Hola a todos… -se asoma desde detrás de su escritorio- Eh… Bueno… Sé que me quieren linchar, tirar tomates, echar a la hoguera entre más cosas que lastimarían mi pobre cuerpecito(? Pero bueno. Aquí les traigo la continuación de este fanfic AU, espero y les guste.
Espero y logren perdonarme, es que quería subir las tres primeras "Rosa de Cristal", las fechas no han variado. "Una vida en Hogwarts" saldrá cada mes y "Rosas de Cristal" cada que tenga uno listo. ¿Razón? Porque este tiene un trama más elaborado que el otro, que es solo un trama que no pienso mucho, son ideas esporádicas que se une. Lo contrario a este, en la que sí pienso que hacer.
Ahora, sin más que agregar, buena lectura.

Ω Una vida en Hogwarts ђ

Capítulo 4: El baile de invierno. ¿Qué es esto que siento?

¿Hay a caso algo mejor para un estudiante que un fin de semana? ¿¡Y no es aún mejor que si ese sábado se permitirse salir del colegio!? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! O bien, eso pesaba cierto grupo de amigos que estaban más que emocionados por salir al fin de rutina escolar. Los únicos que no compartían aquella emoción, era cierto peliblanco y una rubia que no saldrían del castillo. El joven no tenía permitido abandonar los territorios escolares por haberle jugado una broma al director Aladdin, quien engañado por éste, se adentró en los dormitorios femeninos de las chicas del Instituto de Salem. La que más se enojó con esta "pequeña" broma fue Esmeralda, quien en vez de enojarse con el director, se enojó con sus propias alumnas. Ya que, cuando el joven diligente del instituto Mahoutokoro penetró en los aposentos femeninos, sólo las brujas muy jóvenes no trataron de seducir a aquel muchacho de tez morena. Esmeralda estaba como una arpía y no descansó hasta saber quién había sido el responsable de que Aladdin llegara hasta ese lugar. Obviamente, no fue demasiado difícil dar con culpable, sólo Jack usaba copos de nieve combinado con pociones para hacer sus travesuras.

Elsa, por otro lado, no tenía permitido salir de las instalaciones de Hogwarts por el simple hecho de que aquella institución actuaba como una barrera entre el mundo mágico y sus enormes poderes. La rubia no saldría de aquella escuela hasta que tuviera total control de todos sus poderes. Elsa no había visto a sus padres en tres años, nunca iba para vacaciones, jamás llegó a una Navidad o día de Pascua, no fue al cumpleaños de Anna ni al aniversario de sus padres. No podía poner un pie afuera de la institución sin que todas las personas que la rodeasen estuvieran en peligro. Su hermana menor había tratado de convencerla al igual que sus otros amigos antes que ella, pero la respuesta fue la misma. Ella no podía salir. Anna le rogó toda esa semana que fuera con ella al nuevo parque invernal que se había instado cerca del pueblo, pero sólo obtuvo puras negativas como respuesta. Aún no entendía porque su hermana seguía teniendo miedo de estar en el exterior.

Al fin llegó el momento en el que todos se reunieran con su ropa de calle, Eugene tenía un chaleco verde con una camisa de mangas largas abajo, unos jeans y botas cafés con agujetas. Rapunzel llevaba un conjunto de blusa de mangas largas, una falda y zapatos rosas con unas medias lilas. Hiccup llevaba una camisa de mangas largas verdes, un chaleco de piel, jeans algo deteriorados y unos zapatos cafés. Astrid vestía una camisa plateada, en sus muñecas tenía pulseras con púas realmente peligrosas, una falda roja, unas media negras y unos botines negros de amarrar. Mavis vestía toda de negro, labios y ojos delineados de ese color, convers, unas medias con rayas blancas y negras, y portaba un vestido que le llegaba hasta un poco más abajo de la mitad del muslo. Merida llevaba una blusa de mangas largas verde, como sus mejor amigos, unos jeans y unos botines convers de igual color que su blusa. Gay llevaba camisa café de mangas cortas, unos jeans rotos sujetados con un cinturón cuya hebilla tenía forma de un perezoso y tenis.

— ¿Dónde están Anna, Elsa, Jack y Kristoff? Dijeron que nos encontraríamos aquí. — Bufó Eugene fastidiado.

— Tranquilo, sabes que desde la habitación de Elsa hasta acá no es un camino corto. — Trató de calmar Hiccup a su amigo.

— No me importa. Ya se ha tardado mucho.

El joven con barba iba a volver a quejarse cuando sus amigas junto con Jack llegaron corriendo. Anna vestía una falda corta azul, una blusa negra con adornos en el pecho, abajo de esta llevaba otra blusa de mangas larga azul y era cubierta por un chal rosa, usaba botas largas y estaba peinada como siempre. Kristoff usaba jeans azules, una camisa blanca, arriba de esta un suéter rojo y convers de igual color. Jack también usaban jeans azules, una chamarra de igual color que tenía adornos invernales -semejantes a la escarcha- en la parte de los hombro y en sus pies se veía que tenía unos convers. Elsa, por su parte, llevaba una chamarra azul cielo sin gorra, tenía el cuello parado y estaba parcialmente abierta permitiendo observar su blusa blanca que tenía abajo, sus jeans eran de un hermoso color negro y en sus pies y parte de sus piernas se apreciaban unas botas negras que llegaban unos cuantos centímetros más abajo de la rodilla. Los chicos estaba doblados en sí mismos tratando de recobrar el aliento, habían corrido en todo el trayecto. Las escaleras se habían movido mientras ellos estaban arriba.

— ¡Llegan tarde! — Se quejó Eugene.

— ¡Ya lo sé, señor obvio! — Reprochó Jack entre jadeos.

— Vamos, sólo tenemos hasta las cinco de la tarde para ir y regresar. — Apresuró el joven de barba.

— Apenas son las doce, danos un tiempo de respirar. — Pidió amablemente Elsa.

— De acuerdo. — Accedió el chico. — Por cierto, ¿qué hacen el chico paleta y tú aquí? Se supone que no van a ir...

— He venido a despedir a Anna, y Jack sólo me acompañó. — Explicó la rubia mientras se erguía ya con la respiración controlada.

— Vale. ¿Quieren que les traigamos algo? — Ofreció Merida.

— ¡Yo quiero unos dulces vómito! — Pidió Jack con ojos iluminados.

— No. — Negó todo el grupo completo.

— Ay... — Chilló el peliblanco. — Sólo unas obleas de todos los sabores y dulces en general.

— Yo sólo quiero el libro de Percy Jackson y los dioses de Olimpo, de preferencia el tres, si no es mucha molestia... — Pidió algo cohibida la rubia platina.

— ¡Yo te lo compraré, Elsa! — Le prometió su hermana con la misma energía de siempre mientras alzaba su mano.

— Bueno, eso sería todo. — Culminó Eugene juntando sus manos.

— Kristoff, cuida que Anna no se meta en problemas. Mejor dicho. Que no se meta con las brujas de Salem. — Dijo Elsa mientras suprimía una risita.

— ¡Pero, ¿por qué?! ¡Ellas se metieron conmigo diciendo que harían cualquier cosa para que fueras con ellas! — Lloriqueó la pelirroja.

— Ay, Anna, ya te desacomodaste el chal. — Suspiró la mayor mientras acomodaba la ropa de su hermanita. — Kristoff, cuídala.

— Lo haré, Elsa. — Terminó accediendo el rubio.

— Vale. Vámonos.

El grupo incompleto de jóvenes se marchó a la salida, Elsa y Jack miraron a sus amigos irse con un aura de tristeza en ellos. Querían estar con sus amigos, ir al pueblo, ver todo lo nuevo y pasar un rato divertido con ellos. «¿Qué estás pensando, Elsa? Sabes que eso jamás pasará... Eres un peligro para todos», se reprendió la rubia mientras agachaba la cabeza, en su mente ella aún era un peligro para todos. Miró sus guantes que ahora eran reforzados por pequeños trozos de piedra filosofal que habían sido guardados de la destrucción de la original. Cada segundo sentía como aquellos trozos de joyería drenaban sus poderes dejándola en un estado constante de debilidad, pero sabía que así era como debía sentirse ser un mago normal. Por mucho que le molestara, pues su vida igual se le era drenada, aceptaba aquel precio tan alto por tal de no ser jamás un peligro. Según el Sr. Norte, si seguía con esos guantes o, en la remota posibilidad, llegara a controlar todos sus poderes, podría salir del castillo en dos o tres años más, dependiendo cual de las dos cosas pasaban primero. Miró de nuevo a la salida y se imaginó, por un breve momento, que ella salía sin aquellos guantes que se le habían impuesto desde hace mucho tiempo. Algún día saldría, lo sabía, pero su inseguridad le decía lo contrario. Y como todos sabemos. Las inseguridades suelen ganar muchas peleas, y esta, fue ganada por ella.

Jack contempló a Elsa observar sus guantes con un semblante triste, sabía lo que esas cosas le hacían y no le gustaba para nada. Aún lo recordaba. Fue después del incidente con el basilisco, el pobre animal tenía lastimadas tan severas que tan sólo una persona podría haberlas causado. Su querida amiga. Ese día la había acompañado a ver al director, pues le el destino pensó que sería de su agrado -o desafortunio- él estar a su lado cuando el viajo le reprimiera por haber dañado a un animal. Como castigo y por precaución, los guantes que siempre usaba Elsa le fueron cambiados por unos similares a los que usó en detención, su capacidad era enormemente menor, pero su efecto era similar. Desde ese día, el peliblanco miró en silencio como su amada amiga se deterioraba, ya no era igual de enérgica y no tenía esa hermosa sonrisa en la cara todo el tiempo, le debilidad debido al contante drenaje de su propia magia, de sí vida, le afectaba. Y eso, a Jack, le molestaba. Llegó incluso a ir a hablar con el director exigiéndole que le devolviera los guantes que ella usaba, pero el anciano le contestó que con forme creciera, los guantes que usaba serían destruidos por tanta magia que generaría, pues la chica, con cada año, con cada mes, día, hora, segundo, generaba más magia en vez de quedarse estancada como muchos estudiantes.

Jack le ofreció a Elsa ir al gran comedor, valga la redundancia, comer algo. La rubia platina puso su mejor sonrisa y accedió. El joven, en un intento de consolar a su amiga, pasó su brazo por los hombros de la muchacha apagándola más a él, la rubia platina al sentir eso, trató al inicio de alejarse, ya que no quería hacerle daño. Pero su corazón y la sensación cálida que le transmitía Jack se lo impidieron. Estar así, a su lado, provocaba que su sangre viajara tan rápido que su pobre corazón tenía que trabajar más, su cara llegó a sonrojarse y su estómago se contrajo. Era una sensación tan nueva. Tímidamente, alzó su pequeña manita y cogió el borde de la chaqueta azul que tenía Jack, no quería separarse de él mucho, pero no tenía el suficiente valor de pasar su mano por el dorso de su amigo. Aquel pequeño e infantil gesto le fascinó al muchacho de ojos azules, que Elsa tomase su sudadera con su manita como si fuera una pequeña niña le encantó, un impulso súbito por darle un beso en la frente como recompensa le invadió, pero sabía que no podía hacer aquello. Era su amiga. Y no vas por la vida besando a tus amigas, ¿o sí?

Al llegar al gigantesco comedero, vieron que estaba vacío, o bien, sólo se apreciaban a uno que otro estudiante que no quiso salir por sus razones. La pareja de amigos se separó para que pudiesen caminar entre los estrechos pasillos, se sentaron delate de un gran ventanal que les permitía ver parte de los jardines del colegio. De inmediato delante de ellos aparecieron los manjares más delicioso que pudiesen imaginar, desde lechón hasta pavo asado, jugos y sodas cuyos sabores sólo eran probados por los labios de los magos, helados de sabores que sólo en tus sueños más locos pudieses imaginar y frutos tan extraños que sólo en un lugar mágico verías. Ambos jóvenes iban a empezar a difusora sus alimentos cuando, a lo lejos, por el ventanal enorme, pudieron divisar a los directores de las respectivas escuelas que tenían como visitas. Esmeralda vestía con su ropa usual de gitana y, el director Aladdin, con una ropa tan pobre que cualquiera pensaría que era un vago y no el líder de una escuela mágica, pues sólo tenía puesto un chaleco azul, unos pantalones bombachos remendados, un sombrerito y estaba descalzo.

— Oye, ¿no son esos el director Aladdin y la señorita Esmeralda? — Se animó a preguntar Elsa para confirmar que veía correctamente.

— Si, ¿Aladdin no sentirá frío? Porqué allá afuera estaba uno...

El joven no terminó la oración, pues la escena que se desencadenó delante de ellos jamás la hubieran imaginado, principalmente, porque: Uno, los protagonistas eran ya mayores de edad y sabían que hacer y no hacer en los terrenos de la escuela. Dos, ¡aquello estaba más que prohibido por las normas de la escuela! Aladdin había acorralado a Esmeralda contra un árbol y le besaba el cuello con deseo, ambos jóvenes habían sido interrumpidos muchas veces y, como toda pareja, les hacía falta esa pizca de placer entre ambos.

— ¡¿Qué demonios están haciendo?! — Gritó Jack mientras se le caía el pan que tenía en la mano.

— N-No sé. — Contestó tartamudeando Elsa más que sonrojada. — C-Creo que... será mejor nos vaya...

Pero de nuevo, la pareja que estaba afuera impidió que uno de los jóvenes completara una oración completa con los actos que estaban haciendo en la vista, sin importar las consecuencias que obtendrían. Esmeralda había subido la pierna dejando expuesta su morena y bien formada piel. Aladdin, al ver aquella oferta que planeaba no perder, acarició lo que la mujer le ofrecía tan abierta mente.

— ¿Dónde está el perfecto cuando se le necesita? — Dijo Jack mientras miraba a otro lado, no porque no quisiese ver, sino porque se estaba imaginado aquello con la chica que estaba a su lado.

— ¡Para eso existen los hoteles mágicos! — Se escuchó gritar a alguien de atrás, el espectáculo dado por los directores era más que llamativo.

— No es correcto ver...

Susurró Elsa agachando la cabeza, pero sus ojos seguían fijos en la pareja. Ahora compartían un beso nada casto entre ambos, y la magia de Elsa se estaba descontrolado. La molesta debilidad desapareció dejándola como si cargara sus guantes azules de antaño. El director Aladdin y la señorita Esmeralda iban a dar el siguiente paso, cuando de la nada el director los interrumpió. Y Elsa, más roja que nunca, agradeció de corazón eso. Aladdin se separó notablemente enojado de Esmeralda y ambos voltearon a ver a nuestra dirección, se encogieron de hombros como si les importara tanto como el piso y se fueron de ahí mientras el pobre anciano se tallaba el tabique de cansancio.

— ¿Qué fue eso? — Preguntó Jack ya con su tono pálido usual.

— No quiero saber. — Expresó Elsa en igual condición. — No es lugar para hacer semejante cosa, quiero decir, estaban delante de niños.

— ¡No soy un niño! — Se quejó el chico.

— ¿Sabes qué estaba haciendo? — Interrogó la rubia.

— Se estaban besando... y Aladdin acariciaba la pierna de Esmeralda... — Elsa le animó a que continuase hablando. — Y después... pues... ya sabes...

— Veo que no eres tan inocente como pareces. — Comentó entre risas la chica.

— ¡Oye! Tu... ¡Ya verás! — El chico extendió sus dedos y empezó a hacerle cosquillas a la joven que estaba a su lado.

— ¡Para! ¡Para! — Decía la joven pálida entre risas y risas.

— ¡No voy a parar!

Pero si paró, cuando sintió el puño de Elsa impactarse contra su cara. La joven sentía tantas cosquillas que empezó a mover sus brazos y piernas a tal grado que, en uno de sus movimientos, le pegó en la cara a Jack dejándole adolorido y con una marca roja en la cara.

— ¡Perdón! ¡No quise! — Se empezó a disculpar Elsa.

— No, no. — Movió su mano en negación. — Yo tuve la culpa por hacerte cosquillas. Eso solo, que me gusta escucharte reír. — Jack se golpeó con la palma de la mano su frente, «¿Es qué soy idiota?», se regañó mientras trataba de corregir las cosas. — Eh, ya sabes, las risas femeninas son lindas... Pero más la tuya, si. Oh. Espera. — «Lo arruiné.»

— ¿Te sientes bien, Jack? Estás rojo... — Elsa estaba igual de roja, que le dijera que su sonrisa era linda le había apenado.

— Estoy bien. ¿Sabes? Mejor vamos a la biblioteca, escuché que hay nuevos libros...

El joven en su desesperación, tomó a la rubia de la mano y sin preguntárselo, la llevó hasta la biblioteca. Ambos corazones latina desbocado, aquel pequeño contacto fue suficiente para que a ambos les recorriera una fuerte corriente eléctrica desde la columna hasta nuca. Elsa no sabía ni que sentía, jamás experimentó algo como aquello. La mano de Jack era más grande que la suya, cambia perfectamente en su interior, a pesar de que llevaba puesto los guantes, podía sentir en calor que el joven le traspasaba. Era extraño. Algo en ella saltó de pronto, y no me refiero al pequeño dragón que siempre estaba en su hombro, o a la serpiente que le seguía los pasos por las sombras del castillo, trató de encontrar que le pasaba, pero rápidamente se dio cuenta que su cabeza en blanco se encontraba, pensamientos racionales no pasaban por ella y, hasta que el joven de cabello blanco le dejó de tomar la mano, no pudo pensar en otra cosa que no fuera el agarre de sus compañero. Sus mejillas ardían y su pulso aún seguía descontrolado cuando llegaron a la biblioteca donde ningún alma había, sólo la bibliotecaria se apreciaba sentada desde su silla, con mirada fija contempló a los dos estudiantes antes de volver sus ojos a un grueso libro de color tan café como el cuero.

La biblioteca estaba desierta, los únicos jóvenes que se podían apreciar eran Jack y Elsa. A ambos les fascinaba ese lugar, sobre todo, al joven le encantaba que la rubia le leyera esas historias de magos famosos y guerreros misteriosos. Se sentaron en la mesa más alejada de la vieja bibliotecaria, ahí no escucharía la voz de la joven de ojos azules mientras le narraba la nueva historia al peliblanco quien ya se estaba preparando para escuchar el cuento. Elsa se sentó en la cabeza de la gran mesa de madera, con un movimiento de manos, llamó a un libro de la repisa cuyo título no le hacía falta ver para saber cuál era. Jack, por su parte, había puesto su brazos cruzaos sobre la mesa y su cara reposaba en ellos, sonrió al ver como la joven rubia abría el libro que tanto le gustaba. Estaba listo para la historia. Miró a la joven rubia y unas ganas enormes de alzar el rostro y juntar sus labios con los de aquella chica le llenaron. Cada vez le gustaba más Elsa, y sabía que dentro de nada, estaría completamente flechado por aquella chica. Si no es que ya lo estaba.

Elsa abrió el libro que tenía en sus manos, en la página setenta y siete, donde iniciaba el cuento de "La Reina de las Nieves", que narraba la historia de un espejo maligno, un niño curioso, una amiga fiel, y una malvada reían que secuestraba pequeños para tenerlos prisioneros. A pesar de lo extenso y algo lúgubre del cuento, a ambos jóvenes les gustaba sin razón alguna. La joven rubia inició la narración como de costumbre mientras, inconscientemente, acariciaba el cabello alvino de su acompañante sumergiéndolo en un estado letárgico, casi podía verlo cerrar sus ojos y entregarse al sueño. En algún momento, aquello le fascinó tanto a Elsa que dejó la lectura y sólo se concentró en ver a Jack a nada de entrar a los mundos del sueño. Hizo sus caricias más lentas y largas acompañada por pequeños susurros que lo único que hacían era apresurar el adormecimiento del pobre alvino. Una sonrisa se dibujó en los labios de Elsa cuando al fin su objetivo fue logrado. Había hecho que Jack se quedara profundamente dormido en la mesa de la biblioteca. Se agachó a la altura de su compañero y se le quedó viendo encantada, sus labios llamaron rápidamente su atención, ¿qué sabor tendrían aquellos labios?

— ¿Notará si lo beso? — Pensó en voz alta y de inmediato se alejó del joven colorada. — ¿Qué estás pensando, Elsa? ¡No, no, no! ¡Jack es tu amigo! ¡Amigo! Jamás te vería como otra cosa...

— Eres hermosa... — Elsa volteó rápidamente la mirada hacia el joven que se tallaba la cara. — Eres mi amiga, pero quisiera que fuéramos más que eso...

— ¿Estás aún dormido, Jack? — Interrogó la joven con la esperanza que dijera que sí.

— Eso quisieras, Elsa. — Bostezó el muchacho estirándose. — ¿Sabes que pronto será el baile de invierno? — Cambio de tema drásticamente.

— Tengo conocimiento de ello. — Elsa se estaba poniendo nerviosa y los guantes que usaba estaba a punto de echar humo.

El baile de invierno había sido anunciado una semana atrás, desde ese día, tanto a chicas como chicos se les había instruido en el arte del baile. Cosa en la cual ni Jack ni Elsa sobresalían. Todos se quedaron impresionados al ver que la gran "reina" Elsa, la gobernante de las serpientes, maga más poderosa de todas y mejor estudiante, tenía dos pies izquierdos a la hora de danzar con gracia. Y por parte del Jack, él se negaba rotundamente a bailar, ¿la razón? «Jack no baila ni canta», decía siempre que le preguntaban. Ya se había metido en varios problemas por saltarse la clase de baile, era obligado a asistir bajo la amenaza de que le anularían todos los créditos escolares obtenidos, además de restarle puntos a su casa por cada falta que juntara. Ambos no tenían más opción que asistir a la clase que más los torturaba, jamás habían odiado estar en una clase más que en esa.

— Quisieras... Ya sabes... ir... ¿conmigo? — Ofreció Jack algo apenado.

— ¿Yo? ¿Ir yo? ¿Contigo? ¿C-C-Como pareja? — Cuestionaba la joven, aún no podía creer lo que Jack le había ofrecido.

— Sí ya tienes otra invitación, no me enojo, créelo. — Aplacó un poco el joven. — Y si, como pareja... No te estoy pidiendo que salgamos o nada, sólo quiero, ya sabes: Pasar una buena noche, mover el esqueleto y quizá nos escapemos antes de todo para evitar hacer lo anterior.

— Yo... — La joven rubia movió sus ojos en todas las direcciones, no quería tener contacto visual con aquellos orbes azules. — No tengo ninguna invitación.

Mentía y Jack lo sabía. La semana pasada había sido invitada por casi toda la casa de Slytherin y parte de la de Gryffindor, pero la joven prefería mantener las propuestas que recibía en secreto, no le gustaba estar exhibiendo nada de ellos. Le daba cierta pena. Jamás se consideró alguien hermosa como para recibir tanta cantidad de invitaciones, además de que la mayoría de las serpientes sólo la quería entre sus brazos como un premio para presumir ante todos que la soberana de ellos le había elegido, y los del león, bueno, ellos si eran pobres enamorados que jamás tendrían oportunidad con la joven reina de las nieves.

— En ese caso, ¿te parece si vamos juntos? — Jack miró a la joven de piel alvina y vio en sus ojos la aprobación antes de decirla.

— Claro, no tengo problema alguno.

El muchacho de chamarra azul casi saltaba de la emoción cuando su amiga, su muy amada amiga, al fin dijo las palabras de aceptación a la invitación. Jack se sentía el chico más afortunado del mundo, la joven que hacía que su corazón palpitara había accedido a ir al baile más grande de toda la escuela. Aún no se creía que Elsa había aceptado la propuesta. La joven rubia miraba la enorme sonrisa de Jack mientras este simplemente se limitaba a quedarse ahí con esa expresión alegré mirando a la nada, Elsa era conocida por no ser tan impulsiva como su hermana, Anna, pero en ese momento no pudo contener el deseo de saber cómo era la textura de la mejilla de su compañero. Mientras el joven aún seguía embelesado con aquella risa pequeña, la joven se le acercó sigilosamente, cuán guepardo al antílope, en un movimiento tan ágil como una serpiente, le dio un leve beso en la mejilla haciendo que Jack abriese tanto los ojos que era visible su iris.

— Nos vemos al rato. — Fueron las últimas palabras de Elsa antes de salir corriendo de la biblioteca.

«¡¿Por qué hice eso?!», se repetía la joven rubia sin para, apenas salió de la biblioteca, siguió corriendo sin dirección establecida, lo único que quería era escapar antes que Jack le interrogara sobre la acción realizada. Su cara estaba totalmente roja, como su piel era blanca, se notaba a leguas el color carmín que le invadía, su mente estaba hecha un caos, excusas le bombardeaban la cabeza, pero sabía bien porque había cometido tal delito. Su corazón se aceleraba tanto por la carrera que estaba haciendo, como por la situación en la que se había metió. ¿Ahora cómo vería a la cara a su amigo después de haberle hecho eso? Para muchos, un beso en la mejilla no era gran cosa, pero cuando pasas exiliada del mundo y el poco contacto físico que tienes son con tus amigos, que más que amigos eran hermanos, al experimentar un beso que trascendía aquella relación era más que magnífico y tenebroso. Aquellas sensaciones nuevas a Elsa le asustaban, pero a la vez, le agradaban.

Por dónde pasara la joven rubia, objetos se podían escuchar cayendo o, por lo menos, las ventanas se cuarteaban. Pero su mente estaba tan confusa que no se daba cuenta del desastre que provocaba. Al llegar a una de las tantas esquinas de los pasillos del castillo, se apoyó en ésta y trato de controlar su agitado respirara, sus pulmones rogaban por algo de oxígeno y sus piernas por un descanso merecido. Hogwarts no era nada pequeña, y tomando en cuenta que Elsa se había aventurado a caminar por el castillo sin rumbo fijo, era ya justo que su cuerpo pidiera un descanso bien ganado. Llevó su mano a los labios y, como por arte de magia, volvió a ella la textura de la piel del joven que le provocaba esos arranques impulsivos. Su mejilla era cálida y tan tersa como la seda, no sabría cómo describir aquella sensación nueva. Su estómago sentía vértigos aún y su corazón bombeaba tanta sangre que podría sufrir un ataque en esos momentos. Se agachó por unos minutos y trató de calmar su ser interno. No sabía que un joven de pelo blanco le seguía el paso y que, tarde o temprano, le alcanzaría en el acto.

El joven Frost estaba tan feliz porque su amada Elsa le dijo que sí, que no se dio cuenta cuando la rubia joven se fue acercando como si fuera una cazadora a su presa. Calidez. Eso fue lo que sintió el joven cuando los tímidos labios de Elsa acariciaron sutilmente su pómulo que tenía más cerca a ella. Aquella sensación jamás la iba a olvidar. Los labios de la joven eran suaves, algo partidos por la helada temperatura que tenían en esas fechas, pero siempre con esa sensación de calor que le encantaba de ella. Su mundo se detuvo por unos segundos, para él, el tiempo que sintió los labios de Elsa sobre su mejilla izquierda fueron eternos y quiso que jamás se terminara aquel momento. Su corazón a aceleró y sus pómulos enrojecieron mientras por su cabeza pasaban mil ideas, todas más extrañas e indescifrable que los anteriores, al parecer era incapaz de pensar o, por lo menos, darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor hasta que ya no sintió más el calor que aquel contactó le brindaba, obligándose a prestar algo de atención a su alrededor, fijó su vista en su amiga. Pero Elsa ya no se encontraba por ninguna parte. Tenía que alcanzarla, de eso no había duda alguna.

Frost se paró de un brinco, tomó el libro que su amiga había dejado tirado sobre la mesa, lo acomodó como es debido y emprendió camino. Si conocía a Elsa, debía estar en su habitación en esos momentos. Jamás se le ocurrió que su "amiga" no tenía rumbo fijo de huida, sólo quería alejarse de él. Jack corrió como jamás lo había hecho en su vida, subió las escaleras a tal velocidad que esperó sólo a que se acomodaran en la dirección requerida antes de iniciar carrera hasta la puerta de Elsa. Pero no estaba allí. La pintura que custodiaba su habitación, que era la representación de una Alicia nada agraciada, de cabello negro, ojos verdes, ojeras debajo de sus cuencas, un vestido azul y un mandil cubierto de sangre que tenía dos bolsas -una con una letra griega-, un colgante con el símbolo de omega y un cuchillo nada bonito le informó que la dueña de la habitación no había llegado aún. Jack le agradeció a la chica y descendió las escaleras con frustración, tenía que encontrar a la joven rubia y pedirle una razón de aquella acción que cometió. Se tocó la mejilla y a su mente volvió aquel recuerdo, su cara se coloreó de un rojo y su corazón se aceleró como si estuviese pasando. Elsa lo tenía loco.

El lugar era asqueroso, ¿por qué había terminado en un lugar así? Oh, cierto, él era un joven culpado de intento de asesinato. Por eso había terminado ahí metido y enjaulado. Su celda por lo menos era para él y no la tendría que compartir con otro joven, era realmente amplia, incluso, tenía algunos muebles para su estadía. Lo bueno de venir de familia rica. La cama no era la mejor del mundo, su tamaño era compacto, la almohada era dura cuán piedra y ni que decir del colchón. Pero al menos no debía dormir en esas asquerosas camas llenas de arañas o garrapatas. Se daba el lujo de que su baño estaba cubierto y no expuesto como los demás jóvenes encerrados en la correccional de Azkaban. Todas las paredes estaban cubiertas de humedad provocando que todo apestara así, la celda era por mucho oscura, su única entrada de luz era de una pequeña ventana con barras mágicas. La comida que le daban era igual al de todo prisionero, su ropa estaba ya en muy mal estado, la barba la tenía larga y pues, sólo era el despojo del galán que alguna vez hizo suspirar a la menor de las Arendell y a muchas otras muchachas que estaban en sus pies por su galanura de príncipe natural. ¿A dónde había quedado aquello? Se quedó con Elsa de Arendell y Jack Frost cuando la estúpida de Anna le hizo perder la concentración.

Hans de las Islas del Sur estaba sentado en el piso de su celda reprochándose sus acciones y la razón por la cual no actuó más rápido. Si tan sólo hubiera acabado con Elsa cuando tuvo la oportunidad, ahora él sería el mago más poderoso de todos. ¿Qué era una vida sacrificada comparada al inmenso poder que la joven reprimía en su ser? Nada. O bien, eso pensaba el pelirrojo. Su típica sonrisa de caballero se observó en sus labios, cuando le dieran la libreta condicional regresaría a ese estúpido colegio lleno de sangres sucia y otros magos que no le hacían justicia a la poderosa sangre que corría por sus venas. Trataría de robarle su poder a Elsa de nuevo, sólo que en esta ocasión sería más rápido y eficaz, nada de monólogos malvados o de jugar al ser el príncipe azul de nuevo. O quizá sí. Esta vez el objetivo sería conquistar a Elsa, aunque fuera prácticamente imposible, a él le gustaban esos buenos retos. Le bajaría la luna y las estrellas, y cuando confiara lo suficiente como para que creyese que ya jamás haría algo indecoroso o le hiciera algo doloroso. Ahí le atacaría. Sí. Le robaría hasta el último suspiro, y con éste, hasta la última gota de poder. Oh, si. Ese sería su plan maestro. Sólo faltaba salir de esa celda apestosa.

Mientras el chico seguía adentrado en sus pensamientos de cómo lograr la libertad condicional antes de tiempo, una joven realmente hermosa se acercó a su celda. Hans no podía creer a quien tenía en frente a su jaula en esos momentos. Piel blanca como la nieve, ojos azules tan profundos que cualquiera podría quedar prendido de ellos, labios finos y algo colorados, una esbelta figura que sería la envidia de cualquier chica y un aura de poder que haría a cualquiera estremecer. Sí no fuera porque el cabello de aquella joven era negro, lo tenía peinado de tal forma que parecía como su estuviese todo hacía arriba y su fleco caía graciosamente por su frente, juraría que frente a él estaba la mismísima Elsa en persona. El muchacho se tuvo que tallar los ojos para asegurares de que la chica que estaba ahí en frente, en vez de tener el pelo negro y corto, lo tenía rubio platino y amarrado en una trenza o algo parecido. Pero no. Aquella joven tenía el pelo de aquel oscuro color y, sobre todo, de ella salía un aire de maldad pura, una maldad que sólo era comparada al poder de la misma Reina de las Nieves que tanto presumía Hogwarts que tenía. Al ver que una sonrisa se dibujó en los labios de la muchacha que estaba en el exterior, Hans se sintió amenazado y realmente extrañó su varita mágica, estaba indefenso ante aquella mujer que ahora le temía sin razón aparente.

— Me parezco mucho a ella, ¿no? — La voz, aquella voz era la de Elsa, no había duda alguna. — Deja se mirarme como idiota.

— Perdóneme... — Se excusó Hans tratando de encontrar una lógica para que Elsa estuviese ahí parada, frente a él, con el pelo en esa tonalidad y longitud. — ¿Qué haces aquí, Elsa? ¿Vienes a burlarte de mí? ¿No recuerdas que intenté asesinarte?

— Oh, así que tú fuiste el tarado que prefirió dar un monólogo de villano antes de matar a tu presa. Sí que eres listo. — Si, venía a burlarse de él.

— ¿Qué quieres? — Le interrogó con tono notablemente molesto.

— Nada, sólo hacerte una oferta. — La joven puso una de sus manos en las barras encantadas y, con un simple toque de su varita, las rejas ya no existían. — Quiero que vengas conmigo y le demos fin a mi linda hermanita.

Hans se quedó impresionado con el despliegue de poder de aquella joven. Espera. ¿Había dicho "demos fin a mi linda hermanita"? ¿A qué se refería? ¿A Elsa? Y si fuera así, ¿Elsa tenía otra hermana aparte de Anna? No, imposible, inconcebible, sí fuera así, la joven que tenía frente a él debía estar en alguna escuela o algo parecido, ningún instituto mágico permitía que sus alumnos se fugaran o salieran de la escuela a menos que fuera por algo de fuerza mayor. Algo no estaba bien, habían muchas preguntas sin respuesta. El pelirrojo se veía al parecer bastante confundido, tanto que a la muchacha, cuyo nombre aún no sabía, que estaba frente a él, se empezó a reír a carcajadas mientras se doblaba en sí misma por lo estudio que se veía su futuro "secuaz" con aquella expresión de idiota en el rostro y con la boca abierta.

— ¿Sabes qué te vez realmente estúpido así? — Comentó la joven mientras aún se reía. — Para aclarar tus dudas. Me llamo Elsa de Arendell y no, no soy la misma Elsa que tú trataste de asesinar.

— ¿Qué? — Fue lo único que contestó el pelirrojo.

— Soy una creación que Elsa hizo cuando era tan sólo un bebé, ya te imaginarás cuánto poder tiene esa niña. Sus padres me notaron y decidieron ponerme el mismo nombre que su hija, pues soy su viva imagen sólo que con pelo negro. Un día, me di cuenta de algo realmente maravilloso, el poder que uno tiene cuando todos le temen. Sus padres pensaron que esa actitud mía podría dañar a su querida hija Elsa y a su nuevo retoño, la tonta de Anna. Me mandaron con una maldita anciana que tuve que quitar de mi camino, era demasiado buena para mi gusto. Así qué heme aquí, parada frente a ti, bastardo. — Resumió la su historia la joven llamada Elsa.

— Entonces... Si eres un ser creado por Elsa, ¿por qué quieres matarla?

A la muchacha de melena negra le desapareció la sonrisa de la cara, se acercó al joven mientras él se regañaba por hacer tremenda preguntan descortés mientras le rogaba al que quisiera escucharle que le dejará vivir un poco más. Elsa se inclinó ante él y le tomó la sucia barbilla sin temor a ensuciarse los dedos con la mugre que tenía acumulado por tantos días sin baño alguno.

— ¿Por qué? Porque no quiero ser una copia de un original, quiero ser la auténtica Elsa de Arendell, heredera de Slytherin y Gryffindor. Quiero ser yo quien cumpla la venganza de mi antepasado y eche a todos los sangre sucios de Hogwarts. Por eso fui creada, porque Elsa tiene el corazón tan puro como el estúpido de Gryffindor y un poder mayor al de Slytherin. Para eso te necesito. Quiero que acabes con mi hermana y, así, yo seré la única Elsa que existe. — Sus miradas se cruzaron y Hans, por primera vez en su vida, sintió como su corazón latió.

— Eres realmente malvada... Me gusta. — La joven no tomó en cuenta ese comentario, sólo lo aventó como si de una muñeca vieja se tratase, se paró y encaminó a la salida.

— ¿Vienes o no vienes, niño bonito? Tenemos muchas cosas que planear.

Elsa ya estaba a mitad de camino cuando Hans se paró de un salto, tomó sus pocas pertenecías y partió en camino para alcanzarla. La joven al escuchar que el idiota niño bonito venía tras se sí, sonrió ampliamente con aires de grandeza. Ya tenía a su peón principal para el plan, ahora sólo faltaba ir con rey de las sombras y obligarlo a unirse a ella para poder acabar con la verdadera Elsa. En su mente se repetía la escena donde los padres de su "hermana" le decían que ella no era real, que ella había nacido gracias a la inconsciencia infantil de ella, que ahora tendría una nueva hermanita y ésta si era real. Jamás olvidaría aquello. Desde ese día juró algún día volverse alguien, y si ella era una copia de la original, se volvería la única Elsa de Arendell que el mundo conociese. En realidad, ella se fugó de la casa y terminó con una anciana que sólo le daba para comer las sobras de sus perros. Como la odiaba. La quería muerta. E, irónicamente, lo logró con cierto maleficio imperdonable que aprendió un día mientras estudiaba en la biblioteca pública, si con trabajo la vieja bruja quería alimentarla, no tenía la esperanza de ir a una escuela mágica. Pero de sus ideas a la biblioteca encontró el árbol genealógico de los Arendell, y, o sorpresa, tenían a antepasados famosos entre ellos, pero no le gustó que la heredera fuera Elsa. Otro motivo para odiarla. Eso sí que no. Ella sería la original costara lo que le costara.

Ambos jóvenes se alejaron de la correccional de Azkaban, la seguridad no era menor por ser tan sólo unos críos chavales. Pero cosas como Mortifagos eran cosas diminutas para nuestra Elsa malvada. La verdadera historia de aquella chica era totalmente distinta a como ella en realidad creía. Su nacimiento fue gracias a los poderes inmensos de Elsa, sí, pero su propósito era el de que ella tuviese a una amiga cuando lo necesitara. Cuando sus padres le contaron la verdad a la pequeña rubia, sólo fue porque sabían que era lo correcto y que sería mejor decirle a su pequeña la verdad sobre su "hermana" antes y no después para evitar hacer un gran problema -que no funcionó mucho-. Ellos seguirían queriendo a su otra Elsa como si resaliere hubiese nacido ese mismo día. Cuando terminaron de hablar con Elsa, fueron a buscar a su otra hija, pero ya no estaba. La desesperación en casa fue enorme, la pequeña rubia lloró día y noche, casi provoca un invierno en pleno verano con sus poderes tan desarrollados. Luego nació Anna, y la pequeña Elsa se juró que a ella no le pasaría lo mismo que a su gemela, cuidaría a su pequeña hermanita de todo mal, incluso de ella misma si era necesario.

¡Al fin era el día del baile de invierno! Todos y todas estaban realmente emocionados con aquel gran evento. Excepto claro, de cierta joven rubia que aún no podía mirar a la cara a Jack sin ponerse roja de pena. Mientras se arreglaba, pensaba en que como rayos no desencadenar alguna explosión mágica cuando bailara con su amigo, por ser una de las competidoras, tenía que abrir el baile para que después se convirtiese en una fiesta para adolescentes. Al salir de la ducha, fue hasta su cama donde dormía plácidamente Olaf y su pequeño basilisco al que decidió llamar Slytherin por razones realmente obvias, al lado del par de criaturas había una caja grande que contenía el vestido que su padre le había mandado. Tenía miedo de abrirlo. Quizá allí adentro estaba el vestido que usaba su abuela cuando aún era joven. Si bien Elsa jamás destacó por saber de moda o, mínimo, algo femenina, pues tenía otras cosas más importantes que atender como por ejemplo, tratar de no mandar a toda la escuela al hospital o, mínimo, no dañar a alguien de nuevo, y digamos que su amiga Merida no ayudaba tampoco a volverla más femenina, el único que le decía que tenía que serlo era Eugene. Y eso, para amabas chicas, era motivo de burla en ocasiones.

Al fin se armó de valor y abrió la caja para encontrar un vestido, como ella temía, para chicas de hace cincuenta o sesenta años. Era largo, con mucho vuelo y con mangas pomposas. Sólo tomó la tapa de la caja y lo volvió a cerrar. «Creo que hice mal en mandarle una carta a mamá diciendo que si iría al baile con un Jack», pensó la chica mientras se acostaba en la cama de cintura para arriba dejando sus pies en el suelo. ¿Cómo haría para conseguir un vestido ahorita? No tenía ni tres horas libres antes de que iniciara el baile. Miró a su mano y, como si allí estuviese escrito, se le ocurrió la más loca idea que jamás hubiese tenido. Se paró de inmediato y contempló la ropa que llevaba. Un short y una blusa de mangas. Se armó de valor de nuevo y se quitó uno de sus guantes, cerró los ojos e imaginó un vestido hermoso de color azul y una capa larga que, en cuestión de segundos, ya era materializado en su cuerpo. Sintió como la tela le empezaba a cubrir y, a través de sus párpados cerrados, vio pequeños destellos de luz que de seguro era la mágica que estaba surtiendo efecto.

Al abrir sus ojos, Elsa vio que el hermoso vestido que había imaginado ya estaba puesto sobre su cuerpo. Una hermosa prenda de color azul con pequeños cristales incrustados en toda la parte superior hasta la cintura, una falda realmente hermosa, en sus brazos tenía una pequeña malla que estaba adornada con tejidos plateados con formas nevadas, era un baile de invierno de todos modos, vio su inmensa capa que igual estaba bordada con copos de nieve tan hermosos que casi le daba pena usarlo. Cuando dio unos pasos, notó que podía moverse que suma facilidad gracias a una abertura grande que tenía la falda, pero cuando se quedaba quieta, aquella tajada era invisible para la vista. Se miró a su espejo y casi no pudo creer que aquella hermosa chica era ella misma, vio que el peinado -que mejor dicho, era despeinado- le quedaba a la perfección con su atuendo. Una cosa menos que hacer. Se puso su guante de nuevo y esperó hasta que la hora fuera la indiada para salir, ya se moría de ganas por saber cómo pensaba Jack que se veía.

Jack ya estaba parado bajo las escaleras que unían al gran salón que sería la sala donde se realizaría la gran ceremonia del baile de invierno. Vio a todos sus amigos entrar con sus respectivas parejas: Anna venía aferrada de Kristoff, esos dos ya parecían novios sin que el rubio se animara a declarársele a la pelirroja aún. Merida iba con Guy, ambos ya tenían una semana de haberse vuelto pareja, y de la pelea campal que Eep provocó contra su amiga de cabello rojo cuán fuego. Mavis iba con un joven llamado Jonathan, lo había conocido en la excursión al pueblo que tuvieron, hicieron "zin" o algo así con él. Rapunzel iba, obviamente, con Eugene. Hiccup tenía como pareja a Astrid, era extraño ver a aquella joven avergonzada, pero bueno, estaba usando un vestido, cosa que no le agradaba mucho. Bella fue con Adam, su vestido era de los más hermosos, amarillo esponjado, parecía una princesa. Varios chicos se quedaron embelesados con la belleza de aquella chica, lástima que después estaban empapados porque La Bestia había vaciado mágicamente el tarro de ponche en la cabeza de los chicos que miraban a su hermosa Bella.

— Wow... Es hermosa... — Se escuchó la voz de un chico.

— Ella es preciosa, es casi igual de hermosa que la joven llamada Bella... Con razón es su tutora... — Esta vez fue una mujer.

Jack, que había estado mirando como sus amigos se divertían, cambió de objetivo visual a la cima de la escalera donde se topó con la imagen más hermosos que jamás había visto en sí vida. Aquella chica no podía ser catalogada con nada menos a Diosa. Su cabello rubio platino desordenado y amarrado en una trenza que le caía graciosamente de lado, labios rojos como una manzana recién cortada, su tez blanca que relucía con aquel vestido hermosos que portaba, su cuerpo era tan sensual que Jack no pudo evitar no pensar el alguna morbosidad, aparte de que era hombre, ¡ese cuerpo era más que impactante! Se acaloró aún más cuando aquella joven que reconoció al instante se le acercó con paso lento y algo tímido, amaba es de ella, la sensación de sus labios contra su mejilla volvió y quiso tomarla de la cintura y, en esta ocasión, en vez de que sus labios fueran a su mejilla, quería que se posaran el los suyos propios para al fin saciar sus necesidad de ella. De Elsa.

— Wow.. Te vez... hermosa... — Fue mejor que pudo decir Jack ante ella.

— Gracias. Te vez lindo con traje... — El joven sonrió, odiaba esas cosas, pero si ese era el precio por ver a su Elsa así de bella, lo aceptaba con cuánto.

— ¡Los participantes fórmense, el baile está por dar inicio! — Ordenó Esmeralda quien venía acompañada por Aladdin.

— ¡Chicos, sino quieren que una bruja enojada les ordene, les recomiendo hacer caso! — Advirtió el joven mientras tomaba a la joven de ojos verdes por la cintura.

Jack y Elsa eran los segundos en la fila, apenas fueron ordenados, las puertas se abrieron de par en par y comenzaron a caminar hasta la pista de baile. La música sonó, y, para ambos chicos, fue el momento de entrar en pánico. Ninguno de los dos bailaba. Frost tomó a Arendell de la manera que le habían enseñado y, con paso torpe, ambos iniciaron a bailar. Jamás. En toda le historia del baile de invierno. Hubo par tan desastroso bailando como Elsa de Arendell y Jack Frost. Su nombres quedarían grabados en la historia por ser la primera pareja que, tan sólo en el primer baile, lograron chocar con todo, pisarse los pies más de veinte veces, tirar a un mesero, vaciar barias bebidas y, sobre todo, caerse por pisar donde no debían. Cuando el baile culminó, sólo agradecieron y pidieron disculpas. Más tardaron haciendo aquello que en desaparecer de la fiesta, algunos incluso pensaron que habían usado magia de no ser porque Anna vio cuando su hermana salía discretamente junto con Jack de la sala de baile.

Ambos jóvenes se fugaron hasta el patio, en su camino se toparon con más de una pareja de enamorados en varias partes oscuras. No querían saber que hacían como para que gritarán cosas semejantes a maleficios imperdonables. Al final, se sentaron en una de las bancas y miraron al cielo. La luna estaba hermosa, estaba llena y regordeta. La temperatura era baja, tanto que empezaban a caer copos nevados. Los jóvenes se miraron y empezaron a reír, la aventura de aquel baile desastroso había sido como una travesura para ambos, sabían que la profesaría Minerva McGonagall les daría el regaño de su vida, pero no les importaba, había sido muy risible su extraño baile de aquella noche. Recordaron los momentos más chistosos y las miradas de todos cuando hicieron vaciar el ponche que llevaba Eep en su vestido atigrado, creo que los más felices de aquello fueron Merida y Guy, pues no pararon de reír ante ello.

— ¿Qué crees que nos haga la profesora? — Interrogó Jack entre risas.

— No sé, ¿quizá nos convierta en cubitos de hielo? — Bromeó Elsa.

— Claro, nos usará para regresarse en pleno invierno. Elsa, para ser la alumna más brillante de todas te hace falta lógica. — Dijo Jack mientras acariciaba la cabeza de la rubia.

— Vamos, Jack, admite que fue chistoso. — Le pidió la joven mientras cerraba un ojo ante la caricia del muchacho.

— Lo fue, lo fue.

Se hizo un pequeño silencio entre ambos, se miraban mutuamente, se perdieron en la mirada de su compañero. Ambos ojos azules se fundieron a tal grado que no se percataron cuando la distancia entre ambos se fue acortando. Era peligros. De los labios de la joven salió el nombre del muchacho que tenía en frente con la esperanza de que él aún tuviera cordura y parara aquello que ambos venían deseando desde hace mucho. La atracción que entre ambos había era innegable ya, se atraían como imanes, bastaba una mirada para que ardieran sus corazones, para que sus cuerpos se quemaran en las nuevas llamas de la pasión, como mariposas volaron mutuamente sus mentes, pobres e ingenuos niños, habían caído ya casi en el amor. Dulcemente rozarían piel con piel a cualquier instante, la joven rubia rogaba por algo de cordura, pero eso no existía en esos momentos. A su alrededor a pesar de ser invierno, las flores empezaban a florecer de nuevos, las mariposas que Elsa sentía en su vientre se materializaron a su alrededor. Y cuando ambos labios se juntaron, una onda primaveral se extendió en todo su perímetro invocado colores verdes y rojos en vez de los azules y blancos que pertenecían a la estación del año.

Cálidos, suaves, exquisito al tacto, demasiadas sensaciones indescriptible para la joven. Los labial de Jack eran mejor a como se los había imaginado. Aquel beso fue despacio y dulce, como debía ser un primer beso. Y aunque costaba admitirlo, para la Reina de las Nieves y de la casa de Slytherin esperaba que ese fuera su primer beso y la última persona con la que ella compartiera aquel gesto tan íntimo. Los labios de Jack exploraban los de Elsa, aquella sensación era embriagante. Había beso a otras chicas, porque lo había hecho, pero aquellos labios no tenían comparación alguna. Quizá porque él era el primero en probar aquel dulce manjar, no lo sabía, pero de algo sí estaba seguro. Él quería que aquellos labios sólo fueran de él, no quería besar otro par de labios que no fueran los de su rubia. Y, como ella pensaba, él no quería ser besado por otro par de labios que no fueran esos, encajaban a la perfección, como si en serio estuvieran hechos el uno para el otro. Elsa sabía que aquellas sensaciones de que Jack era el indicado era una vil mentira que su mente quería creer con desesperación, eso sólo pasa en los cuentos de hadas, pero en esos momentos no le importaba que no fuera verdad, sólo quería estar con Jack así para siempre.

Cuando ambos jóvenes se separaron, sus respiraciones eran irregulares, sus caras estaban totalmente rojas, sus labios hinchados de tanta exigencia puesta, los ojos vidriosos y un deseo oculto en ambos. Después de aquello sabían que no había vuelta atrás. Sus ojos se buscaban y, el joven, mudamente le interrogó a la chica si deseaba tener algo con él, no era necesario la pregunta, pues le había correspondido al acto que sería el decisivo, pero quería saber, quería tener la certeza de que si quería y si podían. Elsa, sólo sonrió como respuesta antes de volver a poner sus labios tímidamente sobre los de Jack, ese contacto le había encantado. Sus corazones se unieron a tal ritmo que parecían estar sincronizados, sabían que al verse y conocerse no fue sólo casualidad, el destino había sido caprichoso al ponerlos a su lado, lo que ocurría les era irrelevante, siempre que estaban juntos el dolor desaparecía junto con las angustias sentidas, Elsa lo sabía mejor que nadie. Ambos se querían, sí, ¿era amor? Quizá, no tan fuerte, pero si de los primeros escalones. Mientras los jóvenes se perdían en la boca del otro, la primavera se fue extendido por todo su alrededor, una serpiente disfrutaba de arrastrarse entre la hierba y un dragón observaba con el ceño fruncido al "amigo" de su "mamá", pero sabía no que debía irrumpir, aunque se moría por arrojarle una bola de fuego al joven para que se alejara de ella. Elsa al separarse y ver a sus lindas criaturas, les sonrió y sólo se acomodó en el hombro de Jack, éste sólo la envolvió entre sus brazos mientras contemplaban a los animalito a jugar, la primavera en invierno les era irrelevante al parecer.

Pero mientras ambos jóvenes disfrutaban de la presencia mutua. Otro par planeaba la manera de darle muerte a la joven rubia.

Elsa y Hans estaban en una casa hecha pedazos, el joven pelirrojo ya había vuelto a sus hábitos de caballero. La joven de cabello negro se aventuraba al interior de la caja, el señor de las pesadillas debía estar ahí metido. Sonrió al encontrar una cama abandonada, sólo era el esqueleto de la estructura, le faltaban algunas maderas y estaba astillada. Ahí estaba. Abajo de ésta seudo cama había un agujero cerrado. «En las sombras te quedarás por toda la eternidad, dejarás de causar horror en los sueños ajenos y jamás verás de nuevo la luz», recodó Elsa la leyenda que había leído acercar del ser quien se escondía en esa fosa sellada. Pronto la abriría, aún tenía algo de la sangre de la anciana que la cuidaba, sacaría de las profundidades el Lord de las Pesadillas Interminables, con él ya tendría a su equipo formado. Era una mente malvada en general, se podría decir que lo heredo de su ancestro que no puede ser nombrado, pero sería irrelevante en todo caso. Le ordenó a Hans acomodar todo, cuando fuera luna nueva sería el momento para traer de las sombras a aquel ser cuya maldad sólo era comparable con la de ella. Ambas Elsas se encontraría en un futuro, no sabía exactamente cuándo, pero sí lo harían. Y ese día, pondría en claro quien de las dos es la verdadera Elsa.

Continuará…

CONTESTANDO COMENTARIOS:
MyobiXHitachiin: Hahahahaha pasatiempo favorito de Anna, romper momentos Jelsa LOL, gracias a ti por tu comentario. :3
HatefulRainbow:
¿Cómo se está portando tu basilisco? xD? ¿No ha matado a alguien? LOL, :'C Si, pobre tipo u.u Todos lo recordaremos por siempre ;A;. XD Yo también la amo (Elsa, Zakuro, no se pongan celosas, a ustedes también[?]). Hahahahaha es papá Drácula, nadie se salva de él(? *-* Es que el Mericcup es tan guay x3 LOL D: Sí, nací sin alma y por eso no solo tengo sentimientos autodestructivos(?
laidyx: LOL Lo mismo me pasa, solo que ahora quiero aprender italiano, ewe. ¡Todos pertenecemos al club "amamos a Elsa"! (? Yo no sé si tengo uno… Pero si tengo una Flan(? -w- Amo a mi Flan(? LOL Yo colecciono versiones en casi todos los idiomas de "Let it go" (?
xD Hahahahaha. El nuevo FanFic Jelsa del que les hablé es "Rosas de Cristal" ewe un AU bastante drogado xD en opinión de una amiga.
BrokenDoll-K : xD No sé porque no me siento culpable, quizá porque yo me duermo a esa hora para poder escribir los fines de semana que es cuando debería estar durmiendo más(? Ahora siéntete culpable tú ewé. Mentira. xD. Cáliz troll. Mulan tardó, Bella… xD Le tuvieron que decir básicamente "Bestia se está muriendo" para que ella reaccionara que lo amaba… Jean de Tarzan también tardó un poco… ¡A LOS DOS! LOOOOOOOOOOOOOOOOL xD Jack es el presidente de él(? Gracias por estar leyendo :3
Brenditta: Gracias ^^
Annonym00se: LOOOOOL Tranquila, las cosa aquí es la magia y punto(? :'c Entiéndela, es su hermana mayor y no la quiere compartir con nadie(? Yep, así se escribe xD *-* corazón gay –lo toma y lo guarda en una cajita de color arcoíris(?- *-*–lo toma y lo guarda en una cajita de color arcoíris don el otro corazón(?- xD De nada, pidan los personajes que ustedes quieran y pondré los que conozca (porque si me piden a Perenganito de Tangamandapio no sabré ni qué onda)
Bloss Frost: LOOOOL HACE SIGLOS NO ESCUCHANA LA PALABRA SOPONCIO XDDDDDD TE AMO MUJER(? :'3 GRACIAS.
Guest: Estoy bien, ¿y tú? *-* Gracias (que gay me siento poniendo el "*-*", pero bah) LOL Quizá ponga celos, quizá no… tendrás que seguir leyendo ewé.
RU. Associates: D: JO**** ¡No tengo ni para el mugre chicle del tío que vende en mi escuela! ¿Cómo demonios consigo esta cantidad? –se exalta al ver la factura- (? xDDD Hahahahahaha yo fuera tu vecina, iría corriendo a tu casa y gritaría "¡QUE MUGRE FANFIC ES, LO QUIERO LEER!" LOOOOL, xD Elsa atrae a las cosas mágicas, luego la veremos seguida por escobas, trapeadores, etc. Como en fantasía(? LOOOOOOOOOOOOOOL YAAAAAAAAAAAAAAAAOOOOOOOOI He decidido que
Jack y Elsa no harán cositas en este FanFic, en el de "Rosas de Cristal" si ewé muahahahahahaha. Tranquila, si lo seguiré, pero igual depende de mie estado de animo y la escuela, cosas cotidianas… Gracias :3
marianixloves13:
Me encantaria que ubiera un tipo de competencia donde por accidentee anna saliera latimada tanto aue elsa por el miedo a perderla explotara. (como en la pelicula donde anna le dice a elsa que congelo arendell y le congela el corazon pero esta vez no congelaria corazones )...y todos vieran lo poderosa fuerte y protectora que es elsa con respecto a anna... Tu idea me gustó, la tenía en mente, pero no pensé que gustara hasta que leí tu comentario… Enserio, muy buena idea, lo usaré para un capítulo futuro.
Frozen love: Tu ideas es muy buena también, así que igual estará incluida en el próximo capítulo.
jelsashipper: ¡Gracias!

COMENTARIOS Y DELIRIOS DE LA AUTORA:
Bueno, espero y les haya gustado esta actualización, me tardé mucho porque me tomaron por sorpresa los exámenes, salí algo mal, soy media emo en esa cuestión y no quería levantarme de la cama. Pero ya estoy mejor, y espero no me quiten el móvil por las calificaciones, si es así, estaré un LARGO tiempo sin actualizar ni "Rosas de Cristal" [FanFic AU mencionado en el capítulo anterior] y este. :3 Así que recen porque no salga tan mal. xD

Zakuro Hatsune.