada penetrante de Jack tras suyo, a la distancia, percibió una voz macabra y realmente siseante. Tembló al escuchar que aquella voz llamaba a Salazar Slytherin como su amo. ¿Qué demonios estaba pasando? En sus primeros años de estudiante jamás había escuchado aquella voz. En algún momento se perdió en aquellos pensamientos tan profundos que detuvo el paso. Sólo lo reanudó cuando Anna le vio con preocupación.
Bella les guio hasta la cámara secreta, ya no tan secreta, de Salazar Slytherin. Ahí sería el lugar donde los tres magos superarían su prueba. La mayor les pidió a Jack y Anna que fueran a tomar asiento a uno de las bancas que estaban literalmente suspendidas, todo había sido arreglado. La cabeza del fundador de la casa de las serpientes había sido remodelada y limpiada, el agua, que usualmente era de los baños, ya no estaba dejando ver varias tuberías en relieve y caños que ya no se usaban, varios metros arriba, las sillas estaban a reventar de tantos estudiantes. Al fondo, tres tuberías más se abrían paso, arriba de éstas, había un símbolo que pertenecía a cada mago competidor. Una cabeza de monstruo azul con cuernos era el símbolo de Sullivan, quien ya estaba ahí con sus ropas deportivas que consistían en una chaqueta azul, una camisa morada y pantalones azules. Un cristal azulino era el símbolo de Kida, cuyo uniforme era un simple top azul junto con una falda de igual color.
La joven rubia de inmediato se cambió la ropa usando magia, pasó sus manos -ya que su poder era tan inmenso que no tenía la necesidad de usar su varita mágica- por todo su cuerpo y se equipó con su armadura de quidditch personalizada. En sus brazos se extendían sus protectores de un hermoso azul claro al igual que en sus espinillas, su casco era de ese hermoso color con un copo de nieve en medio, se había soltado la trenza para que cayese en su espalda y algunos mechones de cabellos rebeldes se apreciaban en su cara, su capa era más corta de lo usual pero con la insignia de un copo de nieve en medio bordado con hermoso hilo plateado, contrastaba con su uniforme blanco que usaba bajo la armadura. Llevaba unas botas largas que la protegerían del agua, tenía unos guantes blancos que en la protección de los nudillos tenían adornos nevados, poseía el porte de su apodo. La Reina de las Nieves. Todo su atuendo era perfecto, y no era de esperarse, entre Bella y Adam había confeccionado aquel hermoso atuendo junto con el de Merida, Eugene y Hiccup.
El director entró abriendo las puertas de par en par acompañados de los directores que parecían haber sido reprendidos por su cara de fastidio. Se puso en medio y colocó su varita en la garganta para que todos le escucharan. La primera prueba consistía en robar una joya puesta a custodia de un basilisco que había sido colocado en el fondo de cada tubería, los espectadores mirarían la prueba desde un lago que reflejaba a las tres gigantescas serpientes que dormían tranquilamente, y para seguridad de ellos, habían tres filtros para que no quedasen petrificados. Lástima que los competidores no tendrían esa suerte. El objetivo era vencer a la criatura y traer la joya a manos de sus guardianes. El grito de terror de Anna se escuchó en todo el lugar, Elsa vio a su hermana derramar lágrimas y ser sostenida por Jack, pero la rubia solo le dedicó una sonrisa y, usando un poder que sólo ella tenía, habló en la mente de Anna diciéndole que volvería sana y salva. Y antes de que la pelirroja captara que su hermana había hablado en su mente, la rubia empezó a correr en dirección a su túnel, pues la campana de inicio ya había sonado.
Pegajoso. Húmedo. Maloliente. Asqueroso. Y más adjetivos nada buenos describieran aquella alcantarilla de aproximadamente tres o cuatro metros de alto. La luz era escasa, así que la rubia tuvo que usas una esfera de luz que le ayudara a ver por dónde iba. En su hombro izquierdo estaba Olaf, quien en esos momentos era de gran ayuda, pues aquel pequeño dragón podía ver mejor que ella. Pasaron algunos minutos, minutos que a Elsa le parecieron horas, sin nada. Estaba a punto de rendirse cuando escuchó de nuevo aquella voz tan escalofriante que no pudo evitar sentir un escalofrío cuando ahora llamaba al sucesor de Slytherin y de Gryffindor juntos. Era realmente extraño. Olaf tuvo la misma reacción que su dueña, pues apenas la voz inició a hablar se escondió entre la capucha azul de la joven. Elsa sabía que era suicida lo que iba a hacer, pero seguiría aquella voz. Quizá, sólo quizá, le llevaría a algún punto donde ubicarse o le diría en donde se encontraba el basilisco. Aunque ahora que lo pensaba, era realmente estúpido que alguien estuviese en las alcantarillas.
Siendo guiada por la voz, llegó a una clase de centro que se dividía en ocho puertas distintas. Y en medio. Enrollado en sí mismo. Estaba una serpiente enorme de más de catorce metros de largo. Elsa en un reflejo cerró los ojos y le ordenó a Olaf que hiciera lo mismo. Sí miraba al basilisco estaba más que muerta. Empezó a tantear con sus manos la pared que dividían las puertas, comenzaba a sudar frío y apretaba los dientes por el temor que sentía. Estaba aterrada. Trató de calmarse, ya que sí sus poderes se salían de control podría atacar inconscientemente al basilisco y sería su fin. Escuchó el frotar de las escamas de la gigantesca serpiente y se tensó más de lo que ya estaba, se estaba irguiendo, lo escuchaba. Temía por la seguridad de Olaf, así que lo tomó entre sus manos y lo ocultó en el bolsillo donde debía estar su varita mágica. Estaba a punto de seguir caminando cuando sintió como una escamosa cola le acariciaba la cara, un siseo también se apreció seguida de unas caricias pequeñas en sus mejillas. Las escamas se sentían realmente suaves, no como plástico que era normalmente su textura ante el tacto.
— Vaya, vaya. — Dijo la voz que parecía provenir de la serpiente. — Tengo ante mí a la sucesora directa de mi amo.
— ¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¡Huye rápido, hay un basilisco aquí! — Gritó Elsa con los ojos cerrados y a todo pulmón.
— Que ingenua eres, niña, el basilisco es el que te habla. Que tú me entienda es muy diferente. — Se burló el reptil.
— ¿De qué hablas? ¡Yo jamás he hablado con las serpientes! — Se defendió Elsa, sabía lo malo que era hablar parcel. El idioma de las serpientes.
— No te hagas la tonta conmigo. Dime... ¿Cuál es el nombre por el que te conocen? — Interrogó la serpiente moviéndose para alejar de la pared a Elsa y acercarla a su cuerpo.
— Soy Elsa de Arendell, pertenezco a la casa de Ravenclaw. — Contestó la rubia y de inmediato se escuchó la risa de la víbora.
— ¡¿Tu?! ¡¿Con los cuervos?! ¡Esto es una broma! ¡Tú tienes más sangre de serpiente y de león! ¡Para ti no hay casa fija! — Las palabras del basilisco repercutieron en la mente de la joven.
— ¿Cómo que no hay casa fija para mí? — Interrogó curiosa.
— ¿Sabes acaso quién eres? — «¿Es una pregunta capciosa o qué?», pensó la rubia antes de contestar.
— Soy Esla de Arendell, hermana de Anna de Arendell, hija de *****James de Arendell y Laura de Arendell. Me conocen como "La Reina de las Nieves" y "La Reina de Slytherin". Sí eso es a lo que te refieres... — De nuevo una carcajada salió del reptil.
— ¡Qué ingenua eres!
El basilisco en un ágil movimiento tomó a Elsa y la atrapó entre sus anillos mortíferos, pero sólo la apretó lo suficiente para dejarla inmóvil. El pobre reptil se arrepintió luego de haber hecho eso. Enseguida sitió como la piel que tenía alrededor de la joven se rompía dejando ver su músculo que era raspado por una magia que el conocía perfectamente.
— Sin duda alguna, eres su descendiente. — Habló de manera solemne el basilisco.
— ¿De qué hablas? — Interrogó la joven asustada, ser atrapada por uno de los animales más mortíferos no era nada bonito.
— ¿Quieres saber quién eres y por qué tienes estos destructivos poderes? — La joven rubia se dio cuenta en ese momento que había sido invadida por el miedo. ¿Le habría hecho daño a la serpiente? Quería abrir los ojos, pero su instinto se lo impidió.
— Si... — Aceptó Elsa tranquilizando su mente.
— Está bien, pero esta será una historia larga... Y no quiero que unos intrusos sean participe de esto.
El basilisco, con su enorme cola, aporreó el piso provocado un derrumbe quedando atrapados Elsa y él mismo. Desde afuera, Anna gritaba con terror y Jack estaba a nada de salir corriendo en dirección al caño de donde la rubia desapareció. Al parecer, no habían tres serpientes distintas, sino sólo una que mantenía las joyas a salvo. Pero después desde la pantalla acuosa de donde se veía la acción, sólo se contemplaban piedra tras piedra, y lo último antes de eso fue la imagen de una Elsa atrapada entre los pliegues escamosos de la serpiente. Todos estaban preocupados, pero nadie podía haber nada. Eran las reglas.
— Verás, Elsa. — Inició a hablar la serpiente. — Hace muchos años, Salazar Slytherin fue expulsado de Hogwarts por Gryffindor... En esa época, Slytherin prometió regresar y tomar venganza de él. Gryffindor no era tonto, así que también juró que cuando eso pasara, su heredero sería quien lo enfrentara.
— ¿Y eso cómo se relaciona conmigo? — Cuestionó la joven.
— En algún punto de la historia de ambos, un sucesor directo de Slytherin, y un sucesor directo de Gryffindor engendraron un bebé, bebé que a su vez dio origen a otro... Así por años hasta llegar a ti. Elsa. El tiempo de la venganza de Slytherin llegó, al igual que el enfrentamiento contra Gryffindor. Tú, mi pequeña, eres la heredera directa de Salazar Slytherin, mi amo y señor, y de Godric Gryffindor, su enemigo.
Elsa se quedó en shock, ¿era ella descendiente directa del más poderoso y resista mago de todos, y el más valeroso de todos? ¿Cómo era eso posible? Y si ella era heredera de ese hombre... ¿Anna igual? Estaba tan impresionada que no sintió cuando sus pies tocaron el suelo, pues la serpiente la había alzado para poder agarrarla bien.
— No te preocupes, mi joven niña. — La tranquilizó el basilisco más amable. — Tu hermana menor posee más cantidad de sangre de Godric Gryffindor que tú, pero ya que eres la primogénita, el deber cae en tus hombros. — La gigantesca serpiente volvió a estrujar sus escamas en la cara de la chica. — Eres realmente bella, tus antepasados se sentirían orgulloso de ti. Pero ten cuidado, hay otros dos herederos de Slytherin. Menos poderosos que tú, pero uno de ellos es más ambicioso. El otro, será quien te acompañe en tu pelea contigo misma, y con el heredero auto proclamado de Slytherin.
El basilisco con su cola tiró varias rocas para permitirle el paso de la joven. Tomó una de las gemas que tenía protegiendo y se la dio a la rubia en las manos. Le dio una última caricia, pues aquella joven era igual de letal que su amo, pero sus ojos eran los mismos del mejor amigo y enemigo de éste. Los podía observar a pesar de tener sus párpados de escudo.
— Ahora, ya vete, pero antes... — Desde las profundidades de la alcantarilla salió un pequeño basilisco de escasos días de roto el cascarón. — Mi pequeño hijo será ahora tu sirviente, mantendrá cerrados sus ojos en tu presencia, y estará a tu lado cuando lo necesites. Ahora. Largo.
El basilisco empujó a la joven rubia y, apenas estuvo en la puerta donde había entrado, hubo otro derrumbe dejando en el interior de una montaña de rocas a la gigantesca serpiente. Elsa abrió los ojos viendo que en su mano tenía una piedra morada brillante, en su bolsillo estaba Olaf junto con la pequeña serpiente que mantenía cerrados sus ojos. Todo había sido tan extraño. Para empezar, descubrió que podía hablar parcel, cosa que no era una buena señal en su posición como "Reina de Slytherin", pues sí ya sufría por ser el centro de atención de las serpientes, ahora era mayor. Y sobre todo, los cuervos le temerían más. A parte, también se había enterado de que era heredera prácticamente directa de los dos mejores magos que han existido, y no sólo eso, sino que también tenía que enfrentar con una "maldición" que recaía en ella. ¡Mejor primera prueba no podía haber! Suspiró resignada y se encaminó en dirección a la luz. Ya estaba cansada de estar en oscuras y con olor a caño.
Anna estaba en la salida del tubo junto con Jack, todo había sido un caos desde que Elsa fue atrapada entre esas rocas enormes con la mortal serpiente. Estaba ansiosa, ¿estaría bien? ¿No le habría pasado nada? Y lo más importante... ¿estaba viva? La tan sola idea de que algún maestro que la fue a buscar llegara con su cuerpo, o con alguna pertenencia suya era atroz. Las lágrimas ya estaban saliendo de sus ojos y la mano fría de Jack estaba en su hombro. Pero él estaba igual o peor que ella. ¿Perder a Elsa? Un mundo sin su hermosa sonrisa, sin sus muecas, sin su melodiosa voz, jamás volver a ver su cabello rubio en esa trenza suelta o amarrada no era mundo. Si, en ese momento no le importaba tener esos pensamientos, pero la idea de que no hubiera Elsa en su mundo era atroz. ¿Cómo resistiría no estar sin ella? Y lo peor, es que ella se iría sin saber aquellos raros sentimientos que tenía por ella.
La joven rubia salió del agujero oscuro cubriendo sus ojos por el brillo de la luz que percibía, no se tardó mucho antes de estar en el suelo, pues fue tecleada literalmente por su hermana. Sus lágrimas estaban llenando toda su ropa y decía su nombre con insistencia. Elsa estaba realmente confundida, pero aceptó aquel gesto. Mientras seguía consolando a su hermana, miró a su amigo, Jack, quien la observaba con una mezcla de alivio, enojo y algo más. Pero primero tenía que acabar con Anna. Cuando paró el llanto, ambas se pararon y, en seguida, todo su grupo de amigos ya estaba con ella preguntado cómo estaba y que había pasado. Elsa sólo contó que descubrió que hablaba parcel, pero sólo eso, que habló con el basilisco y que él le había dado la piedra. Pero el director solo se le quedó viendo, todos sabían que a él nadie le podía engañar, y menos aquella rubia que era la maga que más cuidaban.
Mientras Elsa estaba hablado, una mano que reconocía la tomó y la sacó de aquel lugar dejando a todos, incluso a ella, perplejos. El joven peliblanco la guio hasta un pasillo solitario donde la abrazó contra su pecho y empezó a llorar. No le importaba que pensara de él. Le valía si lo consideraba muy infantil o gallina. Sólo quería sentir a su amiga, quería ver que estaba bien y escucharla. Elsa se quedó en sorprendida, jamás había estado tan cerca de alguien así que no fuera Anna. Pero. Los brazos de Jack rodeándole y escuchar su llanto le era realmente lindo. No solo eso. Se sintió culpable al ser ella la responsable de las lágrimas, ¿qué había hecho para que su hermoso peliblanco derramara lágrimas? En ese momento no lo pensaba, sólo quería sentir más cerca al joven, que sus brazos la rodearan. Quería sentir más. Todo a su alrededor se detuvo, los capullos de flores que estaban afuera florecieron y el cielo que se había nublado se despejó con arte de magia. La magia de Elsa era realmente hermosa.
— ¿Qué pasa, Jack? — Preguntó la rubia.
— ¿Te encanta hacerme esas bromas, no? ¡Aquí el único bromista soy yo! ¡Y esas cosas son de pésimo gusto! — Gritó el joven, pero era silenciado por la ropa de la chica.
— ¿De qué hablas?
— ¡Todos pensábamos que te había pasado algo! ¡¿Te imaginas cuanto sufrió Anna?! ¡¿Cuanta ansiedad vivieron Eugene, Rapunzel, Merida, Hiccup, Bella, Adam, Mavis?! ¿¡Cuánto sufrí yo!? ¡Me niego a que partícipes sí eso implica perderte! — Las últimas palabras aceleraron el corazón de la joven.
— ¿A-A qué te refieres? — Tartamudeó Elsa.
— Elsa... Yo... — Jack le diría, le diría que sentía por ella aunque no supiera bien que era.
— ¡Elsa! — Se escuchó a Anna a la distancia y ambos jóvenes rompieron su abrazo.
— Yo... Creo que me pase un poco... — Se disculpó Jack mientras se rascaba la nuca.
— No... Está bien.
La pelirroja se acercó a su hermana, no quería separarse de ella. Pero Elsa del que no quería separarse era de Jack. Su corazón latía con irregularidad, su cara estaba sonrojada y en su mente solo habían pensamientos que tenían como protagonista al joven de pelo blanco. ¿Ya cuentas veces se había sentido así por aquel muchacho? Ya había perdido la cuenta, pero en aquella ocasión fue diferente. La sensación de sus brazos a su alrededor aún era fresco, las lágrimas del chico habían dejado una marca húmeda en su ropa. Y el «Me niego a que partícipes sí eso implica perderte», esas palabras resonaban en la mente de Elsa, pero con una sabor distinto. Se sintió feliz al escuchar esas palabras, aún más feliz que cuando su hermanita dijo su nombre por primera vez. Aquellas palabras le habían agradado a un nivel totalmente diferente, no sabía que eso era principios de amor. Pues ya llevaban varios meses de conocerse y gustarse. Era tiempo de dar el otro paso. La pregunta era, ¿cuándo Elsa se daría cuenta que empezaba a amar? Pero aquello pasó a segundo plano cuando vio a la serpiente en su bolsillo, la emoción sentida fue remplazada por preocupación. Tenía un pasado que atender, y un futuro incierto que enfrentar sin decir palabra alguna.
CONTINUARÁ…
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: ewe Bueno, en HP no especifica cuando son las competencias, y como siempre es una locación distinta, pues decidí buscar otras escuelas que no sean las otras dos que se vieron en la película o libro.
Segundo**: Ese incómodo "uy" grupal que hacen cuando te fastidian con alguien... xD Elsa tiene muy buenas amigos. LOL
Tercer***: Ya que estoy haciendo un multi-crossover... ¡Vamos a meter a personajes de videojuegos(?! ene Ok. No. :'C Pero es que no conocía otra bruja mejor con las características del Instituto para Brujas de Salem que no fuera Bayonetta ;n;
Cuarto****: ¡Y Zakuro es una de las integrantes de ese grupo junto con el de AMAMOS EL JELSA! (?
Quinto*****: Nunca se dicen los nombres de los padres de Anna y Elsa, así que decidí recurrir a mi pobre imaginación con los nombres...
RESPONDIENDO COMENTARIOS:
HatefulRainbow: ¡Exacto, lo importante es JELSA! D: ¡AMA A BELLA! ¡BELLA ES GENIALOSA! (?Pues… yo nací sin alma(? Así que es una buena teoría…
Leah Frost: xD Espero y hayas disfrutados estas notas igual, ya que son instantáneas…
BrokenDoll-K: LOL ;A; Shi, Elsa y Anna son más que bellas. xD Hahahaha no de todas, por ejemplo: Bella no se enamoró de Bestia apenas verlo… Y dudo mucho que en su forma humana también lo hubiese hecho conociendo el carácter del personaje… Y Jazmín… Bueno. Jazmín tardó tres películas en casarse con Aladdin xD Algo es algo, ¿no? LOL Chico paleta x3
Laidyx: :'D ¡Exacto! ¡No la iba a tener tan fácil si se enfrentaba a Elsa! LOL Si, por eso puse esos diálogos. Y no. Olaf solo se llama el dragón, pero a su tiempo aparecerá el verdadero Olaf… Usted tranquila y yo escribo(? xD No sé, a mí me gusta el ELSANNA en forma de familia, pero igual me da risa ver los ataques medios lésbicos de Anna… ¿Celos, triángulos amorosos? ¡Buena idea! X3 Gracias nwn espero y este capítulo te haya gustado.
Annony00se: xD Oh, si, Elsa es súper malota. ¿Por qué todos odian a Anna? ;n; Que quiera para ella solita a Elsa y aparte encontrar a su media naranja no es culpa suya(? Ok. No. xD Si, yo igual me lo imaginé, pero el capítulo ya estaba arriba. Si, esa mugre atracción de ver a alguien y pensar "viólame, viólame"
Brendiiita: ¡LEMMON! xD ¡YAY¡ Si, la relación de Elsa y Bella es como de hermana mayor a menor.
: ¡Gracias!
Bloss Frost: -se avergüenza la ver que le escribe- :'3 No, es mi villano favorito y es buen material para fomentar odio(? ¡Todos queremos uno! Aunque igual quiero un erizo africano como el que vi en un comic ELSANNA donde el erizo estaba peinado igual a Elsa…. Pues ya te complací con Guy, así que veré como meto a los demás xD
Mariana: 1.- Casi me matas de un infarto porque pensé que había quebrantado alguna regla de derechos de autor o algo así. 2.- Ya lo vi, y también se de una recaudación de firmas para hacer una petición a Disney.
NanaCaballero: ¡Gracias!
COSAS DE LA AUTORA:
Bueno, ya me despido y espero que les haya gustado… Antes de irme, les quiero decir algo:
Estoy trabajando en otro AU sorpresa para ustedes…. ewe Obvio, JELSA, pero esta vez será diferente… Les adelantaré que será desarrollada en la actualidad… Y ya no les diré más porque quiero que se queden con las ansias de saber de que trara xD
Ahora si, me despido. Hasta la próxima.
Zakuro Hatsune.
