Y ya saben que esto no puede faltar. Estos personajes no me pertenecen, son creación de Stephanie Meyer, y la hermosa historia es de la fantástica autora hikingurl, yo solo traduzco ;)

Gracias infinitas a mi compañera de armas y amiga, Erica Castelo por ayudarme con otra traducción más, con sus consejos y correcciones de ortografía :P


Capítulo Cuatro: Dolor

Fecha: 13 y 14 de Marzo del 2003

Lugar de inicio: Campamento a ocho kilómetros más allá de Woody Gap Road

Destino: Neels Gap

Total de kilómetros de viaje: 50

BPOV

Una tarde caliente dos días después, bajo tambaleándome por la escarpada y rocosa pendiente de montaña Blood a la autopista 19 en Neels Gap. El sendero de los Apalaches cruza el camino frente al Centro Walasi-Yi, un edificio de piedra y madera construido en los años treinta por el Cuerpo Civil de Conservación. Un centro de visitantes ocupa la mitad del edificio mientras la otra mitad alberga una tienda llamada Mountain Crossings. Planeo remplazar la mayor parte de mi viejo equipo y comprar comida y suministros allí. También hay un albergue en el sótano para excursionistas donde espero poder conseguir un camastro y una muy necesaria ducha caliente.

Apenas logro llegar a la mesa de picnic afuera en el patio antes de quitarme la mochila y mis botas de montaña, gimiendo por el alivio de inmediato. Estoy en muy mala condición, un estado del que yo soy culpable. Aunque sé qué tengo que hacer, cometí un error de excursionista principiante—demasiados kilómetros, demasiado rápido, demasiado pronto.

Después de un día tranquilo de aproximadamente once kilómetros, había acampado en el claro rodeando el refugio de la montaña Hawk.

Con solo un puñado de personas quedándose en el refugio, había suficiente espacio para que me uniera a ellos, pero prefería mucho más la privacidad de mi pequeña tienda para una persona. Los extraños, particularmente hombres, siempre me han habían hecho sentir incómoda y la idea de dormir junto a alguien que apenas conocía era algo que ni siquiera podía considerar.

Con tiempo suficiente y combustible, aproveché la oportunidad para calentar algo de agua para un lavado rápido, antes de cocinar una comida liofilizada (1) de ternera stroganoff. Después, firmé el registro del refugio, escribiendo la fecha y una breve alusión a mi siesta en la cascada, antes de terminar con mi nuevo nombre de sendero, Rella. Vi que Allday y Dreamer habían pasado la noche anterior aquí así como los dos marines, Ghost y M&M.

Una entrada de dos mujeres, Yellow y Wonderland, con fecha de varios días antes me hizo reír al leer su descripción de ser atacadas por el ratón del refugio después de olvidar sujetar sus bolsas de comida a los ganchos a prueba de ratones suspendidos al frente del alerón del refugio. Un error que tengo cuidado de no cometer.

Al oscurecer estaba en mi tienda, acurrucada en mi acogedora bolsa para dormir y unos momentos después, estaba profundamente dormida.

El sol me despertó temprano la mañana siguiente, y una vez más se me bendijo con el día perfecto para caminar. El sendero fue relativamente fácil, algunas subidas y bajadas, seguidas de más subidas y bajadas, con unas cuantas secciones planas para avanzar. El sol estaba caliente, la brisa fría. Estaba descansada y bien alimentada. Mantuve mi mente centrada en el presente, negándome siquiera a pensar en algo más que el bosque, las flores silvestres, y el canto de las aves celebrando mi paso.

Los kilómetros y horas pasaron velozmente al escapar en las demandas físicas del senderismo. Llegar a la cima de cada colina y cumbre significaba un descanso para agua y un refrigerio. Comí unos cacahuates y bebí agua, fresca y fría del arroyo de una montaña, mientras el suave viento secaba el sudor de mi cuerpo, y me maravillé ante las vistas distantes que se abrían frente a mí. El rítmico clic, clic, clic de mis bastones de senderismo marcaron el ritmo de mis pasos y mi respiración agitada al impulsarme por cada sección plana.

El aire estaba saturado de un olor mohoso de vegetación en descomposición y tierra calentada por el sol. De vez en cuando el sendero cruzaba sobre una pendiente de cara al sur y me encontraba con una ladera cubierta de flores silvestres de aroma dulce. Aves, e incluso unas cuantas mariposas, me hicieron compañía y una vez, una pequeña culebra de collar se deslizó rápidamente fuera de la vista después de que casi la pisé.

Me rodeé de la paz y tranquilidad del bosque.

El refugio de la montaña Gooch fue una caminata de un poco más de once kilómetros de dónde había pasado la noche. Comí mi almuerzo de prisa allí antes de volver al sendero. Al caer la tarde, crucé hacia Woody Gap, avanzando otros diez kilómetros en el sendero.

Había un área de picnic a un lado del camino en Woody Gap, localizada justo a un lado del pequeño estacionamiento donde el sendero cruzaba un camino rural antes de empezar a subir la montaña Big Cedar. Una hielera que estaba sobre una de las mesas llamó mi atención. La abrí para encontrar refrescos fríos y una nota de un senderista previo, deseándonos buena suerte en nuestra caminata. Junto a ella estaba una bolsa de papel llena de pequeñas bolsas de papas fritas. Fue mi primera experiencia con la magia del sendero—regalos de comida u otros suministros que otros senderistas dejaban en el sendero. Comí unas frituras saladas y bebí la cola cargada de azúcar y cafeína, dejando que mi camisa empapada por el sudor se secara con la brisa de la tarde.

Los treinta minutos de descanso me dejaron sintiendo descansada y renovada y ataqué la empinada cuesta arriba después de cruzar el camino, sintiéndome poderosa e imparable. Sin embargo, llegó rápidamente la oscuridad, y finalmente tuve que aceptar que tenía que dejar de caminar y encontrar algún lugar para acampar.

Cuando el sendero cruzó el riachuelo de una pequeña montaña, lo seguí fuera del sendero hacia una buena área plana donde instalé rápidamente mi campamento, comí una mezcla de frutos secos y, después de asearme rápidamente en el helado riachuelo, me cambié a una abrigadora ropa seca y me metí a mi bolsa de dormir. Me quedé dormida, engreída al saber que había logrado caminar casi veintisiete kilómetros ese día.

Estaba genuinamente orgullosa de mí misma.

Dos horas después, estaba gritando de dolor al luchar por salir de mi bolsa de dormir y la tienda, tambaleándome al ponerme de pie mientras trataba de detener los calambres agonizantes en mis muslos y pantorrillas. Todo me dolía—mis dedos, mis tobillos, mis caderas, mis hombros, incluso las plantas de mis pies. Di vueltas en la oscuridad, buscando en mi mochila mi kit de primeros auxilios. Después de pasar un par de ibuprofenos y un largo trago de agua, me volví a meter en mi bolsa, dando vueltas para encontrar una posición cómoda en mi colchoneta. Exhausta, me quedé dormida, solo para repetirlo todo varias horas después.

Revisé mi reloj cuando el dolor me despertó la tercera vez. Eran las cuatro de la mañana. Esta vez me puse zapatos y una chaqueta y caminé despacio por mi campamento estirando y flexionando mis músculos que protestaban, tratando desesperadamente todo lo que calmaría el dolor. Me reí de mí misma al cojear por todos lados; solo tenía veinticuatro años pero me movía como si fuera una anciana. Esto es lo que sucede cuando pasas demasiado tiempo sentada en un salón de clases, o frente a una computadora, o en reuniones todo el día, y luego decides ir de excursión cargando una mochila sin preparación.

Finalmente, me senté en una roca cercana, cerrando mis ojos y escuchando la oscuridad. Estaba tranquilo, casi de forma escalofriante. El silencio era agobiante, era casi una presencia inteligente que parecía estar un poco más allá de mi percepción. Inhalé el aire frío nocturno, invitando a la paz que parecía ofrecer a mi mente y mi cuerpo.

La abuela Higginbotham creía en los espíritus, toda clase de espíritus. Sus favoritos eran la "gente pequeña"—el nombre tradicional Cherokee para los seres espirituales que a menudo vivían en el bosque y algunas veces ayudaban a la gente que estaba perdida, no solo perdida físicamente, sino a aquellos que estaban tristes o confundidos y habían perdido el camino en la vida. Me había reído de sus historias, la matemática y científica en mí se rehusaba a creer en cualquier cosa que no pudiera explicarse con razonamiento lógico o científico.

Una noche me llevó por el brazo, sacándome al prado frente a nuestra cabaña y—apuntando al cielo lleno de estrellas arriba—me preguntó si mi lógica y razonamiento podía explicar la belleza que se extendía sobre nosotros. Empecé a recitar explicaciones de estrellas y órbitas planetarias y teorías de múltiples universos, solo para ser interrumpida por un centelleante rayo de luz cruzando el oscuro cielo. Le siguieron dos más mientras la abuela y yo mirábamos… sin palabras por el asombro.

Cuando traté de explicarlos como meteoritos ardiendo en la atmósfera de la Tierra, ella se volvió hacia mí con una sonrisa cómplice. "Oh niña," preguntó, "¿y cómo explicas que estuviéramos juntas aquí, en este preciso momento, para ver esos meteoritos en el cielo?"

Sabía que probablemente había todo tipo de estadísticas que podían explicar la posibilidad que las dos estuviéramos en ese lugar preciso, en ese momento preciso, y viendo esos precisos meteoritos, pero los números eran demasiado desconcertantes para que los registrara mi cabeza.

La imprevisibilidad de los eventos de esa noche se quedaron conmigo. A menudo pensaba en la pregunta de mi abuela. Mi necesidad de integrar el caos de lo imprevisible con los patrones ordenados de los números condujo a las teorías que utilizamos para desarrollar los programas de seguridad de nuestra empresa. La empresa y los programas que Edward se llevó con él cuando aceptó la posición de presidente de división con la Banca Internacional Volturi.

El fuerte chasquido de una rama rompiéndose interrumpe mi cavilación y abro mis ojos, volviéndome rápidamente hacia el sonido. Seguido del crujido de movimiento en las hojas secas sobre el suelo del bosque, pero no puedo ver nada en la oscuridad. Me digo que probablemente es solo una pequeña criatura de la noche investigando al gran ser que ha invadido su espacio.

El frío de la noche se ha filtrado a mis huesos y necesitaba desesperadamente dormir más antes de enfrentar los 1732 metros de elevación al subir la montaña Blood por la mañana y los diez kilómetros que me llevará llegar a Neels Gap más tarde ese día. Al ponerme de pie y estirarme, un destello de luz llama mi atención y observo con asombro como una estrella fugaz atraviesa el cielo nocturno sobre mí. Sigo su camino, viendo el haz resplandeciente mientras se dirige al norte.

Mucho tiempo después que finalmente desaparece de la vista, me quedo mirando al cielo sobre mí. Sin la luna y las luces de la ciudad que desluzcan su gloria, las estrellas son diamantes pulidos relucientes contra el grueso terciopelo negro, un collar de joyas colgando del cielo color ébano. Distingo algunas de las constelaciones—diseños reconocidos entre las desordenadas estrellas rodeándolos. Caos y orden, patrones y aleatoriedad, la dicotomía que gobierna mi vida y me obliga a tratar de organizar todo en acontecimientos ordenados, razonables y lógicos. La peculiaridad de mi cerebro que se esfuerza por comprender y controlar los eventos en mi vida.

Sacudiendo mi cabeza agotada, entro a mi tienda. Al ponerme cómoda en mi abrigadora bolsa de dormir suspiro en alivio, mis cansados músculos libres del dolor por el momento. Casi me quedo dormida cuando escucho el sonido de algo correteando en la maleza cerca de mi tienda. Para mi mente exhausta, suena como los pasitos de diminutos pies.

"Gracias," susurro, en la noche ahora tranquila.


(1) La liofilización, deshidrocongelación o criodesecación, es un proceso de deshidratación usado generalmente para conservar un alimento perecedero o hacer el material más conveniente para el transporte. La liofilización funciona congelando el material y luego reduciendo la presión circundante para permitir que el agua congelada en el material se sublime directamente desde la fase sólida a la fase gaseosa, sin pasar por el estado líquido.


¿Alguna vez han visto el cielo nocturno en un lugar lejos de las ciudades, sin la luz artificial cerca? ¡Dios! Es una belleza, las estrellas con como pequeños diamantes de todos tamaños en un fondo de terciopelo negro, así le pareció a Bella, y créanme así nos pareció también a mi esposo y a mí. Sin duda, cosas como esas te hacen reflexionar en el significado de la vida y qué estás haciendo con ella. La mente de Bella trataba de explicar todo con ciencia y matemáticas, pero hay cosas que simplemente van más allá, que sabia la abuela de Bella. ¿Será que esta experiencia le ayude a Bella a encontrar su camino? Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer el siguiente. Recuerden que el único pago que recibimos por compartir estas historias con ustedes, son sus reviews. Y no les cuesta nada chicas, solo escriban unas cuantas palabras en el cuadrito de abajo y envíen, ni siquiera tienen que registrarse en FF ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Tecupi, Adriu, AnnieOR, LicetSalvatore, somas, Tata XOXO, Jas, Lectora de Fics, Mar91, Ali-Lu Kuran Hale, Antonia, Moni, aliceforever85, bbluelilas, Angeles, EriCastelo, JessMel4, Ma Laura Merlo, Manligrez, ori-cullen-swan, tulgarita, Pameva, glow0718, rjnavajas, Dani, Sully YM, MassielOliva, Dey, Torrespera172, Leah De Call, alejandra1987, bealnum, arrobale, Kriss21, Car Cullen Stewart Pattinson, NarMaVeg, piligm, Lizdayanna, Liz Vidal, GZarandon, Lady Grigori, gmguevaraz, Nanny Swan, injoa, Mafer, saraipineda44, Pam Malfoy Black, Monse FP, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? Depende de ustedes.