Capitulo 2.

Febrero 1815

Mi quería hija, tu anterior carta me ha dejado sin palabras, y el motivo es el mismo que siempre hemos discutido, sabes que ejercer esa profesión en nuestra época no es digna de ver, las mujeres no hacen eso, y me temo informarte que rechazo tu ayuda, no quiero que me ayudes, me encuentro bien de salud y aun me falta mucho por vivir, pero eres más que bienvenida en regresar a casa, tu madre te echa de menos y tu padre también.

P.D: Sabes que eres mi mayor tesoro, no quiero que seas tachada en la sociedad, por eso olvida ejercer la profesión de abogada. Sé que sabes, todo te lo he enseñado, pero sería inútil que sigas anhelando algo que es imposible.

Un gran saludo de mi parte.

Atentamente; Charlie Swan.

Isabella suspiro al leer la carta que tenía en sus manos, se le hacía imposible creer que hace tres meses esa carta fue escrita por su padre, y ahora él se encontraba bajo 6 metros de tierra.

Una lágrima rodo por su mejilla izquierda, cuando la puerta de su despacho fue abierta, Edward Cullén entro; por supuesto Bella no lo había escuchado, levanto la vista y se limpio la lágrima que había rodado por su mejilla, guardo la carta en uno de sus cajones del escritorio y se aclaro la garganta.

-He tocado y no me contesto en ninguna sola vez- se disculpo el vizconde.

-He estado toda la mañana arreglado un papelero – respondió.

Edward se sentó en una silla de respaldo oval que Isob tenía para sus clientes. Se ajusto el sombrero.

-He esperado dos semanas para tener esta cita con usted- murmuro, sonrió de manera insolente y sus ojos verdes se iluminaron como si aquello le hiciera mucha risa.

-¿Qué se le ofrece?

-Quiero ser un cliente suyo.

Bella giro la cabeza hacia la ventana que daba al jardín y ni siquiera se digno en contestar, no se habían visto en dos semanas y Bella no estaba preparada para esto.

Con una mueca, Edward se acerco al escritorio y golpeo un dedo los documentos que Bella había dejado allí.

-Me pregunto qué dirían los clientes de vos si supieran que el vizconde Edward Cullén quiere ser un cliente para el famoso abogado Isob Isabelo Swan, que sospecha que su hermana es una socia de usted, que es una mujer la que redacta los contratos y los testamentos y la que hace casi toda la búsqueda de información.

Bella se puso en pie de un salto.

-Os demandare por calumnias.

Edward soltó una carcajada- Calmaos- respondió- No le contare a nadie lo que sospecho.

-¿Me ha estado investigando?

-Necesitaba saber quién es usted, para poder solicitar sus servicios.

Bella trago en seco-Se ha dado cuenta, entra a mi despacho, me amenaza y aun quiere de mis servicios.

-Suena algo raro escucharlo, pero si.

Edward sabía que debía callarse, pero al no saber información de él, le hacía querer sacarlo de sus casillas.

Bella trato de calmarse y le miro-Si no fueras hermano de la señorita Alice, ahorita mismo lo sacaría a patadas.

Enarco una ceja-Esta bien, vengo a hablar de ella, es solo que se ha encaprichado con usted y necesitaba investigarlo y al no saber casi información de usted, hizo que oliera peligro, además usted tiene la culpa de estar enviando cartas a ella casi todos los días ¿quiere su dinero?

Bella respiro aliviada, ahora entendía el comportamiento del vizconde, simplemente él estaba cuidando lo que quería, pero necesitaba estar precavida, además si él supiera que su hermana era la que le enviaba cartas, se infartaría en estos momentos.

-Ya le he dicho, estaba con una familia lejana, nadie sabía de mi, hasta que mi padre murió y mi hermana se marcho al convento, he estudiado gracias a un gran maestro que tuve- sonrió al recordar las tardes en la que su padre y ella se pasaban leyendo libros de leyes y él le explicaba cómo podía solucionar distintos casos.

-Entonces hablemos de hombre a hombre.

Bella trago en seco-¿Qué más necesita saber? Ha venido aquí amenazándome y al instante quiere hablar conmigo de hombre a hombre.

-Usted tiene una hermana, debe de comprenderme.

El corazón de Bella se oprimió- Entiendo su situación, yo también actuaria así, si alguien estuviera detrás de mi hermana.

Edward suspiro-Lo siento por lo de la amenazaba, es mi forma de sacar información a la fuerza en algunas ocasiones.- Le dedico una sonrisa tímida que hizo que él corazón de Bella comenzara a latir.

Trago en seco y suspiro-¿Entonces no quiere ser mi cliente?

Edward rodo los ojos y asintió- Necesito de su ayuda, pero sus servicios se requieren en mi despacho, son temas personales que no quiero que salgan de allí, ¿cuento con su silencio?

-Por supuesto que sí- dijo Bella entusiasmada, si lo tenía como cliente la gente iba a requerir de sus servicios, pues el vizconde Edward Cullén era muy popular en sacar a flote pequeñas empresa y convertirlas en grande, para luego venderlas el doble o el triple de lo que a él le costaron.

Edward estiro su mano- Me alegra saber que cuento con su silencio de ética.

Bella dudo en estrecharle la mano, pero lo hizo y cuando fue así, sintió una cálida sensación- En el momento que requiera de mis servicios estoy a sus servicios.

-Es bueno escucharlo, lo veré el miércoles al medio día en mi mansión.

Hablarlo un rato más y luego Edward se marcho.

Bella se dejo caer en su silla y suspiro, el vizconde Edward Cullén, le había puesto nerviosa al llegar así de la nada, amenazarla y luego… ¿eran amigos? Se pregunto sin podérselo creer, era lo más seguro, habían hablado hombre a hombre.

Se sonrojo y rio.

-¿Por qué tanta risa mi pequeña?

Bella miro a su madre y rio aun mas- Ha pasado algo que es difícil de explicar madre.

Su madre le tendió una charola con comida-En la mañana has estado deprimida y ahora estas feliz ¿Qué te ha dicho ese vizconde?

Bella rio más fuerte, su estomago pronto comenzó a dolerle así que se trato de calmar, su madre se había marchado rodando los ojos y dejándole la comida con cartas en la bandeja, Bella abrió las cartas y comenzó a leerlas, varias eran de sus amigas del convento, le decían que la extrañaban, su corazón se oprimió, pues ella también lo hacía, las demás cartas eran de negocios y una en especial de color rosa le llamo la atención, la abrió y se quedo sin aire.

Eres tan guapo, ardiente y sexi hombre que jamás he conocido en mi vida.

Leyó el remitente. Alice Cullén.

Era cierto lo que el conde le dijo; ella estaba tratando de ganar una batalla, la quería a ella.

Sintió escalofríos, pero luego le llamo la atención la posdata, abrió los ojos y sonrió.

El miércoles llego y con ello Bella se encontraba fuera de la mansión Cullén, se acomodo su corbata y toco la puerta de madera, esta fue abierta por una sonríete Alice, iba a vestida con sus más elegantes ropas, Bella la miro y le sonrió, tomo su mano derecha y se la beso.

-Ha hecho que mi día sea perfecto con su presencia Isob.

Detrás de ella se encontraba un hombre rubio, por sus ropas Bella se imagino que sería un empleado. Un empleado que la miraba con celos.

-Te puedes marchar Jasper, yo me encargare del invitado- murmuro Alice sin dejar de mirarla.

-Por supuesto señorita, si necesita de mis servicios…

-Lo sé- le interrumpió.

Bella miro como se marchaba el mayordomo, se giro para centrarse en Alice y le sonrió.

-¿Desde cuándo sucedió eso?- le pregunto, cuando se marcharon hacia el saloncito en el que se recibía a los invitados con té y galletas.

-¿Qué cosa?- dijo Alice con una sonrisa, mientras bebía de su té.

Bella rodo los ojos- Tu enamorarte de él.

-Estoy enamorada de ti- dijo divertida.

-Vamos Alice, sabes quién soy- le reprendió Bella con una sonrisa- ¿Cómo lo supiste?

-Lo supe desde la primera vez que te vi, ¿Cómo olvidarme de mi mejor amiga?

Bella negó la cabeza divertida- Sabia que me habías reconocido, pero actuaste y…

-Lo sé- le interrumpió- Solo quería protegerte de la sociedad, y ahora que estas cumpliendo tu sueño, me haces sentirme orgullosa de ti, pero ¿vestirte de homb…?

Alice se calló y se acerco aun mas a Bella, le tomo de las manos y le beso la mejilla cuando escucho que la puerta era abierta, Edward se quedo quieto, observo la escena y se disculpo.

-No sabía que ustedes dos estaban así, lo siento… es solo que necesitaba hablar con Isob sobre negocios.

Alice se giro sin antes mirar a su amiga sonrojada; la cual había conocido en el convento.

Bella trago en seco-Por supuesto- respondió levantándose del sillón caoba.

-Edward, déjame estar con él un rato mas, te prometo que te lo llevare hasta la puerta de tu estudio.

Ambos hermanos se miraron- Esta bien.

Edward salió del salón, odiándose él mismo ¿Cómo había podido entrar así por nomas? Sabía que su hermana estaba enamorada de su nuevo abogado, pero, era raro haber presenciado aquella escena, tenía que salir esta noche, le enviaría una carta a Tanya y se olvidaría de lo que había visto momentos antes.

Continuara…

Nota de la escritora: La historia es corta, pero trato de que sea interesante y divertida la historia ¿les está gustando?

Ato. Erew