Género: Romance.
Palabras: 1k
Pareja: BakuSaku.
Sinopsís: El anmitsu es desagradable, pero estaba dispuesto a soportarlo por más momentos así.
Una explosión de magníficos y refrescantes sabores envolvieron sus papilas gustativas cuando aquel aperitivo de textura ligera y de un agradable sabor dulzón ingresó en su boca, liberando un suave y débil gemido lleno de satisfacción como resultado. Sus mejillas enrojecidas delataron el gran regocijo producido por el celestial refrigerio postrado frente suyo, siendo incitada a concluir con su pecado.
Varios pares de ojos cayeron sobre el danzante cuerpo de su compañera, siendo testigos del extraño y divertido espectáculo que Sakura se montaba.
¿Qué había de bueno con ese postre para tener a Sakura de esa manera?
Esa pregunta rondó por varias cabeza, expectantes de las divertidas actuaciones de Sakura.
El anmitsu resultaba un postre bastante dulce para el gusto de la mayoría, rozando lo empalagoso, pero era imposible negar la ternura que Haruno desprendía al comer, sobre todo cuando pequeños sonidos similares al de un felino salían de sus labios.
El almuerzo prosiguió como de costumbre, entre planes para salir al centro comercial —cortesía de Mina—, así como salir de karaoke o divertirse en el arcade, cualquier idea era bienvenida, sin embargo, eran ajenos al silencioso comportamiento de uno de ellos. Ciertos ojos carmesí permanecieron atentos a las adorables muecas que su compañera hacía al comer, indiferente al bullicio de su entorno.
Su mirada bajó hacía su propio platillo y continuó al de su amiga; dos platillos tan distintos entre sí, pero con dueños tan similares.
Su rostro se contrajo en una mueca inconforme y llena de fastidio ante la clara falta de apetito hacía su propio alimento, pero con el repentino antojo de tomar bocado de aquello que hacía delirar a la pelirrosa.
No fue capaz de imaginarse a sí mismo ingiriendo algo tan asqueroso como el anmitsu, prefería platillos mucho mas calientes y picosos. No obstante, y en este momento, no había otra cosa que deseaba en este mundo que probar ese empalagoso postre.
En ningún momento su mirada se atrevió a abandonar los movimientos ajenos, siguiendo ese pequeño utensilio plateado perderse entre esos esponjoso labios rosados.
Su boca se hizo agua.
El anmitsu no era lo único que deseaba probar.
Entrecerró sus ojos sin apartar su mirada ¿Pero qué mierda era esto? Descifrar estas extrañas sensaciones resultaba una tarea bastante complicada, una tarea que incluso él tenía dificultades para entender.
O simplemente no quería entender.
Agitó ligeramente su cabeza con la finalidad de borrar todo raro pensamiento, no debía permitirse ahondar más con ese tema, tema que ha estado hostigándolo estas últimas semanas.
— ¿Quieres un poco? — Ofreció Sakura, sacándolo de sus pensamientos. El utensilio que una vez estuvo dentro de la boca ajena, ahora se encontraba dirigida hacía él con un poco de postre. Rechinó los dientes, dando un suave golpe sobre la mano ajena, apartándola de su rostro. —No quiero esa mierda asquerosa, pelos de chicle.
Sakura permaneció en silencio, procesando el reciente acontecimiento y el claro rechazo. — ¡¿Ah?!, ¡¿Quién te crees que eres?! Ahora que quiero compartir algo tan sagrado como mi almuerzo contigo, me rechazas de esta manera ¡Y para acabar lo insultas!
Los reclamos fueron lo suficientes altos para captar la atención de los estudiantes restantes, Katsuki se vio en la obligación de contener sus impulsos de estallar las cabezas de los extras ante sus imprudentes murmullos. Sobre todo al ser consciente de la vigilancia hacía su persona, sus ataques de ira comenzaron a ser regularizadas después de las constantes advertencias de Aizawa.
—Ademas... ¡Deja de mirarme de esa forma! No has dejado de hacerlo desde que empezó el almuerzo.
Al demonio Aizawa y sus estúpidas advertencias.
— ¡MUERE!
Un ensordecedor estallido resonó en aquellas enormes cuatro paredes, abrigando al escuadron de Bakugo en una oscura cortina de humo. Varios tosieron en su lugar, agitando sus manos con la tarea de disipar el humo.
—Maldición bro, fuiste demasiado lejos. —Kirishima carraspeó un poco, alarmado por las futuras acciones de su explosivo amigo y el bienestar de su amiga. —Eso no fue nada varonil.
— ¡Sakura-chan! —La preocupación de Mina atrapó la atención de los espectadores. El ambiente poco a poco fue esclareciéndose, dejando la desastrosa escena en evidencia: Donde anteriormente se encontraba el bento de anmitsu, ahora había una enorme mancha oscura sobre la mesa, además del alimento esparcido por todos lados.
La mano de Sakura también sufrió las consecuencias del acto.
Ashido se levantó de su asiento, auxiliando inmediatamente a su mejor amiga. — ¿Estas bien?, ¿te duele mucho? Hay que ir con Recovery girl para que vea tu herida. —Es consciente de las habilidades curativas de Sakura, y estaba más que segura que una quemadura tan pequeña era el menor de sus problemas, pero aún así velaba por su bienestar.
Con la delicadeza y el cuidado absoluto se dirigieron hacía la enfermería, no sin antes maldecir a Bakugo en todos los idiomas posibles.
Abandonaron las intalaciones una vez que las clases finalizaron, dirigiendo sus pesados cuerpos hacía los dormitorios de la academia. Se sentían incompletos desde que las únicas integrantes femeninas del escuadron decidieran marcharse, siendo envueltos en una palpable tensión y un incómodo silencio asfixiarlos poco a poco.
Y a pesar de que la vida escurría entre sus dedos, no eran tan idiotas como para alterar al líder del grupo.
Pero Denki no coincidía con los demás.
— ¡Bakugo! — Vitoreó el rubio lo suficiente alto, tomándose el atrevimiento de envolver los hombros del nombrado con uno de sus brazos.
Vida solo hay una y hay que vivirla al límite.
— ¿Entonces que dices? ¿vamos al arcade? Kirishima, Sero y yo lo estuvimos discutiendo durante el almuerzo, aunque Mina no dejaba de pedir ir al centro comercial y Sakura ni siquiera nos volteo a ver. —Llevó su mano libre al pecho, con fingida tristeza. — ¡Podemos aprovechar que no están para tener una tarde de machos! Así tenemos la revancha pendiente ¡Y esta vez la victoría será mía!
—Como si pudieras hacerlo. —Se mofó Sero, extendiendo la comisura de sus labios en una sonrisa burlesca. Hanta se colocó a lado de Kaminari, abrazándolo de la misma manera que a Katsuki. —Seguramente Bakugo te haga mierda... Como a todos nosotros. —Murmuró lo último para sí mismo, resignado por el trágico final.
— ¡Entonces que dices, ¿eh?! —Finalmente Kirishima se hizo notar, tomando el único lugar disponible.
—Cállense malditos extras, no estoy de humor para sus idioteces. —Y de un manotazo retiró al mano del rubio, acelerando los pasos en dirección a los dormitorios. — ¡Pero nunca estás de humor! —Exclamó Kirishima entre risas, comenzando a seguir el apresurado andar de su mejor amigo.
— ¡Por qué ustedes existen! Además ya tengo planes. — Su cuerpo finalmente se perdió entre los pasillos del dormitorio.
— ¡MENTIROSO!
Desconoce el momento y la hora en que sus pies tomaron la absoluta posesión de su cuerpo y lo llevaron hacía ese lugar, y como ahora sus nudillos golpearon insistentemente la puerta frente suyo en espera de una pronta respuesta. Los nervios consumaron su cuerpo, aferrándose al único objeto sólido con sus manos.
¿Qué estaba haciendo?, ¿Es estúpido acaso?
Los labios de Katsuki fueron víctimas de las brutales mordeduras ocasionadas por él mismo ante la ansiedad y la desesperación.
Esto comenzaba a colmar su poca y casi nula paciencia, sintiendo ese ligero hormigueo acariciar las palmas de sus manos listos para estallar cualquier cosa en su camino.
Que perdida de tiempo.
Dispuesto a mantener su dignidad intacta, giró sobre sus talones para marcharse o eso fueron sus planes cuando la puerta, que minutos atrás golpeó, se abrió.
— ¿Bakugo? —La melodiosa voz de su compañera acaricio sus sentidos auditivos, además de embriagar sus pulmones con ese adictivo aroma provenir del interior.
¿Qué mierda es lo que tiene?
—Toma. —Extendió el objeto frente a su compañera. Sakura, ligeramente confundida, lo tomó entre sus manos. Su mirada viajó hacia el muchacho en busca de aprobación, conectando sus verdosos ojos con los rojizos contrarios y sonrió, recibiendo aquel pequeño gesto como una afirmativa.
Poco a poco, y con sumo cuidado, destapó el objeto.
Sus ojos fueron salpicados de un peculiar brillo extenderse hasta iluminar a Katsuki, quien en un vano intento de ocultar su pequeña sonrisa giró su rostro. Un suspiro provenir de ella fue suficiente para llamar su atención y notarlo.
Su sonrisa.
La sonrisa que mostraba todos sus dientes, escondía sus ojos y deslumbraba sus tersas mejillas de un suave rubor.
Duró poco. Él ansiaba más.
—Se ve fantástico y muy delicioso ¿dónde lo conseguiste a esta hora? ... ¿Y por qué estás tan sucio?
— ¡Deja de hacer estúpidas preguntas, pelos de chicle! Esa mierda no te importa. Solo cómelo.
Y así lo hizo: Su boca se deleitó ante el magnífico sabor de la gloria explotar en su interior ¡Nunca había probado un Anmitsu tan delicioso como este!
—Woah, estoy en el paraíso.
Katsuki decidió abandonar la escena ante la clara exclusión de la pelirrosa, era mejor dejarla disfrutar el "paraíso".
Su tarea había terminado y el perdón había conseguido. Su cuerpo exigía un descanso en la cama o lo obtendría del piso... Y a nadie le gusta dormir en un piso frío y sucio.
Sin embargo, los pasos correr hacia su dirección además de los fuertes gritos de su compañera lo hicieron girar. Unos labios descansaron sobre los suyos por un par de segundos, segundos que para él fueron una eternidad.
— ¡Lo-Lo siento! Pero olvide agradecerte... ¡Gracias! — Avergonzada ante el enorme error que cometió. Huyó a su habitación en busca de refugio para su alma ya condenada.
Su boca se secó y las palabras rasparon su garganta, inconsientemente llevó una mano a sus labios.
No la toleraba.
Tan ruidosa y molesta.
Ni siquiera lo respetaba.
Se burlaba de su cara y en su cara, dando cuerda a los demás de joder su existencia.
También odiaba el desagradable sabor del anmitsu que se esparcía poco a poco en su boca.
Pero estaba dispuesto a tolerarlo por otro beso así.
