Capítulo 7
Francamente a él tampoco le apetecía cenar. Llegó molesto a su otro camarote, cerró la puerta y se le quedó viendo por un momento la perilla y esbozó una media sonrisa, sonrisa que terminó en una leve risilla al pensar en el patético plan de aquella menuda mujer.
"Matarlo"
Muchos habían intentado matarlo en el pasado y todos ellos fracasaron en el intento, ahora yacían tres metros bajo tierra mientras que los gusanos se comían sus carnes. Y esa mujer mimada pretendía matarlo mientras dormía y según ella se las podría ingeniar para salir del camarote donde se encontraba encerrada para así llegar donde él. Había resultado ser muy hábil para escabullirse así que por no dejar puso cerrojo a la puerta.
A estas alturas consideraba que había sido un rotundo error haberla secuestrado, no solo la muy tonta había puesto en peligro su vida, sino que por poco acaba incendiando su barco. Un barco al cual le tenía un profundo amor.
Se dejó caer pesadamente en una silla y arrastro una botella de ron hacía él. Comenzaba a sentir una ligera punzada en la cabeza. De inmediato los recuerdos de aquel beso lo invadieron violentamente.
¿Cómo era posible que se atreviera besarla?
Él, que odiaba los de su clase, fue capaz de caer tan bajo como para permitirse sentir sus labios suaves unidos a los suyos. No la había besado por el parecido que tenía con ella, sino porque le nació, envuelto ante el impulso y la adrenalina de solo imaginar cómo se escaparía hasta su camarote para llevar acabo de plan.
Llamaron a la puerta, suspiró y cerró los ojos.
―No quiero hablar con nadie.
―Soy yo, Miroku.
―Aun así no quiero ver tu cara.
Miroku se apartó un poco de puerta y alzó una ceja confundido. Jamás se había negado a verlo e incluso nunca cerraba la puerta de su camarote con llave. Lo que le daba a entender que realmente la estaba pasando muy mal.
Pero como no quería averiguar qué era lo que le causaba mal humor, tomó unas copias de llave y abrió la puerta. En cuanto entró, miró a su capitán. Éste tenía la mirada perdida en algún punto, un dedo sobre su cien y en la otra mano, una botella de ron.
Cuando Inuyasha se percató de la presencia de su segundo a la mano, lo fulminó con la mirada.
―Dije específicamente que no deseaba ver tu cara.
Su segundo al mando no pudo ocultar borrar la estúpida sonrisa en sus labios y en lugar de darse media vuelta y dejarlo en solitaria inmensidad de su amargura, tomó asiento en una silla y subió los pies al escritorio, algo de inmediato Inuyasha le hizo una seña para que los bajara.
―Noto un ligero humor agradable en ti – comentó con sarcasmo ― ¿Es por la damisela?
Él frunció aún más el cejo, se apoyó en el respaldo de la silla y se cruzó de brazos.
― ¿Y tú no tienes otras cosas más importantes que hacer como fastidiar a tu capitán?
― ¿Francamente? – Tuvo que controlarse para no reír – No, me gusta fastidiarte.
De pronto en la habitación comenzó a reinar el silencio. En el interior sólo se podía escuchar el crujir del barco y como éste cortaba el viento. Miroku pasó de un rostro divertido a uno serio.
― ¿Has notado el medallón que lleva con ella?
Al escuchar esa pregunta el levantó la cabeza y se encontró con la mirada de su amigo, no le quedó más de otra que asentir. Lo había reconocido en cuanto sus ojos se habían centrado en él, pues era una de las joyas que el gran Myoga le había regalado a su hija Sarah antes de largarse con un Lord.
―Sí, fue uno de los principales motivos por los cuales la secuestre. No me creas estúpido, no solo me mueven los deseos de venganza. Pero que ella fuera la prometida de ese idiota y además llevara aquel medallón, fue algo que tuve que aprovechar.
― ¿Y qué piensas hacer?
Inuyasha posó la mano en la barbilla pensativa.
―Primero es mi venganza contra Bankotsu. Enamoró a su prometida, la hago y mía y por último se la dejo como un trapo sucio e inservible. Tal cual lo hizo él. Pero después le quito ese medallón, ella no tiene derecho de llevarlo.
Pero a Miroku no le agradó en absoluto los planes que su capitán aguardaba con respecto a la dama. Ante todo era una doncella de sociedad, la cual, a pesar de estar en un barco pirata en calidad de secuestrada, merecía total respeto. Y por su expresión Inuyasha adivino sus pensamientos.
― ¿Ahora qué?
―Nada – se encogió de hombros – Sólo pensaba.
― ¿Pensar, tú?― bromeó.
Bueno, lo estaba orillando a decir lo que pensaba justo en esos momentos y como el tipo sincero que era, no iba a dejarlo pasar.
― ¿Hasta cuándo planeas dejar esa venganza en contra de Bankotsu? – Preguntó –Llevas más de diez años planeándola.
―Planeo seguir con esa idea siempre – respondió en tono seco – Y ahora que tengo la oportunidad de destruirlo, de pagarle justo con la misma moneda, no pienso dejarlo pasar.
―Ese es justo tu problema y no lo quieres ver – lo apuntó con un dedo – Te aferras tanto al pasado, a tu venganza con tal de mantener vivo el recuerdo de esa mujer.
― ¡Ni me la menciones! – Exclamó molesto – No tiene nada que ver ella en esto.
― ¿Entonces porque no mejor dejar en libertad a esa doncella? – preguntó con astucia.
Inuyasha abrió la boca y después la cerró sin tener la menor idea de que responder, a veces Miroku lo llevaba a un punto muerto, lo dejaba entre la espada y la pared.
―Jamás podré olvidar que la amé. Jamás podré olvidar el daño que me hizo al elegirlo a él. Cuando una mujer te haga lo mismo a ti, entenderás mis razones – sentenció al fin.
Miroku lo miró por última vez y asintió, quedando así el tema finalizado. Pero aún había otro inquietante, el cual tampoco iba a dejar pasar.
―Tal vez exista la posibilidad de que ella sea la hija de Sarah Higurashi….― hizo una pausa al ver la mirada helada de su amiga y después añadió – Tal vez sea nieta del difunto Myoga, cuya mera existencia Sarah ocultó.
Inuyasha frunció el cejo y golpeó con mucha fuerza el escritorio, el ruido seco hizo que Miroku se sobresaltara un poco.
―Nunca vuelvas a decir esa estupidez – le apuntó con un dedo – Ella desapareció hace mucho tiempo con la criatura que llevaba dentro y esa muchacha malcriada no puede ser la hija de ella.
―Pero está la posibilidad.
―No hay ninguna posibilidad – lo fulminó con la mirada – Punto final y ahora vete, deseo estar solo.
Se dejó caer en la cama y por inercia sus manos llegaron hasta sus labios, justo ahí donde momentos antes ese hombre la había besado. No lograba adivinar qué era lo que sentía justo ahora. Sólo podía sentir como los latidos de su corazón se aceleraban y le cosquillaban las palmas de las manos al revivir aquel beso.
―Oh vamos – se recriminó ella misma – Sólo fue un beso, nada sin importancia.
Pero ese nada sin importancia hizo estragos en su corazón. Odiaba la sensación que ese hombre lograba producir en ella. No llevaba ni dos días y ya sentía cosquillas en el estómago.
Su estómago crujió y un hueco se abrió paso en él. Si al menos no hubiese sido tan estúpida como para intentar escapar, en estos momentos estaría cenando. Si al menos ese pirata no la hubiera secuestrado, se habría casado con Bankotsu y a estas horas estarían consumando el matrimonio. Ese sólo pensamiento la hizo poner la piel de gallina. Al menos en algo debía agradecerle a ese inquietante hombre y esa era el haberla salvado de un matrimonio no deseado.
Como ella misma lo había pedido "Un milagro" y probablemente su madre se lo había puesto en el camino.
―Gracias madre – dijo mirando al techo – Por ese milagro.
Alguien entró a la habitación y era Hoyo, quien le llevaba una bandeja con algo de comida. Ella se incorporó en la cama y contempló como el joven la dejaba en una mesita de noche.
―No podía dejarla sin comer – respondió el chico – No está en mi naturaleza ser descortés con una dama.
De pronto Kagome se sintió mal por él y de modo en como lo había tratado de meter en problemas.
―Siento haberme escapado – respondió ella. – No quise meterte en problemas.
―Descuide – él se encogió de hombros – El capitán puede mostrarse un poco severo o incluso cruel, pero en el fondo es un buen hombre.
―Si es un buen hombre como dices…― hizo una pausa ― ¿Por qué me secuestró?
El joven carraspeó ante su cuestionario sin saber que responder, lo vio ponerse rojo de vergüenza y señaló la bandeja.
―Es mejor que coma, no quiero que la descubran.
―Gracias Hoyo.
Pero cuando él estuvo a punto de irse Kagome lo retuvo.
―No me gusta comer sola ¿Puedes quedarte conmigo?
Él miró a la puerta y después a ella, la cerró y fue a su encuentro. Tomó una silla y no se sentó hasta esperar a que ella lo hiciera y le diera el primer bocado a su comida. Kagome cerró los ojos en cuanto la sopa liquida calentaba su garganta. Comer le estaba produciendo un placer inmenso, incluso si a veces no lo hacía se ponía de mal genio y por poco estuvo a que pasara eso.
― ¿Por qué tiene esos azotes en la espalda? – preguntó de golpe.
Kagome agarró un vaso lleno de vino y le dio el primer trago. Suspiró ante la pregunta y el simple hecho de recordarlo le producía escalofríos.
―Por desobedecer a mi padre.
― ¿Intentó escapar de él?
Ante el comentario sarcástico no pudo evitar esbozar una débil sonrisa y negó, ojala hubiese sido por eso y no por ir en contra de él.
―No Hoyo. Le hice saber que no deseaba casarme y me azotó.
Hoyo frunció el cejo y a juzgar por su expresión, podría decirse que estaba enfadado.
― ¡Que cobarde! – Exclamó – Le juro que a partir de este momento personalmente la cuidaré hasta lo que decida hacer mi capitán con usted.
Kagome no respondió y simplemente agradeció su gesto con una inclinación de cabeza y se centró de nuevo en su cena clandestina.
―Gracias – ella asintió – Y yo prometo no meterte en ningún problema, hasta lo que decida hacer tu capitán conmigo.
Hola!
Pues aquí a darle, sé que les he traído capítulos más largos y prometo hacerlos de esa manera. Sólo que al ver la versión vieja del fic me he dado cuenta que los capítulos fueron muy cortos y hasta a veces me enfado conmigo misma por los horrores ortográficos, pero gracias a los comentarios del pasado, me hicieron crecer (en cerio, totalmente agradecida).
Háganme saber si esta versión de Mi Destino les esta gustando. Aclaro de una vez que no voy a "Mi Destino siempre estuvo a tu lado "nuevas lectoras.
Cuídense mucho!
BPB
