Capítulo 3
-Yo...
Pero ella no tuvo que completar la frase que arduamente había practicado en su habitación. Unas pisadas fuertes, profundad difícil hacer eco en toda la iglesia. Los presentes, incluso el párroco se quedarán petrificados al ver al hombre que entraba en el recinto.
―Siento la interrupción, no era mi intención llegar tarde.
Inuyasha siguió su camino, en el transcurso de este reconocimiento a la madre de Bankotsu y le guió un ojo descaradamente a lo que la mujer indignada perdió su abanico y comenzó a echar un aire. Cuando por fin pudo estar en el altar, frente a su rival ya la prometida de este, no podría evitar echarle una mirada descarada de arriba abajo para verificar si era tan hermoso de cerca y si, efectivamente lo era.
Observe la figura masculina que se aproximaba hacia el altar, era un hombre alto, pelo plateado y ojos dorados como sol, al verlo casi se desmayaba de la impresión pero guardo su compostura.
Kagome no pudo evitar hacer lo mismo ya que también lo barrió con la mirada de pies a cabeza. Era alto, mucho más alto que Bankotsu, su cabello era de un extraño color plateado, pero lo que más le impresionaron fueron sus ojos, unos ojos dorados y podría tener una descripción de ellos tuvieron como los rayos del sol. No pudo evitar pasar por desapercibido los fuertes brazos y sus anchos hombros. Jamás había visto algo así.
Su postura, con los brazos en las caderas y una rodilla flexionada le hicieron por poco perder el equilibrio. El hombre era atractivo y requerido de reconocerlo.
Pero a juzgar por su apariencia, desaliñada, esa camisa de lino en color azul marino, pantalones marrones y unas botas de cuero negro le daban un aspecto a una pirata y dudaba que Bankotsu se asocia con uno de ellos. Su mirada pasaba del desconocido a su prometido y en los ojos de estos pudo ver que destellaban sentimientos como ira, venganza. Un aura pesada se convirtió entre ellos dos.
Bankotsu frunció el cejo.
Inuyasha esbozó una media sonrisa.
"Tú ..." Bankotsu comenzó a desenvainar su espada.
Pero Inuyasha había sido más rápido que él y sacó su pistola para apuntarle en la cabeza. Tantos años en el mar, tantos roces con otros piratas lo habían hecho el más veloz del océano.
"Si fuera tu no lo haría" - Inuyasha le apunto justo en la cien.
―Por favor hijo, no derrames sangre inocente en la casa del señor - rogó el párroco para que Inuyasha no lo matara.
Kagome solo contemplaba las miradas de odio que se lanzaban Bankotsu y ese sujeto desconocido para ella. Para luego mirar a su alrededor y darse cuenta de que toda la iglesia estaba sentada de piratas. Uno en particular le apuntaba a su padre directamente en el pecho.
―Descuide párroco que no voy a hacer nada. Esta alimaña no merece morir en lugares como este - siguió apuntándole a Bankotsu con la pistola sin dejarlo de ver.
- ¿Qué haces aquí? - solicitó Bankotsu.
―Haciéndote lo mismo que tú me hiciste hace diez años - esbozo una sonrisa - tú– se afectó a Kagome - acércate.
El padre de Kagome al ver la situación intento ponerse de pie pero Miroku lo apunto con su pistola directo al corazón.
―Será mejor que permanezca sentado gobernador.
―Maldito - le dijo el gobernador a Miroku.
Kagome e Inuyasha intercambian miradas y ella simplemente negó con la cabeza.
―Que vengas aquí te digo - apuntándole con su pistola en el frente de la joven.
Kagome solo cerró los puños y toda la iglesia estaba rodeada de esos hombres, si se negaba él la mataría, pero cualquier cosa seria mejor con tal de no casarse con Bankotsu. Dio pasos lentos hasta incorporar el lado del capitán, él la coloco en frente suyo y le apuntó en la cabeza con la pistola.
"No tienes que hacer esto", le dijo ella con toda la serenidad.
―Cállate que nadie pidió tu opinión - le contestó secamente - damas y caballeros― dando pasos hacia atrás - siento haber interrumpido esta boda, pero la novia y yo nos vamos ... espero verlos pronto - tomo a Kagome del brazo y se la llevó .
Ningún invitado o guardia podría moverse y hacer algo, ya que eran muchos piratas que apuntaban con el arma.
― ¿Me vas a matar? ― Le preguntaba el padre de Kagome a Miroku que este solo esbozo una sonrisa
―No tiene caso matarlo gobernador, bien tripulación es hora de irnos –Miró fijamente a al gobernador – Será mejor que no intente algo estúpido como seguirnos porqué tenemos a su hija y podría pagar las consecuencias.
El gobernador asintió y consintió que se fueran con la promesa de no seguirlos.
―Pero los encontraré y los mandaré a ejecutar. Que de eso no te quepa la menor duda.
Miroku esbozó una sonrisa y dio la orden para abandonar la iglesia.
Bankotsu se acercó al gobernador para comprobar si estaba bien.
― ¿Por qué no ordenó matarlos? – preguntó furioso.
―Tienen a mi hija, no seas estúpido.
Inuyasha y Kagome habían llegado a todo galope en unos de los caballos que había tomado "prestado" y fue él el primero en bajar.
―Baja – dijo estirando los brazos para ayudarla.
―Me niego hacerlo ― se negó y se cruzó de brazos.
―Escucha no me hagas perder la paciencia así que baja del caballo en este maldito momento ― mirándola con unos ojos dorados tan intensos.
―Prefiero que pierdas la paciencia a que yo baje ― mirándolo furiosa a los ojos.
Inuyasha solo esbozo una sonrisa, nunca en su vida se había divertido tanto como hasta ahora.
― ¿De qué te ríes? ¿A caso eres estúpido o qué? ― Al verlo con una sonrisa en los labios, cielos casi se derretía. Ese hombre era guapo, pero periferia su orgullo.
―De que nunca había visto a una damisela con mal genio como el que tienes ― tomó las riendas del caballo y ofreciéndole la mano ― Así que baja ahora ― su voz cambió a una agresiva.
Kagome tembló ante tal amenaza. Así que bajo de un salto del caballo ignorando por completo la mano del pirata. Estaba punto de aterrizar en el lodo pero unos fuertes brazos la sujetaron alrededor de su cintura. Ella se mordió el labio inferior al verlo tan cerca de ella. Otra vez su cuerpo tembló y desconocía los motivos. Ese hombre le producía sensaciones extrañas que no lograba entender y eso que sólo llevaba menos de una hora de conocerlo.
Pero el hechizo se rompió porque él nada dócil la tomó del brazo para arrastrarla al bote y subirla. Cuando por fin ella tomó asiento él comenzó a remar hasta mar abierto donde un barco los aguardaba.
"¿En qué te has metido, Kagome Williams?" pensó en sus adentros.
Cuando se detuvieron al lado una escalera desplegable llegó hasta ellos, Inuyasha la sujetó con fuerza para comprobar si era lo suficientemente estable.
―Ahora sube – una orden más.
Comenzaba a hartarse de las órdenes de ese pirata.
―No pienso subir ― llevándole la contra – Me caeré.
―Sube o en este mismo momento juro que te mato ― saco su pistola y la apunto a su frente.
―Vamos hazlo― lo desafió ― Dispárame ya que me prefiero mil veces muerta a que subirme en un barco lleno de piratas.
― ¿Segura de lo estás diciendo?
―Completamente.
―Correcto – guardó la pistola en su pantalón, tomó a Kagome y la recargó en su hombro derecho ― Si no es por las buenas será por las malas.
―Oye bájame, exijo que me bajes ahora ― golpeando la espalda su secuestrador. –Soy la hija del gobernador y prometida del teniente Bankotsu.
―Cállate niña, deja de gritar.
Subieron por las escaleras de madera hasta la cubierta del barco e Inuyasha la dejó caer con el suave y delicado suelo.
―Auch... al menos se delicado ― quejándose de su brusquedad.
Inuyasha la ignoro apero por un descuido de él, Kagome se levantó y salió corriendo con dirección a las esclareas, pero cuando estaba a mediación algo se precipitó contra ella y la hizo volver a caer al suelo.
Él estaba sobre ella, inmovilizándola de cuerpo entero.
―Mala idea para una joven ― sosteniendo las manos de Kagome contra el suelo.
―Quítateme de encima, me estas asfixiando ― moviéndose de lado a lado para que él se quitara.
―No, si prometes no huir ― acercándose al odio de la joven y haciéndose más pesado para que Kagome se cansara de forcejear.
"Ni lo pienses idiota, en cuanto te descuides vuelvo a salir huyendo" - Temiendo lo que a los ojos - Te prometo que no voy a huir - dejó de forcejear contra ese hombre que era más pesado que ella.
―Eres una mentirosa ¿A caso me crees tonto?
- ¿A qué te refríes? - requerido inocentemente.
―A que si yo me quito, saldrás huyendo de nuevo - Inuyasha se convirtió y le ofreció la mano - Vamos levántate. Te indicarán cuál es tu camarote.
Ella lo miró confundida, así que por menos menos privacidad.
―Tampoco soy tan desalmado como para no darle espacio a una invitada.
