Los personajes utilizados no me pertenecen sino a SNK.
Con su único ojo Heidern miraba los entrenamientos de los soldados, desde la altura de su oficina la vista de su ventana abarcaba todo el campo. Su espalda parcialmente recostada en su silla de cuero, sus dedos enguantados entrelazados por encima de su regazo y su postura diferente a su usual postura recta tan característica de él que a donde sea que vaya lo delata como un militar de carrera, tenía una postura más bien un poco encorvada. Cualquiera podría pensar debido a ello que estaba en un momento de relajación pero su ojo contaba una historia completamente distinta.
Confusión y dubitación transpiraban por su mirada y se reflejaba en el resto de sus expresiones faciales, algo que otras personas no comúnmente veían en su cara, no porque no pasara, el hecho de ser un líder y de tener que tomar decisiones importantes que muchas veces podían ser la diferencia entre la salvación o la destrucción del mundo a manos de entidades sobrenaturales o terroristas implicaba pensar muy bien en los pasos a seguir y a veces lamentar tales decisiones, pero sino porque él no lo dejaba mostrar fuese esto por imagen o por la razón que fuese.
La instalación en la que se encontraba no era de lo mejor que tenía y aunque era suficiente para la misión actual posiblemente una remodelación le vendría a bien y también algo de equipo más moderno. Era una de las tres bases Ikari en Japón y de las tres era la más pequeña, y a decir verdad era la que menos visitaba en sus diferentes estadías en el país nipón, habría venido no más de tres veces antes, sin embargo era la más conveniente para la misión actual.
Heidern continuó observando cómo los soldados de la base realizaban un extenuante programa de ejercicios que él conocía muy bien ya que él mismo lo había estandarizado en todas la bases esa rutina en razón de la alta exigencia física de la misma.
Lo que más le sorprendía es que aunque estaban ejecutando una versión modificada esta no disminuía la exigencia de la rutina sino más bien al contrario y es que aunque a veces pudiese volverse casi corriente al verlo todos los días no se debe olvidar que los mercenarios bajo su mando son el ejército más preparado de la tierra en todos los sentidos. Tal es el nivel de preparación que sus fuerzas élite son capaces de competir al mismo nivel que super-humanos como cuando lo hacen en KoF. Sus habilidades llegan a un nivel tal que es fácil dejar de lado el hecho que son también personas. Pero Heidern sabía de lo importante que es mantener el balance y aunque activamente trabaja en no mostrarlo le tiene un gran aprecio a sus subordinados, especialmente aquellos que son cercanos a él.
Cualquier persona externa al ver cómo los trata no se lo imaginaría.
No se imaginarían la admiración que tiene en el control de Clark, o la decisión de Ralf, o astucia de Whip, pero así es y el tiempo le ha hecho apreciar incluso más estas y otras cualidades que ellos poseen y no solo porque los hace mejores soldados sino por lo que significan en cuanto a sus personas. Pero si se trata de admiración hay alguien que para el Comandante destaca más que cualquier otro.
'Leona'
Decir que su relación padre-hija era particular sería en definitiva una sutileza. Heidern no se consideraba un mal padre pero siempre consideró que había algo que le faltaba. Cuando Leona era niña siempre hizo por proveerle de lo necesario y trató de educarla de la mejor manera posible, bajo sus propios estándares. Esto dio sus frutos, Leona era la persona más recta y metódica que tenía bajo su mando, incluso más que él mismo. Y tal vez ese era el problema, él no era el mejor ejemplo de referencia para otros. Aun así estaba totalmente orgulloso de la mujer que se había convertido. Jamás se lo había dicho.
Sin embargo, hay costumbres que nunca mueren y hay heridas que ni la eternidad cierra. El viejo militar hace mucho que se obligó a sí mismo a ocultar su dolor y cualquier sentimiento profundo en una máscara de seriedad y como resultado muchas veces se limitaba a un simple 'bien hecho soldado' incluso si lo que quería decir era algo más, pero era la fuerza de la hábito que la mente militar y la mente humana en general tantas dificultades tiene rompiendo.
Y a veces se lamenta, porque ella es como él. Ella tiene su propia tragedia y Heidern teme, se aterroriza ante el pensamiento que ella no resista todo ese dolor, todo esa pena acumulada tras una máscara tan parecida a la suya propia. Sus compañeros de equipo habían estado ahí en sus peores momentos, la habían sacado muchas veces de la oscuridad y estaban siempre ahí para levantarla, eran prácticamente familia en lo que a su hija concernía. Y sin embargo, Heidern muchas veces no sabía si eso sería suficiente. Últimamente ella está distinta, es uno de esos cambios que no se notan a menos que se conozca muy bien a una persona, Heidern mismo no había prestado atención alguna hasta que recientemente se enteró de cierta información. Su línea de pensamiento fue interrumpida por unos toques en su puerta. Unos toques que estaba esperando y temiendo.
- Pase -dijo simplemente con voz autoritaria, sonó un poco menos firme de lo usual.
Y ahí estaba ella como era lo usual ataviada en su uniforme militar; su cabello recogido en su vincha, ligeramente húmedo; y su cara totalmente impecable, en general todo en perfecto orden y arreglado, sin llegar al punto de ser pretencioso ni nada exagerado. Si no fuera por una simple herida descubierta en su hombro derecho hasta para él mismo sería difícil recordar que hace apenas unos minutos que regresó de una misión tan peligrosa desmantelando una célula de crimen organizado, metiéndose en el medio de una lluvia de balas.
Apenas hubo cerrado la puerta tras de sí se paró más recta, si es que esto era posible y procedió a hacer un clásico saludo militar. Por una razón que él ya entendía este saludo a veces le provocaba una sensación de incomodidad en la boca del estomago. Pero como en tantas otras veces el veterano militar prefirió ignorarlo y simplemente recibió el saludo con un asentimiento de cabeza y un gesto de su mano indicandole que podía relajarse.
-Descanse soldado, acérquese -se escuchó decir y así hizo ella. Caminó hasta estar a dos pasos de su escritorio aún con una postura erguida y con ambos brazos firmemente en cada lado de su cuerpo. -Algo que reportar de la misión soldado?
-La misión ha sido un éxito, hemos logrado capturar su base de operaciones y hemos puesto a todos en custodia con mínimas bajas señor -Habló Leona por primera vez desde que entró en la habitación.
-Bien, eso escuché -mencionó Heidern al mismo tiempo que le daba un vistazo a un reporte con información preliminar que tenía en un pequeño dispositivo electrónico en su escritorio. -¿Algo más soldado?
-No señor, el lugar aún está bajo investigación, nuestros equipos lo estarán inspeccionando y cuando tengamos toda la información que necesitamos el lugar será puesto a disposición de las agencias japonesas -la manera en la que ejecutaba su trabajo tan eficientemente e incluso el porte y profesionalidad con la que ella se presentaba dejaría en la lona a muchos hombres con el doble de tiempo de experiencia. Los resultados dejaban a Heidern obviamente satisfecho.
-Bien hecho, soldado -ahí se encontró nuevamente diciendo esa misma esa frase, por otro lado tampoco se le ocurrió nada mejor que agregar. Esto no disminuía el ánimo que tenía de romper algo al escucharse a sí mismo.
Dado que usualmente él usaba estas palabras para un cierre, sin necesidad de comunicar más allá de lo esencial Leona tomó la señal y realizó una versión más corta del saludo que hizo al llegar, se dio vuelta noventa grados sobre sus talones en una forma tan limpia que cualquiera pensaría que está marchando en un desfile en ese mismo instante. Emprendió su camino a la salida de la oficina pero antes de que pudiese dar más de dos pasos la voz del Comandante nuevamente vibró a través del salón de deteniéndole en seco.
-Una cosa más -Heidern no perdió ese instante, esa rara vista. Cuando Leona hubo volteado su rostro hubo solo un instante por el que en el mismo pasó una expresión de ligera sorpresa combinada con un tinte de vergüenza, posiblemente al sentir que se había adelantado a una orden.
Antes de que ella pudiera interponer interjección alguna Heidern simplemente dejó caer un archivo a su escritorio quizás con algo más fuerza de la que era realmente necesaria y esperó por la reacción de la mujer peliazul. Una vez ella hubo regresado a su anterior posición frente a su escritorio Leona le dedicó una momentánea mirada a el documento frente a ella con su cara completamente seria. Y sin embargo, ni ella pudo evitar que una sombra de reconocimiento fuese visible en sus ojos si tan solo por un segundo antes de regresar a una expresión sin emociones. Heidern dejó alargar el silencio que había caído entre ellos por varios segundos. Leona no parecía tener intenciones de decir una palabra así que fue él quien habló primero.
-Quisiera una explicación ¿Qué es esto? -exigió Heidern usando un tono ciertamente severo. Si bien no quería mostrarle su enojo si quería dejar claro que no estaba feliz con los hechos y así como tal era debido lo hizo. Parecía que Leona estaba teniendo problemas en formular una respuesta apropiada ante esta inesperada confrontación pero recomponiendose rápidamente respondió.
-Es la carpeta que contenía el archivo de Iori Yagami antes que yo lo tomara señor -habló ella en un tono de voz seco y firme, Heidern permaneció casi impasible salvo que su ceño se vio más fruncido antes de hablar en un tono igualmente seco.
-Eso supe, de igual manera ha venido a mi conocimiento que la vigilancia que teníamos sobre él se vio interrumpida por información incorrecta proveída a nuestros equipos, ¿Sabes algo de eso?
-Yo proveí esa información señor -era cierto que a Heidern no le sorprendía que ella tomara responsabilidad por las acciones, la forma tan firme y sin culpa en como lo hacía si le tomaba un poco por sorpresa al punto que se permitió una ligera sonrisa irónica. Necesitó tomar un momento para formular su siguiente pregunta antes de continuar. Su mirada se tornó distante mientras hablaba.
-¿Todos esos días libres en los que hiciste viajes hacia aquí en Japón están relacionados con esto de alguna manera? -esta vez Leona no fue tan firme con su respuesta y simplemente musitó un 'sí' apenas y audible a su distancia.
Ahora que todo estaba confirmado Heidern no sabía qué hacer con el conocimiento obtenido, no sabía cómo proceder ante esto, no sabía cómo debía sentirse. Leona había declarado traición abiertamente ante él, quien era su superior. Esto debía naturalmente tener consecuencias, no es algo que puede hacerse y quedar impune, pero al mismo la veía ahí parada frente a su escritorio y pareciera una ilusión que su soldado más perfecto fuese quien admitiese tal falta.
-Leona, él es un criminal -pronunció en un tono preocupado -tu sabes muy bien porqué lo mantenemos bajo constante investigación y con vigilancia casi permanente, él es peligroso, no entiendo por qué irías a tal límite por... por él. Yo estoy preocupado por tí hija. -Heidern admitió con una expresión que Leona nunca había visto en él. Así mismo ella pareció expresar sorpresa e incluso algo que parecía arrepentimiento en su usualmente inexpresivo rostro ante su declaración pero muy especialmente con la mención de la palabra 'hija', una palabra que tan raramente es dirigida hacía ella, tan infrecuentemente como ella dirige 'padre' a él y simplemente no pudo con el impulso de usarla.
-Padre -Heidern fijó su mirada en ella con un atisbo de sorpresa, la expresión de la peliazul daba a entender que tenía mucho que decir pero no sabía cómo proceder o si debía -Nadie me ha obligado a nada, si he hecho algo ha sido por propia voluntad. Estoy consciente de las consecuencias de mis actos. Pero tu sabes porque lo he hecho, estoy cansada de temer a mi maldición, ser controlada por ella me hace sentir débil, hoy me siento más fuerte que nunca.
Tales palabras sacudieron completamente al viejo Comandante, su hija era una persona destinada a sufrir desde su nacimiento, la vida le había dado golpes pero aun así era una luchadora. Viendo ese extraño brillo en sus ojos cuando hablaba en un tono tan diferente al usual, un tono que era casi compasivo, entendió que ella simplemente buscaba su propia felicidad. La forma tal vez no era la mejor y la persona tampoco pero el solo hecho de que ella estuviese actuando más humana tal vez era buen indicativo. Sin tener total certeza decidió confiar en su criterio. Hubo un momento en que cruzaron miradas de entendimiento y conciliación.
-Ten cuidado hija, ve a descansar.
-Lo haré padre -fueron las únicas palabras intercambiadas y se despidieron con un nuevo saludo militar, Heidern tuvo el impulso de darle un abrazo, pero lastimosamente hay costumbres que no mueren y heridas que no sanan. Ella inmediatamente procedió a salir de su oficina dejándolo nuevamente solo y aun con muchas cosas que pensar pero con menos peso en sus hombros.
Entendía el riesgo que ella fuera lastimada si continuaba pero también existía el mismo riesgo al tratar de detenerla, por ahora solo observaría, pero lo haría tan cerca como le sea posible, ¿Sería una entrevista con Yagami una mala idea? Tal vez.
-Ten cuidado hija mía -dijo una vez más a su oficina vacía.
