Capítulo 22
El río no se hallaba muy lejos de la ciudad. Para llegar, debieron ascender una alta pendiente rocosa, pero una vez que llegaron a la cima, fueron recibidos por una pequeña y frondosa arboleda.
Había un estrecho canal de aguas burbujeantes y cantarinas que se deslizaban entre resbaladizas piedras. El musgo, verde y brillante, crecía por doquier, adornando las rocas más altas con la húmeda espesura.
Un poco más adelante el río se ensanchaba, dando lugar a un pequeño estanque de forma ovalada. Una cascada daba vida a aquellas aguas frías que se deslizaban con parsimonia.
Sakura se volvió hacia Sasuke cuando éste se sentó sobre una de las piedras. Él se frotaba el costado como si quisiera aliviarse el dolor.
—¿Estás bien? —insistió.
—Sólo voy a descansar un poco —afirmó. Se sacó el arco del hombro y lo dejó en el suelo, muy cerca de su mano.
La muchacha se levantó las faldas, después de descalzarse, e introdujo los pies en las aguas cristalinas. Dejó escapar un suspiro de satisfacción.
—¡Qué maravilla! —exclamó, jugando con los dedos de los pies en la tierra suave que impregnaba el fondo.
—Mujer, vas a mojarte la ropa. Sería mejor que te la quitaras.
Sakura, ruborizada, no se volvió a mirarlo. Él tenía razón; además, tampoco pensaba bañarse vestida.
Estuvo dudando varios minutos seguidos. Había clavado los ojos en el agua, tratando de pensar si era correcto o no lo que pensaba hacer. Nunca nadie la había visto desnuda, y aunque Sasuke había dicho que él vigilaría, mirando hacia otro sitio, Sakura no le creía. No podía creerlo.
—¿Qué piensas? ¿Está muy fría? —preguntó.
Ella asintió, mintiendo descaradamente. Estaba normal para la época que corría. En Escocia esperar agua templada era descabellado.
—¡No me digas que tienes miedo! —insistió Sasuke.
—¡No! Déjame en paz, hombre. —Sakura se llevó las manos a su cintura para desatar los finos cordones que se anudaban allí. El vestido quedó holgado sobre su cuerpo.
Inclinándose un poco, sacó las mangas y se acercó hasta la orilla.
Sasuke la estudió desde su posición. Podía ver la esbelta espalda de piel cremosa. Muchas veces la había imaginado desnuda, pero en aquella ocasión no estaba preparado para observar un cuerpo tan hermoso, comparable con cualquier ninfa del bosque.
Largas y torneadas piernas bajo unas caderas perfectas y una estrecha cintura sobre el hermoso trasero.
Sus ojos viajaron hasta los hombros delgados con el súbito deseo de rozar su piel de alabastro, como si necesitara seriamente tomarla entre sus brazos y hacerla suya. Lo necesitaba, lo deseaba desde el primer momento en que la vio.
Extrañado, se dio cuenta de que no había vuelto a estar con una mujer desde que la conociera a ella; en realidad, bastante antes de conocerla. El día que llegó a Carrick podía haber aprovechado, quedándose en el campamento para calmar sus anhelos con Kin; en cambio, el destino quiso que viajara directamente hasta el hogar de Yahico. El destino y las prisas.
Había llegado de conversar con los franceses, y sus noticias no tenían que demorarse mucho. Entonces fue cuando descubrió que su plaid estaba descosido. Y apareció ella. Una muchacha tierna, dulce, a quien él confundió con una sierva.
Una joven inocente con la única meta de vengar a su familia.
La muchacha no tardó en zambullirse en el agua, sin siquiera volverse a él.
Kiar recostó la cabeza contra el grueso tronco de una encina y entrecerró los ojos, vigilantes. La vio nadar en silencio. El agua hacia suaves ondas a su lado. La pequeña cabeza de Sakura flotaba, empapando los rosas cabellos que brillaban bajo los rayos de sol como brasas encendidas.
Que la deseaba era algo que no podía ocultar. Con el corazón golpeando con fuerza en su pecho, se pasó una mano por su miembro ansioso y apretó con fuerza, tratando de calmarse. Estaba nervioso, y hasta su respiración se había tornado complicada.
Quiso cerrar los ojos para apartarla de su mente, pero la escuchaba chapotear. Hasta él llegaban los placenteros suspiros. ¡Qué demonios! ¿Pues no era su prometida?
¡Maldita sea! Se golpeó la cabeza contra el árbol. Sentía la boca seca. Se estaba deshidratando poco a poco. Y una capa de sudor perlado cubría su frente. Posiblemente, de no haber estado Sakura, él mismo hubiera buscado consolarse; claro que, de no haber estado ella, quizá tampoco estuviera tan excitado. No había pensado que un simple baño pudiera llevarlo a tal estado de agitación.
Sakura braceó sobre el agua, con delicia, durante unos minutos. Por el rabillo del ojo no dejaba de vigilar a Sasuke. Sus mejillas ardieron cuando se dio cuenta de a donde había llevado la mano el hombre. No haría lo que ella pensaba, ¿verdad?
Una vez, hacía mucho tiempo, vio a Deidara haciendo eso mismo. En aquella época ella, como una chivata, había ido corriendo a contárselo a su padre, y Kizashi, más avergonzado que furioso, había tenido que reprender al muchacho.
Estuvo a punto de dar conversación a Uchiha, e incluso decirle lo mal educado que era si pretendía...
Lo sintió enseguida tras ella y se giró con una exclamación de sorpresa.
El hombre tan sólo se había dejado el vendaje puesto y su plaid se hallaba en la orilla, cubriendo con disimulo su arco.
El agua rozaba sus tetillas, humedeciendo el vello de su cuerpo. El cabello negro caía tras su espalda, flotando tras él, a excepción de las dos pequeñas trenzas que rozaban sus orejas.
Sakura creyó que era más ancho de lo que le recordaba, al menos ella se sintió pequeña e insignificante a su lado.
La regañina que, segundos antes había pensado ofrecerle, murió en su boca al mirar los ojos negros y la expresión ardiente con que la observaba.
Sakura quiso alejarse, dando unos pasos hacia atrás, pero a medida que ella se hundía más en la profundidad, Sasuke la seguía como un depredador tanteando a su presa.
—Hace frío —susurró ella, cruzando los brazos sobre sus pechos. El agua le llegaba casi hasta la barbilla; aun así, sentía los nervios a flor de piel.
—Ven. Yo te calentaré.
Sakura dio un respingo ante aquel tono tan sensual, que no había escuchado en su vida. Sintió un escalofrío como si en verdad fuera cierto que se había quedado helada. No era así. Otra vez tenía ese cosquilleo recorriendo su cuerpo, viajando por sus venas. Una bola de fuego en la boca de su estómago.
Pudo haberse apartado, incluso haberse negado o discutido, o un montón de cosas; en cambio, lo que hizo dejó a Sasuke con la boca entreabierta.
Recorrió los hombros de Sasuke con las manos, con suavidad, estudiando las gotas de agua que resbalaban sobre la piel.
Sakura se acercó más a él y lamió una de esas gotitas.
El hombre ni siquiera se atrevió a moverse. Las manos de la muchacha lo hipnotizaban, lo abrasaban. Dejó de respirar cuando la pequeña y suave lengua saboreó su pezón.
Sakura alzó los ojos hacia los iris ónix de Sasuke, queriendo descifrar su expresión, animada al descubrir que Sasuke la miraba de forma muy provocativa. Enseguida la enlazó por la cintura. Tomó su rostro con una mano y, muy despacio, acercó los labios a los suyos.
Ella se sintió completamente indefensa frente a la fuerza arrolladora del hombre y la ternura con que la miraba; tanto que su cuerpo se volvió de gelatina entre sus brazos.
Sasuke pensaba en la candidez de la muchacha, en cuánto deseaba hundirse en ella y calmar su ansia. Había crecido en él un gran cariño por ella, unas ganas de protegerla constantemente y el anhelo de verla feliz.
La besó con pasión, tratando de no hacerle daño. El hermoso rostro ya no estaba hinchado y los tonos violetas comenzaban a tornarse amarillentos. Recorrió el largo cuello con los labios. La levantó un poco hasta apoderarse de los frágiles y pequeños senos, saboreándolos con hambre, enloqueciéndola al mordisquear los rosados botones que clamaban por sus atenciones. La piel era tan suave y aterciopelada como la de una fruta madura.
Sakura se aferró a los fuertes hombros y rodeó las caderas de Sasuke con sus piernas cuando éste la tomó del trasero con una mano. Gimió al sentir el músculo del hombre rozando su pubis y se apretó contra él, impaciente por conocer qué sentiría al hacer el amor con aquel hombre tan hermoso.
Los movimientos de Sasuke se volvieron impacientes, y sin dar importancia al creciente dolor de su herida, se introdujo en ella con prisa. Se detuvo un instante al sentir la barrera virginal y tragó con dificultad. ¡Por su vida que no podía detenerse en aquel momento!
Se movió dentro de ella, con ternura, hasta sentir que los músculos de la joven volvían a relajarse de nuevo, acompañándolo en la dulce danza que había emprendido.
Sasuke le sostuvo las nalgas con ambas manos, al tiempo que con una facilidad increíble la subía y bajaba contra él. Los gemidos de la muchacha contra su cuello y mejilla lo fascinaban como nunca nada lo hiciera. El roce de aquellos senos turgentes contra su pecho lo llevaron al borde de un precipicio sin retorno. Luchó por que ella alcanzara el orgasmo junto a él. Le regaló palabras subidas de tono que lograron que ella le respondiera con la intensidad que Sasuke necesitaba.
Sakura tembló entre sus brazos con la última sacudida y la abrazó con fuerza, hundiendo sus labios el cuello; sintiendo el frenético latido femenino contra su cuerpo. Volvieron a besarse.
Sakura estaba recostada sobre el plaid de Sasuke. Se hallaba bocabajo, con la cabeza apoyada en los brazos. La melena rosa se había secado formando pequeñas ondas que apenas cubrían su nuca. Estaba completamente desnuda. La piel relucía bajo los cálidos rayos de sol, y Sasuke disfrutaba rozándola con las puntas de los dedos, observando cómo, de vez en cuando, ella se estremecía y su piel se erizaba bajo sus caricias. Todavía se sentía arrobado y confundido por lo que hacía unos minutos acababa de experimentar con la joven. Podía afirmar que Sakura lo volvía loco. Junto a ella, las horas pasaban volando, y por primera vez se dio cuenta de que no era sólo una atracción física lo que sentía por ella; no sólo era ese cariño de amistad e incluso fraternal que había ido creciendo en él desde que la conociera en Carrick. No, había algo más: una ternura que no podía explicarse, un deseo de tenerla siempre junto a él, de escucharla hablar.
Sakura giró la cabeza hacia él y lo miró con ensoñación.
—¿Cuándo iremos a tus tierras, Sasuke?
—Aún tardaremos un poco —le respondió, recorriendo con sus ojos el cuerpo relajado—. Primero deberé hacer una parada para hablar con Juan.
—¿Todavía piensas ir? —Ella se giró hacia él, apoyando su codo sobre la manta y la cabeza sobre la palma de la mano.
Esa postura le mostraba los pechos, el estómago ligeramente hundido, el vello de su pubis que se rizaba en un tono más oscuro que el cabello. Otra vez sintió crecer la excitación de su cuerpo.
La había tomado dos veces seguidas, en el agua, y habían rodado sobre la manta apenas unos minutos antes, y aun así todavía la deseaba. ¿Acaso nunca tendría suficiente de aquella hada de los bosques?
Sakura debió de darse cuenta, pues se incorporó repentinamente y se lanzó sobre él, haciéndolo caer de espaldas.
Sasuke lanzó una exclamación de dolor y ella lo miró, preocupada, pasando la mano por la herida del hombre. Había comenzado a sangrar.
—Lo siento, he sido una bruta —se disculpó.
El hombre le sonrió, pero sus ojos reflejaban incomodidad.
—No te levantes, ven aquí; se me pasará enseguida. —Estiró las manos hacia ella, que ya se estaba levantando.
Sakura agitó la cabeza con firmeza y buscó su vestido.
—Creo que ya has hecho demasiado ejercicio —contestó ella, culpabilizándose—; además, nos puede ocurrir lo mismo que a Konan.
Él la miró, arrugando el ceño:
—¿Qué le ocurre?
—Está esperando un bebé —suspiró—. No me gustaría que todos fueran pensando mal de mí. En especial, Helen, que se ha portado tan bien conmigo desde siempre.
—Nadie pensará mal de ti, Sakura. No tardaremos tanto en casarnos como para que se den cuenta.
—¿Lo prometes? —preguntó ella, mirándolo desde arriba. Ya se había colocado el vestido y comenzaba a anudarse las cintas de las caderas.
Sasuke se incorporó de rodillas sobre la manta y le rodeó las piernas con los brazos. Sus ojos negros la miraron, anhelantes.
—Te lo prometo.
Era cierto. No pensaba demorarse con Juan más de lo necesario.
—¿Podré conocer a Balliol? —Sakura acarició el largo cabello del joven, enterrando sus dedos en él.
—Pensé que Juan te caía mal.
Ella asintió, con una sonrisa, y se encogió de hombros.
—Pero no debes preocuparte, Sasuke. No ha hecho nada para que desee su muerte.
Él bromeó, soltando un suspiro de alivio que provocó una carcajada en Sakura. La hizo caer de nuevo sobre la manta y la aplastó con su cuerpo, apoderándose de sus tiernos labios.
