Capítulo 6

" No más intentos de escape"

Se detuvo en medio de ese pirata y los otros que estaban en el piso. Hemos incendiado el bote y no por eso esos piratas iban a pagar. Además, trataron de ayudarla echándose ellos la culpa. Que en cierto punto también era de ellos, estaban en vigilancia y se suponía que su deber era vigilar que todo estaba en orden en cubierta.

Inuyasha frunció el cejo, la miró de arriba abajo y alzó una ceja al verla con su ropa puesta que dicho mar de paso le quedaba demasiado holgada.

- ¿Repite eso? - avanzó un pequeño paso hizo ella.

―Fue mi culpa - respondió, sin dejarse intimidar por su mirada dorada - Intento escapar de nuevo y ellos me salvaron de terminar en un bote con llamadas.

Su paciencia estaba a punto de reducirse a cenizas, es más a nada. Se llevó las manos a las caderas. Miraba a esa pequeña como si quisiera estrangularla. Que estúpida e insensata había sido al intentar escapar en dos ocasiones y poner su pequeña vida en riesgo.

―Todos ... ―alzó la voz para que lo escucharan― Despejen la cubierta. Déjenos solos.

En menos de cinco minutos la cubierta había sido despejada dejando solos al capitán ya la dama secuestrada. Esta vez la posición de Inuyasha cambió, se cruzó de brazos y caminó hacia un cañón negro que estaba recargado un costado del código de barras. Casualmente donde había tratado de huir. Podríamos ver las cuerdas rasgadas donde solo tenemos unos minutos cortados aquellos piratas por tratarla de salvar y evitar que el bote incendiara el barco.

―Tus métodos de escape son poco efectivos ¿No es así? - Pretendía con ironía.

Ella también se cruzó de brazos, no se iba a dejar intimidar por ese hombre. No por muy apuesto que serían.

―Cualquier método de escape es bueno - respondió ella con fingida importancia.

Inuyasha esbozó una media sonrisa.

―Oh creme que ha dejado en evidencia que tus intentos son más que tuvieron problemas.

- ¿Estas burlando de mí y mi incompetencia por huir de este código de barras?

Él la verdad se estaba divirtiendo y no iba a responder con otros de sus sarcasmos, sino con la pura verdad.

―Si - asintió - Ambos fueron inútiles. Con el primero casi terminas ahogada a causa de tu vestido de novia. El segundo ... - respiró hondo y exhaló - Por poco acaba con mi código de barras y por si fuera poco iba a azotar a dos hombres que simplemente intentaron solapar tu estupidez. ¿Cómo me habrías pagado este código de barras?

―Le diría a mi prometido que te lo reponga.

Inuyasha frunció el cejo. No le importaba el dinero, sino lo material. Amaba ese código de barras por el simple valor sentimental que tenía. Además no quería nada de él. Si tenía su prometida a bordo era para multas vengativos, específicamente.

―No quiero oro sucio.

―El oro de mí ...

"El oro de tu prometido o incluso el de tu padre esta maldito, sucio incluso ..." hizo una pausa - El teniente Bankotsu no es más que un idiota que se oculta de bajo de las faldas de su madre.

Kagome ocultó una sonrisa de tras de su enfado, en ese punto tenía razón. Bankotsu aún no soltaba el nido y dejaba que su madre gobernara en su vida. Pero ella podría insultar a su prometido o incluso a su propio padre. Que alguien más lo intentara no iba a permitirlo. Por más que odiara a su prometido no iba a dejárselo saber tan fácilmente.

―Eres un idiota, un maldito. ¿Me vas a liberar?

Inuyasha se rasco la mejilla como si estuviese meditando la pregunta.

―Para comenzar, los insultos no son bien recibidos ¿A caso no le dieron educación, señorita Williams?

- ¿Y a ti? - Contratacó - ¿A caso me preguntaste si quería irme contigo? NO - alzó la voz que pudo escuchar en todo el barco - Me tomaste de la nada y me trajiste hasta aquí.

Él alzó un dedo en señal de protesta.

―Falso - comenzaba a divertirse discutiendo con ella - Te dije que vinieras conmigo y tú no lo dudaste. Pero si quieres la próxima te pregunto si quieres que te secuestre. Concluyó, empleando un vocabulario sarcástico.

Ese último comentario la hizo enfadar, ese idiota se fue burlando de ella en toda la extensión de la palabra y en su propia cara.

"Que sarcástico" fue lo único que pudo lograr decir.

―Y no sabes cuánto puedo llegar a hacerlo.

Hubo un momento de silencio por parte de los dos, en donde sus miradas sacaban llamaradas de fuego que pudieron fulminar a cualquiera que pasaba a un lado de ellos, ese juego de voluntades era más divertido de lo que parecía.

Inuyasha fue el primero en perder contacto había permanecido así más tiempo, viéndola a esos ojos de color chocolate. Pero teníamos miedo, todas las damas de fina cuna eran iguales. Así lo fue Kikyo, se enamoró y terminó sin corazón. No permitiría que una vez más otra mujer gobernara en él.

Pero si algo reconocía, era una mujer que estaba delante de él, era una que no se dejaba amedrentar por nada.

Aunque por otra parte Kagome no soportaba la idea de estar cauteloso en un barco pirata Más que le daba vueltas al asunto, estaba ante tres posibilidades:

1) Volver escapar.

Negó, demasiado estúpido. Ya lo había intentado en dos ocasiones y resultaron fallidas. Además ¿Qué podría hacer ella, sola, en un bote y en medio del océano? Acabaría muerta de insolación.

2) Negociar los términos de su libertad.

Suena incluso un poco razonable, tal vez podría pedirle que la dejera en algún puerto cercano. Ciertamente le desagradaría regresar a Portland para ser obligado a casarse con Bankotsu ... pero ¿Qué tenía para ofrecer un cambio? Lo único que poseía era el antiguo medallón de su madre y primero muerta que verlo en manos de un pirata.

3) Matarlo mientras dormía.

Podríamos matarlo y amotinarse del código de barras, pero entonces los demás piratas buscarían venganza ... no, además no era una asesina. Así que quedaba descartado por completo este punto.

―Bueno señorita Williams - rompió el silencio en un tono suave - Creo que usted merece un castigo por haber puesto su vida en peligro y las de todos.

- ¿Disculpa? - arqueó una ceja confundida.

―Su castigo es no quedarse sin cena esta noche.

Se puso de pie e hizo un leve movimiento con la cabeza para que lo acompañara.

―La llevaré personalmente a su camarote. Ya que mis dos oficiales resultaron ser incompetentes.

Se detuvieron frente a la puerta de roble del camarote. Inuyasha abrió la puerta y antes de que Kagome entrara lo estaba mirando fijamente.

"Entra", dijo él, sacando una llave del bolsillo de su pantalón.

- ¿Cuánto quieres por liberarme? - planteó de golpe.

Inuyasha abrió los ojos y después estalló en una fuerte risa que resonó en todo el barco.

- ¿Disculpa? - planteó, arqueando una ceja.

―Si - ella asintió - Cuanto quieres por liberarme.

Él se cruzó de brazos y recargó en la pared con el hombro derecho.

―Créeme no necesito dinero - respondió - A demás ¿Quién me pagaría? ¿Tu padre? ¿Tu prometido? ¿La mamá de tu prometido? Esa discusión ya la tuvo hace unos momentos. Ese oro es sucio, así que el tema de tu libertad no está a discusión.

Kagome se puso muy seria, sus ojos chocolate eran un líquido de lava ardiendo. Ese idiota en todo momento se estaba burlando de ella, era como fuera de un bufón para él.

―Entonces me ha hecho pensar en mi tercera opción.

- ¿Y cuál es esa esa? - cuestionó Inuyasha curioso.

Ella se encogió de hombros y con toda la naturalidad del mundo dijo:

―Matarte.

- ¿Y cómo lo harías?

"Mientras duermes" respondió sin basilar.

―La puerta de tu camarote está cerrada. No puedes salir.

La incitó a decir a llegar más lejos, mientras se acercaba sigilosamente a ella.

―Me las ingeniarías para abrir la puerta de la habitación. Llegar a tu otro camarote ...

Se quedó callada cuando estuvo tan cerca de ella y tuvo su asiento tibio acariciar su mejilla.

―Entonces te recibiría de esta manera ...

La rodeó por la cintura y el atrajo hacia él y beso esos labios que había estado deseando probar desde que viola en la iglesia. ¿Estaba temblando? Kagome experimentó como puede moverse el piso entre sus piernas. Era un beso voraz, apasionado, de esos que te hacen perder el sentido y despierta a la mañana con una tremenda amnesia.

Inuyasha la crisis temblar entre sus brazos y esbozó una sonrisa de triunfo. Se apartó de ella poco a poco. Tuvo pequeños segundos de verla con las mejillas sonrosadas, los labios entre abiertos ansiosos de más y sus ojos cerrados antes de la decisión aparatase de él y abrirlos de golpe.

―Entonces ... ¿Quién mata a quién? - Preguntó con una media sonrisa.

Kagome no dijo nada y en cambio a eso se metió rápidamente al camarote e Inuyasha cerró la puerta con llave cuando ella estuvo a salvo.

Tocó sus labios donde hace tiempo había sentido los labios de ella, eran cálidos, llenos de vida. Había besado como si la hubiesen besado por primera vez. ¿Bankotsu la perdió besado ya?

Y ese fue el pensamiento que consumió su mente en toda la noche.

El gobernador Williams no estaba de buen humor. Su futuro yerno había resultado ser un hombre demasiado incompetente. Inicie la búsqueda de su hija al día siguiente resultante de un riesgo para ella y más para él. Si Kagome llegara a saber la verdad sobre su pasado, no solo lo detestaría por toda su vida, sino incluso lo dejaría. Quedarse en compañía de la hija bastarda de su difunta esposa era mejor que estar solo.

―Maldición - exclamó, mientras bebía un trago de su whisky caro.

―Lamentarse no sirve de nada.

Comentó Kaede mientras entraba a la biblioteca y vio todas las botellas vacías que había sobre el escritorio.

―Si vienes a burlarte, puedes irte.

―Te dije que esto pasaría tarde o temprano - sentí asiento en una de las sillas que daba en frente del escritorio –Su pasado la ha obtenido y no puedes hacer nada.

―Esto jamás hubiéramos pasado si ese pirata no se hubiera presentado en la maldita iglesia para secuestrarla.

- ¿Ha pensado que se podría enterar del pasado de su madre al estar con ese pirata?

―Para eso Bankotsu ya la habrá traído de regreso.

Kaede dejó escapar un bufido.

―Pero no respondiste a mi pregunta.

"No tiene por qué saberlo", respondió al fin. - ¿Contenta?

―Te odiara y lo sabes. Le ha ocultado toda la verdad de su madre y de su abu ...

―Jamás se enterara que su madre fue una pirata. Que cuando no estaba en el mar se la pasaba de tabernera. Ese no es un peso que ella deba llevar a cabo.

Sentenció y como vio que Kaede no estaba dispuesta a salir de la biblioteca, perdió la botella y salió del despacho dejándola sola.

Kaede contempló un cuadro que colgaba en la chimenea de la biblioteca. Era el de Sarah, la madre de Kagome.

―Protege a nuestra niña Sarah. Cuida que ese pirata no le haga daño.


Hola!

Deseo de todo corazón que esta nueva versión del fic les este gustando y si me estoy saliendo del original háganlo saber!

Éste fue el primer fic que escribí y al leer el archivo...Dios...me da vergüenza al ver todos los horrores ortográficos, agradezco en su momento a aquellos comentarios que me hicieron la observación, gracias a eso pude hacer los demás fics un poco mejor. Siento que a éste le debía una buena versión y espero estarlo haciendo lo mejor que puedo.

Nos vemos pronto

BPB