CAPITULO 20: CAMINOS QUE COMIENZAN A FORMARSE

-Hermana María, Señorita Pony, las buscan los señores del otro día.

-Hazlos pasar John.

- ¿Cree que quieran adoptar un niño Señorita Pony? -preguntó su compañera.

-Pronto lo sabremos Hermana.

Toc Toc

-Adelante-la pareja paso, él estaba tranquilo, y ella se notaba algo nerviosa, su esposo le tomo la mano mientras se sentaban.

-Queríamos hablar con ustedes de algo muy importante.

- ¿Han decidido adoptar un niño?

-No precisamente, ¿Recuerdan la muñeca que traía esa pequeña el día que venimos a visitar el Hogar?

-Así es ¿Por qué?

-Pues verán, esa muñeca era de mi hija-las dos mujeres guardaron silencio, vieron a la rubia con sorpresa y asimilaron la noticia.

- ¿Puede explicarnos? -dijo la Señorita Pony, rompiendo el silencio, así Korin comenzó el relato sobre su pasado, las dos la escucharon con atención, no podían creerlo, pero ella era tan parecida a la traviesa rubia que no podía haber duda alguna.

-Por eso quisiera que me dijeran ¿Qué sucedió con mi hija? -las dos comenzaron a relatarle sobre la vida de Candy, su estadía en el hogar, su vida como "dama de compañía" en la casa Leagan, lo feliz que se volvió al ser adoptada por los Andrew, y el cómo se estaba convirtiendo en una dama al estudiar en el colegio San pablo, le mostraron cada una de las cartas que la pecosa les había enviado, Korin lloraba de felicidad al saber que su hija se encontraba bien.

-En estos momentos, ella está en Escocia, solo le queda una semana y volverá a Londres, el último domingo del mes puede recibir visitas, solo así podrá verla.

- ¿Tengo que esperar tanto tiempo? ¿No hay manera de que pueda verla antes?

-Candy es legalmente hija de los Andrew y solo ellos pueden sacarla del colegio.

- ¿Cómo puedo hablar con ellos?

-Se desconoce el paradero del señor Wiliam, él es el único que puede repudiarla como su hija y sacarla del colegio, lo sentimos mucho, al igual que usted, deseamos que Candy conozca a su madre, pero tendrá que esperar-la rubia bajo la cabeza con desilusión, su esposo tomo su mano y le sonrió para animarla.

-Lo importante es que ella está bien, sabemos dónde se encuentra y en cuanto sea el último domingo, iremos a verla, te lo prometo.

-Tienes razón, no es momento para desanimarme, ella está bien y podré verla en un mes. Les agradezco mucho el que la cuidaran durante este tiempo, al leer sus cartas noto que les tiene un gran cariño y no encontrare forma de pagarles por ello.

-Es suficiente con que Candy sonría al encontrar a su madre-dijeron con una maternal sonrisa.

En Escocia...

Anthony se encontraba en su habitación pensando en los últimos días, había compartido maravillosos momentos con Candy, sus primos y sus amigas, aquel verano sería inolvidable para él; pero también era cierto que era momento de cambiar las cosas, el no estaba dispuesto a vivir un destino impuesto, quería estar con ella, pero primero debía forjarse un futuro ¿Qué podría hacer? Toda su vida había recibido todo, primero de sus padres y después de la Tía Abuela tras la muerte de su madre.

Su madre…nunca podría olvidar su rostro, su amabilidad, fragilidad y amor por las rosas, después de su partida se sintió tan solo y perdido, no entendía cómo alguien tan buena podía morir, recordaba que en aquel momento el deseo ser el médico que la atendiera, nunca habría dejado de luchar para salvarla, paso varios días leyendo libros que no entendía debido a su corta edad, hasta que finalmente la Tía Abuela mando retirarlos de la biblioteca, temiendo por su salud.

En ese momento, algo dentro de él lo supo, sonrió y se levantó, había encontrado su camino.

Mientras tanto…

- ¿Sucede algo malo Candy? Has estado pensativa desde ayer.

-No sé cómo hacer para que todos nos llevemos bien.

- ¿Te refieres a Terry?

-Si, el no es un mal chico, pero siempre esta peleando con Archie y Anthony.

- ¿Porque no hablas con ellos?

-Anthony podría entender, pero Terry y Archie son tan tercos que terminaran discutiendo una y otra vez-sus ojos brillaban con preocupación-Pero supongo que es lo único que puedo hacer-suspiró- ¿Pero saben? Ya habrá tiempo para eso después, ahora quiero pasar tiempo con ustedes-las tres sonrieron y decidieron dar un paseo, hablando de cosas triviales y divirtiéndose con Clint, disfrutando de la felicidad que se siente al tener una verdadera amiga.

Al día siguiente...

-Me escuchara quiera o no-una joven rubia se dirigía a la casa del joven inglés, caminaba con decisión aunque en el fondo se sentía nerviosa-¡Terry! -gritó afuera de su ventana.

-Está en el garaje-dijo Mark con una sonrisa- ¿Porque eres tan gritona pecosa?

-No me llames pecosa.

-Es lo que eres-se encogió de hombros y ella le enseñó la lengua.

Al llegar al garaje, Candy vio un aeroplano y lanzó un sonido de admiración.

- ¡Es enorme!

-Hola pecosa.

- ¡Ahhhhh! ¡Terry me has asustado!

-Así tendrás la conciencia pecosa

- ¿Es tuyo este avión? -dijo ignorando su anterior comentario

-Si, pensaba deshacerme de el pues ya no funciona.

- ¡Tengo una idea! -exclamó entusiasmada pues al fin se le había ocurrido algo para hacer que todos se llevaran bien-Le diré a Stear que lo arregle-pero antes de que pudiera salir corriendo un gran rayo seguido de un fuerte trueno se escuchó en el cielo, e inmediatamente comenzó a llover.

-Parece que tendrás que quedarte aquí hasta que la tormenta termine-un escalofrío recorrió la espalda de Candy al sentirlo tan cerca.

Minutos después, dos figuras corrían desde el garaje hasta la villa Grandchester, a pesar de que la distancia era corta, terminaron completamente empapados.

-Toma Candy-le extendió una toalla y una bata-sécate y ponte esto.

-Tu también debes secarte Terry-el joven abandonó la habitación y volvió completamente seco, Candy por su parte se puso la bata, era rosa y muy larga, cuando Terry la miro no pudo evitar quedar embelesado por su figura.

-Te queda bien-logró decir por fin.

-Es muy bonita ¿De quién es?

-La dejo ella para ti.

- ¿Ella?

-En agradecimiento a Tarzán pecoso.

- ¿Hablas de tu madre?

-Si.

-Ella es una mujer muy buena-dijo con una sonrisa.

Terry encendió la chimenea y se sentó en el sofá, la rubia se sentó a su lado, en silencio; ambos veían el fuego con expresión pensativa.

El silencio se rompió tras unos minutos, ambos hablaron animadamente del verano, el colegio y compartieron algunos recuerdos, tanto alegres como tristes, después comenzaron a hablar del futuro.

-Así que… ¿Te casarás con el rubio?

-Si…

- ¿Qué pasa? ¿No estas segura? -una esperanza inevitablemente comenzó a surgir en él.

-No es eso, es solo que…

- ¿No te ves siendo una señora de sociedad? -la rubia lo miro sorprendida.

-La verdad es que yo tampoco te miro de esa forma, tu eres mas que eso Candy, eres inteligente, valiente y testaruda. Estoy seguro de que encontraras algo que hacer además de...una buena esposa.

-Terry…

En ese momento se hizo el silencio nuevamente, ambos se miraron, Candy comenzó a tener un mal presentimiento ante la mirada tan intensa del joven.

-Candy…-antes de que ella pudiera hacer algo, Terry la había tomado por el mentón con una mano para después besarla.

-¡!-aparto a Terry y dio un paso hacia atrás, lo miro con sorpresa y algo de reproche para después propinarle una bofetada. El joven toco su mejilla, ya no había marcha atrás, era necesario decir todo lo que se había guardado. Vio que ella se disponía a irse, pero la tomo de la mano.

-No.

- ¡Suéltame! ¡Eres un estúpido Terry!

-Candy debo decirte algo antes de que te comprometas con el rubio. Por favor solo escúchame-la rubia se sentía furiosa ante la acción del joven, pero algo dentro de ella le dijo que era necesario escuchar lo que él le diría.

-Esta bien.

Gracias a todos por sus comentarios. Quiero aclarar algo, en esta historia Terry y Candy no seran hermanos. El nombre de Richard lo elegí olvidando el nombre del padre de Terry, son dos personajes distintos.

Se vienen decisiones, malentendidos y momentos importantes para los personajes.

Gracias por seguir leyendo esta historia.