CAPITULO 25: CAMINOS QUE COMIENZAN A FORMARSE

Los días pasaron, Korin y Candy eran cada vez más unidas, parecía que siempre habían estado juntas y Richard pasaba todo su tiempo libre con ambas, a pesar de que la joven no era su hija de sangre, ya la quería como una, era imposible no encariñarse con ella; sin embargo, ambos notaban en ocasiones un brillo de tristeza en su mirada, este brillo aumentó tras un breve viaje de Candy a Lakewood, sea lo que sea que la joven fue a buscar, no lo encontró.

Finalmente, la familia partió a Londres, donde la Tía Abuela no tardo en recibirlos.

Toc Toc

-Adelante-la anciana miró con el ceño fruncido a Korin y Richard, y a Candy con notoria molestia-no pensé que te vería tan pronto Candy, menos después de esa partida tan…impropia.

-Tía Abuela, yo lo siento mucho, pero necesitaba regresar a América.

-Con esas acciones no haces mas que deshonrar a la familia Andrew-la matriarca de la familia habría continuado de no ser porque recordó que no se encontraban solas-Me imagino que no has venido a que te riña.

- Señora Elroy, permítame presentarme, mi nombre es Korin March y soy la madre biológica de Candy, el es mi esposo Richard, quisiéramos hablar con usted si no le molesta.

Todos guardaron silencio hasta que la mayor asintió, Candy salió de la habitación.

-Tomen asiento.

-Gracias.

Lo dicho en aquella habitación fue un misterio para Candy, poco después sus padres salieron de la habitación, informándole que la Tía quería hablar con ella.

-Toma asiento Candy-la rubia la miro, pero no logro descifrar si estaba molesta.

-Tía Abuela yo quiero agradecerle por haberme recibido como una más de los Andrew, siempre estaré agradecida con ustedes ¿podría hablar con el tío abuelo?

-Hablaré con William para que repudie tu adopción y le diré que quieres verlo, pero debes recordar que es un hombre sumamente ocupado.

-Gracias.

-A pesar de todo Candy, creo que puedes llegar a ser una dama.

-Respecto a Anthony…

-Te deseo lo mejor Candy, puedes retirarte.

-Si, Tía...Señora Elroy-fue lo único que logro decir mientras abandonaba la habitación.

-Después de todo, creo que llegue a quererte como a uno más de mis nietos, algo me dice que no será la última vez que nos veremos.

Mientras tanto...

-Me alegra mucho que decidieras unirte a nuestra compañía, conozco tu talento, pero no te puedo dar aun un protagónico, poco a poco obtendrás mejores papeles.

-Si, le agradezco mucho la oportunidad.

-Quiero hacerte una invitación, en unos días será el cumpleaños de mi esposa y he invitado a todos los de la compañía, si asistes, podré presentarte a todos como nuestro nuevo integrante.

-Será un placer asistir-en ese momento no se podía dar el lujo de rechazar semejante invitación.

-El único requisito es llevar antifaz-sonrió.

-Suena interesante-charlaron unos minutos más y después Terry se retiró a la azotea, donde le gustaba tocar la armónica. La mayoría de las veces, una chica de cabello castaño subía con él, a veces ambos conversaban y otras la joven se limitaba a escucharlo. Día a día y sin que ella pudiera evitarlo un sentimiento se apoderaba de ella, pero sabía bien que el corazón de Terry estaba ocupado por una rubia pecosa…

Por su parte Candy regreso a Michigan con sus padres, donde esperarían la respuesta del señor William.

Richard decidió proponerle algo a Candy, aunque en ese momento no podía saber que aquella propuesta le daría mucha felicidad más adelante...

-Candy he notado que te aburres un poco aquí en la casa.

-Bueno yo...

-Descuida, es natural, estabas acostumbrada a otras cosas, por eso quisiera proponerte algo, y puede que te ayude a decidir tu camino.

- ¿Y qué es?

-Por lo que me has contado sé que te gusta ayudar a la gente y que incluso te ha tocado curar enfermos.

-Así es.

-Yo necesito quien me ayude en el consultorio ¿Te gustaría ser tu? -Candy lo pensó, un poco sorprendida por la propuesta, no es que no disfrutara de estar con su madre, pero quería sentirse útil.

-Me gustaría mucho-dijo sonriente.

-En ese caso, empezaras mañana

-Si.

Los días pasaron, Richard y Candy iban al consultorio desde muy temprano, rápidamente la joven se acoplo al ritmo del doctor, los pacientes (en especial los pequeños y los jóvenes) se sentían complacidos de tener una enfermera tan amable y tan bonita; fue durante esos días que Candy sintió que un vacío en ella se llenaba, en ocasiones al cuidar de los niños en el hogar o de otras personas enfermas, había tenido esa sensación, pero hasta ese momento se dio cuenta, había encontrado su camino.

Tras hablarlo con sus padres, decidió estudiar enfermería. La señorita Pony se ofreció a escribir a Mary Jane, quien dirigía una de las más importantes escuelas de enfermería, ahora solo quedaba esperar respuesta por parte de ella.

En uno de aquellos días, mientras Richard y Candy descansaban, la secretaria les informo de una nueva paciente, al parecer se había desmayado en la mañana, presentaba náuseas y mareos entre otros síntomas.

-Hazla pasar-la mujer que entró tenía el cabello castaño corto y los ojos del mismo color, era elegante, pero lucía algo agotada y pálida, tras un breve chequeo y unas cuantas preguntas el doctor dio su diagnóstico:

-Señora, usted está embarazada.

- ¿De verdad? -sus ojos se iluminaron.

-Así es-sonrió-Candy ¿Podrías pedirle a Madeleine que programe una cita el próximo mes para la señora?

-Si-y salió de la habitación.

- ¡Que alegría! Mi esposo se pondrá muy feliz ¿Le importaría decirle usted?

-Estaría encantado-la mujer se quedó pensando durante unos momentos.

-Solo que no somos de aquí, me encontraba visitando a unos parientes. Doctor, me gustaría invitarlo a usted y a su amable enfermera a la celebración de mi cumpleaños, será este sábado por la noche y el único requisito es llevar antifaz.

-Eh...bueno...

-Aquí está la dirección, tome-le dio una tarjeta-Debo retirarme, me espera un camino un poco largo y no quiero que mi esposo sospeche-salió sin decir nada más.

-Pero...estaré ocupado el sábado-río levemente, que entusiasta era aquella mujer.

Mientras tanto…

-Esta será tu habitación.

-Gracias-dijo un joven rubio, al cerrar la puerta otro muchacho alto, de cabello negro y ojos azules le sonrió.

-Mi nombre es Cowle.

-Yo soy Anthony-se estrecharon las manos.

Tras unos días en Lakewood cuidando su jardín y recordando bellos momentos, el joven viajo a Chicago donde fue aceptado en una importante escuela de medicina, a partir de ese día comenzaba a construir su futuro.