Y ya saben que esto no puede faltar. Estos personajes no me pertenecen, son creación de Stephanie Meyer, y la hermosa historia es de la fantástica autora hikingurl, yo solo traduzco ;)
Gracias infinitas a mi compañera de armas y amiga, Erica Castelo por ayudarme con otra traducción más, con sus consejos y correcciones de ortografía :P
Capítulo Siete: Lluvia
Fecha: 15 de marzo del 2003
Lugar de inicio: Neels Gap
Destino: Refugio Whitley Gap
Total de kilómetros de viaje: 61.8
BPOV
Aunque Jacob y Leah me alentaron a quedarme con ellos, al menos por otro día, salí la siguiente tarde después de almorzar. Llevo una nueva mochila con marco interno, después de haber dejado mi vieja mochila de marco externo—que alguna vez perteneció a la abuela Higginbotham y que Jacob alega es una antigüedad—colgada entre otros equipos antiguos y bien aprovechados en exhibición en una pared de Mountain Crossings.
Allday y Dreamer llegan justo cuando me voy. Debo haber conseguido pasarlos en alguna parte durante mi día de 27 kilómetros. Se ven bien, un poco sucios y obviamente en necesidad de una ducha, pero por lo demás felices y saludables cuando entran a la tienda de Jake. Ella me saluda con una alegre sonrisa, preguntándome cómo he estado y si me está yendo bien. Puedo escuchar a Allday preguntando sobre la estancia por una noche en una cabaña y un transporte a la ciudad para cenar. Después de una breve conversación y un abrazo de despedida, los dejo en sus negociaciones y empiezo el ascenso empinado para salir de la brecha.
Mi nueva mochila se posa cómodamente en la parte superior de mis caderas—caderas que, incluso en mi flacucha, desgarbada y torpe adolescencia, odié por su amplitud pasada de moda. Ahora que el resto de mí ha subido de peso y mi trasero no se ve tan gordo, he aprendido a aceptar sus generosas curvas. Mi abuela las había llamado "caderas fértiles" y me dijo que estaría agradecida por su amplitud cuando llegara el tiempo de dar a luz. No estoy segura que ser madre sea algo que me ocurrirá algún día, pero actualmente estoy agradecida por la forma en que cargan el peso de mi mochila. He tenido que aceptar que nunca seré como la mujer alta, delgada, grácil y elegante que existe en el mundo de Edward. Aquí en el bosque, eso no parece tan importante como alguna vez lo hizo.
Dentro de esta mochila está una nueva bolsa de dormir con cubierta resistente al agua, una nueva colchoneta inflable y una pequeña tienda, muy ligera, para una sola persona. Jake remplazó mi pequeña estufa con recipiente con una estufa Esbit plegable del tamaño de una baraja de naipes, que quema pequeños cuadros de combustible sólido. Tengo un nuevo equipo de lluvia, un nuevo par de pantalones cortos y camiseta sintéticos, un suéter relleno de plumón que pesa solo unos gramos, y un filtro de agua que se conecta al tubo para beber de mi bolsa de agua. Con cuatro días de comida, refrigerios y suficiente agua para llevarme al siguiente refugio, mi mochila pesa unos doce kilos. Casi cuatro kilos y medio menos que antes que Jake hiciera su magia.
Puede que haya hecho un pequeño coraje cuando se rehusó a cobrarme por el nuevo equipo. Sé lo costoso que es todo. Cuando le recordé que estaba manejando un negocio y merecía tener ganancia, ofreció permitirme pagar con trabajo el precio del equipo. Se echó a reír cuando rodé los ojos al escuchar su patético intento para conseguir que me quedara, pero finalmente aceptó dejarme pagar el costo mayorista de mi nuevo equipo.
No soy precisamente indigente. Entre pólizas de seguro de vida y sus ahorros, la abuela me dejó una herencia considerable, y Edward había estructurado las finanzas de nuestro negocio de modo que ambos, junto con nuestros dos programadores, Eric y Tyler, se nos pagara un salario decente. Era dueña de los derechos de propiedad intelectuales de las teorías matemáticas en las que está basado nuestro software. Solo esos tienen el potencial de convertirme en una mujer rica… algún día. Vender nuestros sistemas habría sido un trato mucho más lucrativo, pero ahora, no estoy segura si alguna vez veré alguna ganancia de lo que alguna vez fue nuestro negocio. Los papeles legales que nunca tuve oportunidad de firmar también contenían cláusulas para darle a Eric y a Tyler acciones en la compañía. Finalmente, ellos también habrían estado financieramente seguros.
Hay una verdad fundamental que todo excursionista aprende muy rápidamente después de empezar el sendero: por cada fácil descenso hacia una brecha, cruce de camino, o sitio de un refugio, hay un ascenso cuesta arriba igual de brutal para salir de ese lugar. El ascenso para salir de Neels Gap es justo eso, cruel, interminable y simplemente difícil. Resuello y jadeo, sudo y maldigo, me apoyo pesadamente en mis bastones de senderismo mientras avanzo lentamente por el interminable camino escarpado. Para empeorar las cosas, comienza a llover.
Algunos excursionistas aman caminar bajo la lluvia, otros la odian con pasión. Yo tengo sentimientos encontrados. Una lluvia ligera como rocío puede ser un apreciado alivio en un una tarde sureña caliente y húmeda; en esos casos, lo mejor por hacer es solo cubrir tu mochila y dejar que la madre naturaleza te dé y a tu ropa una agradable y refrescante ducha. Es un escenario completamente diferente si hace frío y está húmedo.
La temperatura del aire no tiene que estar bajo cero para que se presenten los síntomas de hipotermia. Todo lo que se necesita es aire frío, una brisa intensa y piel húmeda expuesta para que empiecen los temblores y la confusión mental, características de hipotermia leve. El esfuerzo físico de hacer excursionismo ayuda a generar calor y proteger el centro del cuerpo, pero vestirse con ropa apropiada para lluvia es incluso más importante.
Al continuar ascendiendo, la temperatura baja y la ligera lluvia se convierte en un fuerte diluvio. Obviamente es un importante frente frío moviéndose y no hay señales de que la lluvia disminuya a medida que entro a la niebla espesa. En poco tiempo, mis dientes están castañeando, y sé que debería detenerme, reabastecerme con alimentos ricos en calorías y ponerme ropa protectora más seca y abrigadora.
A la derecha del sendero veo un árbol de cedro con ramas bajas. Ponerme bajo sus protectoras ramas me da un respiro de lo peor de la tormenta. En breve, me quito la ropa húmeda y saco mis pantalones cortos secos y mi camiseta, el suéter y los nuevos pantalones para lluvia y chaqueta que Jacob insistió en que aceptara.
Al instante me siento agradecida por escucharlo cuando vuelvo al sendero. Aún llueve a cántaros, pero estoy caliente, seca, y mi mochila protegida al moverme despacio por el camino resbaladizo por la lluvia.
El tiempo parece pasar lentamente mientras continúo avanzando tenazmente en la lluvia y la neblina. Mi mente divaga, recordando escenas de mi infancia, algunas claras, otras difusas, algunos destellos confusos de rostros desconocidos que sospecho podría ser mi madre o quizás mi padre. Solo tengo unos pocos recuerdos claros de mi vida antes que empezara a vivir con mi abuela.
Pienso en mis años de universidad y posgrado, el miedo y emoción de mudarme a Cambridge, y la aceptación que encontré allí—tanto de los estudiantes como del profesorado. Repentinamente, estaba bien ser diferente, ser inteligente, y que me gustara matemáticas, la ciencia y las computadoras. Aunque todavía era una adolescente, sentí como si perteneciera, y disfruté de esa sensación de ser parte de un gran todo, de estar con gente que era igual que yo. Vivir con el doctor Banner y su esposa facilitó la transición de la Georgia rural a la Massachusetts urbana, desde el profundo Sur a Nueva Inglaterra. Me dieron la bienvenida en su hogar, tratándome como a otra hija. Me doy cuenta, sintiéndome culpable, que no los he llamado. Seguramente estarán preocupados por mi repentina desaparición.
También debería llamar a Angela. Aunque es la abogada de nuestra empresa, también es mi amiga y no he hablado con ella desde esa última noche en Nueva York cuando fui al condominio de Edward para confrontarlo por lo que ocurrió ese día, solo para encontrar a Jane viviendo allí. Las cosas que me dijo habían socavado mi falsa bravuconería, enviándome de vuelta a mi departamento en un frenesí por escapar de la ciudad y de mi humillación. Entonces llamé a Angela, explicándole de lo que me había enterado por Jane y pidiéndole que no discutiera por la partida de Edward. Me rogó que me quedara, diciéndome que debía haber entendido mal cuando Jane me informó que Edward había vaciado su fideicomiso para mantener nuestro negocio a flote y por lo tanto, que en realidad, él era dueño de la empresa. Ella alegó que necesitábamos hablar con él directamente, pero yo había tomado la salida cobarde, yéndome tan pronto como pude conseguir un vuelo para salir de Nueva York. Estoy segura que ella también debía estar preocupada.
Me decido a llamar al doctor Banner y a Angela cuando me detenga por suministros en unos cuantos días y tenga acceso a un teléfono.
Tan perdida estoy en mis pensamientos, que ni siquiera me he dado cuenta que he llegado a la cima de la última cumbre y estoy bajando hacia el valle donde está ubicado el refugio de Whitley Gap. Solo he descendido unos cuantos pasos cuando me caigo.
Todos se caen cuando hacen excursionismo. Debe ser alguna regla tácita y sobreentendida que vas a caerte, sobre todo cuando no estás prestando atención. Caerte con una mochila puesta es una experiencia completamente diferente a un tropiezo y caída normal. Si caes de boca, el peso de tu mochila cae como una gigantesca mano estrellándote en el suelo. Es casi imposible evitar tragar tierra. Si caes de espalda, terminas viéndote como una tortuga boca arriba, incapaz de enderezarte hasta que te ruedas y usas tus piernas para levantarte. Los bastones de senderismo pueden empeorar las cosas cuando mueves los brazos para tratar de mantener tu equilibrio y terminan azotando el aire. Si tienes suerte, solo caes de sentón… muy, muy fuerte, sin huesos rotos o tobillos torcidos.
Esta vez tengo suerte.
Al pasar sobre un montón de piedras expuestas en el camino, planto mi pie, el talón primero, en unas hojas mojadas que cubren el suelo. Las hojas han perdido toda su adherencia al barro húmedo debajo de ellas, y antes que mi mente consciente pueda registrar lo que está ocurriendo. Me estoy deslizando y resbalando, mis pies yéndose en direcciones opuestas cuando trato de encontrar el equilibrio en mis bastones que parecen estar haciendo todo lo posible por enredarse en mis tobillos. Caigo con un golpe sordo, no lo bastante fuerte para lastimarme seriamente, pero sin duda lo suficiente para recordarme prestar más atención a mi mojado y resbaladizo entorno.
Levantarme es complicado. Mis bastones, aún atados a mis muñecas por sus correas, están en alguna parte detrás de mí, y les doy la vuelta, tratando de posicionarlos frente a mí antes de colocar mis pies en lo que espero es suelo firme. Con un gruñido, me levanto, sintiendo la mochila en mi espalda como un ancla que me ata al suelo.
Mis pantalones para la lluvia, alguna vez nuevos y limpios están cubiertos de lodo y mis manos terminan cubiertas de hojas húmedas cuando me sacudo el trasero. Pudo haber sido mucho peor, y estoy agradecida de que no fuera así.
Soy muy cuidadosa al continuar bajando la montaña.
Es el atardecer antes de que llegue al lado del sendero que conduce al refugio. La lluvia y las nubes bajas lo han hecho mucho más oscuro de lo normal y casi paso por alto la señal azul que marca la salida. Bajo circunstancias normales, no consideraría quedarme en este refugio. La salida está a menos de medio kilómetro de la carretera más cercana, aunque el refugio en sí está a más de kilómetro y medio del sendero. Al parecer, no era lo bastante lejos para disuadir a los locales porque cuando llego al refugio en el frío cada vez más intenso, es evidente que lo utilizan como destino apartado para fiestas.
Pilas de basura cubren el suelo del exterior y el grafiti decora las paredes interiores. La fogata está llena de latas de cerveza quemadas. Este no es un lugar seguro para una mujer excursionista sola. Con todo, decido quedarme. Las frías temperaturas y la intensa lluvia casi garantiza que ninguno de los locales querría arriesgarse a caminar para llegar aquí y solo excursionistas determinados tratarían de llegar a un refugio tan tarde.
Para darme un poco de privacidad y un poco más de protección de la fuerte lluvia, instalo mi tienda dentro del edificio de tres lados. No es considerado una adecuada etiqueta de excursionista poner una tienda dentro de un refugio, pero con nadie más aquí soy libre de hacer lo que creo ayudará a protegerme. Cualquiera que llegue después de la oscuridad no sabrá que es una mujer la que está dentro de la tienda.
Mientras mi cena se cuece a fuego lento en mi nueva olla de titanio, leo con detenimiento el registro del refugio, leyendo las entradas que dejaron los excursionistas previos. Encuentro los nombres de Yellow y Wonderland y la fecha. Al parecer, comieron aquí su almuerzo justo dos días antes. Dejo mi nombre de sendero y la fecha agregando una nota sobre las condiciones resbaladizas del sendero.
Al terminar mi cena, me siento en el borde de la plataforma elevada para dormir escuchando la lluvia golpear el techo de estaño en un patrón constante, el plic, plic de las gotas sobre las latas de cerveza en la fogata un contrapunto a su ritmo constante.
La neblina ha caído como una manta sólida, envolviendo el cobertizo en un velo de un blanco turbio que amortigua los sonidos. Un viento intermitente hace volar volutas de nubes más opacas por el prado frente al refugio. Como fantasmas se distorsionan y retuercen, luchando por acompañarme en mi aislamiento antes que una ráfaga más fuerte se las lleve. Son como los recuerdos con los que he caminado toda la tarde, fragmentos dispersos de personas y lugares, dolorosos eventos que he intentado enterrar en los recovecos más profundos de mi mente. Es en este escenario tranquilo y solitario que demandan ser liberados… examinados… reconocidos. Insistiendo en que haga frente a las experiencias que me moldearon.
El registro del refugio está junto a mí en el piso de madera, una página en blanco me llama. Lo coloco en mi regazo, agarro la pluma adjunta, y comienzo a escribir.
Sin duda esos son momentos únicos para reflexionar. Al igual que ustedes yo también me siento ahí y me encantaría vivir algo como eso, pero por lo que hasta ahora ha descrito la autora, tampoco es algo fácil. Pero se ve que vale la pena. Poco a poco vamos conociendo más las circunstancias de su partida, ahora sabemos que cuando se enteró que Edward se marchaba con todo y la compañía de ambos, fue a confrontarlo y ahí se enteró que vivía con Jane, después que de haber dormido con ella y decirle que la amaba. ¿Cómo no iba a huir? Y siendo tan insegura como es :( Pero todavía queda más por saber, y más personajes por conocer :) Espero que estén disfrutando de este viaje, y con todo el tiempo que pasamos encerradas ahora, nos cae bien imaginarnos estar al aire libre en las montañas, ¿no creen? Jeje. En fin, espero que hayan disfrutado del capítulo y esperaré ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y leer pronto el siguiente. No les cuesta nada chicas, escriban unas cuantas palabras en el cuadrito de abajo y envíen, ni siquiera tienen que registrarse en FF ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: EriCastelo, kaja0507, JessMel4, Ma Laura Merlo, GZarandon, Nanny Swan, Angeles, Say's, jupy, kotoko haruno, alejandra1987, Car Cullen Stewart Pattinson, Lizdayanna, rjnavajas, Pameva, Ali-Lu Kuran Hale, bbluelilas, Tecupi, aliceforever85, Torrespera172, Manligrez, LicetSalvatore, NarMaVeg, tulgarita, Sully YM, Adriu, AnnieOR, bealnum, Moni, paupau1, saraipineda44, Vanina Iliana, Tata XOXO, Pam Malfoy Black, arrobale, Liz Vidal, gmguevaraz, Kriss21, somas, Lady Grigori, piligm, calvialexa, Mafer, injoa, Leah De Call, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, ¿cuándo? Depende de ustedes.
