Capítulo 1

18 años después ...

Un viento suave hizo elevar las cortinas blancas y junto a él los primeros destellos del sol se han presentado. Era un nuevo día, pero para ella significaba que le quedaba un día menos para casarse con un hombre al que no amaba. Contemplaba el techo desde su cómoda cama, si es que podría llamar así ya en toda la noche había conciliado el sueño.

Llamaron a la puerta y entró una mujer menuda de cabello castaño pero con varias canas.

―Buenos días Kagome - saludó ella con una espléndida sonrisa - Hoy te ha levantado muy temprano.

―Buenos días nana - respondió ella sin animo, levantándose de la cama.

Pero su nana la conocía bien, desde el día en que había nacido. Conocimiento cada estado de ánimo de la joven y en esa ocasión no fue la excepción. Se acercó a su pequeña niña como solía decirle, y le dio un pequeño abrazo.

―Algo te pasa - dijo ella en modo consolador - Vamos, cuéntaselo a la vieja Kaede.

Ella sospechó y cerró los ojos.

―Tú más que nadie sabe lo que me pasa - comenzó a decir - No me quiero casar con ese hombre. –Una lágrima comenzó a brotar de sus mejillas.

―Kagome no sé qué decirte. Desafortunadamente tus decisiones las tomas por ti tu padre y él deciden con quien te casas o no.

―Eso es lo más injusto de todo esto. Que nosotras por ser mujeres no tengamos la libertad de elegir con quien pasar el resto de nuestras vidas. En cambio, tendré que soportar al teniente Bankotsu por el resto de mis días.

―Es guapo.

Dijo la nana Kaede, como si eso fuera un consuelo para Kagome.

"Es un idiota", dijo Kagome con una sonrisa.

"Es muy rico", pensó Kaede.

―Y eso no le quita lo imbécil. - Atacó Kagome.

Se miraron una a la otra y terminaron en risas, cualquiera que dijera algo siempre la otra tenían una respuesta diferente.

- Solo espero un milagro que me saque de aquí y evite casarme con él.

―No existen los milagros Kagome. Me escucho cruel pero, debes afrontar tu destino, un destino que dice que tienes que estar con el teniente Bankotsu.

―Al menos me voy a gastar toda su fortuna en vestidos, joyas y cuanta cosa se me ocurra. Será como un consuelo.

Pero era mentira, ni las joyas ni los vestidos le habían importado. Incluso desde pequeña siempre había sido sencilla, aunque su padre le insistía en que no todos eran iguales a ella. Era extraño, a pesar de ser su padre nunca había sentido afecto por ella, no había tenido como otros Lores lo hancían con sus hijas

Un código de barras rompía las olas que lo azotaban con furia, al lado del timón se veía un pirata sintiendo la brisa fresca de la mañana, no registraba una opción por la que había decidido enterarlos o mejor dicho hundirlos en la parte más profunda del océano. Y si lo hizo, era para no olvidar lo que esa mujer fría, calculadora y sentimientos hizo capaz de hacer él.

- ¿Otra vez meditando sobre tus pecados?

Esbozó una sonrisa de los medios antes de encontrarse con su segundo al mando. Su compañero de casi toda la vida. Aproximadamente hace - justo el mismo día de la tradición de aquella mujer.

―No son pecados, se llama pasado ―corrigió él - Y te agradecería que no digas ni una sola palabra Miroku.

Pero Miroku siempre tenía la última palabra y algo sabía reconocer Inuyasha era que su amigo era un hombre sabio.

―Inuyasha, el pasado es nuestra mejor carta de presentación - dijo él sabiamente - Nos hace ser lo que somos ahora sin importar cuan perturbador haya sido.

―Sospecho que no me buscabas para charlar del pasado.

Miroku contempló el inmenso océano y después a su capitán. Lo que tenía que decir era una decisión difícil para él.

―Te tengo dos malas noticias - Esta vez su posición fue seria - Se nos agotan las provisiones y el único puerto cercano es Portland.

A juzgar por la reacción de su capitán, la noticia le había caído peor que una tormenta en el mar. Sus ojos dorados se incendiaron de coraje y no era por otra cosa más que el hombre que había apoderado del amor de su vida (ése hombre que ahora ostentaba el título de "Teniente" vivía nada más ni nada menos que en Portland.

―Sabía que era malo decírtelo ―dijo Miroku - Que importa esperar dos semanas más….

"Iremos" lo interrumpió.

"Pero ..." Tartamudeó al sentir la mirada fulminante de Inuyasha.

―Dije que iremos y asunto acabado. Alista todo y ve que hombres te pueden servir, así como en más seguro atracar. Quiero pasar desapercibido ¿Entendido?

―Seremos como un fantasma.

Cuando se había ido el capitán, Miroku contempló su partida y negó con la cabeza.

―Algo me dice que esto no saldrá bien. No es buena idea ir.

Sólo esperaba que cuando llegara a Portland Inuyasha no se encontrara con su rival ya que se desencadenaría una batalla entre ambos y en ese aspecto él había ganado un sinfín de peleas. Era agresivo y nada piadoso. No temía por él, sino por la otra parte.

Tomar el té con su futura era suegra sin duda la cosa más sofocante. Contempló a la mujer que estaba en frente de ella, su cabello blanco adornaba toda su cabeza y las arrugas de la edad se han presentado a un ritmo acelerado.

―Vivirán aquí - dijo ella - Conmigo.

En ese punto no estaba de acuerdo, un matrimonio tendría su propio hogar y no vivir con la suegra.

―Creo que un matrimonio necesita su espacio.

―Así es - la madre de Bankotsu asintió - Pero mi hijo no quiere alejarse de su madre.

Kagome rodó los ojos y suspiro, contempló la taza de té sin apenas haberlo probado. Odiaba el té y más en días calurosos solo un estúpido se atrevía hacerlo. Entonces la mujer o más dicho su futura suegra le dio un sorbo a su taza.

"¿Con esta familia estarás emparentada toda tu vida?"

Pregunté una voz interna y ella asintió.

"Pobre de ti, te compadezco. Sigue esperando ese milagro"

―Como usted diga miladi.

―Aunque hay algo más ...

La mujer depositó la taza de té con mucho cuidado sobre la mesa de cristal que estaba en frente de ella. Se limpió los labios con una servilleta y una elegancia que a Kagome le revolvió el estómago.

"No quiero ver a esa mujer ...", hizo una pausa para recordar su nombre. No quiero que esté presente en la ceremonia y mucho menos en la celebración.

Era el colmo, primero ordenarle vivir con ella, en una mansión que le resultaba desagradable y ahora exigía que la mujer que tenía el cuidado de toda su vida, que fuera fuera como su madre no estaba en ese día. Aunque no fuera importante, le serviría para darle valor.

―Kaede es como mi madre - dijo ella - Y va a estar aunque usted no le agrade. En eso no puedo complacerla.

―Ya veo - ella esbozó una sonrisa - Tal vez tú no estés de acuerdo, pero tu padre me complacerá en eso y créeme que lo hará.

Después de estar más tiempo con ella y afinando los últimos detalles de la boda y consintiendo cada uno de sus caprichos. Ella se marchó a casa, acompañada de Kaede y una vez en su habitación desató el huracán que había en su interior.

―Odio a esa mujer, odio a su hijo.

Kaede solo contemplaba a su niña caminar de un lado a otro.

―Que par tan detestable. ¿Y esa familia elegió mi padre? ¡La mujer es el mismo diablo!

Kagome se sentó al borde de la cama, estaba cansada, agotada y mañana estaría aún peor. Miró el vestido de novia que yacía colgado en el biombo.

- ¿Ha terminado de despotricar en contra de ellos? - Supuso ahora Kaede.

- ¿No ha escuchado una palabra de lo que dijo?

―Si - ella asintió - Que los odias o más bien dicho no quieres casarte.

- ¡Esa mujer quiere que vivamos con ella!

Cuando Kagome estuvo más tranquila, Kaede se acercó a ella, tuvo asiento a su lado y del bolsillo de su vestido sacó un pañuelo azul marino y se lo entregó.

- ¿Qué es? - planteó Kagome, sintiendo algo duro dentro del pañuelo.

―Si no lo abres nunca lo sabrás.

Entonces Kagome hizo exactamente lo que una anciana le dijo. Abrió lentamente el pañuelo y para encontrar un medallón. La cadena estaba bañada en oro negro, pero lo más deslumbrante era el diamante rojo en forma de estrella que sobre salía.

―Es muy hermoso - evaluó sin poder dejar de contemplarlo.

―Si lo es - ella asintió - Se llama "Estrella del oriente"

- ¿Era tuyo? - supuestamente, ahora mirándola a los ojos.

―No - ella negó –Era de tu madre y siempre quiso que lo llevaras contigo. Me pedí que te lo entregara el día de tu boda. - La parte de tu pasado, presente y el futuro que te aguarda.

Sin comprender una palabra, Kagome frunció el cejo y especificado:

- ¿Qué dados? No logro entenderte.

―Luego lo entendí - Le dio un beso en la frente - Mejor descansando ya que mañana será un día difícil.

"Sí, un día difícil en el que tengo que caminar difícilmente el altar y decir" si, acepto "a un hombre que no amo. - Contempló el medallón - Gracias por darme algo de ella Kaede.

Kaede le dio un beso en la frente.

―Las cosas se van a acomodar tarde o temprano no pierdas la fe.

A veces no entendía muy bien a su nana, identificamos cosas sin sentido que no lograba comprender y resultaba que hacían realidad. Esperaba que en esto no se equivocara.

Ya en su cama contempló el medallón, era hermoso ya la luz de la luna brillaba intensamente.

―Solo dame un milagro - rogó ella


¡Hola!

Les dije que era una versión diferente a la que todas conocíamos.

No sé ustedes pero yo compadezco a Kagome, la suegra que le va a tocar ...

Nos vemos mañana en lo que termino de editar capítulos, mientras que vayan eligiendo que fic quieren volver a ver y si quieren nueva versión o tal y como estaban.

Debo ser sincera, siempre quise modificar esto y ahora lo estoy haciendo.

Díganme si esta bien editado porque estoy teniendo problemas, no sé porque me cambia las palabras la pagina.

Saludos

Att .: Blackpearlb