¡HOLA! ¿Cómo están? :'D ¡Espero que bien! ¡Y cómo les dije en "Rosas de Cristal" y "Copos de Cristal" Aquí les dejo la primera parte de este raro FanFic ewe ¡Espero y les guste! Sí lo desean, dejen un comentario en la parte de abajo, me es de mucha ayuda, me dan ese empujón que me hace falta a veces. ^^ Y ya, sin más que decir, les deseo buena lectura:
Ω Una vida en Hogwarts ђ
Capítulo 5: La segunda prueba: Sobrevivir y no temer. Parte I.
La luna aún gobernaba en el basto firmamento, la oscuridad estaba siendo erradica con la luz de un nuevo día, la temperatura era glacial, el viento soplaba inclemente provocado que hasta el mismo Sauce boxeador tuviese que acurrucase para no ser doblado o desenterrado; en el interior del castillo, todos los alumnos -o bien, eso parecía- dormían en sus respectivos dormitorios, en los pasillos sólo se veían a los fantasmas pasar, pues ellos no dormían, a alguno que otro animal nocturno y a los profesores de turno nocturno que se dedicaban a vigilar que ningún chico saliera sin un previo permiso. En el dormitorio de Gryffindor, una joven de pelo rojo y un mechón rubio platinado se estaba preparando para la sorpresa que le daría a su hermana cuando el sol despertara. Sabía perfectamente que su hermana mayor era la mejor de las estudiantes y la más aplicada, pero por la experiencia que había tomado en su estadía en el colegio, tenía conocimiento que ella apenas lograba llegar a las clases matutinas a tiempo. Jamás fue de las más puntuales, cuando eran pequeñas, ella siempre solía levantarla.
Anna tomaba las cosas que necesitaría para su arreglo personal, se iría con todo y pijama hasta el cuarto de Elsa, lo único que esperaban era que no hubiese dormido con los de Slytherin porque, ahí sí, tendría un severo problema. Tomó su uniforme que era lo único que le faltaba y salió de su habitación procurando no despertar a sus compañeras, dormía con tres de las brujas que querían llevarse a su hermana, quizá despertarlas no era tan mala idea. Se encaminó hasta la puerta, con sus finas manos, jirón la perilla con tal delicadeza que, alguno ella, sería imposible que emitiera un sonido, pero al parecer, el destino quería jugarle de la forma más sucia posible, pues no importó. La perilla hizo el ruido más agudo y potente que jamás había emitido. La pelirroja miró nerviosa a sus compañeras, las brujas eran unas verdaderas arpías si se les derrotaba, pero gracias a todos los magos, seguía en su mundo soñando. Volvió a intentar, esta vez lo hizo de la manera más rápida posible, abrió, salió y cerró. Punto final. Dio un suspiro de alivio cuando estuvo al otro lado de la puerta y más aún, al escuchar que adentro de la habitación aún se lograban escuchar los ronquidos nada femeninos de las brujas. Sí Esmeralda las escuchara, de seguro les obligaría a dormir con algo en la boca para que no roncaran. Lo malo de ser miembro de la selecta escuela para mujeres "Instituto de las Brujas de Salem", era que debías ser femenina hasta cuando dormías.
La chica bajó las escaleras, más seguras de sí misma, ya había pasado una de las pruebas a superar, faltaba la otra. Llegar hasta el cuarto de Elsa sin ser vista por algún fantasma o maestro, ¿y qué mejor forma para lograr su cometido que con ayuda de su mejor amigo, Kristoff? Salió de la sala común de los Gryffindor para encontrarse con su amigo rubio. Al traspasar la puerta, vio que no había ni un alma, literalmente hablando, en todo su campo visual. Salió en cuclillas para evitar emitir algún sonido alarmante, desvió su vista hacia arriba para ver a un joven de pelo rubio, aún en pijama, somnoliento y algo despeinado hablando con uno de los fantasmas junto con uno de los profesores de guardia. Esa era la señal que esperaba. En esos momentos podría haber besado a su amigo, le debía ya muchas a ese muchacho robusto de corazón tan puro como el de su hermana mayor. Tomó con fuerza sus cosas, pues había salido con tanta euforia que sólo las había tomado con los brazos, y salió corriendo en dirección a la escalera más cercana. La habitación de Elsa se encontraba en el piso intermedio entre Slytherin y Ravenclaw. Y la distancia entre uno y el otro, junto con la posición donde estaba Anna, no era para nada corta. Pero no le importaba con tal de ir a despertar a su hermana mayor, quería ver la primera sonrisa que saliera de sus finos y pálidos labios.
Tan rápido como sus piernas pudieron, recorrió todas las escaleras, en más de una ocasión se tuvo que apresurar o esconder de algún fantasma o prefecto. Y. Cuando al fin estuvo frente al cuadro de cierta joven ojerosa de hermoso ojos verdes, vestido azul con un mandil que tenía tejido dos letras griegas manchando de sangre y portaba un cuchillo. Le dijo las palabras que su hermana le había confiado a ella para el total acceso a su santuario, aunque en sí, en vez de palabras era una pregunta que para ellas sólo podría tener un significado tan profundo y tan sólido que jamás alguien afuera de ellas dos podría tan siquiera imaginar. «¿Quieres hacer un muñeco de nieve?», era la gran contraseña. Cuando Alice, la encargada de resguardar la habitación de la maga más poderosa de todos los tiempos, asimiló con algo de duda las palabras dichas por Anna, le dio libre acceso al interior de la habitación de la joven rubia, pero aun así, miraba a la pelirroja con cierta duda. A Alice le tenían dicho que no dejara entrar a nadie, incluso sí decía la contraseña, no debía permitirle el acceso a nadie a menos que fuera autorizado por Elsa o el director. Y Anna, sólo tenía el respaldo de su hermana para entrar. La pelirroja sonrió al estar adentro, y más aún, cuando vio a la joven que era su objetivo. Hoy iba a llegar temprano a clases, de eso no había duda alguna.
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Esa noche se había dormido tarde pensando en aquel beso que días atrás Jack le había dado. La sensación en sus labios aún era tan fresca como sí sus labios fueran las más deshidratadas rosas salvajes y las caricias del joven el rocío matutino que tanto esperaban. Desde aquella noche, ella y Jack con trabajo se podían ver a los ojos, cada vez que uno trataba de hablar con el otro, no les salían las palabras adecuadas, sus corazones se aceleraban y preferían mantener las distancias. No le gustaba. Ella quería tener a su amigo cerca. Todos los pensamientos llegaron a su fin a las cuatro de la mañana cuando el cansancio se hizo extremo y le demandó su cuerpo el descanso que había tenido acumulado. El sueño que tuvo era de lo más precisos, siempre la acosaban pesadillas interminables donde su querida, su amada, su adorada hermana, Anna, sufría algún accidente por su culpa, ya sea porque se enojaba con ella, o por algún accidente que ocurría entre ambas. O incluso. La peor pesadilla que tuvo fue donde la asesinaba sin querer. Desde esos días, el dormir era un suplicio sin fin para la pobre Elsa, pues cada vez que cerraba los ojos, escenas realmente violentas la asechaban y jamás la dejaban descansar. Al contrario. Amanecía más cansada, para ella, era preferible dormir cuando el cansancio era extremo y no soñar jamás, ya que sus poderes se activaban con el terror que sentía con las pesadillas y provocaban que su pieza se volteara literalmente patas arriba, por ende, el esfuerzo de su cuerpo para lograr semejantes hazañas mientras soñaba, eran realmente monumentales.
En aquel sueño, una pequeña Elsa de por lo menos tres años de edad estaba arriba de un pequeño banquito de madera blanco en puntitas, adelante de ella, se encontraba una cuna de un hermoso color plata, adentro de ésta, yacía una bebé no más grande que el largo de un antebrazo de adulto; el pequeño ser apenas tenía pelo, pero se apreciaba que el color que invadía esa hermosa cabecita sería naranjo. La pequeña rubia platina, cuyo pelo estaba atado en una trencita, observaba con amor a la bebé quien le devolvía la mirada con esos grandes ojos azules. Su hermanita era la cosa más hermosa que había visto en su vida. Pero de repente, la pequeña Annita empezó a chillar sin razón alguna. Elsa, quien no sabía cómo parar el llanto de su hermana, se cubrió los ojos con desesperación con las manos preguntado donde se había metido ella misma, recordaba haber visto eso en una película, después de hacer otra vez la pregunta, se destapó los ojos y, de sus manos, salieron hermoso copos nevados que cayeron en las mejillas sonrosada de Anna. La bebé disfrutó tanto con aquel truco mágico, que de sus labios salió una carcajada tan grande que hizo feliz a la mayor al instante. Elsa repitió el juego de nuevo dándole a su hermanita diversión sin parar hasta que se quedó profundamente dormida. La pequeña rubia contempló a su hermanita un rato más antes de sentir una mirada familiar detrás de ella, al darse vuelta, vio a una niña igual a sí misma, pero en vez de tener su pelo rubio casi blanco, el de esta pequeña era de un negro tan profundo que podría perderse en la oscuridad del espacio. Sabía quién era aquella niña, más no la llegaba a recordar. Aquella pequeña había sido una persona realmente importante en su vida, ¿por qué no la recordaba?
— ¡Ey, Elsa! — Escuchó la voz de su hermana, pero pensó que era parte de sus sueños.
Sintió un peso arriba de ella, frunció el ceño al darse cuenta que aquel llamado había venido de la realidad y no de sus ensoñaciones tenidas. Unas manos delgadas junto con una voz que le exigía despertar la empezaron a molestar. ¿Qué rayo quería Anna tan temprano? Tomó su manta y se envolvió más, quería seguir durmiendo y saber quién era aquella niña de pelo negro tan parecida a ella. Pero eso le sería imposible, su hermana menor seguía arriba de ella moviendo su hombro como si fuera a dislocarlo. Se paró realmente cansada y enojada, tenía a Anna arriba de ella sonriéndole de esa manera que le hacía perder el enojo sentido, tan brillante y alegrare, así era su hermana, parcialmente todo lo contrario a ella. La contempló un rato, pero el sueño pudo más y sólo se echó con los brazos abiertos para atrás, se estrelló contra la cama y usó su brazo izquierdo para cubrirse los ojos. Se moría del sueño, no sabía qué hora era, pero de seguro era demasiado temprano. Anna aún estaba en pijamas después de todo y Olaf aún no se había despertado.
— ¡Vamos, Elsa, ya no duermas! — Le pidió la pelirroja mientras la movía.
— ¿Qué quieres, Anna? Y no me salgas con "quiero hacer un muñeco". — Preguntó la rubia mientras dejaba a la vista un ojito medio cerrado.
— Sólo quiero que llegues temprano a clases. — Respondió Anna poniendo sus manos en sus caderas.
— ¿Qué hora es? — Interrogó la mayor de las dos.
— ¡Las cinco de la mañana! — Contestó la menor como si fuera lo más obvio del mundo.
Elsa se destapó la cara, sus ojos estaban en blanco y, si estuviera bebiendo algo, de seguir lo escupiría en la cara de su hermana. ¡Eran las cinco de la mañana y ella se había dormido a las cuatro! ¡Sólo pudo conciliar el sueño por una mugre hora! Tomó de nuevo las sábanas y se cubrió totalmente, sus clases iniciaban hasta las ocho y media, aún tenía oportunidad para descansar un poco más y no quedarse dormida en media clase de defensa contra las artes oscuras, y menos hoy, ya que ese día tendrían como profesora especial a la bruja más famosa de todas. Una bruja a la cual todos le temía, los hombres caían ante ella por su belleza y, otros realmente tontos, caían a sus pies, muertos. Tan solo pensar en la idea de que esa mujer le diera clases le ponía nerviosa, y más aún, al saber que hasta aquella bruja había mostrado interés en ella.
— Anna... Vete. — Fue lo único que dijo Elsa antes de cerrar sus ojos y dormirse de nuevo.
La menor de las hermanas suspiró irritada, cuando la rubia se metía entre sus sábanas, sabía que ya no podría hacer nada. Se acostó sobre ella, extendió sus brazos para rodearla y, por primera vez en muchos años, se sintió segura. Se sintió aceptada. Su corazón palpitó como hacía años no lo hacía, como cuando era pequeña, como cuando Elsa aún la quería a su lado sin importar nada. Cuando eran aún unas niñas chiquitas, ambas solían dormir juntas en la misma habitación, en la misma cama, bajo las mismas sábanas con la inocencia de dos hermanas que jamás se separarían en toda su vida. Elsa siempre fue una pequeña a la que no le gustaba el contacto físico, principalmente porque sus poderes eran un secreto y, al tocar algo, siempre eran afectados por su magia, pero el sentir el peso de Anna sobre ella, sentir el calor fraternal que ella le daba, fue como un analgésico para un dolor que no sabía que tenía. El calor que sintió era tan potente como el beso que Jack le dio, pero con un sabor diferente, un sabor que sólo los hermanos saborean y desean probar siempre. El corazón de la rubia latió de manera tan relajada que, por primera vez en su vida, sintió como el sueño le invadía de poco a poco, como si aquel proceso fuera tal arte que sólo era logrado con la delicadeza de un artista con pasión a su trabajo. Morfeo de seguro había tenido una buena noche para apiadarse de ella.
La respiración de Anna la adormecía, pues estaba básicamente en su oído y, en su espalda, sentía el subir y bajar del diafragma de su hermana. Antes de que Elsa sucumbiera totalmente al sueño, la rubia se volteó con cuidado de no despertar a su hermana, la tomó entre sus brazos, la puso a su lado y, acomodándose de la mejor forma posible, se durmió con ella en brazos. Como sí fueran unas niñas. Ambas jóvenes se buscaban, se querían, se adoraban, se amaban. Pero hace mucho que no se lo decían mutuamente. Tan cómodas estaban la una con la otra que no sintieron el tiempo pasar, para ellas, su sueño y la cama compartida eran más llamativas y atrapantes que la idea de despertar, sino fuera porque Olaf, el dragón europeo, se despertó con el alzar del sol y lamió la mejilla de su ama, ambas jóvenes seguirían durmiendo hasta que alguna de las dos se despertara y, con ella, la otra.
El pequeño dragón, que ya era del tamaño de un gran danés adulto, se puso a la altura de su "mamá", primero le llamó con pequeños gruñidos, a los cuales sólo Elsa balbuceó alguna cosa incomprensible antes de volverse quedar dormida. Olaf, viendo que su primer intento falló, ahora decidió lamer la mejilla de la rubia ocasionado su despertar definitivo. El dragón se sentó con sus orejitas echadas atrás, mirando fijamente a su dueña esperando que se despertara y le diera algunos mimos matutinos como los que siempre le brindaba. Según él. Había sido un buen dragón, así que merecía cariños despertinos por parte de la muchacha que aún estaba en cama y luchaba para volver a dormir. Pelea que perdió, obviamente.
La joven abrió de poco a poco los ojos, Olaf la había despertado lamiéndole la mejilla. Amaba a su pequeño dragón tanto como a la serpiente que le profanaba devoción absoluta, pero odiaba que la levantara cuando el amanecer llegaba. Se sentó aún adormilada, giró su cabeza para toparse con un reptil ya realmente grande, el cuernito de la nariz de Olaf ya se le había caído y le estaba creciendo uno nuevo, más blanco y más fuerte que el otro. Las escamas de bebé, que variaban en colores, ahora eran remplazadas por las nuevas que eran de un hermoso color azulino. Los cuernos de venado le estaban creciendo ya, y, dentro de poco, dejaría de ser una cría para volverse un dragón joven, si lo comparamos con un humano, entraría a los seis años apenas. Después de observar al pequeño, Elsa miró la ventana más cercana que tenía, la cubría unas hermosas cortinas color rojo vino y, por las pequeñas aberturas, se observaban los ligeros rayos solares que empezaban a penetrar en su habitación. ¿Qué hora sería? La joven intentó darle respuesta a su pregunta, pero olvidó por un segundo que su cuarto carecía de reloj, razón por la cual siempre se perdía el desayuno y terminaba llegando unos segundos antes que el maestro con el que le tocase clases. Se estiró y, en ese justo momento, sintió otro cuerpo junto al de ella. Había olvidado por completo que Anna estaba allí.
Sintió como algo se movía a su laso, abrió pesadamente los ojos para contemplar a la figura más hermana y la más alabada que podía tener en su vida. Su hermana ya se había despertado. La miraba con aquellos ojos azules tan profundos como los de ella, a su lado, había una criatura que ya conocía. El dragón que ella cuidaba y adoraba. A veces pensaba que ese animal recibía más atenciones de Elsa que ella misma. Se apoyó con sus manos para levantarse levemente, se talló los ojos para quitarse un poco la somnolencia y le dedicó la más brillante sonrisa que sólo ella recibía. Con aquel acto iluminó la mañana de su hermana como no tenía idea, la había extrañado tanto aquellos años y meses, pues a pesar de que estudiaban en la misa escuela, rara era la vez que coincidían para poder tener un momento fraternal tal cual.
— Buen día, Elsa. — Saludó la menor feliz.
— ¿Qué haces aún aquí? — Preguntó secamente la mayor mientras se ponía sus guantes que estaba en la mesa de noche junto a la cama.
— ¿No recuerdas? ¡Te vine a despertar! — Le explicó Anna mientras la abrazaba por los hombros. — ¡Es hora de levantarse!
— Anna... ¿sabes qué hora es? — Se interesó la joven para saber si podía dormir un poco más.
— No lo sé, ¡pero ya es hora de despertar!
Anna se paró de un salto tirando las sábanas en la cara de su hermana, esquivó ágilmente al dragón que aún esperaba los mimos y tomó de la mano a la joven de piel tan pálida como la nieve. La textura de los guantes prácticamente metálicos le incomodó un poco, ya no recordaba cómo era el tacto de Elsa sin esos guantes tan extraños, sabía que sin aquella prenda los poderes de su hermana se descontrolarían, pero no le gustaba que los usara todo el tiempo.
— ¡Vamos, rápido, podemos desayunar con los demás! — La joven sacó literalmente a su hermana de la cama.
— ¡E-Espera! — Pero no le sirvió de nada reprochar a la joven, ya estaba afuera de su zona de confort.
Ambas hermanas se alistaron para su día de clases cotidiano. Elsa se puso su uniforme negro con la insignia de su casa, Ravenclaw, su corbata azul con blanco y se peinó como su mamá le enseñó. Anna empezó a vestirse, hasta que llegó a la corbata y tuvo una gran pelea con ella. No pudo ni hacer el primer paso. Elsa vio a su hermanita pelear con la corbata, sonrió y, en cuestión de segundos, ya estaba enfrente de ella arreglándole la corbata como era debido. Anna le dedicó una inmensa sonrisa a su hermana mayor, anhelaba aquellos momentos. Recordó que cuando ella era pequeña, usualmente siempre Elsa la vestía y peinaba en esas dos colitas que, con el tiempo, se volvieron dos inmensas trenzas. La rubia miró a su hermana contemplar su corbata bien acomodada y la sonrisa que portaba, su corazón se estrujó por un momento, a su mente llegó la imagen de aquella niña que era igual a ella con el cabello negro, ¿quién era aquella niña? ¿Por qué era igual a ella? Y sobre todo, ¿por qué no lograba recordar quién era?
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Elsa y Anna entraban a la sala del gran comedor, todos los alumnos -medios zombis aún por estar recién levantados- admiraron la entrada de las hermanas. Sobre todo, la se Elsa. Nadie, en los tres años que había pasado la joven rubia en la escuela, la había visto tomar el desayuno matutino. Era más que novedoso. Los chicos y chicas -medio consientes- miraron a Elsa buscar asiento, ella estaba tan despierta que era casi imposible para todos pensar que enserio era ella. La mayoría del alumnado sabían que la Reina de Slytherin jamás se despertaba temprano y, casi siempre, terminaba comiendo hasta la hora del receso entre clases. Se empezaron a escuchar miles de rumores, entre ellos, los que más sonaban eran los de las brujas. Desde que la joven rubia había tenido una pesadilla y por eso se le veía ahí, hasta que ésta y la menor de las Arendelle tenían una relación más que de sólo hermanas. La cual, hizo enojar a nuestra querida Reina, pues, de inmediato, el jugo que tenían las estudiantes de bruja sobre la mesa, yacía ya en sus uniformes blancos.
El par de hermanas se sentaron junto a sus amigos que estaban igual, o más, impresionados de ver a Elsa. Merida había dejado de comer su manzana por el asombro, a Eugene se le cayó el cereal de avena, Punzie se talló los ojos para cerciorarse de que estaba despierta, Hiccup le pidió a Astrid que lo pellizcara -cosa que hizo- y estar seguro que no era un sueño o ilusión de su mente cansada, Bella se limitó a darle los buenos días sonriendo mientras bebía su taza de té, Adam iba a decir algo, pero fue callado por su novia antes de eso y, por último, Mavis simplemente se quedó abobada viéndola tratando de dar con una respuesta coherente para explicar la aparición de su ídolo tan temprano. Elsa se sintió nerviosa ante tantas miradas, pero sabía que era extraño que ella estuviese ahí a esas horas matutinas. Incluso. Sí fuera por ella, aún estaría en la cama durmiendo.
La joven rubia buscó un emparedado de jamón con queso y una taza de té de menta, con suma elegancia, alzó la taza y puso la boca de ésta en sus labios saboreando el sabor del cálido contenido saborizado por la bolsa de hierbas. Con los ojos entrecerrados, buscó con esos hermosos azules orbes otros parecidos a los de ella. ¿Dónde estaba Jack? En ese momento, sintió que alguien le tomaba del hombro. Dio un salto en su lugar por el susto y, gracias a su magia que reaccionaba ante sus estimulaciones nerviosas, la taza que tenía entre las manos se cuarteó provocando que casi se rompiese encima de ella y que se vaciara el té sobre ella. Miró al que se atrevía a tocarla, odiaba ser palpada por ajenos, lo detestaba con todo el alma por una simple razón. Sus poderes podían afectarle con tan sólo un roce que le dieran y el dueño del contacto terminaría hechizado, para mal o para bien. Aunque dependía mucho de su estado emocional, prefería prevenir una calamidad en vez de provocarla. Cuando la joven rubia se topó con los ojos del dueño de la mano, su cara se pintó de un hermoso color carmín. Aquella mano era la de Jack.
— Buenos días, Elsa... — Saludó el apenado.
— B-B-B-B-Buenos día... J-J-J-J-Jack. — Su lengua jugaba contra ella, lo sabía.
— ¿Podemos hablar? ¿A solas?
Elsa se puso aún más nerviosa de lo habitual, ¿qué le diría su amigo? ¿Habría hecho algo mal? ¿Estaría enojado también por la distancia que se había formado entre ambos desde aquel beso? Sólo el peliblanco lo sabía. Asintió tímidamente y se paró, había descubierto que Jack podía hacerla cambiar drásticamente de ser la Reina de las Nieves y serpientes a un *Copo de Nieve tan pequeño y minúsculo que sólo con ayuda del viento era capaz de moverse. Y para aquella joven, su viento, drásticamente, de ser Anna se volvió Jack. Cuando estuvo a punto de alejarse de su silla, sintió como una pequeña manita la tomaba de la bata negra que traía, era su hermanita. Anna le miraba con ojos suplicantes, ella quería que su hermana pasara más tiempo con ella, pero parecía que algo siempre se lo impedía. No era justo. Elsa sólo le sonrió levemente antes de asegurarle que volvería tan pronto como acabara de hablar con Jack, la pelirroja le contestó mudamente que estaba bien y se fijó en su amigo de pelo blanco, le advirtió que cuidara bien a su hermana mayor y dejó de aprisionar a Elsa. Esperaba que aquella charla no durara mucho.
El joven de pelo blanco tomó la delantera, quería llevar a Elsa a un lugar donde nadie pudiese molestarlos. La joven rubia siguió a su amigo por los pasillos del colegio, su estómago se contrajo y su corazón empezó a latir como loco. Tan nerviosa estaba que agachó su mirada, mordió sus labios y con sus pequeñas manitas empezó a estrujar su falda mientras seguía a su amigo. A su paso, las ventanas empezaban a vibrar por las ondas de poder mágico que Elsa desprendía, sus guantes trabajaban a la máxima potencia, a ese paso, no le iban a durar ni una semana. Su mente de poco a poco se fue tornando blanca, y de ser una joven espontánea y risueña, como era cuando estaba con Jack, pasó a ser una joven tímida y muy callada. Y esto, Jack no lo paso por alto. Se giró un rato para ver si Elsa le seguía, cuando notó el peculiar estado en el que su amiga se encontraba, su corazón se derritió, su mente se fue a quien sabe dónde y se sintió realmente mal por no haber hablado con ella antes.
Llegaron hasta un pequeño patio, pues era rodeado de arcos y una fuente en medio le daba un entorno perfecto. El césped tenía una sábana blanca echa de nieve, el frío sé caló en los huesos de ambos, pero no les importó, a esos dos el frío nunca les molestó. Jack guio a su hermosa acompañante hasta una banca de piedra con adornos góticos en ella. Elsa se sintió sonrojar más, apenas vio el lugar donde se iban a sentar, recordó que en un lugar parecido se habían dado aquel beso que torturaba la mente de ambos. La rubia sé sentó con las piernas cerradas, con labios mordidos aún y estrujando su falda con la cabeza gacha. No podía mirarlo a los ojos. Jack se sentó a su lado poniendo una prudente distancia entre ambos, no quería incomodarla. El silencio fue atroz, jamás pensó que la tensión fuera tanta.
— Yo... — Inició a hablar el joven ganando la atención de su compañera. — Bueno. Ya sabes que estos últimos días hemos estado muy... distantes... ¿no? — La joven asintió. — Vale, quisiera pedirte disculpas primero. Aquel beso fue... muy precipitado de mi parte. En serio, lo siento. Sí lo deseas, puedes olvidar que eso pasó y volver a como éramos antes. Ya sabes, bromas, risas... ¡No es que no me guste esa forma tímida que adoptas ahora conmigo! ¡Al contrario, me encanta! Pero... no me gusta que no me hables... Adoro tu risa, tus bromas... En fin, todo. Sólo quería decir eso. ¿Amigos? — Terminó el joven alzando su mano para un apretón de manos.
Elsa estaba confundida, ¿Jack quería que después se ese beso -donde ella también participó activamente- olvidara todo sólo porque se volvió tímida con él? ¡¿Estaba loco?! ¿¡Es qué no entendía que ella se portaba así porque se ponía nerviosa a su lado!? La rubia tenía su reputación, sí, pero eso era porque nadie jamás le había atraído a tal nivel como Jack. Le miró con sus cejas alzadas, quería decir mil cosas, pero de sus labios no salían las palabras, su garganta estaba cerrada. Elsa era un asco para comunicar lo que sentía en ese tipo de situaciones. Cuando contempló la mano que Jack había alzado, subió las propias a la altura de su boca, a su alrededor empezó a nevar de una forma tan lenta que parecía que el tiempo se hubiese detenido. No quería volverse sólo la "amiga" de Jack. En efecto, quería recuperar esa relación amistosa con él, pero sabía bien que después de eso, sólo estaría la tímida Elsa que ahora se encontraba contra el filo de la navaja, y ésta, eran los sentimientos que tenía por Jack. Su corazón le decía que quería estar con Jack, pero su mente intervino para recordarle que era un peligro mortal. Empezó a llorar. La nieve se empezó a caer con la misma rapidez que las lágrimas de Elsa.
Jack se alteró al verla, ¿le habría hecho algo malo? ¡¿Por qué estaba llorando?! Entró en pánico, movió sus brazos con desesperación rogándoles a todos los magos que Anna no estuviese cerca. Por suerte, estaban solos como lo había planeado. En un intento por calmar a la joven, se acercó a ella y la rodeó con sus brazos, le acarició la cabeza deshaciendo su peinando, no le importó, le gustaba mucho más con el pelo suelto. Se sentía el ser más despreciable de todo el mundo. Y estoy segura que en esos momentos cierta joven de cabello negro estornudó en el acto. Elsa al sentir los brazos rodeándole alzó la vista, sólo veía parte de la cara de Jack. Quizá fue por impulso, o su mente sostenido una fuerte guerra con su corazón que olvidó por completo mantenerla vigilada, pero las acciones que hizo las había hecho a conciencia propia, de esto estaba segura.
La joven rubia se separó un poco del joven de pelo blanco, se armó de valor y junto tímidamente sus labios con los del chico que la tenía abrazada. Esa era la respuesta a su última pregunta. No quería ser sólo su amiga. Quería ser su amiga y algo más, a pesar de que su mente le dijese que era muy peligroso e inaceptable. Lo labios del joven contra los de ella le hicieron olvidar por un momento aquella pelea, era increíble el poder que tenía Jack para relajarla. A su alrededor el invierno desapareció y la primavera llegó, pero aquel extraño acontecimiento jamás lo supieron. Jack estaba más que confuso, pero feliz por aquel acto que su compañera hizo. Por su parte, Elsa estaba totalmente sonrojada y esperando una respuesta del chico -la cual no tardó en llegar- para saber si no había sido una total estúpida al besarlo de nuevo. El contacto fue pausado y suave, diferente al primero que era más deseoso y carnal, este era un beso de aceptación mutua. Ambos se querían de aquella forma. Ambos se alejaron un poco a la mitad del beso para mirase a los ojos, en este punto, la rubia sabía que debía decir algo.
— J-Jack... — Inició Elsa con voz temblorosa. — Q-Quiero que sepas que, que esto es lo que me c-causas... Y-Yo soy tímida por n-naturaleza... Soy fría ante las demás personas p-porque es mi forma para alejarlas... D-De hecho, los chicos sufrieron mucho p-para que me abriera ante ellos c-casi por completo... Tu tuviste suerte, me atraídas desde antes...
Hizo una pausa para respira, le estaba costando mucho hablar. Jamás pensó sentirse así. Prefería más hablar con él cuando aún eran sólo amigos, pero después de aquello, jamás lo serían de nuevo.
— A-Así que... E-Espero q-q-que me entiendas... Y-Y-Yo t-t-te quiero.. Jack... Y n-no como amigo... Ya no... M-Me gustas... Y-Y por eso, ten por seguro, que a-ahora será m-más difícil esto porque...
Jack no la dejó acabar de hablar, la volvió a besar con tanta delicadeza que le hizo olvidar que era lo que le estaba diciendo. Ese era un extraño poder que sólo él tenía, debía pregúntale como lo hacía, le podría servir de mucho cuando sus poderes se salieran de control.
— Ya no hables más, Elsa. — Le pidió con ojos dulces. — Amo que seas así, no me importa si me tratas con más frialdad, porque ya probé tu calor. No me importa que seas así ahora, me estas gustando más aún. Y sobre todo, te sigo querido cada vez más. Eso no cambiará. ¿Quieres ser mi novia? Sé que nos conocimos hace medio año... pero no me importa mucho... quiero estar a tu lado.
— Pero, ¿no crees que es algo tarde para eso? Digo, ya nos hemos b-besado... — Trató de bromear la joven para quitar un poco de tensión.
— ¿Dónde quedó mi Elsa tímida? — Se burló el joven.
— ¿Dónde quedó mi Jack romántico? — Los aires habían vuelto a la normalidad.
— Aquí mismo, mi **Copo de Nieve en Primavera... — El joven se acercó a la muchacha que enseguida se sonrojó.
— ¡E-Espera... J-J-Jack! — El muchacho sólo sonrió al ver como su, ahora novia, volvía a ser tímida.
— ¡Que linda!
En esos momentos, se escuchó el sonar de las campanas. Al parecer la Reina de Slytherin seguiría llegado tarde como siempre. «Espera, ¿tarde? ¡La clase de Defensa contra las Artes Oscuras de Bayonetta!», recordó Elsa como si aquello fuera un balde de agua fría. Se paró al instante y se encaminó a la entrada del castillo.
— Jack, es tarde, me tengo que ir, tengo clases. Adiós.
Jack alzó la mano para tratar de detener a su recién novia, pero ésta ya se había ido. El peliblanco sonrió y se dejó caer en la banca. Lo que él pensaba que sería el final de la ilusión amorosa con la rubia platinada, se volvió el inicio de algo nuevo y muy hermoso. Puso sus brazos atrás de la cabeza y miró el cielo gris con una sonrisa en la cara. Elsa ahora era su novia, no lo podía creer. Aún recordaba esa potente atracción que sintió por ella cuando la vio en su primer día de escuela. Jamás borraría aquel recuerdo de su mente. Apenas contempló esa hermosa melena rubia casi blanca, aquellos ojos azules tan bellos y fríos como el hielo, y aquellos labios que ya había probado al fin, supo que aquella chica sería la elegida por su corazón y mente para siempre. En ese entonces, no sabía que aquella atracción fuese incrementando hasta el punto donde ahora estaba. Parecía todo un sueño. Apenas ayer estaba dando vueltas en la cama cuestionándose la razón por la cual Elsa, su muy amada Elsa, le costaba comunicarse con él, por qué desde aquel beso se había alejado de él, tantas preguntas que esa noche le quitaron el sueño, ahora parecían distantes y sin mucho peso. En tan sólo unos minutos todo había cambiado.
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Una joven rubia caminaba tan rápido como sus pies podían, iba realmente tarde y el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras no estaba para nada cerca. Ya por última instancia, tuvo que optar por correr. Debía llegar a tiempo. Cuando vio la puerta de su aula, le ordenó a sus piernas que fueran más rápido. «¡Tengo que llegar!», pensó la chica cuando cruzaba el umbral de la puerta. Al ver que la profesora aún no había llegado, dio un suspiro de alivio y se sentó con su amigo Eugene donde siempre. Lo había conseguido. El joven castaño sólo le miró y alzó su pulgar en señal de éxito, hasta ahora, esa había sido el mejor tiempo que había hecho. La rubia sólo le sonrió y se secó las pequeñas gotitas de sudor que le corrían por la frente mientras trataba de controlar su ***disnea. Jamás había corrido tan rápido para llegar a una clase. Los cuchicheos de los estudiantes, sobre todo, los de los chicos, se escuchaban en todo el salón. Estaban entusiasmados por su profesora temporal, la gran bruja Bayonetta. Bayonetta era una de las brujas de Umbra originales, al igual que Esmeralda, pero obviamente, aquella bruja era más que superior a la joven de ojos verdes. Era una hija nacida del bien y mal después de todo, casi semejante a la Reina de Slytherin, sólo que menos fuerte.
Todos los alumnos hablaban entre sí, era exactamente como un aula normal de clases, sólo que estos estudiantes tenían poderes. Y como en toda sala de clases, el cuchicheo se termina cuando la puerta se abre y no ves a un compañero que llegó tarde -como Elsa-. En el umbral, con un aura de superioridad, una mujer de pelo negro extremadamente largo, vestida con un traje negro ceñido al cuerpo fabricando por su propio cabello, una abertura en círculo en su pecho con un reloj que tenía una piedra roja en medio, unos zapatos de tacón realmente altos, lentes con adornos de mariposa y con una paleta en los labios miraba a todo el alumnado. La maestra había llegado. Todos los chicos se quedaron hechizados por la belleza de aquella mujer, menos Eugene que tenía su propia "bruja". La mujer sonrió con sensualidad al ver como la recibían, caminó hasta el escritorio con un andar realmente sugestivo, se sentó la mesa con las piernas cruzadas y observó con ojo crítico a todos sus estudiantes. Para ella, nadie valía la pena hasta que se topó con cierta rubia quien trataba de pasar desapercibida.
Elsa se sintió observaba, los ojos grises de la bruja la estaban mirando muy fijamente y eso no le gustaba. Trató de controlarse, de parecer fría y no tener emociones, la integridad de sus compañeros de clase dependía de ello, no sabía que podía pasar sí se alteraba y sus poderes se descontrolaban. Respiró hondo y desvió la vista para algún lugar en el espacio frente a ella, sí no hacía contacto visual, ya no se sentiría tan cohibida. Pero no funcionó mucho que digamos. Aún sentía como la bruja la veía. Volvió la mirada a su profesora sólo para contemplar cómo se paraba y se acercaba a ella, eso no le estaba gustando para nada a Elsa. ¿Qué incitaba que su instructora caminara en su dirección? Quiso pensar que alguno de los jóvenes de adelante había hecho algo indebido, pero conforme la bruja pasaba los lugares, sus esperanzas decaían, agradecía sentarse hasta el final de la fila de diez asientos. Miró a Eugene, quizá él había provocado algo, pero era imposible, no había abierto la boca en un buen rato. Se concentró ahora en su libreta abierta, sólo esperaba que a ella igual la pasara de largo. Lástima que no fue así. Bayonetta puso su mano sobre su mesa y Elsa supo que no tenía escapatoria.
— Bueno, jóvenes, soy Bayonetta. Seré su maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta que la competencia de los tres magos llegue a su fin. — Se presentó al fin la mujer y miró con sumo interés a la rubia que ocupaba una silla en el asiento donde tenía su mano. — Y de una vez quiero que algo quede claro: Odio a los bebés llorones, cualquier mísera lágrima o queja, quedan fuera de mi salón de clases. Lo único que odio más que un bebé llorón, son las cucarachas. Aunque una cucaracha en forma de bebé llorón sería algo más que espantoso... — Comentó más para ella que para la clase.
— ¿Cómo calificará, profesora? — Preguntó una joven de los asientos delanteros.
— Si sales vivo de mi clase, estás aprobado. Claro, veré sí te mereces una mejor calificación sí posees algo de habilidad. — Explicó tranquilamente la mujer.
«Si sales vivo de mi clase», esas palabras no ayudaban a que muchos se sintiesen seguros. Sabían que aquella bruja tenía más que experiencia combatiendo contra las fuerzas del mal, y de bien, así que sus clases eran de temer.
— Y usted, jovencita. — Bayonetta se agachó hasta quedar cara a cara con Elsa. — Será la primera en pasar para nuestro primer enfrentamiento. ¿Cuál es su nombre?
— Elsa de Arendell... maestra. — Contestó la joven con tono frío.
— Vale, Cheshire. — ¿Cheshire? ¿Quién rayos era Cheshire? — Mueve tu lindo trasero a delate para comenzar. — «Ah, yo soy Cheshire», dedujo la rubia mientras suspiraba.
La muchacha se paró con pesar y, seguida de su profesora, se colocó al frente de todo sus compañeros. Los de Slytherin la miraban con respeto, los de Gryffindore sólo la contemplaban como una más de su grupo y los de Ravenclaw, bueno, ellos sólo esperaban que nada saliera mal y no hubiesen heridos.
— Cheshire, ¿sabes lo que es un "Dementor"? — Interrogó Bayonetta mientras daba vueltas alrededor de Elsa.
— Los Dementores son seres horribles de gran estatura, cubiertos por una capa de color negro. Son temidos porque se alimentan de la felicidad y de los recuerdos alegres, dejando solo la tristeza y la desolación. — Explicó la joven, no por nada era la número uno de su clase.
— Vaya, tienes cerebro, Cheshire. Ahora: ¿Cómo se enfrenta a un Dementor?
— Se utiliza el Encantamiento Patronus... Un encantamiento muy poderoso...
— ¡Exacto! ¿Y sabes la teoría de éste, Cheshire? — Cuestionó Bayonetta alzando una ceja.
— Debes pensar en tu recuerdo más feliz... Sólo sé eso... Y decir el encantamiento.
— Muy bien, sabes la teoría básica... ¿Y si lo hacemos con uno real?
Elsa estaba a punto de cuestionar la idea, pero no tuvo tiempo de nada. Bayonetta abrió sus piernas en ángulo, alzó sus brazos y, de una especie de círculo que se formó dentaras de ella con parte de su cabello, se abrió un portal negro de donde salió un dementor. Real. La joven estaba más que asustada, la cosas a su alrededor empezaron a flotar y a romperse, pero la sonrisa de la bruja no desaparecía. ¡Esa mujer estaba loca! Como pudo, Elsa palpó su ropa sin dejar de ver a la abominable criatura -que sólo había visto el libros- con ojos abiertos, sintió un pedazo de madera entre su vestimenta y la sacó al acto. Su varita. Nadie en todo el aula -a excepción de Eugene- había su varita magia. Era hermosa. Todo su largo era blanco, en el mango, tenía adornos azulinos en forma de copos nevados y, en su cuerpo, parecía tener ligera escarcha. Una obra de arte digna de pertenecer a la rubia. Pero ese no era el momento de contemplar esas cosas, la joven tenía otros asuntos que atender sí es que quería conservar su alma.
Temblando por le miedo, alzó su varita mágica en dirección al dementor, tenía que hacer algo, tenía que defenderse, pero ese ser le aterraba. El dementor cada vez se acercaba más y más a Elsa, en su aproximar, recibía heridas provenientes de su magia, pero eso le era irrelevante al semi-incorpóreo ser. Se escuchaban los gritos de Eugene exigiendo que se parara aquella prueba, pero Bayonetta hizo oídos sordos, quería ver de qué tanto era capaz aquella chica, pues apestaba a Slytherin, pero cuya escancian era de Gryffindor. Todos se quedaron con un grito en la garganta cuando contemplaron al casi destruido dementor -cosa imposible, pues aquellos seres no se podían jamás destruir- a escasos centímetros de la rubia. Elsa podía escuchar todo a su alrededor, pero sus ojos estaban perdidos en el ser que tenía en frente. Trató de buscar un recuerdo feliz, pero era demasiado tarde, el aura del dementor ya le estaba afectando. El recuerdo del accidente con Anna le vino a la mente de nuevo y supo que estaba perdida. Bayonetta se dio cuenta de ello y obligó al dementor a regresar, pero él no se iba a ir sin su comida. Antes de que la bruja diera la orden, el monstruo -o lo que quedaba de él- se abalanzó hacia la rubia succionando parte de un recuerdo feliz de ella. Su primer beso con Jack estaba a nada de irse, sino fuera por la bruja que actuó rápido, hubiera perdido ese recuerdo para siempre.
Ya que el dementor se esfumó, Elsa cayó de rodillas con lágrimas en sus ojos para que después se derrumbara en el suelo inconsciente. Los de Gryffindor y Slytherin corrieron a socorrerla, pero la bruja les prohibió tan siquiera tocarla. Ella se encargaría de ella. Le pidió a Eugene que la subiera hasta su oficia que se encontraba en la parte superior del aula, la dejara recostada en una sillón que tenía ahí y que llamara a su tutor o asesor de las pruebas, tenía que hablar de algún serio con él. El joven barbudo no tardó ni dos segundos en tomar a su amiga y llevarla donde le habían dicho, se limitó a sólo obedecer y prefirió no decirle un par de cosas ofensivas a su maestra, ****no quería reprobar su materia y verla de nuevo. Subió las escaleras que conectaban a la oficina de Bayonetta con sumo cuidado de no despertar a su amiga, cuando entró en el cuarto, casi le da un paro cardíaco. ¡¿Bayonetta era maestra o una mujer de bar?! Su oficina era prácticamente un bar de los años ochenta, con todo y sillas, lo único que no concordaba era un sofá alargado color rojo, ahí tendría que ser donde debía poner a Elsa. La colocó ahí con cuidado y se fue a buscar a Bella, a ella no le iba a gustar nada lo que le habían hecho a Elsa. Pasaron las hora y Elsa no despertaba, la bruja extendió un permiso para que dejaran a la rubia con ella para ayudarla con un proyecto escolar -el cual era mentira, obviamente- y le perdonaran las faltas de ese día. La joven había pasado ya dos hora inconsciente, pero a la bruja no le preocupada al parecer, pues se sentó en su barra a tomar una copa.
Elsa, que sólo se sentía flotando en un abismo negro, entrecerró los ojos y frunció el ceño, le estaba doliendo la cabeza, el dolor era tan potente que la obligó a despertar mientras se tallaba la cabeza con insistencia e incorporarse parcialmente. ¿Qué había pasado? «Oh, cierto... El dementor», recordó cerrando los ojos. Miró su alrededor y se dio cuenta que estaba en un lugar que no conocía. Dios sabe cuánto tiempo habría estado inconsciente. A su alrededor habían como cuatro mesas con sillas con cojines rojos y esqueleto negro, una barra estilo bar al fondo con varias bancas, y, en una de éstas, sentada con una copa en mano, estaba su maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras tomando una copa. Elsa se le quedó mirando un rato, ¿por qué una nuestra estaba bebiendo a sus horas de trabajo? La pregunta pasó a segundo plano, Bayonetta la estaba mirando fijamente y le sonreía con simpatía. Eso era raro. La rubia se limitó a responder la sonrisa con una suya de medio lado.
— Vaya, ya despertaste... Cheshire... Y tú asesor no ha venido... — Dijo Bayonetta con tono monótono pero seductor a la vez.
— ¿Cuánto tiempo he dormido, maestra? — Preguntó Elsa tímidamente mientras se paraba del sofá.
— Cheshire, no te pares, aún estás idiota por la palea de hace rato. Siéntate. — Ordenó la mujer, orden la cual fue acatada de inmediato por la joven. — ¿Cómo está tu cabeza? Esos pimpollos son unos loquillos.
— Me duele un poco la cabeza... Sólo eso... — Explicó la rubia.
— Ya veo...
La bruja se paró de la barra y se encaminó en dirección a la chica rubia, estaba a mitad de camino cuando la puerta que unía su oficina con la escalera externa se abrió con un estruendo. En la entrada, agitada y con varias gotas de sudor en la frente, estaba Bella. Se notaba que había corrido desde quien sabe dónde hasta allí.
— ¡Elsa! — Gritó Bella al ver a su amiga.
La joven castaña fue tan rápido como pudo hasta la dirección de la mencionada, estaba realmente preocupada. Eugene apenas le había informado sobre el accidente de Elsa hacia diez minutos. Se agachó para quedar a la altura de sus rodillas y empezó a tocarla la cara con cuidado, aquella pequeña era su adoración después de todo.
— ¿Estás bien? ¿El dementor no te hizo nada? ¿Cómo está tu cabeza? De seguro te duele... — La castaña, del pantalón azul que vestía sacó una pequeña barra. — Toma, es chocolate, te hará bien.
— De acuerdo... — Elsa tomó la barra de chocolate, le quitó la envoltura y se la empezó a comer con suma felicidad. Adoraba el chocolate.
— Vamos, Bella, yo te la cuide. — Se escuchó la voz de la bruja con cierto tono burlón.
Bella se tensó al escuchar la voz tan sensual de la bruja, ya conocía aquel sonido, y muy bien para su desgracia o fortuna. Con suma calma se paró, su rostro se veía realmente lúgubre, sus cejas estaban planas al igual que sus labios, sus ojos habían perdido un poco el brillo que tenía usualmente y el mechón que le caí en la frente hacía que se viese más oscura. Cuando los ojos castaño de la joven se toparon con los grises de la bruja la tensión creció en el aire, y eso a Elsa no le gustaba para nada. Sea lo que fuese que esas dos traían, a la rubia le daba temor. Ahora que lo recordaba, Bella fue instruida en el mundo de la magia por una bruja realmente talentosa, ¿tendría algo que ver eso con Bayonetta? ¿Una enemiga? ¿Una rival? ¿Una compañera de hechizaría? No lo sabía, pero sí por ella fuese, no lo averiguaría.
La castaña miró fijamente a la mujer que tenía frente a ella, en todos esos años no había cambiado ni una pizca. Beneficios de ser bruja, haciéndole trabajitos a los de allá abajo te daban más tiempo de vida que un humano. A su mente vino el recuerdo de cuando la conoció, ella era todavía una pequeña, estaba sola en el patio de su casa leyendo una novela, tenía un vestidito azul con calcetitas blancas con arandelas, unos zapatitos negros y a su lado estaba su gato negro, Blacky. Estaba tan concentrada leyendo que no se dio cuenta cuando la mujer que tenía adelante se acercó, ambas se miraron desafiantes, Bayonetta en ese entonces usaba otro traje, uno no tan provocativo y más cerrado, el uniforme original de las brujas de Umbra. Ambas desarrollaron un interés mutuo, Bella por saber cómo eran las brujas y por el poder que aquella hechicera desprendía, y, Bayonetta, simplemente por salir de su monótona vida. Cuando la joven de ojos borgoña desarrolló su magia, los primero años fue entrenada por aquella bruja e, incluso, ella misma le dijo a la chica que se inscribiera en el Instituto de Salem, pero Bella no quería ser una bruja, ya sabía que clases de "cosas" debía hacer una. Y eso no le gustaba para nada.
— ¿Ahora soy "Bella"? Cuándo me entrenaba no paraba de llamarme Cheshire... — Habló la castaña con un tono de repeche en su voz.
La bruja sólo sonrió con satisfacción, hacia mucho ya que no veía a la pequeña que alguna vez fue su discípula, ella tenía mucho futuro como bruja, incluso, podría haber superado a Esmeralda con dos años de estudio dedicado. Pero no. No le había gustado "ciertas cosas" que una bruja hacía. Caminó meneando sus caderas y cruzando las piernas hasta sentarse junto a Elsa, sacó una paleta de quien sabe dónde y se la metió entre los dientes para aferrarla y darle lamidas sugestivas. Eso era lo que a Bella no le había gustado del mundo de las brujas, la lasciviadad constante que debían tener almacenada en el cuerpo.
— Vaya, has crecido, ya no eres la niña que yo recordaba. — Bayonetta coló su brazo por los hombros de Elsa quién comía el chocolate con insistencia. — ¿Así tratas a tu maestra después de tantos años sin verla? Eso está muy mal, ¿no lo crees, Cheshire?
— ¿Eh? ¿Maestra? No entiendo nada. — Dijo Elsa realmente confusa, ¿Bayonetta maestra de Bella? ¡Eso era imposible!
— Maestra, sabe que como bruja y portadora de magia le admiro aún. Pero no puedo decir lo mismo de usted como persona... — Bella tomó el brazo de la bruja y lo separó de su protegida.
— Oh, vaya, así que tienes tu carácter para con Cheshire. — Comentó con tono burlón. — No te preocupes, esta niña es mucho problema para mí... Aunque su aura es muy interesante, lo notaste apenas la viste la primera vez, ¿verdad? — La bruja alzó una ceja y Bella frunció en ceño, se empezaba a irritar.
— Elsa es especial, sí, pero no por las razones que viste en ella. — Defendió la castaña a la rubia, aunque ésta seguía sin entender nada.
— Vamos, admítelo: Su poder te atrajo, tienes una debilidad por ello, te lo dije cuando te entregaba; «Tu magia especial es la de poder rastrear orígenes mágicos», y como yo poseo el mismo don, sé que está niña es en realidad...
— Elsa, nos vamos. — Interrumpió Bella con autoridad, la rubia jamás a la había visto así de firme en todo lo que llevaba de conocerla.
— Vale... — Acató la joven mientras se paraba del sillón.
— ¿Ya tan rápido se van? Pero si la diversión aún no empieza. — Ronroneó Bayonetta divertida.
— Fue un placer verla de nuevo, maestra, pero es hora de que mi aprendiz y yo nos vayamos.
Elsa se quedó con la boca abierta con lo último, ¿Bella la consideraba su aprendiz? ¡Eso no lo podía creer! En el mundo de la magia, ser aprendiz de cualquier mago talentoso (como Bella en este caso), era considerado un total orgullo. La rubia, más que sorprendida e ilusionada, siguió a su nueva "maestra" por las escaleras. Ahora que la observaba mejor, en esos meses que no la había visto había cambiado un poco, quizá no físicamente, pero sí tenía algo nuevo que no sabía identificar que era. Bella le sonrió a la chica dulcemente al notar su mirada en ella, Elsa se apenó por aquel hecho, jamás hubiese pensado que la persona que más admiraba, y la que fue su primera amiga, le eligiera como su aprendiz. Se acercó más a ella y se comparó mentalmente: Bella era más alta que ella, más hermosa, más lista, tenía más experiencia en cualquier sentido, era una maga talentosa y muy poderosa -no tanto como ella, pero sabía que si fuese normal la superaría-. Al darse cuenta del abismo que las separaba, fue alentando el paso, y cuando se percató de los riesgos que implicaba que ella fuese su mentora, se paró por completo. ¿Y sí la lastimaba en alguna práctica -sí es que tenían-? ¿Y sí sus poderes se salían de control y terminaba dañándola como la última vez? No. No quería volver a ver sangre derramada por su culpa. Se abrazó a sí misma temblando, el miedo volvía a ella, y esta vez, no estaba Jack para calmarla.
Bella le ordenó a Elsa irse con ella, no quería hablar del origen de su nueva discípula, ya lo sabía después de todo. Mientras caminaban por los pasillos de Hogwarts, la castaña recordaba su primer encuentro con la rubia. Lo tenía tan fresco en su memoria. Estaba a tan sólo tres grados para egresar de la institución, se encontraba sentada comiendo su cena, pues en aquel momento la escuela ya tenía dos meses de haber iniciado. De repente, las puertas se abrieron provocando susurros de exaltación y asombro, era realmente extraño que eso pasara en la escuela. En el umbral de las gigantescas puertas, había una pequeña rubia, una trenza relativamente larga le caía por la espalda y un pequeño fleco le cubría la cara, tenía el uniforme de Ravenclaw y, en su cara, se podía observar el miedo que tenía. Pero aparte de eso, Bella vio otra cosa que le intrigó. La joven de ojos borgoña detectó que el origen de la magia de aquella niña no era igual a la de los demás, era mucho más poderosa, inclusive, podría decir que superaba a la del director. Con un escaneo más a fondo, la chica se dio cuenta del origen tan ancestral de la magia de la pequeña rubia. Y con eso. El destino que tenía aquella pequeña, pues lo había leído ese mismo día en un libro de la sección prohibida.
Mientras la castaña divagaba sobre sus recueros, observó como la pequeña rubia se acercaba a ella y la contemplaba, aquel gesto le recordó cuando se presentó ante ella y ésta, en su afán de mantener a todos alejados de ella, le observó curiosa antes de huir de ella. Le sonrió dulcemente, y al ver que ella le devolvía el gesto a su manera, se sintió tranquila. Pero eso no duró mucho. Caminó unos cuantos pasos más, y notó que Elsa se alejaba de ella, otros pasos más, y Elsa se quedaba quieta, no siguió cambiando, pues al ver que su aprendiz se quedaba estática abrazándose a sí misma le preocupó tanto que prefirió correr a su lado. Sintió como la magia de la rubia empezaba a escaparse de ella, todo a su alrededor empezaba a vibrar y en cuestión de minutos, las cosas cristalinas se romperían por las vibraciones mágicas que la chica de ojos azules emitía. ¿Qué debía hacer? No se detuvo a pesarlo mucho, lo que Elsa sentía de seguro era miedo por algo, eso le decía su magia. Tomó aire y coló sus brazos por el cuerpo de la joven alvina en un abrazo cálido, odiaba ver a la pequeña en ese estado.
— Tranquila, Elsa... — Le susurró Bella mientras acariciaba su cabello.
— Bella... No me abraces, podría lastimarte de nuevo. — Pidió Elsa, pero no hizo nada para cortar el contacto.
— Jamás me harías daño... — Argumentó la chica de ojos borgoña.
— Ya lo he hecho antes, no quiero volver a herirte... — Le debatió la rubia, empezaban a salirle lágrimas. — ¿Enserio soy tu aprendiz?
Preguntó la chica, Bella sonrió con dulzura ante tal pregunta. La apegó más a ella y trató de tranquilizarla dándole pequeñas palmaditas en la espalda como si fuera una bebé apenas.
— Ya te he dicho que dejes eso, olvídalo. Sólo eres una niña, además, fue mi culpa por haberte dejado sola cuando no sabías como ubicarte aún. — Explicó la castaña con tono tranquilo. — Y sí, lo que dije de que eres mi aprendiz es cierto. Soy tu tutora en la competencia de los tres magos, por lo tanto, te tomo como mi aprendiz en ese periodo, pero, sí me lo permites, quiero ser tu mentora hasta que te gradúes...
— ¿Enserio? — Interrogó Elsa incrédula a lo que sus oídos acababan de captar. — Pero, Bella, es muy arriesgado... No deseo dañarte... Sabes que...
Pero la castaña no dejó que terminara, se separó de ella y la miró fijamente a los ojos azules.
— Elsa, ¿sabes por qué me fui? — Interrogó ella sujetándole de los hombros.
— Porque te graduaste, ¿no? — Respondió tímidamente.
— En parte. — Aceptó Bella arqueando las cejas. — Pero principalmente, me fui porque quería desarrollar una forma para poderte entrenar. Quiero ser yo quien te enseñe a manejar ese poder tan grande y poderoso que tienes. Posees un talento natural para contenerlo en ese pequeño cuerpo, con el entrenamiento adecuado, podrás hacer grandes cosas que jamás hubieses imaginado. Por eso. No le tengas miedo a tu poder jamás...
Elsa estaba a punto de decir algo, quería debatirle aquello, decirle que era una locura. El miedo jamás la dejaría, siempre había una posibilidad de que ella lastimara a las personas y mientras aquella posibilidad estuviera, ella temería. Pero fue interrumpida cuando Adam apareció corriendo con un pergamino en la mano.
— ¡Bella, Elsa, las encontré! — Gritó el joven entre exhalaciones.
— ¿Qué pasa, Bestia? — Interrogó la chica separándose de Elsa.
— La segunda prueba... Rápido, a los límites del bosque oscuro.
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Todos estaban reunidos al lado del Sauce boxeador, éste había sido encantado para que no atacara a ningún alumno o maestro presente hasta que la pruebas acabase. James portaba orgulloso su uniforme de quidditch con el logo de su escuela en la gabardina, a su lado, estaba su entrenador/tutor/mejor amigo, Mike, con una gorra azul con la letra "M" por la inicial de su escuela. Kida portaba un traje que consistía en un top azul, una falda abierta de igual color y unas zapatillas para caminar, a su lado, estaba Bayonetta con una expresión de aburrimiento que sólo algo realmente interesante cambiaría. A lo lejos, ya con su uniforme especial de quidditch, venía Elsa junto con Adam y Bella, se podía observar el ceño serio de la muchacha mientras se acomodaba los guantes de su uniforme. La segunda prueba la tomó por sorpresa, jamás pensó que sería tan rápido. Mientras se acercaba a su posición, observó que todo el alumnado estaba ahí reunido, y con ellos, Jack. Cuando ambos chocaron sus miradas, el mundo pasó a segundo plano. En los ojos del joven había una chispa de preocupación, pero sabía que no debía estarlo, Elsa podía con todo. Lo sabía. La rubia siguió de largo, por tan solo unos segundos su mundo fue Jack, pero sabía que ese no era el momento para pensar en cosas románticas. Su vida estaba en juego después de todo, luego se preocuparía por cosas de ese estilo.
Cuando ya los tres campeones estuvieron reunidos, el director empezó a hablar sobre el objetivo de la segunda prueba. Todos se quedaron petrificados, y no por culpa del basilisco que llevaba Elsa en la bolsa interna de su gabardina junto con el pequeño Olaf, sino porque la prueba era una de supervivencia. Según los estatutos impuestos: El ganador de esta prueba debía sobrevivir en el interior del bosque oscuro por tres días y dos noches completas, no podían pedir ayuda a ningún miembro de las instituciones mágicas y no tenían permitido el contacto en esos tres días. A cada participante se le estaría monitoreando por miedo de criaturas mágicas coladas en el aboque. Tenían concedido el uso de la magia para autodefensa y cosas insignificantes, pero no podían usarla para invocar alimentos ni construir cosas con su ayuda. El uso de escobas estaba permitido siempre y cuando no salieran de los parámetros del bosque encantado. Los campeones debían dar señales propias de actividad para saber que estaban a salvo y sanos, en esos días, a las doce de la mañana, lanzarían una bengala con su varita del color que más les gustase, sólo para saber que estaban bien. Y, por último, podían abandonar la prueba haciendo contacto con su respectivo tutor para que él mismo, o ella misma, fuera por el concursante y lo sacara de ahí.
Todos estaban preocupados, a Jemes se le escapó un pequeño grito grave, y Kida casi se desmaya al darse cuenta de que era lo que tenía que hacer, las brujas no eran muy fanáticas de la naturaleza y hacer trabajos pesados. La más tranquila fue Elsa, ya que, ella se sabía casi de memoria el bosque, tenía localizado donde habían frutas comestibles, donde hallar agua bebible, donde encontrar refugio, y sobre todo, de que seres cuidarse. No todo los habitantes del bosque oscuro -por no decir que la gran mayoría- eran amables con los humanos, los seres gentiles siempre estaban de día, los abominables de noche, ahí era cuando debías cuidarte. Bella se lo decía infinidad de veces cuando estaba recién llegada, la castaña ya había ido a aquel sitio entre las sombras, gracias a una desaventura como aquellas había conocido a Bestia, pero esa era otra historia que no importaba. El caso aquí es que Elsa sabía lo básico, pero no tenía conocimiento del bosque cuando la luz no estaba y, en aquel lugar, la noche se presentaba más oscura que nuca. No se llamaba "El Bosque Negro" por nada, al contrario, aquel bosque tenía su mala reputación, y eso era lo que aterraba más de ese lugar.
Los tres campeones se colocaron en sus respectivas posiciones, Jemes en donde había un estandarte con la letra "M", Kida seguía con la bandera en alto de un gato negro, y, Elsa, estaba junto a una bandera con el icono de un copo de nieve enorme. El director dio la señal de partida, y todos los concursantes emprendieron su andar con paso lento y temeroso. A nadie le gustaba la idea de pasar tres días y dos noches en ese lugar. Apenas se adentraron lo suficiente, una capa nueva de bosque creció impidiéndoles ver por donde habían venido, Elsa no contaba con aquello. Apenas sintió que estaba a una buena distancia, dejó salir a sus dos compañeros que llevaba en la bolsa, Olaf regresó a su tamaño original y estiró sus alas, el pequeño basilisco reptó por la hierba más feliz que nunca a pesar de que estaba cubierta de nieve fresca. La rubia contempló un rato a sus dos amigos antes de seguir cambiando, debía saber dónde estaba antes del anochecer, debía ir al árbol central donde siempre les decía Bella que fueran cuando se perdían, si lograba ir ahí antes del anochecer, podría sobrevivir el primer día sin ningún miedo.
Una joven de cabellos negros sonrió plácidamente, al parecer los estúpidos del colegio para magos le habían dado un regalo antes de tiempo. Se paró enérgicamente del asiento donde estaba, lo que sentía debía ser una alucinación. Se paró alado de la ventana que daba frente al bosque donde estaba su escondite, se concertó en aquella fuente tan poderosa de magia y, en un instante, reconoció de quien era. Elsa de Arendell estaba en el bosque negro. Sola. Su sonrisa se amplió más con lo último. ¿Era un chiste? ¡¿Esos idiotas dejaban que la persona que podría acabar con todos ellos vagara por el bosque sola?! ¡Esa era una oportunidad que no debía desperdiciar! Tomó su capa negra y sé la puso, le dijo a cierto pelirrojo que enseguida volvería, pero que si no llegaba antes del anochecer que se durmiera, tenía cosas más importantes que hacer. El muchacho iba a protestar pero era demasiado tarde, la chica ya se había ido. Con una sonrisa en el rostro, Early Elsa, como le empezaba a decir Hans para que no se confundiese con la Elsa original, empezó a caminar en dirección al bosque, si sus cálculos eran correctos, toparía con ella ya entrada la noche. Sus labios se curvaron en una sonrisa tan maligna que hasta al mismo señor tenebroso le aterraría, esa noche sería muy divertida para ella y para su hermana gemela.
Continuará…
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: *u* Mención a Snowflake de Snowflake in spring
Segundo**: x3 Otra mención a Snowflake.
Tercer***: Disnea es falta de aire...
Cuarto****: Inspirado en el dialogo de Patrick de "Las ventajas de ser un marginado".
RESPONDIENDO COMENTARIOS:
MyobiXHitachiin: ewe Bueno, lo del nombre ya se aclaró, ¿no? Y no es la misma Elsa, bueno, si... pero esta es la Early Elsa, uno de los primeros bocetos de Elsa, pero cuando era la "mala" de la historia.
silkie 19: Eh... Ya aparecieron...
lilithcosa: D: ¡Sí, cada mes!(? ewe Todos mis capítulos tienden a ser largos -se enoja si no superan las 13 páginas.
Annonym00se: LOOOOOOOOOOOOOOOOL ¡CORAZONES GAYS PROMISCUOS!(? ¡Arriba la tensión sexual! "Pero no habrá lemmon en este Fic..." D: ¡Calla!-Guarda la decena de corazones en una cajita de cristal por su adicción al cristal(?- Eh... Lo siento Annoy uwu no puedo enamorarme de una persona que recien conozco, eso me dice Elsa(?
HatefulRainbow: LOOOOOOOOOOL *n* Sí, lo sé, yo lo escribí(? ¡Yo la reviviré mensualmente!(? Pero es que aquí Adam no tiene nada, por ende no es un príncipe(?, sí ironías de la vida(?
marianixlove13: Gracias :3
Watashi- sama: xD No te preocupes, a mí también... ¡Viva!
Luin-fanel: -se queda helada al verla- Dios... Yo justo acabo de leer el nuevo capítulo que subiste hoy... -se sonroja- :3 Si, pero me gusta hacer que la gente participe. ¬¬ Sí, Anna merece muchas cosas por hacer sufrir tanto a Elsa ;n; D: No la mates, pobre, no tiene la culpa de ser así(? ewe Sí, es que tengo algo con las cosas prohibidas, algo así como un hijo de Hades que se enamoré de una hija de Zeus (THALICO, OK. NO.)
laidyx: ¬w¬ Mi flan es mío, -toma a su flan(?- xD Sí, estarán en la historia de los bailes de Invierno como la "pareja asesina"(? ¡Sí! *u*
Risu-chan xD: No te apures, que esto es JELSA y las otras parejas son solo para relleno(?
Koizumi Hinata: Ya está actualizado ouo
marianixlove13: LOL ¿Soy conocida por mi lemmon? eso no me lo esperaba eweU Gracias, y espero que te haya gustado el primer capítulo de la segunda temporada de "Copos de Cristal" ^^
Luin-fanel (2): Oh, si, nuestra Elsa es súper PRO(? Pero ya actualicé, y espero te guste
DoriisAriias: ¡Ya está, tu petición ha sido concedida!
DELIRACIONES DE LA AUTORA:
Bueno, ¿qué tal el nuevo capítulo? ¿Les gustó? Bueno, quizá actualice este mismo mes otra vez, o eso espero, porque dentro de dos semanas más inició mis exámenes D: Y como ya presenté mi examen a la Uni (deséenme suerte), tendré más tiempo en estas dos semanas que tengo de vacaciones *W*, las cuales aprovecharé para escribir: "Rosas de Cristal" (pobre Elsa, le dieron una paliza enorme uwu), "Copos de Cristal" (vienen ideas muy estúpidas xD y cómicas junto con LEMMON) y la segunda parte de este capítulo. Así que, ¡espero y termine toda la sarta de tarea que me dejaron para poder tomar mi móvil y escribir como jamás lo he hecho! ¡Hasta la próxima!
ZAKURO HATSUNE.
