CAPITULO 28: DOS CORAZONES QUE VUELVEN A UNIRSE

Tras un par de días Candy White y Anthony Brown comenzaron a ser conocidos cada vez más en el hospital. Todos los pacientes se alegraban cuando sabían que serían atendidos por ellos y sus colegas se admiraban del gran equipo que hacían juntos. Ambos eran entregados en su trabajo y se acoplaban perfectamente en cualquier trabajo, pero si duda donde eran más queridos era en el área pediátrica, sin importar cuan rebelde o triste fuera su paciente siempre lograban hacerle sonreír para que su estancia fuera mas amena. Anthony era un doctor muy apuesto y más de una enfermera o doctora había intentado llamar su atención, pero al verlo con aquel ángel rubio entendían porque todos sus intentos habían sido inútiles. La mirada de ambos jóvenes se llenaba de ternura y amor en cuanto el otro aparecía, y aquel caparazón que muchos habían observado en Anthony desapareció por completo. Sin duda, el mas satisfecho con aquel equipo era el doctor Henry, a quien le encantaba presumir de ser el quien supo desde un principio que ambos se acoplarían de esa forma.

Sin embargo, los jóvenes no habían tenido la oportunidad de hablar fuera de los pasillos del hospital y cuando terminaban sus obligaciones aparecían otras inmediatamente, y al terminar, estaban tan cansados que no podían hacer nada más que descansar, además de que sus días libres no habían coincidido.

Anthony no se había atrevido a preguntar por Terry, y siempre que pensaba que Candy lo mencionaría, comenzaba a hablar de sus pacientes o de algún tema que había estudiado. Ella por su parte no entendía porque el joven rubio la esquivaba tanto, comenzaba a temer que sus sentimientos por ella se hubieran esfumado. Ninguno de los dos, sumergidos en sus preocupaciones, había sido capaz de ver lo que para el resto del hospital era tan obvio.

Cierto día que Anthony se encontraba almorzando en una de las bancas del hospital, el doctor Henry se acercó a él, comenzaron a hablar de temas triviales, hasta que finalmente, el mayor de los dos dijo:

-Me alegra que tu y la señorita Candy hagan tan buen equipo.

-Si…

-No te veo muy feliz.

- ¿Sería posible que me asignaran con otra enfermera? -su acompañante lo miro con profunda sorpresa.

- ¿Puedo preguntar por qué?

-Candy y yo somos…viejos amigos.

-Me daba esa impresión, pero no me explico que puedes tener en su contra.

-No tengo nada en contra de Candy, pero me es difícil trabajar con ella-el rubio sabía que su acompañante no desistiría hasta saber la causa, así que se rindió y se atrevió a contar lo sucedido tiempo atrás. Al escuchar el relato, el mayor trato de disimular su sonrisa y no negar con la cabeza, pues con una experiencia que solo dan los años, era capaz de darse cuenta del terrible malentendido en que ambos jóvenes se veían envueltos. En muchas ocasiones noto que la rubia intentaba hablar con su alumno de algo, pero siempre era interrumpida, finalmente las piezas del rompecabezas tuvieron sentido.

-Entiendo, entiendo. Si es así no puedo hacer más que aceptar tu petición, pero, tengo una condición-el rubio frunció el ceño-tienes que hablar con ella.

- ¿Qué?

-Anthony, pronto serás un doctor, un hombre, no puedes seguir comportándote como un niño y evadir tus problemas, he notado que Candy desea hablar contigo y merece que la escuches. Si realmente esta con aquel otro muchacho tienes que aceptarlo y seguir, pero no serás capaz de hacerlo hasta que no hables con ella. Me encargaré de que sus descansos coincidan-se levantó de la banca dejando a un rubio completamente sorprendido. Anthony sabía que había llegado el momento que tanto temía.

Días después, una pareja de rubios salía del hospital tímidamente. Pasearon por los alrededores en silencio hasta que llegaron a un gran parque. En el centro se encontraba una fuente y varios niños jugaban a su alrededor, ninguno sabía cómo comenzar aquella conversación tan esperada y temida. Finalmente, Anthony rompió el silencio.

- ¿Cómo terminaste aquí Candy? Siendo estudiante en Chicago-la joven le relato su regreso a América, el reencuentro con su madre y el trabajo que realizó con Richard, encontrando finalmente su vocación para luego ser trasladada al mismo hospital que él. Anthony la escucho atentamente y se sintió feliz, pues nadie merecía más una familia que Candy. También el le relato su travesía desde que dejo Escocia y Candy se estremeció al darse cuenta de lo cerca que estuvieron de encontrarse- ¿Y Terry? -la tan temida pregunta salió finalmente de sus labios, no soportaba mas esa angustia, desvió la mirada y se preparó.

-Terry se ha vuelto actor en la compañía Stratford y ahora esta con Karen ¿la recuerdas? -inmediatamente el rubio la miro totalmente sorprendido y Candy suspiro pues finalmente podía decirle la verdad- El día que te fuiste de Escocia, nos viste, ¿verdad? -asintió y ella le narró lo que sucedió en aquella conversación que el rubio solo había visto de lejos y su último encuentro con el joven actor. Anthony solo escuchaba mientras su corazón comenzaba a acelerarse- Intente alcanzarte, en cuanto supe que te fuiste corrí con todas mis fuerzas, pero no llegue, regresé a América con la esperanza de encontrarte, no deje de buscar ni de escribir cartas con la esperanza de saber de ti-lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y detuvo su paseo-Anthony, yo te amo, siempre ha sido y siempre será así, lo siento, lo siento-cubrió su rostro con ambas manos. El rubio no dudo un segundo más y la abrazo con toda la fuerza y el amor que había dentro de él, no podía creer que todo ese dolor había sido un malentendido.

-Perdóname Candy, tenía que haberte escuchado, no debí irme del hogar de Pony tan rápido ni haber evitado todos estos días escucharte. Tenia tanto miedo…saber que te perdí, que querías a alguien más, no quería ser un obstáculo, pero no podía escuchar que ya no me amabas.

-Te amo Anthony.

-Te amo Candy-y sin poder resistir más, tomo su rostro y beso sus labios, al principio con timidez, pero poco a poco el beso de profundizó, parecía que el tiempo no había pasado, no importaba su alrededor, solo existían ellos. Se mantuvieron abrazados, sintiendo al otro por largo tiempo, no deseaban separarse, pero finalmente las risas de los niños jugando a su alrededor los sacaron de su ensoñación. Anthony tomo su mano y continuaron su paseo, siguieron hablando de lo sucedido en todo ese tiempo, el hospital y los días que estaban por venir.

Horas mas tarde, un hombre veía a una pareja de rubios entrar al hospital con una gran sonrisa, para después despedirse con un beso, creyendo que nadie los veía. El hombre sonrió y se dispuso a alejarse.

Días después, en uno de sus descansos, Candy le mostró con timidez una invitación al joven rubio, este dudo un poco pero finalmente asintió, no tenía nada que temer, amaba a Candy y ella lo amaba, nada ni nadie los separaría.