CAPITULO 16: SUPERANDO ODIO Y MIEDO

- ¿No vienes Candy? -preguntaron las chicas cuando salían para disfrutar de su tiempo libre.

-Lo siento, tengo algo importante que hacer-corrió hacia la casa de Terry, no le importaba cuanto tuviera que insistir, si era necesario lo golpearía, pero tenía que escuchar a su madre, cuando se dirigía a la villa se detuvo unos momentos en el lago, donde encontró un libro de Romeo y Julieta-es de Eleanor Baker ¿Cómo puedo ayudar a Terry?

- ¿Ayudarme en qué?

- ¡Terry! -exclamó sorprendida.

-Me alegra que pienses tanto en mí, aunque dudo que a tu novio le agrade la idea.

- ¡Eres un engreído!

- ¿Y ese libro?

- ¿De quién crees que es?

-No estoy seguro.

-Mira-le extendió el libro y la mirada del joven se endureció por un momento.

-Pensé que era mío.

-No sabía que leyeras teatro-aunque una parte de ella no estaba sorprendida después de todo lo sucedido en el festival.

-Candy, tu siempre serás la misma aunque cumplas 80 años, yo también seré el mismo…no se deja de ser uno mismo aun con el paso del tiempo. Pero en el teatro…puedes ser cualquiera, hacer lo imposible, incluso…-la miro fijamente-estar con la persona que amas. El escenario es un lugar donde todo es posible-la joven sonrió al darse cuenta que ese gusto y talento lo había heredado de su madre- ¿Quieres tomar el té conmigo Candy?-la joven estaba tan entretenida escuchándolo hablar de teatro que se olvidó de lo que quería hablar con él.

-Si-en la entrada de la villa se encontraba una mujer de cabello rubio y porte elegante, inmediatamente la expresión de Terry cambio.

- ¿Qué hace usted aquí?

-Terry por favor escúchame.

-No tengo nada que escuchar de usted, váyase-en ese momento, Candy escuchó unos pasos a lo lejos.

-Alguien viene, entremos Terry-el castaño suspiró y abrió la reja, Candy decidió dejarlos solos y fue a preparar té.

-Terry perdóname por favor, no tenía otra alternativa.

- ¡Cállate! Ni siquiera sé quién eres.

-No pudo ser de otro modo en aquel momento.

-El invierno es muy frío pero ese día, tú lo fuiste más, ni siquiera quisiste verme en el teatro.

-Lo lamento mucho Terry.

-No debí haber hecho semejante viaje.

-Hijo...

- ¡Yo no tengo madre! ¡Vete!

- ¡Ya basta! Terry, debes aprender a perdonar-dijo al entrar con una bandeja en sus manos.

-No quiero.

-Estas mintiendo, quieres a tu madre más que nadie, pero finges lo contrario-dejo la bandeja en una mesa.

-No me hagas reír.

-Señora, su hijo ama el teatro igual que usted, en la escuela hicimos la obra de Romeo y Julieta, el interpretó a Romeo, en cada una de sus palabras noté como se esforzaba, no parecía que actuara, y eso lo heredó de usted.

-Terry...

-Basta Candy.

-No le haga caso señora, diga lo que diga tiene su misma sangre.

-Terry…

-Yo...no tengo un papá ni una mamá.

-Yo tampoco.

-Nunca me sentí sola porque siempre estuve rodeada de personas generosas y amables, mis maestras y mis amigos, pero...-se asomó hacia la ventana, en el jardín, Mark y su mamá cortaban hierbas mientras sonreían- No es lo mismo que tener una madre, te envidio Terry, porque tú tienes una madre que se preocupa por ti y vino hasta aquí para pedirte disculpas, no seas orgulloso Terry-sus ojos estaban llenos de lágrimas-Yo quiero una mamá, no importa quien sea-hecho a correr.

- ¡Candy! -Terry se asomó por la ventana y su madre se paró detrás de él, ambos recordaron el momento en que el padre de Terry se lo había llevado, alejándolo de su madre-Ella es mi madre, la única-ambos se abrazaron, Eleanor lloraba y Terry solo cerro los ojos, cuando se separaron, Terry encendió la chimenea, permanecieron unos minutos en silencio, el en el suelo y su madre acariciándole los cabellos.

-Terry...

- ¿Qué sucede?

-Tú... ¿La amas no es así? -no necesitaba decir el nombre para que su hijo entendiera.

-Si.

- ¿Y ella lo sabe?

-Aun no, y dudo que algún día lo sepa

- ¿Por qué?

-Su corazón es de alguien más-después de decir esto, ambos guardaron silencio nuevamente., recuperando el tiempo perdido y disfrutando del lazo innegable que había entre ellos.

Al día siguiente...

Las chicas estaban dando un paseo cuando de pronto...

-Candy, quiero hablar contigo

-Es Terry-las chicas se ocultaron detrás de la rubia

-Tengo miedo

-Sigan si mí, después las alcanzo

-Está bien-aceptaron aún un poco dudosas y se fueron.

- ¿Acaso soy un monstro?

-Así te comportas en la escuela-se sentaron en el pasto mientras veían el cielo- ¿Arreglaste los problemas con tu madre?

-Si, y todo gracias a ti-Candy solo sonrió, un poco apenada.

-Estaba encerrado en mi odio.

-Te sientes mucho mejor ¿Verdad?

-Si, y ahora es tu turno.

- ¿Mi turno?

-Te ayudare a superar tu miedo, vamos-le ayudo a levantarse.

- ¿De qué hablas? ¿A dónde vamos? -detrás de los árboles se encontraba un caballo.

-No me gustan los caballos-se apartó asustada.

- ¿Por qué no? ¿Qué pasó con Anthony que te provocó ese miedo?

-El...casi muere...al caerse de uno...no ¡No quiero que le pase nada! ¡No quiero caerme! -Terry la subió al caballo ignorando sus negativas. El ruido de los cascos la hizo temblar, nuevamente el recuerdo de aquel día venía a su mente. ¡Cuidado! ¡Cuidado! -lágrimas corrían por sus mejillas.

-Sigue gritando si tienes miedo.

- ¡Anthony! ¡Déjame bajar!

-Tienes que superar ese accidente, Anthony está vivo, tú no te caerás.

- ¡No! ¡No! ¡TERRY!

-No pasará nada, nunca te dejaré caer, lo de Anthony solo fue un accidente, todos caemos alguna vez Candy, mira hacia adelante, olvida tus miedos, yo estoy aquí, nunca estarás sola-ella por fin dejo de llorar y gritar, el paisaje pasaba rápidamente, había olvidado lo bien que se sentía cabalgar, la brisa del verano la hacía sentir mejor, volteo a ver a Terry se sonrojo al ver la expresión de ternura que tenía, finalmente bajaron del caballo. Antes de que se sentaran, Terry alcanzó a distinguir una herida, sin dudarlo sacó un pañuelo y la envolvió-Debiste lastimarte mientras cabalgábamos ¿Te duele?

-Tan rudo hace unos momentos y ahora tan dulce, no sé cuál es el verdadero Terry-Candy cerro los ojos, disfrutando de la brisa, sentía que algo en ella había vuelto. Minutos después Terry se despidió de la joven y Candy regreso a la villa de los Andrew.

Mientras tanto...

Una mujer de larga cabellera rubia y ondulada miraba hacia el exterior de su hogar, sus hermosos ojos azules brillaban con cierta melancolía, desde hace varios días sentía una gran inquietud, la sentía desde aquel día que despertó, pero últimamente se hacía más y más fuerte, su cabeza comenzó a dolerle por lo que dejo de pensar en ello.

-Ya llegué Korin-Un hombre de cabellera castaña y ojos del mismo color entró, traía puesta una bata blanca y un maletín en mano.

-Bienvenido-dijo con una brillante sonrisa, sus pecas se movieron ante esta acción haciendo que el riera un poco, le dio un rápido beso y se dispuso a preparar la cena.