Capítulo 9
—Me ha parecido impresionante —le dijo en un susurro—. Una buena forma de derrochar energía y desfogarse.
—Quizá podría daros alguna clase.
—¿Lo haríais? —le preguntó, súbitamente interesada.
—Sólo bromeaba, mujer —contestó él, perdiendo su sonrisa y el brillo de sus ojos—. Acompañadme a comer algo, estoy muerto de hambre.
—En este momento pensaba ir... —Sasuke ya la había cogido del brazo y la dirigía a las mesas, sin inmutarse ante su débil excusa. Claro, si hubiera dicho que no... —¿Por qué me perseguís, Uchiha?
—¿Lo estaba haciendo? A mí me parece que no. Por cierto, bonito pañuelo.
Sakura se encogió de hombros con una mueca despectiva.
—No era mío.
—¿Estáis intentando destrozar mi corazón?
—¿Lo estoy consiguiendo?
El hombre soltó una risotada y acabó negando con la cabeza.
—Así sólo conseguís que me sienta más atraído hacia vos, Sakura —se acercó a ella más de lo que permitían las normas, y aspiró el aroma de sus cabellos con deleite—. ¿Os molesta mi forma de comportarme?
—Que me confundan con una sierva y me arrastren de un sitio a otro, que me obliguen a coser cuando odio la costura con toda mi alma, que me vigilen e intenten manipularme... Yo diría que me molesta bastante.
—¿Y por qué no os negasteis a coser cuando os lo pedí?
—¿Me lo pedisteis? —Lo miró con incredulidad y la boca abierta.
Sasuke se encogió de hombros y observó la mesa repleta de viandas.
—¿Qué queréis comer? —le preguntó, tomando un cuenco profundo al tiempo que lo llenaba con pastel de carne.
Los ojos verdes de Sakura se abrieron con asombro al mirar cómo rebosaba la comida que había cogido, chorreando grasa por los bordes.
—¡Yo no quiero tanto! —se quejó, tomando el cuenco que le entregaba, alejándolo de su cuerpo para no mancharse.
—¡Así estáis de pequeña! Debéis comer para haceros fuerte y... —se inclinó sobre su oído para susurrar—: ¿Cómo pensáis matar a Surrey con esa poca fuerza que tenéis?
Sakura exclamó, mirando en derredor, cerciorándose de que nadie los hubiera escuchado. ¡Sería zoquete! Pero, ¿quién se creía que era?
Abrió y cerró la boca un par de veces, y en una de ellas Sasuke aprovechó para meterle una galleta en la boca al tiempo que él se comía otra.
—Buenísima, ¿verdad?
Sakura comenzó a escupirla, pero se dio cuenta de que desmerecía a quien hubiera cocinado aquella deliciosa galleta, y comenzó a engullirla a pesar de ser demasiado grande para su boca. A punto estuvo de echar las migas por la nariz.
Comenzó a toser de una manera poco femenina y dejó de hacerlo cuando sintió el fuerte golpe en su espalda.
—Pero ¿por qué me golpeais tan fuerte? —le gritó, atragantada, limpiándose la boca con la mano y olvidándose ya de tratarlo con el respeto que merecía su linaje.
—¿No te estabas ahogando? —le preguntó con una sonrisa y con tono divertido—. Pues vaya día que llevamos, ¿eh? A mí me empapan, tú te caes en un charco y ahora...
—Lo has hecho a propósito —siseó, apretando los dientes por no montar un escándalo—. Menos mal que la ceremonia es mañana y pronto te irás de aquí, y con un poco de suerte no volvemos a vernos nunca más —le dijo, dejando el cuenco sobre la mesa, nada convencida con lo que acababa de decir. ¿Tantas ganas tenía de perderlo de vista?
—¿Cómo? ¿No te ha informado Yahico?
Sakura arqueó sus bien delineadas cejas y lo miró, esperando una contestación que no tardó en llegar. Sabía que no sería una buena noticia.
—Tú y Lady Konan viajaréis conmigo a mis tierras y os alojaréis...
—¿Qué? —explotó Sakura, dando un pequeño saltito, con los ojos desorbitados—. ¿Qué?
—¿No te hace feliz?
Sakura comenzó a contar muy despacio, tratando de controlar su respiración agitada. Ir a las tierras de Uchiha con él. Vivir bajo su techo y protección, ¿qué más podría pasar?
—¿No puedes notar en mi cara la felicidad que me embarga? —le preguntó ella, apretando los dientes con fuerza.
El hombre soltó una sonora carcajada que llamó la atención de otros comensales.
—Tienes una facilidad increíble para divertirme, mujer. —Recogió el cuenco de la muchacha y el suyo, y echaron andar hacia la sombra de unos gruesos árboles que rodeaban una verde pradera. Ella ni siquiera sabía por qué lo seguía—. Me encanta tu sentido del humor.
—Pues divertirte era lo único que tenía en mente. De hecho, no sé ni por qué estoy aquí cuando hay tantas mujeres que lo están deseando.
Uchiha miró en derredor y sonrió a varias damiselas que no le quitaban los ojos de encima.
—Prefiero que me acompañes. Ya sabes, no quiero perderte de vista.
Sakura chirrió los dientes.
Ella llevaba la falda recogida con una mano, y vigilaba con mucha atención dónde colocaba los pies, pues las cabras y las ovejas habían estado pastando por ahí hacía tan sólo unos minutos.
Sobre un alto tocón de madera Uchiha dejó los alimentos y se sentó en una piedra que hacía las veces de banco. Seguramente, alguien que había querido acomodarse bien lo había colocado así para que los demás también pudieran aprovecharse. Sakura se sentó junto a él, lo más lejos posible, evitando tocar su cuerpo grandote.
—¿Por qué tenemos que viajar contigo? —quiso saber la joven, observándolo comer.
—Yahico saldrá después de la ceremonia para atender algunos asuntos.
—¿Y por qué no nos deja aquí? —le preguntó con el ceño fruncido, mirando en derredor—. Este sitio es muy grande y tiene muchos guerreros.
—Y muchos enemigos. —Sasuke arrojó un hueso de pollo contra uno de los arboles—. Sin ir más lejos, el propio Balliol le odia. Sabe que el trono que ahora presume como suyo no le pertenece.
—¡Pero Carrick se lo cedió!
—¿Ceder? —Esbozó una irónica sonrisa—. Lo obligaron, así que no tuvo más remedio que hacerlo, pero algún día será nuestro monarca. Sin embargo, todos los que se oponen a que eso suceda son los que están esperando, de un momento a otro, que a Yahico Bruce se lo trague la tierra.
Sakura lo miró, confundida. ¿Había visto un destello de furia en los ojos ónix?
—A ti tampoco te gusta Juan Balliol, ¿verdad?
Uchiha negó con la cabeza, y una mueca de asco cruzó por su hermoso rostro.
—¿Y Surrey? —osó preguntarle.
—Ese sólo está esperando a que Eduardo lo proclame guardián.
—Konan me dijo que se había comprado una propiedad en Inglaterra —le dijo, pinchando distraídamente el pastel de carne—. Cuando se casó con Alice Le Bruna se ganó mucho odio de parte de los ingleses.
—¿Con quién?
—La hermanastra de Enrique III. Pero parece que desde que frecuenta a Eduardo, toda esa enemistad ha cambiado, y algunos dicen que se marchará a vivir allí.
—Es lo que tendría que hacer. —Sasuke la miró con expresión profunda—. Estás bastante informada de Surrey.
Ella se mordió el labio inferior, asintiendo ligeramente con la cabeza.
—Asesinó a mi gente.
Uchiha soltó un suspiro cansado.
—¿Los viste? ¿Puedes estar completamente segura de tus palabras? —Apartó su cuenco y la vio dudar.
—No, no puedo estarlo —contestó en un débil hilo de voz—. No vi las caras de nadie, sólo que algunos iban a caballo. Dime, Uchiha, ¿cuántos pueden tener caballos? Mi padre apenas tenía diez a lo sumo, y recuerdo que los compartía con los demás hombres.
Sasuke recogió con un dedo una brillante lágrima del rostro femenino, y la miró embelesado durante unos segundos; seguidamente posó su mano sobre una de sus mejillas, acariciándola con ternura al tiempo que sus ojos se perdieron en las verdes lagunas donde la tristeza había campado a sus anchas.
Sakura se enfadó ante su propia debilidad. Ella nunca había llorado frente a nadie, excepto con Deidara. ¿Por qué este hombre lograba desarmarla de esa manera? Se apartó de él, incorporándose para mirarlo desde arriba.
Sasuke no pareció molestarse y se centró de nuevo en la comida.
—¿De verdad no tienes hambre?
Sakura negó con la cabeza.
—¿Me ayudarías, Uchiha?
El hombre se frotó el rostro con una mano, fijando luego su mirada en ella con intensidad.
—Háblame, Sakura. ¿Por qué crees que Surrey está detrás de todo eso?
—¿Por qué lo sospechasteis vosotros en su día y fuisteis a interrogarlo? —preguntó ella a su vez, con ojos emocionados.
—De modo que no existen pruebas y te basas sólo en rumores —se encogió de hombros al tiempo que extendía las palmas de las manos hacia arriba—. Si nosotros hubiéramos ido hablar con cualquier otra persona, ¿también sería sospechosa?
—No lo sé. —Volvió a sentarse junto a él—. ¿Por qué lo hicisteis, entonces? —le preguntó, sin entender muy bien adónde pretendía llegar Sasuke con su palabrería—. ¿Por qué fuiste?
—Entre otras, porque es pariente tuyo; creo que relacionado con tu madre, pero no estoy muy seguro. Él reclamó las tierras a Balliol, pero el conde de Mar ya había informado que tenía a un Haruno bajo su protección. A Surrey se le vigiló durante todo este tiempo pero... —negó con la cabeza— no hay pruebas de ninguna clase, y el hombre tiene una coartada bastante importante.
—¿Después de que reclamara mis tierras lo creíste? —Preguntó con ojos desorbitados, elevando el tono de voz—. Pues yo pienso conseguir que revele la verdad, pretendo que lo admita ante Dios.
—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Lanzándote sobre él en plena calle?
Sakura se rascó el lóbulo de la oreja y se mordió el labio inferior, pensativa. Menos mal que en ese momento no la miraba, porque tenía las mejillas ardiendo de vergüenza.
—Sé que no debí actuar así, pero soy... impulsiva.
—Más bien loca —respondió con una sonrisa divertida al recordarla escondida tras el puesto—. Con tu forma de actuar has puesto al hombre sobre aviso, y no sólo a él —rectificó—. Yahico estaba conmigo en el momento del... atropello, por no contar al resto de personas que se detuvieron a mirar...
Sakura se encogió de hombros con indiferencia.
—Ya, pero Surrey no tiene por qué sospechar nada. Fue un encuentro fortuito.
Sasuke alzó las cejas, con una sonrisa divertida en sus labios.
—¡Lo atacaste en mitad de la calle!
—¡Tropezamos!
El hombre soltó una carcajada y le señaló el cuenco de comida:
—Come algo, necesitarás fuerzas.
—¿Me ayudarás, Uchiha? —insistió.
—Dame un poco de tiempo, mujer, pero has de prometer que no harás nada por el momento. Déjame que haga algunas averiguaciones.
Sakura lo miró con admiración. ¿Sería posible que el hombre estuviera hablando en serio? Asintió con la cabeza y atacó el pastel de carne.
A los pocos segundos alzó la cabeza, mirándolo.
—Uchiha, ¿me pedirás algo a cambio? Es para que sepas que no me gustas.
—¿Ni un poquito sólo?
—Nada —negó ella, sonriendo.
—Mentirosa.
La joven caminó hasta un pequeño riachuelo cercano después de haber comido una tercera parte de lo que había en el recipiente. Las piedras de la orilla estaban cubiertas con un musgo verde y brillante que resbalaba como el mismo hielo. Sorteando los estorbos del camino, se inclinó sobre las frías aguas, hundiendo las manos en ellas; luego bebió. Era cierto que era una mentirosa, y no pequeña.
La sirvienta de Helen fue a buscarla para susurrarle al oído. Sakura asintió, girándose a Sasuke con una sonrisa amable.
—Konan requiere mi presencia. Ha sido un placer tener esta conversación con vos.
—El placer ha sido mío, milady.
Sasuke Uchiha la observó alejarse, estudiando la gracia con que caminaba y la forma que en que movía la cabeza cuando conversaba con la sierva.
Apoyó los codos en las piernas, enterrando la cara entre las manos. ¿Por qué le había dicho que iba ayudarla? ¡Menuda tontería! ¡Adónde iba a buscar alguna prueba! ¿De dónde iba a sacar tiempo para averiguar algo?
Al menos, ella había prometido no hacer nada por el momento.
