CAPITULO 3:SEPARACIÓN
Toc toc
-Adelante-se escuchó la severa voz de la tía abuela, sus piernas temblaron.
-Ya te hemos dicho que no está enfadada-dijo Anthony sonriéndole para infundirle valor.
-No te pongas nerviosa Candy-dijo Archie.
- ¿Quién está nerviosa? -con la mano un poco temblorosa abrió la puerta, la señora Elroy la miro con seriedad.
-Candy ¿porque te fuiste de esa manera? preocupaste a todos innecesariamente.
-Lo siento-agacho la mirada.
-Eso ya no importa, como ya debes saber, el tío abuelo y yo hemos decidido que estudies en el Real Colegio San Pablo, donde espero te conviertas al fin en una dama digna de nuestra familia.
-Si tía abuela.
Los tres chicos entraron en la habitación tras la indicación de su tía.
-Candy, Archie y Stear, ustedes partirán en una semana-los jóvenes se miraron entre sí, un poco confundidos-en cuanto a ti Anthony, no podrás ir hasta que el medico lo indique.
-Pero ya estoy bien.
-El doctor ha dicho que aun no es conveniente que viajes a Londres.
-Tía abuela...
-Si quieres ir al colegio, tendrás que aceptar-todos guardaron silencio y poco después salieron de la habitación.
La semana transcurrió rápidamente, los cuatro aprovecharon el tiempo que les quedaba, pues sabía que en el colegio todo sería diferente. Anthony y Candy eran inseparables, todas las tardes paseaban juntos por el jardín disfrutando de la compañía del otro. Era el último día, ambos se encontraban dando su ultimo paseo.
- ¡Las flores están creciendo de nuevo!
-Te dije que así sería, todo está bien ahora-sonrió Anthony, ella tomo una y la olio-Candy-la joven alzo la vista-no me olvidaras ¿verdad?
-Nunca-sonrió mientras un leve rubor aparecía en sus mejillas ante la mirada del rubio.
-Me gustas Candy-beso suavemente su mejilla, el corazón de Candy se acelero con ese pequeño contacto, y su sonrojo aumento-prometo recuperarme pronto para estar contigo.
-Si.
Al día siguiente…
Los sirvientes, Anthony y la tía se encontraban en la entrada de la casa para despedir a los tres jóvenes.
-Espero que los tres se comporten.
-Si-dijeron al unísono.
-Nos veremos pronto-los cuatro sonrieron.
-Tía abuela gracias por todo-Candy hizo una breve inclinación con la cabeza, a pesar de las diferencias que habían tenido, con el tiempo había adquirido cariño hacia ella.
Finalmente, los jóvenes subieron al carruaje, acompañados por George.
-Señorita Candy ¿piensa llevar a Clint al colegio?
-Claro que si ¿Por qué?
-Los animales esta prohibidos.
-No puedo dejarlo aquí, él siempre me ha acompañado.
-Tengo una idea George, ¿Por qué Clint no se hace pasar por una bufanda? -comentó Stear-son muy populares ahora.
-Pero señorito...
-Solo debe intentarlo, si no funciona, lo traes de regreso-añadió Archie.
-Por favor, George.
-Está bien-sabía que cuando se unían era incapaz de hacer algo.
Mientras tanto...
- ¡Espera! Terry-la mujer de cabellos rubios tropezó en la nieve mientras veía al joven alejarse-promete que no le dirás a nadie que eres mi hijo, por favor-pero no obtuvo respuesta, el joven continúo caminando sin mirar atrás.
Días después...
El viaje estaba a punto de terminar y Candy se sentía muy feliz, había cuidado de la gaviota para que sanara y se había hecho amiga del capitán, quien estuvo a punto de ser despedido, pero gracias a ella no fue así, además de que se divertía con sus primos.
- ¡salud! -decían todos los pasajeros al unísono. Candy bebió de su copa.
-Señorita Candy, no tome mucho o podría marearse.
-Estoy bien George-pero en poco tiempo sintió un mareo-hip,hip-sus primos se encontraban en el otro extremo de la habitación con George así que decidió salir para tomar un poco de aire. Era de noche, hacia un poco de frio y había neblina, pero aun así resultaba una noche agradable, se escuchaba el choque del agua con el barco. Candy contemplo la vista con una sonrisa.
-"Pronto estaré en Londres" oh-su mascada voló con el viento así que la persiguió, esta se detuvo a los pies de un chico-hay alguien-de espaldas se parecía a.…- ¿Anthony? es imposible, Anthony está en América-se acercó con lentitud, el joven no pareció notar su cercanía ya que se encontraba sumido en sus propios pensamientos, al acercarse pudo notar que era más alto que Anthony-está llorando-se percató la joven, en ese momento este alzo la vista, Candy comenzó a alejarse.
- ¿Hay alguien ahí?
-Lo lamento, no quise molestar.
- ¿Molestarme?
-Me pareció que llorabas.
- ¿Lloraba? -sin razón aparente comenzó a reír, confundiéndola-te hacen falta lentes pecosa.
- ¿Pecosa? -contesto irritada.
-lamento decírtelo, pero tu cara está cubierta de pecas ¿nunca te has visto en un espejo?
-Eso ya lo hace, y a mí me gustan las pecas.
-Entiendo y por eso las coleccionas.
-Si, y últimamente estaba pensando en cómo conseguir más.
-Pero que gustos.
-Debes estar celoso-el joven silbo y continúo riendo.
-Y también estarás orgullosa de tu naricita.
-Claro que sí.
-Señorita Candy ¿se encuentra bien?
-Adiós pecosa-dijo con una sonrisa y un guiño.
- ¡Mocoso atrevido!
- ¿El joven le hizo algo? -Candy negó con la cabeza.
-De espaldas se parecía a Anthony, pero es un malcriado.
-Me extraña mucho.
- ¿Por qué?
-Es hijo de un duque de Grandchester, una familia muy importante en Londres-en ese momento llegaron Stear y Archie. Ni George ni Candy siguieron hablando, poco a poco el enojo de ella desapareció.
Al día siguiente el barco llegaba a Londres. Candy miraba todo a su alrededor, no sabía todo lo que aquel lugar le deparaba.
