Capítulo 5


—¿Sabéis? Ayer tuve un desafortunado encuentro con una bella sierva —dijo Sasuke, con los ojos clavados en la coronilla de la joven—. El caso es que debe de ser hermana vuestra o algo así. —Se encogió de hombros y, al hacerlo, pareció mover todo su enorme cuerpo—. Qué extraño que Yahico diga que sólo tenéis un primo.

Sakura alzó la vista, girando la cabeza hacia él.

—¿Y por qué lo decís? ¿Tan mal os trató esa mujer?

—Muy mal. Su educación fue pésima... Por no hablar de su costura.

Sakura se obligó a mirar al frente, ocultando el rubor que teñía sus mejillas de los ávidos ojos del hombre.

—Pues debéis de estar confundido, a no ser que mi primo haya hecho todo lo que decís y... La verdad, no lo imagino cosiendo nada.

—Sería alguien muy parecido a vos —le dijo, inclinándose junto a su oreja—. Estaré pendiente por si vuelvo a verla.

Sakura se mordió los labios, haciendo una mueca, tratando de no sonreír. Sentía la mirada de ojos negros fija en ella, estudiando sus rasgos, intentando penetrar en su mente. Su aliento cerca del cuello, provocándole extrañas sensaciones.

—¿Y qué haréis si volvéis a verla, milord?

Sasuke levantó la cabeza hacia el cielo durante unos segundos y esbozó una amplia sonrisa.

—No creo que queráis saberlo. Imagino que esperaré a verla a ella. —Su tono de voz escondía una amenaza implícita.

—¡Pues tened cuidado, no os vayáis a cansar de esperar! —le dijo, fingiendo no querer saberlo pero deseándolo al mismo tiempo.

Caminaron, deteniéndose de vez en cuando en algún puesto, donde la joven observaba alguna artesanía o pequeños tapices bordados. Al menos eso intentaba, pues toda su atención la tenía puesta en el hombre que caminaba a su lado.

—Si os aburrís, adelantaos —le dijo, señalando hacia unos anchos escalones de madera, donde la gente comenzaba a coger sitio para ver los enfrentamientos a caballo.

—No me aburro con vos, al contrario: me pasaría las horas, admirando vuestra belleza.

Sakura cogió aliento entre los dientes, y arqueó una de sus cejas al mirarlo.

—¿Os estáis burlando de mí, mi señor? —Supo que sí ante aquella sonrisa llena de diversión. Era más bien un gracioso gesto que no pretendía ocultar, y que lo volvía sumamente atractivo—. Ah, ya sé lo que buscáis: Queréis vengaros de mí por lo ocurrido anoche, ¿verdad?

Sakura se había detenido, y ahora lo miraba con los labios tan fruncidos que parecía un capullo rosado.

—Entonces, ¿admitís que erais vos la sierva?

Sakura soltó un suspiro cansado y negó con la cabeza.

—¡No soy ninguna sierva! —Se puso una mano sobre la cadera y sus ojos verdes refulgieron como esmeraldas—. Vos me arrastrasteis por toda la casa, obligándome a coser algo que os pertenecía. ¡Vuestra educación es la pésima, no la mía!

Se dio cuenta de que aún llevaba la otra mano sobre la de él, y la soltó como si le quemara. Se giró de manera tan repentina que su larga y gruesa trenza golpeó el ancho pecho de Sasuke, pero antes de poder escabullirse, él la cogió del brazo con unas fuertes manos como garras de acero.

—¡Soltadme!

—¿Y desobedecer las órdenes de la Lady Konan? —Sasuke chasqueó la lengua—. Creo que no.

—¿Que no? —Sakura le mostró los dientes y Sasuke negó con la cabeza.

—No.

—Pero... Pero... —abrió y cerró la boca varias veces—. ¿Seríais tan amable de llevarme junto a mi amiga? —le preguntó, cambiando la entonación de su voz. No era amable pero por lo menos no gruñía.

—Por supuesto. Adonde vos digáis.

Definitivamente, le estaba tomando el pelo. Ese hombre quería vengarse por lo ocurrido la noche anterior; pues bien, le iba a dar otra dosis de bochorno.

Sakura descubrió, con júbilo, a dos pequeños infantes que habían escalado hasta una posición elevada sobre unas improvisadas gradas, desde donde el conde de Carrick y varios nobles más iban a observar los juegos. Los pequeños, con disimulo, lanzaban cuencos de agua sobre todo aquel que cruzaba bajo ellos.

—¿Os importaría si diéramos un pequeño rodeo por allí? Me gustaría ver a mi primo, creo que es el próximo en lanzar.

Sasuke dirigió la mirada a dónde señalaba la joven. El sol le daba de frente y tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver algo. Asintió, volviéndole a ofrecer su brazo, y ella, con una sonrisa de oreja a oreja, volvió a apoyar la mano sobre la suya. No vio que Uchiha fruncía ligeramente el ceño ante su sonrisa.

El corazón de Sakura estaba a punto de escapar de su garganta mientras veía, por el rabillo del ojo, cómo los infantes se preparaban. Sólo un metro más y...

¡Plaff!"

Sasuke Uchiha se detuvo. El agua chorreaba sobre su cara y su cabello, y su rostro tenía tal expresión de sorpresa y enfado que Sakura no pudo esconder la carcajada, aunque se cubría la boca con la mano.

—¡Si subo, os degüello a los dos! —bramó, furioso, clavando la vista en los pequeños. Uno de ellos se asustó tanto que perdió el color y rompió a llorar.

Varios de los presentes se detuvieron a observar la escena y pudieron escuchar varias risitas divertidas.

—¡Mirad lo que habéis hecho! —Le regañó Sakura al hombre—. Habéis asustado al niño.

—¡¿Qué?! —contestó, atónito—. ¿Acaso los defendéis a ellos?

¡Cómo no defenderlos si la única culpable había sido ella!

Sakura volvió a soltarlo, y pasó junto a él para acercarse al niño que se había quedado encaramado en una esquina del ancho tablón. Le tendió las manos para ayudarlo a bajar.

Sasuke se sacudió el cabello, agitando fuertemente la cabeza, y las gotas de agua llegaron hasta ella.

—Por favor, mi señor, no hagáis eso, que me estáis mojando la ropa. —Sakura logró bajar al muchacho y éste escapó de allí como un rayo. Se volvió hacia Uchiha con una sonrisa—. ¿Vos nunca fuisteis muchacho?

El hombre ladeó la cabeza y la observó. Las mejillas de Sakura se hallaban sonrosadas y sus ojos brillaban, chispeantes.

—¿Qué ocurre, muchacho? —Sarutobi palmeó el brazo de Uchiha y se inclinó un poco hacia Sakura—. Mi señora, ¿habéis tenido algún percance?

—Menos mal que habéis llegado a tiempo, Sir Sarutobi —le saludó Sakura con una voz dulce y encantadora—. Mucho me temo que Uchiha desea retar al pequeño de alguna manera.

Hiruzen soltó una carcajada y miró a las gradas con diversión.

—Creo que habéis elegido un sitio muy malo para pasar —les señaló a otro montón de infantes que cargaban con hojas de lechuga y tomates.

Tanto Sakura como Sarutobi escucharon el fuerte suspiro de Sasuke, y se volvieron hacia él. Su rostro lucía rojo, además de empapado; sus ojos estaban dilatados de furia, y su boca se había convertido en una fría línea de labios apretados.

—Tenéis razón. No podíamos haber pasado por un sitio peor —contestó entre dientes, apartándose un largo mechón que se había adherido a su mejilla. Aquel gesto llamó la atención de Sakura, sintiendo el repentino deseo de acariciarle el rostro. Dándose cuenta de por dónde iban sus pensamientos, se cogió ambas manos por detrás de la espalda y dejó vagar la vista, sin observar nada en especial.

—No os preocupéis por mí, milord —le dijo Sakura, descubriendo a Deidara —. Acabo de ver a mi primo y él me acompañará. Sería mejor que os cambiaseis de ropa. Sir Sarutobi, ha sido un placer volver a veros —se despidió con prisa y corrió hacia Deidara, tomándose de su brazo.

Detrás de ella pudo escuchar las sonoras carcajadas de Hiruzen, pero no se atrevió a mirarlos de nuevo. Esperaba que Uchiha entendiera que no le gustaban las amenazas.


🍀 Esta historia es de Sandra Bree. Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a M. Kishimoto.