Capítulo 4


Sakura se despertó con el sonido de las gaitas, y tan sólo cubierta por una fina camisola espió el exterior, levantando apenas la esquina inferior de un hermoso tapiz.

Varios hombres se habían reunido en el patio de armas y, con su música, daban inicio a los eventos que el conde de Carrick había planeado para ese día.

Los juegos consistían en danzas tradicionales, donde los gaiteros tocaban en solitario y luego lo hacían todos juntos.

Las gaitas tenían tres tubos del mismo tamaño y uno un poco más largo. Una bolsa de piel de oveja o alce se llenaba de aire y luego se presionaba con el brazo, empujándolo a través de los tubos. Su sonido casi desafinado era inconfundible.

Varios clanes habían elevado carpas y tiendas, de modo que el patio pronto estuvo lleno de gente y animales. Las gallinas corrían libres a su antojo, picoteando todo lo que encontraban, no importaba si eran restos de comida o los pies de algún pobre incauto.

Sakura observó al tipo alto y desgarbado que portaba una tosca bandeja con haggis, un plato que consistía en corazón, pulmones e hígado de oveja o cordero, picado y mezclado con grasa y avena, sazonado, hervido y embutido en una bolsa hecha con el estómago del animal y en forma de una gran salchicha.

Un gaitero encabezaba la procesión, seguido del cocinero y, tras éste, los invitados más madrugadores llevaban nabos y puré.

Habían colocado unas largas bases de madera, formando una mesa espectacular donde abundaba la sopa templada de cordero, vegetales, budines, dulces, panes, tortas y galletas. Un gran despliegue de alimentos que se encargaban de traer los distintos clanes como regalo para la fiesta.

Sakura se volvió hacía la cama, donde Konan seguía arrebujada bajo las mantas. El largo cabello rosa voló tras ella durante unos segundos, cayendo más abajo de sus caderas, después de acariciar el tapiz con las puntas.

—Debemos vestirnos. Lady Mar vendrá enseguida a buscarnos. —Sakura buscó en los arcones, sacando la ropa.

—¿Qué pasó anoche, Saku? Al final no me pudisteis contar.

La muchacha la miró intrigada, sin saber ni por un momento qué era aquello de lo que le hablaba, pero no tardó mucho en caer en la cuenta, y con una sonrisa se sentó sobre la cama cuando Konan retiró los pies para hacerle sitio.

—No es nada —comenzó con una traviesa sonrisa—, ¿recordáis al guardián que perdió el broche?

Konan alzó los ojos al techo, pensando, y asintió.

—Sasuke Uchiha —sonrió—. Qué pena que vos no visteis los colores del hombre en su cara, apuesto a que deseó que se lo tragara la tierra. ¿Por qué? ¿Os gusta ese hombre? —Konan frunció el ceño, mirándola fijamente.

—¡No! ¡No es eso! Él... me confundió ayer con una sierva...

—¿Os hizo algo, Sakura? —preguntó, apartando las cobijas con los pies para levantarse.

—¡No! Bueno —suspiró—, quiso que le cosiera el broche del plaid.

—Y no lo hicisteis, ¡muy bien, Sakura! Vos no tenéis por qué atender a nadie. Todos los hombres creen que estamos para servirles; bueno, la mayoría de los hombres —rectificó, sin duda pensando en su Yahico.

—Sí lo hice —susurró, retorciéndose las manos—, pero olvidé atar el cordón, por eso el broche...

Konan la miró con los ojos abiertos como platos y rompió a reír escandalosamente.

—Konan, por favor. Alguien puede oírnos.

—Con el ruido que viene desde el exterior, lo dudo mucho —siguió riendo—. ¿Qué os dijo Uchiha después?

Sakura se encogió de hombros con una tímida sonrisa.

—Me he pasado toda la noche huyendo de él, posiblemente también lo haga durante todo el día de hoy. —Konan no podía parar de reír, y Sakura comenzó a enojarse con ella—. ¿No lo comprendéis? Ese hombre es capaz de hacerme algo en cuanto me descubra. ¡Dejad de reíros!

—Es que fue muy divertido —contestó Konan, tratando de ponerse seria aunque sus ojos seguían chispeando, alegres—, lo mejor será que os disculpéis con él en un lugar público. De ese modo, ni yo ni Carrick dejaremos que os pase nada. Pero pensándolo bien, es él quien debería disculparse por confundiros con una sierva. No, mejor no os disculpéis. Claro que tampoco sería conveniente que os encontrarais a solas —levantó las cejas—, a no ser que queráis uniros a él.

—¡No! —negó—. ¡No! ¡Es un guardián!

Konan, al final, se levantó de la cama.

—Es el señor de Uchiha —le explicó— y vos sois una Haruno. Sería una buena alianza. Podría comentárselo...

—¡No! —medió gritó Sakura, incorporándose como si tuviera un resorte—. Además, yo no poseo nada.

—Las tierras —le recordó Konan, frotándose los ojos—. Mi señor os devolverá las tierras cuando las reclame vuestro esposo. Además, Uchiha es un hombre muy guapo. Creo que el más atractivo, después de Yahico.

Sakura frunció el ceño. Puede que Konan pensara eso porque amaba al conde, pero ese hombre, el Uchiha, era mil veces más guapo que Carrick. Claro que si Konan hubiera visto su cuerpo como lo había visto ella, se hubiera dado cuenta enseguida. El hombre era de una hermosura salvaje y peligrosa.

—Pues no me he fijado mucho, la verdad —mintió.

—Deberíais hacerlo, Sakura. He oído decir que la mayoría de las mujeres están como locas por pasar una noche con él. ¿No os lo han presentado?

—No debería haberos dicho nada. No sé por qué tengo la costumbre de abrir la boca con vos —gruñó.

Konan volvió a reír, esta vez más suave.

Los golpes en la puerta interrumpieron la conversación. Helen ya estaba allí, acompañada de su sierva.

El ambiente festivo del exterior logró sacar varias sonrisas a Sakura quien, acompañada por Deidara, fue observando los puestos de los diferentes clanes, e incluso se atrevió a bailar una alegre danza junto a varias mujeres. La música y el bullicio flotaba en el ambiente, animando a los corazones más tristes.

Observó cómo varios clanes efectuaban la danza de la guerra, donde colocaban las espadas en forma de cruz y bailaban entre ellas sin llegar a pisarlas. La leyenda decía que, si alguno de los hombres las rozaba siquiera, ese año habría derramamiento de sangre y, desde luego, muchos de los allí reunidos las habían pisado varias veces.

Cuando finalizó se acercó hasta donde se celebraban los juegos. Deidara participaría en uno de ellos: el lanzamiento de martillos.

Era impresionante ver la fuerza y destreza que derrochaban los participantes al arrojar el arma lo más lejos posible.

Sintió de repente una fuerte presión en su hombro, y la joven se giró con una sonrisa, pensando que algún conocido de la casa de Mar se acercaba a saludarla. La sonrisa se congeló en sus labios al toparse con la dura mirada ónix del hombre al que había abochornado el día anterior.

La joven trató de apartarse de él, dando unos pasos hacia atrás; sin embargo, no avanzó ni un solo milímetro.

—Mi señor, me hacéis daño —le dijo con voz temblorosa, buscando con la mirada a Deidara, quien parecía muy entretenido con los juegos. Sentía un ligero temblor en las piernas.

Sasuke la miró fijamente, de arriba abajo, y la soltó como si estuviera en aquel mundo para obedecer sus órdenes.

—Disculpadme, me temo que os confundí con una sierva... —frunció el ceño y sus ojos parecieron brillar con sorpresa—. ¡Vos me cosisteis el broche ayer! —exclamó.

Sakura pudo recular, apartándose de él.

—Estáis confundido, milord —dijo nerviosa, bajando la mirada y respirando con dificultad.

—No, no lo estoy —negó él, cada vez más intrigado. Estaba casi seguro de que era la misma joven, pero aquellas ropas no tenían nada que ver con las prendas burdas y ásperas que usaban los siervos. Las mismas que llevaba ella el día anterior.

—¡Mi señor Uchiha! —Exclamó Konan, acercándose del brazo de Yahico con una sonrisa en los labios—. ¡Cuánto os agradezco que estéis cuidando de mi amiga!

—¿Su amiga? —preguntó él, más descolado que nunca.

—Nos habréis oído hablar de ella —le dijo Bruce—. Sakura Haruno es la descendiente directa de su clan. Sufrieron un asedio hace unos años. Vosotros os encargasteis de dar muerte a los asesinos.

Sakura se tensó ante aquellas palabras. De modo que Uchiha era uno de los cobardes...

Sasuke sólo pudo asentir con la cabeza al recordarlo.

—Pensé que era un varón...

—Deidara es un primo lejano —respondió Yahico.

—Lamento mucho lo de su familia —le dijo con pesar.

—Gracias —respondió ella, aliviada de que Konan se les hubiera unido. Ese hombre estaba mucho más guapo que el día anterior. Su largo cabello negro caía húmedo sobre sus hombros. ¿Por qué tenía que fijarse en esas cosas?

Intentó centrarse en la conversación y casi prefirió no hacerlo. ¡Que lamentaba lo ocurrido! ¡No lo creía en absoluto! Si cualquiera de ellos hubiera sentido los asesinatos de su familia, habrían apresado al culpable de todo... Y no lo habían hecho.

—¡Ya os han arreglado el broche! —notó Konan con voz cantarina. Sakura enrojeció de repente, fulminando a su amiga con una fría mirada de advertencia; aquel gesto no pasó desapercibido a los ojos del Uchiha.

—Sí, un pequeño percance que tuve ayer, pero esta mañana se encargaron de solucionarlo —contestó, clavando la vista sobre Sakura con intensidad—. ¿Querríais que os acompañara a ver los juegos, Lady Haruno?

—Estoy acompañada —respondió ella, buscando a Deidara con la vista sin hallarle—, o lo estaba hasta hace unos minutos...

—¡Sería magnífico si vos pudierais acompañarla! —rio Konan—. Nosotros vamos a buscar a mis padres y no me gustaría que Sakura anduviera sola.

Excepto el señor de Carrick, que en ese momento parecía estar mirando otra cosa, los demás escucharon el suave bufido de Sakura.

—Para mí sería un placer —contestó Sasuke, ofreciéndole el brazo con una sonrisa cautivadora.

Sakura lo observó con el ceño fruncido. Forzando una sonrisa, apoyó su mano sobre la del hombre sin atreverse a mirarlo. Podía sentir el calor de su piel bajo sus dedos, y todos los nervios de su cuerpo se avivaron de forma repentina.

—Bien, entonces nos reuniremos más tarde —dijo Yahico, guiando a Konan hacía otras personas que charlaban amigablemente.

Tanto Sakura como Konan cruzaron la vista. Konan, con ojos brillantes y divertidos. Sakura, con una mirada asesina.