Antes que nada, pido disculpas por el retraso…. Lo subí un día después de la fecha establecida (16), así que espero y me perdonen. Como sea, espero les guste este nuevo capítulo –que está corto, odio que haya sido corto, pero ¿qué más puedo yo hacer?- así que, buena lectura.

Ω Una vida en Hogwarts ђ

Capítulo 6: La segunda prueba. Verdades. Parte II.

Ya había caminado un buen tramo por el bosque, el sol se encontraba en su punto más alto, pero apenas algunos rayos podían atravesar la espesa manta de hojas que lo cubría por encima. Algunos seres la habían saludado y le dieron alguna que otra indicación, pues ya la conocían, para ellos, seguía siendo la pequeña rubia que había traído un día a su territorio su amiga humana, Bella. Elsa, quien creció básicamente alrededor de esos seres gracias a su nueva mentora, era vista con buenos ojos y no como los otros jugadores que estaban siempre siendo observados por aquellos seres que habitaban en el bosque prohibido. Los centauros eran los que más afinidad tenían con la chica a pesar de ser los que menos relaciones con los humanos poseían, más de uno le dijo que dirección seguir para llegar a la salida o al árbol central. Las arañas le indicaban donde ir para no encontrarse a los seres más peligrosos existentes. Alguno que otro troll se paraba a su lado a conversar mientras esperaba a sus compañeros. Los unicornios la evitaban, pues con ella llevaba un basilisco y un dragón, animales muy feroces para tan pura criatura, pero más de uno se sintió tan tentado por la pureza de la joven que no le importó estar con seres tan temibles con tal de que aquella muchacha virgen posara sus falanges en su cril y le diera unos cuantos mimos.

Mientras la joven rubia paseaba por el bosque tratando de llegar al centro de éste sin muchas interrupciones, un joven peliblanco estaba sentado en el umbral de una de las ventanas del castillo con vista al gigantesco bosque prohibido. Suspiraba constantemente, su mente divagaba en ideas de su joven amada: ¿cómo estaría? ¿Le iría bien? ¿No le había pasado nada? ¿Estaba asustada? Tantas interrogantes que sólo ella le daría respuesta. Puso su mano en el cristal y lo hizo congelarse de inmediato, un truco aprendido ayer en su clases de magia invernal, con su dedo, dibujó un copo de nieve, una serpiente y un dragón, los símbolos pertenecientes a la chica que invadía sus pensamientos. El copo nevado era porque a ella le encantaba la nieve, el frío, todo con respecto a ello. La serpiente era por ser la reina de éstas, todos en Slytherin sabían que debían respetarla o acabarían como Hans. El dragón, obviamente, por el pequeño Olaf que desde que salió del cascarón, no se había despegado de ella.

Un joven de cabello pelirrojo caminaba por los pasillos en busca de su amada, según tenía entendido, el director, la sub-directora y una de las brujas la habían citado a una reunión. Odiaba que hicieran eso. Adam, quien estaba de pésimo humor, quería encontrar a Bella para poderle dar una pequeña rosa en conmemoración de su quinto año como novios. Mientras venía tratando de ubicar a la joven, notó que un chico de cabellos blancos miraba hipnotizado por la ventana el bosque prohibido. Al analizarlo mejor, se dio cuenta que era nada más y nada menos que Jack Frost, el chico nuevo que había encontrado en más de una ocasión mirando a Elsa -su pequeña- de una manera nada normal. Conocía esos ojos, así él miraba a Bella siempre. Cuando se acercó, vio que en el iris de aquel chico tenía reflejada la palabra "preocupación". En serio estaba pillado por su pequeña Elsa. Sin mucho remedio, forzó su garganta para que saliera un sonido de rasgueo, aquel sonido que hace uno al forzar su garganta cuando siente algo atorado. El chico, interrumpido por aquel sonido, miró al hombre quien lo había producido.

Adam y Jack tenían una historia que no muchos conocían, ambos se llevaban realmente bien, el chico veía en el joven a un hermano mayor que le hacía burla o bromas, pero que siempre estaba con él. "La Bestia" había tenido su problema para con Jack, pues al inicio no le gustaba que mirase por tanto tiempo a Elsa, pero después aprendió a identificar porque la veía así, tanto, que no tuvo que preguntarle a Jack que sentía por ella. Los dos estaba juntos cuando no estaban con sus respectivas parejas, siempre podían hacer una que otra travesura juntos o, lo más frecuente, ir al bosque prohibido y darse algunas riñas con los trolls, aventuras que sólo quedaban entre el par y los que fuesen sus cómplices. Era increíble que esos dos se llevaran tan bien, pues "La Bestia" tenía un carácter fuerte y Jack uno tan relajado y aniñado que si ambos estuviesen juntos en la misma habitación, terminarían peleados. Pero eso jamás pasó. Fue amistad apenas se estrecharon las manos en aquel extraño encuentro donde ambos esperaban a sus respectivas doncellas amadas.

— Hola. — Saludó Adam lo mejor que puedo.

— ¿Si? — Interrogó Jack algo perdido aún.

— ¿Qué haces? — Se interesó el hombre.

— Nada... Sólo pienso... — Respondió sin mucho ánimo el joven peliblanco.

— ¿Piensas en ella? — Quiso saber el hombre mientras apoyaba un hombro en la pared y se cruzaba de brazos.

— ¿Y tú como sabes que estoy penado en Elsa? — Interrogó Jack sin mirarlo a la cara.

— Para empezar, se nota a kilómetros de distancia que mi pequeña Elsa te traer loco. — Comentó Adam.

— Como si a ti no te trajera igual Bella. — Argumentó Jack.

— Te equivocas, Frosty. — Dijo entre risitas. — A mi Bella me traer hechizado.

A ambos se les dibujó una media sonrisa, así eran ellos dos.

— Yo no diría hechizados, a ti te trae idiota. — Jack rio junto con Adam.

— Quizá, niño, quizá. — Admitió el hombre.

— Aún me pregunto cómo rayos es que se fijó en ti. — "La Bestia" sonrió con algo de picardía.

— ¿Quieres saber? — Jack al inicio se quedó impactado, pero supo que esa propuesta no se iba a repetir, Adam era muy posesivo con la historia de cómo conoció a Bella. El joven asintió al instante. — Está bien... Todo inició en el bosque prohibido...

~ Flashback ~

Una joven Bella de escasos quince o dieciséis años de edad llegaba al bosque que un día exploró por cuenta propia, en sus manos llevaba un mapa que, con el tiempo, estaría grabado en su cabeza para siempre y que, algunos años después, pasaría a tres pequeños que, a su vez, pasarían a cinco más. Mientras seguía caminado por sitios inexplorados, se encontró con un pelaje extraño, no era humano, animal, o místico. Era una mezcla de los tres. A lo lejos, un ser la miraba curioso, ya la había visto antes y, siempre que iba al bosque, se la pasaba contemplándola, deseaba poder hablarme a tan hermosa muchacha, pero siempre que iba a hacerlo, se detenía a mirarse y volvía a esconderse. El joven Adam jamás podría sostener una conversación con aquella hermosa chica, de seguro apenas lo viese saldría corriendo como todos los estudiantes de aquella escuela de magia. En aquel entonces no tenía nombre, pero los trolls le llamaban "Adam, el humano maldito", los centauros le conocían como "Adam, el humano bestial", por lo que llegó a la conclusión que su nombre era Adam, más jamás sería uno tal cual.

Adam se movió nervioso entre el arbusto donde se escondía, hace muchos años que estaba ahí, se miró en un charco de agua y, al ver su figura reflejada, con su mano peluda y con garras hizo chapotear el líquido. Su aspecto era el de una bestia combinada con la de un ser humano: Tenía su rostro intacto, pero alrededor de éste, una melena de león le crecía. Sus manos tenían bello de animal, sus uñas eran garras, pero seguían teniendo forma humana. Su cuerpo era el de un humano lleno de bello animal, de su parte trasera relucía una cola lobuna. En su cara se notaban un par de caninos largos, tenía cuernos de búfalo y orejas de vendando. En ese tiempo, su aspecto era más humanizado, antes no llegaba a a eso, hace siete años era una completa bestia, sin forma humana, sin sentimientos humanos, sólo el vago recuerdo de que alguna vez lo fue. Hechizado a una temprana edad por una bruja a la que se le dio la regalada gana, ahora no tenía idea de cómo comunicarse con las personas, sólo sabía gritar, gruñir y luchar por lo que él llamaba comida. ¿Hablar? Si, si lo sabía, pero sólo podía usar un lenguaje humano con pocos seres.

Mientras él seguía frustrado, enojado y rompiendo todo, la joven chica se le acercó de improviso. Ambos se miraron. El tiempo se detuvo, no hubo espacio, tiempo, sólo miradas. Para Adam, la mirada de Bella representaba horror, asco, terror, todos aquellos sentimientos que siempre veía en todas las personas humanas que lo encontraban. Bella, por el contrario, lo miraba en realidad con curiosidad, asombro, ternura, y más cosas que jamás había experimentado. Si tan sólo Adam no fuese como es, aquel encuentro no hubiese acabado como terminó. Bella quiso decirle algo, pero el joven sólo la logró asustar, la chica quiso sostener una charla con él, pero éste sólo supo ahuyentarla, rugirle, le exigió que lo dejara mientras arriaba troncos, piedras y lo que pudiera cargare en sus grandes manos. Cuando vio la figura de la chica correr, supo que había sido un idiota, un estúpido, la bestia que en realidad era y que siempre había odiado. Se golpeó la cabeza contra uno de los árboles que estaban cerca y decidió ir tras la doncella.

Bella corría sin rumbo fijo, no sabía a donde iba, así que tarde o temprano se perdería, y, para su desdicha, se perdió en la zona más peligrosa de todas. Mientras le exigía a sus piernas moverse, se encontró con una de los seres más temibles de todos, un mortifago que quien sabe dios qué hacía ahí. Asustada, la castaña trató de hacerle frente, pero estaba tan asustada que el encantamiento que debía usar no le fue eficaz. Temblando de miedo, retrocedió, pero cayó al suelo gracias a una raíz alzada de algún árbol, empezaba a oír llantos, sus propios llantos de cuando su madre murió en un accidente de carro donde ella misma iba. Fue la única sobreviviente. De sus ojos caían las lágrimas y empezaba a perder la esperanza cuando, de los arbustos, salió un brillante león blanco quien, en cuestión de segundos, espantó al ser. Bella, aún asombrada por el excelente patronus realizado, volteó a ver quién fue el realizador de tan potente hechizo. Su sorpresa no cabía ella cuando se dio cuenta que el mago quien la rescató era nada más y nada menos que la bestia con la que había peleado. Era humano después de todo, y no uno cualquiera, era un hechicero poderoso.

Adam, quien estaba débil por haber usado un hechizo que jamás había tenido la necesidad de usar, cayó rendido de rodillas y se desmayó en ese lugar. Bella al verlo, primero quiso dejarlo, pero supo que no era correcto, le había salvado la vida. La castaña tomó al muchacho y lo llevó hasta su cuarto, tenía la fortuna de ser una de las pocas personas quienes tenían uno propio. Ahí, lo acostó en su cama y veló por él toda la noche. Se dio cuenta de que era un chico apuesto, pero las partes de animales y aquel bello que cubría parcialmente todo su cuerpo le quitaban encanto al igual que sus cuernos, orejas, colmillos y cola. Estaba hechizado. Cuando Adam al fin despertó, se sobresaltó tanto que empezó a gritar, pero Bella igual tenía su carácter y se pudo al "tú por tú" con él hasta que ambos se calmaron. La chica de hermosos ojos cafés llena de curiosidad le preguntó al joven que cuidaba la razón por la cual la había salvado, él, algo apenado, le respondió que era muy bonita y que, para él, era muy malo que una joven con tanta belleza fuera asesinada por su culpa. Bella igual le preguntó cuál fue el recuerdo que usó para espantar al dementor. Adam, sonrojado, le respondió que aquella memoria era la primera vez que la vio.

~ Flashback end ~

— Y así, amigo mío, fue como conocí a Bella. Después de unos meses, o creo que fue un año, nos enamoramos y ella rompió mi hechizo. Recuerdo que cuando lo hizo, dijo: "Me gustabas más con tu cola de lobo". — Terminó su historia Adam.

— Wow, eso fue increíble. — Aceptó Jack. — Yo aún tengo mucho trabajo con Elsa... A veces es muy fría, a veces siento que me trata como su amigo hasta que me da algún beso de repente. — Contó Jack mirando al techo.

— Así es mi pequeña Elsa, no te desanimes, Frost. Pero te advierto, sí la haces llorar, yo te haré suplicar piedad. — Amenazó el hombre.

— Oye, calma, sabes que aquí lo más probable es que me haga llorar ella a mi. ¡Mira en los líos que se mete! ¡Está allá afuera, en el bosque, sola y sin nada! — Dramatizó Jack mientras señalaba al dicho bosque.

— Recuerda algo, Frost, ella sabe más de aquel bosque que tú. Ese lugar es básicamente su otra casa, vio muchas lágrimas de ella y ahí, por primera vez, se dejó abrazar por Bella. Ese sitio no es nada nuevo para Elsa y, debo recordarte, Bella le enseñó todo sobre aquel bosque. Y yo viví allí un buen tramo de mi vida. — El joven de cabello blanco, lago más tranquilo, suspiró resignado.

— Lo sé... es sólo... Es sólo que no quiero que le pase nada. — Adam, conmovido por el chico, pasó su brazo por los hombros de Jack.

— ¡Vamos, pequeño, no te desanimes! — Le trató de subir el ánimo. — A veces pienso que tú eres la chica y Elsa el chico.

— ¡Oye! — Se quejó Jack, pero sonrió. — Quizá, Bestia, quizá.

Jack y Adam rieron un rato con la broma hecha, el más grande de ellos lo hacía sin preocuparse hasta que de repente algo en su interior lo obligó a parar con la carcajada. No sabía que era. Ya antes lo había sentido, pero jamás sabía la razón de aquello. Su corazón se sintió oprimido y unas ganas de romper todo lo invadieron, pero al ver la cara de preocupado que puso su amigo más joven lo obligó a forzarse a cambiar de gesto, no quería preocuparlo. Con una sonrisa algo forzada, tomó el hombro de Jack y lo invitó al gran comedor a beber algo, quizá el hechizo dentro de él aún no se quitaba del todo y ese instinto salvaje regresó por unos minutos. Estaba casi en lo correcto. La sensación que tuvo era gracias a una magia, no había duda alguna, pero la magia y la conexión que tenía con Bella quien, sin que él lo supiera, estaba en un estado de shock tan grande y, ahora, con un peso más que monumental en sus hombros. Adam se encaminó con su amigo hasta el comedor, pero en su corazón aún estaba esa molestia, lo que en realidad sentía, eran los sentimientos violentos y contradictorios que sentía su amada en esos momentos. El amor era una magia más que increíble, esos dos eran la muestra de aquello.

Bella no sabía que sentir, que hacer, que decir, aquello de lo que tenía una sospecha se lo habían confirmado su ex-maestra, el director y subdirectora de la escuela más reconocida de magia. Estaba sin habla, sin respirar, todo aquello que ella consideraba nada más que una leyenda cultural estaba tomando parte de su realidad. ¿Cómo había pasado eso? Hace apenas unas horas ella estaba en los pasillos caminando tranquilamente, su mente estaba ocupada pensando en qué le podría regalar a Adam, pues era su aniversario, quizá le daría un libro, o le regalaría mejor una carta expresándole todo lo que sentía por él, aún no lo sabía. Suspiró cansada, normalmente tendría a Elsa a su lado ayudándola con aquello, pues Merida era la cómplice de Adam y, Eugene, sólo servía como mensajero. Mientras seguía sumergida en sus pensamientos, ante ella apareció una gata atigrada, sabían perfectamente quien era, el felino la vio fijamente y mudamente le pidió que le sugiera. Bella, confiada en aquella persona, siguió al mínimo sin objeción alguna, la subdirectora era muy paciente, pero era mejor hacerle caso sin dudar, podría ser anciana, pero eso no le quitaba lo temible cuando se enojaba. Bella y Adam fueron testigo de ello una vez cuando los encontró besándose furtivamente en una de las esquinas del gran colegio. Desde ese día, sólo lo hacían cuando estaban solos y Adam se aseguraba de que así fuera si quería hacer algo con la joven castaña.

La joven fue guiada por los pasillos de Hogwarts hasta llegar a una pared que jamás había visto antes, la subdirectora retomó su forma humana y puso su mano en la gran plancha de piedra que, de inmediato, tomó forma de una puerta hecha del mismo material. Bella interrogó a la mujer mayor sobre donde estaban, pero aquella mujer no dio respuesta obligando a la castaña a permanecer callada un rato más, la puerta se terminó de formar y ambas entraron a la habitación. Para este punto, Bella estaba más que confundida, la subdirectora Minerva no era de las personas que no te dieran respuestas, así que cualquier cosa en lo que estaba metida, era grave. Al abrirse las puertas, ambas mujeres entraron a la habitación donde, de repente, apareció una mesa en forma de "u" y, sentados alrededor de ella estaban: el director, su ex-maestra, un hombre de cabello blanco, Aladdin, Esmeralda y un hombre de edad ya avanzada con ojeras en los ojos y una mirada feroz. Daba miedo. Bella se sintió nerviosa y miró a donde estaba la subdirectora, pero ésta ya se había ido a sentar junto al director.

— Buenos días, Bella. — Saludó el director tan amable como siempre.

— Buenos días, director Dumbuldore. — Contestó la muchacha parándose en medio de la gigantesca mesa.

— Te preguntarás que haces aquí, ¿no? — Supuso el anciano de cabello blanco.

— Me temo que así es. — Aceptó la chica.

— Bella, estás aquí porque a nuestros oídos a llegado la noticia de que has aceptado a Elsa como tu aprendiz, ¿no es correcto? — La joven castaña miró a la que había sido su maestra con ceño fruncido, pero ésta sólo le sonrió de una forma infantil mientras la saludaba.

— Así es, he tomado a Elsa de Arendelle como mi aprendiz. — Afirmó.

De repente, el anciano de las ojeras se paró y estrelló sus manos contra la mesa. Aquel viejo era el representante del Ministerio de Magos, la institución más corrupta en todo el mundo mágico y, quizá, mortal. El nombre de aquel viejo era Frollo, estaba vestido con su el uniforme negro del ministerio, una boina negra con toques morados.

— ¿¡Esto es una broma!? — Graznó Frollo notablemente enojado. — ¡¿Está chica será la que instruya a la cosa que es capaz de modificar nuestro estilo de vida?!

Bella, al escuchar cómo se expresaba aquel anciano de la niña que vio crecer por años de enojó. Algo que jamás debían hacer es enojar a Bella, pues, si tuvo el temperamento para enfrentar a Adam, quien era bien conocido por su temperamento volátil, el de ella lo superaba con creces de diferencia.

— Esa cosa, como usted dice, se llama Elsa, señor. — Habló la castaña con tanta seriedad que hizo enojar al viejo. — Y si, voy a ser yo quien le enseñe. También le pido de la manera más atenta que no se refiera a ella como una cosa.

— Mira, la pequeña tiene el carácter de su maestra. — Bromeó el joven de cabello blanco.

— Cierra la boca, Dante, que tu bien que disfrutas esas actitudes mías. Y más en la cama. — Le contestó Bayonetta al joven sin el más mísero descaro haciendo que todos se sintieran incómodos.

— Volviendo al tema principal de esta reunión. — Dijo el director tratando de que la tensión se apaciguara. — Bella, queremos saber si tus intenciones de enseñar a Elsa son verdaderas.

— Lo son. Yo vi los peores momentos de Elsa... Lo tengo grabado en la piel. Sé cuáles son las consecuencias de que sus poderes salgan de control, pero también he observado cuales son cuando ella se siente segura de sí y es feliz.

Bella sonrió al recordar aquella escena que contempló sin que nadie se diese cuenta, iba caminando pensando en sus asuntos cuando vio a cierto peliblanco junto a su pequeña Elsa. Con la curiosidad como guía, la castaña los siguió y, para sorpresa de ésta, encontró a Jack Frost, un chico de primero, con Elsa, su pequeña de tercero, compartiendo un beso. Su perplejidad fue mayor al ver que el paisaje blanco que hasta hace unos segundos dominaba el ambiente, pasaba a ser uno primaveral. Sin qué se dieran cuenta que los observaba, se ocultó en una de las columnas mientras sonreía de oreja a oreja. Su pequeña Elsa estaba creciendo y, lo que más feliz le ponía, era ver que estaba abriendo su corazón de poco a poco.

— ¿Cómo que tienes las marcas en tu cuerpo? ¿A caso esa... persona... te ha hecho algo? — Interrogó Frollo con ceño fruncido.

La castaña suspiró, hace mucho tiempo que había dejado esa historia vieja de lado. Miró al director quien le dijo mudamente que debía hacer. Bella, quien bestia con una sudadera azul cielo, jeans, convers, una blusa blanca de mangas y su cabello estaba atado en una coleta, se quitó la chaqueta que tenía dejando expuestos sus brazos. La blanca piel de la joven estaba marcada por cicatrices.

— Esta es una pequeña muestra de lo que Elsa es, o, mejor dicho, era capaz de hacer cuando tenía once años. — Todos se quedaron asombrados, menos los dirigentes de la escuela misma.

— ¿¡Ven!? ¡Es un peligro! ¡Debimos haberla matado cuando tuvimos oportunidad! — Vociferó Frollo.

Bayonetta, quien en todo ese tiempo había pasado dándose miraditas muy fuera de tono con el hombre llamado Dante, se paró indignada, sus cejas estaban fruncidas y, tras de ella, estaba igualmente erguido el joven de pelo blanco.

— ¡Ya habíamos aclarado esto, Frollo! — Gritó la bruja señalando al anciano.

— ¡Acordamos que la bebé sería entregada a sus padres, criada normalmente hasta que el falso heredero de Slytherin apareciera! — Habló Dante con un alto tono de voz.

Enseguida, Aladdin y Esmeralda les siguieron en aquel acto de indignación ante tal comentario. Podían soportar muchas cosas, podían soporta que Frollo siempre se dirigiera a Elsa como una cosa, que su objetivo siempre fuera hacer parecer a esa chiquilla como un mal engendrado. Pero jamás. ¡Jamás! Iban a permitir algún comentario de muerte.

— ¡Ella es una persona, ministro Frollo! — Chilló Esmeralda enfadada.

— ¡Merece vivir tal como todos! ¡Si podemos perdonarle la vida a los criminales, podemos hacerlo con una chica que no escogió su destino! — Argumentó hábilmente Aladdin haciendo que Frollo frunciera más el entrecejo.

— Pero... Ella es una amenaza... ¡Miren como dejó a esa chica!

— ¡Yo fui culpable de estas heridas! Dejé a Elsa sola y ella se perdió, obviamente entró en desesperación y el miedo la invadió. Esta es la marca de lo que ella hace cuando se asusta o se altera. Y, para su desgracia, ella vive con temor a herir a las personas, por ende, su poder siempre tiende a ser dañino. El miedo es su peor enemigo.

Todos guardaron silencio ante aquel comentario, de entre todos en esa habitación, la que mejor conocía a la chiquilla era Bella. El director miró a la joven castaña sonriendo, aún se acordaba del día que llegó a la escuela, tan pequeña y, a su vez, con un futuro brillante por delante. Bella jamás se enteraría que antes de que ella presentara su solicitud para estudiar en Hogwarts, Bayonetta -su maestra- había llegado a la institución solicitando hablar con Albus. Cuando ambos se encontraron, la bruja le dijo que su aprendiz planeaba entrar en ese colegio y no en el de donde ella se había instruido hace tantos siglos. El director, sorprendido de que la aprendiz de una de las más sobresalientes brujas presentara una solicitud en su colegio, le preguntó la razón por la cual ella había accedido a ello. Bayonetta, a punto de salir, sólo se viró sonriéndole. «Sólo cuida de ella, es la próxima Minerva o, inclusive, tu propia sucesora. Ella tiene un potencial tan grade que estoy segura su nombre llegará a estar en los libros de historia mágica», le dijo por telepatía. Ahora veía el porqué de aquello, Albus sabía que aquella chica estaría en los libros de historia mágica como la instructora y amiga de la joven que salvó el mundo mágico.

— ¡Basta! — Habló el director calmando a todos. — Bella, ¿estás dispuesta a ser la maestra de Elsa a pesar de todo?

— Si. — Afirmó ella sin duda alguna.

— En ese caso... Minerva, dile. — Ordenó Albus seriamente.

— Bella... ¿Recuerdas la clase que tuvimos de los fundadores? — Interrogó la subdirectora.

— ¿Cómo olvidarla? Fue una de las mejores que tuve en mis primeros años. — La mujer sonrió ante tal comentario.

— De acuerdo. Ahora te quiero dar otra. — El semblante de Minerva cambió totalmente. — Cuando Slytherin discutió con Gryffindor, éste desató una maldición, y cito: "Uno de mis descendientes me vengará, a todos los Gryffindor aniquilará y ese día, ningún sangre sucia existirá más".

Bella quedó boquiabierta, jamás había leído o escuchado de eso, y eso que ella era conocida por saber casi toda la historia de la magia.

— Obviamente, Gryffindor no se iba a quedar con los brazos cruzados, por ende, él realizó una contra-maldición.

— Una maldición para hacerle frente a otra... como la que la que el hada azul le hizo a Aurora... — Dedujo la muchacha.

— Exacto. Así que, usando sus artimañas, igual lo maldijo, y cito. «A mis herederos deseas aniquilar, pero uno de ellos te lo interpondrá. Un Gryffindor peleará con tu heredero, lo derrotará y, así, la paz reinará».

— ¿Y Elsa que tiene que ver en todo esto? — Cuestionó Bella poniéndose la chaqueta de nuevo.

— Tu querida "Elsa" es un ser que comportarte las dos sangres. Es una maldita Gryffindor y Slytherin en uno. Un ser que comparte dos sangres enemigas. — Espetó Frollo.

— ¿Qué? — Dijo incrédula Bella.

— Por eso es que tu poder especial se sintió atraído. Detectaste sus poderosos orígenes. — Comentó Bayonetta de forma seria, extraño en ella.

— Hay más en esta historia... — Interrumpió Minerva. — Como ya dijo Frollo: Elsa cómprate la sangre de Slytherin y Gryffindor, y por lo que sabemos, hasta ahora, ella es la única descendiente directa tal cual de ambos. Los otros sólo tienen pequeñas porciones de sangre de ambos. Así que, aquí es donde nos preocupamos. Tenemos entendido de que habrá alguien llamado "El falso descendiente de Slytherin", quien se autoproclamará como uno de ellos y querrá ponerle fin a la maldición. Aquí es donde entra Elsa, ella luchará contra él como descendiente de Gryffindor, pero luego tendrá su pelea más dura: contra ella misma. — Bella tragó saliva, aquello que le estaban diciendo era más que incrédulo.

— Sé que es difícil de aceptar para ti, pues tú la has visto crecer por años y por eso ella te necesita. — Habló Albus con calma.

— ¿La espera más sufrimiento a Elsa? ¡¿A caso no ven que todos los días es una lucha contra ella misa?!

Todos se quedaron sorprendidos ante tales palabras de Bella, esperaban que se alterara o dijera algo relacionado con que era imposible que Elsa, aquella chica tímida y fría, fuese un descendiente de magos tan poderosos. Pero no. A la castaña le preocupaba más la inseguridad de la rubia, cosa que a todos -menos a Frollo- les conmovió. Bayonetta tenía razón, el que Bella y no ella misa se hiciera cargo de aquella chica era la mejor opción para todos.

— Me temo que así es, Bella, por eso te pedimos tu ayuda. Hazla más fuerte. Haz que tenga más confianza en sí misma. — Pidió Albus.

— Daré todo mi potencian para lograrlo. Lo juro. — Aseguro ella firmemente.

— Otra cosa. — Habló Frollo. — Aún no sabemos qué tan fuerte sea el "Falso heredero de Slytherin", pero si es como era él, no dudara en darle muerta a esa... persona...

Sin más por decir y con un nudo en la garganta por lo último mencionado, Bella se dio media vuelta y salió de la habitación. Caminó. Caminó sin rumbo fijo. Ya lo sabía, sabía que Elsa no era nada normal, sus poderes eran demasiado grandes como para que fuera alguien ordinaria. Maldiciendo por lo bajo, se apoyó en una pared mientras ocultaba su cara en ella. No podía ser verdad. Su Elsa, su pequeña Elsa estaba siendo atada a un destino que no deseaba para ella. ¿Heredera de Gryffindor? ¿Slytherin? No le importaba. Metería si dijera que jamás importó tu poder, al inicio eso fue lo que le hizo notar a la pequeña. Pero ahora, después de años de conocerla, un verdadero sentimiento de cariño se alojó en su corazón por ella. ¿Por qué debía ser ella? ¿Por qué? Eso sé preguntaba. Las lágrimas le brotaban, Elsa no debía enterarse del destino que le esperaba. ¿Verla luchar contra un mago loco? ¡Jamás! ¿Y si moría? Dios, no quería ni pensar en eso. ¿Qué pasaría con Anna? ¿Qué pasaría con ella, con sus amigos, con el pequeño Olaf? ¿Qué pasaría con Jack? El último le al igual que la primera le preocuparon, esos dos adoraban a Elsa, Jack la amaba, ¿que harían si se enteraban de la verdad? No, nadie debía saber. Se secó las lágrimas, entrenaría a Elsa lo mejor que pudiera, aún si tenía que leer libro tras libro de lucha. No importaba. Haría que su pequeña sobreviviera a su destino.

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Ella miraba a través de la ventana, ¿cómo estaría su hermana mayor? ¿Tendría hambre? ¿Frío? ¿Estaría asustada? ¡No soportaba la intriga! ¡Estaba a nada de ir por Kristoff y salir corriendo al bosque prohibido para encontrar a su hermana. Se dio media vuelta y salió de donde estaba, ya no le importaba si interfería en la competencia de los tres magos no nada, ella sólo quería a su hermana sana y salva. Mientras seguía caminado al gran comedor pensaba en su hermana, suya, de nadie más. Hace tanto que estaba ocupada que no había pasado tiempo con ellas y, cuando al fin pudo estar a su lado, la habían llamado para la prueba en ese bosque donde quien sabe que seres habitaban. ¿Desde cuándo Elsa ya no la trataba como cuando eran pequeñas? Siempre se preocupaba por ella, sí, pero cada vez que quería interactuar más de cerca, la alejaba. La brujas de Salem siempre estaba a su alrededor y a ellas no les hacía mantener la distancia, cuando estaba con Jack, su mejor amigo, tampoco lo apartaba, ¡al contrario! ¡Parecía quererlo más cerca de ella! ¡Y no sólo eso! ¡Cada vez que ese mugre peliblanco la llamaba, ella iba donde él! ¿¡Por qué con él si era más sumisa!? ¡Ella sólo quería que estuviera a su lado! ¡La tomara de la mano como cuando eran pequeñas! ¡Que la mimara como en la mañana! ¡Sólo quería a su hermana de vuelta!

Indignada, giró en una de las esquina para poder llegar a su destino y, de la nada, sintió un par de brazos rodearle. Era Jack, su mejor amigo. Esos dos se conocían desde que Elsa se había ido a Hogwarts, ambos llevaban una buena relación, los dos eran infantiles, le gustaba molestar a Rapunzel, hacían travesuras y más. Él la había visto llorar por su hermana y ella lo había visto derramar lágrimas por la suya. Anna, en el fondo, veía en Jack una soledad que sólo había visto en los ojos de su hermana mayor, el alma de su amigo era similar la de su adorada Elsa, como si aquel chico hubiese sido engendrado para ella. Pero no. Nadie estaba a la altura de su hermana. Nadie. Ni su mejor amigo sería tan bueno para ella, conocía a Jack y su reputación de Casanova, él podía lastimara. No permitiría que nadie le hiciera derramar lágrimas a Elsa. Miró a los ojos a su amigo, pero lo que vio en ellos le sorprendió tanto que de su garganta no salió palabra alguna. Preocupación. Miedo. Esas dos emociones inundaban los ojos azulinos de su amigo, ¿por qué estaba así? ¿Algo había pasado? No le dio tiempo de preguntar, pues Jack la jaló hasta un pasillo sin salida, la arrinconó hasta fondo manteniendo una prudente distancia entre ambos y, ahí, al fin soltó riendas suelta labia.

— Jack... ¿estás bien? — Preguntó preocupada la pelirroja.

— ¿Sabías que Kida, la concursante de Salem, fue atacada por un grifo? Está en la enfermería ahora mismo. — Le contó con semblante serio.

— ¿¡Qué!? — Gritó Anna sorprendida.

Kida era conocida por ser una excelente bruja, la mejor de toda su escuela, ¿y que fuera derribada por un grifo? ¡Ese bosque al que había ido con su hermana en una ocasión era más que peligroso! O bien, eso pensaba ella quien no sabía la verdadera historia. Los hipogrifos son seres orgullos y respetuosos, si le faltas al respeto, se enojan y eso no era nada bueno. La campeona de Salem no sabía esto, pues en su instituto no llevan la materia de "seres mágico", así que apenas vio al gigantesco ser, saltó al ataque. Terminó con un brazo roto y algunas costillas hechas pedazos.

— Tengo que sacar a Elsa de ese bosque... — Susurró la pecosa mientras ponía su dedo en su barbilla para pensar.

— ¿Qué dijiste? — Se interesó su amigo.

— Nada que te incumba, niño paleta. — Refunfuñó Anna, aún no se le olvidaba que Elsa prefería pasar su tiempo con él que con ella.

— Anna, tranquila, el otro hogar de Elsa es ese bosque. Yo me aseguré de eso. — Se escuchó una voz mayor.

— Bella... — Susurró Anna y Jack con respeto, aquella muchacha era una de las personas que Elsa admiraba y, con eso, ya debían rendirle respeto.

— No se preocupen por ella, estará bien. — Aseguró la mayor.

— Pero, Kida fue atacada por un hipogrifo, ¡podrían atacar a Elsa! — Chilló Anna preocupada.

Bella, cansada de los gritos de Anna, tomó por los hombros a la chica y la miró fijamente, aquella castaña podía ser igual o más temible que su misma pareja, pero en vez de mirarla con enojo, la miró de una forma tan tierna que le hizo recordar mucho a Elsa.

— Anna, Elsa estará bien, jamás se atrevería a ofender a un hipogrifo como lo hizo la bruja de Salem. Me encargué personalmente de enseñarle todas las reglas básicas y avanzadas para sobrevivir a ese bosque.

Anna se quedó muda ante aquella mujer, y Jack no pasó desapercibido. Bella, mirando a manos niños, porque para ella, aún lo eran, les sonrió de una forma tan tranquilizadora que los dos optaron por dejar la idea de ir tras Elsa. La pelirroja tomó a su amigo y lo llevó, Bella sólo observaba a ese par alejarse, si así se preocupaban por Elsa cuando no corría casi ningún peligro, ¿cómo estarían cuando se entraran del destino que le esperaba? Una mano cálida le tomó del hombro, su novio Adam, el joven supo que había algo extraño con su hermosa joven, lo veía en sus ojos y lo sentía en su alma. Estaban conectados por la magia más fuerte del mundo. Amor puro. Bella sabía que no podía ocultarle nada a Bestia, así que lo cogió de la mano y se lo llevó hasta las afueras del colegio, donde nadie los viera, escuchara, o supiera de su presencia. Sólo le pedía a todos los cielos que Adam no perdiera el control e hiciera algo que lo metiera en problemas, cuando se trataba de su pequeña Elsa o de Merida podía hacer cualquier locura.

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La noche caía en el bosque prohibido, Elsa al fin había conseguido llegar al árbol centran antes de que el crepúsculo apareciera. El cielo era negro, pequeños soles a miles de millones de kilómetros iluminaban aquella oscuridad abismal, una media luna proporcionaba la luz necesaria para que los animales nocturnos vieran. Al lado del árbol más viejo de todos, había una bola de luz suspendía en el aire, un dragón se podía apreciar acostado sobre sí mismo cuya cabeza estaba reclinada en las piernas de una joven chica; un basílicas dormido igual estaba junto aquella muchacha, todo era paz para los dos seres que compartían amistosamente las piernas de su ama, Elsa. La joven rubia estaba reclinada en el árbol central, su comida había sido algunas moras de un arbusto que Bella le enseñó hace años que eran buenos, pues quitaba el hambre y la sed al instante, su mirada estaba perdida en su entorno oscuro, era de noche y jamás había estado en ese sitio a esas horas tan inapropiadas. Su mente vagó libremente por el recuerdo de su hermana, ¿estaría bien? ¿No estaría histérica por su ausencia? De repente, su hilo mental cambió a la de su joven pareja, ¿estaría preocupado por ella? ¿Habría ido a clases? ¿No se había metido en problemas en su ausencia? Pensando en eso se quedó dormida, mañana tenía otro arduo día por delante y, esperaba, sus dos amadas mascotas tuviesen el sueño más ligero que ella para poderla alterar ante cualquier amenaza.

A una gran distancia de diferencia, Early Elsa también estaba apoyada sobre un árbol, sólo que a diferencia de la rubia, la pelinegra devoraba un trozo de carne de un pobre animal que encontró por ahí quien tuvo la mala suerte de acabar como su cena. Mientras ingería al animal, sus poderes captaron la presencia de Elsa, ésta sonrió con malicia al notar que dormía plácidamente. Se limpió con descaro los labios y miró al horizonte donde estaba la rubia durmiendo. En un día más se viaje estaría con ella, con la verdadera descendiente de Slytherin. De su garganta salió una carcajada tan potente que hizo alzar vuelo a más de un ser mágico. ¡Le tenía reservada una gran sorpresa! Desde hace mucho tiempo quería probar un hechizo que ella misma inventó en sus años como delincuente juvenil. Era simple, podía privar de su poder a cualquier persona por siente días, siete días que se sentirían como el mismo infierno. Para un mago, la magia es vida, la vida es magia, es la regla elemental de todos, ¿qué pasaba cuando privabas a un mago de su vida? ¡Cómo amaba darle respuesta a esa pregunta! Para un mago normal, esos siete días eran la muerte, ¿cómo lo sería para Elsa? De seguro sufriría poco a poco, viviría el terror de morir lentamente. ¡Sí que se iba a divertir!

La mañana llegó y con ella, un dolor de espalda tremendo para Elsa. Ser una de los concursantes del torneo de los tres magos apestaba. Se paró con lentitud e hizo estiramientos, sus huesos tronaron y rechinaron, y el dolor, pasó. Fue a un pequeño riachuelo que estaba cerca del árbol a lavarse la cara, se quitó el casco que tenía dejando su rubia melena suelta en su coleta, el pelo le calló en la cara y, juntando sus manos para formar una especie de tazón, dejó que el agua las llenara y sé lo llevó a la cara. Frío. Como le gustaba. Al terminar, se llevó el pelo para atrás y se puso el casco de nuevo, observó que había nevado y que gracias a Olaf, quien la tapó con su ala, no había sentido el frío congelante de la noche. Bostezó perezosamente, de las bolsas que tenía su traje, sacó un par de moras que había guardado de las de ayer, se las comió y sintió su estómago expandirse. No comería nada hasta ya entrada la noche. Sin hacer mucho esfuerzo, decidió ir a saludar a los unicornios que había visto ayer, pero cuando emprendió camino, Olaf y ni el pequeño reptil le siguieron, eso fue extraño, pero dedujo que de seguro estaban cansados. Giró sobre sus talones y siguió su camino, jamás se imaginó que sus dos fieles mascota no la querían seguir porque presentían que allá afuera había algo malo, tan maligno que las pobres criatura se quedaron quieras sin hacer nada. No pudieron prevenir a su ama por el temor tenían.

Early caminaba con una sonrisa cínica en su rostro, su presa se estaba aproximando a ella sin que lo supiera. Estaba emocionada. La vería de nuevo después de tantos años. Sus caminos estaban a punto de ser cruzados. Elsa iba como si nada por el bosque con la esperanza de ver a las majestuosas criaturas del día anterior sin imaginar lo que le esperaba. Elsa y Early. Early y Elsa. Elsa y Elsa. Una la original, la otra hecha por ésta misma sin que ella lo quisiera. Dos espejos de una misma persona, pero a su vez, diferentes entre ellas. La distancia se acordaba y, al paso de ambas, el bosque jugaba una de sus bromas haciendo un lugar cerrado para las dos chicas, los árboles repentinamente cubrieron el cielo y eso alertó a Elsa, ya había visto ese fenómeno antes cuando su magia se intensificaba a tal grado que sus guantes no pudiesen contenerlo. Miró sus manos y se sintió extrañada al ver que su barrera estaba en buen estado, los guantes trabajaban perfectamente y no estaban sobrecargados. Miró al cielo -o mejor dicho, las espesas copas de los árboles- buscando una explicación lógica para aquel acontecimiento.

— Oh, al fin te encuentro. — Escuchó una voz. Su voz.

— ¿Pero qué...? — Más no pudo seguir con la oración.

Frente a ella, con una camisa azul, unos jeans negros, botines, capa negra y con un aura malvada se encontraba ¿ella? No. Era imposible. Aquella chica era igual a ella, pero a la vez distinta. La muchacha que tenía ante sus ojos poseía el pelo negro y peinado hacia arriba, de ahí en más, era exactamente tú mismo físico.

— Por favor, Elsa, no me mires así. No soy un fenómeno. — Esa voz, era su voz.

— ¿Quien, quién eres? — Preguntó algo temerosa, aquella chica le estaba dando miedo.

— ¿Ya tan rápido te olvídate de mí, gemela? — Aquella aclaración la dejo impactada.

— ¿Gemela? No tengo una gemela, mi única hermana es...

— Anna, si, si, la conozco, pero no he venido para hablar de tú estúpida hermana. — Aquel comentario le enfureció, nadie le faltaba el respeto a su pequeña Anna, pero se controló. Sus poderes eran peligrosos.

— ¿Qué quieres de mí? — Interrogó Elsa apretando sus puños.

— ¿Qué quiero? Buenos pregunta... Pero mejor te hago una a ti: ¿Sabes quién soy?

Los recuerdos de una pequeña que jugaba con ella le regresaron a la mente, pero sólo eso, era realmente pequeña cuando eso pasó y no se acordaba muy bien de las cosas además de que dudaba que esa niña de sus recuerdos fuera aquella muchacha con un alma oscura.

— No, no sé quién eres. — Contestó Elsa.

— Muy, pero muy mal. — La joven se acercó hasta la rubia, la tomó del mentón y la obligó a verla. — ¿Desde cuándo no me ves? Ah, sí, desde que teníamos tres años. Cuando describí que el poder era el mejor recurso para someter a las demás personas y tus padres me echaron de la casa por miedo a que fuera una mala influencia para la mocosa de Anna y para ti.

— No hables así de Anna. — Dijo Elsa mientras se quitaba bruscamente la mano de Eraly de encima.

— Oh, has desarrollado carácter. Eso es bueno, eso es bueno. — Le felicito la chica de pelo azabache en son de broma.

— ¿Alguna vez nos hemos conocido? — Interrogó la rubia platina con su semblante frío digno de ella.

— Oh, Elsa, si nos conocemos desde que nacimos prácticamente. — Aseguró Early con su sonrisa malvada.

— ¿Quién eres? — Cuestionó de nuevo Elsa.

— Permíteme preséntame: Mi nombre, es Elsa. — Se presentó Early con su verdadero nombre mientras hacía una reverencia.

Elsa se quedó impactada, aquella joven se llamaba igual que ella. Todo debía ser un chiste, una ilusión del bosque. Sí, eso, eso tenía que ser, una ilusión del bosque, de seguro mientras dormía algún bicho que Bella no conocía le debió haber picado y un efecto secundario eran las ilusiones. No podían existir dos Elsas, o bueno, sí, quizá con el mismo nombre, pero no con la misma apariencia física. O sea. ¡Lo único que las diferenciaba era el color y largo del pelo! ¡De ahí en más eran como dos gotas de agua!

— No le des vueltas al asunto, somos la misma persona. — Dijo la chica de azabache tomándola de la barbilla de nuevo y observándola con detenimiento. — Aunque claro, yo soy más poderosa que tú.

— ¿Qué quieres? — Volvió a interrogar Elsa.

— Vale, ya que insistes tanto... — Early alzó sus manos y, de éstas, salió una pequeña neblina que envolvió a Elsa. — Quiero verte sufrir un poco.

Apenas la neblina alcanzó a Elsa, sintió como todos su poder disminuía, como si fuera bloqueado, dejó de sentir su inmenso poder en cada fibra de su ser, cada músculo, nervio, mechón de cabello, todo perdió su poder mágico. Dio un grito tan potente que llegó a ser escuchando en las afueras del bosque donde cuestionaban los maestros y los mentores de todos los concursantes. De los ojos y boca de la rubia un pequeño vaho azulino salió formando un copo de nieve que se deshizo con el tiempo, cayó de rodillas para desmayarse. Early se acercó a ella y le dio una pequeña patada que no le causaría ningún daño, sonrió con malicia al verla ahí tirada, sólo serían siete días, pero para ella serían siete hermosos días de hacerle probar la muerte. La desesperación. La agonía. Sin siquiera preocuparse por el cuerpo de su semejante, se alejó del lugar más contenta que nuca. Había logrado su objetivo. Más lo que no sabía es que sus mismos poderes habían sido disminuidos, pues sin Elsa, la original, ella misma no tenía el poder de siempre, pues su magia provenía mayormente de la de Elsa. Le había salido el chiste por la culata, pero no se daría cuenta hasta que los necesitara para hacer un poderoso hechizo.

Mientras los maestros y Bella buscaban a Elsa, pues su voz era más que reconocible, Jack estaba tirado en el suelo de su salón con un agudo dolor en el pecho, Elsa estaba en problemas. El joven peliblanco estaba tomando sus clases como siempre cuando un dolor de apoderó de su corazón, gritó tanto como sus cuerdas vocales le permitieron, pero el dolor lo paraba, su corazón estaba a nada de estallar. Su mente vagaba en ideas acerca de su amada rubia platina, aquel dolor en su centro le decía que ella había sido herida. Quería pararse e ir donde ella, pero las punzadas parecían impedirle mover algún músculo. Empezó a desesperase. Debía ir con Elsa. Debía estar a su lado. Pero el dolor era más grande, lo venció a él y a su consciencia. El joven cayó tendido sin imaginar que cuando abriera sus ojos estaría en la enfermería junto a la chica que quería y empezaba a amar, sólo que a diferencia de él, ella estaría ahí más que él, sufriendo cosas que sólo ella sabría superar, cosas que a él le causaría un dolor tan grande como el físico de ella. La semana que les esperaba sería dura, pero más para esos dos, sus corazones empezaban a unirse y, con ello, sus destinos también.

Continuará…

RESPONDIENDO COMENTARIOS:

Marianixlove13: Eh... ¿Gracias? Aquí te la traje y espero te guste.

Leah frost: ¡Gracias!

MyobiXHitachiin: Eh... si... nadie salió herido... -risa nerviosa- :'3 Gracias. :'C ¿Por qué no? El lemmon es bonito uwu(?

Katy: ¡Gracias por seguir mis trabajos! ¡Es un honor! Eh... ¿Gracias? También te aprecio...

Blue Atom09974: ¡Gracias! ¡Los tomaré en cuenta para la batalla final! :'3

Annonym00se: LOL No, Bayonetta es la maestra sensual que seduce a media humanidad pero que es tan pro que no se acuesta con cualquiera (? xD Así es Bayonetta. LOOOOOL ¡TENSIÓN SEXUAL! Dios... Todo Hogwarts sería destruida D: :3 Shi, esos dos son una monada(?.

Eh... no lo creo... ¬w¬ A menos que tengas cola y orejas de lobo lo pensaré(?

LOL -Lo recibe y lo guarda con los demás-

LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL

Luin-fanel: Porque así de pro son(? LOOOOOL xD Uuuuuuuuuuuuuuuuy(? Gracias.

Clary17: No, no, no. No es amor a primera vista, es atracción a primera vista(?

Koizumi Hinata: ¡Si! ¡Gracias!

REONORU: ¡Gracias! LOL

COMENTARIOS RANDOME DE LA AUTORA:

¡Hola a todos! ¿Les gustó? Espero que sí… Como sea, no he estado tan activa por aquí ni en el Tumblr por la simple razón de que pasé mi examen a la Uni y es en otra ciudad, por lo tanto, he estado viajando mucho viendo asuntos que son de cajón, así que no he tenido el tiempo que quisiera para ponerme a escribir…. ¡MALDITA UNI!(? Vale… dejo mi drama… Ya sabe, sus comentarios son apreciados para mí, cualquier duda, sugerencia, insulto que de seguro contestaré con sarcasmo, y más pueden dejarla en los comentarios, y si les urge mucho, pueden mandarme un MP y/o ir a mis dos Tumblrs donde está habilitado la opción del ask:
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Después de la publicidad LOL, me despido y nos vemos el próximo mes.
Zakuro Hatsune/Zakuro Liddell/Renee Liddell.