EL OCASO DE LO QUE QUISO, PERO QUE NUNCA LLEGÓ A SER….


Pasaban las 12 de la noche cuando finalmente llegué a mi hogar. No sé si todavía podía llamarlo de esa manera… es el lugar a donde llego casi todos los días a dormir… donde los domingos me encargo de bañar al perro y cuidar de la pecera. Donde todas las mañanas dejo un beso en la cabeza de mis hijos mientras todavía duermen.

Donde la persona que juré amar para toda la vida se desdibuja día con día, perdiéndose entre la bruma de los recuerdos de nuestras promesas, las heridas de mi traición y el escudo de su indiferencia.

Soy el culpable… lo reconozco… falté a mi palabra y la engañé del peor modo… lamentablemente, cuando quise recapacitar y recobrar lo que estaba dejando ir en mi estupidez, ya era muy tarde…

Susanna estaba embarazada…

Y a Candy la había perdido…

Soy un grandísimo cobarde, lo admito… llevo en esta relación secreta con Susanna casi dos años… y aunque estoy completamente seguro de que Candy tenía sospechas de mi infidelidad, hoy finalmente pudo comprobarlo…

Yo en realidad no quería que las cosas terminaran de esta manera… desde que Susanna me dijo que esperaba un hijo mío, supe de inmediato que no habría manera de que siguiera viviendo en mi casa y mantener la falsa idea de un matrimonio. Así que ideé un plan en mi mente para hablar con Candy y definir nuestra situación… hace un año ella misma me planteó la posibilidad de divorciarnos… así que ese sería la decisión más lógica a tomar… y de allí, mudarme a otro lugar…

Lo que nunca esperé es que, gracias a mis decisiones absurdas y mi calentura con Susanna, mis finanzas se vieran tan comprometidas, que no pudiera optar por comprar un nuevo apartamento… por lo que dilaté la conversación con mi esposa hasta el último momento…

Por casi nueve meses para ser exactos… lo vuelvo a admitir y lo repito… soy un grandísimo cobarde… y a la vez un ser despreciable…

Lamentablemente todo tiene un tiempo límite y no hay nada que pueda ocultarse por siempre a la luz del sol… las mentiras tienen patas cortas y tarde o temprano te revientan en la cara, dejándote al descubierto y desfigurado…

¡Maldición… por qué de todas las clínicas de la ciudad, Annie tenía que ir a la misma donde Susanna atendía su embarazo!… ¡Por qué justo tenía que toparme de frente con la hermana de mi esposa, precisamente el día que llevaba a mi amante a su cita de control…! ¡Maldita sea, Susanna ya casi explota de lo redonda que está! No hay manera de negar lo innegable… de evitar lo inevitable…

Giro la llave de la puerta y entro finalmente a la casa… la lámpara de la sala de estar se encuentra encendida, señal indudable de que Candy está despierta… y que me espera.

Con pasos pesados me dirijo hacia ese lugar. Tal y como lo imaginé, Candy está recostada sobre unos almohadones con las piernas extendidas sobre el sofá. El televisor pasa las imágenes de una famosa serie de Netflix. Sobre la mesa hay una tasa de chocolate aún humeante y unas galletas danesas, las favoritas de mi esposa.

Candy baja el volumen del televisor y se sienta apropiadamente, para luego fijar su mirada en mí. Sus ojos verdes, antaño cálidos y dulces, ahora lucen fríos y calculadores… ya no reflejan ese cariño ni la alegría con la que antes me miraban… ya ni siquiera encuentro la tristeza ni la decepción que mostraban hasta hace algunos meses… ahora están vacíos, totalmente ajenos a cualquier otra emoción o sentimiento hacia mí que no sea la absoluta indiferencia.

Yo provoqué eso… yo me dediqué día con día a asesinar todo indicio de amor y afecto en el alma de mi esposa…

Ella se levanta y se dirige hasta la chimenea para atizarla y tratar de menguar un poco el frío en la habitación. Lleva un conjunto de camisón de seda azul rey, que hace un perfecto contraste con su piel de nácar. Lastimosamente hace ya tiempo perdí el privilegio de rozar esa hermosa piel… ni siquiera en sueños puedo hacerlo…

La veo mover algunos leños y agregar un par más, para luego erguirse y girar a verme. Se queda parada frente a la chimenea, los brazos cruzados frente a su pecho y la gélida mirada fija en mí.

Y aunque estoy convencido de mi estupidez, me mantengo en mi posición de macho alfa todopoderoso… inmune a las críticas y siempre a la defensiva, dispuesto a seguir hiriendo, corrompiendo y envenenando lo que en algún momento fue mi faro de luz… mi anhelo más hermoso…

Así de podrida está mi alma… Eres un gran imbécil… patético remedo de hombre… estoy tan decepcionado de ti, Neil Leegan…

Pensé que llegarías más temprano, Neil

Yo llego a la hora que me da la gana, Candice

Un destello de ira cruza por sus ojos antes de cerrarlos. Observo su pecho agitarse y sus manos crisparse. Un temblor sacude su quijada mientras muerde sus labios… sé que está furiosa, pero se contiene… no grita, no llora, no mueve un músculo… debería armarme un escándalo, pero no lo hace… solo se queda quieta, inhalando y exhalando con pausa, esperando tranquilizarse…

Le doy la espalda y camino hasta el bureau de la esquina, donde dejo mis llaves y la maleta con la laptop. Escucho un suspiro pesado, y después unos pasos que se acercan. Cuando finalmente volteo, Candy está sentada nuevamente en el sofá con la vista perdida en algún punto de la habitación.

Escucha, Neil… lo menos que quiero es discutir en este momento… tú y yo sabemos que tenemos que hablar

Hablar sobre qué

Candy se gira y clava su verde mirada en mí... son como dos dagas de jade, filosas y mortales, que me traspasan sin piedad… y por supuesto que lo merezco.

¿Es en serio, Neil Leegan? Después de lo de hoy, ¿todavía me preguntas eso?

No sé de qué demonios hablas, Candice

De acuerdo, te refresco la memoria entonces– sus palabras salen en un siseo, apenas arrastradas entre dientes –Hablemos de cómo hoy te topaste con mi hermana en un hospital que no es donde tú trabajas… hablemos de cuánto tiempo esperabas mantener esta farsa… hablemos de cómo le vas a decir a los niños de que tendrán un nuevo hermano o hermana… mejor aún, hablemos de tu amante, Susanah Lee Marlowe y de su muy avanzado embarazo

Mis ojos se abren de la impresión… ¿Cómo es posible que sepa su nombre?

Candy sonríe con algo de sorna sin apartar sus ojos de mí

No se sorprenda tanto, Dr. Leegan… sé todo sobre esa mujer…su edad, fecha de nacimiento, número de seguro social, como la conociste, dónde y con quien vive… la carrera que estudió pero que no ha culminado y hasta el nombre de la ginecóloga que la atiende… sé que actualmente está sin trabajo y que tú la mantienes, y es por eso por lo que tus deudas aumentaron y tienes el crédito restringido… y, sabiendo todo esto, entiendo perfectamente la razón por la que aún no has acudido a pedirle dinero a tu padre

¡Pero qué diablos…!

Créeme que no es información que haya pedido ni mucho menos que me importe… aunque no puedo decir lo mismo de otros miembros de mi familia, que tal vez sí tenían algún interés en conocer todos esos datos… a mí lo que me interesa es saber cuáles son tus planes

¿Planes?... ¿Cuáles planes?

Candy se remueve impaciente en el sofá y desvía su rostro hacia otro lado. Toma un sorbo de la taza de chocolate que debe estar ya fría, para después volver a mirarme.

Neil, vas a tener un hijo con otra mujer

Es algo que podía pasar en cualquier momento

¡Algo que podía pas….!

Veo cómo Candy lleva dos de sus dedos al puente de su nariz mientras lanza una fuerte bocanada de aire. ¡No sé qué me pasa ni porqué estoy actuando así! Es como si quisiera herirla, fastidiarla, hacerla rabiar… hacer que sienta algo por mí, aunque solo sea odio y rencor…

Ella vuelve a soltar otro hondo suspiro. Se levanta y camina hasta quedar frente a mí. Cielos, se ve tan bella… no ha cambiado nada en estos veinte años que tenemos de conocernos… desde que la vi por primera vez cuando ella tenía quince y yo diecinueve… ¡cómo pude ser tan imbécil!

Hablemos claro, Neil Leegan… llevas más de un año utilizando esta casa como si fuera un hotel… solo llegas a dormir las noches que te dejan venir a hacerlo, a encargarte de tus mascotas y buscar ropa limpia… pero estoy segura de que entiendes que eso ya no va a ser posible, ¿cierto?

Esta también es mi casa, Candice, y puedo estar aquí todo el tiempo que yo decida... es mi derecho

¡No puedes ser tan cínico!… ¡Tienes a otra mujer embarazada estando todavía casado!… Porque te recuerdo que aún no nos hemos divorciado, Neil Leegan… ¡yo sigo siendo tu esposa! –

¡Sí, por desgracia sigues siendo mi esposa!

Un jadeo entrecortado brota de sus labios… sus ojos brillan intensos… cristalizados… trémulos… La veo morder sus labios sin apartar sus ojos de los míos. Da dos pasos hacia atrás antes de girarse y caminar hacia el sofá donde la encontré sentada cuando llegué. Toma el control para apagar el televisor que seguía encendido en silencio, recoge la taza y el plato con las galletas intactas y se dirige a la cocina.

Puedo escuchar el sonido del agua correr en el fregadero. Candy debe estar lavando los trastes sucios. Yo por mi parte, me mantengo en el mismo sitio, sin moverme, estático al lado del bureau de la esquina.

Ella reaparece a los pocos minutos y me mira apoyada en el marco de la puerta. Sus ojos se mantienen brillantes, con una sombra rojiza alrededor de sus párpados, pero todavía impávidos y fieros. Varias emociones se arremolinan en esa mirada, todas las cuales me atraviesan hasta el alma… decepción, desconocimiento, determinación, desprecio…

¡Felicitaciones Leegan… finalmente lograste que los ojos de tu esposa mostraran algo más que indiferencia hacia ti!

Creí que podíamos tener una charla como dos adultos normales, pero veo que será inútil… así que esto será lo que haremos, Doctor Leegan…. Te doy dos semanas para que recojas todas tus cosas y te mudes de esta casa… a dónde vas a ir, no es mi problema, debiste pensarlo mejor antes de enredarte con una muchachita de 24 años… Durante esas dos semanas me iré con los niños a Lakewood. Cuando regresemos, hablarás con Rory y Ryan sobre las razones para irte… las verdaderas razones… Asumo que conoces quién es mi abogado… así que contactarás a Albert para que junto con el tuyo coordinen los trámites del divorcio, manutención y custodia… y todos los costos los asumirás tú

Candy se despega del marco de la puerta, y empieza a caminar hacia el pasillo que va a la recámara que ahora comparte con los niños. Da un par de pasos y se detiene para voltear a verme. Un escalofrío recorre mi espalda al ver su rostro sereno con una irónica sonrisa dibujada en sus labios…

Una última cosa, Neil… soy consciente de lo desgraciado que te sientes al tenerme todavía como esposa… por lo que en realidad quiero facilitarnos la vida y que nuestra separación sea rápida… sé que no hicimos declaración de bienes al casarnos, pero dadas las circunstancias comprenderás que no habrá juez en la tierra que no me beneficie cuando dentro de pocas semanas habrá una prueba viviente de tu infidelidad… así que, a menos que quieras quedarte en la ruina, no escuches los consejos de tu noviecita que no pudo terminar su carrera de derecho, y acepta las condiciones que te proponga Albert para tener un divorcio por mutuo acuerdo… es lo mejor para ambos. –


Estoy en el despacho de mi abogado, esperando a que Albert llegue para la negociación del divorcio. Hace una semana que salí de mi casa, para mudarme a la de mis padres con Susanna. Explicarles lo sucedido fue una pesadilla. Mamá, como siempre consentidora y tratando de ser conciliadora, me apoyó como quien no tiene remedio. Mi padre, en cambio, se opuso rotundamente, llegando a insultarme y llamarme un inútil y poco hombre, que jamás mereció a una persona tan maravillosa como Candy…

¡Como si yo no estuviera totalmente consciente de eso...!

Al final, aceptó mi permanencia en la casa junto a mi novia, siempre y cuando viviera en el pequeño apartamento de huéspedes que está junto a la piscina, pues no tenía interés por el momento de mantener ningún tipo de relación con mi nueva mujer.

Enfrentar la dolorosa despedida con mis hijos fue harina de otro costal. Dolorosa para mí… para ellos al parecer no fue de gran impacto, pues se mantuvieron muy serenos, y solo hicieron preguntas sobre cuando nacería su nuevo hermano o hermana, y si podrían conocerlo cuando nazca. Me dieron las buenas noches y se fueron a ver televisión.

Ryan y Rory… mis pequeños ya tienen trece años, y no sé dónde se fue ese tiempo… siento que todo pasó muy rápido y que apenas los conozco… Hasta ahora me doy cuenta que ha sido muy poco el tiempo que les he dedicado y que hemos compartido juntos… lo veo en sus actitudes conmigo… tan abiertos y espontáneos con su madre… tan callados y herméticos conmigo.

Ese día, mi último día en lo que fue mi hogar por casi catorce años, Candy me acompañó hasta la puerta, me pidió las llaves de la casa y me entregó una carta.

Toma… es para ti… son las últimas palabras que te dedico, Neil Leegan… después solo hablaremos lo justo y necesario y que esté relacionado con nuestros hijos… si quieres puedes leerla, botarla, o hacer lo que te la gana… la escribí dirigida a ti, pero en realidad lo hice por mí… así que lo que hagas con ella, la verdad me tiene sin cuidado

Luego de eso cerró la puerta… y salí de su vida para siempre.

¡Qué rayos le hice a mi familia! ¡Cómo pude ser tan idiota y causarles tanto daño!

Los toques en la puerta me distraen del hilo de mis pensamientos. William Albert Andley hace su triunfal entrada. Su mirada despectiva me recorre de arriba abajo, como siempre me ha mirado desde que lo conozco… con desconfianza y odio… nunca me creyó suficientemente bueno para su hermana… supongo que al final, el maldito tuvo la razón… siempre tuvo la razón…

Luego de casi asesinarme, los ojos de mi cuñado se fijan en la mujer que está a mi lado. A pesar a estar a punto de dar a luz, Susanna se empecinó en acompañarme, supuestamente para darme apoyo y velar por "mis" intereses. Sin embargo, Albert solo hace poner un pie dentro de la oficina, y mi novia queda babeada y jadeante como una perra cualquiera, olvidándose de que ahora es mi mujer y está preñada con mi hijo… pedazo de descarada…

Albert sonríe de medio lado, con un deje de burla que me hace hervir la sangre, y se sienta a la mesa de reuniones donde nos encontrábamos los demás esperando, justo en el puesto frente al mío.

Buenos días, señores… me disculpo por los minutos de retraso, pero los elevadores estaban congestionados –

Solo han sido un par de minutos, colega, no se preocupe. –

Muchas gracias, Licenciado Goldstein. Si les parece, podemos empezar–

¿Su cliente no estará presente en esta primera reunión, abogado Andley? –

Albert clava su vista en mí antes de girarse a ver a mi abogado. Es obvio que detesta mi presencia y que su objetivo es terminar lo antes posible.

No, abogado Goldstein. La señora Candice Andley me entregó un poder para que la represente en su ausencia– su mirada se desvía momentáneamente hacia Susanna, quien suelta un respingo emocionado, para volver a dirigirse a Goldstein – Y considerando el presente escenario, creo fue la mejor decisión. Si las circunstancias evolucionan de la manera prevista y en buena lid, estoy seguro que esta será nuestra única reunión –

Mi abogado luce un poco abochornado y carraspea para aclarar la garganta antes de iniciar la reunión. Albert extiende dos sobres, uno hacia a mi abogado y otro hacia mi, antes de empezar a hablar.

Estoy aquí en representación de mi cliente Candice Andley en el proceso de divorcio y distribución de bienes en común con su actual esposo, el señor Neil Leegan. El sobre que les entregué incluye las condiciones con las cuales mi cliente acuerda llevar a cabo un divorcio por mutuo consentimiento–

Comprendemos, abogado. Si por favor nos puede hacer un resumen de cuáles son estas condiciones, si es tan amable–

Para proceder con la demanda de divorcio, y considerando que el matrimonio fue efectuado bajo la regulación de bienes mancomunados, mi cliente solicita lo siguiente:

Uno… La contraparte debe renunciar a sus derechos como cónyuge sobre cualquier bien adquirido por mi cliente antes del contrato matrimonial, y que corresponden a los bienes recibidos en concepto de su herencia familiar.

Dos… La contraparte debe renunciar a sus derechos conyugales sobre las acciones y propiedad de la empresa Sweet Candy, de la cual mi cliente es socia mayoritaria y directora presidente. De igual forma, solicita que el Sr. Leegan renuncie a su cargo como director externo dentro de la junta directiva de dicha sociedad.

Entiendo el porqué Candy ha incluido la participación de Sweet Candy en sus peticiones… legalmente tengo derecho a ella… sin embargo nunca le quitaría su empresa… es el resultado de su esfuerzo de muchos años… fue gracias a Sweet Candy que yo pude terminar mi especialidad en ortopedia, cuando me peleé con mi familia y me rehúse a aceptar su apoyo económico… fue gracias a su trabajo que generamos ingresos suficientes para mantener nuestro hogar en lo que yo lograba una plaza como residente… fueron esos recursos los que nos ayudaron a mantenernos a flote mientras me dedicaba a invertir todos nuestros ahorros en lograr mi sueño de fundar la clínica de especialidades pediátricas junto a otros cuatro colegas…

¡Maldición… más que un malagradecido, he sido un grandísimo hijo de puta!

El apartamento ubicado en Long Beach, y cuya hipoteca fue pagada por la Sra. Andley, quedará a nombre de mi cliente

Susanna interrumpe la presentación de Albert y se levanta dando un golpe imprevisto a la mesa. Antes de que inicie sus protestas de inconformidad, tiro de su mano y la obligo a sentarse, ante la fulminante mirada que le lanza mi abogado. Albert solo sonríe de soslayo, y hace un ademán como solicitando permiso para poder continuar, a lo que el Lic. Goldstein solo asiente con su cabeza.

Continuando con las solicitudes de mi cliente. El 75% de los fondos depositados en los bancos donde se mantienen actualmente las cuentas, tanto individuales como mancomunadas, deben ser traspasados a nombre único de la Sra. Andley

¡Eso es el colmo! – el grito exagerado de Susanna resonó en toda la oficina –Esos fondos son producto del trabajo de Neil, no pueden despojarlo de sus derechos y deben ser distribuidos al 50%–

Disculpe, señorita, pero usted no está autorizada para emitir opiniones en el proceso. No obstante, me permito aclararle que la mayor parte de los fondos depositados en esas cuentas bancarias fueron aportados por mi cliente, tenemos las pruebas que así lo avalan. Y aunque así no fuera, la actual situación le permitiría a mi cliente reclamar el 100% de esos fondos, a lo cual en un acto de suma gentileza ella no ha accedido–

El licenciado Goldstein se remueve incómodo en su puesto y pide excusas a Albert por la interrupción. Me giro a ver a Susanna sintiendo mi cuerpo temblar de furia. No sé si mi mirada fue lo bastante intimidante o el bebé le dio una patada, pero mi novia se recoge en su puesto y desvía la vista hacia otro lado, colocando sus manos sobre su prominente vientre.

Albert continua su exposición. Un gesto de evidente burla cruza por su rostro… siento que lo odio…

Por su parte, mi cliente renuncia a sus derechos de propiedad conyugal sobre el terreno y la granja lechera que la contraparte adquirió en sociedad con los señores Charles Leegan y Eliza Leegan Marchette. Los considera como parte del patrimonio de la familia Leegan, a la que sus hijos también pertenecen

De acuerdo… Eso solo nos deja las acciones que mantiene el Dr. Leegan en la clínica Seven Heaven y la casa donde actualmente residen–

En lo que respecta a las acciones de la clínica… la Sra. Andley solicita que el porcentaje que le corresponde como esposa de uno de los socios, sea traspasado a nombre de los menores Rory Aidan Leegan y Ryan Arthur Leegan, designando a mi persona como su representante en la junta directiva durante la minoría de edad de ambos jóvenes

La señora Andley… la señora Andley… detesto cada vez que el idiota de Albert pronuncia ese nombre para referirse a Candy… ella es la Sra. Leegan… todavía es la Sra. Leegan… Aunque yo le haya dicho que era una desgracia que todavía lo fuera… ¡qué estúpido y egoísta he sido…!

¡Me opongo a que las acciones de la clínica queden a nombre de esos niños… mi hijo también tiene derecho a ellas! –

La protesta sin sentido de Susanna me deja descolocado… ¿en serio esta mujer no piensa antes de hablar? ¿Cómo va a decir eso frente al abogado de mi esposa, de la cual me estoy divorciando para poder estar con ella? Ya veo por qué no pudo pasar el examen de idoneidad del colegiado de Derecho…

Mi abogado la interrumpe, carraspeando un poco para llamar su atención. Se nota muy molesto, lo sé por la mirada iracunda que me acaba de enviar, como reconviniéndome por permitir que mi novia me acompañara a esta reunión.

Señorita Marlowe, le pido por favor no emitir más comentarios. Las acciones a las que se refiere el Lic. Andley son a las que tiene derecho su cliente como cónyuge y que corresponden al 50% de la participación del Dr. Leegan en la clínica. El otro 50% es de total propiedad del Dr. Leegan y de sus descendientes.-

Pero ella no tiene el derecho de… –

¡Cierra la maldita boca de una vez, Susanna… Candy es mi esposa, tiene derecho sobre el 50% de todos mis bienes! –

Al 50% siempre y cuando se mantenga como un proceso de mutuo acuerdo… si el panorama cambia y nos inclinamos por presentar un proceso de divorcio por causal agravante, el porcentaje puede variar considerablemente–

El tono velado de burla y sarcasmo en las palabras de Albert se sintieron como si un ácido corroyera mi piel. Sí, sé que yo tengo la culpa… sí, sé que yo la cagué… sí, sé que tengo que agradecerle a Candy que, pese a todo, todavía quiera llevar la fiesta en paz y no busque aniquilarme ni dejarme en la ruina económica… aunque moralmente solo soy guiñapo…

Susanna me mira con odio y se levanta para luego sentarse en el sillón de dos puestos que está al fondo del salón. Doy un suspiro frustrado… sé que me espera una retahíla de quejas aderezadas con lágrimas de rabia y gritos de inconformidad apenas nos subamos al auto… estoy tan aburrido de tanta mierda, que solo quiero salir de esta puta oficina para finalmente descender al quinto círculo del infierno que es actualmente mi vida…

Bien, terminemos con esta vaina de una jodida vez. Sólo queda la casa principal… qué es lo que quiere Candice que hagamos con ella–

¡Dr. Leegan! –

No se preocupe, Lic. Goldstein, que estoy bastante familiarizado con las maneras de interactuar de su cliente. La Sra Andley…– una sonrisa pérfida aparece en la cara del muy maldito, se ha dado cuenta lo que me choca esa forma de llamar a mi esposa –… solicita que la propiedad sea puesta a nombre de los menores Ryan y Rory Leegan, y que le permitan vivir en ella por un plazo de cinco años, hasta que los jóvenes antes mencionados se gradúen del colegio y empiecen su carrera universitaria. Una vez suceda esto, mi cliente accede a que la propiedad sea vendida y que el producto de la venta sea puesto en un fideicomiso a nombre de los referidos menores, al que podrán acceder después de cumplir los 25 años

Me doy cuenta de que todo lo solicitado por Candy es para proteger el patrimonio de nuestros hijos… es obvio que ve una amenaza en el nuevo vástago que voy a tener con Susanna y quiere asegurar que el futuro de Ryan y Rory no se vea afectado por la aparición de un nuevo hermano. Suelto una bocanada de aire. Mi cabeza va a estallar y lo único que quiero es dormir… y no despertar jamás.

Dr. Leegan… leyendo el texto presentado por el abogado Andley y dadas las condiciones actuales… creo que lo más conveniente es aceptar las demandas y proceder con un divorcio por mutuo acuerdo… de esta manera el proceso se acorta y la sentencia final saldría en dos meses cuando mucho…. Así usted podr´…––

De acuerdo, Lic. Goldstein. Hagámoslo de esa manera… acepto todas las condiciones… lo único que pido es que me permitan visitar a mis hijos y pasar tiempo con ellos–

Albert suelta un bufido sarcástico mientras recoge sus pertenencias y las va guardando en su maletín. En dos zancadas ya estoy frente a él. Sus ojos vuelven a verme despectivos y estoy a punto de meterle un tremendo puñete en su bonita y perfecta cara… Me tiene realmente harto.

¡¿Cuál es tu maldito problema, Andley?!–

¿Y todavía lo preguntas?… ¡Vaya que eres estúpido, Leegan! –

¡Caballeros, por favor! –

Ya dije que estoy de acuerdo con todo… acepto todas las condiciones de Candice para este divorcio… lo único que pido a cambio es ver a mis hijos las veces que se me dé la jodida gana–

Un extraño brillo aparece reflejado en los ojos impasibles de mi cuñado. Albert toma el resto de sus cosas y cierra su maletin, para caminar con calma hacia donde está mi abogado

Lic. Goldstein, por favor explíquele a su cliente que el proceso de Manutención y el de Guarda y Crianza, el cual incluye el régimen de visitas, son dos tramites independientes al del divorcio. Si gusta podemos agendar una cita para el próximo jueves para definir ambos casos. –

No se preocupe, Lic. Andley. Le mantengo informado–

Perfecto, quedo atento a su llamada. Le enviaré la factura con mis honorarios para que se la entregue a su cliente–

Entonces Albert voltea hacia mí. Siento que de su aura se desprende una mezcla de furia, asco y deseos de venganza… y yo soy el blanco de todos esos "buenos sentimientos".

Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir, Neil Leegan… tú no te mereces ni te mereciste nunca a mi hermana… lastimosamente la dejaste embarazada y tuvo que casarse contigo… a pesar de todo, ella se dedicó a ti y al hogar que formó contigo, a quererte y apoyarte en todas tus egoístas ambiciones. Gracias a Dios llegó a un punto en que ya no pudo perdonarte… Ella sabe que esta no es la primera vez que te enredas con una mujerzuela… el nombre de Karen Klaise y el acoso que le montó a mi hermana hace unos años es ampliamente conocido por todos nosotros… lo que nunca esperó es que pusieras en riesgo la estabilidad de tus hijos y te dejaras arrastrar de esta manera… Yo en cambio, no estoy para nada sorprendido… siempre supe que no eras más que una escoria… Y si por mi fuera, te hundiría hasta el fondo en el estiércol en el que mereces vivir. Pero respeto su decisión de no querer armar un gran escándalo de todo esto. Solo te advierto una cosa… en donde intentes retractarte de lo acordado, o las sucias manos de tu mujercita quieran meterse en donde no le corresponda, o vuelvas a lastimar a mi hermana o a mis sobrinos… te juro que no me detendré hasta destruirte, Neil Leegan… –

Es una amenaza, William Andley–

No… es una promesa…–


Hace un año, siete meses y veinticuatro días que salí del que fue mi hogar con Candy por casi catorce años. Hace un año, siete meses y nueve días que nació mi tercer hijo, Mathew Leegan… Hace un año, cinco meses y dieciocho días que salió mi sentencia de divorcio. Hace un año, dos meses y veintinueve días que los gemelos me pidieron que me llevara al perro de la casa, pues al final era mi perro y así no tendría que ir todos los domingos a bañarlo. Hace un año dos meses y cinco días que también me pidieron que me llevara la pecera, pues ya no tenía casi peces y ocupaba mucho espacio… hace un año que solo voy una vez al mes a visitarlos…

Mi vida se vuelto una sucesión de días sin sentido, donde el tiempo es marcado por eventos que solo agregan pesar y amargura a mi espíritu…

Por ejemplo… hace un año cuatro meses y diez días que me enteré de que el malnacido de Terrence Grandchester había regresado a Nueva York, divorciado y con una hija… y que desde hace un año, tres meses y veintisiete días se hizo socio del buffet de abogados de los Andley… y que hace once meses y catorce días empezó a salir con Candy… otra vez

¡Maldito una y mil veces Terrence Grandchester!… ¡ese bastardo inglés no tiene ni la más mínima idea de cuanto lo odio!

Cuando conocí a Candy, ella tenía apenas quince años y empezaba la preparatoria. Yo acababa en iniciar mi primer año de medicina… y a pesar de que era solo una chiquilla, fue amor a primera vista. Su cabello brillaba como el sol, sus ojos como dos preciosas esmeraldas… su sonrisa divertida e inocente, su piel nevada… todo en ella era hermoso… ella es hermosa.

Fue tan solo verla y caí rendido, por lo que le pedí a mi primo Archie que nos presentara. Lo que no supe hasta ese momento es que Annie, la novia de mi primo, era la hermana mayor de ese ángel rubio… ni que Candy ya estaba enamorada y en una relación estable con un idiota de su colegio…

El infeliz de Terrece Grandchester… un arrogante, malnacido, hijo de la gran puta aristócrata inglés, que es y fue siempre el primer amor de mi Candy.

Tuve la suerte divina de que, tres años después de conocerla y mantener una relación de cordial amistad con Candy, el imbécil de Grandchester tuviera que irse del país por compromisos con la nobleza británica. Mi bella ninfa quedó devastada, y yo aproveché entonces para acercarme más a ella. Fueron casi dos años en que me empeciné en conquistarla, y finalmente logré que saliera conmigo, dos meses después de que cumpliera sus veinte años.

En ese momento, yo estaba al tanto de que ella seguía en contacto con el antipático inglés. Sin embargo, sabía por boca de la misma Candy que el insulso de Grandchester le había pedido que rehiciera su vida, que no lo esperara pues él no estaba seguro de si podría volver. Ella recién iniciaba su negocio de postres, que llevaba a la par de sus estudios de administración y finanzas, por lo que accedió a darme una cita.

No puedo asegurar que se enamoró de mi perdidamente. Sé que le gustaba, que me quería mucho… pero que no me amaba… aun así me obsesioné con que fuera mi novia, en hacerla mía y borrar con mis besos y caricias todo recuerdo del maldito Grandchester de su cuerpo y de su vida.

Salimos por casi cuatro meses antes de pedirle que fuera mi novia. Quizás no brincó de felicidad ni me besó y abrazó con euforia, pero con una sonrisa y un casto beso en los labios, Candy aceptó estar en una relación conmigo. Mi familia estaba encantada… la de ella, pues no tanto… Pero a mí me importaba muy poco su opinión… acaba de iniciar mi internado en un hospital, solo esperando el cupo para empezar mis estudios de especialización en pediatría… y la tenía a ella…a mi ninfa… a mi Candy.

Por errores de cálculo y mi lujuria desenfrenada, después de ocho meses de noviazgo, Candy quedó embarazada. Y tuvimos que casarnos… en solo dos meses me convertí en su esposo… juro que no lo hice por obligación… en realidad yo la amaba… en mi mente siempre me vi formando un hogar con ella desde el primer momento en que la conocí.

Un día antes de nuestra boda, ella llegó a nuestra futura casa y pidió hablar conmigo. Hacía dos semanas que nos habían entregado las llaves de la vivienda, y yo me había mudado de inmediato, pues dentro de poco sería el hogar que compartiría con mi ninfa.

Esa noche, el rostro de Candy lucía desencajado y triste… las gemas en sus ojos estaban apagadas, con rastro de lágrimas todavía visibles sobre sus mejillas. Entonces ella me abrió su corazón… me contó que dos meses atrás, Terrence había estado una semana en Nueva York… y que se habían visto un par de veces. Que en esa semana había tomado la decisión de terminar conmigo. Entonces llegó la noticia de su embarazo, y supo que ya no podía dejarme… que su deber era estar a mi lado y juntos criar a nuestro bebé. Así que decidió despedirse de una vez y para siempre de Terrence Grandchester y abrazar una vida conmigo. Que la perdonara por su desliz y que a partir de ese día prometía cuidar de mí y de nuestra familia, ser una buena esposa, y quererme y respetarme por el resto de mis días.

No lo puedo negar… sentí rabia, dolor, miedo y vergüenza… me ofusqué, pero estaba seguro que jamás renunciaría a ella. Esa noche la hice mía de mil formas diferentes… marcando su cuerpo como propiedad privada… solo mía y de nadie más.

Pero después de nuestra boda y del nacimiento de nuestros gemelos, algo en mí se apagó. Y entre el estrés de mi residencia médica y la rabia que aún sentía por la confesión de sus sentimientos reales por el malnacido ese, me fui alejando… la fui alejando. Y tres años después de casarme, entró Karen a revolucionar mi vida sexual por un tiempo, hasta que me arrepentí por mis faltas y me enfoqué en recuperar el cariño de mi esposa y disfrutar de mis hijos.

Pero era débil… un pusilánime y un cobarde… y pasó Karen… y después fue Rose… y luego Katie… y Lana, Marian, Flammy, Elsa… algunas que solo fueron una noche de pasión… con otras pasé un delicioso par de meses… hasta que llegó Susanna...

Y en todo ese tiempo, podía ver el esfuerzo que hacía Candy por mantenernos unidos; fui testigo de las incontables veces que me llenó de mimos, que ideó una escapada romántica, que me apoyó en el cumplimiento de mis sueños… Pero yo no lograba olvidar su único error antes de casarnos… creo que en el fondo, nunca llegué a perdonarla y le guardaba un poco de rencor por eso….

Pero ella no era culpable de nada… siempre fue sincera respecto a sus sentimientos… que si bien yo no era el amor de su vida, era el padre de sus hijos, un hombre al que admiraba y quería con toda su alma.

Yo solo me dediqué a apagar esa llama cálida… del amor leal que ella me brindaba…. La humillé, la defraudé… rompí mis votos y la desprecié en el camino. El único culpable de todo era yo… yo mismo cavé mi tumba y sepulté todo resquicio del cariño que alguna vez existió por mí.

Hace cinco meses y dos días supe que Candy y los niños se habían mudado a una nueva casa junto a los Granchester… viviendo juntos como una familia. Hace cuatro meses y diecisiete días, Ryan y Rory cumplieron quince años, y me informaron que viajarían con su madre y su novio a Japón… que ese era el regalo de "Terry" por su cumpleaños… porque "Terry es un man super cool, papá"… "Su hija Emma es muy linda, y como es rubia, hasta parece hija también de mamá"… "A veces Terry nos ayuda con la tarea de Física, es un tipo muy inteligente, la verdad"

Y yo siento un gran vacío en el pecho… no sé si mis gemelos son conscientes del daño que me hacen sus palabras… solo espero que no sea así… no me perdonaría que ellos también me odiaran como me odio yo a mí mismo.

Hace tres meses y once días que los gemelos me contaron que tienen un gato llamado Clint y es su nueva mascota… regalo de Terry a su mamá. Hace dos meses y diez días que, en el Bar Mitzvah del hijo de un colega, mi amigo y socio Anthony me contó que vio a Candy en el supermercado, al lado de un hombre castaño… y que se la veía muy feliz.

Hace un mes y veintiséis días que Susanna se fue de la casa. Me dijo que estaba harta de vivir arrimada, que mis padres eran insoportables, que mis hijos eran aun peores, y que esa no era la vida que ella se imaginó al lado de un médico.

Si supiera que tampoco es la vida que yo imaginé para mí mismo.

Hace un mes y un día que me enteré de que Mathew no es realmente mi hijo… que Susanna mantenía una relación alterna con un enfermero que trabajaba en el mismo hospital que yo, llamado Tom. Ese mismo día entablé la demanda de anulación de paternidad y deshice todo contacto con ese niño al que nunca sentí como mío.

Hace veintiocho días que supe por boca de Archie, que Candy y el insufrible inglés se casarán a final de año… y que Candy está embarazada… nuevamente de gemelos…

Hace un día y doce minutos que vi a Candy a lo lejos… salía de un restaurante en compañía de Annie y su amiga Patricia… la curva de su vientre apenas si se nota… toda ella brillaba… lucía radiante…feliz… hermosa… como cuando la vi por primera vez… como cuando me enamoré de ella…

Y mi universo terminó por hundirse y desaparecer en ese inmenso agujero negro que creó mi propia desidia, soberbia y estupidez…

Hace una hora y veintiún minutos que sostengo la carta que Candy me entregó el día que me fui de la casa… la había conservado cerrada en su sobre todo este tiempo, sin atreverme a leerla… hasta ahora…

Abro la hoja y me dispongo a leer… y no puedo evitar llorar como un niño… cada palabra es tan cierta, tan certera como un dardo envenenado, que me arrastra hacia una muerte lenta donde solo acabaré abandonado, derrotado y solitario…

Así es y será mi vida desde el día en que decidí arruinarlo todo y dedicarme a despilfarrar y perder el tesoro más grande que me regaló el destino… y que no supe apreciar en su momento…


"Neil

La razón por la que escribo esto es porque necesito darle un cierre apropiado a 20 años de mi vida, sin que haya ofensas ni salgan a relucir las emociones. Y por eso recurro a la escritura, pues es mi mejor medio para expresar lo que siento.

En realidad, no espero que leas esto… has demostrado que yo te importo tan poco (o que me detestas lo suficiente), como para que te interesen mis sentimientos, o lo qué haré de ahora en adelante para encontrar un nuevo camino... pero si lo llegas a leer, espero no pienses que es un ataque ni confrontación para lanzarte mi rencor en cara; lo menos que necesito en estos momentos es odiarte, porque hasta sentir eso me hace daño.

Y es cierto, no te odio... lo que siento es una profunda tristeza y decepción... tristeza porque en toda esta tormenta me perdí yo misma... decepción porque nunca pensé que pudieras actuar de la manera en que lo hiciste.

Te di tantas oportunidades y en todas me fallaste… por eso es que he decido abandonarlo todo… Y el por qué tomé esa decisión puede tener muchas explicaciones, sin embargo, puedo resumirlo en una palabra: agotamiento… me cansé de tu desamor, de tu egoísmo y de que solo prevalecieran tus necesidades sin tomar en cuenta las mías.

He soportado callada muchas cosas… pero como te dije una vez, puedes tomarme por tonta, pero no engañarme... sé de Susanna, de Karen, de Katie, de Flammy… me faltaste al respeto demasiadas veces…

Nada significó el apoyo que siempre de mi recibiste, ni los sacrificios hechos, ni los sueños compartidos, ni los años vividos... la medida de mi valor como persona y como mujer estaría siempre proporcionalmente asociada a lo buena que podría ser en la cama... si eso no cumplía, entonces todo lo demás era multiplicado por cero... no servía...

Te has dado a la tarea de humillarme, irrespetarme y menospreciarme sin ningún tipo de remordimiento… y la verdad ya estoy cansada …

Yo por mi parte, reconozco mi cuota de culpa… debí obligarte a participar más en la crianza de los niños, y no aceptar tus desplantes y ausencias… debí buscar contigo las maneras de que pudieras ponernos como prioridad en tu vida, y no permitirte que pusieras por delante tu trabajo… debí hacerte más responsable de nuestro hogar y no cargar con la mayor parte de las obligaciones económicas…

Sí... debí hacer muchas cosas…. Tratar de superar los escollos y convencerte de que eras mi compañero de vida, y no solo tu esposa de papel y la madre de tus hijos… lastimosamente ya es muy tarde.

Y es aquí cuando me pregunto ¿por qué? ¿por qué hacerme tanto daño? Tú crees que para mí era fácil vivir así... que era fácil inventar excusas ante tus hijos para justificar tus ausencias y llegadas tarde, llorar hasta secarme, pasar noches en vela esperando que llegaras bien porque, pese a todo, aún me preocupaba por ti... crees que fue divertido afrontar los números rojos de mi negocio, viendo cómo hacía para poder completar los gastos, mientras tú gastabas tu tiempo y dinero manteniendo y apoyando a otra persona, sin siquiera recibir de ti un gesto de empatía y consideración...

Tu vivías en tu mundo de miel y fresas... vida de soltero con divertidas noches de sexo irresponsable… mientras yo vivía mi infierno personal… y no sé...no te entiendo...¿porqué te ensañaste conmigo para herirme tanto? Por más vueltas que le doy, no logro una respuesta sensata... lo único que viene a mi mente es que querías completar tu ciclo y de alguna manera vengarte por todo lo que pasó con Terry y que te confesé antes de nuestra boda... si es así, pues ¡muchas felicidades... lo lograste con creces y te vengaste con honores!... me destruiste al grado que ya no sé ni quien soy... soy una persona vulnerable, insegura, incompleta...Querías una cáscara vacía, un cristal roto, un alma desgarrada... pues, enhorabuena… ya lo tienes...

Como Ryan me dijo el día que te fuiste… tú en realidad no eres, y quizás nunca fuiste, realmente mi esposo… porque un esposo jamás haría las cosas que hiciste tú…y en realidad nunca me amaste… porque eres débil y egoísta … y siempre lo has sido… lamentablemente, y a pesar de las señales, no quise darme cuenta a tiempo… y ahora solo me queda recoger las piezas quebradas y empezar de nuevo.

Y pese a todo lo anterior y a esta sensación de ira, dolor, pérdida y derrota que ahora me invade, si algo he aprendido en este año y en medio de tanto sufrimiento es que, no importa que tan fuerte haya sido el impacto y cuan profundo haya caído... hay un Dios que pelea conmigo mis batallas… su misericordia infinita me sostuvo todo este tiempo... y el amor de mis hijos me dio y me sigue dando fuerzas para continuar... puede que ahora esté rota, rasgada, herida, dañada... que haya sido llevada hasta mis límites y más allá…. pero estoy segura que, como el fénix, renaceré de mis cenizas y volveré a levantarme... desde el suelo... como un rascacielos...

Aún no es mi final... ni has visto lo último de mí….

Espero que todo esto haya valido la pena... y que por fin hayas encontrado la felicidad, teniendo la vida y a la mujer que siempre soñaste.

Adiós Neil... y de verdad espero que seas feliz…

Tu por desgracia aún legal esposa

Candice"

FIN


Tarde, pero llegó... mil disculpas por la demora

Este OS toca ciertas fibras en mí... nace de una experiencia personal, y que impacto demasiado en mi vida... escribir sobre ella es una manera de drenarlo todo... la carta que Candy entregó a Neil es un extracto modificado de una carta real entregada a su destinatario en su momento

Espero haya sido de su agrado... yo la verdad disfruté escribirlo...

Cuídense... nos leemos pronto